domingo, 11 de diciembre de 2022

Al otro lado del mar y otras voces | Jorgelina Cerritos

Somos 

Somos Dorotea porque estamos muy ocupados en sobrevivir y no tenemos tiempo para vivir, porque solemos definirnos a través de lo que hacemos y dejamos de lado de qué habla nuestro corazón, porque (re)negamos de nuestro pasado, porque si no tenemos qué hacer nos sentimos inútiles, porque consideramos que darnos un chapuzón en el mar es una pérdida de tiempo.

Somos Pescador porque en ocasiones valoramos el amor y la amistad por encima de lo demás, porque a veces caemos en la cuenta que poseer un nombre no equivale a tener una vida, porque la tierra nos marea y hay momentos en los que, simplemente, necesitamos tomar nuestra barca y navegar…


En octubre del año 2021, contacté por primera vez a Jorgelina Cerritos, la autora del último libro que leeremos como club en el año 2022. Fue una ilusión muy grande cuando respondió mi mensaje, en el que me presenté como integrante del club y como alguien que a la vez, quería saber si era posible comprar el libro que ahora nos convoca, para entonces proponerlo. Jorgelina es una "maestre" de la dramaturgia, es una escritora premiada, escribe para y con adultos y con niñas y niños, es una actriz reconocida dentro y fuera de El Salvador, y quizá por ese currículum impresionante, es a la vez una mujer a la que le acomete la sencillez de los grandes.

Amigas y amigos del Club de la Buena Estrella, es para mí un honor leer a esta salvadoreña que ha puesto en alto el nombre de la letras salvadoreñas, como una de las primeras lecturas bajo la viñeta "Poesía/Teatro" que como sabemos, ha sido viñeta de estreno para el club, en el año 2022.

Les invito pues a disfrutar de esta hermosa obra teatral, fruto de 'la necedad' de Jorgelina, quien insiste en escribir dramaturgia en la sociedad actual, donde el espectáculo consumista y efímero acapara todas las luces, equivale a soltar una golondrina para que vuele contra el viento de un ciclón tropical.  Donde en sus propia palabras "más difícil es aún publicar un libro de este género en un mundo donde las editoriales prefieren la poesía o la novela que les garantice rentabilidad".

Jorgelina Cerritos, sin embargo, comprometida con el tiempo y el lugar con el que le ha tocado vivir, se ha empecinado en escribir dramaturgia, no solo para ser montada en escena sino también para ser leída; convirtiéndose así en “un ejemplo de esas dramaturgas necias y necesarias”, según la califica el dramaturgo y director teatral guatemalteco Estuardo Galdámez en el prólogo de la primera edición del libro Al otro lado del mar y otras voces.  

Libro 15 del año 2022
Con una invitación al género Teatro, terminamos la calendarización de libros del año 2022. Así que sin más preámbulos, abrimos el telón para leer, desde la viñeta Poesía/Teatro.
Al otro lado del mar y otras voces | Jorgelina Cerritos

Este libro es una pieza de teatro que fue galardonada con el Premio Literario Casa de las Américas, género Teatro, en La Habana, Cuba, en el año 2010 y según el jurado calificador, el premio fue otorgado por unanimidad "por entregarnos una pieza cargada de poesía, donde la sencillez de la propuesta para la escena encierra, a la vez, una profunda e inteligente reflexión sobre la condición humana; por la destreza del diálogo y la limpieza de su estructura dramática, creando dos personajes y una atmósfera que, con economía de medios, dan grandes posibilidades a actores, directores y a una diáfana comunicación con el público”.  Su primera publicación por ende, corresponde a haber ganado este premio y sucedió en La Habana, Cuba.

¿De qué se trata?



Una oficinista y un navegante sostienen una disputa prolongada para hacer posible el reconocimiento de la identidad y de los derechos arraigados en un registro formal . El navegante no es un ciudadano libre, en tanto sea desconocido en las tierras que le acogieron.

Reacia, altiva y poco amigable, Dorotea se asienta en el buró de los censos. Una demografía ausente y misteriosa se replegó y abrió sus filas al desconocido. Unidos por la soledad y separados por sus diferencias, la historia de estos dos personajes se convierte en una sola.  Solo la madurez de las circunstancias y el desahogo de los descontentos podrían culminar, al fin, en la paz que los complementa y que los forma; o en el limbo que los separa y que los destruye.

Y ¿quién es su autora?



Licenciada en Psicología de la Universidad de El Salvador (UES). Cultiva tanto la dramaturgia como la poesía dirigida para niños y para adultos.

Nació en San Salvador el 23 de noviembre de 1971, es una actriz, que escribe dramaturgia e igualmente cultiva la poesía, géneros en los que escribe tanto para niños como para adultos.

