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jueves, 7 de abril de 2016

Número Cero, Umberto Eco

"El placer de la erudición está reservado a los perdedores" 
Umberto Eco

Amigos del Club de la Buena Estrella, los invitamos a que lean con nosotros esta interesante novela de uno de los más grandes escritores de nuestra época que nos dejó solo hace algunos meses. Umberto Eco se ha convertido en uno de los favoritos del club luego de haber leído el Cementerio de Praga el año antepasado. Que sea esta lectura un homenaje a su obra y a su vida.


Número Cero es una recomendación de Henry Andino.

SINOPSIS

Los perdedores, como los autodidactas, tienen siempre conocimientos más vastos que los ganadores. Si quieres ganar tienes que saber una cosa sola y no perder tiempo en sabértelas todas; el placer de la erudición está reservado a los perdedores. Cuanto más sabe uno, es que peor le han ido las cosas.

Con estas credenciales se nos presenta el protagonista de Número Cero, un tal Colonna, un tipo de unos cincuenta años, baqueteado por la vida, que en abril de 1992 recibe una extraña propuesta del señor Simei: se trata de convertirse en subdirector de un periódico que se va a titular Mañana y que de alguna manera va a adelantarse a los acontecimientos a base de suposiciones y mucha imaginación. El periódico tendrá un talante popular y un estilo muy cercano al público lector: frases simples, resultonas, que atrapen la atención de quien quiere enterarse de las cosas pero no está dispuesto a pensar.

Este supuesto periódico nunca saldrá a la luz, pero sus 12 “Número 0” servirán a quien está financiando a Simei para chantajear a los banqueros y políticos de turno y entrar en las altas esferas del poder. Si finalmente la operación falla, Colonna será el encargado de escribir un ensayo donde se cuenta la “verdadera” historia de un periódico que nunca vio la luz porque su voz honesta ha sido acallada por la casta… y naturalmente el libro lo firmará Simei.

Colonna, que hasta la fecha ha malvivido como documentalista para distintos periódicos y editoriales, y en palabras de su ex mujer es un perdedor compulsivo, acepta el reto a cambio de una cantidad considerable de dinero, y arranca la aventura.

Una novela inteligente, divertida y perversa, donde el límite entre la realidad y la mentira, si es que existe, no importa. En ella hay aventura detectivesca, hay amor, pero sobre todo juego. Incluso el lector se convierte en una víctima más de este juego: nada nuevo se nos cuenta, pero la manera en que Eco nos lo cuenta hace que sigamos la trama a uña de caballo, queriendo saber más de algo que ya nos han contado mil veces.


FICHA DEL LIBRO


Viñeta:                    Abril | Novedad Literaria
Libro:                     Número Cero
Autor:                     Umberto Eco
Nacionalidad:          Italiano
Año:                        2015
Total de páginas:     224
Editorial:                 LUMEN
Idioma original:      Castellano
ISBN:                      9788426402042







DIVISIÓN DE LECTURAS

Jueves
7 de abril
Jueves
14 de abril
Jueves
21 de abril
Jueves
28 de abril

Biografía del autor


Capítulos
I-III
Capítulos
IV-XII
Capítulos
XIII-XVIII
Libro opcional
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87%
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EL AUTOR

Umberto Eco
(Alessandria, Piamonte, Italia, 5 de enero de 1932 - Milán, Lombardía, 19 de febrero de 2016)
Escritor, filósofo y semiólogo italiano

Fue uno de los trece hijos de Giulio, un contable que sirvió en tres guerras.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Umberto y su madre Giovanna se trasladaron a un pequeño pueblo de montaña piamontés. Eco, su apellido, supuestamente es un acrónimo de ex caelis oblatus (en latín: un regalo de los cielos), que le fue dado a su abuelo (un expósito) por un funcionario de la ciudad.

Su padre le instó a convertirse en abogado pero entró en la Universidad de Turín para estudiar filosofía y literatura medieval. Doctorado con la tesis El Problema Estético de Santo Tomás, sobre Tomás de Aquino. Durante sus estudios universitarios, dejó de creer en Dios y se apartó de la Iglesia Católica Romana.

Después trabajó como editor cultural para la emisora estatal Radiotelevisión Italiana (RAI) y y fue profesor de Estética entre 1956 y 1964. Algún tiempo después, ejerció en la Universidad de Milán durante dos años, antes de convertirse en profesor de Comunicación visual en Florencia en 1966. Formó parte de Gruppo 63, junto a artistas, pintores, músicos y escritores, con los que había hecho amistad en la RAI, y que se convirtió en una importante influencia en su carrera como escritor. Fue durante este periodo cuando publicó sus estudios Obra Abierta (1962) y La estructura ausente (1968). Entre 1969 y 1971 dio clases en la Universidad Politécnica de Milán y en 1971, pasó a ser profesor de Semiótica en Bolonia.

Su primer trabajo propiamente de semiótica fue La Estructura Ausente, aparecido en 1968, que precedió a su libro más completo sobre el tema, Tratado de Semiótica General (1975). Se hizo popular con dos novelas, El nombre de la rosa (1981) historia detectivesca que se desarrolla en un monasterio en el año 1327, y El péndulo de Foucault (1988), fantasía acerca de una conspiración secreta de sabios. Su obra maestra, El nombre de la Rosa fue adaptada para el cine (1986) por el director francés Jean-Jacques Annaud.

En 2004 publica La misteriosa llama de la Reina Loana, y en 2010 El cementerio de Praga, sobre un falsificador con doble personalidad contratado por servicios secretos de varios países europeos. Este se desenvuelve en un medio altamente antisemita y como obra cumbre de la conspiración resulta ser el autor de los conocidos Protocolos de los sabios de Sion.

En febrero de 2000 creó en Bolonia la Escuela Superior de Estudios Humanísticos. La 'Superescuela', como se la conoce en Italia, iniciativa académica sólo para licenciados de altísimo nivel destinada a difundir la cultura universal. También fue secretario (y fundador desde 1969) de la Asociación Internacional de Semiótica.

Doctor honoris causa por 25 universidades de todo el mundo, entre ellas, la Complutense (1990), la de Tel Aviv (1994), la de Atenas (1995), la de Varsovia (1996), la de Castilla-La Mancha (1997) y la Universidad Libre de Berlín (1998). Posee numerosos premios y condecoraciones, como la Legión de Honor de Francia y el Premio Príncipe de Asturias en el año 2000.

La última de sus obras como autor de novelas de éxito y ensayos de semiótica, estética medieval o filosofía, fue Número cero, una mirada crítica sobre la crisis del periodismo que, advertía, empezó “en los cincuenta y sesenta, justo cuando llegó la televisión”.

Umberto Eco falleció a las 22.30 en su casa de Milán la noche del viernes 19 de febrero de 2016, a los 84 años de edad. 

