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sábado, 31 de agosto de 2013

Yo no vi lo que vio el perro

Mis conclusiones personales sobre la lectura de Lo que vio el perro y otras aventuras, de Malcolm Gladwell

PARTE I

Malcolm Gladwell nació en Inglaterra (de padre inglés y madre jamaiquina), creció y estudió en Canadá y hoy en día da conferencias en América Latina y Europa. Pero el contenido de Lo que vio el perro y otras aventuras es sobre temas y productos esencialmente gringos, con un enfoque, razonamiento y conclusiones típicamente gringos, y un estilo de redacción inequívocamente gringo. Empero, todo eso es perfectamente comprensible, pues su libro es una selección de las que Gladwell considera sus “mejores columnas” desde 1996 en el New Yorker, un medio gringo.

Gladwell escribe sobre cualquier cosa, sobre todo si se trata de algo extraído de “la gente del medio”, los “genios menores” que hacen tareas, inventan cosas y resuelven problemas menos complejos que la teoría de la relatividad o el argumento ontológico, pero que tienen un efecto real fácilmente perceptible en la vida cotidiana. “¿Que no parece interesante? Pues ¡que caray!, tendrá que serlo; y aunque no lo sea, debo creer que en última instancia me conducirá a algo que si lo sea. El lector juzgará si es el caso”, dice Gladwell. 

Pues bien, leí el prólogo viendo crecer mi curiosidad  y entusiasmo por los temas que el autor enumeraba en líneas puntuales e interesantes. Y así mismo inicié la lectura. A continuación doy mis impresiones de algunas de las columnas leídas, el “juicio” del lector.

EL VENDEDOR AMBULANTE, RON POPEIL Y LA CONQUISTA DE LA COCINA ESTADOUNIDENSE.

Y llegó, prematura, la decepción. Este artículo repleto de cosas muy destacables como el valor de las ideas, la libre iniciativa, el emprendedurismo y la perseverancia, termina convirtiéndose en apenas un gran anuncio publicitario del odioso sistema de ventas por televisión, cúspide de la cultura de alienación, manipulación y explotación de personas, hoy en día reducidos al trágico mote de consumidores. 

La  frase de Gladwell:

“Se cuenta que en cierta ocasión, el sobrino de Nathan, Archie Morris, vendió en una tarde artículo tras artículo a un hombre bien vestido. Al final del día, Archie miró al hombre alejarse. Éste se detuvo a mirar dentro de la bolsa antes de arrojarla entera en una papelera cercana. Eso es un vendedor.”

Gladwell no me dice nada bueno de sí mismo cuando considera que un embustero manipulador de la calaña de Archie Morris es un vendedor. El tipo estafado que le compró la bolsa de embustes a Archie no quedaría invitado a comprar de nuevo. Las mejores relaciones de negocios no son las que se basan en un acto de alienación o en un engaño que vive hasta que se descubre, sino las que se construyen a largo plazo, con la venta de un producto bueno, un servicio oportuno, amable y honesto y, por supuesto, un precio justo; cuando se consigue un cliente y no un incauto.

EL ENIGMA DEL KÉTCHUP. HOY EN DÍA HAY DOCENAS DE MOSTAZAS. ¿POR QUÉ EL KÉTCHUP SIGUE SIENDO EL MISMO DE SIEMPRE?

De esta historia rescato la idea de que no hay una sola receta perfecta sino muchas recetas perfectas. Fin.

No me gusta el kétchup. He de reconocer que es un condimento muy útil para “remendar” el sabor de una comida mediocre, pero tampoco se puede negar que es la mejor manera de joder el sabor de una buena comida. La salsa kétchup es un producto que encaja perfecto con el estilo atropellado de vida en los Estados Unidos, donde nadie tiene tiempo ni ganas de hacer una comida que tome más de dos minutos preparar. Compran alimentos congelados, los meten en el microondas, los ponen en un plato, los embadurnan de kétchup (el remiendo del sabor)… y a comer. La kétchup es también, claro que sí, el acompañante esencial de los productos de comida rápida. Y sin embargo les dejo una pregunta aberrante que pondrá en evidencia las aun abismales diferencias existentes entre gringos y latinoamericanos en cuanto a gustos culinarios… ¿a ver cuántos salvadoreños nos pasaríamos unas pupusas con kétchup en lugar de la tradicional salsa de tomate?