"Vivo del teatro, de actuar y escribir teatro", dice Jorgelina, La primera vez que pensó en el teatro fue en sus años de escuela, allá en el colegio Bautista, en San Jacinto. Eran años de dramatizaciones de obras escolares, esas que aparecen en los planes de estudio de idioma nacional de tercer ciclo. Pasó un tiempo para que se reencontrara con el teatro en la Universidad de El Salvador, cuando cursaba la licenciatura en psicología, y de ese encuentro terminó tratándose su vida. 

Su formación artística inició en la disciplina de teatro en 1990, cuando se integró a la compañía de teatro La Rendija. Ahí pasó de ser escenógrafa a actriz a partir de 1993. Desde el año 2000 se interesó por la dramaturgia, empezando a escribir historias destinadas al público infantil. Para el año 2006 fue becaria del proyecto centroamericano El Carromato en el taller regional de dramaturgia, dictado por el maestro y dramaturgo José Sanchis Sinisterra, y en 2010 recibe formación del director y dramaturgo Arístides Vargas en la Semana Internacional de Dramaturgia Contemporánea, en Cali, Colombia.​

En el 2004, el Consejo Nacional para la Cultura y el cultural (CONCULTURA) le otorgó el título de Gran Maestre en Teatro Infantil por haber ganado el Premio Nacional de Teatro Infantil consecutivamente con sus obras "En el desván de Antonia" (2000), "Los milagros del amate" (2002) y "El coleccionista" (2004).

Cuenta con el Premio Nacional de Dramaturgia de su país en los años 2007 y 2008 con las obras "Atrás de mi voz" (recopilación de piezas de teatro breve) y "Una ronda para José", respectivamente.

Sus obras "El coleccionista", "La función debe continuar" y "Respuestas para un menú" han sido llevadas a escena por el grupo de teatro Los del Quinto Piso y presentadas tanto a escala nacional como internacional, del 2007 a la fecha.

Aunque es la quinta salvadoreña en obtener el reconocimiento Casa de las Américas, de La Habana, Cuba, es a la vez la primera en la rama de 'Teatro'.​

En septiembre de 2011 obtiene el V Premio de Teatro Latinoamericano George Woodyard, que entrega la Universidad de Connecticut (EE. UU.) con su obra "Vértigo 824". Este segundo galardón la posiciona a la altura de la dramaturgia latinoamericana actual, siendo la primera vez que El Salvador obtiene este reconocimiento para la dramaturgia nacional.

En octubre de 2012 su obra "La Audiencia de los Confines. Primer ensayo sobre la memoria" fue seleccionada, por unanimidad, como una de las obras ganadoras de la VI Bienal Internacional de Dramaturgia Femenina "La Escritura de las Diferencias", certamen internacional organizado por Cuba e Italia.

Su obra dramática ha sido publicada por el Fondo Editorial de Casa de las Américas, Cuba, 2010, en la Revista ARS, El Salvador, 2010, en Latin American Theatre Review, Center of Latin American Studies, Universidad de Kansas, 2012. La Universidad Pedagógica de El Salvador publica para el mes de mayo de 2012, el libro "Al otro lado del mar y otras voces" que reúne tres de sus piezas teatrales, y en diciembre de este mismo año, se presenta el libro de teatro infantil "El Coleccionista", publicado por la Dirección de Publicaciones e Impresos de la Secretaría de Cultura de El Salvador.

En 2013 vuelve a ser declarada Gran Maestre, pero en esta ocasión en Teatro salvadoreño por ganar tres Juegos Florales de esa rama literaria. Con ¡A la nana, nana. Al pregón, pregón!, poemario infantil, logró el premio único de lo XXIII Juegos Florales de Santa Ana.




"Para nuestros hermanos salvadoreños, residentes en cualquier parte del mundo, que andan por ahí indocumentados. Que, por no tener un documento, no se les toma como personas. Esos dolores hicieron alimentar estos personajes; estos personajes que se identificaban con 'pescador'".   Francisco Cabrera, intérprete del personaje "el pescador", en la representación de la obra bajo la dirección de Roberto Salomón, director del Teatro Luis Poma.

¡Felices lecturas!,


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miércoles, 2 de noviembre de 2022

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes | Tatiana Țîbuleac


"Una ágil historia de vidas rotas, de una relación madre-hijo tan cruel como conmovedora".

-          Adrián Cordellat, EL PAÍS

"Belleza y dureza que golpean".

-          LA VANGUARDIA

             ¿Qué me inspiró a proponer este libro? Pues creo que es un regalo que no podíamos dejar de hacernos, al menos yo lo veo de esa manera, espero no defraudarlos. Este libro fue lo mejor que leí en la pandemia, ¡vaya año! La lectura fue un escape que me ayudó a no sucumbir, recuerdo llorar y sentirme como un ente que caía al suelo sin peso. A ver, les cuento un poco… 

    Leer esta historia me ha dolido y me ha enternecido, al leer necesité tanto hacer un club de lectura, así que con el amigo que me lo recomendó hablamos por horas haciendo catarsis, dándonos cuenta de todas los temas de hijos e hijas para con los padres, recordando nuestra rebeldía y pasajes de la vida, entendiendo el perdón y la manera en que muchas veces las palabras o las acciones pueden causarte estragos de los que no siempre puedes salir.

