domingo, 14 de marzo de 2021

Series CBE: La Montaña Donde Ascienden Las Luces (XIII)



Contemplación de la naturaleza y exaltación a Dios en el camino. 


Procuramos más el viaje que el descanso. En la medida que nos adentramos a la tierra ganamos confianza. Aprendimos a encontrar alimento y procuramos distribuir con ecuanimidad las provisiones otorgadas por el buen Guijarro, al que mantengo en mis oraciones. 

En el camino encontramos terreno y vegetación que refleja las maneras en que sucede cada estación y se manifiesta la temperatura. De pronto se es abrazado por una calidez que hace al cuerpo reposar, luego a pocos pasos, sin señales en el cielo de la blanca nieve, uno puede llegar a congelarse; cuando menos se espera, uno está bañado en sudor. En esta variedad se agregan las alternancias del terreno; se puede hacer llano, se eleva entre rocas, se deja caer en agujeros parecidos a las guaridas de los gusanos infernales. Los bosques de esta región son muchos. Los hay de pequeños árboles, los hay de arbusto, los hay de árboles gigantes. Cada nuevo día llega y la tierra despierta envuelta de espesa niebla donde la luz dibuja sombras. El sol no desaparece ante la llegada de nubes negras, porque este siempre encuentra el espacio para brillar, y después de cada tormenta queda marcado en los cielos la promesa de buena voluntad de Dios para con la humanidad. 

El mandato de Dios está aquí. En esta tierra todo crece, la vida se expande y retumba. En esta nueva tierra he evocado el recuerdo del viejo mundo. Héroes andando sobre los pasos de los dioses, voces de titanes estremeciendo el cielo y la delicadeza de la magia que no deja de tejer los lenguajes que unen a todas las cosas sin que estas dejen de ser lo que ya son. Esta tierra es arcana de la historia de los hombres, y podrá ser, si quiere, el eje del mundo, tierra santa donde veríamos al Jesucristo negro andar por sus veredas, cargando en su oscuridad el precio de la pureza de este insólito lugar; Jesucristo negro que otorga, en su injusta condena, esperanza en lo que es imposible esperar, misericordia en lo que es imposible perdonar y fe de lo que no se puede creer. ¿Habrá el primero de nosotros sentido lo que yo sentí, al ver este mundo tan vasto y perpetuo, cuando salió del polvo en la que fue concebido? ¿Habrá Dios derramado las lágrimas que yo derramé al darse cuenta de que la creación excedió su eternidad?

Aquí la grandiosidad de Dios, que siempre es exuberancia de él mismo, y también es ciego para reconocerlo. Ya que todo es más grande que Él, siendo Él más grande que todo.  





Series CBE: La Montaña Donde Ascienden Las Luces (XII)




Juicio a favor del viaje a la Montaña donde ascienden las luces y un augurio a Guijarro. La lealtad del resto de la compañía es probada.


Admito que en las últimas palabras de Guijarro hallé pábulo para prolongar el ideario de la Montaña. Avanzamos lejos del pueblo, como humilde caballería en ruta a nuestra estrella, cinco hombres. A los grumetes, en la seguridad de la amistad y ligereza proporcionada por su juventud, les envié en dirección a la playa con instrucciones para el capitán sobre cómo dejar el desconcierto en el que se encontraba, y con la promesa de ayuda en el pueblo en manos de su administrador y no de su amo; quien, a pesar de la malevolencia de su alma, no es peligro para estos días. 

El llamado ‘santo’ se encuentra ensimismado en su propia concupiscencia, como puerco que no abandona la charca; pero una vez libre, no solo cargará con la peste de su propia inmundicia, sino que en sus entrañas contiene a cien o mil más sucios que él. Advertí a Guijarro de esto, exhorte la falta de acción e invité a la valentía; le hice saber el consejo de que antes de ley, arte o mercado, he aquí cada uno de los miembros del pueblo son la verdadera institución que hay que cuidar de la podredumbre de su amo.  

Los que andaban conmigo sabían que el viaje se haría largo hasta llegar a la Montaña, y que este viaje ya nada tenía que ver con la voluntad del capitán. Ofrecí a quien quisiera el permiso de dejar el grupo con la bendición y el agradecimiento de su lealtad. De los que me acompañaban nadie aceptó la salida. A cada quien, según el calor y el peso de su corazón, la Montaña de las luces le llamaba. 



miércoles, 10 de marzo de 2021

Narraciones CBE: Deseo y posibilidad. Una historia de las notas de la Doctora Calvin (cap.4)


Deseo y posibilidad 

Una historia de las notas de la Doctora Calvin 

(cap.4)




- ¿Eso es todo? ¿Esa es su gran intervención? – la voz del Dr. Allen logró salir de la habitación antes de que el grueso capitán la abandonará cerrando la puerta.  

-  Si. Eso es todo lo que necesitaba saber… – La doctora se quedó observando el suelo de la habitación en la que se encontraban con Allen.

- Explíqueme Calvin… Explíqueme porque tengo tanto que resolver, y para mi fortuna, de usted depende casi todo lo que me espera con los directivos de la U.S Robots.

