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jueves, 1 de mayo de 2014

Breve comentario personal sobre "El último encuentro" - Wendy

Asuntos pendientes, sin resolver y cómo dejamos que nos afecten fue lo primero en lo que pensé al terminar de leer este libro de Sándor Márai. Me hizo pensar si en cierta medida y sin importar la edad, todas las personas se enfrentan a este tipo de situaciones, relaciones que terminan abruptamente, sin razón aparente, sin motivos y sólo dejan una gran interrogante, una sensación de pérdida, donde uno se pregunta qué pasó. 

Hay indicios pero no hay certezas y eso deja al general preguntándose, torturándose por 41 años porqué su amistad de infancia y juventud terminó de repente, sin aviso. Tiene sospechas pero no está seguro. Después de tanto tiempo, ahora tiene la oportunidad de confrontar a la única persona que puede darle la verdad que busca. El hombre que una vez fue su íntimo amigo ahora posiblemente viene a darle una explicación de porqué esa amistad fue quebrada, envenenada, dejándole un mal sabor de boca cuando se siente traicionado por su huida. 

En mi opinión esos son los temas principales del libro: amistad y traición. De entrada me llama la atención la traducción del título. He visto que la traducción del húngaro puede ser “The Candles Burn Down to the Stump” y la que yo leí está traducida como “Embers” que me parece una mejor opción a “El último encuentro”. Me parece una imagen más rica, lo que queda de un fuego. En cualquier caso, me pregunté sobre la calidad de la traducción. Quizá hay una gran diferencia entre la traducción en español y la traducción en inglés. Eso lo menciono como curiosidad. 

No voy a hacer mi comentario muy largo porque no tengo conocimientos técnicos para comentar largo y tendido sobre literatura. Lo que puedo compartir es que es un libro que disfruté muchísimo, en el que cada frase, cada imagen es una belleza. El nivel descriptivo me capturó de entrada, la descripción de los castillos, bosques, modos de transporte, estilo de vida, una era distinta. Me encantó el misterio, el tono lento de la conversación, nostálgico, como si tienen todo el tiempo en el mundo, sin prisa, como si ya no importa realmente lo que pasó. En fin, una excelente elección de lectura.

miércoles, 30 de abril de 2014

El último encuentro, comentario personal



Leer esta novela de Sándor Márai es como sentarse frente a un viejo y escuchar sus historias, mil veces repetidas tal vez, pero marinadas y añejadas con la suma de reflexiones que durante mucho tiempo ha rumiado en soledad. 

Es un viaje introspectivo a través de la conciencia de alguien que ya vivió su vida y da una mirada hacia atrás para buscar las respuestas a dos preguntas que ni el tiempo ni sus propias cavilaciones han sabido responder.

Ha necesitado además cuarenta y un años con cuarenta y tres días, para ubicarse frente a frente a la única persona que puede resolver los misterios que lo apesadumbran. 

Comencé a leer este libro con aquella mezcla de sorpresa y encanto que se siente al encontrarse con una narración tan bien escrita. Márai es impecable con sus frases correctas y  sus aseveraciones pulcras. 

También me parece que construye a sus personajes de tajo. No omite ningún detalle. Sumamente introspectivo. Desde un inicio me capturó la descripción que hace por ejemplo de Nini, la nodriza. Y todo iba de perlas hasta que el libro se convierte en un monólogo sin salida. Estoy de acuerdo con lo que alguien escribió en algún blog que me enseñó mi esposo, que decía que le hubiera parecido más honesto que la novela tuviera un formato de ensayo. Y pese al mérito que merece construir una novela en un diálogo extenso, debo decir que por momentos me cansó. Yo deseaba escuchar a su amigo, saber sus reacciones, escuchar sus respuestas o sus defensas, o simplemente alguna confesión. Pero esta confesión vino en forma silente y, para mi, poco satisfactoria.

