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lunes, 22 de mayo de 2023

No he salido de mi noche | Annie Ernaux

Es mi madre y ya no es ella” Me preparo para toneladas de culpabilidad para el futuro. Pero, seguir teniéndola en casa era dejar de vivir. Ella o yo. Me acuerdo de la última frase que escribió: 
No he salido de mi noche”
Annie Ernaux 

No era ninguna desconocida en Francia y en general, en el mundo de las letras, sino más bien una escritora de peso ya antes de ganar el  Premio Nobel de Literatura, sin embargo, en el club nunca la habíamos leído.  ¡Qué bueno que le dieron el Nobel!, qué alegría que en el club tengamos la viñeta que nos invita a conocer la obra de autores a quienes se les va otorgando el premio año con año, y tener así la oportunidad de conocer nuevos escritores porque, alguna vez nos pueda pasar que nos encontramos con una escritora, como nuestra escritora del mes de mayo 2023, Annie Ernaux. 

Tengo el honor de moderar los libros de la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2022, y el gusto de presentar a continuación nuestro segundo libro del mes, después de leer Los Años, que tan buena impresión nos causó en el club durante las primeras dos semanas del mes de mayo 2023.

No he salido de mi noche | Annie Ernaux | Francia | 1997


«No he salido de mi noche» 
Son las últimas palabras escritas por su madre. 
Contienen todo el dolor de una mujer en el comienzo de su enfermedad y simbolizan el largo 
y doloroso trayecto que se anuncia para el enfermo de Alzheimer y su familia.


Annie Ernaux, escribe un diario íntimo desde la adolescencia, junto con las fotos y vídeos caseros que conserva de las distintas etapas de su vida, esos diarios conforman el archivo al que luego da forma literaria en sus libros.


La segunda lectura del mes de mayo 2023, es la transcripción sin edición de algunos de esos diarios, durante los últimos años en que su madre vivió desde que fue diagnostica con Alzheimer, hasta su muerte en el año 1986.

«Mi madre sufrió la enfermedad de Alzheimer a principios de los años 80. Finalmente tuve que ingresarla en una residencia de ancianos. Siempre que volvía de mis visitas, necesitaba escribir sobre ella, sobre su cuerpo, sus palabras, el lugar donde se encontraba. No sabía que aquel periodo me conduciría hacia su muerte, en 1986.»


Al hacer públicas estas páginas, las revelo tal y como fueron escritas, fruto del estupor y el trastorno que entonces sentía yo. No he querido modificar nada al transcribir aquellos momentos en que me quedaba junto a ella, fuera del tiempo, de todo pensamiento. Había dejado de ser la mujer que había conocido, que velaba por mi vida, y sin embargo, bajo ese rostro inhumano, por su voz, sus gestos, su risa, era mi madre, más que nunca.» hasta su muerte.» Annie Ernaux

Lydia Vázquez Jiménez, quien es la traductora oficial de la obra de Annie Ernaux al castellano, le realizó una entrevista en la que, entre muchos otros temas, le preguntó lo siguiente:


¿Habrías podido ser la escritora que eres sin esa práctica de registro? ¿Qué importancia tiene el diario en tu vida, independientemente de la escritura de tus obras?


«Pienso que que escribir un diario íntimo no ha incidido en mi deseo de escribir ni en la mayoría de los textos que he escrito. Durante varios años, sólo he escrito esporádicamente en mi diario. Fue a partir de los cuarenta y de los cambios importantes en mi vida personal —divorcio, enfermedad de Alzheimer de mi madre, relaciones amorosas— cuando me puse a escribir mi diario con regularidad.

Por otra parte, a diferencia de Virginia Woolf y de otros escritores, el diario no ha sido nunca para mí un laboratorio de escritura.

El diario es importante para mi vida, en mi vida, es el lugar donde la deposito con toda su espontaneidad, donde la cuestiono, diría que todavía es donde la resguardo para que no se pierda. Incluso si desde hace treinta años el mundo exterior y la política ocupan cada vez más espacio en mi diario, lo hacen a través de mi mirada, de mi conciencia del momento. Releerlo es sentir mi propia duración, la persistencia de algo que puede denominarse el yo. El diario es la huella de mi existencia, más aún: su prueba. Y el hecho de que no lo piense publicar en vida lo convierte en el lugar donde puedo escribir sobre el mundo en completa libertad.» (Annie Ernaux)

Es una entrevista con muchas claves sobre la escritura de nuestra escritora del mes, en ella podemos encontrar respuestas a algunas de las interrogantes que nos surgen cuando estamos ante su escritura escueta, directa y honesta. Les comparto el enlace por si quieren adentrarse más en el mundo literario de nuestra Premio Nobel de Literatura de 2022.



Por Lidya Vásquez Jimenez,
traductora oficial de la obra de Annie Ernaux,
al castellano
¡Leer entrevista completa aquí!


Annie Ernaux nació en Lillebonne (Normandía) en 1940. Hija de comerciantes, pasó su infancia y adolescencia en la localidad de Yvetot hasta trasladarse a Rouen para cursar estudios universitarios de literatura. Ha dedicado su vida a la enseñanza como profesora de letras modernas. Es autora de una obra esencialmente autobiográfica e intimista, con títulos como La mujer helada (1981), No he salido de mi noche (1997), Perderse (2001), El uso de la foto (2005), Los años (2008), Memoria de chica (2016). Entre los numerosos galardones recibidos destacan el Premio de la Lengua Francesa 2008 y, en España, el Premio Formentor de las Letras 2019, otorgados ambos al conjunto de su obra. 

Annie Ernaux es hoy una de las escritoras más reconocidas del panorama literario francés y europeo. 
Actualmente reside en Cergy, cerca de París.

Premio Nobel de Literatura 2022
Premio Formentor 2019


Ficha del libro:



Fuentes:  Revista de la Universidad de México (UNAM); Cabaret Voltaira, casa editorial que ha publicado los libros de Annie Ernaux que se han traducido al español.