Entonces, cuando Gladwell me dice que el éxito de la salsa kétchup radica en que Heinz logró un sabor universal porque estimula todo el espectro de sensación de las papilas gustativas debido a que resume en uno solo todos los sabores existentes (salado, dulce, ácido, amargo y umami), a mí no me sabe a nada. Heinz removió el benzoato y puso el vinagre. Lo demás no parece un plan, sino una casualidad poco replicable, y a eso se debe que los intentos por mejorar la mostaza no funcionen del mismo modo. Además, no creo que sólo por su origen chino y su amalgama final en Estados Unidos, Elizabeth Rozin tenga razón cuando dice que la kétchup es “la única verdadera expresión culinaria del crisol de culturas”. ¿Dónde quedaría el chocolate mesoamericano mezclado con azúcar de Bengala y leche de vacas suizas? :D

Es cierto que el kétchup se ha hecho muy popular en todos los países, y puede tenerse como un indicador económico. Pero tan sólo en Estados Unidos la tasa de penetración en los hogares es del 97%, y cada gringo se consume tres envases de kétchup al año. Y entonces uno pudiera inferir que quizá el verdadero éxito de Heinz no se deba solo a que su sabor sea aceptable, sino a que su consumo es inducido y prácticamente impuesto desde edades tempranas. De hecho, Heinz vendió su ketchup como “alivio y bendición para la mamá y las otras mujeres de la casa”. Y en eso tiene mucha razón Gladwell cuando dice que la kétchup es ese sabor familiar almacenado en la zona de comodidad del individuo, a donde siempre retornará de manera programática para refugiarse de nuevos y extraños sabores.  

VOLANDO SE VA. CÓMO NASSIM TALEB CONVIRTIÓ LA INEVITABILIDAD DEL DESASTRE EN UNA ESTRATEGIA DE INVERSIÓN

Wall Street, Gordon Gekko, Bud Fox, Nassim Taleb o Victor Niederhoffer. Las historias sobre la bolsa de valores guardan entre sí un parecido tan pasmoso que los nombres son prácticamente intercambiables. 

De esta historia rescato la metáfora del cisne negro. Que no hayas visto uno no significa que no exista. La fatalidad puede estar doblando la esquina en el tránsito de un camino que parece seguro y orientado al éxito. No descubre nada, sin embargo. No es nada que los que trabajamos en proyectos de ingeniería no conozcamos en el contexto de la ley de Murphy y la premisa de preparar estrategias, matrices de riesgo, planes de contingencias y mitigación para el peor escenario posible. 

De ahí en más, es otra historia de cazador y presa en los negocios, pero con ese ingrediente particular que dan las simbiosis de supervivencia donde los negocios también se hacen con el enemigo, al que es mejor tener cerca para conocer y anticipar sus movimientos. En esa categoría caen los personajes de Nassim Taleb y Victor Niederhoffer, aunque ninguno de los dos me parece admirable ni mucho menos imitable. Niederhoffer queda retratado como un materialista lanzado, hueco y petulante que rinde culto a la astucia, a la sagacidad y a la fiereza en el mundo de las especulaciones de compra-venta de acciones y opciones en la bolsa de valores. Nassim Taleb queda reducido a un intelectual de las probabilidades, un armadillo timorato y paranoico obsesionado con la fatalidad y que prefiere desangrarse poco a poco antes que morir de golpe.

