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domingo, 31 de mayo de 2015

Finalizando el mes de las madres


Mayo, mes en el que en muchos países del mundo (incluyendo el nuestro) celebran a las madres, esta terminando. Y junto a él, en el Club de la Buena Estrella, estamos finalizando el libro número 100, "Joyita" de Patrick Modiano, cuya protagonista tuvo una mamá que dista mucho de ser la que se pinta en los anuncios que llenan la publicidad de este mes. Pero Suzanne Cardéres no es la única progenitora "peculiar" que se nos ha cruzado en las lecturas de este año; por lo que me pareció un ejercicio entretenido analizar un poco sobre las madres que hemos leído hasta el momento.

Enero nos trajo una muy interesante mujer, "Dita". No nos dicen claramente el tipo de madre que era, y asumimos inconscientemente  (o por lo menos yo lo hice), que debe haber sido como se supone que las madres deben ser: cariñosa, dulce, comprensiva, etc. Sin embargo, reflexionándolo bien, aunque tuviera todas esas características, no es normal que se críe a una hija en el encierro y el cuento de hadas en el que vivía Isolda; que si bien se entiende que todo esto eran excentricidades provenientes de la mente de don Diego, Dita tampoco muestra mucha resistencia a ese tipo de vida, y desde el principio el autor nos deja claro que ella no era ninguna sumisa que aceptaba todo calladamente, por lo que eso me hace suponer que estaba un tanto de acuerdo con ese estilo "especial" de vivir.

La otra madre de "El Mundo de Afuera" es Lida, la mamá de "el mono", que es diametralmente opuesta a Dita en todo: clase, educación, cultura y un largo etc., que vivía en una cómoda ceguera que no le dejaba ver que tenía como hijo a un delincuente, y de la cual no quería salir; en mi opinión, Lida prefería ignorar lo que no era capaz de afrontar y manejar, era más acomodamiento que amor maternal.

Llega febrero con "El amante", que lejos de la tórrida historia de amor apasionado y carnal que se suponía debía ser, nos mostró a una gran escritora que no por gusto es la heroína de la Nothomb, y que nos regaló un libro que además del tema erótico tocaba muchos otros, entre los cuales estaba en un lugar privilegiado la relación que la Duras tuvo con su madre. Tan importante fue este tema, que una conocida de un miembro del club describió el libro como  "la historia de una joven y la relación que tiene con su mamá". La madre de Marguerite era depresiva a más no poder, poco hábil para mantener a su familia, y poco justa para repartir su "amor maternal", cargándolo (según la opinión de su hija) exclusivamente en su hijo mayor, al punto que los otros no alcanzaron ni siquiera el privilegio de ser llamados hijos, ya que solo se refería a ellos como "los pequeños". Una mujer contradictoria que trata inútilmente de sostener su orgullo y su dignidad en lo único que le queda, ser "blanca", pero que no duda en aceptar las comodidades pagadas con el cuerpo de su hija al servicio de un chino.

El tema de las madres tocó fondo en marzo. Nos adentramos a un lugar en el que solo pronunciar esa palabra era inmoral. "Un mundo feliz" nos mostraba una sociedad hecha en laboratorios donde el destino estaba trazado; los Alfas, Betas, Gammas, Deltas y Epsilones eran programados para vivir, pensar y sentir de una manera determinada, sin que una familia fuera necesaria ni siquiera para la concepción. La única madre presente es la desafortunada Linda, enfrentada a una maternidad forzada.

Linda es una Beta que, por cuestiones fuera de su control, tuvo un hijo a pesar de haber sido condicionada para no tener instinto maternal y, por lo tanto, no encaja en una sociedad que se asusta ante cualquier rasgo de anormalidad. Fue escribiendo estas líneas que de repente apareció en mí una empatía hacia este personaje, que en su momento no tuve; ya que se podría decir que yo en  "el mundo real" soy un poco anormal al igual que ella. En un paralelo, yo vengo siendo "una latina que no quiere ser madre, cuando en mi cultura se inculca (¿condiciona?) a que la mayor realización de la mujer es tener un hijo". El pensamiento dominante es ese y cualquiera que no piense así esta mal, punto. Porque nuestro mundo, al igual que el de Huxley, teme y rechaza cualquier cosa que se salga de lo que alguien superior e invisible (y no me refiero a un Dios) ha definido como normal, lo que en mi muy humilde opinión no es otra cosa más que miedo a estar equivocado, porque es más fácil tomar el camino correcto cuando solo hay uno.

Cuando en alguna ocasión he expresado mi poco, o mejor dicho nulo deseo de tener hijos, veo caras de confusión y la mayoría de veces desaprobación, que me hace suponer que mis interlocutores seguro están pensando que algo anda mal en mí, que seguramente alguien cometió un error y puso una dosis extra de alcohol en mi tubo de ensayo cuando aún estaba envasada.

En abril, de sorpresa y golpe conocimos a la mayor cabrona (y no en el buen sentido) de todas las madres, la de Jamie. Nadie del club (por lo menos de los que hemos comentado) que leyó "Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea" salió ileso. Unos (y me incluyo) dimos una de las lloradas más grandes que un libro nos ha provocado, y a otros, aunque la reacción no fue tan dramática, sí les conmovió.