 No he querido modificar nada al transcribir aquellos momentos en que me quedaba junto a ella, fuera del tiempo —salvo, quizá, el de una pequeña infancia reencontrada—, de todo pensamiento, menos: «es mi madre». Había dejado de ser la mujer que había conocido, que velaba por mi vida, y sin embargo, bajo ese rostro inhumano, por su voz, sus gestos, su risa, era mi madre, más que nunca.
  Annie Ernaux | No he salido de mi noche


domingo, 2 de mayo de 2021

El iris salvaje | Louise Glück

El iris salvaje de Louise Glück será la primera lectura de poesía en el CBE desde el año 2007.  

 "Ahora, querida clase, aprenderán a pensar otra vez por sí mismos. Aprenderán a saborear las palabras y el lenguaje. A pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo. [...] Les contaré un secreto. Acérquense. ¡Acérquense! No leemos y escribimos poesía porque es bonita, leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana, y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio y la ingeniería son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor… son las cosas que nos mantienen vivos".

El fragmento anterior, un parlamento del profesor John Keating (Robin Williams) extraído de la película de 1989 La sociedad de los poetas muertos, vino a mi memoria mientras pensaba en la manera de introducir las lecturas 190 y 191 en el Club de la Buena Estrella. Los libros elegidos para este mes de mayo de 2021 son El iris salvaje y Averno, ambos de la poeta estadounidense Louise Glück, ganadora del Premio Nobel de Literatura el pasado mes de octubre.

Robin Williams en La sociedad de los poetas muertos (1989).

La lectura de El iris salvaje, obra galardonada con el Premio Pulitzer de Poesía de 1993 y con la presea William Carlos Williams concedida por la Sociedad de Poetas de América un año antes, supone un hito en nuestro club por ser el primer libro de poesía que leemos desde octubre de 2007, cuando fue incluido en nuestro programa de lecturas El día interminable del autor salvadoreño Jorge Galán. 

Desde aquel año, por una u otra razón, el Club de la Buena Estrella se ha enfrascado en la lectura de novelas, cuentos, crónicas, biografías y otros géneros y subgéneros, haciendo a un lado la obra poética. No han sido pocas las veces en que Loida Pineda, una de las fundadoras de nuestro club y amante de la poesía, ha propuesto volver a la lectura del género, pero hasta ahora sus iniciativas no encontraron eco en el grupo. La voluntad del club, expresada en la elección democrática de nuestros libros, ha probado ser implacable en el veto a los poetas. Si este año la señora Glück se ha colado en nuestro calendario, solo ha sido gracias al hecho de que la lectura del Premio Nobel, al margen de quien lo ganara, ya estaba predefinida para este mes de mayo. Ergo, leeremos poesía por un acto de la Providencia o bien de la Academia Sueca.

Esta reticencia hacia leer poesía por parte de nuestro club (y me atrevo a decir que la misma actitud predomina en la sociedad en general) me ha hecho pensar un poco en las causas y en las consecuencias de semejante soslayo. Me parece que en buena medida se debe a que muchos estamos prejuiciados por ideas bastante generalizadas que asocian y limitan la poesía a lo cursi y romántico. Vivimos además en un mundo vertiginoso y apabullante, pletórico de información y de distracciones, donde cada vez hay menos espacio para la contemplación. En ese contexto la lectura en general compite en clara desventaja contra muchas otras actividades que acaparan el tiempo de las personas. Y no es extraño entonces, que cuando finalmente se concede espacio para leer, la mayoría valore mejor un libro de formación, superación o mero entretenimiento, antes que uno de poesía.

Pero, ¿qué es la poesía? ¿Por qué leerla? Según la omnisapiente Wikipedia, la poesía es un "género literario considerado como una manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa". Leer esa definición me hizo recordar la gran cantidad de veces que en las reuniones del club hemos comentado sobre las frases bonitas que rescatamos de un libro. Es evidente que muchos de nosotros valoramos no solo una buena historia sino la manera en que está contada, la belleza lírica, el uso armonioso de las palabras y la musicalidad de una frase bien construida. ¿No les parece contradictorio que luego digamos que no somos de leer poesía? 

En una entrevista que el escritor Rafael Menjívar Ochoa hizo en 2008 al poeta y narrador Jorge Galán, este último argumenta que "la poesía es varias cosas, la poesía es música, la poesía es ritmo, la poesía es cadencia, la poesía es revelación, la poesía es un acto de magia". Nótese que la definición de poesía de Jorge es prácticamente un poema. Y si retornamos al inspirador profesor Keating de La sociedad de los poetas muertos, este dice que "la poesía más hermosa puede ser sobre lo más simple, como un gato, una flor o la lluvia. La poesía puede ser acerca de cualquier cosa con poder de revelación. Solo no deje que sus poemas sean ordinarios". Nuestra autora del mes remata diciendo que "los poemas no perduran como objetos, sino como presencias. Cuando lees algo que merece recordarse, liberas una voz humana: devuelves al mundo un espíritu compañero. Yo leo poemas para escuchar esa voz. Escribo para hablar a aquellos a quienes he escuchado."

¿Nos animamos entonces a tirar los muros de nuestros prejuicios y hacemos un breve espacio en nuestras vidas para la contemplación y el aprecio de la belleza? Los invito cordialmente a la lectura del primero de los dos cortos libros de Louise Glück, que a punto estuvimos de no conseguir a tiempo, merced a la escasez de ejemplares por las disputas legales entre la autora y Pre-Textos, la editorial española que viene publicando su obra traducida al castellano desde mucho antes de que la ganadora del Nobel obtuviera fama y reconocimiento mundial, en el veredicto de la Academia Sueca "por su característica voz poética, que con su austera belleza hace universal la existencia individual".

Vuelvo, para cerrar esta introducción, al personaje del profesor John Keating citando un poema de Walt Whitman, una poderosa y emotiva respuesta a la pregunta medular y existencial que todos alguna vez nos hemos hecho en la vida: 


¡Oh, mi yo! ¡oh, vida!

de sus preguntas que vuelven,

del desfile interminable de los desleales,

de las ciudades llenas de necios.

De mí mismo, que me reprocho siempre 

(pues, ¿quién es más necio que yo, ni más desleal?).