Obras

Novela

El nombre de la rosa, 1980
El péndulo de Foucault, 1988
La isla del día de antes, 1994
Baudolino, 2000
La misteriosa llama de la Reina Loana, 2004
El cementerio de Praga, 2010
Número cero, 2015

Otras obras seleccionadas

El problema estético en Tomás de Aquino, 1956
Arte y belleza en la estética medieval, 1959
Opera aperta, 1962
Diario mínimo, 1963
Apocalittici e integrati, 1964 
Las poéticas de Joyce, 1965
La definición del arte, 1968
Socialismo y consolación, 1970
Las formas del contenido, 1971
Il segno, 1973
Las costumbres de casa, 1973
El beato de Liébana, 1973
Sociología contra psicoanálisis, 1974
Trattato di semiotica generale, 1975
Introducción al estructuralismo, 1976
El superhombre de masas, 197 Desde la periferia del imperio, 1977
Función y signo: la semiótica de la arquitectura, 1980
De Bibliotheca, 1981
Semiótica y filosofía del lenguaje, 1984
De los espejos y otros ensayos, 1985
El signo de los tres, 1989
El extraño caso de la Hanau 1609, 1990
Los límites de la interpretación, 1990
La búsqueda de la lengua perfecta, 1993
Seis paseos por los bosques narrativos, 1994
Kant y el ornitorrinco, 1997
Cinco escritos morales, 1997
La estrategia de la ilusión, 1999
La bustina de Minerva, 2000
El redescubrimiento de América, 2002
La historia de la belleza, 2005
La historia de la fealdad, 2007
El vértigo de las listas, 2009
Cultura y semiótica, 2009
La nueva Edad Media, 2010
Nadie acabará con los libros, 2010
Confesiones de un joven novelista, 2011
Construir al enemigo, 2013
Historia de las tierras y los lugares legendarios, 2013

martes, 9 de diciembre de 2014

El cementerio de Praga, comentario personal


"Al Narrador, si hemos de ser francos, a menudo le ha costado orientarse, pero considera que un lector como Dios manda podría pasar por alto estas sutilezas y disfrutar igualmente de la historia."  Umberto Eco, El cementerio de Praga

Si bien es cierto que no todos en el Club de la Buena Estrella pudieron completar el libro asignado para noviembre, me complace decir que quienes lo terminamos quedamos muy satisfechos con la lectura, y que aquellos que lo iniciaron y por diversos motivos han debido abandonar en algún punto el relato, tienen intenciones de retomarlo.

Fue hace poco más de un año que decidí proponer El cementerio de Praga, y lo hice por dos motivos: El primero, es que se trata de Umberto Eco y esa es una razón poderosa y hasta suficiente. El segundo, es que levantó polvo desde que se publicó. Apenas se lanzó en Italia, en noviembre de 2010, el Osservatore Romano –el diario del Vaticano– lo criticó duramente. Se preguntaron si no fomentaba el antisemitismo que decía atacar. “Denunciar el antisemitismo poniéndose en la piel de los antisemitas”, escribió la historiadora Lucetta Scaraffia en ese medio, “no funciona como una verdadera acusación. El lector acaba por resultar contaminado por el delirio antisemita. Cuando se evoca el mal, es necesario enfrentarlo al bien, para que sirva de contraste”. Y el caso es que del libro no salen limpios el Vaticano, la curia ni las órdenes esparcidas por el mundo, jesuitas por delante.

Luego leí algo de la crítica literaria, que no tardó en aparecer para descalificar la nueva obra de Eco midiéndola, como siempre, con la vara de El nombre de la rosa. Pero el genial Umberto Eco no se repite nunca. Tampoco pide permiso. Así se ofenda quien se ofenda, el reconocido escritor italiano no se preocupa demasiado de guardarse argumentos, mermar críticas, apaciguar el ritmo, ni mesurar el tono que da a sus personajes. Aplica la misma fórmula para quienes, con otras expectativas, se decepcionan al encontrarse con esta pieza literaria, que ni por magistral se parece un par de líneas a El nombre de la rosa.

El cementerio de Praga es otra cosa. 31 años después de su libro más reconocido, el Umberto Eco de 78 años se toma otras licencias y explora nuevas posibilidades en el estilo y las formas de comunicar su historia. Y vaya historia: Un mes de registros en el diario de vida que comparten dos personalidades excluyentes de un mismo individuo, donde se anidan múltiples relatos históricos de la convulsa Europa de hace más de un siglo, a los que nuestro personaje de doble identidad asiste como algo más que un mero espectador. Porque el capitán Simon Simonini es una suerte de oscuro Forrest Gump de la historia europea de la segunda mitad del siglo XIX, bastante menos inocente y simpático que el omnipresente Forrest, y muchísimo más vivaz, maquiavélico, brillante, desdeñoso y repelente; un odioso e inmoral misógino, glotón, xenófobo y racista; bien provisto de todo tipo de tretas, ardides y malas artes; pero, al fin y al cabo, un verdadero artista de la falsificación, el fraude y la conspiración.

"Tenía dudas cuando terminé este libro: Acababa de crear el personaje más antipático en la historia de la literatura", dijo Umberto Eco a propósito de Simonini, a poco de haber publicado el libro. "Con todo lo que he dicho, esperábamos vender diez mil ejemplares, creíamos que encontraríamos esas diez mil personas de coraje. En Italia, en un mes se vendieron 600,000 ejemplares. No entiendo por qué. O se han vuelto todos locos –lo cual es posible porque han votado a Berlusconi– o bien esto se produce porque el libro habla de cosas que suceden también hoy. ¡Miren lo que está sucediendo con WikiLeaks!."

Sin meterme en las cenagosas honduras de haber votado por nuestras propias caricaturas de Berlusconi, quizá en nuestro club también estemos un poco locos y tengamos el coraje necesario en los lectores de El cementerio de Praga: Hemos leído el polémico libro y encima lo hemos disfrutado. ¡Por supuesto que ha valido la pena!

El libro inicia con Simonini escribiendo un diario en retrospectiva como una forma de terapia con el fin de recuperar la memoria perdida. Un método del que se enteró de primera mano por "ese médico judío alemán, o austriaco, da lo mismo".  No queriendo contar sus pecados "pero ni a un buen cristiano, mucho menos a un judío", Simonini decide aplicar el método freudiano (sin Freud, por supuesto) y comienza a rescatar sus memorias del nebuloso olvido y a escribir sus crónicas solo para sí. Es en el curso de ese ejercicio, cuando aparece en escena el abate Dalla Piccola, álter ego y compañero del capitán Simonini en su empresa por recuperar los recuerdos perdidos.

Un mes de ejercicios memoriales en que el falsificador, el abad y el narrador se intercalan en un interesante recurso del autor, bastan para que asistamos a numerosos hitos del siglo XIX, que pasan por la expedición de los Mil, la Comuna de París, el caso Dreyfus, la broma de Taxil y el Congreso antimasónico de Trento. Simonini también se cruza con una larga cadena de personajes históricos como Giuseppe Garibaldi, Giuseppe Mazzini, Ippolito Nievo, Maurice Joly, Hermann Goedsche, Roger Gougenot des Mousseaux, Sigmund Freud, Alejandro Dumas, Léo Taxil, Charles Hacks (Docteur Bataille), Joseph-Antoine Boullan, Édouard Drumont, Ferdinand Walsin Esterhazy, Piotr Rachkovski, Yuliana Glinka, Matveï Golovinski, Domenico Margiotta, Benjamin Disraeli, Jacob Brafmann, Léon Meurin, Luigi Fransoni, Joséphin Péladan, Stanislas de Guaita, Jean Sandherr, John W. Phelps o Hippolytus Lutostansky; entre otros, sin contar sus menciones al paso de otros más como Napoleón, Wagner, Beethoven o Dostoyevski. ¿Dudaría alguien que esto es una novela histórica?

Del estilo
Además de ensayista y novelista, Umberto Eco es Doctor en Filosofía y Letras, profesor universitario, crítico literario, semiólogo y comunicólogo. Tiene el talento, la genialidad, la formación, los recursos y la experiencia. Erudito como es, leerlo es mejorarse el currículum. Luego está el asunto de la multitud de referencias necesarias para comprenderlo. Con Eco, leer un libro de 500 páginas obliga a la lectura contextual de muchas páginas de wiki y otras publicaciones auxiliares.

Umberto Eco está convencido de que todo concepto filosófico, toda expresión artística y toda manifestación cultural, del tipo que sea, debe situarse en su ámbito histórico. Entiende cualquier fenómeno cultural como un acto de comunicación regido por códigos y, por lo tanto, al margen de cualquier interpretación idealista o metafísica. No es extraño, pues, que en El cementerio de Praga recurra a la magistral imitación de textos antiguos como el folletín y exprese en clave de humor y a un ritmo poderoso y veloz, la suma de los odios, intrigas, manipulaciones, adhesiones y rivalidades que forjaron las bases de la Europa que hoy conocemos.