Y una vez más, Gladwell destaca (como con culto reverencial) la que yo considero una escala miserable de valores de estos sujetos obsesionados con su retorcida concepción de éxito:

“La clave no está en tener ideas, sino en tener la receta para manejarlas —continúa Taleb—. No necesitamos moralismos. Necesitamos un conjunto de trucos, un protocolo que estipule precisamente lo que debe hacerse en cada situación.”

COLORES REALES. EL TINTE PARA EL PELO Y LA HISTORIA OCULTA DE LOS ESTADOS UNIDOS DE POSGUERRA

Entiendo bien que en otras épocas las mujeres debieron ganarse a pulso derechos tan primarios e importantes como el voto, y que su cruzada también incluía otras pequeñas batallas que también contribuyeron a cimentar otros derechos individuales que no por banales dejaban de ser importantes. El tinte en el pelo es uno de ellos. Hoy día nadie cuestiona que una mujer está en libertad de pintarse el pelo a su antojo. Pero todavía no hace mucho eso no era posible sin tener que pasar por el juicio de ser estereotipada como actriz o puta. Hasta ahí todo bien.

Sin embargo, Gladwell trata el asunto de la causa individual enmarcándolo en la forma de publicidad psicológica que llevó a la población estadounidense a la difusión y aceptación de la práctica sin señalamientos. Y esa publicidad es nuevamente cuestionable por sus implicaciones éticas, ya que las campañas publicitarias de “¿Lo hace o no lo hace?” y “Porque yo lo valgo”, sentaron la base de una cultura de superficialidad fantasiosa, banal y enfermiza del manejo de la imagen.

Las campañas de Shirley Polykoff fueron una sensación en 1956, como demuestran las cartas remitidas a Clairol. «Gracias por cambiar mi vida», reza una, difundida por la empresa y usada como tema para una reunión nacional de ventas. «Mi novio, Harold, y yo llevábamos saliendo cinco años, pero él nunca quiso poner una fecha para la boda. Esto me ponía muy nerviosa. Tengo veintiocho años y mi madre no dejaba de decirme que pronto sería muy tarde para mí». Entonces, decía la autora de esta carta, vio un anuncio de Clairol en el metro, se tiñó el pelo de rubio «y ahora estoy en las Bermudas de luna de miel con Harold».

¿Era cierto ese testimonial que suena tan falso? Pues…

“En su fiesta de jubilación, en 1973, Shirley Polykoff recordó a los ejecutivos de Clairol y de Foote, Cone y Belding la avalancha de correo que les había inundado después de sus primeras campañas: «¿Os acordáis de aquella chica que escribió para contar que había acabado de luna de miel en las Bermudas nada más teñirse de rubia?». 
Todos se acordaban. 
«Pues —dijo ella, con lo que sólo cabe calificar como el más dulce de los orgullos— eso lo escribí yo»”.

Me deja sin palabras, pero en realidad, ahí no termina todo. Las prácticas inducidas por la publicidad, como se empezó a concebir en esos tiempos, no tiene el más mínimo respeto por la salud del consumidor. El objetivo es vender a como dé lugar.

Cita del libro Lo que vio el perro y otras aventuras, sobre una de las mujeres que impulsaron esta "revolución":

“Herta tenía gracia, paz interior, cultura —dice Herbert Krugman, que trabajó estrechamente con Herzog en aquellos años—. También tenía una enorme perspicacia. Alka-Seltzer era un cliente nuestro que buscaba nuevos enfoques para su próximo anuncio. Ella dijo: “Se ve una mano echando una pastilla de Alka-Seltzer en un vaso de agua. ¿Por qué la mano no echa dos pastillas? Se duplicarían las ventas”. Eso fue exactamente lo que pasó. Herta era la eminencia gris. Todo el mundo la adoraba.”

¿Tendrá idea Herta Herzog de cuantos casos de cálculos renales, úlcera péptica y sangrado estomacal hay asociados al consumo libre e indiscriminado (y estimulado por propaganda que incita a duplicar la dosis) de ácido acetilsalicílico, llámese en este caso específico, Alka Seltzer?

