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viernes, 8 de febrero de 2013

Una misma noche...

No. No me he quedado estancada en Leopoldo.  Lo que quiero es comentarles mi primera experiencia con "Cuando te encuentre".

Cerré el libro de "Una misma noche" y me quedé perturbada, entre el sueño y el cuadro negro y el final que para mi no era final. Aún eran poco más de las ocho de la noche y entonces pensé: está aún temprano, voy a aprovechar el tiempo y empezaré con el libro de febrero. Cuando empecé a leer sentí una sensación tan extraña, era como estar corriendo a una gran velocidad y de repente parar en seco y empezar a caminar. No se si me puedan entender, pero me quedé pensando ¿Será posible que vamos a leer esto?  Línea tras línea, escritas de manera muy sencilla, todo tan lineal y en ese momento pensé: si Leopoldo le diera un poco de su técnica a Sparks y Sparks un poco de su sencillez, saldría un escritor regio.

Estuve a punto de dejar el libro a un lado y no seguir leyéndolo, me recordó el primer y único libro de Paulo Coelho que he leído (únicamente que sin las frasesitas inspiradoras y motivacionales) pero decidí seguir; en honor al club y a mi objetivo de leer todos los libros programados para este año. Mi mayor sorpresa fue encontrarme un viernes llegando a la medianoche a mi casa y cogiendo el libro porque necesitaba seguir, y luego el sábado, abrir los ojos y volver a pensar: Creo que puedo leer un capítulo hoy temprano,es decir, me tragué todas las palabras y las críticas y terminé atrapada por Nicholas Sparks.

De este ejercicio me quedaron un par de lecciones importantes. Primero, nunca más volver a leer un libro inmediatamente después de terminar otro.  Eso de saltar de un autor a otro una misma noche, es equivalente a saltar de una relación a otra cuando todavía estás enganchado en la primera. Y luego, que a veces a un libro le puede fallar la técnica, pero lo más importante es la capacidad que tiene el autor para atraparte, para generarte un sentimiento, para hacerte sentir. Nicholas Sparks probablemente nunca gane un  premio literario  pero sabe cómo mantenerte capturado en una historia sencilla, su intriga es más lograda que la de Leopoldo, aún siendo un escritor empírico sin mayor escuela literaria.

Disfruten su lectura de este mes y que no les de pena sacar el adolescente que todos llevamos dentro.


viernes, 1 de febrero de 2013

Ayuda memoria...

La memoria…  los recuerdos… vaya por Dios ¡todo lo que se puede decir de eso! Que si es real, que si se construye en el momento "no existe un cajón de recuerdos, los recuerdos se elaboran en el instante". ¿CÓMO? Pero… ¿Y el romance, dónde queda?

Bueno compas de andanzas literarias, quiero compartir este breve escrito para hablar sobre el libro de enero, que nos permitió tantos encuentros llenos de intensidad. La verdad es que para hacer justicia, lo que no podemos negar, es que sin duda este libro nos ha generado un montón de energía y emociones que le han puesto mucho sabor a las reuniones y, por mi parte, tan sólo eso, ya vale la pena para haber leído el libro “Una misma noche”, más allá de si valía la pena como literatura, de si el autor logró su cometido o no, de si nos gustó o más bien, podríamos haber seguido viviendo sin nunca haberle leído. Y antes de seguir he de decir, que si bien no será un libro memorable, tampoco opino que es lo peor que he leído en mi vida...  

Pero, para no desviarme del tema, quiero decir que ha sido fascinante ver “la pasión” con que cada quien expresaba el camino por donde le hizo transitar la lectura: el desconcierto, la decepción, los recuerdos, la confusión, el interés, la incredulidad (“Z” ¿Pero cómo, se acabó?), la curiosidad, la imaginación en muchos casos, mucho más prolifera que la del mismísimo escritor: tortura, asesinato, secuestro, violación… "No, sólo abrió la puerta (…)".

Y bueno, es que no paro de reír pensando en todas las cosas que nos hizo suponer, imaginar y, tal vez, desear, este libro; por ello, declaro desde mi óptica personal, que creo que a pesar de todo, ha valido más la pena este libro que algunos malos amores de los cuales hoy por hoy no puedo hablar ni con pena ni con gloria… Y, a manera de cierre, quisiera compartirles un recuento de la memoria, que “borrosa” como la de Leo Bazán, he hecho sobre las que para mí son algunas de las “citas memorables”, y les invito, de una manera cordial, a que con toda libertad me corrijan y me ayuden para que no se nos olviden, como diría mi amiga de la infancia: "Cuando la memoria ya nos falle…".

