Mostrando entradas con la etiqueta Sorgo rojo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sorgo rojo. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de mayo de 2013

Sorgo rojo, conclusiones

Este jueves hemos visto la película "Sorgo Rojo" como epílogo de la lectura del libro de abril, y si bien es cierto que no la considero del todo mala, creo que la versión cinematográfica no le hace justicia al libro.

Por supuesto que no espero que la película replique paso a paso los dos libros de Mo Yan en los que se basa (Sorgo Rojo y Vino de Sorgo). Estoy consciente de cuan habitual es que guionistas y directores se tomen licencias y hagan considerables modificaciones en la historia y los personajes. Sé bien que el sentido del tiempo y el ritmo de la historia no pueden ser los mismos, y que los consumidores de películas no son necesariamente los mismos que leen los libros. 

Sin embargo, creo que en la opera prima de Zhang Yimou, Premio Oso de Oro de 1988, ninguno de los personajes se asemeja lo suficiente a los construidos por Mo Yan, premio Nobel de Literatura 2012. El desarrollo de la historia también queda a deber.

Un comandante Yu que se asemeja más a una caricatura que a un héroe. Una joven  ama débil y sumisa, muy distante de la fuerte y sagaz Dai Fenglian del libro. Un tío Arhat con mucho menos peso en la historia. Un Dou Guan demasiado pequeño. Un Cuello manchado más revolucionario que bandido. Y luego las ausencias: No hay Bella, no hay Ren, no hay Juez Cao, no hay señora Liu, para mencionar sólo algunos.

No hay cabeza de perro, salomónicos juicios por gallinas ni brutales batallas épicas. Apenas si se muestra la afrenta a los padres avarientos, las masacres que rayaban en el genocidio y la resistencia acérrima y enconada, pero desgraciadamente fragmentada de los habitantes de Gaomi Noreste contra la ocupación japonesa. Acaso el mismo aparato propagandístico gubernamental que se esforzó por esconder tantas cosas de los ojos del mundo durante los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 (en la que Zhang Yimou dirigió la majestuosa inauguración), también incidió en que se impusiera la utilización de escenarios y costumbres de la vida rural y de la naturaleza, y evitó que el primitivismo violento y  los conflictos de valores que encontramos en la lectura se mostrarán abiertamente en el cine.

----------------------------------------

Ya al hacer un análisis completo de la obra, incluyendo los tres libros restantes de los cinco que componen Sorgo Rojo, me parece que el tercero (Vida de perros) baja considerablemente de calidad con respecto a los primeros dos (Sorgo rojo y Vino de sorgo), mejora en el cuarto libro (Funeral en el sorgo) y creo que el quinto (Muerte extraña) vuelve a ser tan bueno como los del inicio. En el global le doy  9 de 10 puntos, así de bueno me pareció.

En general, Sorgo rojo es violento, cruel, grotesco, salvaje y desgarrador; pero también es emotivo, conmovedor, inspirador y apabullante. El Yin y el Yan plasmados a partes iguales y equilibradas en cada frase, combinando magistralmente lo bello con lo grotesco, lo humano con lo bestial, lo penoso con lo reverencial, lo viejo con lo nuevo, lo bueno con lo malo y lo brutal con lo poético.

Personajes sólidos y relatos bien construidos, idas y vueltas en el tiempo y relatos en que se traslapan y confluyen dos y hasta tres generaciones. Descripciones verbalmente escuetas pero poderosamente gráficas que se imprimen en la mente y la memoria del lector, en una forma estética brutal e impactante. Mo Yan también evidencia algo de su influencia occidental en ese estilo narrativo que recuerda a García Márquez, cuando no tiene reparo alguno en revelar el final de un personaje mientras aun no termina de desarrollar su historia. Llega incluso a construir personajes atractivos e interesantes que enganchan al lector, y entonces los mata sin remordimientos apenas unas páginas después. Es probable que una de las pocas quejas que tengamos después de leerlo sea que  Mo Yan abandona personajes y deja historias inconclusas. Quizás se resguarda en el hecho de que ofrece alguna pista y da algunos detalles que el lector deberá conectar para intentar rellenar el "eslabón perdido". Sin embargo, en el balance, me declaro satisfecho de la lectura. De hecho, estoy muy interesado en leer más de Mo Yan.

Algunos de los tópicos abordados de manera particular en el libro:

LA BELLEZA EN SORGO ROJO

Mo Yan parece ver belleza en donde nadie más la ve. Sólo él puede mencionar el macabro episodio del desuello y la amputación, destacando la bandeja con "las orejas pálidas y bonitas del tío Arhat". Llegar a decir con naturalidad que "de su cuello saltó un chorro de bonita sangre roja, suave y fluida, como las plumas de las alas de un pájaro". O hacer la remembranza de que "un año antes, habían encontrado flotando en el río Negro cadáveres putrefactos de docenas de mulas, varados entre los juncos y las hierbas, en las aguas bajas y junto a los bancos de arena; sus vientres hinchados, quemados por el sol, reventaban, estallaban, descubriendo las relucientes vísceras, que se abrían como bellas flores, mientras dejaban que un oscuro líquido verdoso se derramase en la corriente".

¿Dónde reside la belleza sino en los ojos que la ven? 

Recuerdo la secuencia entre Jane Burnham y Ricky Fitts en American Beauty (1999):

Jane: ¿Eso es un funeral?
Ricky: Sí. ¿Has conocido a alguien que haya muerto?
Jane: No, ¿y tú?
Ricky: No. Pero sí vi a una vagabunda que murió congelada. La vi tumbada en la acera. parecía muy triste. tengo a la vagabunda grabada en el vídeo.
Jane: ¿Por qué grabaste eso?
Ricky: Porque era asombroso.
Jane: ¿Qué tenía de asombroso?
Ricky: Cuando ves algo así es como si Dios te mirase a los ojos por un instante. Y, si estas atento, puedes devolverle la mirada.
Jane: ¿Y qué ves?
Ricky: Belleza.


LA MUERTE EN SORGO ROJO

La ostentosa parafernalia de los funerales en tiempos de paz y bonanza, contrastante con el humilde funeral en el sorgo que los insufribles tiempos de guerra provocaron; más distante aun del macabro espectáculo de los cuerpos esparcidos en pedazos luego de la batalla, desmembrados y desgarrados por las jaurías de perros, tan lejano del perturbador pozo de los niños que no tenían edad para ser enterrados; dan muestra de la particular forma en que se aborda la muerte en la sociedad china del siglo XX, donde milenios de tradición se encuentran de golpe con la "modernidad" de las revoluciones con granadas y ametralladoras. 

No obstante, al final concluimos que la muerte es justa y nos iguala.  "En una noche de tormenta", nos narra Mo Yan, "un rayo abrió una fosa común en la que estaban enterrados comunistas, nacionalistas, labriegos, japoneses y soldados colaboracionistas —se la llamaba Tumba de todas las Almas—, esparciendo en una superficie de diez metros huesos cubiertos de podredumbre, que quedaron lavados por la lluvia y adquirieron un tétrico color blanco."

Debo resaltar que de entre las múltiples muertes descritas con la misma crudeza y naturalidad con que describe la vida, me quedo con los últimos momentos de la abuela mal herida, una fantástica transición que ni siquiera voy a contaminar con mi comentario y que mejor transcribo literalmente:

"Escucha la música del universo que, uno tras otro, producen los tallos del sorgo rojo. Mira las plantas y, a través de su visión borrosa, esos tallos se vuelven maravillosa e inefablemente bellos, grotescos y especiales: empiezan a gemir, a retorcerse, a gritar, a entrelazarse a su alrededor; por un instante parecen demonios y, de inmediato, buenos amigos y a los ojos de la abuela se retuercen como serpientes. Después, de pronto, se abren en espigas y ella no tiene palabras para describir aquel fulgor. Son rojos y verdes, negros y blancos, azules y verdes; ríen de todo corazón, lloran sin consuelo. Sus lágrimas son gotas de lluvia que caen en la ribera desolada del corazón de la abuela.