Eco es un escritor de prosa abundante y ritmo vertiginoso, pero altamente estructurado. La riqueza de sus frases es tal, que a veces éstas devienen en párrafos, con el mérito adicional de nunca arrojar resultados cargados ni cansinos. Es un hecho que Umberto Eco cuenta grandes historias, pero no se atiene únicamente al "qué", sino que también confiere su lugar al "cómo". En una entrevista con Javier Marías, el escritor piamontés dijo: "Yo intento humillar a los que hacen estas preguntas, desafiar, hacer que se sientan algo estúpidos. Cuando me preguntan: '¿Con qué personaje se identifica?', contesto: '¡Con los adverbios!'. Se quedan estupefactos. Es verdad, los escritores nos identificamos con los adverbios. Nadie habla del estilo de la novela, de la construcción. La gente lee lo que dices y no le interesa la manera en que lo dices".

De la historia
Magistral combinación de delirante ficción con el rigor de los hechos históricos, El cementerio de Praga nos cuenta la infancia de Simonini, y el polo de referencia e influencia que significaron en su vida su padre y su abuelo, contrapuestos como estaban en sus opiniones sobre mujeres, política y religión. Son precisamente estas posturas antagónicas las que derivan en el personaje sin moral ni principios que se convierte en un mercenario del juego de la información (real, ficticia o distorsionada) puesta al servicio del mejor postor, a saber: El poder, el status quo o la revolución.

En El cementerio de Praga, que debe su nombre a una supuesta reunión de conspiradores judíos enunciando los protocolos de los sabios de Sion, hay muchos eventos históricos reales, pero una sola historia, la de ficción, la del capitán Simonini. Y esa historia personal de bajezas, traiciones, juicios y prejuicios, falsificaciones y conspiraciones, es harto interesante y entretenida. Para mi gusto, no tiene desperdicio.

De los personajes
Ni siquiera intentaré enumerar la larga lista de personajes que intervienen en la historia. Al final, más allá del hecho histórico que consumaron, su caracterización en el libro resulta del sesgo que deja ver el lente de Simonini, ese tipo capaz de torcer una frase de Descartes, de atribuir parlamentos y gestos a un Freud del que no sabe escribir bien el nombre y de desdeñar a Beethoven como un compositor de "un bacanal de chabacanería", para mencionar apenas algunos.

En cuanto a Simonini, lo políticamente correcto se riñe con la conducta del personaje principal, pero el humor cáustico, la sorna, la ironía, el desdén y la asumida superioridad con que el falsificador descalifica a todo y a todos, hacen que este personaje tan divertido como repulsivo, tan entretenido como engorroso, tan primitivo y básico como adelantado y complejo, se vuelva insoslayable y magnético.

Su álter ego, el abate Dalla Piccola, es la suma de una identidad suplantada y de la personalidad residual del que empezó siendo solo un disfraz de Simonini para efectuar alguna de sus oscuras misiones. El Dalla Piccola usurpado no cobró vida ni consciencia propias sino hasta que ocurrió el traumático evento que causó la fisura en la psiquis y la consecuente pérdida de la memoria de Simonini. Sin embargo, Dalla Piccola es quien vive la experiencia más intensa de la historia, un momento lleno de situaciones y descripciones tan perturbadoras como hipnóticas.

Viniendo del autor-rey de los signos como expresiones humanas, podemos agregar que probablemente la dualidad de Simonini y Dalla Piccola sea una representación de la doble moral y los conflictos internos del ser humano y de la caótica sociedad que conforma.

De los temas
El uso de la información, el poder, los medios, la democracia y otras formas de gobierno, la moral y la religión en todas sus formas; son en general los grandes temas recurrentes en El cementerio de Praga. Sin embargo, no omitiré mencionar que los placeres de la alta cocina y la buena mesa, lo único que realmente apasiona a un Simonini que sin dudarlo pone la comida por encima de cualquier otra cosa; tienen dedicadas varias páginas de recetas, recomendaciones culinarias, tips de cocina y reseñas de platillos y restaurantes de la época, algunos de los cuales, efectivamente existieron o aún existen.

Conclusión
En mi valoración personal, El cementerio de Praga sale aprobado con nota sobresaliente. Me gustan mucho más la historias de anti-héroes y villanos que las que se inspiran en héroes tradicionales.

Sin embargo, lo que me resulta gratamente sorprendente, es la increíble lucidez y la gran precisión con que Umberto Eco estructura y plasma sus ideas, acomete de tantos y tan variados personajes y sucesos históricos y los reúne en ese cóctel explosivo y venenoso que Simonini rezuma en cada línea de su diario. Eco une quirúrgicamente todos los cabos sin dejar uno suelto, todo eso con la erudición, humor y genialidad que de él se espera, sobre todo cuando uno cae en el yerro de olvidar que el autor de nuestro libro de noviembre ya es un octogenario. Quizá la frase que remata la intervención del  viejo Simonini sea solo un guiño del genial escritor: “Y qué diantres, todavía no estoy hecho un cascajo”.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Umberto Eco, el intelectual global

Comparto con ustedes un vídeo de la corta e interesante entrevista que Página 2 de RTVE hizo a Umberto Eco en Enero de 2011, a propósito de la publicación de El cementerio de Praga. Adicionalmente, pongo a continuación el completo resumen contextual y curricular que Giampaolo Proni, del Politécnico de Milán, hizo acerca del autor de nuestro libro del mes.


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El intelectual global. Una biografía de Umberto Eco desde su licenciatura  hasta “Il nome della rosa” (1954-1980)
Por Giampaolo  Proni
(Politécnico de Milán)

Introducción

La primera vez que vi a Umberto Eco estaba matriculado en el segundo curso de Filosofía en la Universidad de Bolonia en 1975. Empezó la primera clase lanzando unas bolas de papel a los presentes en el aula, en silencio. Las chicas bien de Bolonia y los estudiantes de la izquierda extraparlamentaria estaban apretujados. Luego lo explicó: “Esto era un signo”. Desde entonces me he ocupado atentamente, con otros estudiantes y colaboradores, de su trabajo, de la génesis de algunos de sus libros y del prodigioso éxito de Il nome della rosa.

Eco ha cumplido hace unos meses 70 años, y podemos decir que su aportación a las ciencias humanas hasta hoy es notabilísima y se equipara a la de otros grandes autores de siglo XX como Barthes, Habermas,  Jakobson o Wittgenstein.

Con esta nota biográfica no quiero comentar sus obras, sino ofrecer una exposición y un análisis de la trayectoria intelectual que las ha propiciado. De hecho, lo que se destaca, tanto para quien ha colaborado con él como para quien lo conoce por sus textos, es la asombrosa popularidad del personaje Eco, el éxito que consigue entre el público en general y entre sus colegas del mundo académico (y quien pertenece a este mundillo sabe lo difícil que es). Los ensayos semióticos y estéticos de Eco no se leen sólo en los círculos intelectuales, sino que despiertan el interés de personas ajenas al mundo de la investigación, y esto ocurre en cada país del mundo.

Intentaré, pues, resumir el desarrollo intelectual de Eco desde su licenciatura hasta su primera novela, el período más decisivo y quizás el menos conocido de toda su carrera.

Un intelectual en la postguerra

Umberto Eco nació en Alessandria, Piamonte, el 5 de enero de 1932. Mussolini ocupaba el poder desde hacía 10 años. En 1954, cuando consiguió su licenciatura en la Universidad de Turín, la guerra ya había acabado, empezaba la reconstrucción y se había proclamado la República Italiana desde hacía sólo 6 años. En los primeros años de la postguerra en Europa no hubo mucho tiempo para el debate artístico y filosófico, pero, entre el final de los años cincuenta y el inicio de los sesenta, el debate cultural vuelve a renacer de manera impetuosa. Se iban construyendo una nueva economía y una nueva sociedad, con nuevas formas de arte, de ideas y de comunicación.