FELICES LECTURAS, y nos vemos el jueves cuando el romance/erotismo de febrero, nos convoque para descubrir si “Cuando te encuentre” nos hace suspirar o nos empalaga de tanta miel…

UNA MISMA NOCHE – CITAS MEMORABLES
  •  No me gusta por “tacaño” en cuanto a las descripciones…
  •  NO ES UN THRILLER!!!!!!
  •  A mí no me gusta…  ¡Ahora sí ya me gustó!
  •  La semana pasada dije que no me gustaba, pero ahora sí siento que ya me está gustando
  •  Pura técnica… creo que este cerote mejor debería dar clases
  •  Insisto, no me gusta por “escaso” de detalles
  •  Lo que más lamento es no haber leído este libro antes de tener enfrente a Leopoldo, para haberle dado en la cara…
  •  No me aguantaba por venir a la reunión de hoy para hacer pedazos a este cerote!
  •  Lo dicho, sólo la Rosa Montero opina que esto es un “Thriller”
  • Si la Rosa Montero te hubiera oído contar tu historia, ¡LLORA, y ahí mismo te da el premio Alfaguara!!
  • ¡Ya superálo bicho!!
Y así, sucesivamente… ha sido un placer parecido a un cafecito en una de esas maravillosas mañanas de cielo azul que de vez en cuando nos regala el verano…

Les abrazo...

martes, 29 de enero de 2013

Una misma noche, ¿un thriller existencial?

Rosa Montero parece haber puesto de moda la etiqueta de "thriller existencial". 

La periodista y escritora española ya había definido como un "thriller existencial futurista" a su último libro Lágrimas bajo la lluvia, publicado en 2011. Tan sólo unos meses después, en su calidad de presidenta del jurado del premio Alfaguara 2012, la autora de La hija del caníbal usó una versión de la misma etiqueta para expresar su valoración de Una misma noche, novela del argentino Leopoldo Brizuela a la que definió como "un thriller existencial, perturbador e hipnótico". La frase quedó plasmada en la contratapa del libro. 

Durante su visita a El Salvador, pregunté al autor platense si identificaba su novela con esa descripción: ¿Está de acuerdo con Rosa Montero cuando ella dice que su libro es un thriller existencial?

Leopoldo Brizuela expresó su aprobación casi de manera tácita, argumentando que su libro, un ejercicio de la memoria por esclarecer el recuerdo de una experiencia ligada al miedo que inhibe a un individuo y lo marca de por vida, aborda algo tan básico y profundo como la mera existencia. 

Preguntado en México sobre el mismo asunto, el escritor respondió a La Jornada: "Me gusta mucho la definición que hizo Rosa Montero, quien fue presidenta del jurado que anunció el premio en marzo pasado. Quise hacer una novela de suspenso que tuviera al lector metido en ese mundo, porque me gusta convencer de esa manera, cuando puede meterse en ese mundo y vivir esa experiencia; es una manera tramposa de persuadir al lector”.

Ahora bien, admito que personalmente nunca me sentí cómodo con aquello de thriller existencial, de modo que leí el libro con toda la intención de intentar despejar mis dudas en ese sentido. 

¿Thriller existencial? Bueno, desde la consolidación de la novela como género literario por excelencia, transgrediendo las formas de clasificación más básicas de épica, lírica, narrativa y didáctica, y aglutinando elementos de algunas o de todas ellas en una sola obra; cada vez es más difícil identificar una etiqueta para poner en un libro.

Digamos que por enfocarse en situaciones de angustia, duelo, melancolía, temor, apatía e indiferencia (y recuerdo el derrotismo atribuido al personaje central, del que hablaba Vicent en la reunión del jueves 17), así como por abordar de una manera vivencial asuntos inherentes a la condición humana, como la significancia o insignificancia del ser, el dilema en la guerra, la banalización de la violencia, el eterno tema del tiempo, la libertad, la relación dios-hombre, etcétera; podemos llegar a desprender que lo de existencial le va a Una misma noche. ¿Pero qué decir de si es un thriller?

