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martes, 9 de agosto de 2022

Homo Deus: mi valoración personal


Hablar de Yuval Noah Harari suele desencadenar reacciones de interés, alboroto, polémica y, en algunos casos, de profundo desasosiego. 

El famoso historiador hebreo es reconocido como escritor best seller por sus obras Sapiens: de animales a dioses. Una breve historia de la humanidad y posteriormente Homo Deus: Breve historia del mañana, libro que nos ocupa en este caso. 

Habiendo leído ambos libros, he de reconocer que el autor tiene la virtud de volver interesantes y fluidos temas que muchos apenas conocíamos o que simplemente no gozaban de nuestro interés por ser percibidos como aburridos o difíciles de entender. El mérito del autor es dotarlos de sencillez y claridad suficientes como para que casi cualquier lector acceda a la información y la asimile en buena medida. Eso es de lo más satisfactorio en cuanto a la manera en que está escrito.

Ya sobre el contenido, en el caso de Sapiens no estuve de acuerdo con su enfoque sobre muchos aspectos del pasado prehistórico de la humanidad o con su interpretación particular sobre algunos acontecimientos que marcaron cambios significativos en la vida de nuestra especie en tiempos más recientes, pero admito que en todos los casos siembra la semilla que obliga a la consulta y a la reflexión sobre dichos tópicos. Sin embargo en Homo Deus, a pesar de mantener sus hilos interesantes, presentar muchos datos y proponer teorías sobre el futuro de la humanidad, encontré varios planteamientos que me parecieron sesgados y tendenciosos. 

Me parece por ejemplo que Harari subestima el impacto que tendría para la inmensa mayoría de los seres humanos tener que asimilar como verdad la inexistencia de Dios. Si un día viniera una nave espacial y de ella descendieran seres extraterrestres para darnos la noticia de que han recorrido de lado a lado el universo sin encontrar una evidencia de Dios, podemos estar seguros que la mayoría de los habitantes de este planeta se quebraría por dentro. Harari parece atribuir a la humanidad entera valores, capacidades y creencias que en realidad solo ostentan muy pocos humanos de avanzada en sociedades y clases pudientes y dominantes, olvidando que hay países y seres humanos de segunda y tercera línea, con un valor muy relativo para las naciones hegemónicas. El autor siempre parece medir las cosas desde la óptica de países y sociedades desarrolladas. De presunciones como esas es altamente probable que resulten falacias. De hecho Harari admite que las muestras de datos tomadas han sido obtenidas tan solo en sociedades educadas, industrializadas, ricas y democráticas del mundo occidental (WEIRD: Western, educated, industrialized, rich and democratic). 


No obstante, Harari me parece demasiado listo como para tomar sus planteamientos en esa línea como meros errores o desatinos. El historiador, ahora abordando temas de carácter científico, casi ha hecho una intrusión como divulgador sociológico, planteando predicciones que más bien inducen conceptos que poco a poco se van masificando hasta lograr un gradual condicionamiento y aceptación. De ahí que su reputación se ha ido posicionando exitosamente. Harari ha devenido en gurú e influencer de líderes mundiales de diversos ámbitos, que ya no solo leen sus libros sino que también lo invitan como orador y asesor en foros de importancia global. Las masas, en consecuencia, también han ido engrosando las filas de lectores de su obra, sobre todo si personalidades como Barack Obama o Bill Gates recomiendan encarecidamente su lectura. 

Si las propuestas de Harari llegan directamente a los líderes mundiales y permean en sus enfoques y opiniones, el potencial de que sus predicciones se vuelvan realidad es mucho más alto. La predicción pasa a convertirse en una inducción. Luego, el condicionamiento de las masas a las ideas donde Harari desmantela conceptos como la existencia individual, la consciencia del yo, el alma, la gestación del deseo y el libre albedrío, al tiempo que cuestiona el futuro de la democracia y de los derechos humanos, además de exaltar las ventajas de renunciar a la privacidad y compartir toda nuestra información personal a cambio de algunos beneficios que esto pudiera traernos; allana el camino para lo que se antoja como una inevitable implantación del futuro que describe. 