Cualquiera podría decir que el personaje principal ya estaba muy por encima de cualquier explicación y que ya no la necesitaba. Es posible, pero a mi si me hizo falta. 

Lo que rescato de esto es el hecho de que la mayoría de las veces las conversaciones con los viejos que pasan mucho tiempo solos así son. De una vía. Ellos ya no esperan una retroalimentación, solo quieren ser escuchados y decir lo que guarda su corazón en las horas de soledad. Y con eso basta. De ahí la opinión del que escucha es solo un adorno, un silbido en medio de su charla.

Mi valoración en términos generales es que es un buen libro, muy bien escrito, pero que me costó asimilar su formato y sobre el que me quedaron algunos vacíos, pero eso es por mi gusto particular. Por ejemplo, me habría gustado que Nini, a quien nos describe al inicio tan bien y por quien nos hace sentir tanta simpatía, hubiese figurado más en la historia o en el desenlace. Me habría gustado también conocer el contenido del diario que quemaron y las motivaciones de Krisztina, entre otros; pero reconozco que es el estilo propio de Márai y hay que respetárselo. 
No obstante estas observaciones que podrían parecer negativas, sí he quedado invitada a seguir leyendo más sobre su prolífica obra, que lamentablemente no está toda traducida del húngaro, sino unos cuantos libros nada más.

Finalmente quisiera compartirles una pequeña parte de tantas frases que me animé a remarcar:

“Vivía en aquella habitación, adaptado a las dimensiones de las enfermedades que le acechaban”. 
“La fuerza de Nini llenaba la casa, a las personas, traspasaba las paredes, los objetos, como una corriente secreta”. 
“Cuando pasa de los noventa, la gente envejece de manera distinta que a los cincuenta o a los sesenta. Envejece sin resentimiento”. 
“Detrás de las pareces frescas resonaba y se fermentaba el verano”. 
“La primera palabra íntima que le dijo a aquella joven fue el nombre de su patria”. 
“Pretender por primera vez apropiarse del cuerpo y del alma del otro, sacándole del mundo para poseerlo en exclusiva. Esto y sólo esto es el sentido del amor y de la amistad”. 
“Solamente somos capaces de ejercer el poder sobre las almas humanas si conocemos a quienes se ven obligados a someterse a nosotros, si los comprendemos y si los despreciamos con muchísimo tacto”. 
“Era perfecta hasta en su falta de gusto”. 
“Es la mayor tragedia con que el destino puede castigar a una persona. El deseo de ser diferentes de quienes somos.” 
“Hay personas a quienes todo el mundo quiere, a quienes todo el mundo regala con una sonrisa, a quienes todos miman y perdonan, y esas personas generalmente tienen algo de coquetas, algo de prostitutas”. 
“El que busca la verdad tiene que empezar buscando dentro de sí”. 
“Todo vuelve, las cosas y las palabras avanzan en círculo, a veces atraviesan el mundo entero, siempre en círculo, y luego se vuelven a encontrar, se tocan y cierran algo”. 
“Uno no puede ser músico y pariente de Chopin sin consecuencias”. 
“El secreto y el regalo mayores de la vida es cuando se encuentran dos personas semejantes”.
Y bueno, son tantas que no voy a transcribir la mitad del libro, pero esas fueron las que más me gustaron.

Espero que todos hayan disfrutado de esta lectura y que, a pesar del asueto nacional, nos reunamos para comentar el final.

Un abrazo y como siempre ¡Felices lecturas!

lunes, 28 de abril de 2014

Sándor Márai, biografía



Sándor Márai (pronunciado [ˈʃa:ndor ˈma:rɔ.i]; Košice, 11 de abril de 1900 - San Diego, 22 de febrero de 1989) fue un novelista, periodista y dramaturgo húngaro.