De los ojos que en vano ansían la luz, 

de los objetos despreciables, 

de la lucha siempre renovada,

de los malos resultados de todo,

de las multitudes afanosas y sórdidas que me rodean.

De los años vacíos e inútiles de los demás, 

yo entrelazado con los demás.


La pregunta, ¡oh, mi yo!,

la pregunta triste que vuelve 

- ¿qué de bueno hay en medio de estas cosas, 

oh, mi yo, oh, vida? -


Respuesta:


Que estás aquí,

que existe la vida y la identidad,

que prosigue el poderoso drama 

y que tú puedes contribuir con un verso.

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FICHA DEL LIBRO



DIVISIÓN DE LAS LECTURAS



LA AUTORA

Louise Elisabeth Glück (Nueva York, 22 de abril de 1943)

Poeta estadounidense en lengua inglesa. Fue la duodécima poeta laureada (2003-2004) por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. El 8 de octubre del 2020 se anunció que ganó el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en la decimosexta mujer en recibir el galardón.

Se licenció en 1961 por la George W. Hewlett High School en la ciudad de Hewlett, Nueva York. Posteriormente asistió al Sarah Lawrence College en Yonkers (Estado de Nueva York), y a la Universidad de Columbia. En 1993, ganó el Premio Pulitzer de poesía por su poemario El iris salvaje.

Ha recibido también el National Book Critics Circle Award por Triumph of Achilles (El triunfo de Aquiles), el Premio de la Academia Americana de Poetas por Firstborn (El Primogénito), así como numerosas becas Guggenheim. En este momento vive en Cambridge, Massachusetts, y desarrolla actividades de docencia en el departamento de lengua inglesa del Williams College en Williamstown, Massachusetts. De forma paralela, imparte clases en la Universidad de Yale y fue profesora invitada en la Universidad Industrial de Santander en Bucaramanga.

Louise Glück es autora de once libros de poesía, entre los que se incluye Averno, The seven ages, Vita Nova, por el que fue galardonada con el Premio de Poesía de The New Yorker, Meadowlands, The Wild Iris (El iris salvaje), que recibió el Premio Pulitzer de poesía y el Premio William Carlos Williams de la Poetry Society of America, Ararat que recibió el Premio Nacional de poesía Rebekah Johnson Bobbit; y The triumph of Achiles que recibió, entre otros, el National Book Critics Circle Award. The First Four Books es una compilación de su poesía temprana.

También ha publicado una colección de ensayos, Proofs and Theories: Essays on Poetry (1994), que recibió del PEN Club Internacional el premio Martha Albrand de literatura de no ficción. La editorial Sarabande Books publicó en formato de bolsillo un nuevo poemario constituido por seis partes, titulado October. En 2001 la Universidad de Yale concedió a Louise Glück su premio de poesía Bollingen Prize, que concede de forma bienal a un poeta destacado por su obra. Entre otros galardones y honores se incluyen el Lannan Literary Award, el Sara Teasdale Memorial Prize, la Medalla al mérito del MIT, el Premio Wallace-Stevens​ y diferentes ayudas y becas a la creación de instituciones como la Guggenheim y la Rockefeller.

FUENTES

- Wikipedia

- Tribulaciones y asteriscos 

viernes, 15 de mayo de 2020

Sobre los huesos de los muertos | Olga Nawoja Tokarczuk


¿Qué mundo es este donde la norma consiste en matar y provocar dolor?  

Olga Tokarczuk

Estamos en la mitad de mayo y a punto de empezar la segunda lectura programada para este mes, bajo la viñeta “Premio Nobel de Literatura”.

Tal como nos enteramos en octubre del año pasado, después de los escándalos en la Academia Sueca que llevaron a la suspensión de este premio en el año 2018, en 2019 y no alejado de otro escándalo debido a otros motivos, el premio fue concedido a dos escritores a la vez. 

En las primeras dos semanas del mayo leímos al ganador para el año 2019 y en las próximas vamos a conocer las letras de Olga Tokarczuk quien lo recibió como ganadora para el año 2018.  

Nos toca compartir estas lecturas en tiempos que a la vez nos suponen retos personales y colectivos, ojalá que las mismas resulten un pequeño oasis en medio de las situaciones que a cada uno le toque enfrentar en estos días ya sea en compañía de la pareja, la familia, la familia peluda (gatuna, perruna, etc.), o incluso si toca enfrentarlo en soledad.  

Sin duda tener espacios donde podemos compartir aficiones comunes como lo es la lectura para nosotros, es no solo una gran oportunidad sino también un gran regalo.

Aunque su nombre tal vez no nos resulte conocido para lectores de América Latina, se dice que Olga Tokarczuk en Polonia es un huracán.  Sus libros son best seller y ella es a la vez una intelectual pública y activista de izquierda.

Su carrera literaria supera ya los 25 años y la misma la ha llevado a ser una de las escritoras más influyentes y relevantes en su país natal. 

Es psicóloga de profesión y en se dice que en sus libros se puede encontrar rastros del pensamiento de Carl Jung. Ha publicado 17 títulos, entre novelas, colecciones de cuentos, ensayos y guiones cinematográficos, y es la coorganizadora de un festival literario en Polonia.

Así que sin más, les invito a que nos dejemos guiar por la imaginación narrativa de esta escritora Polaca, que según palabras del secretario de la Academia Sueca, Mats Malm al anunciarla como ganadora del Nobel de Literatura: Posee una pasión enciclopédica, que simboliza el traspaso de las fronteras como forma de vida”.

SINOPSIS

Janina Duszejko es una ingeniera de caminos retirada que enseña inglés en la escuela rural de Kotlina Kłodzka, una región montañosa del suroeste de Polonia. Cuando la rutina del pueblo se ve sacudida por una serie de asesinatos que tienen como víctimas a varios cazadores furtivos, Janina, apasionada de la astrología, defensora a ultranza de los animales y obsesionada por la obra del poeta William Blake, intentará resolver por su cuenta los misteriosos crímenes.

Se considera no sólo una original novela, sino una de las más poderosas de la literactura europea actual.

