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domingo, 31 de mayo de 2015

Finalizando el mes de las madres


Mayo, mes en el que en muchos países del mundo (incluyendo el nuestro) celebran a las madres, esta terminando. Y junto a él, en el Club de la Buena Estrella, estamos finalizando el libro número 100, "Joyita" de Patrick Modiano, cuya protagonista tuvo una mamá que dista mucho de ser la que se pinta en los anuncios que llenan la publicidad de este mes. Pero Suzanne Cardéres no es la única progenitora "peculiar" que se nos ha cruzado en las lecturas de este año; por lo que me pareció un ejercicio entretenido analizar un poco sobre las madres que hemos leído hasta el momento.

Enero nos trajo una muy interesante mujer, "Dita". No nos dicen claramente el tipo de madre que era, y asumimos inconscientemente  (o por lo menos yo lo hice), que debe haber sido como se supone que las madres deben ser: cariñosa, dulce, comprensiva, etc. Sin embargo, reflexionándolo bien, aunque tuviera todas esas características, no es normal que se críe a una hija en el encierro y el cuento de hadas en el que vivía Isolda; que si bien se entiende que todo esto eran excentricidades provenientes de la mente de don Diego, Dita tampoco muestra mucha resistencia a ese tipo de vida, y desde el principio el autor nos deja claro que ella no era ninguna sumisa que aceptaba todo calladamente, por lo que eso me hace suponer que estaba un tanto de acuerdo con ese estilo "especial" de vivir.

La otra madre de "El Mundo de Afuera" es Lida, la mamá de "el mono", que es diametralmente opuesta a Dita en todo: clase, educación, cultura y un largo etc., que vivía en una cómoda ceguera que no le dejaba ver que tenía como hijo a un delincuente, y de la cual no quería salir; en mi opinión, Lida prefería ignorar lo que no era capaz de afrontar y manejar, era más acomodamiento que amor maternal.

Llega febrero con "El amante", que lejos de la tórrida historia de amor apasionado y carnal que se suponía debía ser, nos mostró a una gran escritora que no por gusto es la heroína de la Nothomb, y que nos regaló un libro que además del tema erótico tocaba muchos otros, entre los cuales estaba en un lugar privilegiado la relación que la Duras tuvo con su madre. Tan importante fue este tema, que una conocida de un miembro del club describió el libro como  "la historia de una joven y la relación que tiene con su mamá". La madre de Marguerite era depresiva a más no poder, poco hábil para mantener a su familia, y poco justa para repartir su "amor maternal", cargándolo (según la opinión de su hija) exclusivamente en su hijo mayor, al punto que los otros no alcanzaron ni siquiera el privilegio de ser llamados hijos, ya que solo se refería a ellos como "los pequeños". Una mujer contradictoria que trata inútilmente de sostener su orgullo y su dignidad en lo único que le queda, ser "blanca", pero que no duda en aceptar las comodidades pagadas con el cuerpo de su hija al servicio de un chino.

El tema de las madres tocó fondo en marzo. Nos adentramos a un lugar en el que solo pronunciar esa palabra era inmoral. "Un mundo feliz" nos mostraba una sociedad hecha en laboratorios donde el destino estaba trazado; los Alfas, Betas, Gammas, Deltas y Epsilones eran programados para vivir, pensar y sentir de una manera determinada, sin que una familia fuera necesaria ni siquiera para la concepción. La única madre presente es la desafortunada Linda, enfrentada a una maternidad forzada.

Linda es una Beta que, por cuestiones fuera de su control, tuvo un hijo a pesar de haber sido condicionada para no tener instinto maternal y, por lo tanto, no encaja en una sociedad que se asusta ante cualquier rasgo de anormalidad. Fue escribiendo estas líneas que de repente apareció en mí una empatía hacia este personaje, que en su momento no tuve; ya que se podría decir que yo en  "el mundo real" soy un poco anormal al igual que ella. En un paralelo, yo vengo siendo "una latina que no quiere ser madre, cuando en mi cultura se inculca (¿condiciona?) a que la mayor realización de la mujer es tener un hijo". El pensamiento dominante es ese y cualquiera que no piense así esta mal, punto. Porque nuestro mundo, al igual que el de Huxley, teme y rechaza cualquier cosa que se salga de lo que alguien superior e invisible (y no me refiero a un Dios) ha definido como normal, lo que en mi muy humilde opinión no es otra cosa más que miedo a estar equivocado, porque es más fácil tomar el camino correcto cuando solo hay uno.