    Qué buen amigo de verdad, uno de mis grandes tesoros encontrados, así que ahora lo comparto con ustedes. De verdad, gracias por votar por este libro, sé que lo disfrutaremos o lo odiaremos, pero sentiremos. Hay algo en este libro,  no puedes soltarlo una vez que empiezas... lo crudo, lo terrible, lo lírico, lo bello… es como un poema, de esos que realmente te hacen sentir.

    Indagando en internet me doy cuenta de que conecta con lectores de todas partes del mundo porque son problemas humanos. También me resultó increíble cómo una mujer puede tener voz de hombre de una manera muy bien lograda en tres diferentes etapas: niño, adolescente y hombre maduro.

    En fin, tengo que decirlo, al principio lo encontrarán crudo y cruel como un puño. Yo lo odié y estuve a punto de dejarlo, pero no pude. Seguí leyendo y simplemente lo fui amando, ese odio áspero fue tejiendo capa tras capa de tantas emociones que me encantaron, me guardaron, me hicieron sentir realmente triste o vacía, otras tan tierna y viva, como la brisa cuando golpea de manera suave y de repente como un huracán. Creo que es un regalo que esta escritora de Moldavia nos da en su primera novela.

Les comparto mi publicación de este libro cuando lo leí en pandemia:



    Tatiana Țîbuleac (Chisináu, Moldavia, 1978), autora de El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes -de ese libro hablamos-, es una joven y celebrada escritora, periodista y traductora moldava-rumana, que vive en París. Esta, su primera novela: se publicó en 2017 e impactó de lleno entre los lectores de muy diversas partes del mundo, incluida la Argentina, en donde apareció este año publicada por editorial Impedimenta. Se trata de una descarnada reflexión sobre las relaciones materno filiales, por la que además ganó múltiples premios literarios, entre ellos el de la Unión de Escritores de Moldavia, el Observator Cultural y el Lyceum.


 "Los ojos de mi madre eran historias no contadas". Tatiana Țîbuleac (Spanish Edition)



FICHA DEL LIBRO

Título: El Verano en que mi madre tuvo los ojos verdes

Autora: Tatiana Țîbuleac

Editorial/Sello: Impedimenta

Número de páginas: 256

Año de publicación original: 2017

 

 

SINOPSIS

    Aleksy aún recuerda el último verano que pasó con su madre. Han transcurrido muchos años desde entonces, pero, cuando su psiquiatra le recomienda revivir esa época como posible remedio al bloqueo artístico que está sufriendo como pintor, Aleksy no tarda en sumergirse en su memoria y vuelve a verse sacudido por las emociones que lo asediaron cuando llegaron a aquel pueblecito vacacional francés: el rencor, la tristeza, la rabia. ¿Cómo superar la desaparición de su hermana? ¿Cómo perdonar a la madre que lo rechazó? ¿Cómo enfrentarse a la enfermedad que la está consumiendo? Este es el relato de un verano de reconciliación, de tres meses en los que madre e hijo por fin bajan las armas, espoleados por la llegada de lo inevitable y por la necesidad de hacer las paces entre sí y consigo mismos.                                                                    

 

El verano que mi madre tuvo los ojos verdes es una propuesta de Soledad Rivera.

 



 

DIVISIÓN DE LECTURAS

 

 


 

EL AUTOR

 


    Tatiana Țîbuleac visibiliza en su bella y a la vez descarnada literatura los conflictos que habitan en el ser humano, los suyos propios y los de su país. Criada en la Moldavia soviética, la escritora reflexiona en sus libros sobre la identidad, la reconciliación (con un ser querido, un idioma o un país), la ausencia de amor, el perdón y la fragilidad de las relaciones humanas.

    Tatiana Țîbuleac nació en la capital de Moldavia, Chisináu. Su padre era periodista y su madre editora, por lo que creció rodeada de libros y periódicos y se aficionó pronto a la lectura.

    Estudió periodismo y comunicaciones en la Universidad Estatal de Moldavia y durante esos años ya empezó a colaborar con diversos medios en calidad de traductora, correctora y reportera.

 

TRAYECTORIA

    En 1995 Țîbuleac empezó a trabajar en el periódico FLUX, de gran difusión en esa época en Moldavía.  Poco después tuvo su propia columna, llamada "Povești adevărate" ("Historias verdaderas"). Cuatro años más tarde pasó a trabajar en la televisión, en un canal moldavo llamado Pro TV Chișinău, donde comenzó como reportera y posteriormente fue presentadora. En alguna ocasión comentó que en su trabajo intentaba escribir sobre personas diferentes y no famosas, porque las encontraba más interesantes. De hecho, solía dedicar días a conocer personas pobres, con enfermedades y en general con problemas sociales sobre los que después escribir.