- Caspio es un robot de sensaciones. Capta, percibe y emite respuestas… usted Allen, por ejemplo, dígame, que le provoca mi presencia – Susan Calvin arqueó la ceja esperando que el silencio de su compañero terminara – ¿No tiene el valor de decirme lo que suele hablar con sus amigos acerca de mí? Ande, hable.

- Doctora… no sé qué es lo que pretende.

- No sea cobarde. ¿Necesita ayuda? Está bien. Podemos decir que mi presencia le provoca repulsión, o ¿pesar? ¿Una amplia carga de fastidio… un interminable sufrimiento… ya que soy una lastimera figura que nadie sabe cómo es que puede soportar el peso de la bata? No se extrañe doctor, no lo estoy espiando, ni a usted o sus amigos. U.S Robots invierte mucho en sus productos, pero no podemos decir lo mismo de sus paredes – La doctora caminó hacia el vidrio que daba a la habitación en la que Caspio permanecía inmóvil y sonriendo –. A dónde quiero llegar es que todas esas sensaciones no son más que variantes semánticas. Nuestra psicología nos permite captar estas variaciones semánticas, las máquinas no pueden hacerlo. Las máquinas sólo captan la actividad sensorial. ¿Recuerda usted porque se dejaron de utilizar aquellos espantosos aparatos conocidos como ‘detectores de mentiras’? 

- No. No lo sé – La mueca en el rostro del doctor Allen lo hizo lucir inflamado. Enfermo de coraje.

- Esas máquinas detectaban alteraciones en el funcionamiento del organismo. La alteración en el cuerpo era el indicador de un elemento de inestabilidad, para los usos de la máquina y su propósito a esa inestabilidad se le denominaba: mentira. Pero lo cierto es que muchas personas no mentían. Lo que sucedía es que las preguntas no contemplaban la realidad semántica del sujeto; es decir, el valor que para ellos tenía una palabra y no otra. La máquina no medía esa realidad tan imprecisa en términos objetivos; imprecisión de la que se vale el humano para realizar sus valoraciones o afrontar la vida. Es por eso que no hay diferencia objetiva entre el ‘pesar’, ‘fastidio’ o ‘repulsión’ que yo le puedo provocar. A nivel orgánico, sensorial, es exactamente lo mismo; músculos contraídos, algún cambio en el ritmo cardíaco, la coloración en su redondo rostro... Sus ofensas por lo tanto son, digamos, un tanto ilusorias. ¿Me entiende doctor? 


El doctor Allen no respondió. El aire que salió de su nariz hizo que la doctora Calvin prosiguiera. 

- Según las transcripciones de los videos de seguridad del apartamento de la señorita Stefano, Caspio y la chica tuvieron tres minutos de conversación antes del, por decirlo de alguna manera, incidente.

- Si. Lo leí. Los dos hablaban acerca del futuro de ella, de las decisiones a tomar una vez que terminara su grado… eso lo sé, pero, ¿por qué el robot tuvo que golpear de esa manera a la chica? – El doctor Allen movía cada vez los brazos con más énfasis y velocidad. El hombre estaba perdiendo la paciencia.

- Bárbara no sabía que estaba embarazada. Deje que termine. En el video se puede apreciar que la chica le dice a Caspio, y lo leo textualmente: “solo me tengo a mi misma, y todo esto, vivir sola, la adultez, el trabajo, son responsabilidades, no  es nada fácil… sé que si sucediera algo que rompiera mis pretensiones, mis deseos, sea lo que sea, encontraría la manera de sobrellevarlo, pero dime Caspio, ¿no crees que sería lindo que al menos los deseos más inocentes se hicieran realidad? No estoy fantaseando con nada fuera de la realidad; volverme famosa, millonaria, cosas así… No. Solo quiero un trabajo. Una profesión. Destacar en lo que sé que yo elegí y lo que yo puedo hacer. Imaginar que uno puede perder lo que más sueña… Dios, Caspio, me hace sentir mal, ¿sabes?… de hecho me siento mal…”. Es en ese momento en el que transcripción dice que Caspio se entrecorta al hablar. Una máquina como él es incapaz de tener un desfase, usted mismo lo dijo en la reunión para la aprobación de fondos. Su cerebro positrónico siempre elabora una respuesta, nunca cesa de anticiparse –. La doctora Calvin comenzó a golpear el cristal con un dedo. Al otro lado, Caspio movía sus ojos en dirección del sonido.

- ¿Qué se supone que significa eso para mí? – De pronto la robopsicóloga golpeó otro sector del cristal, y Caspio cambió la dirección de su atención inmediatamente. 

- Significa que apareció un estímulo que no había sido contemplado en el mapeo que la máquina tenía de ella y el ambiente. El examen médico describe que la prenda de la ropa interior de la chica contenía…

- ¡Calvin! ¿Cómo es posible que no haya sangre en su ropa? ¡Ese trasto le hizo perder el bebé!