Cuando en alguna ocasión he expresado mi poco, o mejor dicho nulo deseo de tener hijos, veo caras de confusión y la mayoría de veces desaprobación, que me hace suponer que mis interlocutores seguro están pensando que algo anda mal en mí, que seguramente alguien cometió un error y puso una dosis extra de alcohol en mi tubo de ensayo cuando aún estaba envasada.

En abril, de sorpresa y golpe conocimos a la mayor cabrona (y no en el buen sentido) de todas las madres, la de Jamie. Nadie del club (por lo menos de los que hemos comentado) que leyó "Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea" salió ileso. Unos (y me incluyo) dimos una de las lloradas más grandes que un libro nos ha provocado, y a otros, aunque la reacción no fue tan dramática, sí les conmovió.

Jamie nos cuenta una vida realmente trágica con la sencillez e inocencia que solo puede tener un niño de 10 años, quien ha sido prácticamente abandonado emocionalmente por sus padres, que espera y agradece cualquier mínima muestra de cariño de parte de ellos aunque sea mediocre, como una persona perdida en el desierto que espera y agradece un pequeño sorbo de agua aunque sea sucia. Es imposible no llenarse de rabia acompañando a Jamie por todo el libro a la espera de ese sorbo de cariño, y ver cómo éste nunca llega de parte de su madre.

No desmerecemos el dolor que perder una hija pueda causar, pero abandonar a sus hijos vivos de la manera que ella lo hizo, haciendo que un niño de 10 años llegue a expresar: "Mamá es una mentirosa y me ha abandonado, y no me va a volver a querer nunca haga yo lo que haga" y que el lector tenga la certeza que eso es verdad, nos llevó a varios miembros del club a no tener otro remedio que decir "la mamá de Jamie es una m....".

En mayo, la Academia Sueca nos presentó a Patrick Modiano, otorgándole el Premio Nobel de Literatura 2014, y de quien primero leímos "En el café de la juventud perdida", dónde encontramos a Louki, una chica depresiva tomada como pretexto para contarnos los dramas existenciales de algunos de los asistentes al café Le Condé y algún otro personaje que la rodea. Ella es el único personaje del cual se conoce a la madre, quien es una persona pasiva y aparentemente con poco carácter, bailarina del Moulin-Rouge, y que quizá por esa razón no se siente con la capacidad moral de amonestar de la manera debida a su hija cuando se escapa. Está lejos de ser la mamá del año, pero a estas alturas del partido, hemos leído de otras madres mucho peores que hacen que la de Louki no quede tan mal parada.

Como opcional de mayo, siempre de Patrick Modiano, algunos leímos "Joyita", dónde le aparece una muy fuerte competencia francesa a la inglesa mamá de Jamie; Suzanne Cardéres, la condesa Sonia O’Dauyé, o como quiera que se ponga, es un verdadero desmadre. Es depresiva como la madre de Marguerite, abandona a su hija de igual o peor manera que la madre de Jamie lo abandonó a él, a veces es pasiva y sin carácter como la madre de Louki, quien también es bailarina, y no me extrañaría que al igual que Linda, la concepción de su hija fuera algo no deseado. Es como si se metiera en una coctelera algunas madres de los anteriores libros, se batiera y saliera un híbrido patético enfundado en un abrigo amarillo y viejo.

Y para no terminar de una manera tan trágica, hice un esfuerzo por encontrar en los libros leídos hasta el momento a una madre que cumpliera el estereotipo: amorosa, amable, comprensiva, etc. y, curiosamente, la única que encontré representa una cultura diferente a la occidental, es la madre de Sunya, la amiguita de Jamie de "Mi hermana vive en la repisa de la chimenea". Una mujer amable, aparentemente sumisa y tranquila, pero que bastó que el padre de Jamie insultara a su hija para que se volviera una fiera defendiendo a su cría. Puede ser que no haya buscado bien, si los miembros del club encuentran otra, favor indicarlo.