Jamie nos cuenta una vida realmente trágica con la sencillez e inocencia que solo puede tener un niño de 10 años, quien ha sido prácticamente abandonado emocionalmente por sus padres, que espera y agradece cualquier mínima muestra de cariño de parte de ellos aunque sea mediocre, como una persona perdida en el desierto que espera y agradece un pequeño sorbo de agua aunque sea sucia. Es imposible no llenarse de rabia acompañando a Jamie por todo el libro a la espera de ese sorbo de cariño, y ver cómo éste nunca llega de parte de su madre.

No desmerecemos el dolor que perder una hija pueda causar, pero abandonar a sus hijos vivos de la manera que ella lo hizo, haciendo que un niño de 10 años llegue a expresar: "Mamá es una mentirosa y me ha abandonado, y no me va a volver a querer nunca haga yo lo que haga" y que el lector tenga la certeza que eso es verdad, nos llevó a varios miembros del club a no tener otro remedio que decir "la mamá de Jamie es una m....".

En mayo, la Academia Sueca nos presentó a Patrick Modiano, otorgándole el Premio Nobel de Literatura 2014, y de quien primero leímos "En el café de la juventud perdida", dónde encontramos a Louki, una chica depresiva tomada como pretexto para contarnos los dramas existenciales de algunos de los asistentes al café Le Condé y algún otro personaje que la rodea. Ella es el único personaje del cual se conoce a la madre, quien es una persona pasiva y aparentemente con poco carácter, bailarina del Moulin-Rouge, y que quizá por esa razón no se siente con la capacidad moral de amonestar de la manera debida a su hija cuando se escapa. Está lejos de ser la mamá del año, pero a estas alturas del partido, hemos leído de otras madres mucho peores que hacen que la de Louki no quede tan mal parada.

Como opcional de mayo, siempre de Patrick Modiano, algunos leímos "Joyita", dónde le aparece una muy fuerte competencia francesa a la inglesa mamá de Jamie; Suzanne Cardéres, la condesa Sonia O’Dauyé, o como quiera que se ponga, es un verdadero desmadre. Es depresiva como la madre de Marguerite, abandona a su hija de igual o peor manera que la madre de Jamie lo abandonó a él, a veces es pasiva y sin carácter como la madre de Louki, quien también es bailarina, y no me extrañaría que al igual que Linda, la concepción de su hija fuera algo no deseado. Es como si se metiera en una coctelera algunas madres de los anteriores libros, se batiera y saliera un híbrido patético enfundado en un abrigo amarillo y viejo.

Y para no terminar de una manera tan trágica, hice un esfuerzo por encontrar en los libros leídos hasta el momento a una madre que cumpliera el estereotipo: amorosa, amable, comprensiva, etc. y, curiosamente, la única que encontré representa una cultura diferente a la occidental, es la madre de Sunya, la amiguita de Jamie de "Mi hermana vive en la repisa de la chimenea". Una mujer amable, aparentemente sumisa y tranquila, pero que bastó que el padre de Jamie insultara a su hija para que se volviera una fiera defendiendo a su cría. Puede ser que no haya buscado bien, si los miembros del club encuentran otra, favor indicarlo.

Nota aclaratoria: También está el libro opcional de abril, "Mar de Mañana", que justamente trata de la historia de dos madres, pero no es un libro que me haya transmitido mucho y por lo tanto preferí no mencionarlo.

sábado, 28 de febrero de 2015

El amante, comentario personal

A punto de terminar el mes de febrero y habiendo completado nuestra segunda lectura programada para 2015, debo reconocer que una viñeta que no me generaba demasiadas expectativas, trajo consigo un libro que resultó ser de esos que uno se pregunta por qué diablos no había leído antes.

Por supuesto, al interior del club hay diversas opiniones sobre El Amante de Marguerite Duras, que -como suele pasar con la inmensa mayoría de los buenos libros- gustó mucho o no gustó nada. Así, sin medias tintas.

El primer obstáculo para que algunos disfruten el libro, radica en la naturaleza perturbadora de la historia de una adolescente involucrada sexualmente con un hombre mayor. El malestar de algunos es comprensible, por supuesto. Se asemeja bastante al rechazo que hace unos tres años provocó en algunos miembros del club el relato de pedofilia narrado por Vladimir Nabokov en Lolita, que incluso hizo que varios desistieran de su lectura. Personalmente soy un convencido de que leer un libro o ver una película sobre violaciones, asesinatos  o cualquier otra forma de violencia, no significa que uno apruebe nada de eso; además, es innegable que las mejores historias vienen de todos esos dramas personales que tan habitualmente consumimos en el cine, la televisión, la música e incluso la literatura. Más allá de nuestros credos y valores, así son las historias humanas. Sin embargo, entiendo y respeto las opiniones y decisiones de quienes eligen sus lecturas y entretenimiento pasando un filtro de selección, no sé si más rigorista, pero seguramente diferente del mío.

Una segunda descolocación para algunos ocurre a causa de las valoraciones personales sobre sensualidad, erotismo y pornografía. ¿En dónde se clasificaría El amante? ¿Aplica para nuestra viñeta de Romance/Erotismo?