- Calma, Allen, contrólese – Caspio miraba al vidrio como si pudiese escuchar lo que discutían los empleados de la U.S Robots –. Entre los fluidos de la placenta y el feto también había otro tipo fluido. Había rastros de un tipo de sangre que es propia de la pared uterina. El embrión, al adherirse a la pared uterina la hiere y esta suele desprender residuos de tejido que se mezclan con la sangre… cuando Bárbara advierte que se siente mal, Caspio ‘siente’ las señales… 

- Está bien, decido creerle a este punto, pero eso no resuelve nada, sino que empeora todo. ¿Ahora estas cosas son capaces de eliminar bebés? Las tasas de natalidad natural son tan bajas que esto podría traer repercusiones con ciertas políticas que intentan preservar la práctica… – Caspio estaba puesto en pie en la sala mantenía la mirada fija en su propio reflejo.  

- Deje que termine. Todo fue tan inesperado como lógico. De hecho, demuestra la eficacia de su trabajo con el modelo KPHAXTIO 102. Hemos concluido en que Caspio manejaba los datos físicos de Bárbara, por lo que se daría cuenta de cualquier objeto que dañara la placidez química de sus propias ensoñaciones. Esa aparición causal de los síntomas, hilvanados con el alto compendio de información médica acerca de ellos, hicieron que el robot alcanzará la certeza de que ella estaba embarazada…

- ¿Porqué no le dijo nada a ella? ¿Porqué no le advirtió del embarazo? Además, con ese golpe ha lastimado a no solo a un humano. ¡Es una violación directa de la primera Ley en dos personas de manera simultánea! No tiene sentido lo que usted me está diciendo… – El doctor Allen caminaba hacía la puerta notablemente disminuido en todo; en altura, en peso, en ánimo, en orgullo.

- Lamento que no pueda quedarse callado doctor. Entienda que un golpe era una solución eficaz. Si la chica llegaba a ser madre, esa experiencia de no-aceptación de la maternidad, era prolongar el estado de desagrado que de seguro Caspio detectó en la chica en su conversación. Eso era algo más insoportable y dañino que el dolor temporal de un buen y acertado golpe. Hay que verlo de esta forma, para Caspio, el dolor subjetivo de la chica de ver truncadas sus proyecciones era un horror comparado al dolor objetivo del golpe en el vientre. Si Bárbara hubiese sido madre, es muy probable, según el cerebro positrónico del robot, que toda su vida viviría en esa náusea de dedicarse para su hijo y repudiarlo a la vez; quizá llegado a un punto, al verse con el bebé en brazos, ella podría llegar experimentar el deseo de eliminarlo por todo lo que le hizo dejar atrás... todo surgió de una proyección basada en la experiencia sensorial de la chica al hablar de algo que en ese momento, para ella, no era más que una posibilidad. Y, Allen, ¿en qué clase de planeta vive? Desde hace años se declaró que la gestación es un período proto-humano, es por eso que en esta etapa se llevan a cabo las intervenciones genéticas; una manera de ahorrarse dinero y tiempo en modificaciones posteriores. Caspio sabe eso Allen, en ella no dormía un ser humano, solo era tejido en formación. Nada especial, sólo carne y sangre. Nada diferente a un teratoma.

Allen dejó el cuarto. La doctora Calvin se acercó al vidrio en el que observaba a Caspio erguido frente a ella. El robot intentaba atravesar aquel filigrana con su sonrisa, seguía insistiendo al mundo, a la U.S Robots, a quien estuviera detrás vigilando, que no era más que un robot amistoso. 

- Hay algo que no entiendo Caspio – dijo la Dra. Calvin hablando al robot que ignoraba que estaba siendo observado únicamente por ella – ¿porqué te expusiste? Lo que hiciste por ella, por cumplirle el deseo, ¿no es acaso una forma de ponerte en peligro? Te diseñaron para entendernos, pero ¿de dónde salió la idea de golpearla para que perdiera el bebé? ¿No bastaba decirle que estaba embarazada? Ella sola pudo haberlo extirpado… – la mirada de la máquina y mujer quedaron fijadas accidentalmente – A menos que tú supieras que ella no sería capaz de hacerlo por más que lo deseará. ¿Escogiste por ella, Caspio? Es eso lo que está de base, el descubrimiento de años de psicología estrafalaria que sigue insistiendo que el humano es puro deseo… dice que quiere una cosa, y también quiere la otra. No sabe qué hacer ante tantas opciones. Le cortan las alas, acepta su miseria, vive para soñar en lo que hubiese sido si no hubiera pasado aquello, lo otro, el destino. ¿Es eso lo que somos nosotros?, ¿deseo? 

    Algo embargó el cuerpo de la doctora Calvin. La sacudida hizo humedecer rápidamente sus ojos. Al otro lado Caspio también se agitó, parecía uno de esos animales llamados perros olfateando el ambiente seco y frío de la habitación. 

- Entonces Caspio, si nosotros somos deseos, ¿que son ustedes? 

En aquel silencio opresivo, denso y abrumador, la doctora Susan Calvin no supo diferenciar si sus pensamientos eran audibles o Caspio había hablado, pues escuchó la palabra ‘posibilidad’ mientras el robot volvía a hincarse en la sala.  