En un tiempo en el que la cinematografía y otras tantas formas de comunicación multimedia se han convertido en una manera alternativa para expresar la literatura (así sea un guión adaptado a partir de una novela), los thrillers son ahora expresiones del subgénero novelesco del suspense o suspenso, en cuyas historias todos los elementos (personajes, meta, conflicto, ritmo, etc.) están al servicio de una intriga, pretendiendo captar el interés a través de la emoción, pero sucediéndola gradualmente con la razón. Ergo, el suspense funciona en la medida en que emocione e interese cognitivamente al lector o espectador.

Ya Aristóteles había analizado en su Poética, el impacto de la incertidumbre en la construcción literaria de la tragedia. Según Antonio Valdecantos en su análisis Entre la Ética y la Poética (Responsabilidad, fortuna e incertidumbre según Aristóteles), "el espectador se compadecerá, desde luego, de la indefensión del personaje y sentirá temor de lo espantoso de las circunstancias. Mas para que pueda haber compasión y temor —bien que «purgados» por la representación— es preciso que el espectador mismo tenga que verse en cierto modo concernido por lo que ocurre en la escena."

El autor sobre narratología Meir Sternberg ve al suspenso como un recurso de retórica-funcionalista, uno de los varios componentes de interés de una narración. De acuerdo con este especialista en teoría narrativa, "la narración puede ser definida como la interacción entre suspenso/curiosidad/sorpresa en el tiempo de la comunicación (en cualquier combinación, y aplicando cualquier medio o forma latente)". 

Según Sternberg, el suspenso está supeditado a la expectación que genera el desarrollo y el desenlace de un acontecimiento a futuro y supone una narración cronológica.

En ese sentido, Una misma noche no es lineal ni cronológica, y no existe en ella un desenlace en el futuro. El personaje central y narrador más bien escarba en el pasado hasta reconstruir una experiencia a partir de recuerdos. Se diría entonces que usa el componente de la curiosidad más que el del suspenso, recurso que según Sternberg "genera misterio e interés modificando el orden de exposición de los eventos".

Y dicha modificación en el orden de aparición de los eventos no resulta del todo exitosa. Fer señalaba en la reunión del club del día 24, la poca fuerza con que el autor termina sus flashbacks y la debilidad o carencia de ganchos que provoquen que el lector vuelva de cada salto entre 1976 y 2010 y se conecte de inmediato con el punto de la historia donde lo dejó cada período.

Pareciera que Una misma noche encaja mejor en lo que Raphaël Baroni define como "narrativa tensional", para así establecer el tipo de ansiedad producida por una narración enigmática, que alarga las resoluciones, generando estrés y tensión a través de actos repentinos o inesperados y/o a través del lento curso de los acontecimientos en el cual se supone que va a pasar algo pero que en realidad no pasa nada. Según esta visión, el escritor o el guionista se aparta de la narrativa clara y ordenada, precisamente para lograr el efecto deseado. 

Personalmente me parece que Leopoldo Brizuela hace que su narrador descubra pocas cosas e infiera demasiadas. La construcción del recuerdo demanda llenar vacíos que al final se sustentan en unos cuantos hechos y en no pocas imaginativas elucubraciones. Tal es así que los verdaderos grandes conflictos y marcas del narrador, se develan mejor en el surrealismo de un sueño que en todos los esfuerzos conscientes de su búsqueda.

¿Novela psicológica quizá? No estoy seguro. A lo mejor faltaría despejar muchos porqués adeudados a lo largo de su narración. Pero al menos en esta clase de literatura, el personaje y su caracterización son más importantes de lo usual, y la mente del personaje es más protagónica que en otro tipo de novelas. Buena excusa para mimar el ego. Conocida como la novela del "hombre interior", la novela psicológica involucra reflexiones, introspecciones, regresiones, recuerdos, epifanías y tomas de conciencia. Abunda en monólogos y soliloquios, recurre al uso de flashbacks e indaga en el interior del personaje a través de textos directamente emanados del mismo, como diarios íntimos o cartas.

En lo que a mi respecta, la etiqueta compuesta de Thriller existencial no me cierra.