Las preguntas me resultan inevitables, 1) por la manera en que el tema del sexo es abordado por la Duras (sus relatos sobre el amante chino son intensos, pero escasos y tardíos, pasada la primera cuarta parte del libro y despúes de muchas páginas de relatos familiares e introspecciones de la autora); 2) por el matiz que tambíen puedo darle por mi decisión personal de leer Trópico de Cáncer de Henry Miller (pues como sabrán, estoy leyendo mi propuesta derrotada para esta viñeta luego de finalizar El amante); y 3) por la consabida moda que se ha suscitado en torno a las 50 sombras de Grey, ese bestseller que está causando que su descomunal y aún creciente cifra de lectores inusuales ahora opinen sobre sexo y erotismo con chapa de conocedores y expertos (y quizá uno de estos días yo mismo le pierda el amor a un par de horas de mi existencia y las dedique a leer a esta señora británica para tratar de entender de qué va tanto revuelo y alboroto).

Volviendo a las preguntas planteadas, encontré un comentario del antropólogo Desmond Morris, de septiembre de 1987 en The Illustrated Naked Ape: A Zoologist's Study of the Human Animal. Revisión de Janet Dunaif-Hattis, donde manifiesta que el erotismo es más un comportamiento cultural que sexual, que no es posible definir como erótico todo lo relacionado con la sexualidad y con el acto sexual físico, como tampoco descontextualizarlo de las fases personales y sociales previas al sexo, sin importar si llegan a concretarse en un acto físico o no. El rango de cobertura del adjetivo erótico se supedita a la escala valorativa de cada uno. Puede haber erotismo en un desnudo artístico, en una pintura o en una escultura, pero también en una mirada profunda y sostenida en un momento inesperado, en un roce casi sin querer, en un timbre de voz, en un color, un olor o una textura. La frontera con la pornografía se rebasa cuando el acto sexual se concreta, pero ese límite tampoco es demasiado claro. La pornografía abarca todo contenido, literario, visual o audio visual que represente actos sexuales o actos eróticos con el único fin de provocar la excitación sexual del receptor. En cambio, el erotismo puro consiste en poner escenas sensuales e incluso sexuales al servicio de una historia (como los efectos especiales en los géneros de acción y ciencia ficción, que sin embargo no son la historia en si misma). En ese contexto, el sexo explícito también puede ser erótico.

Como se ve, si la definición de erotismo es tan amplia como las interpretaciones del arte abstracto, y si la frontera con lo pornográfico tampoco está delineada con demasiada claridad, desprendemos que la clasificación de literatura erótica tampoco será demasiado estricta ni delimitada. Es así como el amplio espectro abarcado por nuestra viñeta del mes de febrero, va desde los escritos del Marqués de Sade (Justine; Juliette; La philosophie dans le boudoir) hasta los de Marguerite Duras (El amante, Ojos azules pelo negro), pasando por Pauline Reage (Histoire d'O), Vladimir Nabokov (Lolita), Emmanuelle Arsan (Emmanuelle), Henry Miller (Trópico de cáncer, Trópico de capricornio, Sexus, Plexus, Nexus), D.H. Lawrence (El amante de Lady Chatterly), entre muchos otros.

Menos escabroso que los dos anteriores, un tercer obstáculo para llevar esta lectura a feliz término, fue el estilo narrativo que algunos en el club sintieron demasiado cortado. A mí, en cambio, me gustó bastante. En mi opinión, Marguerite Duras cuenta sus vivencias en el tono de la mujer mayor que recuerda. No olvidemos que al escribir estas memorias en clave de novela, la autora había cumplido 70 años de edad. ¿Ha tenido alguna vez el amigo lector el privilegio de escuchar a una persona de esa edad contar alguna anécdota de su vida temprana? Ritmo pausado y frases cortas y contundentes, ¿no es cierto? Bueno, cuando uno consigue imprimir ese tono y ritmo a la lectura de El amante, lo que parecía cortado deja de ser molesto y hasta se vuelve placentero. Aunque está claro que es posible que la nostalgia de abuelos sea lo que me traiciona el juicio.

De la historia

La mayoría de comentarios que uno encuentra, resumen El amante de una manera demasiado simple: "Trata de una adolescente de origen francés que vive en Indochina y cuya familia está arruinada. Ella se hace amante de un chino adinerado y mantiene una relación con él a lo largo de un año y medio."

La sinopsis en las ediciones en cuya portada aparece la fotografía de la autora a sus 16 años dice: 

"Marguerite Duras, adolescente, en el período que ella reconstruye en este libro. Marguerite Duras se convierte de la noche a la mañana, con El amante, en una autora solicitada por todos los públicos. Y, además, recibe poco después, en noviembre de 1984, el prestigioso Premio Goncourt. A todos emociona sin duda esta narración autobiográfica en la que la autora expresa, con la intensidad del deseo, esa historia de amor entre una adolescente de quince años y un rico comerciante chino de veintiséis. Esa jovencita bellísima pero pobre que vive en Indochina, no es otra que la propia escritora, quien hoy recuerda las relaciones apasionadas de intensos amor y odio que desgarraron a su familia y, de pronto, grabaron prematuramente en su rostro los implacables surcos de la madurez. Pocas personas —y en particular mujeres— permanecerán inmunes a la contagiosa pasión que emana de este libro."