*** 

(5) Capítulo Final


(3) Capítulo Anterior

Narraciones CBE: Deseo y posibilidad. Una historia de las notas de la Doctora Calvin (cap.3)



Deseo y posibilidad 

Una historia de las notas de la Doctora Calvin 

(cap.3)





Era probable que la doctora Calvin no consideró pedirle a Caspio que se sentara en alguno de los tantos asientos de la habitación. Ella entró, apenas le dirigió la mirada entre un parpadeo y otro, tomó el banquillo, lo ubicó frente a la máquina, se sentó y apartó el mechón de cabello que caía en su frente. 

- ¿Qué fue lo que sucedió? – dijo Susan Calvin, procurando no desprenderse de la mirada de la máquina.

En los ojos de Caspio hizo falta que unos párpados aparecieran fugazmente. Se amplió la mueca en su rostro, una sonrisa amistosa, que entienda que no soy capaz de hacerle daño a una mosca…

No creo que seas peligroso… - un sepulcral silencio cayó en el la sala. La voz de Susan por algún razón provocó más frío en el lugar - Tengo preguntas modelo KPHAXTIO. Contesta, ¿qué fue lo que sucedió? 

- Usted parece tensa... – habló Caspio. De manera superficial, si es que los sonidos tienen topografía, la voz correspondía a una capa de humanidad – ¿Usted es la doctora Susan Calvin?

- ¿Cómo lo sabes? - en la pregunta no había espacio para alguna emoción. Era una pregunta hecha de pura palabra.

Caspio se levantó. Nada en su cuerpo emitió sonido. Contrariamente a la tosquedad de diseño, el mutis era producto de una compleja ingeniería. Tomó una silla y la soltó con suavidad frente a la Dra. Calvin. Una vez sentado inclinó su cabeza, parecía un gesto que invitaba a dejar a un lado el formalismo y la rigidez; la doctora no se movió. Y esta vez, la sonrisa parecía más una torcedura.

- Digamos que fue un golpe de suerte - permaneció en silencio y luego continuó - ¿Usted está molesta conmigo Susan? ¿Puedo llamarla Susan?

- Puedes llamarme como quieras. Y con tu pregunta, dejame decirte que eso es algo que tú, perfectamente, lo puedes responder. Dime, Caspio, ¿estoy molesta? 

- El gesto en la goma se extendió hasta ese punto en la cabeza humana donde se encuentran las orejas. La máquina respondió. 

- No. No lo estás Susan. No estás molesta. Tú estás inquieta. Te esfuerzas, y mucho. Estás inquieta porque no contesto a lo que me preguntas, y eso es normal, lo entiendo. Pero no es razón para que ello te afecte. Tú crees que lo que te diré te hará sentir mejor, te hará sentir mejor contigo misma y con la gente con la que trabajas… - El robot dejó de hablar abruptamente. Hizo su cabeza hasta atrás, esquivó la bofetada imaginaria de la doctora. Su sonrisa nunca cesó - ¿Te molesta tu trabajo? ¿Es eso así? Perdón, me corrijo, ¿te molesta tu lugar de trabajo? ¿Te molesta U.S…

- ¿La temperatura? ¿Presión arterial? ¿Respiración? o ¿logras escuchar el palpitar? - Ahora la doctora se escuchaba hastiada.

, y más. Arrugas, la pupila, sudoración, el movimiento de tu dedo rozando violentamente el zapato en su interior…

- Eso y lo que dice la base de datos, menuda genialidad la tuya… Estoy hartándome de tí. 

- Susan, ¿puedes diferenciar tu alegría de tu felicidad? Y claro, es una pregunta meramente ilustrativa, sobretodo para alguien como tú. Dime, ¿sabes tu diferenciar cuando estás alegre y cuando estás feliz?

La doctora Calvin relajó sus brazos, y perdió la rígida posición con la que había empezado su charla con la máquina KPHAXTIO 102. Se tomó dos minutos para responder. Caspio sonreía siniestro; siniestro y amistoso. 

- La alegría es un sentimiento con una definida carga de intensidad afectiva que puede provenir de la experiencia de vinculación con otros o de la satisfacción de ciertas carencias…

La doctora Calvin se quedó sin palabras. Caspio acercó su dos ojos seudo humanos hasta los ojos dubitativos de Calvin. La sonrisa en la maquinaría lucía más como una mueca ambigua, alguien diría que el robot contenía sus ganas de reír si es que no se supiera que los robots no pueden hacerlo.

- ¿No es cierto que si yo preguntara por la felicidad usted respondería lo mismo? Palabras más, palabras menos, sus emociones no son tan diferentes fuera del campo del lenguaje, ¿está de acuerdo conmigo doctora? 

- Si. 

- ¿Está segura que quiere hacer la pregunta doctora? ¿No cree que es algo que le puede dañar? 

- Tu sabes perfectamente que no, ¿verdad? No juegues al tonto conmigo… ¿Qué sucedió con la señorita Stefano?

- La posibilidad de un deseo. 

La doctora Calvin se levantó inmediatamente, el robot se quedó estático en la habitación. Por alguna razón, durante la breve conversación, la sonrisa del robot había sido lo más vivo del reflejo del vidrio de la cámara. 


*** 

(4) Capítulo Siguiente


(2) Capítulo Anterior

viernes, 5 de marzo de 2021

Series CBE: La Montaña Donde Ascienden Las Luces (XI)






Ambivalencia ante la pérdida de Tristán Medina-Sidonia. Transcripción del discurso de Guijarro por Maximiliano Ravidabia, y persiste la búsqueda de la Montaña donde ascienden las luces.