Una misma noche, citas memorables

Parece que el veredicto casi unánime es que Una misma noche no resultó ser del gusto de todos en el club. En lo personal me pareció un libro bastante lento en principio, que encuentra sus mejores momentos de la mitad en adelante. Quizá no ayudó mucho la narración ensimismada y una trama en círculos, iterando en el mismo recuerdo en un largo ejercicio de introspección y memorias. Sin embargo creo que tiene partes bien logradas. Encontré varios segmentos y frases que en particular me gustaron mucho. 

He aquí las citas que más destaco:



Si la mente consigue perderse en la Internet, 
el cuerpo, ese estorbo, cansado, se repliega.


Y comprendo que la escritura es una manera única 
de iluminar la conexión entre el pasado y el presente. 
Y  eso me alienta a empezar: no como quien informa, 
sino como quien descubre.

Creí lo que decía: había llamado talento 
a eso que se había agolpado en mí. 
Eso que al fin se desbocó y me hizo llorar, 
como llora la música.


¿Qué hacen en el barco? 
Enfrentan a un gatito con una rata inmensa 
de esas que hay en la bodega y levantan apuestas
 y solo los estúpidos apuestan por la rata: 
'La raza siempre gana'.



Se dice —dicen los abogados, por ejemplo, 
de los genocidas, en los Juicios por la Verdad: 
y es su principal argumento para pedir su absolución— 
que no se puede juzgar una época según los criterios de otra. 
Que no puede entenderse la guerra en términos de paz.


Que el dolor de uno, 
por solitario que pudo parecer, 
termina siempre por ayudar a otro, 
mucho tiempo después, en otro tiempo. 


Y cuando salía a la calle, entre un objeto y otro, 
entre una y otra persona, así como en los viejos 
laboratorios fotográficos uno veía surgir figuras,
poco a poco, del papel en blanco bajo el líquido revelador, 
así, ahora, solo para mí se hacían visibles esos hombres 
que había creído del pasado, machos enardecidos 
por la gloria de haber matado, sin tener que pensar en ello... 
guardianes de ese orden secreto que nos rige, 
y que yo, más que nunca, me proponía descubrir escribiendo.


 Conmovido, solo atiné a ofrecerle 
que viniera a la Argentina; y me dijo que no, 
porque aun en un país enfermo de violencia
 puede crecer la vida, y su vida estaba allí. 


¿Y su madre? No, me digo, la señora Felisa 
había muerto en 2004, poco antes que mi padre. 
Y ella bajo una lápida con una estrella de David, 
el otro con una bandera argentina a modo de mortaja, 
habían vuelto a ser vecinos, aunados como nunca 
en un mismo legado. Porque la gente también muere 
para que podamos hablar.


¡Dios mío!, me digo. ¿Y si acaso nuestro miedo 
exageró lo incognoscible del pasado? 
¿Y si todo hubiera estado allí todo el tiempo 
para quien se atreviera a saber?


Una exiliada en Francia me contó una vez 
cómo los habían torturado, en el penal de Rawson, 
a ella y a su marido. “Péguense”, les decía el atormentador. 
“Siempre será mejor que si les pego yo. 
Y de paso, descanso. Y de paso, me divierto.”


Se había rasgado el átomo de mi recuerdo, 
la cuchilla de la historia había separado sus elementos
 liberando en mí su fuerza letal; y si quería salvarme 
sólo me quedaba velar por que ese caos se organizara 
con una forma nueva, medianamente armónica, 
en un relato nuevo.


Y es un tiempo sin tiempo, 
en que aun las cosas tremendas 
se vuelven recurrentes; 
terminan por girar como planetas 
en torno de su cama. 


...y ya fue conmovedor intuir 
que no solo una misma pasión, 
sino también una misma fuerza 
indefinible, ajena a nosotros, 
nos había elegido para revelarse.


...quizá se tratara de dejar 
que el cuerpo fuera el papel en blanco, 
que la experiencia escribiera en mí,
para por fin escribirla. 
Pagar el precio.


Debió de haber gritado. No lo sabe, y no lo recordará.
Pero sin duda ha gritado porque Dios entra bramando
 —lo que se espera de Dios— a impartir su justicia. 
 “¿Pero qué hacen, animales?”
Y ahora, paralizada, temblorosa, allí en la camilla, 
siente la mirada de Dios sobre su cuerpo entero. 
Y es como una piedad, sí, porque siendo tan grande 
su poder de perdonar, se lo siente en el cuerpo, 
como un calor o un perfume.
Dios la mira solamente, como si fuera a nombrarla. 
La potestad divina de traerla a la vida con su sola palabra. 
“Suspendan”, dice por fin. “Ella no es montonera.”