Nota aclaratoria: También está el libro opcional de abril, "Mar de Mañana", que justamente trata de la historia de dos madres, pero no es un libro que me haya transmitido mucho y por lo tanto preferí no mencionarlo.

sábado, 31 de enero de 2015

La música en El mundo de afuera

En mi comentario personal sobre El mundo de afuera, mencioné una de las cosas que más destaco de la obra de Jorge Franco: es un libro muy musical. Como si se tratara de un guion cinematográfico, el autor colombiano va construyendo su propia banda sonora a medida que menciona piezas musicales que alguno de sus personajes canta o escucha, y que sin duda contribuyen a crear una atmósfera particular para cada momento de su relato.

Detallo a continuación los momentos musicales de El mundo de afuera de Jorge Franco. Al final encontrarán un player para que puedan escuchar las canciones.

  1. Don Diego llena el castillo con la música de Wagner, o de cualquier otro.
  2. Soltó la aguja del tocadiscos sobre el aria que lo conectaba con el dolor. Dolce e calmo, de Tristán e Isolda. Cuando la escuchó por primera vez le había comentado a Mirko, Wagner se debe estar revolcando en su tumba, no porque la cantara María Callas, que la interpretaba mejor que todas, sino porque lo hacía en italiano. El disco rodó por el suelo y giró varias veces antes de caer frente a los pies de Dita. En la etiqueta redonda ella vio el sello de la Deutsche Grammophon y leyó que decía: Tristán e Isolda, primer acto.
  3. Caranga hablaba de la guitarra de Jimi Hendrix y cantaba Purple haze all in my brain, y seguía cantando sin saber inglés. —¿Qué significa purple haze, Caranga? —le preguntó el Cejón. Caranga soltó la guitarra imaginaria, inspiró con la nariz apuntando al cielo, levantó los brazos como un vencedor y dijo, es algo poderoso, my friend.
  4. La orquesta calentaba cuerdas con Strauss.
  5. —Pero claro —dijo Dita, antes de arquear la espalda hacia atrás para dejarse llevar por don Diego en un foxtrot que enloqueció a todo el salón.
  6. Lo llevaba muy corto, como si fuera un muchacho, como Twiggy, la inglesa.
  7. Le subió el volumen al tocadiscos y tarareó Time to kill, de The Band.
  8. Estiró el brazo y, sin consultar, cambió la radionovela que sonaba por una canción de Palito Ortega.
  9. —Eso, como vos decís, lo escribió el mejor poeta que ha tenido este país: Julio Flórez. Hasta lo coronaron como el Poeta Nacional. Seguramente has oído muchas canciones que son poemas de él. A algunos no les gusta porque fue el poeta del pueblo.
  10. Isolda recibe con excusas a la maestra Uribe. Tenía que haber practicado un ejercicio de Manon el día anterior y no lo hizo por jugar con las tortugas del estanque.
  11. —Quiero tocar a los Beatles —le dice Isolda en un descanso de los ejercicios.
  12. —Los Beatles —dice la maestra— también se emocionan con Bach.
  13. Arriba, Dita se cepilla el pelo para remover el exceso de Kleer Lac que se puso en la mañana, y canturrea O mein Papa.
  14. En la butaca del teatro del Oeste, don Diego no aguantó la emoción y con una mano se aferró al brazo de la silla y con la otra, por primera vez, apretó la mano de Dita, que no supo si lo hacía por amor o por el canto de Francesco Merli sobre el escenario. Ella también estaba electrizada con la interpretación de O muto asil cuando sintió los dedos de don Diego rozando los suyos.
  15. Estiró el brazo y prendió el radio, pasó por el dial de varias emisoras y se detuvo en una canción de un cantante español que empezaba a causar furor: Nino Bravo.
  16. Seis muchachos pasaron en un convertible con el radio a todo volumen. Cantaban frenéticos Get back, de los Beatles, y hacían chirriar los neumáticos en las esquinas.
  17. Isolda les canta Alie Leut’, alie Leut’ geh’n jetzt nach Haus’. Y canta, Grosse Leut’, kleine Leut’, dicke Leut’, dünne Leut’.
  18. Don Diego desenvolvió el paquete con cuidado y se sorprendió cuando vio una colección de discos. Era Parsifal, de Wagner, en una grabación de 1936 en el teatro Colón de Buenos Aires, dirigida por Fritz Busch.