El cielo azul brilla a través de los tallos de sorgo. El cielo está tan alto y, a la vez, tan bajo. La abuela siente que el cielo y la tierra, el hombre y el sorgo están abrazados, refugiados bajo un dosel gigantesco. Las nubes blancas rozan las espigas de sorgo y su cara, haciendo resonar los bordes ásperos. La sombra acompaña el paso tranquilo de las nubes por el cielo. Una bandada de tórtolas baja y se posa sobre las espigas; su arrullo despierta a la abuela, que pronto distingue sus formas. Los ojos rojos de las tórtolas, tan grandes como semillas de sorgo, están fijos en ella. Les sonríe con verdadero afecto y ellas le devuelven la sonrisa, advirtiendo el amor ardiente por la vida de alguien que se niega a abandonarla. ¡Bonitas mías!, grita. ¡No quiero dejaros! Las tórtolas picotean deprisa las semillas de sorgo en respuesta a ese grito callado. Una a una tragan las semillas que han arrancado y sus buches se expanden poco a poco; sus plumas comienzan a abrirse como los pétalos bajo el viento y la lluvia.
¡Las tórtolas! Tranquilamente posadas en los restos de las plantas de sorgo, arrancadas de sus nidos por las tormentas de la guerra, las tórtolas observaban a la abuela como si llorasen su muerte cercana.
Los ojos de la abuela se fijaron una vez más en las tórtolas que, al emprender el vuelo, produjeron una melodía familiar. Se remontaron en el cielo inmenso y azul, llenándolo con su aleteo. La abuela comenzó a elevarse flotando, para unirse a ellas, desplegando sus alas recién brotadas, para describir círculos, ingrávida, por encima de la tierra negra y los tallos de sorgo. Mira con melancolía las ruinas de su aldea, allá abajo, junto al río tortuoso, entre las sendas y veredas que se cruzan; su mirada barre la escena caótica de proyectiles que perforan el cielo y de apiñadas criaturas que, en las encrucijadas, vacilan entre la vida y la muerte. Por última vez huele el aroma del vino de sorgo y el olor acre de la sangre tibia. Una escena que nunca había presenciado se dibuja en su mente: en medio de una ráfaga de ametralladora, cientos de aldeanos vecinos, con sus ropas destrozadas, yacen en el campo de sorgo con los brazos y las piernas agitados en una danza macabra...
El último hilo que la une a la humanidad está a punto de cortarse; toda sus melancolías, todos sus dolores, ansiedades y desalientos caen al suelo, golpeando el sorgo como una lluvia de granizo y se hunden en la tierra negra para arraigar y dar la vida al fruto amargo de las generaciones futuras.
La abuela ha conseguido su liberación. Se aleja volando con las tórtolas. Sus pensamientos, encogidos, no ocupan más espacio que el de un puño y están henchidos de alegría, paz, tibieza, bienestar y armonía. Se siente feliz. Con devoción genuina dice:
—¡Cielo! Mi Cielo..."


EL AMOR EN SORGO ROJO

"¿Qué es el amor? Cada uno tiene su propia respuesta. Pero esta emoción demoníaca ha domado a más hombres valientes y a más niñas bonitas y listas de los que se puedan contar. Con la base de la romántica historia del abuelo, los amores tempestuosos de mi padre y el desierto incoloro de mis propias experiencias amorosas, he elaborado un esquema del amor que se aplica tan sólo a tres generaciones de mi familia.
El primer ingrediente del amor —fanatismo— se compone de un sufrimiento desgarrador: un líquido semejante a la savia del pino mana del corazón herido y la sangre del sufrimiento fluye del estómago, atraviesa las entrañas y los intestinos y sale del cuerpo en forma de heces de la consistencia del alquitrán. El segundo ingrediente —crueldad— se compone de crítica despiadada: cada integrante de la pareja enamorada quiere desollar vivo al otro, física y psicológicamente, espiritual y materialmente. Surge la necesidad de destrozar las venas, los músculos y todos los órganos internos palpitantes, incluido el corazón, ya sea negro o rojo. Después se tiran a la cabeza los respectivos corazones, que chocan y se rompen en pedazos. El tercer ingrediente —frigidez— se compone de un silencio largo y pesado. Las emociones heladas hacen que la persona en amores se convierta en una estaca de hielo, primero helada en el aire, después en la nieve, a continuación en las aguas gélidas de un río y, por fin, en un congelador moderno, donde está junto a la carne de cerdo y al pescado congelado. De modo que las caras de las personas que están enamoradas de verdad se cubren de hielo blanquecino y la temperatura de su cuerpo es de veinticinco grados. Los dientes les castañetean con tal violencia que no pueden hablar: querrían hacerlo, pero ya no pueden, aunque los demás piensen que fingen que son mudos.
Y así es que el amor fanático, cruel, frígido es sencillamente una sangría interna, desollarse vivos y fingirse mudos. Un círculo vicioso.
El proceso del amor es el proceso de la sangre que se convierte en heces de color del alquitrán; la expresión del amor son dos personas cuya carne y cuya sangre se confunden cuando están juntos y el resultado del amor son dos estacas heladas de ojos inexpresivos y fijos."

¿Podíamos esperar una descripción menos cruel del amor, si viene del mismo Mo Yan que cuenta que "el aire se llenó del olor de la sangre coagulada y los pedazos de los cuerpos granizaron sobre los asistentes como tiernas expresiones de amor"?


LA DEMOCRACIA EN SORGO ROJO

Un par de críticas intervenciones le valieron a Cinco Penas para convertirse en mi personaje favorito:

"¡Ni del Partido comunista ni del Kuomintang! ¡Los odio a los dos! ¡Lo que yo digo es que China necesita un emperador! He leído la Novela de tres reinos y Los bandidos de los pantanos cuando era joven y lo tengo todo muy claro: las luchas van y vienen, largos períodos de división preceden a la unidad y largos períodos de unidad preceden a la división, pero el país siempre cae en las manos de un emperador. El país es la familia del emperador, la familia es el país del emperador.
Por eso él gobierna con todo su corazón. Pero si un partido político está en el poder, cada uno tiene su propia idea: el abuelito dice que hace demasiado frío, la abuelita se queja de que hace mucho calor y todo se fastidia."


LOS ANTEPASADOS EN SORGO ROJO

Una constante en el libro es la forma en que el narrador venera a sus antepasados y se avergüenza de la gente de su propia generación, a los que considera siluetas pálidas en comparación con sus ancestros. En algún momento se dirige a su abuela expresando que "comparado contigo, creo que soy como un piojo marchito que ha pasado hambre durante tres largos años". Hacia el final del libro, durante su visita a las tumbas de sus ancestros, alucina con que la abuela segunda emerge de su tumba y lo reprende: 

"Tú no eres mi verdadero nieto. ¡Mírate en el espejo! ¡Nieto —dice la abuela segunda con magnanimidad—, vuelve a tu tierra! Estás perdido si no lo haces. Sé que no quieres, sé que tienes miedo a las moscas, miedo a las nubes de mosquitos, miedo a las serpientes sin patas que se deslizan por el suelo húmedo en que crece el sorgo. Tú reverencias a los héroes y desprecias a los villanos, pero ¿quién entre nosotros no es 'el más heroico y el más cobarde'? Ahora estás ante mí y percibo ese olor de conejo que traes de la ciudad. Rápido, métete en el río Negro y remójate tres días y tres noches... ¡Lo que me preocupa es que, cuando el barbo del río beba ese tufo que saldrá de tu cuerpo, puedan crecerle a él orejas de conejo!"

Quizá  la postura de Mo Yan hacia su régimen sea más crítica de lo que nosotros pensamos. Comparar a la gente de las ciudades chinas de hoy con conejos timoratos, no deja de ser una crítica sutil al resultado de décadas de gobierno revolucionario de ideales progresistas. Mo Yan parece decirnos que en cambio van para atrás.

Es curioso que luego de contar con detalles un misterioso episodio de posesión demoníaca donde una criatura maligna habla a través del cuerpo muerto de la abuela segunda: el narrador se confiese en una condición semejante de extravío y ausencia de autocontrol: "Lo que me asusta es que mis ojos, también, tendrán una mirada semejante de inteligencia; que mi boca, también, dirá palabras que otros han repetido, repitiendo a su vez las de otros," ¿Se puede hacer de eso una lectura alusiva a la pérdida de la voz por una sociedad sin más opinión que la oficial, una en la que el escritor decide adoptar un seudónimo que significa "No hables"?