    En 2007 dejó el periodismo y se trasladó a París en 2008. Según ella contó, le vino muy bien el cambio de vida para encontrar un modo nuevo de escribir.

    Publicó en Moldavia su primer libro Fábulas modernas, en 2014. Se trata de una colección de 50 historias cortas sobre la migración. El libro tuvo su origen a raíz de varias publicaciones en Facebook, hechas con el propósito de inspirar a las personas que vivían lejos de su hogar y hablar sobre la migración desde una perspectiva diferente. Las opiniones y los debates generados en la red social hicieron de Fábulas modernas un fenómeno de los más populares aquel año.

    Su primera novela El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes se publicó en 2017 Según algunos medios, "una cruda e íntima reflexión sobre las relaciones materno filiales que apela a la fuerza del amor y el perdón" y también la crítica destacó la poesía que destila el estilo descarnado de la autora. La novela ganó múltiples premios literarios y ha sido traducida al francés y al español. En Bucarest se hizo una obra de teatro de la novela.

En 2018 publicó su segunda novela Jardín de vidrio por la que le concedieron el Premio de la Unión Europea de Literatura

CULTURA

Tatiana Țîbuleac: "Es muy difícil para las personas amar en sus vidas si no lo aprendieron siendo niños".

"Algunas personas piensan en su identidad desde el día de su nacimiento" / "La maternidad siempre ha sido uno de mis mayores miedos" / "Crecí pensando que algo injusto se le había hecho a Moldavia y a nuestra gente".

Tatiana Țîbuleac, visibiliza en su bella y a la vez descarnada literatura los conflictos que habitan en el ser humano, los suyos propios y los de su país. Criada en la Moldavia soviética, la escritora reflexiona en sus libros sobre la identidad, la reconciliación (con un ser querido, un idioma o un país), la ausencia de amor, el perdón y la fragilidad de las relaciones humanas.

Les comparto unas preguntas de una entrevista que le hicieron en el español:

Uno de los temas clave en su obra es la reconciliación: con un ser querido, con un idioma, con un país.

Es un tema que siempre me ha interesado. Crecí rodeada de gente mayor, gente que con la edad les ha costado perdonar. Recuerdo muchas conversaciones de mis abuelos incapaces de perdonar a, por ejemplo alguien que hizo algo a sus 30 años, habiendo pasado tanto tiempo. Siempre me he preguntado qué lleva a una persona a reconciliarse con otra, a perdonarla, o cuánto tiempo se necesita para reconciliarse con todo lo que se le ha hecho a un país, como es el caso de Moldavia. Pensaba mucho en este concepto del perdón cuando escribía porque crecí con un sentimiento de que algo injusto se le había hecho a Moldavia, a nuestra gente, y me preguntaba: ¿Cuánto tiempo necesitamos para perdonar todo esto?" Puede ser que tampoco tengamos que perdonar.

¿Cómo de difícil es forjar una identidad en un país o una familia en crisis?

Creo que cuando vives una profunda crisis, la identidad no es lo principal. No lo piensas, simplemente sobrevives. Hay un momento donde todo está pasando y piensas en quién eres. Esto es lo que me pasó a mí. Luego me mudé a París y nunca pensé en cuánto hay de rumano en mí. Me preguntaba qué idioma debería hablar con mis hijos porque uno de ellos es quizás más importante, pero no es el mío (se refiere al ruso). Así que creo que algunas personas viven toda la vida sin pensar en sus identidades, y eso les parece bien. Pero algunas piensan en ello desde el día de su nacimiento y escuchan esto en todas partes a su alrededor. Y hay comunidades que hacen vida, construyen sus historias alrededor, luchando por la identidad y el lenguaje, por una meta. Entonces, en este sentido, creo que la gente es muy diferente. Para mi padre, por ejemplo, su identidad era muy importante y vivió y murió por un gran sueño: la reunificación de Rumanía con Moldavia. Crecí en la época soviética. Y para mí, eso no era tan importante antes. Pero ahora llego a entender a mi padre. Y también se volvió algo importante para mí.

 En su primera novela revela su miedo a ser mala madre. ¿Qué papel juegan las mujeres en su país?