Y en el silencio de todos, que de algún modo 
parece excluirme, siento todavía la vastedad del viento, 
sus ráfagas que desautorizan los ruidos 
del tránsito incesante 
confundiéndolos, desbaratándolos. 



Y hay un mostrador en donde se nos indica 
llenar un formulario con nuestros datos, 
las razones por las que hemos venido aquí. 
“Poéticas”, improviso, mientras siento, sobre mi cuerpo 
que se inclina a escribir, la mirada atenta del pasado: 
Yo soy su hijo pródigo.



Pero ella parece creer ahora 
que son los desaparecidos, los muertos,
los que permiten el paso. 
Y a ver quién es capaz de detenerla.


—Entremos en el campo —dice la guía.
Entramos al lado oscuro de todas mis palabras. 


—¿Cómo puede ser que en un lugar de muerte 
se ironice sobre la muerte? El horror de matar, 
de tener que matar… El horror que distingue 
al revolucionario del perverso...
 ¿Y qué habilita en cada uno, y en el mundo, 
el hecho de matar? ¿Quién puede frivolizarlo 
sino un idiota?



—Pero, ¿no será el horror el más alto grado de verdad 
que nos animamos a concebir? ¿Un umbral que, 
de todos modos, la imaginación alcanza a trasponer 
aunque uno ya no tenga la valentía de recordarlo?


¿O era simplemente mi silencio? 
Esa forma de muerte que implica no poder escribir. 
Sospechar nuevamente que nunca había escrito nada. 
Que nunca podría escribir nada.


Pero yo no digo nada. Callo.
Y sobre mí se cierra el mar del olvido.


Ah, dentro del agua, el tiempo se diluye y yo mismo me diluyo.
[...] No, no saldré. Me hundo un poco más, hasta llegar al fondo.
Ya casi no resisto. Pero quiero saber que puedo resistir. 
Cómo es no poder más. Cierro los ojos y veo el fondo espléndido, 
el centro de la tierra. Su negrura.

miércoles, 9 de enero de 2013

La música de Una misma noche

Una misma noche no es una película y por la misma razón, no tiene una banda sonora. Pero creo firmemente que la vida entera tiene música de fondo y, en consecuencia, los libros también. 

En ese orden, Leopoldo Brizuela imprime en su personaje narrador otro sello personal, producto de esa faceta del autor que me causa una identificación particular: el gusto por la música. En el libro que nos ocupa, son varias sus alusiones y referencias directas a piezas musicales. Como la Polonesa en Sol Mayor de Johann Sebastian Bach que Leonardo Bazán parece haber ejecutado cuando, siendo un niño, no encontró mejor escape y refugio que tocar el piano mientras los allanadores permanecían en su casa. Su memoria, sin embargo, se debate por establecer qué pieza tocó en aquella noche fatídica. Quizá el Pejerrey con papas, la milonga anónima de 1880. A lo mejor la pieza de los cuadernos de Anna Magdalena Bach. 

Bazán, además, se declara chopiniano. Pero fue escuchar a Schumann lo que le tocó fibra y lo conmovió profundamente. El profesor que lo vio emocionarse recomendó a la madre que llevara al niño a recibir clases de música "conmigo o con otro, señora. Pero no deje de hacerle aprender el piano a este chico. Tiene mucho talento". 

"Creí lo que decía: había llamado talento a eso que se había agolpado en mí. Eso que al fin se desbocó y me hizo llorar, como llora la música." 
¿Nos aventuramos a hacer la banda sonora? Comencemos, pues, con la Polonaise de Johann Sebastian Bach. Pasemos a algo de Chopin (porque Bazán es chopiniano) y luego sigamos con un par de piezas de Schumann. Quizá de casualidad le atinemos a la música que conmovió al chico de nuestra historia. Tampoco puede faltar Sui Generis y su Mr. Jones o pequeña semblanza, cuya letra cita Leonardo cuando rememora al hijo del comisario Ramón Camps, su compañero al que "le gustaba el rock, sí, ¿y quién me creería si dijera que fue por él que conocí esa canción: Mr. Jones abrió la puerta/ vio a su madre recién muerta/ y la sangre en el chaleco se limpió...?". 