Italia, en particular, acababa con más de 20 años de aislamiento cultural. La victoria de los Aliados y de la Resistencia habían borrado de un plumazo la cultura fascista y las posiciones que ahora se enfrentaban eran las del período anterior a la guerra: el pensamiento liberal e idealista y la cultura marxista, representada y sostenida principalmente por el Partido Comunista Italiano. Otra parte de la cultura italiana, la católica, se encontraba en un período de profundas dificultades. Su sustrato era tradicionalista y dogmático. Su posición de distanciamiento ante la trágica realidad nazifascista la había privado de autoridad en el debate político y social. El nivel de su influencia entre los intelectuales había bajado mucho. Pero, la reacción de la Iglesia y de la cultura católica en la postguerra fue bastante fuerte, con el apoyo determinante a la formación de la Democracia Cristiana, el partido que dominó la política italiana durante 40 años, y una fuerte voluntad de renovación y participación social, que alcanzó su culminación en el Concilio Vaticano II (1962-1965).

Las condiciones del campo filosófico reflejaban la situación general. El filósofo más importante en el panorama italiano, antes e inmediatamente después de la guerra, fue Benedetto Croce (1866-1952). Su filosofía estaba dominada por la cuestión estética. El concepto de arte de Croce tiene una base idealista. Por un lado, Croce subraya la capacidad cognitiva del sentimiento estético, pero, por otro, no  proporciona ni una definición ni una exacta teoría de la modalidad de dicho sentimiento. El arte permanece, como en la estética idealista, un fenómeno inexplicable, inefable, indescriptible. El idealismo, influido por la poética romántica, había considerado mucho más los efectos sensibles del arte, estimados como universales, sin preocuparse del problema de la definición del objeto artístico. Este tipo de estética habría podido tener éxito en un contexto histórico en que el objeto artístico conservaba formas relativamente estables, pero, con el surgir de las Vanguardias a principios del siglo XX y que ahora recuperaban su vigor, tenía sólo dos posibilidades: o les negaba la definición de arte o admitía su propia incapacidad para describirlas. Las obras de John Cage, Kandinskj, Joyce y de tantos otros artistas criticaban las formas canónicas de la música, de la pintura y de la novela.

En el alba del tercer milenio todavía estamos acostumbrados a no tener todavía una clara definición del texto estético. Cualquiera que se declare artista, desde el “body sculptor” que provoca cicatrices en los cuerpos humanos hasta el pintor de hadas o elfos, puede entregarse a su obra sin temor a que nadie pueda protestar. En la Italia de los años cincuenta y sesenta, en cambio, la cuestión estética implicaba profundamente a la sociedad. En las peluquerías se charlaba sobre las canciones de los Beatles, si se trataba de arte o de simple ruido; en el Festival de Sanremo (tradicional rito cantor italiano) ganaban los “aulladores”, los primeros cantantes que no eran melódicos; las pinturas de Picasso horrorizaban a las maestras, preocupadas por la posibilidad de que sus alumnos dibujaran caras con tres ojos. Frente a las nuevas formas de expresión artística, las reacciones populares eran parecidas a las de los estetólogos. “Esto no es arte” y “No entiendo nada” eran las opiniones corrientes. Para entender la resonancia del trabajo de Eco incluso en el mundo no académico, hay que tener en cuenta todo este trasfondo. De ahí que el joven Eco decidiera dedicarse al problema estético. Él no dudaba de que en la sociedad del momento la Estética de Croce tuviera que ser reemplazada por una nueva teoría que explicara las nuevas formas de arte que salían a la palestra. Pero ¿cómo construir dicha teoría?
  
1954 –1963: El periodo pre-estructuralista

El director de la Tesis de Eco fue Luigi Pareyson, catedrático de Estética de la Universidad de Turín. La tesis se titulaba El problema estético en Santo Tomás de Aquino, tesis que se convertiría en libro dos años después (Eco 1956). El tema era original, dado que el Aquinate nunca se había interesado de manera explicita por la Estética, y Eco tuvo que reconstruir su teoría, cosiendo las diversas observaciones diseminadas en distintas obras. A pesar de ello, logró ofrecer un nuevo punto de vista sobre las ideas de belleza en Santo Tomás: la experiencia estética no se desarrolla en la primera operación de la mente (simplex apprehensio), como habían sostenido hasta entonces todos los críticos, sino en la segunda operación de la mente, llamada compositio et divisio, o juicio.

Esta conclusión no fue casual. Eco se aprestó a explicarla porque estaba convencido de que la Estética de Santo Tomás podía ser utilizada contra la teoría idealista. Efectivamente, la idea escolástica de arte, en general la Estética medieval, eran exactamente contrarias a la posición de Croce: aquélla era antiidealista, materialista, práctica, mientras que ésta era idealista, intuitiva, abstracta. Eco había vuelto a la filosofía medieval para encontrar una estética que no dependiera ni de la noción de intuición ni de un peculiar estatuto del sentimiento estético. Pensaba que el gesto artístico no era distinto de las otras actividades humanas, y que el sentimiento estético era un simple acto cognitivo. Creía, además, que el conocimiento no podía basarse en la intuición, es decir, en el contacto directo entre sujeto y objeto.

En 1954, justo después de su tesis, Eco empieza a trabajar en la RAI, la televisión pública italiana, que acababa de empezar a emitir ese mismo año. Iba a empezar la época de las comunicaciones de masa, y Eco enseguida se dio cuenta de que las teorías estéticas tradicionales eran absolutamente incapaces de afrontar las nuevas formas de expresión, incluso porque durante siglos no se habían creado nuevas formas de expresión. De ahí que, el problema era explicar, antes que el arte, la comunicación: cómo funcionaban los procesos comunicativos. A juicio de Eco cada acontecimiento artístico tenía que ser considerado como un evento especial de comunicación y lo importante era saber cómo estaban construidos y cómo eran recibidos los mensajes estéticos, antes que ocuparse sólo del misterio de los sentimientos que eran capaces de suscitar. Antes bien, los sentimientos específicos relacionados con la experiencia artística eran los que se tenían que explicar, para entender en qué manera la comunicación estética era distinta de la comunicación en general.

La posición anti-idealista y la experiencia directa en el mundo de los mass media fueron hechos importantes en la formación de Eco, pero fundamentales fueron los cambios que se desarrollaban en la sociedad italiana. La Estética llega a ser un problema socialmente importante, porque los años cincuenta y sesenta representan un período de evolución explosiva para Italia. En apenas diez años surge una industria cultural nacional (radio, televisión, discos, revistas, libros, cine), millones de personas se trasladan del campo a la ciudad, y del Sur al Norte, y por primera vez compran el coche, el frigorífico, la lavadora, el televisor, el tocadiscos, objetos de plástico, trajes con fibras sintéticas. 

La reforma escolar eleva el nivel de instrucción. El cine y el diseño italiano reciben reconocimiento internacional por su capacidad de representar, justamente, la Estética contemporánea. Estas novedades, sin embargo, chocan contra una cultura tradicional, basada en los valores de la Patria, en la moral católica, en la retórica de la educación unitaria y fascista. El marxismo, aunque ejerciera un empuje bastante fuerte en la vida política y cultural, no prestaba suficiente atención a los aspectos artísticos, mediáticos, de comunicación y de costumbre. Cuando los filósofos de Frankfurt empezaron a divulgar sus ideas, la opinión pública acogió mayormente la actitud crítica genérica que no se separaba de la posición tradicional de desconfianza y rechazo de las novedades. En efecto, Eco les apoda con agudeza “apocalípticos”.