Luego, descreo de su refuerzo al argumento de que el cliente siempre tiene la razón. Las nuevas formas de gestionar mercados y productos clasifican a los clientes no solo según cuánto compran o con qué frecuencia lo hacen, sino también determinando cuántos recursos consume su gestión y cuánto desgaste representa atenderlos. Con eso en mira, habrá clientes que justificarán atenciones especiales, mientras que otros pueden incluso llegar a ser prescindibles. Discordo también cuando plantea que sin importar que todos los profesores de universidad y todos los sacerdotes y muláes gritasen desde todos los púlpitos que un coche es maravilloso, si los clientes lo rechazan es un mal coche. Harari parece obviar el asombroso poder de los influencers, ahora capaces de lograr que mercados multitudinarios compren verdadera basura. 

Harari también plantea que la sensibilidad no es una aptitud abstracta que se aprende leyendo libros. Los que apreciamos la lectura sabemos bien que este hábito puede ayudarnos a desarrollar cualidades como la comprensión, la empatía y la tolerancia. Al margen de si lo que leemos es real o ficticio, en cada libro disponemos de una ventana que nos permite observar a otras personas, en otros tiempos y lugares y, a partir de esa observación, profundizar nuestro conocimiento de la naturaleza humana tan solo viendo y analizando cómo otros reaccionan ante los eventos de sus propias vidas.

Pero donde realmente encontré una barrera perturbadora es en su afán por animalizar al hombre por completo, despojándolo de los rasgos que siempre consideramos como las facetas más elevadas y sublimes de la humanidad. Reducir la experiencia arrobadora de presenciar una gran obra de arte, de escuchar las erizantes notas de una gran composición musical o de vivir un amor profundo y trascendental a apenas impulsos bioquímicos que obedecen a un algoritmo funcional, me parece muy triste y lamentable. Al margen de mi visión personal sobre la existencia de un ser superior o de una fuerza creativa misteriosa que excede mis capacidades de comprensión, siempre he creído que hay una llamita especial en el ser humano, a lo mejor desperdiciada por la mayoría, pero que resulta insoslayable cuando la contemplamos en la vida y obra de grandes figuras de la historia de nuestra especie. 

La chispa inicial que da paso a la vida desde la materia inanimada sigue siendo un misterio aún para la ciencia más avanzada. El hombre ha jugado con mucho éxito a ser dios desde la manipulación genética, la modificación celular, la fertilización in vitro o la generación de órganos a partir de células madre. Pero la ciencia aún no ha podido crear vida desde cero. Esa es la última frontera, probablemente el último hálito que sostiene la creencia en el soplo de vida que animó al muñeco de barro. Acaso esa chispa que revelaría el origen divino resida en algún punto de los estados de la mente que el mismo Harari reconoce como un océano inexplorado.

Sé que es muy probable que la humanidad se encamine al final de su ciclo y que lo que viene sea una sociedad de cyborgs, superhumanos o máquinas. Es bastante lógico pensar que cada vez habrá menos humanos útiles para la nueva realidad de la vida en este u otro planeta y que la individualidad puede sucumbir cuando todos acabemos conectados sin cables ni prótesis a un único cerebro satelizado que nos gobierne de manera centralizada. De una manera u otra, el futuro (y no solo el propuesto por Harari) es poco alentador y bastante desprovisto de esperanza. Por como corren los tiempos, ya quisiera uno refugiarse en la perspectiva quijotesca y romántica que proponía John Connor en la famosa saga futurista: “El futuro no está establecido. No hay destino. Solo existe el que nosotros hacemos.”

martes, 1 de junio de 2021

Vigilancia permanente | Edward Snowden


Después de la inusual experiencia de leer y comentar dos libros de poesía seguidos a lo largo de mayo, este mes de junio iniciamos la lectura de Vigilancia permanente del estadounidense Edward Snowden, libro elegido para nuestra viñeta de No ficción.