En ella cuestiona a la vez la falta de respeto a la naturaleza como el radicalismo ambientalista, retratando a la vez la sociedad local de una forma –según sus lectores- soberbia.

Dicho esto, nos invito a adentrarnos en esta lectura que promete ponernos en modo “novela policiaca” con un original subtexto ecologista que podría resultar incluso novedoso.

BIOGRAFÍA

Olga Tokarczuk
 Sulechów, Polonia, 29 de enero de 1962

Es una ensayista, novelista y poeta polaca, galardonada con el Premio Nobel de Literatura 2018.

Tokarczuk pasó buena parte de su infancia y adolescencia en la pequeña localidad rural de Kietrz, en la frontera con la entonces Checoslovaquia. Estudió psicología en la Universidad de Varsovia. 

Durante sus estudios y, después de graduarse, trabajó en diversas clínicas de salud mental. Se ganó la vida como psicóloga hasta que sus obras ganaron la suficiente popularidad para dedicarse a la literatura, actividad que compatibiliza con los talleres de escritura que imparte en la Universidad Jangielloniana de Cracovia.

Sus primeros relatos, con el seudónimo de Natasza Borodin, se publicaron a finales de los setenta. Debutó como novelista en 1993. Entre sus obras publicadas en español , Sobre los huesos de los muertos , descrita como una combinación de temática policiaca y metafísica. La célebre directora polaca Agnieszka Holland la llevó al cine con el título de Spoor (El rastro) ). A finales de 2019, se editará su gran éxito internacional, Los Errantes , ganadora del prestigioso Premio Man Booker, y considerada su obra maestra.

En los últimos años ha destacado por su activismo medioambiental, lo que le ha llevado a enfrentarse públicamente con la ultraderecha de su país. Su obra ha sido traducida a más de treinta idiomas.

FICHA DEL LIBRO


Publicación original: 25 de noviembre de 2009
Págs: 318
Géneros: Misterio, Policial

Nº de páginas: 240
Editorial: SIRUELA
Idioma: CASTELLANO
ISBN: 9788416638802
Año de edición: 2016
Plaza de edición: ESPAÑA
Traductor: Abel Murcia






DISTRIBUCIÓN DE LECTURAS




FUENTES



viernes, 1 de mayo de 2020

El poeta | Peter Handke

Buscando un poco mas sobre Peter Handke, encontré que es un poeta muy revelador, con tonos de luz y oscuridad, me pareció un extraordinario poema para compartirlo.








Una pluma aparece en la pantalla y empieza a escribir en alemán, mientras la voz en off narra lo escrito. La película es El cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin), del director alemán Wim Wenders. El poema pertenece al también guionista de la película Peter Handke. Toda la película es un poema, y la pregunta que plantea sobre la niñez, trasciende y es el hilo conductor. Cuando el niño era niño, tiraba una vara como lanza contra un árbol y esta aún sigue ahí, vibrando.


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Peter Handke – Cuando el niño era niño (español)


Cuando el niño era niño,
andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente,
y este charco el mar.

Cuando el niño era niño,
no sabía que era niño,
para él todo estaba animado,
y todas las almas eran una.

Cuando el niño era niño,
no tenía opinión sobre nada,
no tenía ningún hábito,
frecuentemente se sentaba en cuclillas,
y echaba a correr de pronto,
tenía un remolino en el pelo
y no ponía caras cuando lo fotografiaban.

Cuando el niño era niño
era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué yo soy yo y no soy tú?
¿Por qué estoy aquí y por qué no allá?
¿Cuándo empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol es tan solo un sueño?

Lo que veo oigo y huelo,
¿no es sólo la apariencia de un mundo frente al mundo?
¿Existe de verdad el mal
y gente que en verdad es mala?
¿Cómo es posible que yo, el que yo soy,
no fuera antes de existir;
y que un día yo, el que yo soy,
ya no seré más éste que soy?

Cuando el niño era niño,
no podía tragar las espinacas, las judías,
el arroz con leche y la coliflor.
Ahora lo come todo y no por obligación.

Cuando el niño era niño,
despertó una vez en una cama extraña,
y ahora lo hace una y otra vez.
Muchas personas le parecían bellas,
y ahora, con suerte, solo en ocasiones.

Imaginaba claramente un paraíso
y ahora apenas puede intuirlo.
Nada podía pensar de la nada,
y ahora se estremece ante a ella.

Cuando el niño era niño,
jugaba abstraído,
y ahora se concentra en cosas como antes
sólo cuando esas cosas son su trabajo.

Cuando el niño era niño,
como alimento le bastaba una manzana y pan
y hoy sigue siendo así.

Cuando el niño era niño,
las moras le caían en la mano como sólo caen las moras
y aún sigue siendo así.
Las nueces frescas le eran ásperas en la lengua
y aún sigue siendo así.

En cada montaña ansiaba
la montaña más alta
y en cada ciudad ansiaba
una ciudad aún mayor
y aún sigue siendo así.

En la copa de un árbol cortaba las cerezas emocionado
como aún lo sigue estando,
Era tímido ante los extraños
y aún lo sigue siendo.
Esperaba la primera nieve
y aún la sigue esperando.

Cuando el niño era niño,
tiraba una vara como lanza contra un árbol,
y ésta aún sigue ahí, vibrando.

Peter Handke – Cuando el niño era niño (De la película: El cielo sobre Berlín).

El miedo del portero al penalty, Peter Handke

Llegamos al mes de mayo en tiempos de cuarentena y seguimos motivados por los libros que nos acompañan como brisa en el desierto. Este libro realmente no lo gané yo, sino que lo ganamos todos; así que muy felizmente me ofrecí para moderarlo, ya que me llamó mucho la atención y previamente me lo había recomendado una persona que admiro mucho por su buen gusto literario. 

EL AUTOR 
Peter Handke, austriaco-alemán de 76 años, fue galardonado con el premio Nobel 2019. Handke es uno de los escritores actuales más importantes, polémicos y populares en lengua alemana. Sus obras suelen gravitar en torno a las dificultades en la comunicación humana, la soledad o sus consecuencias, con un estilo original que no renuncia nunca al compromiso con la literatura. 