La formación de Eco es la típica de muchos intelectuales italianos de entonces: la base católica, luego el encuentro con las filosofías “laicas” (Marxismo, Fenomenología, Estructuralismo). La manera con la que se enfrenta a las nuevas teorías es, de todas formas, crítica: se aceptan, por completo o en parte, sólo después de un análisis profundo y completo, y no se utilizan para construir un edificio o un sistema, sino para resolver un problema difícil. Eco no es un filósofo sistemático, sino un genial estudioso de la Estética. Su intensa participación, para resolver problemas de Estética, en el debate filosófico da muestra de ser también un testarudo estudioso de la misma. Pronto se dio cuenta, si quería realmente encontrar la Estética que necesitaba, de que tenía que emprender una larga investigación. No pensaba lo dilatada que iba a ser. Esto ni siquiera le importaba. Empezó simplemente por el camino que había encontrado. Él es un explorador más que un teórico. Como James Joyce, creció en la tradición religiosa y escolástica. Como Joyce se formó en la filosofía cristiana medieval y de Santo Tomás de Aquino. Como Joyce, Eco dejó atrás la fe en la ordo universalis, convirtiéndose en un clericus vagans laico. De la época de su formación lleva consigo un conocimiento profundo y amplio de la filosofía medieval que a veces parece olvidada, pero que reaparece, como a menudo suele pasar, en el cúlmen de su carrera, cuando se dejan salir a flote las experiencias de la juventud. Joyce, en efecto, representa para Eco el puente entre el pensamiento cristiano medieval y la experiencia artística contemporánea; en la vida y en las ideas de Joyce, Eco encontró la misma sólida educación filosófica que él tuvo, y la propuesta de una nueva manera de ver el trabajo literario. La influencia del Cristianismo, tanto en Eco como en Joyce, no se expresa como espiritualismo o dogmatismo post-tridentino, sino con la pasión especulativa y polémica de la Edad Media y del catolicismo ilustrado. Los que proceden de esta  formación anteponen la auténtica investigación de la verdad a la defensa de las tradiciones, y poseen instrumentos analíticos adecuados para no sufrir el encanto de las ideologías o los sectarismos de conveniencia.

Durante los años en los que trabajó en la RAI, Eco conoció a muchos artistas de vanguardia, tal como señala en la introducción italiana de Opera aperta: “Dos plantas por encima de mi despacho estaba el estudio de fonología musical, en aquel período encabezado por Luciano Berio. Lo frecuentaban Maderna, Boulez, Pousseur, Stokhausen, todo era un sibilar de frecuencias, un ruido de ondas cuadradas y sonidos blancos” (Eco 1962, V). Era un ambiente muy creativo: en 1959, Berio pidió a Eco que escribiera un ensayo para la revista Incontri musicali, y Eco reelaboró una comunicación que había presentado en el XII Congreso Internacional de Filosofía. Se titulaba “I problemi dell’opera aperta” que constituirá uno de los capítulos del libro del año 1962. El otro ensayo importante era sobre James Joyce. Iba a ser un libro autónomo en 1965 (Eco 1965). Ambos ensayos, junto a otros, constituyeron en 1962 Opera aperta, el trabajo que dio a conocer a Eco en Italia y en el extranjero. El subtítulo del libro es: “Forma e indeterminazione nelle poetiche contemporanee”. Opera aperta fue traducido al francés, español, yugoslavo, portugués, rumano, polaco, alemán, japonés, inglés, turco, coreano, húngaro. En Opera aperta Eco afirma que:

  1. La forma artística puede ser considerada como una “metáfora epistemológica”: el arte es un tipo de conocimiento y puede ser descrito por modelos cognitivos  científicos;
  2. La explicación para interpretar la forma artística necesita de la cooperación del destinatario (lector, espectador, etc.). En este sentido, el arte contemporáneo produce “obras abiertas”. La interpretación es un proceso abierto, una interacción comunicativa entre el artista y el destinatario mediada por su obra.

Se trataba de un corte definitivo con el concepto idealista y aristócrata del gesto estético. El libro suscitó en Italia intensas polémicas. Las recensiones oscilaban entre la apoteosis y el insulto. Eco fue apodado “hermosa alma del neocapitalismo milanés” (era un grave insulto en aquel período) así como “iniciador de un nuevo humanismo”.

En aquellos años, “¿Qué es el arte?” era de verdad una pregunta corriente: la música rock y pop, el cine, la televisión, el arte abstracto, eran temas de debate entre “modernistas” y “conservadores”, vanguardia y tradición. La sociedad vivía un profundo y traumático conflicto generacional que tuvo su explosión en las agitaciones del 68. La opinión pública vivía el comienzo de aquel conflicto entre lo viejo y lo nuevo que será una constante de la cultura occidental hasta los años setenta. La pregunta: “Pero, ¿esto es arte?” se convirtió para el mismo artista en uno de los efectos que el acto artístico tenía que provocar. Era el período del arte como provocación, escándalo, menosprecio del público. Las pinturas de Fontana no eran otra cosa que unos cortes limpios en el lienzo; Stockhausen escribía música hecha de silencio y ruidos casuales; los personajes de las películas de Antonioni parecían ajenos a la realidad. Además, estos productos nuevos y provocadores ya no estaban limitados a un público de élite, sino que alcanzaban a todos por los mass media.

En definitiva, el libro de Eco había tocado un punto sensible. Eco se convirtió después de Opera aperta en el teórico de la nueva vanguardia, el filósofo de las nuevas artes, el enemigo oficial de la crítica tradicional. El Grupo 63, un grupo de poetas experimentales italianos, lo eligió como su propio guía teórico. Eco, sin embargo, era consciente de que su investigación estaba lejos de ser concluida. Desde el año 1959, había empezado una fructífera colaboración con la editorial Bompiani como ‘senior editor’ de la ensayística. De suerte que el estudio teórico fue a menudo acompañado por el conocimiento personal de los autores y la atenta exploración del horizonte cultural. En 1963, mientras que Opera aperta se enfrentaba con los furores de la crítica, Eco descubrió el Estructuralismo. En la introducción a la edición de 1976 de Opera aperta escribe: “Padecí tres ‘shock’, todos más o menos alrededor de 1963: la Pensée sauvage de Lévi-Strauss, los ensayos de Jakobson publicados por Minuit y los formalistas rusos” (Eco 1962, VIII).

 1962-197:  Del Estructuralismo al Trattato di semiotica generale

En 1964 Eco publica Apocalittici e integrati, una reflexión teórica en torno a las comunicaciones de masa. Aquí analiza las posiciones de Herbert Marcuse y Marshall McLuhan como representantes de dos hipótesis contrarias por lo que se refiere a la influencia de los mass media en la sociedad y sus probables desarrollos. Los “apocalípticos”, como Marcuse, consideran las comunicaciones tecnológicas y la “industria cultural” una operación de condicionamiento ideológico que reduce al hombre a una sola dimensión. Los “integrados”, como McLuhan, consideran la capacidad técnica de la infinita reproducción como una vía para una expansión cualitativa y cuantitativa de los espacios culturales. Eco afirma que ambas posiciones son contrarias pero equivalentes. Los “apocalípticos”, alejándose de la cultura de masa, siguen afirmando un concepto de cultura antiguo, aislado y aristócrata. Los “integrados”, por otro lado, propenden pasivamente hacia un producto y evento cultural sin preocuparse por la cuestión ni criticar los mensajes que reciben. La posibilidad que permite resolver este dualismo es la que Eco define entonces como “análisis estructural”. El intelectual, por medio de una crítica y análisis cuidadosos, tiene que encontrar la manera de actuar en la industria cultural para defender las necesidades de los sujetos humanos que, de otra forma, podrían sucumbir ante el diluvio de mensajes. En este análisis destacamos dos puntos que caracterizan la posición del primer Eco: la idea de intelectual como operador y la elección pragmática como fin de la reflexión teórica. La primera es una consecuencia operativa de la segunda. Considerando la evolución del pensamiento de Eco, hay que tener en cuenta que cada asunción teórica puede ser aceptada o rechazada con respecto a su contribución en la solución de problemas. Eco siempre ha sido un pragmático, a pesar de que su pragmatismo no haya nacido en un laboratorio químico como el de Peirce, sino en un despacho de televisión y en el despacho de director de una editorial.