Finalmente, Mo Yan protesta por la tendencia a la extinción del sorgo rojo, reemplazado por el sorgo híbrido, al que considera impostor, falso, contaminante y odioso; una metáfora de las dos razas, una a la que corresponden sus ancestros venerables, otra en la que clasifica a sus contemporáneos despreciables.

"Dios, cuánto desprecio al sorgo híbrido.
Parece que el sorgo híbrido no madurase jamás. Sus ojos de color gris verdoso jamás se ven totalmente abiertos. Estoy de pie delante de la tumba de la abuela segunda y miro a estos infames hijoputas, unos altos, otros bajos, que ocupan el dominio del sorgo rojo. Llevan el nombre del sorgo, pero están privados de sus tallos altos y rectos; llevan el nombre del sorgo, pero están privados del color del sorgo. Les falta el espíritu y el aspecto del sorgo. Contaminan el aire puro del municipio de Gaomi Noreste con sus caras oscuras, opacas, ambiguas, largas, estrechas.
Verme rodeado de sorgo híbrido despierta en mí una fuerte sensación de extravío.
Rodeado por el sorgo híbrido, cuyas hojas que semejan serpientes se entrelazan en torno a mi cuerpo, cuyo invasivo verde oscuro envenena mis pensamientos, siento que me atan cadenas de las que no puedo librarme; jadeo y gimo y, como no puedo liberarme de mis sufrimientos, me hundo en las profundidades de la desesperación."

Parece que también en nuestro lado del mundo, nuestras generaciones indolentes, apáticas, grises y de tratos virtuales distantes e impersonales, no resultan exentas del mismo juicio que Mo Yan hace de los suyos en su propia tierra. Acaso nuestros ancestros también nos reclamarían que ignoremos o releguemos al olvido su legado. Quizá debamos hacer nuestra la reflexión final de Sorgo rojo y el juicio de los que nos precedieron al entregar sus cuerpos al suelo del que nosotros emergemos como frutos amargos:

"Los fantasmas de mi familia me envían un mensaje para que vea la salida del laberinto:
Tú, muchacho lastimoso, frágil, suspicaz, obcecadamente retorcido, que tienes el alma hechizada por un vino venenoso, baja al río Negro y remójate en sus aguas tres días y tres noches —recuerda, ni un día más ni un día menos— para limpiar tu cuerpo y tu alma. Después puedes volver al mundo real."

domingo, 5 de mayo de 2013

Sorgo Rojo, la película


Antes que nada, el club ya emitió su juicio sobre la película, no obstante quise compartir algunos datos de esta:

Zhang Yimou Debutó como director con Sorgo rojo (1987) , Yimou es uno de los precursores de la "quinta generación" de directores chino, con Sorgo Rojo  abrió paso a nivel internacional al cine chino.

Gong Li (la abuela) es una actriz galardonada, misma que hemos visto en películas como:  "Memorias de una geisha", "Hannibal, el origen del mal", "La maldición de la flor dorada" y otras. Sorgo Rojo fue su primera actuación en películas, aún era estudiante de actuación en Pekin.

- Gong Li aparece en la mayoría de películas de Zhang Yimou

- La película ganó el Oso de Oro Berlín (1988) y  Gallo de Oro (Jin Ji Jiang,premios nacionales del cine de China) a la Mejor Película, en total ha ganado 7 premios y 3 nominaciones. 7.5 Puntos imdb

- Mo Yan tenía 32 años cuando escribio SR y su publicación no causó ningún aspaviento hasta que tiempo después fue llevada a la pantalla por el cineasta Zhang Yimou. “No me importa lo que filmes”, le dijo Mo Yan a Zhang Yimou cuando este le propuso llevar al cine su novela Sorgo rojo.

- Una curiosa foto de Mo Yan (izq,) y Zhang Yimou durante el rodaje de Sorgo rojo (1988)



Algunas criticas, tomadas de filmaffinity, cuyo puntaje es 7.1:

"Sorgo rojo" es la primera película del maravilloso Zhang Yimou. Desde luego, no es la mejor (de hecho, es casi la menos destacable salvo por el hecho de ser la primera). "

"El film comienza con energía, para luego pasar a ser más calmado y comedido y finalizar con gran fuerza. Yimou aprovecha su pasado como fotógrafo para convertir la película en un encadenamiento de preciosas imágenes de tonalidades rojas. Sorgo rojo, sangre roja, tierra roja, atardecer rojo y eclipse rojo. "

"Película desconcertante en su tiempo. Bonita, impactante, con un ritmo narrativo al que ahora ya nos hemos acostumbrado, más o menos, pero que hace 20 años producía extrañeza y atención especial en el espectador occidental"

"A los 10 minutos veo la película con expectación, A los 40 minutos la veo desilusionado y medio aburrido pero mantengo todavía la esperanza que Zhang Yimou me vuelva a sorprender, pero en los últimos 20 minutos, me doy cuenta que asisto a un esperpento de película, que ni el propio director se cree...."

"Buena dirección y fotografía. La historia que cuenta y las costumbres del mundo rural chino en los años 30 resultan demasiado extrañas para la mentalidad occidental actual. La actriz principal es la patrona [Jiang Wen], cuya actuación mejora a los largo del metraje pero, pese a que el director chino es excelente, en esta película el producto ofrecido deja que desear"


Y para los que llegaron al final, ¡el gran premio!!!: nuestro hit musical "El sorgo se movía" (Vean sobre todo del 1:50 en adelante, cualquier parecido es pura casualidad).







martes, 9 de abril de 2013

La vida en rojo


Si existe la vida en rosa, ¿porqué no la vida en rojo?



En el libro uno, Mo Yan , nos describe en rojo el trayecto que la tropa del comandante Yu Zhan’ao debe atravesar en Gaomi Noreste y a medida que avanzan por los senderos, la carretera de Jiao Ping, los cultivos de sorgo y de maíz, esperando con ansias encontrar al enemigo para derrotarlo, también nos deleita con situaciones pintadas de rojo desde la concepción de un hijo, hasta la muerte de un humano.

El rojo no es exclusivo en sus descripciones, pero pareciera que se ensaña con este color, en algunos casos poniendo a prueba nuestra imaginación, tal vez sea por sinestesia ( percepción de varios tipos de sensaciones de diferentes sentidos en un mismo acto perceptivo: oír colores, ver sonidos y percibir sensaciones gustativas) es que pretende que escuchemos el sonido rojo de una trompeta, talvez por el buen augurio que representa el rojo en la cultura china o simplemente es un reflejo del significado que la sangre y el sorgo tienen en esta historia.

Aquí algunas frases recorriendo la gama de rojos:





"Aturdido, comenzó a lloriquear como un bebé: una lengua purpúrea de fuego recorrió el vacío de su cráneo."




"La silueta corva de un sol rojo sangre emergió sobre el campo de sorgo"

"La bruma, deshecha por la luz del sol, se asentaba sobre la corriente y tornasolaba el río negro rojos profundos y rojos dorados, como si fuese fuego: estaba inundado por el color."




"El eslabón era negro; el pedernal, rojo oscuro como el hígado cocido de una gallina"

"El sol tenía unos palmos de altura, rodeado su núcleo blanco por un halo rosáceo"






"La carretera yacía allí, como la muerte misma. El sorgo se había vuelto de color escarlata oscuro."






"El trompeta Liu avanzó sobre su rodilla, arrastrando la otra pierna, se llevó la trompeta a los labios y elevó su sonido hasta el cielo: un sonido escarlata."







"Sus pensamientos le traían la caza de patos con el tío Arhat, que tenía una escopeta con una culata de color rojo oscuro y una correa de cuero"







"La gente parecía cada vez más empequeñecida y las caras se veían de color arcilla o negras"








"La abuela lavó su cara ensangrentada en la cuba de vino hasta que apestó a alcohol y estuvo roja como una remolacha."