La novela que lo catapultó a la fama en 1970, El miedo del portero al penalty, tiene como protagonista a Bloch, antiguo portero de fútbol con una percepción errática y fragmentaria, alimentada por su aislamiento y la hostilidad de un mundo que no comprende. 

"El miedo del portero ante el penalty", o "El miedo del portero al penalty" según su traducción original, se publicó en 1970 y fue traducida al español en 1990. Es un relato relativamente breve, y el que convirtió a Handke en autor popular. Puede ser entendida como relato policíaco, pero es sobre todo una narración acerca de la soledad. El lector no comprende a Bloch ni este se comprende a sí mismo -tampoco lo intenta- pero es objeto de una sucesión externa de hechos. Otras interpretaciones hablan de una analogía con la sociedad alemana de la posguerra de la II Guerra Mundial. La novela fue llevada al cine por el afamado Wim Wenders, amigo del autor y con guión del propio Handke. 

Peter Handke es autor teatral, novelista, poeta y ensayista, también es guionista y director de cine. Su compromiso político le llevó a denunciar el retorno de la extrema derecha a Centroeuropa -abandonó Austria durante la presidencia de Kurt Waldheim- por aspectos de la guerra yugoslava. 

FICHA DEL LIBRO

VIÑETA:
Mayo | Premio Nobel
TÍTULO:
El miedo del portero al penalty
AUTOR:
Peter Handke
NACIONALIDAD:
Austriaco-alemán
AÑO: 1970
EXTENSIÓN: 158 Páginas
EDITORIAL:
Alianza Editorial
IDIOMA ORIGINAL:
Alemán
ISBN: 9788420676418




DIVISIÓN DE LAS LECTURAS










¡Feliz Lectura!


lunes, 16 de septiembre de 2019

Mientras agonizo: Estudio sobre Vardaman (II)





VARDAMAN 


Vardaman, en el momento en que debe de enfrentar la muerte de su madre, es embargado por una incapacidad inherente a su edad o a una posible enfermedad, que le hace asumir la muerte de forma pasiva; pasiva, siempre dentro de los términos de la acción concreta como queda reflejado en cada uno de los miembros de la familia. Pero hay que puntualizar que la segunda intervención de Vardaman en la novela, es una muestra incuestionable de los efectos de la muerte en la subjetividad del menor de los Bundren y, a lo mejor, un espejo de la experiencia de la muerte en el corazón humano.

La narrativa de Vardaman después de la muerte de la madre se caracteriza por una ruptura en el orden al que nos pretendía acostumbrar. Si bien su mensaje podría resultar confuso, no es sino la consecuencia de su modo particular de entender y actuar sobre las cosas - entrelazando objetos y cualificándolos fuera de la naturaleza de los mismos -, pero aún y el cansancio que puede provocar, jamás logró ser suficiente argumento para dictaminar una rotunda falta de lógica o al menos coherencia en lo que pretendía comunicar en su primera intervención: es decir, que con más que menos palabras, Vardaman había desplegado un discurso que tenía una finalidad y que con dificultad se le podía catalogar de coherente. Pero llegados a este punto, las pobres directrices que pudieron salvar a Vardaman de lo inentendible, se difuminan en un mensaje roto. 

Mientras Vardaman expresa un interés angustioso por lo que Cash hará ahora que su madre ha muerto, la figura de su padre se ha transformado en una entidad amenazante, un punto en donde se articula una especie de terror: “Pa walks around. His shadow walks around, over Cash going up and down above the saw, at the bleeding plank”; Dewey Dell aparece por su cuenta en forma de mandato y orden: “Dewey Dell dijo que tomaremos plátanos”; y luego se introducen objetos a partir de una mirada que no se sabe si es interna - como maquinación de la mente  - o externa - como exploración visual sobre un objeto concreto. En esa estructura de pensamiento que acosa a Vardaman, una figura del padre que parece venir de la imaginación o el recuerdo, deslizan su discurso hacia el cuestionamiento por su identidad e historia, como si su condición de 'niño de campo' fuera una cosa inútil para la exigencia de la muerte de su madre: y ese cuestionamiento llega hasta el punto de responsabilizar a Dios por una respuesta que introduzca orden, y que disipe el terror y la angustia. Un Dios, aclaro, que es radicalmente distinto de la figura de su padre, y no una personalidad desplazada o extensiva del mismo, ya que al finalizar la interpelación, la figura amenazante del padre-sombra sigue rondando cerca de Vardaman: “¿Por qué no soy un chico de la ciudad, padre? —dije. Me hizo Dios. No le dije a Dios que me hiciera chico del campo. Si puede hacer el tren, ¿por qué no hace que todos sean chicos de ciudad con harina y azúcar y café?”. Angustia, amenaza y orden son aquí símbolos de un cataclismo y pérdida espiritual que dejan al descubierto el dolor de Vardaman y, a la vez, la búsqueda cristiana de una respuesta, de una identidad. ¿Será Vardaman el semblante de Job?

La crisis revela su esencia en el momento en que Vardaman observa a su madre muerta y señala con total seguridad que lo que está viendo no puede ser ella, no puede ser su madre, que sea lo que sea que está ahí es una cosa distinta de su madre. Bajo esta experiencia, Vardaman nos permite entrever la inversión del mecanismo que le permite anudar cosas a partir de una característica común. En el texto de Coy se cita:

Eso no era ella. Yo estaba allí, miraba. Lo vi. Creí que eso era ella, pero no era. Eso no era mi madre. Ella se marchó cuando la otra se echó en la cama y estiró la colcha. Se marchó.  —¿Habrá llegado hasta el pueblo? —Se fue más lejos todavía. —¿Y todos esos conejos y zarigüeyas se van tan lejos? Dios hizo a los conejos y a las zarigüeyas. Hizo el tren. ¿Para qué va a hacer un sitio diferente para que vayan si ella es igual que los conejos? (...) Y si ella le deja es que no es ella. Lo sé. Yo estaba allí. Yo vi cuando eso ya no era ella. Lo vi. Ellos creen que sí es y Cash va a clavar la tapa. Eso no era ella porque eso estaba tirado por ahí, entre la porquería.