En 1965, Eco inicia su colaboración con la revista L’Espresso y, en 1966, llega a ser profesor de Comunicación visual en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Florencia. En 1967 publica Appunti per una semiologia delle comunicazioni visive (Eco 1967) que será un capítulo de La struttura assente. El libro se publica en 1968, con el subtítulo siguiente: “Introduzione alla ricerca semiologica”. En La struttura assente Eco sienta las bases de su semiótica y explica su análisis del Estructuralismo. Más tarde diría: “Me di cuenta de que los instrumentos tradicionales de la Estética y de las comunicaciones de masa, los instrumentos de la Sociología, no lo explicaban todo, y luego ocurrió el encuentro con la Lingüística estructural y con el Estructuralismo, que pasa entre 1962 y 1964, es decir, entre la publicación de Opera aperta y Apocalittici e integrati: si consideramos la primera edición de Opera aperta encontramos la Teoría de la Información, la Semántica americana, pero ni una palabra en torno a los lingüistas, que, en cambio, figuran en la edición francesa que luego se convertirá en la nueva edición italiana; si se consideran las ediciones italianas de 1962 y de 1967 se nota que, entre tanto, se habían introducido Jakobson y Barthes, y esto sucedió mientras escribía Apocalittici e integrati, el ensayo sobre el kitsch influido por los escritos de Jakobson. Las verdaderas ‘lecturas-shock’ fueron, en 1963, Essais de linguistique générale de Jakobson y en 1964 los “Elementos de semiología” de Barthes, pero “la vía de Damasco” fue Jakobson.” (Eco 1987, comunicación personal).

La struttura assente se puede considerar el trabajo central de la producción de Eco. Él mismo habla del “palimpsesto del tratado”, es decir, que el Trattato di semiotica generale procede de una serie de trabajos que fueron sucesivamente elaborados y traducidos muchas veces del italiano al inglés y viceversa.

Ocurrió que, después de la traducción de La struttura assente al sueco y al portugués (1971), al polaco, español, francés y alemán (1972), y al yugoslavo (1973) (algunas de estas revisadas por el autor), cuando Eco leyó la versión inglesa se dio cuenta de que no era satisfactoria, ni siquiera desde el perfil lingüístico, porque unas partes del libro, especialmente la controversia con Lévi-Strauss, no formaban parte de los intereses de los lectores anglo-americanos. “Después de dos intentos insatisfactorios de traducción de muchas revisiones fracasadas” (Eco 1976, VII, traducción del autor), Eco (en 1973) volvió a escribir el libro y a transformarlo en un trabajo diferente, más orgánico, que fue titulado A Theory of Semiotics y se publicó en 1976 en los EE.UU. La versión italiana (Trattato di semiotica generale), aunque publicada en 1975, es una traducción del inglés. A Theory of Semiotics es una exposición sistemática de la investigación sobre los signos y su producción, pero las líneas generales habían sido ya presentadas en La struttura assente (partes A y E) y habían sido posteriormente elaboradas en Le forme del contenuto (1971a). La struttura assente incluye también el ensayo de la comunicación visual, como he señalado antes, y un importante capítulo de la Semiótica de la Arquitectura (la primera aplicación de la Semiótica en este ámbito); pero es la parte estrictamente filosófica la que da el título al libro. En esta parte, Eco, después de un profundo análisis de la fundación filosófica del Estructuralismo, rechaza cualquier cuestión ontológica y formula su credo pragmático. Nominalista y pragmática es la posición que Eco asume para su “Estructuralismo metodológico”, frente al que define “ontológico” cuyo prototipo individualiza en Lévi-Strauss.

Desde 1969 hasta 1974, Eco da clase como ‘visiting profesor’ en muchas Universidades de Norteamérica y de Sudamérica, y empieza su etapa de semiólogo viajero. En 1974, en Milán, organiza el primer Congreso de la International Asociation for Semiotic Studies, asociación que había surgido en París en 1969. En estos años continúa la investigación en el ámbito de la Semiótica, revisando las traducciones de La struttura assente y publicando Le forme del contenuto (1971a) y Il segno (1971b). Le forme del contenuto recoge todas las partes de La struttura assente que habían sido revisadas para las traducciones y otros ensayos. Al final, como se ha dicho antes, en 1975 está listo para publicar el trabajo orgánico de Semiótica que representa la conclusión de más de diez años de investigación. A Theory of Semiotics es un tratado completo de la nueva “disciplina”: en italiano, en efecto, se titulará Trattato di semiotica generale.

El rasgo original de la Semiótica de Eco es el intento de alcanzar una síntesis entre la aproximación hjemsleviana y estructuralista, y la teoría de la interpretación de Peirce. Eco realiza esta síntesis entre las dos tendencias de la Semiótica introduciendo la noción de interpretante en la teoría de los códigos. La influencia de Peirce desde ese momento seguirá creciendo, y se pondrá de manifiesto en los trabajos de los años ochenta y noventa como el planteamiento principal de su Semiótica (Proni 1992).

La definición de interpretante, escribe Eco, tiene que agrupar las siguientes categorías semióticas:

  1. El significado de un significante, considerado como unidad cultural vehiculada también por medio de otros significantes (significado como sinonimia);
  2. El análisis intencional o componencial por medio del cual una unidad cultural está segmentada en unidades inferiores o marcas semánticas; cada una de las marcas que compone el árbol componencial de un semema (Eco 1975, 107).

Desde luego, el interpretante mantiene siempre su carácter de elaboración potencialmente infinita y todas estas categorías son sólo elementos del proceso. Aun así, Eco utiliza también esquemas estructurales como las nociones de sistema y oposición. “Una unidad cultural no puede ser identificada sólo a través de la serie de sus interpretantes” … “Una unidad cultural “existe” sólo en la media en que se define otra que se le opone”. (Eco 1975,108). La Semántica estructural será útil cuando se separe del todo de la metafísica del referente. En pocas palabras, Eco realiza sus síntesis adoptando la aproximación estructural como instrumento formal, pero, por otro lado, quitándole cualquier valor de descripción objetiva de los procesos reales de la semiosis.

En 1975 Eco consigue la condición de catedrático y ocupa la primera cátedra de Semiótica en Italia (y la única existente durante bastantes años). Él mismo afirma: “Llegué a la Universidad relativamente tarde porque el hecho de que escribiera en la prensa no me ayudaba (...) La Comisión que me eligió como catedrático expresó un juicio revolucionario porque, por primera vez, la participación en la actividad periodística fue considerada como positiva” (Eco 1987, comunicación personal).

 1976-1980: El período de la enseñanza: desde Il Trattato hasta Il nome della rosa

Después del Trattato di semiotica generale, Eco se da cuenta de que tiene la posibilidad teórica y académica de volver a la Estética. En el último capítulo del Trattato ya había intentado establecer algunos principios de una Semiótica de la expresión artística, pero ahora quiere dedicar un libro entero al problema. Sin embargo, hay una diferencia por lo que se refiere a la Estética del primer período: mientras que en los años sesenta Eco intentaba alcanzar una teoría unitaria empezando por la consideración de las formas de arte, ahora se enfrenta con todas las formas de expresión por medio de unos pocos instrumentos elementales de semiótica. Además ahora, tiene mucho más interés por los textos literarios que por la comunicación visual o musical.