  19. ¿Sí ves?, dijo, hasta se da el lujo de cantar. Caranga comentó, últimamente, cuando se despierta, le da por una canción de un pájaro azul. El viejo ni lo miró. Esperó a que el Mono se apartara de la puerta y cruzó frente a él para ir al baño. El Mono se quedó afuera. Necesito que conversemos, le dijo. Adentro se oyó el chorro interrumpido y lánguido. Luego un canto: Ese pájaro azul es el cariño que yo siento por ti, mas no te asombres, fue mi anhelo más grande cuando niño.
  20. También intenta sacar las melodías en el piano y canta bajito que todos vivimos en un submarino amarillo, en un submarino amarillo, en un submarino amarillo.
  21. Ella no le hizo caso y dejó una emisora en la que Nicola di Bari cantaba El corazón es un gitano.
  22. Mirko y Arcuri se miraron. La orquesta empezó a tocar de nuevo. Las bases nacionalsocialistas están intactas, continuó Arcuri, pero don Diego lo interrumpió con un gesto. Es Mozart, les dijo en voz baja. Diego, las ideas no murieron, intentó decir Mirko, pero don Diego lo calló con un gesto enérgico. Cerró los ojos y Mirko y el arquitecto vieron cómo se dejaba llevar por un andante.
  23. En la radiola sonaba una cantante alemana de voz aguda, a la que don Diego no reconoció. —¿No sabes quién es? —preguntó Dita. Don Diego negó. —Es Rosita Serrano. —La chilena a la que Hitler amó. Dita le puso un dedo en la boca. Suena por ti, dijo, canta un par de canciones en español.
  24. Nos sentimos importantes porque los nombres de nuestros papás aparecen en el directorio telefónico y gozamos con las fotos de gente en pelota que aparecen en las revistas que hablan de Woodstock.
  25. Isolda ha vuelto al jardín, aunque ya no persigue ardillas ni saluda a los aviones que vuelan sobre ella. Se encierra en La Tarantela a jugar juegos nuevos con las muñecas. Ahora ellas son el público al que le canta Yesterday con los ojos cerrados y la mano en el pecho.
  26. Esa noche, don Diego va a homenajear a la pianista española Alicia de Larrocha, que está de visita en Medellín para interpretar dos conciertos.
  27. Twiggy bailaba frente al Mono, que seguía en la cama, comiéndose las uñas. Se contoneaba en zigzag con los brazos en alto y cantaba con el radio, un rayo de sol, oh, oh, oh. Provocaba al Mono con sus ojos engrandecidos a punta de pestañas postizas, lo miraba con apetito mientras flexionaba las rodillas y se acariciaba los muslos, me trajo tu. amor, oh, oh.
  28. El festival al que se refería don Diego es uno del que todo el mundo habla y que se está montando al sur de Medellín, en Ancón. Los periódicos dicen que es el «Woodstock colombiano» y los avisos anuncian tres días de amor y paz, con bandas como Los Monsters, Los Flippers, La Banda del Marciano, Carne Dura y otras tres que suenan por ahí.
  29. El se limpió los ojos con la servilleta arrugada y se quedaron callados un rato, oyendo una canción de Julio Iglesias.
  30. Twiggy vació su armario sobre la cama y empezó a escoger ropa para empacarla en una tula. Mientras decidía qué llevar, cantaba una canción de Gigliola Cinquetti que había puesto en el tocadiscos.

El mundo de afuera, comentario personal

¿Qué es el mundo de afuera? ¿El de otros países y tiempos? ¿El de otras vidas en otras condiciones? ¿O acaso el de otras mentes cuyos imaginarios van de lo surreal a lo obsesivo?

Mi humilde valoración de esta lectura es de 7 sobre 10. El mundo de afuera de Jorge Franco, nuestro libro de Enero en el Club de la Buena Estrella, ha probado ser lo suficientemente bueno y entretenido como para gustar a la mayoría de nosotros. Con un estilo narrativo de rápida lectura y fácil asimilación, el Premio Alfaguara 2014 generó buenos comentarios y salió bastante bien librado del juicio particular al que inevitablemente se someten los libros que llegan precedidos de galardones y recomendaciones usualmente desproporcionadas por parte de los jurados y otros autores.