El amante es una novela de corte autobiográfico que aborda muchos temas y tiene varias capas. Cada lector dará su atención a uno o a varios de ellos según sus propias experiencias y puntos de vista. Hay para elegir: La relación madre-hija, la relación con sus hermanos, la maldad personificada en el hermano mayor, la preferencia de la madre por ese hijo problema, la colonia francesa en Vietnam, el racismo y las diferencias económicas, la moral europea de los años 20 y 30, la prisión de las tradiciones milenarias chinas, las personalidades decididas y desinhibidas, las personalidades débiles y apocadas, el sexo como mecanismo de escape, la precocidad, el control, la actitud como una forma de belleza y el hecho de que el amor, como la felicidad, no siempre se viven de manera consciente. Y la lista sigue.

Del estilo
Tal como dije antes, al leer me parece que escucho el relato de boca de una persona de edad, a un ritmo lento pero contundente. Creo que en la narración hay belleza lírica y profundidad desde el mero principio:

"Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde."

Percibo en el relato un tono a veces rebelde, que en otras es triste y melancólico, como cuando la autora habla de los escasos momentos alegres de su madre:

"Esta elevación de la casa sobre el suelo permite lavarla con grandes cubos de agua, regarla por entero como un huerto. Todas las sillas están encima de la mesa, toda la casa chorrea, el piano del saloncito tiene las patas en el agua. El agua desciende por las escalinatas, invade el patio hacia las cocinas. Los criados jovencitos se sienten felices, estamos todos juntos, con ellos, se riega, y después el suelo se enjabona con jabón de Marsella. Todo el mundo va descalzo, la madre también. La madre ríe. La madre no tiene nada que decir en contra de nada."

Golpea al lector la descripción de la hora en que la depresión acentúa el comportamiento ausente de su madre, esa forma de demencia que niega el recuerdo y la razón:

"He tenido la suerte de tener una madre desesperada por un desespero tan puro que incluso la dicha de vivir, por intensa que fuera, a veces, no llegaba a distraerla por completo."

Me gustó mucho la parte de la narración de su viaje en el barco, son probablemente los momentos más emotivos del libro, los de la toma de conciencia del verdadero sentimiento.

"Cuando la hora de la partida se acercaba, el barco lanzó tres llamadas de sirena, muy largas, de una intensidad terrible, se propalaron por toda la ciudad y el cielo, por encima del puerto, se tiñó de negro. Entonces, los remolcadores se acercaron al barco y lo arrastraron hacia el tramo central del río. Una vez hecho esto, los remolcadores soltaron amarras y regresaron al puerto. Entonces, el barco, una vez más, dijo adiós, lanzó de nuevo sus mugidos terribles y tan misteriosamente tristes que hacían llorar a la gente, no sólo a la del viaje, la que se separaba, sino también a la que había ido a mirar, la que estaba allí sin ninguna razón precisa y que no tenía a nadie en quien pensar."

Y remontando a un momento más temprano de la historia, me encantó su descripción de la belleza inocente de su compañera de colegio, la metáfora de la harina:

"El cuerpo de Hélène Lagonelle es torpe, aún inocente, qué dulzura la de su piel, como la de ciertos frutos, está a punto de no ser percibida, un poco ilusoria, es demasiado. Hélène Lagonelle inspira deseos de matarla, incita al maravilloso sueño de matarla con sus propias manos. Lleva sus formas de flor de harina sin ninguna sabiduría, las exhibe para que sean amasadas por las manos, para que la boca las coma, sin retenerlas, sin conocerlas, sin conocer tampoco su fabuloso poder. Me gustaría comer los senos de Hélène Lagonelle como él come mis senos en la habitación de la ciudad china donde cada tarde voy a profundizar en el conocimiento de Dios. Ser devorada por esos senos de flor de harina que son los suyos."

En síntesis, he disfrutado mucho esta lectura, encontré frases que considero memorables, y pienso que es un libro altamente subrayable. Coincido además con Amélie Nothomb, cuando dice de Marguerite Duras que habla en un tono sagrado.

De los personajes
Una joven asombrosamente precoz para su lugar y tiempo, empoderada de su cuerpo y de su vida; un chino acomodado, apocado y sin voluntad propia, llorón hasta el hartazgo; una madre distante, hasta ausente, derrotada por la vida; un hermano mayor cruel y despiadado, y sin embargo inútil y vulnerable; un hermano menor enmudecido y tembloroso, amenazado por el mayor y abandonado por su madre; una atractiva compañera cuya belleza y desnudez inmodesta contrastan con su prevaleciente inocencia, descrita de tal forma que hasta hace sospechar de algún deseo lésbico de Marguerite. Son personajes extremos, pero me parece que todos convencen, que todos cobran vida y se hacen creíbles mientras desarrollan en el libro el rol que desempeñaron en la vida de Marguerite.