Dejamos el pueblo con el lucero mayor en la cumbre del firmamento. Reinaba sobre nuestros hombros la tristeza. Sin precisiones expliqué al resto del grupo que aquella casa era igual que una de las entradas que vislumbró el hermano Alighieri en su comedia.

Dios otorgó buena voluntad a través de Guijarro que nos cedió bestias para montar. Habiendo encontrado en el pueblo mediana resolución a lo figurado desde un inicio para la cruzada, dispuse permanecer en el viaje hasta alcanzar el lugar donde se elevan las luces. Esta persistencia es efecto de mis ligeras conversaciones con Guijarro de camino a la casa del demonio, a la que deseo mantenerme fiel y dejar aquí su transcripción. No se debe olvidar que hice promesa a nuestro anfitrión de no revelar información sobre nuestro paradero. 

Guijarro me dijo estas cosas,

Ahora que vos me has jurado preservar el secreto y que solo harás uso de la información que procura la salida de vuestra nave, encuentro oportuno dejar al descubierto la razón de cosas que ya has visto desde tu llegada, y de cosas que podrás ver hasta el fin del camino. Sabed que esta tierra es extraña, pues aún para nosotros hay cosas sobre las que la sabiduría, ciencia y filosofía no ha podido dictaminar origen o explicación. Aquí en nuestra tierra compartimos la vivienda con criaturas que sus rasgos y obras nos recuerdan a nosotros mismos. Esta es tierra ha sido cristianizada, pero has notado que la buena nueva ha venido, o se ha hecho aquí, de forma extraña, pero no contraria al espíritu de lo que vos ya me has compartido. Sobreviene, con el mensaje de salvación, otras cosas que no sabemos si son de origen divino o de origen diabólico, pero bien sabemos que los demonios conocen la semblanza de divinidad; porque una serpiente puede andar en cuatro patas, luego andar con dos para andar como el más alto de los hombres; y el cielo, cuando ve conveniente, asume su inverso. Pero estas cosas a las que me refiero que no conocemos no son de hombres, pero su existencia o movimiento atañen por completo a los hombres. Habéis sido testigo de estos seres, y estos han sido gentiles con vos y con los tuyos, pero no todos son prestos a la bondad o al desinterés. De avanzar en estas tierras encontrareis más pueblos como el nuestro, donde habrá hospitalidad o repudió, y en todos estos lugares siempre negaran su nombre, así como el mío. Sin importar las vicisitudes habrá al menos uno, que siempre preste ayuda como hoy yo no dude en otorgar. En el camino serán testigos de seres que deben de tratar con precaución, respeto y distancia. A pesar de que posees el don del saber y la fuerza para ejercer sobre estas cosas tu voluntad, debes de preservar este dictamen: el poder no es condición de actuar, ya que debe prevalecer el temor de que todo lo extraño es remanente de los días primeros, días de los que aún sobreviene la sorpresa y el gozo original. En esta tierra hay recuerdo de lo que alguna vez fue. En lo que respecta a la montaña y las luces, sabed que ahí es el punto más alto de nuestra tierra, y debes entender la altura no como tema del terreno sino también como materia del espíritu. De los nuestros nadie la ha visitado, pero nos han venido historias de vecinos y forasteros, de que en esa montaña es posible ver el fin del mundo. Se dice que en esta montaña hay un guardián, pero nadie logra precisar su naturaleza o su imagen; sólo se conoce que demanda ofrenda para el ingreso a la montaña. También se dice que en la parte superior de la montaña se escuchan susurros que viajan en el viento, y que estos flotan, así como cuando están dispuestos a la caza las águilas y los halcones. Todas las noches suben a los cielos las luces, que se creen son un dios menor, otros aseguran que las luces son espíritus malignos y otros que son ilusión de la altura, del frío o de la locura. Habré escuchado cuantiosas explicaciones sobre la naturaleza de la luz. Han hablado de dones, han hablado de la voz de Dios o que es Dios mismo el que desciende a la tierra en forma de árbol; pero los más radicales juran que las luces son parte de un espacio inacabado de la creación. Días antes de que ustedes llegaran, escuché de miembros de nuestro pueblo que vieron pasar a más de una decena de extranjeros que no pidieron ni comida, cobija o dirección. Uno de ellos fue cuestionado y este respondió que iban a la montaña por la que tú te interesas. Es seguro que hay algo ahí para quien busca, y puedo brindarte trayectoria, pero la búsqueda en esta montaña no se premia con alegrías, pues puede el recorrido ser infructífero y mortal. He llegado a pensar que el viaje se ha de hacer con el sentimiento a muerte.




miércoles, 3 de marzo de 2021

Los trabajadores del mar | Victor Hugo




Queridos amigos lectores,

Llegamos con mucho entusiasmo a la lectura número 187 de este Club. Es tiempo de ponerse en modo "Clásico", por lo que les pido que presionen ese botón.