Ha pasado un año desde que leímos la última biografía en el CBE (Una educación de Tara Westover) y aunque ya hemos leído varias novelas que incluyen una sutil o declarada carga biográfica o autobiográfica, el libro de Snowden es probablemente el octavo en nuestro historial de lecturas que puede ser clasificado como tal. Quizá la diferencia fundamental de nuestro libro de junio con respecto a sus predecesores (Confieso que he vivido de Pablo Neruda, Persépolis de Marjane Satrapi, El cuerpo en que nací de Guadalupe Nettel, El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince, Crónicas de Bob Dylan, La dama de los velos de Mauricio Orellana Suárez y el ya mencionado Una educación de Tara Westover) es que aun cuando es posible encontrar elementos de identificación con todos ellos, la  problemática señalada por Snowden en Vigilancia permanente traspasa los límites de los líos individuales, las vivencias personales y los fenómenos políticos particulares de un país, para abordar una realidad global que, la conozcamos o no, termina por afectarnos a todos. Ergo, debería importarnos. Al menos lo suficiente como para estimularnos a dedicarle nuestro tiempo y atención por los próximos treinta días. Luego cada quien sabrá.

Sinopsis

«Me llamo Edward Snowden. Antes trabajaba para el gobierno, pero ahora trabajo para el pueblo.»

En 2013, Edward Snowden, responsable de la mayor filtración de inteligencia en la historia, sacudió al mundo revelando que el gobierno estadounidense tenía la capacidad de leer cada correo electrónico, escuchar cada llamada y entrometerse en los rincones de la vida privada de todos y cada uno de los ciudadanos del mundo.

En Vigilancia permanente, Snowden desgrana por primera vez por qué lo hizo, cómo ayudó a construir un sistema de vigilancia masivo y la crisis de conciencia que le llevó a destaparlo todo y poner en jaque al sistema. Como resultado de aquello, se inició una caza y captura internacional que a día de hoy sigue abierta.

Un protagonista fascinante, ingenioso y con una mente prodigiosa convertido a lo largo de su vida en soldado, analista de inteligencia, agente de la CIA y, ya en el exilio, en activista por el derecho a la privacidad. Un libro que nos alerta sobre la deriva autoritaria de los Estados, que denuncia la colaboración entre el espionaje y las grandes multinacionales de la era digital y que destapa cómo nos vigilan y de qué manera se comercia con nuestra información personal. Porque como anuncia Snowden en su libro, «la lucha por el derecho a la intimidad es la nueva lucha por nuestra libertad».

Quedan cordialmente invitados a leerlo y comentarlo a lo largo del mes. ¡Felices lecturas!

¡Un abrazo y feliz lectura!


FICHA DEL LIBRO





DIVISIÓN DE LAS LECTURAS





EL AUTOR


Edward Snowden nació en Elizabeth City, Carolina del Norte, y creció muy cerca de Fort Meade, Maryland. Ingeniero de sistemas de formación, sirvió como agente de la CIA y trabajó como experto informático para la NSA. Un joven prodigio que con veinte años ya estaba al cargo de la seguridad nacional, que con 21 se alistó en el ejército y estuvo a punto de entrar en los Navy Seal; que a los 24 fue reclutado por la CIA y ejerció de agente en Viena; y que los 29, escandalizado por el uso que el Estado estaba haciendo de nuestra información más íntima, decidió revelar a la prensa la red de vigilancia masiva para así ponerle fin. Ha recibido numerosos premios por su servicio público, entre ellos el Premio Right Livelihood, el German Whistleblower Prize, el Ridenhour Prize en la categoría “Truth-Telling” y la medalla Carl von Ossietzky de la Liga Internacional por los Derechos Humanos. Actualmente es presidente del comité de dirección de la fundación Freedom of the Press. 

FUENTES

Wikipedia

- www.planetadelibros.com




lunes, 1 de junio de 2020

Una educación | Tara Westover



"Podéis llamarlo transformación. Metamorfosis. Falsedad. Traición. Yo lo llamo una educación." - Tara Westover

Queridos amigos del Club de la Buena Estrella,

Hemos llegado como nada a la mitad del año y a la -tan esperada por muchos de nosotros-, viñeta de No Ficción, con el libro ganador titulado: Una educación de la escritora estadounidense Tara Westover.

Se trata de una autobiografía, un desnudo integral, franco y estremecedor de una infancia especial, cargada de creencias fundamentalistas y anuladoras. El peor de los infiernos es aquel del que tus seres más queridos son responsables y sin embargo ella lo describe tranquila, con una naturalidad chocante para el tamaño de su testimonio. Indudablemente porque ese infierno no lo fue para ella, puesto que era su normalidad. — “Mi libro es sobre si nos está permitido cambiar. La primera versión de ti no es tu única versión, y cuando empiezas a cambiar: ¿qué haces con la gente que de verdad te importa y que no puede aceptar ese cambio? De eso va el libro”.