Todos mis miedos los oculto en diferentes personajes. La maternidad siempre ha sido uno de mis mayores miedos porque las mujeres en Moldavia tenemos una tremenda presión encima. En el país del que vengo una vez casada, la mujer es ante todo madre, y sea lo que sea que esté haciendo en la vida, debe anteponer lo primero a ser madre, y a poder ser perfecta. Ese pensamiento acumula esta expectativa de la sociedad no muy sana, en mi opinión, de que las mujeres se sacrifiquen por los hijos y por la maternidad. Debes vivir felizmente la maternidad para que los niños lo sientan, pero también una madre puede sentirse infeliz al serlo. Así aprenden en la vida. También hablo de desamor y de lo difícil que es para las personas poder amar en sus vidas si no lo aprendieron cuando eran niños.

Encuentra belleza en sentimientos como el dolor y la ira. ¿Están los mejores motores de inspiración por encima de la alegría y la paz?

Encuentro belleza en casi todo. Me gusta bastante buscar el lado bueno de las cosas aunque muchos no lo vean. No creo en que una persona no puede ser buena al 100% o que no pueda ser feliz por completo. Así que de alguna manera siempre me ha atraído ese otro lado de la gente y los cuentos de hadas. Y a mí personalmente me gustan las cosas sombrías, el drama y las cosas que digo. Puedo recomponerme y afrontar una situación difícil mejor que una agradable. Y realmente no sé cómo comportarme ante el éxito de mis libros cuando nunca sé exactamente cómo responder o comportarme. La gente me pregunta por mis libros o cómo llegué a tal punto y yo sólo puedo contestar que se trata de inspiración. No creo que la inspiración te caiga del cielo, pero sí que tengas cosas que decir. No tengo en mente al público cuando estoy escribiendo. Quizá es algo egoísta por mi parte.


Producción literaria

 Obras

2014 Fábulas modernas

2016 El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, Editorial Impedimenta, con la traducción de Marian Ochoa de Eribe.

2018 Jardín de vidrio, Editorial Impedimenta, con la traducción de Marian Ochoa de Eribe.


Premios y reconocimientos

2020. Premio Las Librerías Recomiendan (CEGAL)

2019. Premio Cálamo Libro del año 2019 por El verano que mi madre tuvo los ojos verdes.2

2019. Libro del Año de las Librerías de Madrid (Finalista)

2018. Premio de la Unión de Escritores Moldavos (Rumanía)

2018. Premio Observator Cultural (Rumanía)

2019. Premio Lyceum (Rumanía)

2019. Premio de Literatura de la Unión Europea.

2022. XV Premio de Novela Europea Casino de Santiago.


Fuente:

https://www.elespanol.com/malaga/cultura/20210925/tatiana-tibuleac-dificil-personas-vidas-no-aprendieron/614439488_0.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Tatiana_%C8%9A%C3%AEbuleac

 

 


jueves, 8 de septiembre de 2022

CBE | Entrevista con Berne Ayalá

«El tema fundamental de mi obra es El Salvador y sus tormentas. Esas tormentas son protagonizadas por mujeres y hombres de la historia y de la ficción. La guerra es un capítulo en ese compendio, a veces sirve como segundo plano, para mostrar otros temas como la violencia, la traición, el crimen, el dolor, el olvido, las miserias humanas; otras es el escenario del primer plano». Berne Ayalá

"Estudiante, guerrillero, nuevamente estudiante, abogado, fiscal, litigante, investigador y escritor". Así es como Berne Ayalá nos resume los titulares de su hoja de vida. El escritor salvadoreño ha publicado hasta la fecha catorce obras literarias que incluyen testimonio, cuento, crónica, reportaje y novela. La más reciente de ellas es nuestro libro de septiembre "Los prisioneros y la hija del presidente". 

Luego de un primer contacto en agosto de 2021 y de la posterior elección de su libro para nuestro programa de lectura, hemos disfrutado de un cordial intercambio de mensajes y alguna nueva reunión con el autor, quien amablemente ha aceptado nuestra invitación para tener un conversatorio en octubre. Por si esto fuera poco, Berne también estuvo dispuesto a concedernos una entrevista en la que no vetó ninguna de nuestras veinte preguntas. En el extenso cuestionario que les comparto a continuación (y que, pese a haber suscitado alguna broma entre nosotros, por fortuna no es ni de lejos como los interrogatorios policíacos clandestinos de los tiempos de la Guerra Fría), abordamos la faceta del lector además de la del escritor, dando pie a interesantes respuestas que nos ayudarán a conocer mejor sus motivaciones y aspiraciones, así como su particular visión de la vida, forjada en el crisol de nuestra atribulada nación y moldeada bajo el peso de lo que él mismo da en llamar la "carga demoledora de su tiempo". 

¿Cuál es el primer libro que recuerda haber leído? 

Siempre he creído que mi primer libro leído fue Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne, sin embargo, hay otro libro que llegó a mis manos en esa misma época, cuando yo tenía doce años de edad, Así se templó el acero, de Nikolái Ostrovski. Uno de estos fue el primero. Lo cierto es que ambos se cruzaron en mi camino en el mismo periodo de mi vida. 

¿De dónde viene el seudónimo Berne Ayalá? 