Y no es cualquier clásico, no, es nada más y nada menos que nuevamente el tan aclamado Victor Hugo, que esta vez nos va a sumergir en un libro escrito ya en su madurez como escritor. Se trata de Los trabajadores del mar. En tal sentido, le encontraremos un salto a la calidad y a la profundidad que observamos en Han de Islandia ¿se imaginan eso?

ARGUMENTO DE PROPUESTA

Cuando tuve la oportunidad de proponerlo, puse el siguiente argumento en mi propuesta:

"De la mayoría de ustedes es conocida la profunda admiración y respeto que tiene mi padre hacia la literatura clásica, en particular hacia la literatura francesa del siglo XIX.

Por eso, cuando le comenté que ya estamos en el proceso de propuestas de libros para el año 2021 me preguntó si podría sugerir algún libro y yo le dije que lo haría por él. Así que sin dudarlo me dijo "Los trabajadores del mar" de Víctor Hugo, luego de reconvenirme claro, por el inconveniente de tener un límite de páginas tan pequeño, lo que se traduce en que nos estemos perdiendo verdaderas joyas de la literatura clásica... en fin, prometí proponer por él este libro, y también revisar esa cláusula en nuestro reglamento, por él y por otros comentarios que ya hemos recibido de algunos de ustedes.

Ojalá se animen a votarlo y a leer este librito.

Moderador ya confirmado... ;)"

Así que como lo prometido es deuda, mi padre nos estará acompañando cada jueves de este mes para moderar la lectura.

UN CLÁSICO

Por definición, un clásico literario “es una obra considerada valiosa que perdura a través del tiempo, casi un modelo en su género, es un libro que permanece en el gusto del público durante años”. 

A eso habría que agregar que hay escritores cuya lectura es un placer inconmensurable. Por algo los clásicos son clásicos, porque aunque el tiempo pase, conservan íntegra su capacidad de emocionarnos, interesarnos, pero sobretodo de sorprendernos. Además, ¿por qué no? ¡erizarnos! y es que el arte es una cosa orgánica. ¿Sí o no que algunos de los libros que hemos leído nos han hecho enojar, odiar o incluso llorar?

En Los trabajadores del mar encontramos de nuevo esa prosa soberbia y esa habilidad para ejecutar la trama, propias del gran Victor Hugo. Es una prosa carente de toda ampulosidad cuyo único objetivo es reflejar la realidad con total sencillez. Las descripciones tanto de lo tangible como de lo moral son siempre certeras. Y las imágenes que logra estampárnos en la memoria son siempre sorprendentes.

Así que no es cualquier clásico, es uno de los dioses de la literatura universal ¿están listos para que nos mueva las fibras más profundas?

SINOPSIS

Los trabajadores del mar es una novela de aventuras y de personajes de psicología bien trazada, centrada en la figura de un Gilliatt complejo, misterioso y taciturno, y en un Lethierry heterodoxo, anticlerical, irreverente y revolucionario en quien Hugo proyectó más de un rasgo autobiográfico. Pero, como en el resto de sus novelas, el personaje principal, el más visible, es el narrador omnisciente que se introduce en el relato para enjuiciar a los personajes o comentar los hechos.

La acción, los personajes complejos y admirables, como los protagonistas, o despreciables como Rantaine o Clubin, de la estirpe hipócrita de Yago; las descripciones de paisajes, barcos y naufragios; la lucha contra los elementos (el mar, los vientos, el abismo y las tormentas; la imagen de la bestia monstruosa en forma de pulpo) componen una novela de madurez, narrada con el vigor de la excelente prosa de Hugo y rematada con un final inesperado en el que el destino se impone a la secuencia lógica de las acciones.

FICHA DEL LIBRO





DIVISIÓN DE LECTURAS




SOBRE EL AUTOR




Victor Marie Hugo /viktɔʁ maʁi yɡo/ —inscripción completa en su acta de nacimiento: Victor, Marie Hugo—N 1​ (Besanzón, 26 de febrero de 1802-París, 22 de mayo de 1885) fue un poeta, dramaturgo y novelista romántico francés, considerado como uno de los más importantes en lengua francesa. También fue un político e intelectual comprometido e influyente en la historia de su país y de la literatura del siglo XIX.​ Era hermano de los también escritores Eugène Hugo y Abel Hugo.

Ocupa un puesto notable en la historia de las letras francesas del siglo XIX en una gran variedad de géneros y ámbitos.​ Fue un poeta lírico, con obras como Odas y baladas (1826), Las hojas de otoño (1832) o Las contemplaciones (1856), poeta comprometido contra Napoleón III en Los castigos (1853) y poeta épico en La leyenda de los siglos (1859 y 1877). Fue también un novelista popular y de gran éxito con obras como Nuestra Señora de París (1831) o Los miserables (1862). En teatro expuso su teoría del drama romántico en la introducción de Cromwell (1827),4​ y la ilustra principalmente con Hernani (1830) y Ruy Blas (1838).

Su extensa obra incluye también discursos políticos en la Cámara de los Pares, en la Asamblea Constituyente y la Asamblea Legislativa —especialmente sobre temas como la pena de muerte, la educación, los derechos de las mujeres o Europa—, crónicas de viajes —El Rin (1842) o Cosas vistas, (póstuma 1887 y 1890)—, así como una abundante correspondencia.