He definido esta etapa “de la enseñanza”, porque el método usado por Eco en su investigación fue ‘colegiado’, implicando en el trabajo a muchos estudiantes y colegas con los que se encontraba en diferentes lugares del mundo. Como él mismo dice: “Empecé esto en 1975 en San Diego, luego pasé el año 1976 en Bolonia, el año 1977 en Urbino; después volví a Yale para terminar en 1977 conversando con los estudiantes y, al final, (el libro) se publicó en 1979, entonces diría cuatro años de trabajo colegiado” (Eco 1987, comunicación personal). De este trabajo proceden dos libros: The Role of the Reader y Lector in fabula. El segundo es la versión italiana del primero, sin los ensayos que ya habían aparecido en Opera aperta, Apocalittici e integrati y otros artículos. Como escribe en la introducción italiana de Lector in fabula, toda la investigación fue la continuación de la reflexión en torno a la “apertura” del texto artístico: “los textos que entonces definía “abiertos” son sólo el ejemplo más provocativo de explotación con intenciones estéticas de un principio que regula la generación y la interpretación de cualquier tipo de texto” (Eco 1979b, 7). En suma, Eco ya no separa las obras artísticas entre “abiertas” y “cerradas”: toda obra, sobre todo los textos narrativos, es, en cierta medida, más o menos “abierta”, toda obra necesita una interpretación cooperativa. Los textos son “máquinas perezosas” y piden al lector que cumpla una parte de su trabajo. Por lo que se refiere a la limitación del campo al texto narrativo, Eco escribe: “El concepto semiótico de texto es más amplio de lo meramente lingüístico y los proyectos teóricos que propongo, con diligentes ajustes, resultan idóneos también para textos no literarios y no verbales. (Eco 1979b, 10).

Junto a la investigación teórica y al trabajo académico, Eco sigue con su actividad periodística. Los años setenta son los “años de plomo”, los años del terrorismo, de las agitaciones de los estudiantes. Se mata a mucha gente en las calles, se ataca al Estado y el Estado responde el ataque. El debate entre los intelectuales se hace intenso e incluso peligroso: las ideas del año 1968, la discusión sobre la Vanguardia y los diferentes conceptos de revolución, dejan espacio a la diatriba sobre la violencia política, social e individual. Resulta difícil mantener la calma, analizar los asuntos de manera objetiva. Eco rechaza ser partidario de las posiciones extremas, la que sostiene “el ataque contra el Estado” y la que rechaza reconocer cualquier derecho al pueblo, principalmente a los jóvenes, y pedir más atención para las condiciones del estudio, trabajo y vida en las ciudades. Está dispuesto a rechazar la ideología contradictoria de muchos líderes revolucionarios, pero es el primero que subraya la originalidad y la creatividad en el movimiento de los estudiantes en el uso de los mass media. Algunos artículos de estos años están agrupados en Sette anni di desiderio (1983a). Sin embargo, el evento más importante en la carrera intelectual de Eco es la publicación en 1980 de Il nome della rosa, una novela negra que se desarrolla en un monasterio medieval. El libro se convierte enseguida en un éxito literario en Italia y en el extranjero. En efecto, resulta muy raro que una novela escrita por un académico llegue a ser un éxito de ventas. Además, era la primera vez desde hacía mucho tiempo que una novela italiana fuera tan conocida en todo el mundo. En Italia Il nome della rosa estuvo durante dos años a la cabeza de la lista de los libros más vendidos. El propio Eco no pensaba en un éxito tan grande: “Al principio no era algo tan importante, tenía que desarrollarse en el mundo actual... en la biblioteca municipal de Subiaco con un fraile que leía Il Manifesto.” (Eco 1987, comunicación personal).

Sin embargo, casualidad o no, el éxito del libro, puso sobre el tapete muchas cuestiones. Se preguntó a Eco, como semiólogo del texto, si había descubierto el secreto para escribir best-seller. En el mundo intelectual en el que el éxito comercial era sinónimo de pérdida de la pureza ideológica (y quizás causa de envidias), Il nome della rosa fue criticado como una concesión al mercado. Se preguntó a Eco por qué, después de haber sido el defensor de la Vanguardia, había escrito una novela tradicional. Mucha gente quería saber si había escrito una novela para realizar su Semiótica pragmática, aplicando al libro su teoría estética. Eco contestó a estas y otras preguntas con un breve ensayo titulado Postille a Il nome della rosa (Eco 1983b). A la imputación de tradicionalismo contestó que la concepción del arte como provocación, un rasgo de la Vanguardia, había llegado a un punto tan extremo que (citaba a John Barth) la Vanguardia se había convertido en tradición y era normal volver a descubrir la trama, a revivir con ironía el pasado. ¿Se puede decir que Eco ha abierto y cerrado la gran etapa de la Vanguardia artística de la postguerra? Por supuesto que ha sido el primer teórico de la explosión de las formas expresivas que ha caracterizado la “edad de oro” del “siglo breve” (cfr. Hobsbawn 1994). De esa misma manera ha marcado con una novela de éxito una ulterior consideración del pensamiento postmoderno que señala el abandono de la experimentación como elemento fundante de la Poética.

Conclusión: el fenómeno Eco

No cabe duda de que Umberto Eco representa un fenómeno cultural que va más allá de la simple dimensión biográfica de un estudioso humanista. Quizás sólo Bertrand Russell, en el siglo XX, fue tan famoso no sólo por lo que se refiere a su ámbito de estudio. Pero Russell era un hombre muy activo en política, y era inglés. La popularidad de Eco procede ante todo de su capacidad de comunicación. He asistido a muchas de sus ponencias y hay que decir que sólo unos pocos estudiosos tienen la capacidad de dar una conferencia en Harvard o en la Sorbona, frente a centenares de catedráticos, hacerles reír con ocurrencias y decir también algo que los propios colegas advierten como nuevo e interesante. Sus escritos son, a pesar de los temas tratados, sencillos y esenciales. La capacidad de comunicación incluye también la capacidad de suscitar siempre una cierta tensión en la presentación de la investigación.

En segundo lugar, Eco tiene una lógica muy sutil para percibir, dentro del ámbito disciplinar en que se coloca y que había contribuido a definir (el “ámbito semiótico”), líneas de investigación que al mismo tiempo se revelan como intrigantes, relativamente poco exploradas y para las que es capaz de proponer una solución al mismo tiempo nueva y sensata: por ejemplo el problema de las “lenguas perfectas” (Eco 1993).

Una tercera característica es la capacidad de dominar varias formas de comunicación: dar clases, conceder entrevistas, escribir libros, artículos, novelas, secciones en los periódicos, poesías, juegos de palabras en italiano, francés e inglés son por supuesto habilidades útiles. Además de las lenguas mencionadas, por lo que se refiere a los chistes, por los que tiene una especial predilección, y las entrevistas, por las que siente una ligera antipatía, en un correo electrónico del 13 de enero de 2002 Eco escribe: “Me las arreglo con cierta fatiga, por lo menos para una entrevista, con el español. Lo mismo vale para los chistes”. Sirva esto como pequeño consuelo a los lectores de lengua española.
En cuarto lugar, una excelente memoria y una formidable capacidad de concentración y trabajo caracterizan a Eco. Cuando se le ve en Bolonia pasando las veladas, contando anécdotas y bromeando con sus alumnos es natural preguntarse cuándo realiza sus trabajos. Su virtud es la de conseguir aislarse del todo en cualquier lugar y a cualquier hora (a menudo por la noche), y producir con gran eficacia y tenacidad.

Sin embargo, yo creo que el secreto de Umberto Eco se esconde en la absoluta correspondencia entre la carrera que ha elegido y su propia personalidad. Como muchas de las personas que tienen éxito, Eco disfruta y goza de cada aspecto de su trabajo. Esta satisfacción, casi esencial, evita que la producción intelectual nunca llegue a ser un instrumento para conseguir éxito, sino que persiguiendo la calidad, lo genera. Para llegar a ser como Pelé es necesario que te guste el fútbol.

Me atrevo a decir que Eco es el primer intelectual global, irresistiblemente presente en el ámbito más nuevo y explosivo de la cultura de la postguerra: la comunicación. Campo por sí mismo internacional, del que habla y en el que actúa con un instinto inimitable y una muy ambiciosa modestia. Los filósofos saben que existen sólo dos modelos a los que pueden referirse: Platón y Aristóteles. Eco percibió claramente que el mundo que se iba desarrollando después de la Segunda Guerra Mundial no era el dramático y utópico de Platón, sino un heterogéneo y agitado “Mediterráneo global” parecido al que vivió Aristóteles.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Eco, Umberto

1956 Il problema estetico in San Tommaso. Torino: Edizioni di Filosofia. 2a ed. riveduta: Il problema estetico in Tommaso d'Aquino. Milano: Bompiani, 197O.