EL ERROR DE JOHN ROCK. LO QUE EL INVENTOR DE LA PÍLDORA ANTICONCEPTIVA NO SABÍA DE LA SALUD FEMENINA

¿Que el error del inventor católico de la píldora anticonceptiva fue no venderla como un medicamento para prevenir el cáncer de endometrio y de mama, evitando lograr con eso la venia de la iglesia?  Gladwell se pasa. En realidad no sé sus motivos, pero por momentos hasta me parece que sus artículos siempre desembocan en publicidad descarada para algo o alguien. Como en este caso, donde parece terminar en alabar el medicamento a base de progestina en que trabajan Malcolm Pike, Darcy Spicer y John Daniels, en Balance Pharmaceuticals, una nueva empresa que fabrica fármacos tendientes al equilibrio.

No soy religioso, pero me molesta particularmente esta frase de Malcolm Gladwell sobre el otrora fervoroso John Rock: 

“Le preguntaron cuál había sido la parte más satisfactoria de su vida. «Ésta que vivo ahora —contestó, increíblemente, el inventor de la píldora, sentado junto al fuego con una camisa impecablemente blanca y su sempiterna corbata, mientras leía El origen, una biografía ficticia de Darwin escrita por Irving Stone—. Con frecuencia pienso: “¡Dios!, qué suerte la mía”. No tengo ninguna responsabilidad y sí todo lo que quiero. Tomo una dosis de ecuanimidad cada veinte minutos. Me niego a llevarme malos ratos por menudencias».”

¿Increíblemente? ¿A Malcolm Gladwell no le cabe en la cabeza que no toda la gente quiere atención mediática, fama y “éxito” a la gringa?

LO QUE VIO EL PERRO. CÉSAR MILLÁN Y LOS MOVIMIENTOS DEL ADIESTRAMIENTO

Sólo diré que esperaba más del artículo que le dio el nombre al libro. Pero no es otra cosa que una lección de lenguaje corporal. Todo mundo sabe que George Bush es un pésimo orador que se balancea como un metrónomo. Lo de Cesar Millán, como las demás historias, me generaba otras expectativas, sobre todo por la supuesta perspectiva alternativa que Malcolm Gladwell ofreció en el prólogo.

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En conclusión, no me importa si Malcolm Gladwell habla con aires de gurú sobre todas esas trivialidades que sostiene "como un jarrón de Tiffany". Personalmente no creo que vuelva a leer nada de su autoría. Como pasa con los libros de superación espiritual de Paulo Coelho, creo que los libros de superación materialista de Malcolm Gladwell también entran en esa categoría de libros que uno debe leer alguna vez para poder decir con propiedad que no valen la pena. Y dado que el tipo es un best seller al que muchos consideran uno de los 50 pensadores más sobresalientes en la actualidad, está visto que tendré múltiples oportunidades de decir que lo he leído y que me parece que es una mierda. ^^


lunes, 19 de agosto de 2013

Malcolm Gladwell, datos biográficos

Malcolm Gladwell (1963) es un periodista canadiense, autor de bestsellers y orador. Desde 1996 es parte del staff permanente de escritores de The New Yorker (revista semanal estadounidense que publica críticas, ensayos y reportajes de investigación y ficción) y en 1999 ganó el respetado premio National Magazine Award por su perfil sobre Ron Popeil, inventor estadounidense y personalidad del marketing. 

Gladwell ha escrito cuatro libros. Tres de ellos, "The Tipping Point: How Little Things Make a Big Difference," (La clave del éxito, 2000), "Blink: The Power of Thinking Without Thinking" (Inteligencia intuitiva: ¿Por qué sabemos la verdad en dos segundos?, 2005), y "Outliers: The Story of Success" (Fueras de serie: Porqué unas personas tienen éxito y otras no, 2008) , fueron número uno en la lista de bestsellers del New York Times. El más reciente, "What the Dog Saw" (Lo que vio el perro y otras aventuras, 2009), es una compilación de artículos y trabajos suyos publicados en The New Yorker. En 2005, Gladwell fue nombrado una de las 100 personas más influyentes de la revista Time. 