Contribuyó de forma notable a la renovación lírica y teatral de la época; fue admirado por sus contemporáneos y aún lo es en la actualidad, aunque ciertos autores modernos le consideren un escritor controvertido.​ Su implicación política, que le supuso una condena al exilio durante los veinte años del Segundo Imperio francés (1852-1870), permitió a posteriores generaciones de escritores una reflexión sobre la implicación y el compromiso de los escritores en la vida política y social.

Sus opiniones, a la vez morales y políticas,​ y su obra excepcional, le convirtieron en un personaje emblemático a quien la Tercera República honró a su muerte con un funeral de Estado, celebrado el 1 de junio de 1885 y al que asistieron más de dos millones de personas, y con la inhumación de sus restos en el Panteón de París.


Fuentes:

www.solodelibros.es
www.wikipedia.com
www.comunidadbaratz.com

martes, 2 de marzo de 2021

Narraciones CBE: Deseo y posibilidad. Una historia de las notas de la Doctora Calvin (cap.2)


Deseo y posibilidad 

Una historia de las notas de la Doctora Calvin 

(cap.2)






A cada lado de la puerta una silla, además, un sofá que se extendía a lo largo de una sola pared, en la esquina un banco, pequeño, cómodo, su color azulado lo hacía parecer el asiento más agradable entre todos; y, al fondo de la habitación, un modelo Caspio se encontraba de cuclillas. 

Si no hubiese sido por el detalle antropomórfico en la cabeza, esos ojos despiertos y fijos en un solo punto, cualquiera pensaría, al ver la máquina en esa posición e inactividad, que el robot se encontraba apagado. 

Caspio notó la armazón de metales y cables que conforman aquello que él debe asociar con la palabra 'cuerpo'. Notó la pigmentación marrón de sus ojos así como los dos abismos que eran sus pupilas. Se percató de las dimensiones de esa estructura llamada cabeza, y poco se sorprendió por la luz verde que provenía de la sección posterior; el hardware espectral nunca cesaba de trabajar ni porque estuviera de cuclillas. 

El robot no tenía inconvenientes para ver, sentir y percibir la ligera contracción de la goma instalada en la mandíbula. El vidrio que acapara la mayor parte de una de las paredes le permitía observarse por completo. Es muy probable, debido a su propia naturaleza, que mucho antes de captar otros datos referentes a esa torcedura en la zona baja de la cabeza, su cerebro positrónico ya hubiera respondido al estímulo con palabras como: ‘una sonrisa amistosa’, y quien sabe con qué otras… una sonrisa amistosa, y sabrán que no soy capaz de hacerle daño a una mosca.

- ¿Puede vernos? – dijo una de las dos voces detrás del vidrio. 

- No sea ridículo. Podrán ser complejos, pero tienen sus límites.

- Pero, digo… es la manera en que dirige la mirada hacia acá. Además, explíqueme, ¿qué es eso? ¿Una sonrisa? – la voz se quebraba después de cada palabra.

- Le diré algo capitán. La máquina no puede vernos detrás del cristal, sus ojos no están diseñados para eso. De lo que  puede estar seguro es que la máquina intuye, casi que está convencida, de que aquí, detrás del vidrio, está un policía, está alguien de U.S Robots, y es posible que también sepa que esos personajes esperan a alguien más. 

- ¿Cómo es que lo sabe doctor… a propósito, ¿estamos esperando a alguien más? 

- Lo sabe porque existen quien sabe cuántas referencias, en la historia de estas salas prehistóricas, que le aseguran a su cerebro que si alguien termina en un lugar como este es porque, primero, ha hecho algo reprensible socialmente; segundo, siendo una estación policial es evidente que detrás de cada pared o vidrio siempre encontrará un policía, y regularmente será un policía gordo; y tercero, es imposible que siendo él lo que es, no haya nadie que no esté velando por sus acciones… dijo usted algo de la sonrisa, ¿no es así? Sonríe para que nosotros concluyamos en que no existe motivo para pensar que él es un peligro. Él quiere lucir, digamos, amigable… ¿No recuerda los viejos programas de televisión? Es muy probable que su cerebro ha dado con la referencia popular de una vieja película llamada Psicosis, ¿sabe de qué le estoy hablando? – El policía negó con la cabeza. Su tamaño y grosor lo hacían parecer de una generación de la que él no sabía nada – En resumen, capitán, y esperando que pueda usted quedarse en silencio, eso es lo que sucede con la máquina.

- Doctor Allen  – insistió el policía –, le faltó responder a una de mis preguntas.

La puerta de la sección de observación de la Cámara se abrió. El Dr. Allen pertenecía al grupo de académicos, abundantes en la U.S Robots, que coincidían en que la Dra. Susan Calvin era uno de los grandes genios de la corporación. Ellos estaban de acuerdo en que la carrera profesional de ella estaba cargada de coherencia, dotada de una inusual dirección en la búsqueda de trabajar y entender a los robots, cualidades que, en casos como el de Allen, faltaban y que se compensaban con una tendencia al capricho, la improvisación, la ambición y las buenas relaciones. De manera proporcional a esta admiración consensuada, él y el grupo de académicos también coincidían en que Susan Calvin era un enorme grano en el trasero; y solo cuando era posible hablar del tema, sobretodo en reuniones y fiestas a las que la doctora nunca asistía, todos pensaban que solo la fealdad de Calvin podía competir con su inteligencia. 