1962 Opera aperta. Milano: Bompiani (4a edizione riveduta, 1976, pp. XXIII, 309)

1964 Apocalittici e integrati. Milano: Bompiani.

1965 Le poetiche di Joyce. Milano: Bompiani (Edizione riveduta della seconda parte di Eco 1962).

1967 Appunti per una semiologia delle comunicazioni visive. Milano: Bompiani. (Ora in La struttura assente).

1968 La struttura assente. Milano: Bompiani. (Ultima edizione riveduta, 1983).

1971a Le forme del contenuto. Milano: Bompiani.

1971b Il segno. Milano: Isedi. (2a edizione, Milano: Mondadori).

1975 Trattato di semiotica generale. Milano: Bompiani.

1976 A Theory of Semiotics. Bloomington: Indiana U.P., and London: Macmillan, 1977.

1979a The Role of the Reader. Bloomington: Indiana U.P. and London: Hutchinson, 1981.

1979b Lector in fabula. Milano: Bompiani.

1980 Il nome della rosa. Milano: Bompiani.

1983a Sette anni di desiderio. Milano: Bompiani.

1983b Postille al nome della rosa. Aggiunto all'edizione tascabile italiana, 1984

1993 La ricerca della lingua perfetta nella cultura europea. Bari: Laterza.

Hobsbawm, Eric

1994, Age of Extremes - The Short Twentieth Century 1914-1991 (Trad.It. Il secolo breve 1914-1991. Milano: RCS Libri).

Proni, Giampaolo

1992 "L'influenza di Peirce sulla teoria dell'interpretazione di Umberto Eco", in Semiotica: storia, teoria, interpretazione. Saggi intorno a Umberto Eco. A cura di Patrizia Magli, Giovanni Manetti, Patrizia Violi. Milano: Bompiani. Pp. 89-98.

(Traducción de Francesca Cerruto y Viviana Cinquemani de la Universidad de Catania y José María de la Resure de la Universidad J. Casbaji).

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Umberto Eco, El cementerio de Praga


"Adoro a los gatos. Son de las pocas criaturas que no se dejan explotar por sus dueños"
Umberto Eco

Después de leer dos libros cortos y entretenidos en la viñeta de Terror/Suspenso del pasado Octubre, le llega el turno a la novela histórica, una lectura más larga y densa que las anteriores y, dada la fuente creadora, no menos interesante y polémica. 

Precedido por obras del calibre de El nombre de la rosa y El péndulo de Foucault, el genial e irreverente Umberto Eco será el proveedor de la materia prima de nuestras discusiones en torno al que elegimos como nuestro libro del mes de Noviembre: El cementerio de Praga.

Es un hecho que el reconocido autor italiano nunca pasa desapercibido. Tildado de antisemita por algunos sectores de la comunidad judía y severamente criticado por el Vaticano por sus escandalosas alusiones a la iglesia católica, Umberto Eco siempre genera un amplio espectro de reacciones, que van desde el aplauso hasta la respuesta airada de quienes se sienten ofendidos.

¿Cuánto hay de ficción o realidad en los relatos de Eco? ¿Qué tanto hay del autor en la personalidad y las opiniones que imprime a sus personajes? ¿Cuánto se sirve de ellos para expresar sus propios puntos de vista? Los invitamos a forjar sus propias respuestas a estas interrogantes, acompañándonos a la lectura de El cementerio de Praga, nuestra lectura para el mes de Noviembre en el Club de la Buena Estrella.

FICHA DEL LIBRO


Autor:                         Umberto Eco
Nacionalidad:             Italiano
Año:                           2010
Total páginas:             592
ISBN                           8426418686
Editorial:                     Lumen editorial


DIVISIÓN DE LECTURAS

6/Noviembre/2014
Biografía de Umberto Eco
Capítulos del 1 al 6
(25% en el Kindle)

13/Noviembre/2014
Capítulos del 7 al 16
(52% en el Kindle)

20/Noviembre/2014
Capítulos del 17 al 22
(73% en el Kindle)

27/Noviembre/2014
Capítulos del 23 hasta el final
(100% en el Kindle)


SINOPSIS

El Cementerio de Praga es un relato de agentes secretos y conspiradores. Estamos en marzo de 1897, en París, espiando desde las primeras páginas de esta novela a un hombre de sesenta y siete años que escribe sentado a una mesa, en una habitación abarrotada de muebles: he aquí al capitán Simonini, un piamontés afincado en la capital francesa, que desde muy joven se dedica al noble arte de crear documentos falsos...

Hombre de pocas palabras, misógino y glotón impenitente, el capitán se inspira en los folletines de Dumas y Sue para dar fe de complots inexistentes, fomentar intrigas o difamar a las grandes figuras de la política europea. Caballero sin escrúpulos, Simonini trabaja al servicio del mejor postor: si antes fue el gobierno italiano quien pagó por sus imposturas, luego llegaron los encargos de Francia y Prusia, e incluso Hitler acabaría aprovechándose de sus malvados oficios.


SOBRE EL AUTOR

Umberto Eco nació en la ciudad de Alessandria, en el norte de Italia, su padre, Giulio, fue contable antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando fue llamado a servicio en las fuerzas armadas. En ese momento, Umberto y su madre se mudaron a un pequeño poblado piamontés. Eco recibió educación salesiana.

Se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de Turín en 1954 con un trabajo que publicó dos años más tarde con el título de El problema estético en Santo Tomás de Aquino (1956). Trabajó como profesor en las universidades de Turín y Florencia antes de ejercer durante dos años en la de Milán. Después se convirtió en profesor de Comunicación visual en Florencia en 1966. Fue en esos años cuando publicó sus importantes estudios de semiótica Obra abierta (1962) y La estructura ausente (1968), de sesgo ecléctico. Desde 1971 ocupa la cátedra de Semiótica en la Universidad de Bolonia. En febrero de 2001 creó en esta ciudad la Escuela Superior de Estudios Humanísticos, iniciativa académica solo para licenciados de alto nivel destinada a difundir la cultura universal. También cofundó en 1969 la Asociación Internacional de Semiótica, de la que es secretario.

Distinguido crítico literario, semiólogo y comunicólogo, Umberto Eco empezó a publicar sus obras narrativas en edad madura (aunque en conferencias recientes cuenta de sus experimentos juveniles, los que incluyen la edición artesanal de un cómic en la adolescencia). En 1980 se consagró como narrador con El nombre de la rosa, novela histórica culturalista susceptible de múltiples lecturas (como novela filosófica, novela histórica o novela policíaca, y también desde el punto de vista semiológico). Se articula en torno a una fábula detectivesca ambientada en un monasterio de la Edad Media el año 1327; sonoro éxito editorial, fue traducida a muchos idiomas y llevada al cine en 1986 por el director francés Jean-Jacques Annaud. Escribió además otras novelas como El péndulo de Foucault (1988), fábula sobre una conspiración secreta de sabios en torno a temas esotéricos, La isla del día de antes (1994), parábola kafkiana sobre la incertidumbre y la necesidad de respuestas, Baudolino (2000), una novela picaresca -también ambientada en la Edad Media- que constituye otro rotundo éxito y sus últimas obras, La Misteriosa Llama de la Reina Loana (2004) y El cementerio de Praga (2010).

Ha cultivado también otros géneros como el ensayo, donde destaca notablemente con títulos como Obra abierta (1962), Diario mínimo (1963), Apocalípticos e integrados (1965), La estructura ausente (1968), Il costume di casa (1973), La forma y el contenido (1971), El signo (1973), Tratado de semiótica general (1975), El super-hombre de masas (1976), Desde la periferia al imperio (1977), Lector in fabula` (1979), Semiótica y filosofía del lenguaje (1984), Los límites de la interpretación (1990), Seis paseos por los bosques narrativos (1990), La búsqueda de la lengua perfecta (1994), Kant y el ornitorrinco (1997) y Cinco escritos morales (1998).