"Los melocotoneros estaban en plena floración roja; los sauces, verdes; caía una llovizna dulce y los rostros de las muchachas parecían flores"







"Pudo ver las andas bruñidas y purpúreas de madera de álamo y, por debajo, los hombros fuertes de los porteadores"










"Dos lágrimas delicadas, tan trasparentes y rosáceas como los granos faltos de sazón del sorgo, humedecieron las pestañas de mi abuela" 




"Un relámpago rojo sangre cruzó el cielo por el noreste y algunos rayos estentóreos de luz solar amarillo albaricoque desgarraron las nubes oscuras..."










"Donde se dirigiera la vista, las espigas delgadas del maíz se erguían entre la maleza lozana, con el ondular orgulloso de sus flores purpureas, azulinas, rosáceas y blancas."








"La abuela y el abuelo se amaron rodeados por la vitalidad del campo de sorgo........Ambos labraron las nubes y esparcieron lluvia sobre el campo, sumando una pátina de rojo brillantes ...."








"Mi padre fue el primero en ver a la abuela.........una fuerza secreta le dijo que mirase hacia el oeste; la vio flotando en dirección a ellos, como una espléndida mariposa roja."

viernes, 5 de abril de 2013

Mo Yan, la literatura y la política

Son muchas las críticas vertidas sobre Mo Yan por lo que algunos interpretan como una postura política ambigua con respecto al régimen de su país.

Justamente anoche, en la reunión del club, comentábamos acerca de lo radicales que pueden llegar a ser los juicios y condenas que la sociedad emite sobre los escritores y otros personajes del mundo del arte y la cultura. Es como si esa condición los obligara a tener una postura política claramente definida, a tomar bando, a tornarse críticos, a ser la voz de sus pueblos. Qué bien si lo hacen.  Pero en vista de que el carácter de quien escribe y sus motivaciones para escribir pueden deberse a causales muy diferentes, no podemos satanizar a aquellos que aprenden a convivir con sus entornos sin ser permanentes denunciantes del sistema. Privarse de leer a un autor porque tiene una ideología diferente de la nuestra o porque carece de una claramente definida, es una señal inequívoca de arrogancia e intolerancia, de valoraciones sesgadas y de juicios precipitados. Y la ignorancia y la pobreza de criterio se agazapan detrás de ese tipo de penosos prejuicios.

¿Dejaríamos de leer a Borges, a García Márquez o a Vargas Llosa por razones políticas? ¿Caeríamos en odiosos estereotipos y obviaríamos a Salarrué por su supuesta condescendencia con la dictadura de Martínez, a Camilo José Cela por franquista, a Camus por anarquista, a Gorki por marxista, o a Günter Grass por nazi?

Cito a Jorge Luis Borges:

"Yo descreo de la política no de la ética. Nunca la política intervino en mi obra literaria, aunque no dudo que este tipo de creencias puedan engrandecer una obra. Vean, si no, a Whitman, que creyó en la democracia y así pudo escribir Leaves of Grass, o a Neruda, a quien el comunismo convirtió en un gran poeta épico… Yo nunca he pertenecido a ningún partido, ni soy el representante de ningún gobierno… Yo creo en el Individuo, descreo del Estado. Quizás yo no sea más que un pacífico y silencioso anarquista que sueña con la desaparición de los gobiernos. La idea de un máximo de Individuo y de un mínimo de Estado es lo que desearía hoy…"

Harina de otro costal, pero al fin y al cabo harina: Se viene a mi memoria la sarta de insultos y acusaciones de "traición" que escuché de boca de muchos de pensamiento radical cuando Joaquín Sabina tuvo a bien reunirse, conversar, comer, beber y cantar algunas canciones con el entonces presidente mexicano Felipe Calderón.

Pues bien, el caso es que Mo Yan tampoco está exento de ese tipo de acusaciones. Sé de diferentes fuentes en la Web, que Mo Yan ha sido crítico de algunas políticas de Estado en su país, como la del hijo único. También he leído opiniones que lo califican de tibio y blandengue. Otros aseguran que es un conocedor de los límites de la censura en el régimen comunista chino, mismos que aprendió a bordear con habilidad y destreza quirúrgicas. Pero como en lo personal no sé demasiado del pensamiento político del Nobel 2012, y dado que lo único que he leído de él hasta este momento no me parece ni crítico ni benevolente con el régimen de su país; me puse a buscar alguna declaración suya que me diera más luz sobre su postura con respecto al sistema en el que vive, primero desde su condición de ciudadano y escritor y, más recientemente, desde el sitial de embajador de la literatura china que el premio Nobel le concede en los hogares de tantos lectores alrededor del mundo. 

Aclaro que el propósito de la búsqueda no es político en si mismo. Antes bien, es un complemento a su perfil biográfico. Es bien sabido que conocer mejor al autor, muchas veces revela y aclara aspectos poco evidentes y menos comprensibles de su obra.

En ese sentido, me permito reproducir la interesante entrevista que Der Spiegel hizo a Mo Yan hace apenas un mes.


Mo Yan: “Mis enemigos son sobre todo escritores”
BERNHARD ZAND Pekín 3 MAR 2013 - 22:24 CET

El escritor chino, figura controvertida por su proximidad al régimen comunista, concede su primera entrevista tras la entrega del Premio Nobel de Literatura. Hace un ejercicio de autocrítica, pero sobre todo critica a sus críticos

El premio Nobel de literatura chino Mo Yan tiene 58 años y es miembro del Partido Comunista (PC) desde 1979. Hizo carrera en el Ejército, y actualmente es vicepresidente de la Asociación de Escritores del PC. Pese a todas las críticas vertidas contra el régimen chino, evidentes en sus fantásticas novelas, al autor sigue considerándosele una persona fiel a este. Sus lectores llevan mucho tiempo tratando de asimilar esta paradoja. Igual de divididas estuvieron las reacciones ante la concesión del máximo galardón de las letras mundiales. Algunos disidentes chinos como el escritor Liao Yiwu se quedaron “atónitos”, mientras que muchos otros, como el alemán Martin Walser, se apresuraron a asegurar que Mo es un “maestro fuera de toda duda”.

 Él se deshizo en explicaciones. Había rechazado peticiones de entrevistas procedentes de todas partes del mundo. Y en la rueda de prensa previa a la entrega de premios en Estocolmo se volvió a montar un escándalo: afirmó que la censura en China era "un mal necesario", y analistas del mundo entero reaccionaron indignados.

Recientemente, Mo se reunió de forma improvisada con este periodista. "Muy breve", dijo previamente. Como punto de encuentro eligió una tetería pekinesa. El "muy breve" acabó convirtiéndose en dos horas.

Pregunta. Su nombre artístico Mo Yan significa literalmente "no hables". Parece que se toma eso muy en serio. ¿Por qué rehúye el contacto?

Respuesta. Porque me cuesta realizar comentarios de corte político. Escribo deprisa, pero pienso de manera concienzuda. Cada vez que hablo en público, me pregunto posteriormente si me he expresado con claridad. No obstante, mis opiniones políticas están muy claras. Se pueden consultar en mis libros.

P. En su libro Rana (2011) y describe las consecuencias de la política de hijo único de China. ¿Qué opinión le merece ese tema?

 R. Como padre pienso que uno debería tener tantos hijos como quiera. Pero como oficial tuve que atenerme a la norma aplicable a todos los funcionarios del Estado: un hijo y no más. No resulta sencillo solucionar el problema de la población en China. Solo hay una cosa de la que estoy completamente seguro: a nadie se le debe impedir tener un hijo por medio de la violencia.Considero que Rana es un libro de autocrítica.

P. ¿En qué sentido? Usted no tiene ninguna culpa de los abortos forzosos que describe.

R. En las últimas décadas, China ha vivido cambios radicales tan profundos que casi todos nos sentimos víctimas. Pero casi nadie se pregunta si él mismo ha sido culpable, si le ha hecho daño a alguien. Yo, por ejemplo, puede que solo tuviera 11 años, pero en la época de la Revolución Cultural fui miembro de la Guardia Roja y fui partícipe de la crítica pública a mis profesores. Estaba celoso de los resultados de otras personas, de su talento, de la suerte que tenían. Y en aras de mi propio futuro, insté a mi mujer a que abortara. Yo soy culpable.

P. Sus libros pintan un amargo retrato de la China moderna. Parece que ni sus personajes, ni la sociedad, ni el propio país evolucionan en estas novelas.