Valoración personal
Más allá de que no haya unanimidad como club, a mí me pareció un libro excelente y muy recomendable, que si bien es cierto me parece erótico, creo que goza de bastantes más argumentos y razones para leerlo. Le doy cuatro y media estrellas de cinco posibles.

lunes, 16 de febrero de 2015

Marguerite Duras, biografía

Marguerite Duras 
 Seudónimo de Marguerite Germaine Marie Donnadieu
(1914-1996)


Sobre la lápida de Marguerite Duras en el cementerio de Montparnasse hay una pequeña planta, un montón de pastillas blancas diseminadas a lo largo de la sobria piedra gris, dos flores y dos letras grabadas: M.D. También son dos las imágenes que podrían ilustrar el proceso desaforado de su existencia: la evocación de la preciosa niña cargada de erotismo que viajaba en un transbordador por el río Mekong con un sombrero de fieltro y los labios pintados de rojo oscuro y, justo en el otro extremo, la mujer con el rostro y el cuerpo devastados por el alcohol, vestida con una falda recta y chaleco sobre un jersey de cuello alto que, después de cuatro curas de desintoxicación, entró en un coma de cinco meses. Marguerite Duras saltó en un instante del principio al final de su vida pero, en la breve duración de ese instante, hizo lo que quería hacer: écrire. Escribir.

Escribía y amaba lo que escribía hasta la obsesión. Ella misma se preguntaba qué era aquella necesidad mortal que había conseguido que viviera en un mundo paralelo al de los demás y que fuera existiendo cada vez menos porque todo, su esencia, se lo entregaba a la escritura devoradora. A los quince años le dijo a su madre que lo único que quería hacer en la vida era narrar y se preguntaba sinceramente qué hacía con su tiempo la gente que no escribía porque ella había llegado a pasar por el tamiz de la literatura incluso los recuerdos más dolorosos. Una de las manifestaciones más desgarradoras contra el nazismo aparece en su texto El Dolor en el que describe su impaciencia cuando, desde las ventanas de su casa en la rue Saint-Benoît, contempla apoyada en las persianas cómo la gente pasea y ella quiere gritar que en el interior de aquella habitación un hombre, su marido, ha regresado vivo del horror de los campos de concentración alemanes y que, a pesar de tener el cuello tan delgado que se puede rodear con una sola mano, todo lo que debe tomar es caldo en cucharillas de café porque su estómago se desgarraría con el peso de cualquier otro alimento.

Nació en 1914, el día 4 de abril, cerca de Saigón, en la Indochina francesa (lo que es hoy Vietnam del Sur). "No puedo pensar en mi infancia sin pensar en el agua. Mi país natal es una patria de agua", diría M.D. Era la primera niña de cinco hermanos, dos de ellos, Pierre y Paul, hijos del matrimonio y los otros dos, Jean y Jacques, hijos del padre con una esposa anterior que había muerto en Hanoi. Su padre, profesor de matemáticas, tuvo que ser repatriado a Francia cuando ella tenía sólo cuatro años a causa de unas fiebres infecciosas y jamás regresó a Indochina. Murió después de haber comprado una casa cerca del pequeño pueblo francés de Duras donde quería pasar el siguiente verano con toda su familia y que serviría, sin que él llegara a saberlo, para reemplazar en el futuro su propio apellido. Esta muerte dejó a la familia en una situación económica mucho más precaria y comenzaron a llegar las estrecheces. Los hijos crecieron como vagabundos por la selva, casi tomando un aspecto indígena y todo lo que podía hacer la madre para conservar su deseado y privilegiado aspecto occidental era alimentarlos con comida traída directamente desde Francia, comida que ellos aborrecían y que no aceptaban.

Marie Legrand, la madre de Marguerite, luchó contra la pobreza con todas sus fuerzas. Se aferró a sus posesiones, a su tierra que debía salvar continuamente del mar y del viento si quería que algo creciese de ella, mientras iba descubriendo el extraño atractivo de aquella niña que no se vestía como las demás, que tenía una manera propia de hacer las cosas y que podría resultar fascinante para los hombres. Marguerite conoció a su amante chino y ser ricos se convirtió entonces en una auténtica obsesión. Con el tiempo, la escritora consideraría que el dinero no cambiaba nada porque siempre conservaría "una maldita mentalidad de pobre". Para ella la pobreza al nacer era hereditaria y perpetua. No se podía curar.

En 1932 regresó a Francia. Estudió Derecho, Matemáticas y Ciencias Políticas. Trabajó como secretaria en el ministerio de las Colonias de 1935 a 1941.

Se casó en 1939 con Robert Antelme. Tuvo un hijo que murió en 1942. Ese mismo año Duras conoció a Dionys Mascolo, que terminó siendo su amante, y con el que tuvo otro hijo. Durante la Segunda Guerra Mundial, ambos participaron en la Resistencia francesa. Su grupo cayó tras una emboscada, Marguerite logró escapar ayudada por François Mitterrand, pero Robert Antelme fue apresado y enviado a un campo de concentración el 1 de junio de 1944.

Militante del Partido Comunista Francés, que abandonó pronto, Marguerite Duras también fue deportada a Alemania. Pero una vez terminada la guerra se diluyó en la escritura y el alcohol.