Antes de entrar a The New Yorker, entre 1987 y 1996, fue reportero del Washington Post, diario para el que cubrió negocios y ciencia y al cual luego representó como jefe de redacción en la ciudad de Nueva York. Gladwell se graduó del Trinity College de la Universidad de Toronto con un grado en historia. Nació en Fareham, Hampshire, Inglaterra, se crió en el lado rural de Ontario, Canadá y actualmente vive en Nueva York. 

En la carrera de Gladwell destacan numerosos reconocimientos, entre ellos que en 2011 se ubicó en la posición número diez de la lista "Top 50 Thinkers", de los 50 pensadores de negocios más importantes del mundo, mientras que en 2010 la revista Foreign Policy hizo lo propio nombrándolo uno de los "Top 100 Global Thinkers", en el puesto #68.

Cosmopolita de nacimiento
Como hijo de un profesor inglés de matemáticas e ingeniería, y de una psicoterapeuta de origen jamaicano, Gladwell viene con una carga multicultural desde sus orígenes. Este periodista y orador nació en el Reino Unido, pero a los seis años cruzó el Atlántico para asentarse en Canadá junto a su familia. En este país su padre se desempeñó como profesor de la Universidad de Waterloo. 

Fue en Canadá donde Gladwell desarrolló su interés por la lectura, utilizando como escenario las oficinas de su padre en la universidad, donde, desde que tenía tan sólo 11 años, pasaba gran parte de su tiempo investigando y leyendo en las bibliotecas del campus de Waterloo.

A su vez, el mismo Gladwell ha señalado que su madre fue su modelo a seguir como escritora, y probablemente la que despertó su interés por el análisis de la sociedad.

Personalidad de alta competencia
El éxito es uno de los temas frente al cual Malcolm Gladwell más le gusta teorizar. “Outliers: The Story of Success” (Fuera de Serie: Porqué unas personas tienen éxito y otras no), uno de sus best sellers, donde analiza las razones del éxito a través de la historia de alumnos de excelencia, es un ejemplo de aquello.

Su interés respecto del éxito y cómo obtenerlo, más allá del análisis teórico, también va de la mano de su historia como deportista durante su vida escolar.

Malcolm Gladwell se dedicó al atletismo durante su adolescencia, un deporte más bien individualista y de alta competencia, donde se especializó en la prueba de medio fondo, de los 1,500 metros planos.

Gladwell obtuvo el primer lugar en esta prueba en 1978 en Kingston, Ontario, representando a su colegio Ontario High School, cuando tenía 14 años.

Historia y periodismo
Malcolm Gladwell se graduó del Trinity College de la Universidad de Toronto con un grado en historia. Y previo a aquello estudió en el National Journalism Center en Washington D.C., Estados Unidos.

A pesar del interés de Gladwell por la lectura desde pequeño, sus notas en la universidad no eran para nada destacadas, por lo que al graduarse no fue opción seguir estudiando. Así, decidió en una primera instancia dedicarse a la publicidad, área que le fue esquiva. Así, al no conseguir trabajo en agencias de publicidad, aceptó un puesto de periodista en Estados Unidos, país donde se radicaría. Su primer empleo fue en The American Spectator, ubicado en el estado de Indiana. Luego migró al Washington Post, donde se desempeñó entre 1987 y 1996, desarrollando su pluma como periodista de negocios y ciencias.

Sin duda que el gran salto en su carrera como periodista fue precisamente en 1996, cuando dejó Washington D.C., y se mudó a Nueva York, para sumarse al equipo de la revista semanal The New Yorker, uno de los medios norteamericanos de mayor exposición, el cual le permitió alcanzar popularidad a nivel nacional en Estados Unidos. En el New Yorker los artículos de Malcolm Gladwell se hicieron muy populares, permitiéndole hacerse un nombre.