Tara creció en el seno de una familia mormona, sin embargo, ella nos aclara desde el principio que el libro no trata sobre el mormonismo. Al adentrarnos en su historia,  nos damos cuenta que, como toda vida, está llena de temas en los que se podría profundizar uno a uno: la religión, la familia, la educación, el paisaje y el entorno, la confianza, el amor y, lamentablemente, también la violencia. —
“Ellos creían que estaba poseída, pero no fue eso lo que nos separó”, cuenta. “Tal vez podía haber convivido con su ideología y su religión, ese no era el problema. Pero no con la violencia”.

No obstante, el hilo conductor del relato es la educación y la manera en que esta nos convierte en personas distintas. — "Quería afrontar la educación no como una forma de obtener un título, una forma de vivir mejor, de conseguir mejor trabajo, sino como algo que te convierte en alguien diferente, te cambia la vida, me permitió levantarme y tomar decisiones por mí misma. Fue la forma de convertirme en una persona, la persona que soy."

Así que, gracias a la recomendación de Katy Álvarez, esperamos que todos disfrutemos de esta interesante historia. ¡Feliz lectura amigos!

SINOPSIS 

Nacida en las montañas de Idaho, Tara Westover ha crecido en armonía con una naturaleza grandiosa y doblegada a las leyes que establece su padre, un mormón fundamentalista convencido de que el final del mundo es inminente. Ni Tara ni sus hermanos van a la escuela o acuden al médico cuando enferman. Todos trabajan con el padre, y su madre es curandera y única partera de la zona. Tara tiene un talento: el canto, y una obsesión: saber. Pone por primera vez los pies en un aula a los diecisiete años: no sabe que ha habido dos guerras mundiales, pero tampoco la fecha exacta de su nacimiento (no tiene documentos). Pronto descubre que la educación es la única vía para huir de su hogar. A pesar de empezar de cero, reúne las fuerzas necesarias para preparar el examen de ingreso a la universidad, cruzar el océano y graduarse en Cambridge, aunque para ello deba romper los lazos con su familia.

FICHA TÉCNICA DEL LIBRO


Viñeta: No ficción
Mes: Junio de 2020
Título: Una educación
Autora: Tara Westover
Traductora: Antonia Martín Martín
Sello: LUMEN
Fecha publicación: Septiembre de 2018
Idioma original: inglés
Idioma de esta edición: español
Número de páginas: 472
Formato: Tapa blanda con solapas
Medidas: 151 X 230 mm
ISBN: 9788426405166
Temáticas: Novela literaria, Novela biográfica
Colección: Narrativa
Edad recomendada: Adultos


DIVISIÓN DE LAS LECTURAS

PRIMERA SEMANA
4 DE JUNIO DE 2020
Biografía de la autora
Capítulos 1-6 inclusive
22%
Pág. 54 del PDF
SEGUNDA SEMANA
11 DE JUNIO DE 2020
Capítulos 7-16 inclusive.
Final de la Primera Parte
48%
Pág. 112 del PDF
TERCERA SEMANA
18 DE JUNIO DE 2020
Capítulos 17-29 inclusive.
Final de la Segunda Parte
77%
Pág. 180 del PDF
CUATRA SEMANA
25 DE JUNIO DE 2020
Capítulos 30-40 inclusive.
Final de la Tercera Parte.
100%
Pág. 239 del PDF


SOBRE LA AUTORA


Tara Westover nació en Idaho en 1986. Inició sus estudios en la Brigham Young University con diecisiete años y se graduó en Arte en 2008.

Gracias a varias becas pudo seguir estudiando y obtuvo un posgrado en el Trinity College, Cambridge, en 2009. Consiguió una maestría en Filosofía y se graduó en Historia en 2014, después de una estancia en la universidad de Harvard.

Actualmente reside en Londres. Una educación es su primer libro, que se ha traducido en 22 países y ha sido aclamado por los lectores y la crítica, además de ser nominada a National Book Critics Circle en la categoría de autobiografías.

Está considerado uno de los libros más importantes del año según The New York Times, BBC, Daily Express, Library Journal y Entertainment Weekly, y ha figurado desde su publicación en las listas de más vendidos. Recientemente TIME Magazine ha incorporado a Tara en su lista de las 100 personas más influyentes.