No ha sido la excepción en el caso de El mundo de afuera, libro del que leímos comentarios exagerados de la editorial y de los jurados del premio. Ya la escritora colombiana Laura Restrepo dijo de la narrativa de Jorge Franco que se asemeja a la de los hermanos Grimm y a la de los hermanos Coen, mientras que otro de los jurados, el escritor español Sergio Vila-Sanjuán, aseveró de El mundo de afuera que es “un cuento de hadas con final a lo Tarantino”. Por si esto fuera poco, ya anteriormente el mismo García Márquez le había puesto una pesada carga cuando dijo de Franco que es uno de los autores a quienes le gustaría pasar su antorcha. Más allá de que esto genere interés y de que probablemente incremente las ventas, me parece que en el plano estrictamente literario hace más daño que bien y resulta terriblemente injusto, visto que genera en los lectores demasiadas expectativas que muy probablemente ni el libro ni el autor habrán de cumplir. Después de leer semejantes elogios y comparaciones, es difícil evaluar el libro con independencia y objetividad, pero haré el intento.

En lo personal, creo que El mundo de afuera tiene cosas muy buenas y otras que me disgustaron bastante. Disfruté mucho la naturalidad de los diálogos, tan cargados de la idiosincrasia medellinense, así como la musicalidad con que el autor enriquece el relato. El libro contiene más de 30 canciones de diferentes géneros y épocas que realzan momentos particulares de la historia y contribuyen a perfilar personajes. De hecho, esa suerte de banda sonora se suma al estilo expreso y gráfico que pone de manifiesto la vena de guionista de cine que se le impone por momentos al autor.

Aunque me aburre bastante todo ese rollo de Isolda, los almirajes y demás criaturas fantásticas, reconozco que eso es un asunto de preferencias y para gustos existen los colores. Añadiré a su favor, que Jorge Franco también tiene la virtud de crear personajes desde los detalles, que no por extravagantes o pintorescos dejan de ser creíbles. Me gustó mucho el retrato de señora sencilla, típica y muy natural de la madre del Mono, o la elaboración y el desarrollo del personaje de Twiggy, ese tipo de mujer que se mueve con soltura entre maleantes y aprende a lidiar con ellos, que además libra una permanente batalla entre su naturaleza y su entorno corrientes y su deseo de ser especial y de parecerse a un icono pop. Fue realmente buena la secuencia de Caranga tocando la guitarra de aire y cantando Purple Haze de Jimmi Hendrix en su inglés inventado. Y en esa misma línea aparecen personajes como Marcel (el belga místico), el inepto y oportunista jefe de policía, eternamente presto a saludar con sombreros ajenos, o el loco del parque (que me recuerda al simpático barrendero de uno de los parques de mi ciudad durante mi infancia).

Sin embargo, el Mono Riascos me parece un personaje mal construido y poco convincente, que naufraga como anti-héroe y no cuaja como villano. El ladrón, jefe de la banda, líder cuestionado, novio de Twiggy, homosexual encubierto, alcahuete del muchacho, amante de la poesía, chico obseso por la niña del castillo (como quien se obsesiona más por la belleza como objeto de admiración que por la persona como objeto de deseo), secuestrador sin un verdadero plan ni estrategia, miedoso, supersticioso y resentido social, compone un cóctel que no me baja, que me parece demasiado forzado e insostenible. El Mono presume de líder, de estratega, de macho, de supuesto vengador de la muerte de Caranga, de amenazante pistolero irritado con los hijos de papi que se pasean en su coche último modelo, pero apenas deviene en un borracho patético de pantalones orinados que nunca me logra convencer y mucho menos contagiar.

Hago advertencia de spoiling y paso a señalar que hacia el final el libro se puso mucho mejor y el ritmo se volvió más intenso. La última conversación entre don Diego y el Mono, envueltos ambos en una cerrada neblina, me pareció un escenario inmejorable, una metáfora de los hechos grises y confusos que sucedieron en el cierre de esa fallida operación. No hacía falta ser gráfico en el asesinato de don Diego, algo que incluso entiendo como una forma de respeto del autor para con la malograda celebridad benefactora de su comunidad.