Los más famosos son The Tipping Point y The Coolhunt, ambos escritos durante el mismo año que ingresó a trabajar a la revista norteamericana, y los cuales fueron la inspiración para el desarrollo de su primer libro. En estos años, Gladwell se concentró en el análisis de los fenómenos sociales, temas que generarían gran interés en la audiencia.

Un hombre de Best Sellers
Luego de alcanzar gran popularidad con sus artículos como periodista de The New Yorker, este analista de fenómenos sociales fue un paso más allá y lanzó su primer libro en el 2000: “The Tipping Point: How Little Things Make a Big Difference", (La clave del éxito).

El libro no sólo fue popular entre el público estadounidense, que ya lo seguía por su trabajo en The New Yorker. El primer libro de Gladwell se transformó en best seller a nivel internacional.

Así, después del éxito del libro sobre cómo obtener el éxito, vinieron otros. "Blink: The Power of Thinking Without Thinking” (Inteligencia intuitiva: ¿por qué sabemos la verdad en dos segundos?, 2005), y “Outliers: The Story of Success” (Fueras de serie: Por qué unas personas tienen éxito y otras no, 2008) , y “What the Dog Saw” (Lo que vio el perro y otras aventuras, 2009), los cuales corrieron la misma suerte que el primer ejemplar.

La pluma incisiva, que busca describir qué hay detrás de los diferentes fenómenos sociales, parece ser el secreto de Malcolm Gladwell, transformándolo en éxito de ventas. “The Tipping Point: How Little Things Make a Big Difference,“ (La clave del éxito) fue un negocio redondo para Malcolm Gladwell desde antes de su lanzamiento. El periodista y orador recibió US$1 millón por parte de la editorial como avance. Y la apuesta fue correcta, ya que se transformó rápidamente en un best seller. Quizás este es un ejemplo de éxito, tema sobre el cual Malcolm Gladwell teoriza en su primer libro y también en los que escribiría después.

Respecto del éxito, en “The Tipping Point”, Gladwell concluye que hay un punto de inflexión a partir del cual un producto se convierte en un fenómeno de masas, pasando por la moda, programas infantiles y el cigarrillo. Donde la conclusión es que estos se expanden como epidemias sociales. Algo así como lo que ha sucedido con sus libros y charlas a nivel global.

En otro de sus libros, “Outliers”, Malcolm Gladwell habla del éxito de las personas, a través del cual popularizó su teoría de las 10.000 horas, que señala que una persona necesita 10 mil horas de práctica para alcanzar la maestría en cualquier área, para lo cual pone como ejemplo la vida de Bill Gates, quien se inició en los computadores a los 13 años.

What the dog saw, publicado en 2009, corresponde al libro más reciente de Malcolm Gladwell, el cual a diferencia de sus obras anteriores, corresponde a una recopilación de artículos del periodista durante su tiempo en The New Yorker, correspondientes a sus piezas favoritas desde que se integró al equipo de la revista.

Se trata de 19 artículos, ordenados en tres categorías, la primera reúne historias sobre lo que Gladwell denomina “genios menores”, la segunda respecto de cómo factores étnicos y experiencias de vida influyen en el éxito, y la tercera reúne ensayos sobre los prejuicios.

Su segundo libro, “Blink”, escrito en 2005, tuvo como inspiración su frondosa cabellera que lo caracteriza. Y es que, el autor señala que una vez que dejó crecer su pelo comenzó a recibir más partes policiales por exceso de velocidad, así como a ser revisado en los aeropuertos.

Situaciones que lo hicieron escribir respecto de cómo los rasgos físicos son determinantes en la toma de decisiones de las personas. Sin embargo, no lo ve desde el punto de vista negativo, ya que según el autor muchas veces las decisiones precipitadas son correctas y que otras de mucho análisis llevan al error.

El fenómeno de la salsa de tomates
Más allá de sus best seller, lo que catapultó a Malcolm Gladwell a nivel global fue su oratoria, siendo su charla sobre la salsa de tomates la más recordada.