R. En ese sentido no soy típicamente chino. Las historias y los dramas chinos suelen terminar bien. Pero la mayoría de mis libros tienen un final trágico. Sin embargo, hablan de esperanza, dignidad y fuerza.

P. Desde un punto de vista artístico, sus novelas se leen como películas: esquivan la mirada directa dentro de la mente de sus personajes.

R. Eso forma parte de la experiencia espiritual de mi generación. Algunas personas han reconocido que la Revolución Cultural fue un error del Partido, pero también han aceptado que el Partido ha corregido este error.

P. ¿Qué piensa usted al respecto? Usted también tuvo que abandonar su educación durante la Revolución Cultural, y eso que era miembro del Partido.

R. El Partido tiene 80 millones de miembros, y yo soy uno de ellos. Yo me afilié al Partido en 1979, cuando servía en el Ejército Popular de Liberación, y tardé un tiempo en darme cuenta de que la Revolución Cultural era atribuible a los errores de unos cuantos mandatarios. No estaba directamente relacionada con el Partido.

P. En sus libros critica a los funcionarios del Partido Comunista y sus actos de forma radical, pero en sus declaraciones políticas, e incluso en esta entrevista, es usted muy blando. ¿Cómo explica esta contradicción?

R. No existe ninguna contradicción con mi postura política si critico duramente a funcionarios del Partido. Siempre he hecho hincapié en que me considero un escritor de las personas, no escritor del Partido. Detesto a los funcionarios corruptos.

P. El escritor chino Liao Yiwu dice que usted es un escritor al servicio del Estado, que no guarda ningún tipo de distancia con el Partido.

R. Sé que Liao me envidia por haber recibido este premio, y lo entiendo. Pero la crítica que me hace no está justificada.

P. ¿A qué crítica se refiere concretamente?

R. Me reprocha, por ejemplo, que he ensalzado a Bo Xilai...

P. El líder del Partido en Chongqing encarcelado por un supuesto caso de corrupción...

R. Se refiere a un poema. Pero es todo lo contrario: estaba siendo sarcástico, escribí un poema satírico. Permítame que vuelva a escribirlo.

Coge un cuaderno y escribe:

Suenan las canciones rojas, resuenan los golpes contra los negros.
El país entero tiene la vista puesta en Chongqing.
Mientras la araña blanca teje una auténtica red,
el caballo negro con diarrea no es ningún joven iracundo.
Los poetas no son ni de izquierdas ni de derechas.

“En otoño de 2011”, continúa Mo, “un amigo de Chongqing me pidió una caligrafía, que es algo que se suele hacer entre poetas. Le envié este poema, y me contestó: ‘No sé si tengo que reír o llorar’. En el país había por aquel entonces muchas personas que alababan al cabecilla del Partido Bo por su lucha contra los negros, es decir, la mafia, y porque dejaba cantar ‘canciones rojas’. A muchos escritores les pidieron que hicieran lo mismo. Cuando hablo de la araña blanca me refiero a los jóvenes en China que se pasan todo el día en Internet, y que realmente destapan a criminales: los funcionarios corruptos. El caballo negro con diarrea representa a todas las personas que solo personifican a los intelectuales. Y luego sigue una exhortación a mis amigos escritores para que no se adhieran ni a la izquierda ni a la derecha, sino que escriban en nombre de las personas.

P. ¿Sus críticos han malinterpretado a propósito este poema para que la gente lo tomara a usted por un amigo de Bo Xilai?

R. Mis enemigos son principalmente escritores, personas que también escriben poesía, y saben perfectamente que este poema es una sátira. Pero desde que me concedieron el Premio Nobel, miran mis errores con lupa y trastocan el significado de mis poemas.

P. Uno de los principales reproches que le hacen los disidentes chinos es que haya contribuido con un libro que celebra el infame discurso de Yan'an de Mao Zedong, un discurso en el que se fijaron en 1942 los límites que no se iban a poder sobrepasar al escribir.

R. Ese discurso es actualmente un documento histórico que contiene elementos razonables, pero también errores. Cuando mi generación y yo empezamos a escribir, fuimos ampliando y sobrepasando poco a poco los estrictos límites que nos habían impuesto. Ninguna persona con conciencia que lea textos míos de esa época podrá decir que no soy crítico.

P. Pero ¿por qué contribuyó entonces con ese libro?

R. Honestamente fue una idea comercial de un editor, un viejo amigo mío. Ya se había granjeado a más de 100 escritores, y durante una conferencia se paseó con un libro y un bolígrafo y me pidió que copiara un párrafo del discurso. Le pregunté: “¿Qué quieres que escriba?”. Y me dijo: "Mira, esto es lo que he elegido". Fui lo bastante vanidoso como para hacerlo: quería presumir de mi caligrafía.

P. En su novela La vida y la muerte me están desgastando (Kailas), a uno de los protagonistas se le cae una insignia de Mao Zedong a la letrina; y en su tomo autobiográfico Cambios (Seix Barral) revela que utilizaba estatuillas de Mao para ahuyentar a las ratas de su dormitorio. ¿Por qué se atreve a romper de ese modo los tabúes en sus libros, pero se muestra huidizo en público?

R. ¿Usted cree que soy tan cuidadoso en público? Entonces no habría accedido a mantener esta entrevista. Soy escritor, no actor. Y cuando escribí esas escenas, no estaba pensando en romper con ningún tabú. Si con eso he conseguido mostrar que Mao era solo un hombre, me parece bien. Cuando yo era pequeño, pensaba que era Dios.

P. Actualmente es usted vicepresidente de la Asociación de Escritores de China. ¿Se puede ocupar ese puesto en China sin estar próximo al Gobierno?

R. Es un título honorífico que no le importaba a nadie hasta que no me concedieron el Premio Nobel. Pero hay gente que cree que un nobel tiene que ser por principio miembro de la oposición. ¿Eso es así? A esas personas no les interesa lo más mínimo lo que escribo. ¿No debería concederse el Premio Nobel de Literatura por la literatura, por lo que uno escribe?

P. En China hay personas que son perseguidas y encarceladas por lo que escriben. ¿No siente la obligación de aprovechar su distinción, su popularidad, para defender a esos escritores?

R. He afirmado públicamente que espero que Liu Xiaobo recupere su libertad lo antes posible. Sin embargo justo después volvieron a atacarme y me obligaron a expresarme una y otra vez sobre esta misma cuestión.

P. Liu fue galardonado en 2010 con el Premio Nobel de la Paz. Defenderlo constantemente tendría realmente más efecto que un comentario aislado.

R. Esos rituales de la repetición me recuerdan a la Revolución cultural. Yo hablo cuando quiero. Cuando no quiero, ningún cuchillo en la garganta va a obligarme a hacerlo.

P. Entre sus críticos se encuentra el artista Ai Weiwei.

R. ¿Y qué ha dicho de mí?

P. También le tacha de ser un escritor al servicio del Estado. Afirma que es ajeno a la realidad del país y que, como intelectual, no es usted apto para representar a China.

R. Pero ¿no son la mayoría de los artistas en China artistas al servicio del Estado? Muchos ocupan cátedras, otros escriben en periódicos estatales. ¿Y qué intelectual puede afirmar de sí mismo que representa a China? Yo no. ¿Puede Ai Weiwei? Creo que los únicos que pueden realmente representar a China son los que están ahí fuera excavando con las manos en la suciedad y adoquinando las calles.

P. Usted no es solo miembro del Partido, sino que ha afirmado en numerosas ocasiones que cree firmemente en la utopía del comunismo. No obstante, ¿no demuestran gradualmente sus libros que el comunismo no funciona? ¿No resultaría natural decirle adiós a dicha utopía?

R. Lo que escribió Marx en el Manifiesto comunista es de una belleza magnífica. No obstante, me parece muy complicado llevar ese sueño a la práctica. Por otro lado, cuando me fijo en el Estado de bienestar de los países de Europa, sobre todo del norte de Europa, me pregunto: ¿son concebibles estos Estados, estas sociedades, sin Marx? En cierto modo, el marxismo ha salvado al capitalismo, porque los que realmente se han beneficiado de las bendiciones de esa ideología son las sociedades occidentales. Los chinos, los rusos y los europeos del Este malinterpretamos a Marx.