Cuando yo llegué a la guerra debía tener, como todos los guerrilleros, un seudónimo; yo elegí el de mi escritor favorito de aquellos años, y todo debido al entrañable capitán Nemo y su impresionante personalidad. Así tomé el apellido «Verne» como mi nombre, pero con distinta letra inicial, Berne. Después de la guerra modifiqué legalmente mi acta de nacimiento y así mi seudónimo de guerra se volvió mi nombre legal, con una variable en el apellido original: Berne Ayalá. 

¿Cómo nace esta pasión por escribir? 

Nace en el dolor, en la angustia y en la imposibilidad de encontrar respuestas a las infinitas preguntas que brotaron en mi caminar por los senderos de este país atormentado. Se ha dicho por más de un crítico, que mi primer libro Al tope y más allá, un testimonio de juventud, fue una catarsis engendrada en el sufrimiento que nos produjo la guerra a miles de niños y jóvenes que la padecimos. Lo cierto es que en ese abrupto momento de confusión temprana, en el que decidí escribir un libro sin saber cómo hacerlo, se abrió la puerta al laberinto de mis batallas perdidas. 

¿Cuáles son sus autores favoritos?, ¿alguno de ellos puede considerarse su influencia? 

Mis gustos son globales y poco dados a la ortodoxia de uno u otro nombre, la lista es muy larga, mencionaré algunos: Juan Carlos Onetti, Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez Reverte, Javier Marías, Almudena Grandes, Javier Cercas, Laura Restrepo, Truman Capote, Dashiell Hammett, Imre Kertész, Haruki Murakami… he sido influido por mucho de lo que he leído sin duda. 

¿Cómo llega el chispazo creativo?, ¿qué lo impele a escribir? 

Desde que escribí mi primer libro no he buscado más que respuestas y siempre encuentro más preguntas complicadas en mi camino. En ese trance nacen mis libros. Tengo una especie de plan en mi cabeza sobre las historias que quiero contar y así voy ordenando mis procesos e intentando consolidar mi método de trabajo. He vivido momentos en los que estoy escribiendo tres historias a la vez y una de ellas logra despegar. Al terminarla regreso a las que dejé atrás y sigo devorando lo que puedo. En el proceso llega otra u otras historias y así voy caminando con la mochila siempre llena de cachivaches. El chispazo pues llega cada madrugada, mañana, tarde o noche en que debo sentarme y buscar en mi esqueleto y sacarme las astillas que me atormentan, a veces se vuelven palabras, frases y párrafos y hasta páginas; otras solo sirven para insistir en que es posible hacerlo aunque uno se sienta aturdido por tanto ruido en la cabeza y lo complicado que resulta transformar ese ruido en música y letras. 

Cuando se decide a escribir una historia, ¿conoce el final desde un principio o deja que la historia cobre vida propia? 

Cada historia contenida en mis novelas se desarrolla de forma muy diferente. He escrito libros basados en guiones que dibujé con precisión desde el inicio hasta el final. En esos casos he conocido la estructura, el edificio, la trama, el tiempo, el espacio, pero jamás he podido anticipar la libertad que cobra la voz de mis personajes, eso jamás lo sé aunque pueda sentirme seguro de conocer el final de la historia. Soy un escritor de plan de combate, no suelo guiarme por lo que se cobre la vida, mis novelas tienen un punto de tensión que generalmente conozco cuando decido escribir sobre una historia determinada. Quizá en mis cuentos he sido menos planificador, pero en mis novelas siempre llevo lámpara para iluminarme en la oscuridad, cuadernos, notas, documentos, fotografías de mi autoría o de terceros. Tengo un apego profundo con el método y la disciplina cuando escribo. 

¿Prefiere escribir sobre algo vivencial suyo o sobre algo que implique un esfuerzo investigativo? 

Hasta hoy mis novelas han estado inspiradas en su mayoría en hechos históricos, fenómenos particulares como la violencia, migración forzada, odio, confusión, conspiración, etc. Ello implica investigar mucho, estudiar los territorios sobre los que pretendo plasmar mis novelas. Escribí un testimonio de juventud y dos libros de crónicas en las que de alguna manera se consignan vivencias colectivas más que individuales. Tengo en mi plan de viaje dos novelas de no ficción en las que quiero escribir desde mis vivencias y mi visión, pero la voz interior con la que quiero narrarlas todavía no ha madurado. Quisiera llegar a estas obras tranquilo, porque pienso dejar de escribir cuando lo logre y dedicarme exclusivamente a leer, escuchar música y ver todo el cine que me sea posible. 

¿Qué es más importante como materia prima para escribir: lo leído o lo vivido? 