En 1945, pese a su deseo de divorciarse, cuando Robert regresó, en penosas condiciones, del campo de Dachau, ella se quedó con él para cuidarlo, hecho que relatará en su novela tardía El dolor (La douleur). No obstante, hay que tener ciertas reservas respecto a la veracidad completa de su relato, pues se trata de "su verdad", de ir al "taller de la memoria" suya. Se divorció en 1946. Militó en el Partido comunista del que fue expulsada en 1955.

Cualquier lector de Un dique contra el Pacífico o de El amante descubrirá que estos primeros datos de su biografía le son ya familiares. Porque leer los libros de Marguerite Duras implica leerla también a ella. En un verdadero acto de vivisección literaria, extraía su propio dolor, lo matizaba con el bálsamo de la escritura y luego lo entregaba a un lector que debía descubrir que aquello que leía en su obra no era simplemente el relato de la subsistencia vital de una escritora, sino de la evolución individual de cada uno de sus personajes que no eran sino un reflejo novelado de lo ocurrido realmente a miles de seres humanos a lo largo del siglo XX. Marguerite Duras ofrece en sus libros una descripción de diferentes momentos cruciales en diferentes lugares del mundo tan fidedigna como la de cualquier historiador, pero con un añadido importante: ella muestra el sufrimiento, la esperanza y la compasión de los legítimos protagonistas de la historia.

Su primer libro fue rechazado por la editorial Gallimard, pero siguió escribiendo y una vez terminada su siguiente obra, Les impudents, amenazó con suicidarse si no lograba que la publicaran. En 1943 entró en la resistencia mientras su querido hermano Paul, que había continuado junto a su madre en Saigón, moría de una bronconeumonía por falta de medicamentos. El dolor se le hizo insoportable y lo reflejó en La vida tranquila, el libro que estaba escribiendo y que Gallimard publicó en 1944. De esta manera Marguerite Duras obtuvo por fin el reconocimiento que esperaba, pero no pudo disfrutarlo porque la Gestapo detuvo a su marido en el apartamento de su hermana en la rue Dupin. En ese momento M.D. se propuso no escribir y no volvió a editar nada hasta 1950. Ella, que había amenazado con el suicidio si no llegaba a publicar, de repente se daba cuenta de lo nimio de la literatura comparado con el dolor de la realidad.

Literatura y realidad… Dos nociones difícilmente separables en esta autora que atrapa y devora porque su narración rezuma autenticidad y siempre es complicado renunciar al encanto de algo auténtico. En 1950 apareció su primer éxito literario, Un dique contra el Pacífico, y a partir de entonces fueron publicándose obras memorables como Los caballitos de Tarquinia (1953) que narra la experiencia de unas vacaciones en Italia, Días enteros en las ramas (1954), Moderato Cantabile (1958), Hiroshima mon amour (1959) que se convertiría en la famosa película de Alain Resnais y El arrebato de Lol V. Stein (1964), novela con la que alcanzó el apogeo de su actividad creadora. Según sus propias palabras en una entrevista concedida a la televisión francesa, escribir El arrebato de Lol V. Stein resultó especialmente complicado: "Escribir siempre es duro, pero en aquella ocasión tenía más miedo que de costumbre. Era la primera vez después de mucho tiempo que escribía sin nada de alcohol y tenía miedo de escribir cualquier cosa". 

Por supuesto, no creó cualquier cosa. Creó un personaje desposeído de sí mismo que ve en un baile cómo la persona a la que ama se está enamorando de otra y eso hace que ella quede relegada a un plano de casi inexistencia. Creó un personaje tan desesperado y, al mismo tiempo, tan adorable que muchos años después la autora declararía que lamentaba no haber sido ella misma Lol V. Stein. Porque la había concebido, lo había escrito todo sobre ella, la había creado, pero no había sido Lol y por lo tanto sentía "ese duelo que he llevado toda mi vida por no ser Lol V. Stein".

En su siguiente novela, El Vicecónsul (1965), el protagonista sale al balcón de su casa en Lahore y dispara al aire. No dispara a los transeúntes ni a las palomas. "Dispara contra el dolor, la desgracia y contra el millón de niños que iban a morir de hambre en los próximos cuatro meses." Después vinieron La amante inglesa (1967), El amor (1971), El amante (1984), El dolor (1985), Emily L., La vida material… 

Escuchaba con atención las declaraciones que ella misma había hecho en 1964 y 1965 acerca de sus libros El arrebato de Lol V. Stein y de El vicecónsul respectivamente y asentía con frecuencia haciendo diversos comentarios. "Cada libro supone para el autor su propio asesinato. Siempre hay una depresión posterior que se manifiesta a través de algo físico". Una mujer pequeña, sentada en un sillón, vestida con una falda marrón, un jersey del mismo color y un pañuelo oscuro ocultando el cuello, que hablaba de literatura con tranquilidad y que adoraba a sus personajes hasta el llanto. Una autora que se preguntaba cómo era posible escribir porque en un principio no había nada y de pronto había una página escrita: "No puedo explicarlo y creo que no hay ningún escritor que se libre de esta ignorancia". 