En lo referente a Dita Zur Nieden, parece que hay una polémica en torno a la representación que Jorge Franco hace de ella en el libro. Él asegura que se basa en datos documentales que investigó a lo largo de casi cuatro años. En cambio la gente de la Fundación Biblioteca de Itagüí (que don Diego y Dita donaran en su momento), manifestó su desacuerdo con la imagen de Dita en El mundo de afuera y hasta canceló la presentación del libro en sus instalaciones.

En cuanto al método narrativo, Franco recurre a la figura del narrador omnisciente, ese anónimo omnipresente que nos ha contado tantas historias, de tantos autores y en tantos libros. Pero súbita y esporádicamente, en El mundo de afuera aparece un narrador en primera persona que me generó desconcierto y, debo admitirlo, cierto malestar. Parece que ese choque de estilos no me va bien y solo me evidencia como un lector demasiado ortodoxo. Sin embargo, y de nuevo hago advertencia de spoiling, dado que ese narrador ocasional cobra tal importancia como para ser quien cierra la historia, decidí profundizar un poco en el análisis de ese personaje misterioso.

El caso es que este chico protagoniza la verdadera historia de amor del libro. Un amor infantil, pre-adolescente, inocente y puro como solo podían serlo en otros tiempos, pero amor al fin. El chico que juega en los alrededores del castillo para espiar a Isolda (y que no, decidida y definitivamente no es el Mono), guarda y atesora para sí una mirada y un beso, incluso mucho más que el baile de la faldita roja, ese que se hizo tristemente público y que contaminó esa historia que debía ser solo suya.

Como dato adicional, encontré una entrevista que Jorge Franco concedió a elcultural.es, donde le preguntan qué recuerda de la época, siendo que el secuestro de don Diego ocurrió en 1971, cuando el autor colombiano solo tenía unos 8 años. Franco responde:

"La verdad es que recuerdo muy poco. Tengo vivas ciertas emociones. El impacto de la noticia del secuestro de don Diego, a mis padres comentando... Tengo el recuerdo de algunas visitas al castillo. El paso de la limusina por la loma, que siempre nos generaba mucha curiosidad."

Juzgue el lector si dicha respuesta justifica la aparición del chico que narra en primera persona algunos de los pasajes que a la postre dan sentido a la historia.

jueves, 1 de enero de 2015

Jorge Franco, El mundo de afuera


Sin lugar a dudas (y luego del balance obligatorio hacia el final de un ciclo), 2014 ha sido un gran año para el Club de la Buena Estrella. Hemos visto como nuestro grupo crece en número y se diversifica en edades y ámbitos a medida que se van sumando nuevos integrantes. También hemos disfrutado de excelentes libros que a su vez han dado pie a interesantes intercambios de opiniones en las reuniones de cada jueves. Cumplimos ocho años de compartir lecturas todos los meses y reuniones todas las semanas, y nos satisface profundamente contemplar cómo de a poco nos volvemos mejores lectores, cada vez más asíduos al hábito a nivel individual y cada vez más organizados, firmes y sólidos como grupo.  A cada nuevo libro somos más y mejores amigos.

Por supuesto, queremos que 2015 sea aun mejor para cada uno de nosotros y para nuestro club. Estamos seguros que nuestros propósitos de año nuevo también incluyen metas relacionadas con la lectura y para luego es tarde: Nos espera una docena de libros que hemos elegido como grupo y que empezamos precisamente hoy, 1 de enero.

Como recordarán, el escritor colombiano Jorge Franco ha sido galardonado con el Premio Alfaguara de Novela 2014 por su obra El mundo de afuera, y justamente esa será nuestra primera lectura del año 2015 en la viñeta predefinida para el ganador de dicho premio en el Club de la Buena Estrella.

Como dato adicional, nos enorgullece poder compartir que 2015 será el año en que alcancemos la nada despreciable cifra de 100 libros leídos como club. Será un honor y un placer que nos acompañen a lo largo de este nuevo y emocionante viaje literario.

¡Feliz año nuevo, felices nuevas lecturas!