Sándor Károly Henrik Grosschmid de Mára, conocido como Sándor Márai, nació en Košice (hoy en Eslovaquia; en húngaro: Kassa), una pequeña localidad del antiguo Reino de Hungría, en el entonces poderoso Imperio Austrohúngaro, desaparecido tras su derrota en la primera guerra mundial. Descendiente de una familia acomodada de origen sajón, su infancia y su pubertad fueron algo conflictivas, ya que se escapó de su casa varias veces y por ello fue ingresado en un internado religioso. Posteriormente se instaló en Leipzig para estudiar periodismo, carrera que abandonó. Durante su juventud viajó por Europa, sobre todo por Europa Central, y visitó París, la capital cultural de la época, donde convivió con algunos de los representantes más destacados de las vanguardias estéticas del momento.

Tras decantarse en un principio por escribir en alemán (lengua que dominaba desde pequeño), se decidió finalmente por su lengua materna, el húngaro. 

En diversas obras, y también en disquisiciones de personajes de sus novelas, Márai exaltó la belleza que atribuía al idioma húngaro, especialmente por su fonética. En 1928 se instaló en el pequeño barrio de Krisztinaváros, en Budapest.

Durante la década de 1930 se labró un gran prestigio por la claridad y precisión de su prosa de estilo realista, prestigio que pocos años después era casi comparable al de Thomas Mann o Stefan Zweig. Sus obras se traducían a numerosos idiomas.

Si bien alabó con entusiasmo los Acuerdos de Viena, en los que la Alemania nazi obligó a Checoslovaquia y a Rumanía a devolver a Hungría parte de los territorios perdidos por ésta en el Tratado de Trianon, escribió contundentes artículos en contra del nazismo y se declaró "profundamente antifascista", algo poco recomendable en la Hungría del momento. No obstante, su inmensa fama lo tuvo a salvo de represalias de calado.

Su estrella empezó a apagarse con la ocupación soviética de Hungría y con el establecimiento del régimen comunista. Tildado de "burgués" por los comunistas, Márai abandonó definitivamente su país en 1948 y, tras una breve estancia en Suiza e Italia, emigró a Estados Unidos en 1952, instalándose en Nueva York. Recibiría posteriormente la nacionalidad estadounidense. 

Con la llegada de los comunistas su obra fue prohibida en Hungría lo que hizo caer a Márai en el olvido -en ese momento estaba considerado uno de los escritores más importantes de la literatura centroeuropea-. Así, habría que esperar varios decenios, hasta el ocaso del comunismo, para que este escritor fuese redescubierto en su país y en el mundo entero. Durante sus primeros años en Estados Unidos -período de 1952 a 1967 trabajó para Radio Europa Libre. 



En 1968 se trasladó a Salerno (Italia) y en 1979 volvió definitivamente a Estados Unidos, a San Diego, California donde viviría el resto de su vida. En 1989 Márai se quitó la vida con un arma de fuego que él mismo había comprado con ese fin. Habían pasado 4 años desde la muerte de su mujer Ilona y faltaban pocos meses para la caída del Muro de Berlín.

Aunque Sándor Márai destacó sobre todo por su obra narrativa, también escribió poesía, teatro y ensayo, además de múltiples colaboraciones periodísticas, entre las que se encuentran algunas de las primeras reseñas sobre las obras de Franz Kafka. En sus novelas, escritas originariamente en húngaro y cuidadosamente desarrolladas, Marai analiza la decadencia de la burguesía húngara durante la primera mitad del siglo, en títulos como Divorcio en Buda, El último encuentro o La herencia de Eszter. Además de sus novelas, Márai escribió libros de memorias que retratan las convulsiones sufridas por Hungría durante la primera mitad del siglo XX, como la Primera Guerra Mundial (retratada en Confesiones de un burgués) o las invasiones del ejército nazi, primero, y soviético, después (en ¡Tierra, tierra!).

martes, 22 de abril de 2014

El último encuentro, Sándor Márai

"Cuando pasa de los noventa, la gente envejece de manera distinta que a los cincuenta o a los sesenta. Envejece sin resentimiento" - Sándor Márai

La búsqueda de la verdad como fuerza liberadora, como soporte ético imprescindible para sobrellevar el transcurso de una vida, está en el centro de esta novela magistral, que tras permanecer en el olvido durante más de cincuenta años fue rescatada por la prestigiosa editorial italiana Adelphi y se colocó rápidamente en el primer puesto de las listas de libros más vendidos de Italia. 