No hay determinismo entre ambas fuentes de la creación. Como en el oficio del albañil, del jardinero o del agricultor, todo lo posible se vuelve materia prima, desde ver el sol, hacer las mezclas, llevar adelante el duro trabajo del día a día, hacer las pausas de la cerveza, del amor, la contemplación, para continuar el recorrido del martillo, el azadón o la pluma. Es muy importante estudiar lo leído, analizar las formas de la escritura, conocer otros universos del pensamiento, esforzarse por interpretar, por comprender. Yo no podría escribir sin vivir intensamente, sin ser lo que soy, un perro rocanrol; pero tampoco podría serlo si no me esforzara por aprender, por basar mi trabajo en un sistema de disciplina y de método. Hay una relación dialéctica indisoluble entre vivir intensamente y leer-estudiar cuando se intenta ser un escritor. 

¿Cómo describiría su experiencia mientras escribe? 

Leo, dibujo croquis, llevo mi registro de nombres, fechas, perfiles psicológicos, anoto fechas, trazo líneas de acción, estudio más que leer. Escribo todos los días generalmente. Voy dando vida a la historia durante semanas y meses, a veces años, hasta que considero que he logrado consolidar la obra. Hay periodos en los que trabajo desde la madrugada hasta la mitad de la mañana. Al avanzar en el proceso imprimo partes o toda la obra y la reviso en papel para su corrección. Vuelvo a la computadora y así sucesivamente. En verdad es un trabajo intenso que, en mi opinión, no tiene nada que ver con musas sino con disciplina laboral. Y como en todo trabajo a veces hay satisfacción y otras no, surge el cansancio, los recesos, los impulsos, la contemplación y el cierre. 

¿Sería válido afirmar que la guerra civil salvadoreña es el tema central de su obra? 

El tema fundamental de mi obra es El Salvador y sus tormentas. Esas tormentas son protagonizadas por mujeres y hombres de la historia y de la ficción. La guerra es un capítulo en ese compendio, a veces sirve como segundo plano, para mostrar otros temas como la violencia, la traición, el crimen, el dolor, el olvido, las miserias humanas; otras es el escenario del primer plano. Es innegable que la guerra marca pautas por su fuerza demoledora en la generación que la vivimos y sufrimos siendo niños y fuimos devorados por hechos que nos llevará muchos años comprender; la literatura es un territorio en el que es posible sentirse a salvo del horror y la indignidad. El Holocausto definió la obra de Imre Kertész y la guerra misma la de Erich M. Remarque. Es imposible ser uno sin sus circunstancias, sin la carga demoledora de su tiempo.

Cuando revisa su obra publicada, ¿le dan ganas de cambiar algo de lo que escribió?

He cambiado dos títulos de mis novelas en segundas ediciones, he mejorado, ampliado o precisado asuntos que me han parecido necesarios a los fines de las historias que he contado, así que no solo me he quedado con las ganas, lo he hecho. No he sido el único ni el primer aldeano en hacerlo. Así son los procesos creativos. 

¿Tiene entre sus libros uno que considere el hijo preferido, el niño bonito?

Mis dos novelas favoritas por ahora son El cristo de Cromañón y Yurique, el ruido de los muertos cuando llueve.

En base a su experiencia personal y a lo que percibe de la comunidad literaria nacional, ¿cómo diría que es la vida de un escritor en El Salvador?

La vida de los escritores es como la de miles de trabajadores, muy dura; no es peor ni mejor que la de nadie, solo es tan cabrona como la de cualquiera que deba empeñarse en un trabajo por el que espera ser remunerado con dignidad y justicia. Se necesita ser un iluso o un estúpido, o ambas cosas a la vez, para pretender vivir satisfecho cuando se escribe literatura a tiempo completo. Uno piensa que es valiente; en efecto lo es, porque vivir en El Salvador es asunto de valientes para cualquier obrero de la vida. La prensa, la publicidad, los espacios culturales, etc, poco hacen por la literatura nacional y las veces que lo intentan generalmente lo hacen bastante mal.

¿Qué oportunidades de mejora ve en la manera en que se promueve la producción literaria en el país?

Las oportunidades se las deben labrar los escritores de la misma manera que cada ciudadano se labra la vida al ponerse de pie cada mañana. Cuando un escritor pone sus esperanzas en otros está perdido, la primera confianza es con uno mismo de la manera que la primera traición es contra uno mismo. Hay acciones individuales y colectivas aisladas y a ellas nos colgamos los escritores, como náufragos. Jorge Luis Borges dijo que si un día nadie llegara a leerlo más, él seguiría escribiendo a pesar de ello. Creo que así debe ser el escritor, un amante a tiempo completo de su obra contra todos los pronósticos.

¿Se disfruta más leyendo que escribiendo?

Son placeres que no se excluyen, pero una cosa es cierta, llegará un momento en que todo escritor seguro se ha de quedar en el puerto de la lectura para no regresar jamás a la escritura, al menos es a lo que yo aspiro. Leer es pasión pura. En cambio escribir, además de pasión es un trabajo, y muy duro.