Fuentes:

-Wikipedia
- El país. https://elpais.com/cultura/2018/09/20/actualidad/1537463209_079197.html
- Me gusta leer. https://www.megustaleer.com/libros/una-educacion/MES-082635
- Amazon. https://www.amazon.com/-/es/Tara-Westover-ebook/dp/B07F1FKC1J


jueves, 12 de mayo de 2016

La guerra no tiene rostro de mujer, Svetlana Alexiévich

"En esta guerra no hay héroes ni hazañas increíbles, tan solo hay seres humanos involucrados en una tarea humana. En esta guerra no solo sufren las personas, sino la tierra, los pájaros, los árboles. Todos los que habitan este planeta junto a nosotros. Y sufren en silencio, lo cual es aún más terrible".  
Svetlana Alexiévich

Amigos, hemos llegado al mes destinado al Premio Nobel de Literatura. Como ya es una tradición en este club, esta viñeta nos permite elegir uno o dos libros de la obra del escritor ganador del premio del año anterior. El año pasado fue entregado a la bielorrusa Svetlana Alexiévich. Como ella ha escrito en su idioma nativo, el ruso, hemos tenido que hacer la votación de entre los únicos tres libros que han sido traducidos y que pudimos conseguir, siendo el ganador "La guerra no tiene rostro de mujer".

El Premio Nobel es un galardón internacional que se otorga anualmente para reconocer a personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones, descubrimientos o contribuciones notables a la humanidad.

Los premios se instituyeron en 1895 como última voluntad de Alfred Nobel, industrial sueco, y comenzaron a entregarse en 1901 en las categorías de Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura y Paz. A partir de 1968 se estableció también el Premio en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel gestionado por la Real Academia de las Ciencias de Suecia y que es erróneamente llamado Premio Nobel de Economía.

La Real Academia de las Ciencias de Suecia es la encargada de nombrar al ganador del Premio Nobel de Física, del Premio Nobel de Química y del Premio en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel; la Asamblea del Nobel del Instituto Karolinska elige al ganador del Premio Nobel de Medicina, y la Academia Sueca nombra al ganador del Premio Nobel de Literatura. Todos ellos se entregan en una ceremonia celebrada cada 10 de diciembre en Estocolmo, Suecia. El Premio Nobel de la Paz, en cambio, es elegido por el Comité Noruego del Nobel, y se entrega en la ciudad de Oslo, en Noruega.

Los distintos premios se entregan cada año. Cada persona o institución laureada recibe una medalla de oro, un diploma y una suma de dinero. Esta última, determinada por la Fundación Nobel, en 2013 ascendió a los 8 millones de coronas suecas, equivalente a unos 874 mil euros.

El premio no puede otorgarse póstumamente, a menos que el ganador haya sido nombrado antes de su defunción; y, si el premio es compartido, la cuantía de dinero se dividirá entre los ganadores, que no podrán ser más de tres personas.

Esperamos que disfruten con nosotros de esta lectura y les animamos a que compartan sus comentarios y observaciones en esta misma entrada. 

Como dato curioso les comento que ella cumple años el 31 de este mes, así que también servirá nuestra lectura como una celebración por su vida.

¡Felices lecturas!

SINOPSIS

Este libro reúne los recuerdos de casi un millón de mujeres que combatieron en las filas del Ejército Rojo durante la segunda guerra mundial, cuya historia jamás ha sido contada. Estas mujeres fueron francotiradoras, condujeron tanques o trabajaron en hospitales de campaña. Su historia no es una historia de la guerra, ni de los combates, es la historia de hombres y de mujeres en guerra.

¿Qué les ocurrió? ¿Cómo les transformó? ¿De qué tenían miedo? ¿Cómo era aprender a matar? Estas mujeres, la mayoría por primera vez en sus vidas, cuentan la parte no heroica de la guerra, a menudo ausente de los relatos de los veteranos. Hablan de la suciedad y del frío, del hambre y de la violencia sexual, de la angustia y de la sombra omnipresente de la muerte. Alexiévich deja que sus voces resuenen en este libro estremecedor, que pudo reescribir en 2002 para introducir los fragmentos tachados por la censura y material que no se había atrevido a usar en la primera versión.