Vardaman trabaja sobre el cuerpo de su madre, desdoblándolo por la falta de coherencia entre los dos estados que ha presentado él mismo en un lapso de tiempo. La radicalidad del cuerpo muerto obliga a Vardaman a exiliar la historicidad de su madre y su vinculación, con la ayuda de sus siempre cómplices, animales; así, la falta de congruencia entre la historia y el cuerpo de la madre y la total ausencia de la primera, la rapidez con la que se ha efectuado la mutación y desaparición, solo es equiparable para él con la velocidad de los conejos y zarigüeyas, animales esquivos por naturaleza y posiblemente imposibles de atrapar para un niño que por su edad o alguna enfermedad, se la haga imposible realizar el esfuerzo acertado para atraparlos. La huida de la madre, que “se fue más lejos todavía” del pueblo - posible contorno y fin del mundo geográfico para Vardaman -, es, no solo una estrategia para mantener intachable la identidad de su madre, la preservación de su propia identidad, o al menos lo que queda de ella. 

Sin pretender caer en algún sutil psicologismo, encuentro necesario resaltar el interés moral que Vardaman tiene por la preservación de la identidad de su madre, debido a que el acto de exilio en forma de animal que le adjudica tiene como propósito el mantenimiento ideal de la imagen materna, cosa que podría señalar la edad de Vardaman o brindaría una pista de su condición mental. 

Aún con esta acción redentora de Vardaman, su naturaleza, es decir la manera en que opera sobre el mundo, no le permite pasar por alto el aroma a muerte del pescado que anudaba con la condición de corrupción de la madre agonizante en la cama. El pescado que ya ha sido partido para ser cocinado y comido, vuelve a emerger en esta danza de imágenes y palabras. Aunque en esta aparición, tendrá una forma definitiva que le permitirá a Vardaman mantener una cercanía con esa historicidad que se ha escapado, pero que es necesaria para la estabilidad de su propia identidad, haciendo emerger la sentencia: “Mi madre es un pez”.

jueves, 30 de mayo de 2019

Mientras agonizo: Estudio sobre Vardaman (I)


Faulkner es provocador. 


Pasando por las mutaciones del lenguaje hasta la confección de universos, Faulkner provoca una variada cantidad de cosas. En lo que respecta a esta entrada, una respuesta a su provocación, quiero presentar un proyecto literario elaborado sobre un fragmento de la novela Mientras agonizo. 

El proyecto está desarrollado desde los pedazos de la novela adjudicados a Vardaman. Para ello, tuve que modificar la copia digital de la novela de Faulkner (use tres versiones, la original del autor, la de Javier Coy y la de Caballero y Del Hoyo; que es la versión digital enviada por el CBE), eliminando las intervenciones realizadas por el resto de los personajes. El resultado de esta mutilación dejó como resultado menos de veinte páginas de novela, que hacen de Vardaman uno de los personajes -en lo que respecta al grupo de hermanos Bundren- con menos participaciones dentro de la novela fraccionada desde diferentes puntos de vista. 

La elección de Vardaman responde a un interés literario por personajes enmarcados dentro de cierta negatividad; en el caso de Vardaman, es una notable pero no precisada situación mental, que podríamos catalogar, valiéndonos de los conceptos acuñados por Foucault, como un imbécil*. Además, la existencia de una contraposición entre Vardaman y Darl, a quien, volviendo a Foucault, deberíamos de entender como un 'visionario'**, hace que la voz de nuestro interés se convierta en una experiencia parcializada de la locura que existe en la novela, 'frenéticamente escrita en seis semanas' de William Faulkner. Si no es suficiente esta justificación, el hecho de que Vardaman esté tan obsesionado con un pescado, teniendo un fragmento de la novela que es sin duda el más corto - dicha sección dice, únicamente: "Mi madre es un pez" -, hicieron de este imbécil, loco y obsesivo, el centro de mi interés.

El desarrollo del proyecto se pensó de la siguiente forma: una vez aisladas todas las piezas que componen la experiencia de Vardaman alrededor de la muerte de su madre, y darle la correspondiente lectura, detallaré, intentando no valerme de herramientas de otros campos del saber, hallazgos que permitan comprender a Vardaman y la situación que está experimentando. El propósito es alcanzar una realidad compleja y colectiva por la vía de un solo personaje; y así, ser testigos del ingenio de William Faulkner, del que sospecho, fue capaz de ejecutar la difícil tarea de explicar el universo con la ayuda de un imbécil. 

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VARDAMAN


Una de las primeras cosas que resaltan en Vardaman son las comparaciones que realiza entre dos objetos que comparten al menos una característica. Vardaman inicia su participación en el monólogo interno corriendo, apartándose y haciendo mención de un pez, y luego emite su primera comparación: árboles y pollos: “The trees look like chickens when they ruffle out into the cool dust on the hot days”. Esta comparación que se sirve del ‘polvo’ donde se revuelcan los pollos como los árboles en los días de calor, permite establecer una localización física para el pez que, en efecto, se encuentra en el polvo. Es en este retorno al pez en el polvo donde se amarra el pez con alguien.

Vardaman genera una identificación de un rostro que es aislada por sobre un conjunto de rostros. El texto original de Faulkner dice “I can hear the bed and her face and them…”. Vardaman, según el texto, nota a un individuo que es singularizado como un ‘ella’, ‘her’, y todo artículo en carencia de un sustantivo dentro de una proposición asume la función del nombre. Es fundamental para entender el diseño de Vardaman, mostrar que este ‘ella’ es distinguido por el personaje por medio de la ‘escucha’ y no de la vista, es decir, que Faulkner indica que Vardaman ve a través de los oídos. ¿Será este un signo de algún defecto físico congénito de Vardaman o la indicación de una cualidad metafísica que hace de Vardaman un sujeto capaz de ‘ver’ más allá de todas las cosas? Vardaman, como más adelante se explica, se introduce y afronta el mundo con la ayuda de sus sentidos –como todos los humanos– pero con la peculiaridad de que sus sentidos tienen una función totalmente contraria o desencajada o ineficiente a su respectiva naturaleza.