La tremenda exactitud de su prosa, apenas atemperada con un barniz de refinada melancolía, unida a la vigencia de sus propuestas morales, sitúa a Sándor Márai entre los grandes escritores europeos de este siglo. Un pequeño castillo de caza en Hungría, al pie de los Cárpatos, donde alguna vez se celebraron elegantes veladas y cuyos salones decorados al estilo francés se llenaban de la música de Chopin, ha cambiado radicalmente de aspecto. El esplendor de antaño ya no existe, todo anuncia el final de una época. 

Dos hombres mayores, que de jóvenes habían sido amigos inseparables, se citan a cenar tras cuarenta años sin verse. Uno ha pasado mucho tiempo en Extremo Oriente, el otro, en cambio, ha permanecido en su propiedad. Pero ambos han vivido a la espera de este momento, pues entre ellos se interpone un secreto de una fuerza singular. Todo converge en un duelo sin armas, aunque tal vez mucho más cruel, cuyo punto en común es el recuerdo imborrable de una mujer. La tensión aumenta, línea tras línea, hasta que se hace casi insoportable, pero la prosa continúa, implacable, precisa, fiel reflejo del empeño de los protagonistas por hurgar hasta en lo más recóndito de sus almas, allí donde se encuentran esas verdades cuyo descubrimiento provoca, al mismo tiempo, un insoslayable dolor y un incontenible impulso vital.

De esta manera se nos introduce al interesante libro opcional que tenemos programado para este mes de abril en el Club de la Buena Estrella para suavizar el arrebato y la conmoción que nos dejó la lectura de Ficciones de Borges.

Gracias a la acertada recomendación de Henry y de María Ofelia, conoceremos a este autor húngaro que durante muchos años pasó casi en el anonimato y nos llega ahora para que nos deleitemos con su narrativa. ¡Esperamos que disfruten con nosotros de esta lectura!

FICHA




















Mes:              Abril de 2014
Viñeta:          Opcional
Autor:           Sándor Márai
País:             Hungría
Traducción
del húngaro:  Judit Xantus Szarvas
Editorial        Publicaciones y Ediciones Salamandra, S.A., 1999
ISBN:           84-7888-601X
Tamaño:        207 páginas / 2214 posiciones

DIVISIÓN DE LAS LECTURAS

Jueves 24 de abril de 2014
Capítulos 1-12  
Posición 1032
46%

Jueves 1 de mayo de 2014
Capítulos del 13 hasta el final

EL AUTOR

Sándor Károly Henrik Grosschmid de Mára, (pronunciado [ˈʃa:ndor ˈma:rɔ.i]; Košice, 11 de abril de 1900 - San Diego, 22 de febrero de 1989), fue un novelista, periodista y dramaturgo húngaro. 

Conocido como Sándor Márai, nació en Košice (hoy en Eslovaquia; en húngaro: Kassa), una pequeña localidad del antiguo Reino de Hungría, en el entonces poderoso Imperio Austrohúngaro, desaparecido tras su derrota en la primera guerra mundial. Descendiente de una familia acomodada de origen sajón, su infancia y su pubertad fueron algo conflictivas, ya que se escapó de su casa varias veces y por ello fue ingresado en un internado religioso. Posteriormente se instaló en Leipzig para estudiar periodismo, carrera que abandonó. Durante su juventud viajó por Europa, sobre todo por Europa Central, y visitó París, la capital cultural de la época, donde convivió con algunos de los representantes más destacados de las vanguardias estéticas del momento.