FICHA DEL LIBRO

Viñeta:                    Mayo| Premio Nobel de Literatura
Libro:                      La guerra no tiene rostro de mujer
Título original:        U voini ne zhenskoe lizo
Autora:                    Svetlana Alexiévich
Nacionalidad:          Bielorrusa
Año:                        1985
Total de páginas:     368
Editorial:                 Espaebook
Idioma original:      Ruso
Traducción:             Yulia Dobrovolskaia & Zahara García










DIVISIÓN DE LECTURAS


Jueves
12 de mayo
Jueves
19 de mayo
Jueves
26 de mayo

Biografía de la autora

Hasta el capítulo: “Yo fui la única que regresé con mi madre” (inclusive)
Hasta el capítulo: “Señoritas, ¿saben ustedes que la esperanza de vida de un jefe de la sección de zapadores es de dos meses” (inclusive)
Hasta el capítulo final.
32%
68%
100%

LA AUTORA

Svetlana Aleksándrovna Aleksiévich o Svetlana Alexándrovna Alexiévich (Aleksiévič, transliterado del ruso Светла́на Алекса́ндровна Алексие́вич, en bielorruso Святлана Аляксандраўна Алексіевіч, transcrito como Sviatlana Aliaksándrauna Alieksiyévich); Stanislav, Ucrania soviética, Unión Soviética, 31 de mayo de 1948), es una escritora y periodista bielorrusa de lengua rusa, galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 2015.

Hija de dos maestros, él bielorruso y ella ucraniana, Aleksiévich nació en el pueblo de Stanislav –actual Ivano-Frankivsk– en la Ucrania soviética, pero se crió en la república soviética de Bielorrusia. Estudió periodismo en la Universidad de Minsk desde 1967 y al graduarse se marchó a la ciudad de Biaroza, en el óblast o provincia de Brest, para trabajar en el periódico y en la escuela locales como profesora de historia y de alemán. Durante ese tiempo se debatió entre la tradición familiar de trabajar en la enseñanza y el periodismo.

Fue reportera en la prensa de Narowla, en el óblast o provincia de Gómel. Desde sus días de escuela había escrito poesía y artículos para la prensa escolar y también en la revista literaria Neman de Minsk, donde publicó sus primeros ensayos, cuentos y reportajes.

El escritor bielorruso Alés Adamóvich la inclinó a la literatura apoyando un nuevo género de escritura polifónica que denominó «novela colectiva», «novela-oratorio», «novela-evidencia» o «coro épico», entre otras fórmulas. En sus textos a medio camino entre la literatura y el periodismo usa la técnica del collage que yuxtapone testimonios individuales, con lo que consigue acercarse más a la sustancia humana de los acontecimientos. Para esto tuvo que transformarse en viajera y visitar casi toda la Unión Soviética. Usó este estilo en su primer libro La guerra no tiene rostro femenino (1983), en el que, a partir de entrevistas, abordó el tema de las rusas que participaron en la II Guerra Mundial. El estreno de la adaptación teatral en Moscú, en 1985, supuso un gran antecedente en la glásnost o apertura del régimen soviético iniciada por su dirigente Mijaíl Gorbachov. Alés Adamóvich y Vasil Bykaŭ son los más importantes influjos que la propia escritora ha reconocido en su obra.

Su obra es una crónica personal de la historia de los hombres y mujeres soviéticos y postsoviéticos, a los que entrevistó para sus narraciones durante los momentos más dramáticos de la historia de su país, como por ejemplo la II Guerra Mundial, la Guerra de Afganistán, la caída de la Unión Soviética y el accidente de Chernóbil. Enfrentada al régimen autoritario y a la censura del presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, abandonó Bielorrusia en el año 2000 y estuvo viviendo en París, Gotenburgo y Berlín. En 2011 Aleksiévich volvió a Minsk. Varios libros suyos fueron publicados en Europa, Estados Unidos, China, Vietnam e India y recibió el premio Nobel de 2015 siendo la primera escritora de no ficción con este premio en un siglo.

Obras

1985: La guerra no tiene rostro de mujer. 
1985: Los últimos testigos. Cien relatos nada infantiles. 
1990: Los chicos de cinc. 
1994: Fascinados por la muerte.
1997: Voces de Chernóbil.
2013: El fin del Homo sovieticus.