Para cerrar (y le dedico párrafo aparte), agregaré a la lista de canciones La avenida de los tilos de la cantante mendocina Luciana. Porque el poema de María Wérnicke que da su letra a la canción, se refiere a Diagonal Pueyrredón, un pequeño paseo céntrico en la ciudad de Mar del Plata; y aun cuando no se trata de la misma ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, esta última es también conocida como la ciudad de los tilos. 

¿Por qué listar una canción para la que no hay una sola referencia en todo el libro? Bueno, porque La Plata, la ciudad de los tilos, es el escenario geográfico de la novela. Y si ese argumento resultara insuficiente, diré que la añado porque La avenida de los tilos se lanzó en 1976, el mismo año de la traumática experiencia de Leonardo Bazán, el mismísimo año que se estableció en Argentina el "Proceso de Reorganización Nacional", como se autodenominó la dictadura militar integrada por el Teniente General Jorge Videla, el Almirante Emilio Massera y el Brigadier General Orlando Agosti, tras el golpe de Estado del 24 de marzo que derrocó al gobierno constitucional de la presidente María Estela Martínez de Perón. 

Enmarcada en esa oscura época de presos, desaparecidos, muertos y exiliados, la letra de La avenida de los tilos es una clara alusión a la tristeza experimentada por la ausencia de un ser querido y a la tragedia de sentirse extraño en el país propio, ("ayer he caminado más que sola, ayer he caminado sin vos",... "en que país estoy, si estoy sin vos, en que país, hecho de desamor"). La censura no se hizo esperar. Luego del fin de la dictadura, hacia 1985 María Wérnicke dijo que el poema fue inspirado en el sentimiento de tristeza que le produjo el hecho de que su hija dejara el país.

La música de Una misma noche:

martes, 8 de enero de 2013

Leopoldo Brizuela en El Salvador

Luego de recibir el premio Alfaguara y en el marco de promoción de Una misma noche, Leopoldo Brizuela visitó El Salvador el 26 de Julio de 2012. Puesto que nuestro club ha establecido que cada mes de enero hemos de leer el libro ganador de dicho premio, y en vista de nuestro gran interés en toda actividad relacionada con la lectura, asistimos a la presentación del libro organizada por Prisa Ediciones. Ahí pudimos escuchar de boca del autor un poco de sus motivaciones para escribir sobre los temas centrales del libro: el terrorismo de estado, la confusa y convulsa época de las dictaduras militares de los años setenta en la República Argentina y en el resto de América Latina, y su visión personal de la manera en que los ciudadanos comunes solemos reaccionar ante momentos y situaciones que, por converger en determinada coyuntura histórica, nos corresponde vivir. 

Brizuela asegura, sin embargo, que por sobre todos los temas abordados se yergue el de la memoria, ese ejercicio de discriminación de recuerdos borrados, negados o atesorados según el peso que le dimos en su momento a cada una de nuestras experiencias de vida. Sus argumentos para insistir en revivir la época de las dictaduras, un tema que para muchos resulta bastante trillado, son tan simples como auténticos: “Escribo sobre esto porque quiero. Este era un tema que debía tratar en un libro que debía escribir.” 

Y esa fue también mi impresión de Leopoldo Brizuela: un tipo auténtico que no parece disfrutar tanto del premio y de la atención captada por haberlo ganado, como del placer de escribir sobre lo que le apasiona. Más allá de su saludo y sonrisa amables, de que se fotografiara con los miembros de nuestro club de lectura, y de que firmara y dedicara nuestros ejemplares de Una misma noche con algún texto simpático que ahora reviste un valor especial para algunos de nosotros; el escritor se mostró como un tipo mesurado en sus respuestas, siempre prudente sin dejar de ser directo. Sobre todo por el hecho de haber sido expuesto a una entrevista conducida terriblemente por la anfitriona del evento, y a una serie de preguntas mal formuladas (algunas de las cuales ni siquiera fueron interrogantes, sino comentarios cuasi declaraciones de conocimiento) por parte de la audiencia.