Der Spiegel. Traducción de News Clips.

jueves, 4 de abril de 2013

Sorgo rojo, Libro 1

Luego de haber completado el libro 1, la primera de 5 partes de la lectura de Sorgo rojo, si me viera obligado a definir el libro en una palabra, diría que es cabrón. CABRÓN, sí, con todas las letras mayúsculas. Y Mo Yan es un cabronazo.

Perdonenme por favor que no utilice otra palabra más elegante y menos grosera del amplio y vasto lenguaje de Castilla, pero esa es la que se me impone desde las vísceras. Y nótese que digo cabrón (y lo aclaro por las diferentes definiciones, acepciones y connotaciones que la palabra tiene entre los hispanoparlantes de distintas procedencias), en el sentido de "notable, sobresaliente, impresionante, increiblemente hábil, tremendamente bueno en lo que hace, digno de admiración".

Por supuesto que no omitiré mencionar que la traducción tiene un gran mérito en todo esto. Me parece impecable, muy bien lograda. Palmas para Ana Poljak a partir de la traducción inglesa de Howard Goldblatt.

Mi valoración es que Mo Yan puso la razón a las órdenes del sentimiento y el cerebro al servicio de las tripas. Desarrollada magistralmente en líneas, frases y párrafos dotados de una fuerza avasallante y una brutal violencia poética, Sorgo rojo es una historia contada de manera visceral, desde las honduras de las entrañas. No sé cual sea el método de escritura de Mo Yan, pero estoy seguro que debe hacerlo con tal fuerza que si escribe manuscritos seguramente rasga el papel, y si pica a máquina, con toda certeza debe golpear las teclas con apasionado lujo de barbarie. Mo Yan debe escribir con la misma violencia con la que Beethoven tocaba el piano, como para trascender sus propios oidos inútiles y escuchar cada nota con el alma. 

"Con este libro invoco respetuosamente las almas heroicas y valientes que vagan por los campos de sorgo rojo incandescente de mi pueblo natal. Como vuestro hijo indigno, estoy dispuesto a arrancarme el corazón, marinarlo en salsa de soja, desmenuzarlo y colocarlo en tres cuencos para depositarlo, a modo de ofrenda, en un campo de sorgo. ¡Disfrutad de él con buena salud!"

El autor inicia  su libro ofrendando su corazón en una dedicatoria conmovedora. Pero la verdad es que en cada linea deja hígado, estómago, riñones e intestinos, jirones de piel y charcos de sangre. 

Son incontables las expresiones del libro que evidencian un uso libre, decidido y poderoso de la palabra por parte del autor: 

"Orinar con furia"
"Matar, saquear, defender la tierra en una danza valerosa y alborotada"
"El río brama encrespado entre la niebla invasora"
"Esforzarse y bizquear hasta que la mirada perfore la niebla"
"El cielo es hondo e infinito"
"Tenía el aspecto de un melocotón, un espíritu luminoso y una mente clara"
"En sus manos ajadas los tendones hinchados parecían  el dibujo de una corteza de melón"
"Era un anciano leal que embelleció la historia de nuestra familia"
"Ladridos de perro, gritos humanos, el amanecer. La silueta corva de un sol rojo sangre emergió sobre el campo de sorgo, al este, y sus rayos se metieron dentro del agujero negro de la boca abierta del tío Arhat"
"Aunque la pistola le hacía daño al golpearle el muslo, la insensibilidad que iba en aumento lo convertía en un verdadero hombre: poderoso, invencible"
"El comandante Yu recogió un puñado de tierra y la arrojó sobre la tapa brillante del ataúd. El golpe sordo resonó en todos los corazones. Los hombres comenzaron a echar tierra negra en la tumba y el ataúd gemía de ira a la vez que desaparecía entre el polvo negro, que se fue acumulando más y más, hasta llenar la tumba y alzarse después, formando un túmulo que parecía un bollo ya cocido"
"Hay un misterio insondable en esa sonrisa, una marca de hierro que imprime en la memoria del muchacho una huella, como la herradura de un caballo"
"De mi padre se puede decir que fue concebido con la esencia del cielo y de la tierra, como una cristalización de sufrimiento y gozo salvaje"
"Todo su pasado es como una procesión de frutos dulces y fragantes que caen rápidamente a tierra"

Y en definitiva me quedo corto en las citas, porque en realidad he disfrutado cada línea leída.

Antes de iniciar la lectura, cuando buscaba en la web algunas imágenes para la portada del mes en la página de Facebook del Club de la Buena Estrella, pensé que los campos incandescentes de sorgo rojo eran una metáfora del fuego, de los relatos incendiarios en que el libro abunda. Pero luego de leer Sorgo rojo, entiendo bien que es una metáfora del ingrediente omnipresente en todas sus páginas: la sangre. La sangre que torna rosáceas las mejillas de la abuela del autor y heroína de la historia, la sangre que se contrae en el centro del cuerpo en un glorioso calambre espasmódico, para luego liberarse e irrigar todas las venas en un alivio orgásmico;  la sangre del degüello y el desuello expresados de manera cruda, gráfica y detallada, la sangre que baña los campos en los cruentos combates de la resistencia china contra la ocupación japonesa hacia finales de los años 30. Ese olor dulce y corrupto del rojo que fluye, el caudal de la vida. Porque todas las historias, las buenas y las malas, las de dolor y las de placer, las de tristeza y las de felicidad, las de vida y las de muerte, se nutren de ese torrente escarlata y ocurren en los campos de sorgo, entre el rojo que corona las espigas y el negro de la tierra en que germina la vida y se depositan los despojos de la muerte.

Sorgo rojo es un libro que me ha impresionado profundamente. Algunas líneas se me atragantaron con nudo en la garganta, otras me nublaron los ojos. Hubo páginas que leí con puños apretados y algún final de capítulo me pilló con los párpados pegados a los superciliares y la respiración contenida. A lo largo y ancho de su lectura experimenté la adrenalina de la batalla, bullí en indignación y furia, me llené de compasión y consternación, y sentí profunda admiración y respeto.

La vida es absurda y ridículamente maravillosa, parecía decir Woody Allen, autor del libro de marzo. Mo Yan, en cambio, parece decirnos que nuestra existencia es cruda, cruel y violenta pero inobjetablemente hermosa, que la vida es desgarradoramente maravillosa. 

Puedo asegurar con determinación que leeré más de Mo Yan.

Mo Yan, Datos Biográficos

¿Mo Yang? ¿Ya Mon? Si, el nombre de Mo Yan, escritor chino galardonado con el Nobel de Literatura de 2012, entró en nuestras vidas al caer parado en la viñeta del mes de abril del Club de la Buena Estrella, destinada al ganador del reputado galardón.

Según algunos analistas de su obra, Mo Yan te gustará si te gustan Gabriel García Márquez o William Faulkner. "El lector debe tener en cuenta que no está leyendo a un autor europeo, sino a uno asiático con mucha influencia de autores europeos o americanos como estos dos", explica Eugenio Suárez Galbán, profesor de Literatura Comparada de la Universidad de Nueva York en Madrid. Este experto conoció al Nobel hace años, cuando visitó España para promocionar Grandes pechos y amplias caderas (Kailas, 2007). "También me citó como referencia a Hemingway, pero no a Kafka, aunque se le suele llamar el 'Kafka asiático' por el realismo fantástico de La metamorfosis o la represión política de El proceso", añade el profesor.

Así es la literatura de Mo Yan. "Es una literatura rápida de leer. Recuerda a García Márquez porque salta de tema en tema sin abandonar la temática central. No se detiene en largas descripciones. Es literatura palpitante: se lee con fluidez", apunta Suarez Galbán.

¿Qué es eso del realismo alucinógeno? "Es un realismo que a veces llega a una violencia brutal, un realismo que no se puede llamar mágico, pero sí delirante, fantástico", opina.