En el texto en español, en este caso de la traducción de Agustín Caballero y Arturo del Hoyo, no precisa –al menos en un principio– esta condición del personaje, ya que termina traduciendo que Vardaman ‘ve el rostro y el de ellos’, omitiendo la existencia de lo femenino que es lo que personifica y logra singularizar el rostro. En esta misma zona del texto, Vardaman separa a otro individuo que tiene dos características: primero, que parece compartir el mismo estatus del ‘them’ del que no es parte ‘ella’ y, segundo, que su presencia ha sido determinante para el destino que corre ‘ella’, razón aparente hasta el momento de las fugas y lloriqueos de Vardaman.

Faulkner escribe “and can feel the floor shake when he walks on it that came and did it”. La separación de este personaje, que es un hombre, lo hace emerger bajo descripciones de sensibilidad, de tacto, debido a la inestabilidad que provoca. Vardaman percibe algo en el mundo, un temblor o vibración en el firmamento, que es producto de los pasos que este ‘él’ realiza, y en ese momento nuestro personaje dictamina sobre este individuo una responsabilidad “and did it”. ¿Pero ‘él’, que es lo que hizo? Faulkner responde con Vardaman, “That came and did it when she was all right but he came and did it”. Este ‘él’ tiene la facultad de trastornar el mundo que Vardaman conoce, un mundo donde el pez sigue siendo pez, un mundo en el que a lo mejor no hay separación entre ‘her’, ella, y el resto, ‘them’; un mundo donde la llegada de él no ha generado antagonismo a la condición inicial de ‘ella’, que era estar ‘buena’. 

Vardaman vuelve a correr después de este reconocimiento, y nuevamente se ve asediado de contrastes animales. La traducción de Javier Coy nos dice que Vardaman “Salto del porche y corro. La parte de arriba del granero cae como un ave surgiendo del crepúsculo”, y aunque más adelante el siguiente objeto contrastado por Vardaman no es un animal sino una mujer ‘rosa del circo’, es necesario pensar que una mujer de circo ya de por sí, bajo la estructura de pensamiento de Vardaman, no es un humano como tal; esta mujer es más un excedente de la categoría humana; ya que lo no-humano para Vardaman que, en oposición sería lo ‘animal’, siempre entrega potestades a los objetos con los que se les compara: los árboles vinculados con los pollos se revuelcan en el polvo en los días de calor, el pez puede dejar de ser pez –y que más adelante tendrá una nueva significación-, el granero que de por sí está anegado a todo movimiento, puede casi volar para Vardaman cuando adquiere las cualidades de los pájaros, y el propio Vardaman atraviesa el crepúsculo, no en un sentido alegórico, ya que él mismo dice que puede llegar donde desea y oler puntos distantes físicamente sin esfuerzo, sin ‘esperas’, cuando es o se parece a la señora ‘rosa del circo’.

Vardaman con la ayuda del olfato identifica algo que no está ahí, y que ello no es impedimento para poder verlo. Entendemos esta irracionalidad, por el texto original, que Vardaman identifica a través del ‘cálido aroma’ un ‘él’, ¿será este ‘él’ el mismo que genera inestabilidad o será una personificación del pez que, por ser un pescado en el polvo, bajo las inclemencias de un clima sureño y cortado, expide un aroma que deja al descubierto lo que alguna vez fue?  Cuando Vardaman atestigua este aroma y a esta ´persona’ –lo cito de esta forma solo porque el artículo para designar al objeto es ‘him’–, rompe en llanto y manifiesta un sufrimiento que es descrito por Faulkner como un exceso e incontinencia del propio cuerpo de Vardaman para desahogar el dolor a través de los mecanismos usuales.  

Según la traducción de Coy, este momento se desarrolla de la siguiente manera: “luego ya puedo llorar; luego vomito los lloros. Puedo en cuanto deja de soltar coces, y luego puedo llorar, puedo soltar los lloros (…) la vida corre debajo de la piel bajo mi mano, le corre por las manchas; me echa olor a la nariz donde el mareo está empezando a llorar, a vomitar a lloros, y luego puedo respirar, vomitarlos. Hace mucho ruido. Huelo la vida corriéndome debajo de las manos, por las manos arriba, y luego ya puedo irme de la cuadra”. El fragmento permite resolver el detalle de ‘él’, y lo olfateado queda resuelto, porque lo único con que Vardman se ha visto afrontado antes de su escape por el porche –según las primeras intervenciones de Anse–  ha sido el pescado, por lo que para él, el pez que ha perdido su sustancia animal –en el polvo, cortado– expele un aroma que hace que Vardaman viva una pérdida y sufrimiento; es el aroma el que sentencia la estampa de la muerte, su presencia y ubicación en la familia Bundren. El olor a pescado es olor a muerte y los muertos huelen a pescado. 

Faulkner avanza sobre esta situación de Vardaman y presenta una nueva angustia: el sufrimiento de la pérdida del pez. Las descripciones de Vardaman, según la traducción de Coy, son: “No lo consigo encontrar. Ni en lo oscuro, ni en el polvo, ni en las paredes lo consigo encontrar. Los lloros hacen mucho ruido. Quisiera que no hicieran tanto ruido”. Esta búsqueda del pez concluye con un encuentro que ratifica el estado del pez y la presencia activa de la muerte, y con ello la incapacidad de Vardaman para encarar la muerte y para perder en el pez una suerte de relación afectiva y de significado. El texto nos conduce hacia una nueva huida, y es esta ocasión más extensa y permanente: Vardaman sabe de la muerte, sabe que algo se ha dado en el universo de los Bundren, pero no desea verlo, está obligado a oírlo, sentirlo, pero no quiere encararlo.

Hasta el momento, a pesar de no ser lo suficientemente claro para detallar, inferimos la existencia de la metamorfosis que ha sufrido el pez, el cual ha perdido su sustancia primaria, animal y adquirido una nueva identidad que aún no ha sido revelada, pero que ya dicta sus límites entre la muerte y la enfermedad, es decir, todo lo contrario de estar ‘bueno’ y que ronda su entorno. 