Y bueno, no siempre se presenta la oportunidad de fotografiarse con un escritor reconocido, menos aun mientras este se encuentra en medio del ruido que genera alzarse con un premio como el Alfaguara.

He aquí algunas imágenes de la experiencia:





miércoles, 2 de enero de 2013

Leopoldo Brizuela, Una misma noche

¡Nuevo año, nuevos ánimos, nuevos propósitos y, por supuesto, nuevas posibilidades de lectura!
Les invitamos a iniciar 2013 leyendo nuestra selección para enero: Una misma noche, novela escrita por el escritor argentino Leopoldo Brizuela, Premio Alfaguara 2012.


Viñeta: Premio Alfaguara
Título:  Una misma noche 
Autor: Leopoldo Brizuela 
Nacionalidad: Argentina 
Editor: Santillana USA Publishing Company Incorporated, 2012 
ISBN: 1614356564, 9781614356561 
Nº de páginas: 288


Sinopsis
Una madrugada de 2010, el escritor Leonardo Bazán es testigo involuntario del asalto a una casa vecina. No es un robo usual: lo lleva a cabo una banda organizada, con una logística sofisticada, y hasta un patrullero de la Policía Científica. Pero lo que más perturba a Bazán es el recuerdo de una experiencia similar--de la que también fue testigo junto a sus padres--occurida en esa misma casa in 1976, a poco de iniciada la dictadura militar en la Argentina. El trauma de aquella noche pareció caer en el olvido; pero ahora Bazán siente que debe escribir para entender y salvarse. ¿Cómo actuaron exactamente él y sus padres y cómo juzgar hoy esas reacciones? ¿Cómo es posible que una estructura criminal, montada décadas atrás, todavía exista y que la gente siga reaccionando de la misma manera, con el mismo miedo?

Acerca del autor 
Leopoldo Brizuela, argentino nacido en La Plata en 1963, es un periodista, traductor y escritor de cuentos, novelas, poesía y reportajes. Desde 1985 ha publicado 9 libros y ha obtenido igual número de premios y distinciones, culminando el año recién pasado con la publicación de Una misma noche, libro ganador del premio Alfaguara 2012. 

Brizuela publicó sus primeros relatos en 1977 en la revista Oeste, por consejo de Gustavo Nielsen. Al año siguiente comenzó su colaboración como periodista en distintos medios gráficos. Estudió un tiempo en Cambridge y a su regreso a la Argentina se recibió en 1980 de bachiller en el Colegio San Luis de los Hermanos Maristas. Inició la carrera de Derecho, pero luego se cambió a la de Letras en la misma Universidad Nacional de La Plata. En 1984 comenzó a estudiar canto con Leda Valladares, con quien colaboró durante cinco años. 

Publicó su primera novela Tejiendo agua en 1985, luego de ganar el premio de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat. Ha traducido a Henry James, Flannery O'Connor, Eudora Welty, entre otros; y ha coordinado diversos talleres de escritura, como el de la cárcel de mujeres de Olmos y el de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo. Entre 1995 y 2001 se desempeñó como docente de la cátedra de Guion Cinematográfico en su alma máter. 

Brizuela ha hecho pública su homosexualidad, asumida desde los dieciséis años (misma época en la que decidió escribir su primera novela) y ha editado en 2000 una antología de relatos gay titulada Historia de un deseo: el erotismo homosexual en 28 relatos argentinos contemporáneos. 

La novela Tejiendo agua, escrita a los diecisiete años, obtuvo el Premio Fortabat 1985. Inglaterra. Una fábula ganó el Premio Clarín de Novela 1999 y el Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, y fue publicada en varios países, con reseñas consagratorias en medios internacionales como Le Monde, El País y La Folha de São Paulo. Es autor también de la nouvelle El placer de la cautiva (2001), el libro de relatos Los que llegamos más lejos (Alfaguara 2002) y la novela Lisboa. Un melodrama (Alfaguara Argentina, 2010; Alianza, 2010), entre otros libros. Fue escritor residente del Banff Center For the Arts, Canadá; del International Writing Program de la Universidad de Iowa, y recibió el subsidio de la Fundación Gulbenkian de Lisboa para el estudio de la cultura portuguesa. Colabora habitualmente en los diarios Clarín y La Nación, y coordina talleres de escritura creativa. 

Ganador del XV Premio Alfaguara 2012 
Ganador del Premio Clarín