El mejor libro para empezar a leer a Mo Yan es La balada del ajo. "Es la novela que lo lanzó y es representativa de su época de fase de denuncia", explica Suárez Galbán. Le preguntamos también sobre Grandes pechos y amplias caderas, por ser más conocida en España. "Estuvo entre los 10 más leídos en España y tiene casi 900 páginas. Es también una novela extraordinaria, sobre la opresión de la mujer china. El título parece erótico, y hay una parte que lo es, pero hace referencia al ideal femenino de la madre. Además, me contó que la escribió en poco más de 40 días", cuenta. Las mujeres son parte central de su obra. El propio autor asegura que con su literatura pretende "denunciar la sociedad machista".

"Sus libros le pueden gustar a cualquier adulto interesado en lo que está pasando en China y en el mundo. Son temas que tienen alcance universal porque es la represión que todos hemos sentido en algún momento", cuenta. A su favor, este experto dice también que "pese a que hay lectores a los que les cuesta entrar en la cultura china", por falta de conocimiento y referencias previas, leer a Mo Yan es más fácil porque "mezcla de todo: humor, folclore, tradiciones, alegorías. En algunas de sus novelas hablan los animales."

Hay un par de películas basadas en sus obras. Sorgo Rojo, basada en su libro homónimo que llevó al cine Zhan Yimou en 1987 y que retrata varios turbulentos decenios del XX a través de cinco relatos entrecruzados, y Happy Times, rodada tres años después por el mismo director.

----------------------

VIDEO 

Mo Yan gana el Premio Nobel de Literatura 2012


----------------------

BIOGRAFÍA

Mo Yan (chino: 莫言, pinyin: Mò Yán; nacido en Gaomi, Shandong, 17 de febrero de 1955), seudónimo de Guan Moye (chino tradicional: 管謨業, chino simplificado: 管谟业, pinyin: Guǎn Móyè), que significa "no hables", es un escritor chino, Premio Nobel de Literatura en 2012.

Nació en la provincia de Shandong, en una familia de granjeros. Dejó la escuela durante la Revolución Cultural para trabajar en una fábrica de petróleo. Se alistó en el Ejército Popular de Liberación, las actuales fuerzas armadas de su país, a los veinte años, y empezó a escribir siendo todavía soldado.

Fue un ávido lector de Gabriel García Márquez, por quien se vio influido; también se inspiró en William Faulkner y León Tolstoi. En 1981 publicó su primera novela, Lluvia en una noche de primavera. En 1984 obtuvo un puesto en la Escuela de Arte y Literatura del Ejército, lo que le permitió dedicar más tiempo a escribir. El éxito le llegó con sus novelas El rábano transparente y, sobre todo, El sorgo rojo (1987). En 1996 publicó Grandes pechos amplias caderas, donde casi un siglo de historia de China es visto a través de los ojos de una mujer. Este libro fue prohibido por las autoridades de Pekín.

En Occidente es conocido principalmente por la adaptación cinematográfica de una de sus novelas que, bajo el título de Sorgo rojo, rodó el director Zhang Yimou.

Se le ha comparado en ocasiones con Franz Kafka, y sus obras han sido traducidas a numerosos idiomas, incluido el español. En una entrevista concedida en 2008, declaró que "quizá dentro de cien años un chino pueda ganar el Nobel". No obstante, su consagración mundial definitiva le llegó el 11 de octubre de 2012, al ser galardonado precisamente con el Premio Nobel de Literatura, calificándolo como el mejor escritor vivo del momento, destacando la victoria de la literatura sobre la política. 

Mo Yan ha publicado en mandarín numerosos relatos y novelas, de las que han sido traducidas sólo algunas al español. Varias de las novelas de Mo Yan han sido llevadas al cine.

OBRAS

Las traducciones de las obras de Mo Yan son en su gran mayoría traducciones indirectas a partir de la traducción inglesa, lo que disminuye su calidad.

Sorgo rojo (1987), trad. indirecta: Ana Poljak (a partir de la traducción inglesa de Howard Goldblatt, 1992); El Aleph, Barcelona, 1992; ISBN 978-84-7669-173-1.

Las baladas del ajo (1988), trd.: Carlos Ossés; Kailas, Madrid, 2008; ISBN 978-84-89624-42-9

La república del vino (1992), trd.: Cora Tiedra, Kailas, Madrid, 2010; ISBN 978-84-89624-73-3

Grandes pechos, amplias caderas (1996); trd.: Mariano Peyrou; Kailas, Madrid, 2007; ISBN 978-84-89624-26-9

Shifu, harías cualquier cosa por divertirte (1999), trd.: Cora Tiedra, Kailas, Madrid, 2011; ISBN 978-84-89624-81-8

La vida y la muerte me están desgastando (2006), trd.: Cora Tiedra, Kailas, Madrid, 2010; ISBN 978-84-89624-61-0

Rana (2011), trad. del chino: Yifan Li, Kailas, Madrid, 2011; ISBN 978-84-89624-84-9

Cambios (2010), Seix Barral, Barcelona, 2012; ISBN 978-84-322-1484-4

ADAPTACIONES CINEMATOGRÁFICAS

Sorgo rojo (1987) (dirigida por Zhang Yimou)
Happy Times (2000) (dirigida por Zhang Yimou).
Nuan (2003) (dirigida por Huo Jianqi)

PREMIOS Y RECONOCIMIENTOS

Premio Nobel de Literatura 2012

"Una revisión convincente y mordaz de cincuenta años de propaganda".
Así se refirió a Mo Yan el presidente del Comité Nobel de Literatura, Per Wästberg, durante la alocución con la que le presentó antes de que recogiera del manos de rey Carlos Gustavo de Suecia la medalla y el diploma que acreditan el premio.

De todos los Nobel entregados hoy, el que más expectación había suscitado fue el de Mo Yan, seudónimo que significa "no hables" y cuyo nombre es Guan Moye, quien desde que se conoció la atribución del premio ha recibido críticas, entre otros, de disidentes chinos por considerarle un intelectual del régimen.

En su presentación, Wästberg no ahorró elogios a la literatura de Mo Yan, de 57 años, y su retrato de la sociedad china, del que dijo que "describe un pasado que, con sus exageraciones, parodias y derivaciones de mitos y cuentos populares, es un revisión convincente y mordaz de cincuenta años de propaganda".

El jurado ha destacado que el autor chino "combina los cuentos populares, la historia y la contemporaneidad con un realismo alucinante".


En 2011 ganó el Mao Dong, el premio de novela más importante dentro de la República Popular China, y que se otorga cada cuatro años. Lo compartió con Zhang Wei, Liu Xinglong, Feiyu Bi y Zhenyun Liu, y a cada uno le correspondió casi 80 mil dólares. Fue candidato al Premio Neustadt Internacional de Literatura (1998), al Premio Kiriyama (2005), y en 2010 fue nombrado miembro honorario de la Asociación de Lenguas Modernas. Antes de eso, disfrutó de las luces del éxito en la industria cinematográfica oriental, el director Zhang Yimou adaptó Sorgo rojo (1987, ganadora del Oso de Oro en Berlín) y Shifu: harías cualquier cosa por divertirte (2000, Happy Time). También otro director, Huo Jianqi, dirigió Nuan (2003). 

SUJETOS DE ADMIRACIÓN

Vale decir, desde hace 25 años es un escritor con una posición acomodada, vive en Pekín y supo adecuarse a los giros de timón de la política cultural del oscilante e impredecible Partido Comunista Chino. En declaraciones públicas ha mencionado su admiración por Lu Xun (1881-1936), un escritor fundamental para la historia canónica del realismo socialista de la patria refundada por el poeta rebautizado como Mao Zedong (El Libro Rojo).

La otra admiración del premiado es por Wang Anyi, otra escritora realista, hija de un ex miembro del Politburó, y que también fue criada por la sociedad china bajo las consignas y secuelas de la Revolución Cultural.

----------------------

Mo Yan: "Estoy tremendamente feliz y asustado”

Comparado con Kafka, Faulkner y García Márquez, el escritor chino de 57 años, Guan Moye, conocido por su seudónimo Mo Yan, es el nuevo Premio Nobel de Literatura. Entre sus obras más importantes traducidas al castellano están Sorgo rojo (1987), Grandes pechos, amplias caderas (1996) y La vida y la muerte me están desgastando (2006). Según la biografía oficial en el sitio Nobelprize.org “Mo Yan enlaza en su creación narrativa con sus experiencias de juventud y con los ambientes de la provincia en que creció.”