En una exposición de 20 minutos, Gladwell muestra a través de la estrategia de la salsa de espagueti Prego (que le permitió superar a su competidora Ragú en los 80), el concepto de segmentación horizontal. En términos simples, propone que la oferta de una variedad de productos, antes que la de un único producto, es clave para el éxito: ofrecer lo que las personas quieren consumir, y no lo que el productor quiere.

Es decir, no existe la salsa perfecta, sino las salsas perfectas, dado que las necesidades y gustos son variados y no únicos o universales.

Al mismo tiempo, en esta exposición que lo hizo visible a nivel mundial, Gladwell establece que no hay que preguntarle a las personas qué es lo que esperan de un producto, porque la gente no sabe o no quiere decirlo. Simplemente hay que mostrarle las alternativas, y esperar su reacción frente a ellas.

Todo esto a través de la experiencia de Prego y sus ahora diferentes variedades de salsas de tomate, que la transformaron en la número uno de EEUU.

La prohibición del fútbol americano
En 2009 Malcolm Gladwell comparó el fútbol americano con las peleas de perro, generando una gran polémica. Pero eso no lo detuvo de hacer pública su opinión sobre este deporte tan popular en EEUU, el cual el escritor incluso cree debiera estar prohibido.

Los serios riesgos para la salud que produce en los jugadores de este deporte, como consecuencia de los reiterados golpes que reciben en la cabeza, y el abandono que ellos sufren una vez que terminan su vida en los campos de juego, son motivos suficientes para que Gladwell proponga prohibirlo como debate universitario.

“La idea de justificar la explotación y mutilación de los atletas, porque ellos consiguen dinero para sus universidades es una noción un poco espantosa”, dijo el escritor con motivo de la promoción de un debate realizado a comienzos de mes en Nueva York, respecto de este deporte.

En la instancia, Malcolm Gladwell no dejó de señalar su opinión con respecto al fútbol americano, y lo nocivo que lo encuentra para la sociedad. El tema es contingente, ya que en el último tiempo dos ex jugadores de fútbol americano se han suicidado.

viernes, 16 de agosto de 2013

Malcolm Gladwell, Lo que vio el perro y otras aventuras

"You don't start at the top if you want to find the story. You start in the middle, because it's the people in the middle who do the actual work in the world"(Malcolm Gladwell)

Lo que vio el perro y otras aventuras salió finalmente a la venta en formato digital en español este 5 de Agosto. Justo a tiempo para la segunda lectura del octavo mes de 2013 en el Club de La Buena Estrella.

What the dog saw and other adventures, recomendación de Chent para la viñeta opcional de No ficción, es la obra más reciente de Malcolm Gladwell, el periodista del New Yorker. El ensayo está dividido en tres partes. En la primera, Gladwell analiza lo que él denomina "genios menores" como Ron Popeil, considerado un maestro de la cocina estadounidense. En la segunda, expone teorías relativas a cómo influyen los factores étnicos y experiencias de vida en su éxito; mientras que en la tercera, analiza los prejuicios que se hacen sobre las personas para determinar si son malos, inteligentes, o si son capaces de realizar las tareas que se les asignarán.

FICHA

Mes: Agosto
Viñeta: Opcional/No Ficción
Título: Lo que vio el perro: y otras aventuras
Autor: Malcolm Gladwell
Nacionalidad: Británica, Canadiense
Traducido por: Pedro Cifuentes Huertas
Editor: Taurus, 2010
ISBN: 8430607552, 9788430607556
Nº de páginas: 432