FICHA DEL LIBRO

Viñeta:                       Enero | Premio Alfaguara
Libro:                         El mundo de afuera
Autor:                        Jorge Franco
Nacionalidad:            Colombiano
Año:                          2014
Total páginas:            352
ISBN:                        9788420417561
Editorial:                   Penguin Random House Grupo Editorial España

DIVISIÓN DE LECTURAS

Jueves 8 de Enero
Capítulos del 1 al 12
25% en el Kindle

Jueves 15 de Enero
Capítulos del 13 al 22
50% en el Kindle

Jueves 22 de Enero
Capítulos del 23 al 35
75% en el Kindle

Jueves 29 de Enero
Capítulos del 36 al 46
100% en el Kindle

SINOPSIS

El mundo de afuera transcurre en Medellín. Una especie de castillo se atisba en las frondosas afueras y de una puerta sale corriendo una niña rubia. Unos ojos miran cautivados esa presencia insólita y la niña se pierde en el bosque.

En 1971, el padre de esa niña, don Diego, ha sido secuestrado. El Mono es el cabecilla de los maleantes, cuya intención es pedir un rescate millonario a la familia. El Mono tiene otras razones que las económicas para secuestrar a don Diego: la obsesión amorosa por la hija de éste, Isolda, una princesa rubia a quien el padre, amante de la ópera de Wagner, mantiene encerrada en el “castillo” para preservar su pureza y evitar el contagio con el mundo sucio que les rodea. Don Diego es germanófilo y se ha casado con Dita, una mujer alemana que dejó el Berlín nazi para vivir en la copia del castillo de La Rochefoucauld que su marido ha levantado en Medellín. Desde muy pequeña, Isolda ha tomado la costumbre de escapar al bosque, donde antes jugaba con conejos fantásticos que le tejían peinados, mientras el Mono la admiraba encaramado en los árboles.

Una breve y hasta cierto punto sencilla novela sobre el amor y la muerte, poética y detallista, con un sobresaliente manejo de la tensión, y que, incorporando técnicas cinematográficas como el flashback y la narración paralela, también bebe de fuentes como el cuento folclórico o la crónica de sucesos.

COMENTARIOS DE LA CRÍTICA

Los escritores opinan...
«Este es uno de los autores colombianos a quien me gustaría pasarle mi antorcha.»
Gabriel García Márquez

«Pocos novelistas que escriben en mi lengua me producen tanta admiración como Jorge Franco.»
Almudena Grandes

El jurado ha dicho:
«Entre la fantasía y la truculencia, entre los hermanos Coen y los hermanos Grimm, El mundo de afuera es una deliciosa sorpresa.»
Laura Restrepo

«Fascinante y sorprendente. Arranca como un cuento de hadas y acaba como una película de Tarantino.»
Sergio Vila-Sanjuán

«Jorge Franco triunfa en lo más difícil: la creación de personajes memorables.»
Ignacio Martínez de Pisón

«Una delicia de novela. Y leyendo me preguntaba: ¿a qué director de cine no le gustaría convertir esta novela en película? Personajes y diálogos memorables, y una fantástica historia. Voilà!»
Nelleke Geel

SOBRE EL AUTOR

Jorge Franco nació en Medellín (Colombia) en 1962. Realizó estudios de literatura en la Universidad Javeriana y de cine en The London Film School, en el Reino Unido. Con su libro de cuentos Maldito amor ganó el Concurso Nacional de Narrativa Pedro Gómez Valderrama, y con la novela Mala noche obtuvo el primer premio en el XIV Concurso Nacional de Novela Ciudad de Pereira y fue finalista en el Premio Nacional de Novela de Colcultura. Su novela Rosario Tijeras ganó la Beca Nacional de Novela del Ministerio de Cultura, fue galardonada con el Premio Internacional de Novela Dashiell Hammett 2000 (Gijón, España), y ha sido traducida a más de quince idiomas y llevada con éxito al cine y la televisión. La adaptación cinematográfica de su novela Paraíso Travel (2001) se convirtió en una de las películas más taquilleras del cine colombiano. Melodrama (2006) fue adaptada al teatro y editada en toda Hispanoamérica. Su última novela es Santa suerte (2010). Ha publicado cuentos y artículos en diversas revistas nacionales e internacionales y fue invitado por Gabriel García Márquez a dictar con él su taller «Cómo se cuenta un cuento» en la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (Cuba).