"Fue esa tarde cuando Léo me besó en la boca. Lo hizo por sorpresa. Experimenté una repulsión verdaderamente indescriptible...". Así escribe Marguerite Duras su encuentro con el que sería el protagonista de El amante. Y también, "A los 18 años envejecí. No sé si a todo el mundo le ocurre lo mismo...ese envejecimiento fue brutal", decía Duras, dando prueba de que la autora francesa no escribió una sola línea que no hubiese vivido.

Con El amante (1984) obtuvo el Premio Goncourt. Es una novela más accesible (y seguramente no la mejor de ellas) pero que alcanzó un éxito mundial, con más de tres millones de ejemplares, y fue traducida a cuarenta idiomas. Retoma ahí un recuerdo de adolescencia y lo elabora de manera novelesca. Lo volvió a tomar muy bien enL'Amant de la Chine du Nord, de 1991.

Marguerite Duras, para quien escribir era "aullar sin ruido" y confesar, "borrar huellas". A eso se dedicó con vehemencia toda su vida la escritora francesa, que hoy, tras mucho dolor y sinceridad, es un clásico de la literatura universal. El amante deslumbró por la sinceridad que derramó Duras al relatar su intimidad y sexualidad en la compleja relación que mantuvo con Léo, el comerciante chino al que conoció en un transbordador que cruzaba el río Mekong, cuando ella tenía quince años y él veintiséis. Convirtió su vida en su propio material literario. Al morir, dejó tras ella 19 películas y más de 50 textos entre novelas, relatos, obras de teatro y guiones. 

La propia vida de la escritora es una novela sobre la que ella ha escrito incesantemente. La destrucción, el amor, la alienación social, son palabras clave en la vida de Marguerite Duras que se detectan en toda su obra. Una historia tormentosa, de soledad y escritura, de palabras y de silencios, de deseos fulgurantes también. Un personaje ineludible, en la vida de Marguerite Duras: su madre. El desamor maternal marcó toda su vida e hizo de ella un personaje controvertido en el que se entremezclaban las exigencias del corazón y los caprichos del cuerpo; impetuosa y obstinada, tuvo tantos detractores como seguidores de sus obras.

Es difícil definir su personalidad: iracunda o dulce, genial o narcisista, pero hay que creerla cuando asegura: "Yo soy una escritora, no vale la pena decir nada más". De hecho, C'est tout, de 1995, fue su último texto.


Para que el mundo sea soportable, es necesario exorcizar las obsesiones, pero la escritura puede, tanto esconderlas como develarlas. Entonces Duras tantea, repite una y otra vez, busca la palabra justa, "prueba" escribir, como se prueba amar aún sabiendo que nunca se logrará totalmente. Marguerite decía: "Escribir es tratar de saber lo que uno escribiría si uno escribiera". Sus novelas se ordenan alrededor de una explosión central, un instante de violencia que da paso al discurso: Hiroshima y el amor, la muerte y el deseo psíquico simbólicamente entremezclados "Destruir, dice ella". Y esta frase se asemeja a la música,vuelve siempre, es la variación infinita sobre un tema, es letanía y celebración, control y desenfreno. Se han recuperado recientemente escritos de juventud muy importantes, como los Cuadernos de guerra y otros textos, en 2006, y unas entrevistas italianas en 2012.

Sus primeros relatos aparecieron en la revista Les temps modernes, fueron considerados de tono existencialista pero luego, ya en los años 50, se la calificó como la figura del Nouveau roman. Fue guionista de Hiroshima, mon amour, el gran éxito de Alain Resnais, y dirigió India Song y Noche negra en Calcuta. Toda su obra lleva su carne como nutriente y todo su universo sensitivo, por eso terminó exhausta y con varios comas etílicos. Su escritura depurada hasta el máximo, lírica, muy sintética y llena de música es un sello inconfundible de la autora de El amante de la China del Norte, El amor, Escribir, Los ojos azules pelo negro, El arrebato de Lol V.Stein o Emily L, entre otros títulos. Libros que están todos ellos en la editorial Tusquets, que acaba de reeditar su obra. Marguerite Duras pasó los últimos años de su vida, hasta su muerte en 1996, con Yann Andrea, su último amante, compañero, cocinero y chófer, 40 años menor que ella y homosexual. "Todos los hombres son homosexuales en potencia, solo les falta saberlo", escribió Duras. En la actualidad, la obra completa de esta escritora forma parte del catálogo de la prestigiosa colección de La Pléiade, de Gallimard, donde están los clásicos.

Falleció el 3 de marzo de 1996 en París, debido al cáncer de esófago que padecía desde hacía tiempo.

domingo, 1 de febrero de 2015

Marguerite Duras, El amante


Creo que siempre o casi siempre en la infancia la madre representa a la locura. Nuestras madres siempre permanecen como las personas más locas y extrañas que jamás hemos conocido”  ―Marguerite Duras


Y llegamos al mes de la viñeta Romance/Erotismo, donde leeremos "El amante" de Marguerite Duras.