En el caso de la Dra. Calvin, la organización de la realidad era más simple: estaba ella, los robots y el mundo; y este último, casi siempre, era un fastidio. 

- Allen, Capitán… – Entró la Dra. Calvin extendiendo el brazo y con la mano abierta; quería el informe policial.

El capitán de la comandancia no espero confirmación del Dr. Allen. El fofo policía percibió en el tono de la voz y en la impresión total de los gestos, y sobretodo, en la manera curiosa en que caía un mechón de cabello en la frente de la Dra. Calvin, que estaba frente a una autoridad; ante la única autoridad capaz de explicar lo que estaba en el archivo que le entregó en el acto y lo que estaba al otro lado del cristal. 

Ni Allen le dirigió la palabra, ni Calvin buscó la manera de recibirla. 

Él no estaba dispuesto a escuchar sus predicaciones, pero más aún, no estaba dispuesto a reconocer que él y su proyecto se encontraban en la posibilidad de estar y ser un error. La doctora Calvin, como experta en robopsicología, se opuso desde el principio al proyecto de KPHAXTIO 102. La experiencia nos ha mostrado Allen que incluso con la limitada capacidad perceptiva de los robots, aún en modelos hartamente arcaicos, la estabilidad de la Ley puede verse modificada por la impredecible interacción que esta alcanza con el violento caudal de normas y casualidades del mundo natural, y ni se diga del nuestro. ¿A qué nos atenemos si hacemos que un robot no solo pueda identificar su alrededor sino que también pueda sentirlo... y no solo sentirlo, sino sentirlo todo, sentirlo con esa intensidad que usted y sus esbirros proponen?, dijo la Dra. Calvin al Dr. Allen dentro de una de las frías salas de la U.S Robot ocho meses atrás.

El archivo policial se encontraba en papel. La comisaría en la que se encontraban, en la lista del progreso, probablemente estaba al final. 

Susan Calvin leyó detenidamente, ni siquiera prestó atención cuando le ofrecieron café y unos bocadillos. Las hojas hablaban de Bárbara Stefano, una chica de 23 años de edad. Estudiante de historia que recientemente se había visto cautivada por los cruces de su carrera y la psicología; una asociación más orientada al paranoidismo que a la ciencia. Trabajaba en una librería en la que tenía un bondadoso descuento cada vez que compraba un libro. Vivía sola y amaba a los animales pequeños, sobretodo esos que suelen soportar el olvido y los descuidos. El único día libre que tenía en la semana lo ocupaba para caminar y evitar pensar o hablar con personas; adecuado descanso para un vida que en ocasiones le resultaba mecanizada. Bárbara Stefano recibió, veinte días atrás, un modelo KPHAXTIO 102. Sus padres, a varios kilómetros de distancia, pensaron que su niña necesitaba algo de compañía. Antes solían decir que no era bueno que un hombre estuviera solo, y por eso la gente se casaba. Recuerdos que ahora parecen cuentos. Lo único que puedo decirte hija, es que la soledad no es buena para nadie, frase recurrente con la que el padre finalizaba la comunicación con su hija a través del implantador de videollamada que ella cargaba en su bolsa.

Bárbara Stefano a penas tenía tiempo para otra cosa que no fuera su rutina; si hubiese sido más abierta con su interior, es decir, si compartiera más de sus pensamientos o emociones, a lo mejor sus padres tendrían claro que su hija ni siquiera tenía tiempo para la soledad. 

    El día que Bárbara decidió romper su rutina y darle espacio a la sensación de soledad, fue por estar aburrida, por estar cansada... fue por un hombre y por un poco de eso que los cuerpos, entremezclado con pocas ideas y muchas emociones, suelen necesitar cada cierto tiempo. 

    Bárbara Stefano quedó embarazada a consecuencia de irrumpir en su programa semanal.

   La Dra. Calvin se detuvo varios minutos observando la colección fotográfica del archivo. El suelo del piso de la chica fue encontrado manchado en rojo. Las fotografías que habían sacado de ella la mostraban en el suelo, tendida como si por fin encontró el perfecto sueño en el cual quedarse y no despertar a su demandante realidad. El color de la superficie era el mismo color de su ropa; y entre más cerca del estómago, más oscura era la coloración. Mientras la doctora Calvin inspeccionaba las fotografías, Bárbara Stefano yacía encamada en el hospital, sin otra preocupación que la de dormir. La criatura de su embarazo ya no estaba con ella; ahora era parte de las pequeñas porciones del grueso color rojo en el piso de la habitación.  

- ¿Porqué lo hizo? La primera Ley dice que ‘Un robot no hará daño a un ser humano, ni, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño’. ¿Porqué lo hizo? – El Dr. Allen le hablaba al reflejo de Susan Calvin en el cristal. Ella ni siquiera lo escuchó, siguió leyendo el archivo. 


*** 

(3) Capítulo Siguiente


(1) Capítulo Anterior