DIVISIÓN DE LAS LECTURAS

22/Agosto/2013
  • Biografía de Malcolm Gladwell
  • Prólogo
  • Primera parte
    • Obsesos, pioneros y otras variedades del genio menor
    • El vendedor ambulante. Ron Popeil y la conquista de la cocina estadounidense
    • El enigma del ‘ketchup’. Hoy en día hay docenas de mostazas. ¿Por qué el ‘ketchup’ sigue siendo el mismo de siempre?
    • Volando se va. Cómo Nassim Taleb convirtió la inevitabilidad del desastre en una estrategia de inversión
    • Colores reales. El tinte para el pelo y la historia oculta de los Estados Unidos de posguerra
    • El error de John Rock. Lo que el inventor de la píldora anticonceptiva no sabía de la salud femenina
    • Lo que vio el perro. César Millán y los movimientos del adiestramiento
  • Segunda parte
    • Teorías, predicciones y diagnósticos
    • Secretos a voces. Enron, la inteligencia y los riesgos del exceso de información
    • Murray valía un millón de dólares. Por qué hay problemas más fáciles de resolver que de gestionar
Página 111 en archivo PDF
Posición 2738 en el Kindle (48%)

29/Agosto/2013 
  • Continuación de la segunda parte
    • Un problema de imagen. Monografías, fuerza aérea y los límites de la vista
    • Algo prestado. ¿Debería arruinarte la vida una acusación de plagio?
    • Líneas de puntos. La reforma de la inteligencia militar y sus paradojas
    • El arte del fracaso. Por qué unas personas se ahogan y otras son presa del pánico
    • ‘Blowup’. ¿A quién se puede culpar de un desastre como la explosión del ‘Challenger’? A nadie (y deberíamos acostumbrarnos)
  • Tercera parte
    • Personalidad, carácter e inteligencia
    • Maduración tardía. ¿Por qué asociamos genialidad con precocidad?
    • Probabilidades de éxito. ¿A quién elegimos cuando no sabemos a quién elegir?
    • Mentes peligrosas. El perfil criminológico, simplificado
    • El mito del talento. ¿Están sobrevalorados los listos?
    • La red del chico nuevo. ¿Qué nos dicen realmente las entrevistas de trabajo?
    • «Peleones». Lo que los pitbulls pueden enseñarnos sobre la delincuencia
    • Agradecimientos
    • Sobre el autor
    • Notas  
Página 228 en archivo PDF
Posición 5621 en el Kindle (99%)

SINOPSIS
¿Por qué existen docenas de variedades de mostaza pero sólo una de ketchup? ¿Se puede culpar a alguien por la explosión del Challenger? ¿Podemos atrapar a un criminal a partir de su perfil psicológico? ¿Por qué asociamos precocidad con genialidad? Gladwell reúne aquí por primera vez sus mejores reportajes para la revista The New Yorker. Con una mirada siempre curiosa, investiga en las vidas de la pionera del mercado para el tinte capilar y del inventor del centro comercial. Penetra en los secretos de César Millán, el «encantador de perros», que puede calmar animales salvajes con solo tocarlos. Indaga en la tenaz supervivencia del papel, se pregunta si vivimos en una sociedad que sobrevalora a las personas inteligentes y desvela el secreto mejor guardado de las entrevistas de trabajo: ¿qué se puede saber de un extraño tras una hora de conversación?

RESEÑAS
«Un libro magnífico que reúne el estilo de escritura que ha hecho de Gladwell la extraordinaria figura que es hoy.»
The Guardian

«Gladwell es probablemente el mejor exponente de la reciente tendencia de libros que intentan revelarnos los secretos de nuestro complejo mundo a través del prisma de las ciencias sociales.»
Financial Times

«Algunos capítulos de Lo que vio el perro son obras maestras del arte del ensayo.»
The New York Times




SOBRE EL AUTOR

Malcolm Gladwell (1963) escribe habitualmente desde 1996 para la revista The New Yorker. Es autor de Inteligencia intuitiva (Punto de Lectura, 2006), La clave del éxito (The Tipping Point, Taurus, 2007) y Fuera de serie (Punto de Lectura 2010), que han ocupado, todos ellos, primeros puestos en las listas internacionales de ventas. Antes de unirse a The New Yorker, trabajó como reportero para The Washington Post cubriendo las secciones de Negocios y Ciencia. En ese mismo rotativo dirigió la oficina en Nueva York.