Por otro lado, es claro que el modo de pensamiento de Vardaman tiene como base las comparaciones, que el entendimiento de la realidad para Vardaman, siempre resulta del uso de un objeto primario que delimita la interpretación de otro objeto y que, en su mayoría, estos objetos de uso primario resultan ser animales, probable reflejo del entorno campesino y gusto y placer por las sorpresas que los animales provocan, en el que creemos que es un chico. Sobre esto, la novela ya aclara que él es el menor de un grupo de hermanos y, llegados a este punto, podemos brindar una hipótesis sobre Vardaman: que a lo mejor siendo un chico y estando seguros de que es el menor, Vardaman no puede ser lo suficientemente niño debido al manejo del léxico y la elaboración sintáctica de ciertas proposiciones de Vardaman en el desarrollo del monólogo interno; cosa que espero abordar en un futuro. A la vez, esta mentalidad o modo cognitivo que parte de contrastes y vinculaciones generales a través de lo particular, hace suponer que Vardaman adolece de alguna alteración mental que no solo permite realizar valoraciones demasiado concretas y reducidas del mundo, sino que facilita el anudamiento de objetos junto a la construcción de significaciones que en algunos momentos resultan hartamente complejas y contrarias para una persona que piensa de manera ‘concreta’. Y deberíamos de tener precaución de que dichos resultados complejos no son muestra de una forma de pensamiento abstracto; y que, en ese caso dicha modalidad de pensamiento permitirá a Vardaman pensar sobre sus propios pensamientos, cosa que podríamos considerar como ausente y que es una característica que se impregna y caracteriza a Darl.

Es en este punto donde encuentro una primera pista de la relación proporcional y a su vez inversa, entre Darl y Vardaman que espero poder demostrar y que me parecen como dos caras de la misma moneda.

(la entrada se ira actualizando).

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* Historia de la locura en la época clásica, tomo I. Michel Foucault. Editorial Fondo de Cultura Económica, México. (Decimosegunda impresión, 2010).

Cito:

Los iluminados y visionarios, corresponde sin duda a nuestros alucinados: "visionarios que se imaginan tener apariciones celestiales" (...) los débiles y algunos alcanzados por la demencia orgánica o senil, probablemente son designados en los registros como imbéciles: (...) "imbéciles sin ninguna esperanza de recuperación": son también formas de delirio que se encuentran, caracterizadas sobre todo por el lado absurdo de lo pintoresco. (p. 185).


** Op. Cit (p.185). 

El poeta

Poemas de William Faulkner

Buscando información de Faulkner me encontré con estos poemas, se los dejo por aquí...

1897–1962
Uno de los grandes novelistas del siglo 20, William Cuthbert Falkner, así su nombre fue escrito originalmente, nunca se graduó de la escuela secundaria.

Desde su juventud se vio influenciado por la obra de los poetas ingleses A. E. Housman y Algernon Charles Swinburne, comenzó a escribir poemas que exploran temas románticos de amor perdido y de la belleza natural.

Después de un breve paso por la Real Fuerza Aérea Canadiense (en donde se cree que reclamó la ortografía"Faulkner"), se matriculó en la Universidad de Mississippi durante tres semestres, tiempo durante el cual publicó su primer poema, "L'Après-Midi d'un Faune", en la Nueva República (un diario). En 1924, fue publicado su primer libro, una colección de poemas titulada "El fauno de mármol".

Mientras creaba sus primeros escritos, Faulkner se ganaba la vida como pintor de techos y puertas. También fue cartero de la Universidad de Oxford, pero ese empleo lo perdió por su costumbre indiscreta de leer la correspondencia antes de entregarla.

En su discurso de aceptación del Premio Nobel, Faulkner habló sobre el destino de la raza humana de cara a la guerra fría que venía, afirmando su fe en la supervivencia del hombre porque "tiene un alma, un espíritu capaz de compasión, sacrificio y resistencia. El poeta, el deber del escritor es escribir sobre estas cosas [...] La voz del poeta no basta con el registro del hombre, puede ser uno de los pilares, los pilares que le ayudarán a resistir y prevalecer." 

Faulkner murió de un ataque al corazón a la edad de 64 años. 


Después de cincuenta años

Su casa está vacía y su corazón es viejo,
y lleno de sombras y ecos que engañan.
Nadie la salvará, porque todavía ella trata de tejer
con los dedos ciegos y torcidos, las redes que no pueden sostener.
Una vez que todos los brazos de los hombres se levantaron por ella, dijo,
y rondaban como pájaros blancos por sus caricias:
Una corona que podría haber tenido uniendo cada mechón
del cabello, y sus dulces brazos de oro de las brujas.

Sus espejos conocen a sus testigos, porque allí
se puso de pie en los sueños de otros sueños que dejaron
su tersura, cuando se puso de pie, coronada con cabello suave.
Y con el corazón encadenado e inclinó sus ojos jóvenes
y ciegos, él siente su presencia como una fragancia desprendida,
manteniendo su cuerpo y su vida dentro de su trampa.

Sáficas

Así es: el sueño no viene en mis párpados.
Ni en mis ojos, con el cabello revuelto y blanco
distantes pálidas manos, los labios y los pechos de hierro,
así ella me contempla.

Y sin embargo, aunque el sueño no viene a mí, no viene
una visión completa de la frente sin problemas de sueño,
la Afrodita blanca se mueve sin límites
junto a su propia cabellera.

En los picos púrpura de las palomas que ella dibuja,
picos rotundos, sin deseo, cuellos doblados hacia atrás
hacia Lesbos y los pies volando de encanto
llorando detrás de ella.

Ella no mira hacia atrás, no mira hacia atrás, hacia donde
las nueve musas coronadas alrededor de Apolo
parecen como nueve columnas corintias cantando
en la noche clara.

Ella no ve las lesbianas besándose la boca
decir a través de las cuerdas del laúd, ebria con el canto,
tampoco los blancos pies de las Oceánidas
luminosos y descalzos.

Antes de que se vaya llorando y en lamentaciones
de mujeres estériles, un trueno de alas,
mientras que los fantasmas de las mujeres del Leteo, parias, lamentando,
se endurece el crepúsculo.