Mo Yan, que significa “no hables” en chino, ha logrado en su obra, según el comité del Nobel, un “realismo alucinatorio” que “une cuento, historia y lo contemporáneo.”

En una entrevista de agosto de 2008 en elmundo.es Mo Yan dijo sobre su obra maestra, Grandes pechos, amplias caderas: “El título de este libro ha causado una gran polémica. El significado Grandes pechos, amplias caderas en chino es más profundo que una alusión a la fertilidad. He escogido este título para expresar mi respeto y reverencia a las mujeres y, sobre todo, para agradecer a las madres la bondad que dan a sus hijos.”

Cuando supo que había ganado el galardón más codiciado de las letras mundiales Mo Yan dijo que estaba “tremendamente feliz y asustado.”

Citando, nuevamente, de la biografía oficial Mo Yan “creció en Gaomi en la provincia de Shandong en el noreste de China. Sus padres eran campesinos. Durante la revolución cultural dejó la escuela a los doce años y empezó a trabajar en la agricultura, y más tarde en una fábrica. En 1976 se enroló en el Ejército Popular de Liberación y fue durante esa época cuando empezó a estudiar literatura y a escribir sus propios relatos. Su primer cuento se publicó en una revista literaria en 1981. El éxito llegó unos años más tarde con la novela corta Touming de hong luobo (1986, en francés Le radis de cristal 1993).”

Aunque sus libros han sido traducidos Mo Yan es, tal vez, más conocido en occidente por la película Sorgo rojo (1987) del director Zhang Yimou y basada en un relato de Mo Yan.

Mo Yan es el segundo chino de ganar el Nobel de Literatura. En el 2000 ganó el novelista Gao Xingjian, un exiliado de su país que había renunciado a la ciudadanía. En ese momento Xingjian fue fuertemente criticado en China por ese exilio, aunque Mo Yan lo defendió públicamente.

Explicando su seudónimo en una conferencia en Berkley, California en 2011 Mo Yan dijo que durante su infancia “las vidas no eran normales entonces mis padres me decían que no hablara. Si hablabas afuera y decías lo que pensabas te metías en problemas. Entonces les hice caso y no hablé.”

Tras ser criticado en su país por asistir la Feria del Libro en Frankfurt Mo Yan dijo en esa feria: “Un escritor debería expresar criticas e indignación con el lado oscuro de la sociedad y con la fealdad de la naturaleza humana, pero no deberíamos usar una expresión uniforme. Algunos querrán gritar en la calle, pero deberíamos ser tolerantes de los que se esconden en sus cuartos y usan la literatura para expresar sus opiniones.”

Según la nota de hoy en The New York Times, sin embargo “El Señor Mo Yan no ha sido tímido en mezclar la critica social con su ficción, pero al mismo tiempo ha navegado cuidadosamente la línea invisible que su gobierno considera inaceptable. Además ha parecido abrazar el establishment y actúa como el vicedirector de la  oficial Asociación de Escritores Chinos.”

En 2005 el escritor John Updike, reseñando en The New Yorker dos novelas de Mo Yan, dijo que sus metáforas eran “abundantes e hiperactivas” y que esa “abundancia de energía indicaba, si no grandeza, por lo menos una gran ambición.”

En una entrevista en El País en Mayo de 2008 Mo Yan concluyó sobre el estado de la literatura contemporánea China: “Aún hay cosas que no se pueden plasmar de forma directa, pero la situación es mucho mejor que en el pasado. Un buen escritor sabe encontrar la mejor manera para contar lo que quiere decir”.

lunes, 1 de abril de 2013

Mo Yan, Sorgo rojo

Ya es hora de destetarnos en este 2013 y comer carne, por fin. Ojalá que los juicios y valoraciones sobre el libro de abril resulten positivamente unánimes entre los integrantes del club hacia el final de la lectura.

Más allá del cartel del Premio Nobel y de la avalancha de elogios que uno puede encontrar por todas partes hacia Mo Yan, en realidad basta con leer su dedicatoria para sentirse impelido a leer con voracidad lo que este laureado escritor chino tiene para contarnos, porque Sorgo rojo es más que un libro, más que una historia épica, más que un premio Nobel.. Es una visceral ofrenda y un entrañable tributo:

"Con este libro invoco respetuosamente las almas heroicas y valientes que vagan por los campos de sorgo rojo incandescente de mi pueblo natal. Como vuestro hijo indigno, estoy dispuesto a arrancarme el corazón, marinarlo en salsa de soja, desmenuzarlo y colocarlo en tres cuencos para depositarlo, a modo de ofrenda, en un campo de sorgo. ¡Disfrutad de él con buena salud!"

Mes: Abril
Viñeta: Premio Nobel de Literarura 2012
Título:  Sorgo rojo
Año: 1987
Autor: Mo Yan
Nacionalidad: Chino
El Aleph Editores, 2009
ISBN: 8476698550, 9788476698556
Nº de páginas: 520


DIVISIÓN DE LECTURAS 

La obra está dividida en 5 libros, la división para la lectura es la siguiente:

04/04/2013
Libro 1, Sorgo rojo,  9 capítulos, 116 páginas
Posición 1648 en el Kindle (21%)

11/04/2013 
Libro 2, Vino de sorgo, 11 capítulos, 107 páginas
Posición 3314 en el Kindle (43%)

18/04/2013
Libro 3, Conducta de perros, 9 capítulos, 93 páginas
Posición 4753 en el Kindle (61%)

25/04/2013 
Libro 4, Funeral en el sorgo, 9 capítulos, 116 páginas
Posición 6533 en el Kindle (84%)

02/05/2013 
Libro 5, Muerte extraña, 10 capítulos, 84 páginas
Posición 7749 en el Kindle (100%)

En esta última fecha nos reuniremos para ver la película basada en el libro, una producción china de  Zhang Yimou de 1987, ganadora del Oso de Oro  a la Mejor Película en el Festival Internacional de Cine de Berlín.


SINOPSIS
Mo Yan es el autor más famoso, prohibido y al mismo tiempo pirateado de la China contemporánea. Conocida en Occidente gracias a la adaptación cinematográfica de Zhang Yimou, Sorgo rojo es una novela sobre la familia, el mito y la memoria, en la que fábula e historia se unen para crear una ficción cruel e inolvidable. Ambientada en una zona rural de la provincia de Shangdong, Sorgo rojo arranca con la invasión japonesa de los años treinta, y cuenta, a lo largo de cuatro décadas de la historia de China, la conmovedora historia de tres generaciones de una familia. Mo Yan seduce al lector con las desventuras del comandante Yu y de la joven Jiu'er, una chica obligada a casarse con el hombre que su padre ha dispuesto: un viejo leproso muy rico, que posee una destilería. El sorgo, utilizado como ingrediente de un potente vino, era en tiempos de paz centro y símbolo de la vida campesina. En tiempos de guerra, se convierte en el centro de la lucha por la supervivencia.

OPINIONES
«Si pudiera escoger el Premio Nobel, sería Mo Yan» (Kenzaburo Oe).

«Mo Yan merece un lugar en la literatura universal. Su voz encontrará el camino hasta el corazón de los lectores» (Amy Tan).

SOBRE EL AUTOR
Mo Yan nació en 1955 en la provincia de Shandong, en el seno de una familia de granjeros. Abandonó la escuela durante la Revolución Cultural para trabajar en una refinería de petróleo. A la temprana edad de veinte años, Mo Yan se unía al ejército de liberación popular. Empezó a escribir en 1981, siendo todavía soldado. Tres años más tarde se le asignó una plaza de profesor en el Departamento de Literatura de la Academia Cultural del Ejército. Influido por la crítica política de Lu Xun y el realismo mágico de García Márquez, Mo Yan es el novelista más elogiado y premiado de una generación de escritores surgida a mediados de la década de los ochenta que retrata las costumbres y los mitos de la China rural. Sorgo rojo (1987) fue el debut literario de Mo Yan y se convirtió en poco tiempo en una de las novelas más leídas en China, donde obtuvo las más altas distinciones literarias. Llevada al cine en 1988 por el director Zhang Yimou, ganó el Oso de Oro del Festival de cine de Berlín y fue candidata al Oscar.