Hay que reconocer que este libro salió mejor votado por todos los miembros del club, gracias a que Amélie Nothomb la menciona en Ni de Eva ni de Adán, en donde deja entrever que es considerada por ella como una gran escritora que debería ser leída y tomada en cuenta y que, por esas mismas razones, sostiene con Rinri una conversación muy amena sobre Hiroshima mon amour. Sin embargo, Marguerite Duras no solo es una escritora admirada por la Nothomb, sino que en sus novelas se logra reconocer su poderoso impacto y su innegable influencia.

Nos encontramos ante una escritora que no solo tiene muchísimo talento, sino que vivió una vida que le proporcionó cualquier cantidad de insumos para nutrir sus novelas con vivencias increíbles y plenas. Su literatura nace de su propia historia, envuelta en los años de la colonización francesa de Indochina.

Es interesante destacar, que Marguerite Duras escribió esta novela, que obtuvo en Francia el Premio Goncourt, contando casi setenta años (1984), lo que provocó una serie de interrogantes sobre ella misma, desde el punto de vista de una mujer que tuvo una vida amorosa envuelta en el dolor y la pérdida. La novela, ha sido traducida a 43 lenguas, tiene tintes eróticos, y fue llevada al cine por Jean-Jacques Annaud con el título de El amante.

Espero que nos acompañen a leer esta apasionante historia.

¡Felices lecturas!


FICHA DEL LIBRO

Viñeta:                       Febrero | Romance/Erotismo
Libro:                         El amante
Autora:                       Marguerite Duras
Nacionalidad:            Francesa
Año:                          1984
Total páginas:           136
Titulo original:          L'Amant de Marguerite Duras
Traducción:               Ana Maria Moix
Primera impresión:   Barcelona 1984
Primera
reimpresión:              México 1988
Primera edición en
libro electrónico
(ePub):                       Marzo de 2012







DIVISIÓN DE LECTURAS

Jueves 5 de Febrero
33% en versión electrónica

Jueves 12 de Febrero
66% en versión electrónica

Jueves 19 de Febrero
100% en versión electrónica

Jueves 26 de Febrero
Película


SINOPSIS

El amante de Marguerite Duras es un clásico de la literatura francesa. Es una novela con base autobiográfica donde la autora rememora su iniciación al deseo, al amor y al odio, tres sentimientos potentes que recorren la obra desde el principio hasta el final. Y ese despertar a la madurez llega demasiado pronto, como muy bien se expresa en la primera página con esta bellísima frase: "Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde  […] A los dieciocho años envejecí."

La historia transcurre en Indochina cuando era colonia francesa a principios del siglo XX. La protagonista y a la vez autora es una adolescente de quince años de familia francesa, aunque nacida en Indochina, que comienza una extraña relación con un rico comerciante chino de veintiséis años. Sin embargo, esta relación no es el único hilo temático, pues tiene mucho peso en la historia la relación tormentosa entre la joven y su rara familia formada por su madre a veces enferma, a veces medio loca, su hermano mayor violento y cruel y su hermano pequeño débil y temeroso. Ella pasa con relativa facilidad del amor al odio hacia los miembros de su familia y pronto, muy pronto descubre que ha de huir, que ha de emanciparse de su familia y sobre todo de la pobreza extrema en la que viven;  ella convierte en un escape de la miseria su relación con el chino. Las respectivas familias no entienden e incluso rechazan la relación por diferentes motivos mientras que los amantes siguen viéndose a escondidas, se dejan llevar por una fuerte atracción sexual más que amorosa, al menos por parte de la adolescente.


SOBRE LA AUTORA


(1914/04/04 - 1996/03/03)

Marguerite Duras, es un seudónimo de Margueritte Donnadieu. Fue una novelista, dramaturga, guionista y directora de cine francesa. 

Nació el 4 de abril de 1914 en Saigón (hoy Ciudad Ho Chi Minh). Después de cursar el bachillerato, con 18 años se traslada a París para estudiar Derecho, disciplina en la que se licenció en 1932.

Dos años después comenzó a trabajar como funcionaria en el ministerio de las Colonias en el que permaneció hasta 1941. 

Durante la Segunda Guerra Mundial fue deportada a Alemania en su calidad de miembro de la "Resistencia". De ese tiempo afirmaba haber salvado la vida al compañero de la misma red de resistencia, el ex presidente François Mitterrand, a quien siempre apoyó. Después de 1945, trabajó como periodista y defendió con entusiasmo el movimiento feminista. Su primera novela importante, Un dique contra el Pacífico (1950), narra la vida de una familia francesa empobrecida en Indochina. Otras novelas destacadas son Moderato cantabile (1958) y la semi autobiográfica El amante (1984), con la que obtuvo ese mismo año el Premio Goncourt, ­el galardón literario más prestigioso de su país, y se convirtió en un auténtico best-seller mundial, siendo adaptada para el cine por el director Jean-Jacques Annaud. 

En 1960 fue guionista de la película de Alain Resnais Hiroshima mon amour. En sus inicios estuvo influenciada por el Existencialismo, aunque no tardó en desarrollar las formas del nouveau roman. Entre sus películas cabe destacar India Song (1975).

Marguerite Duras falleció el 3 de marzo de 1996 en París, debido al cáncer que padecía desde hacía tiempo.