¿Qué está leyendo en este momento?

Generalmente leo algún libro por primera vez y releo simultáneamente algunos que me han fascinado. Ahora leo El impostor de Javier Cercas y releo El halcón maltés de Dashiell Hammett y El Silencio de los corderos de Thomas Harris.

¿Qué libros recomendaría que leamos en nuestro club?

Berta Isla de Javier Marías, El libro de los espejos de Eugene O. Chivorici y La novia oscura de Laura Restrepo.

¿Qué se viene en la obra de Berne Ayalá?

Actualmente estoy empeñado en dos novelas, una ambientada en el territorio de la locura, basada en un personaje de ficción llamado Rita Fukuyama, el cual he venido trabajando desde el libro Ciudad Rocanrol, quien ha sido personaje de reparto en otras novelas mías; además, estoy metido en un trabajo inspirado en el escándalo Irán-Gate, se trata de una novela ambientada en El Salvador, Honduras y Nicaragua. Todavía no sé cuál de las dos novelas saldrá a la luz en 2023.

¿Qué opina de los clubes de lectura?, ¿tiene alguna valoración sobre el Club de la Buena Estrella?

Cualquier actividad cultural relacionada con la literatura, especialmente el campo de lectura a compromiso, debe ser aplaudida. Leer bajo las reglas de un club, habitar en un régimen voluntario de agendas, lecturas, pensamiento y sentimientos compartidos, es un compromiso. El Club de la Buena Estrella no solo supone un sentido de compromiso con la literatura en general sino con la obra literaria salvadoreña, es un punto de atracción y de influencia para otras personas y colectivos, una práctica que evidencia organización, estructura y visión humanista.

¿Qué pregunta(s) le habría gustado que le hiciéramos?, ¿algo que quisiera añadir?

Los escritores necesitamos a las personas que aman la literatura y se toman el tiempo para leer nuestra obra. Por ello cualquier ínfula de importancia que muestren los escritores debe ser destinada al buzón del basurero.

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Buena parte de la obra de Berne Ayalá puede ser adquirida en Librería UCA

lunes, 5 de septiembre de 2022

Los prisioneros y la hija del presidente | Berne Ayalá

Llegamos al noveno mes del año y a una de las viñetas más esperadas en el programa de lecturas de nuestro club: la de Autor salvadoreño. A lo largo de quince años hemos disfrutado leyendo y comentando las letras de consagrados como Salarrué, Roque Dalton, Rafael Menjivar Ochoa o Francisco Andrés Escobar. Pero la experiencia de leer la obra de contemporáneos como Horacio Castellanos Moya, Jorge Galán, Miguel Huezo Mixco, Mauricio Orellana Suárez, Yolanda Consuegra Martínez, Giovanni Durán o Claudia Hernández, evidencia que la salvadoreña no tiene porque ser vista como la sociedad de los escritores muertos. 

Este nuevo septiembre tendremos la oportunidad de leer por primera vez a Berne Ayalá, un autor nacional que, libro a libro, está construyendo un mosaico indivisible de la guerra civil salvadoreña, usando ficciones como vehículo narrativo para hablarnos de hechos históricos. 

Gracias a la gestión de JR, uno de los integrantes de nuestro club, tuvimos el privilegio de conocer a Berne en agosto de 2021 en una agradable tertulia que se prolongó por varias horas. Fue ahí cuando llegó a nuestras manos, como pan recién salido del horno, un ejemplar de Los prisioneros y la hija del presidente, la más reciente publicación del autor. El secuestro de Inés Guadalupe Duarte Durán, hija del presidente de El Salvador a mediados de los años ochenta, es el hecho histórico que da pie a un interesante relato de ficción que involucra a un guionista de telenovelas y a un capitán del servicio de inteligencia. Maravilla y Garlopa habrán de cruzar sus pasos durante ese hito sobresaliente de uno de los tramos más oscuros del conflicto armado salvadoreño. 

Están cordialmente invitados a acompañarnos en la lectura de Los prisioneros y la hija del presidente de Berne Ayalá. Pueden obtener su ejemplar en línea en https://www.libreriauca.com/products/los-prisioneros-y-la-hija-del-presidente o visitar la Librería UCA para adquirirlo personalmente.

En vista de que tenemos en nuestro club algunos integrantes que nacieron después de los acontecimientos históricos contenidos en este libro y también hay amigos de otras nacionalidades a quienes estos hechos les resultan completamente ajenos, comparto a continuación alguna información que espero les ayude a entrar en contexto.

El marco histórico

El calendario marcaba el año 1985. Las preocupaciones de la versión adolescente de quien escribe estas líneas pasaban por tratar de descifrar al sexo opuesto, resolver el Álgebra de Baldor, ganar el domingo en el fútbol y evitar ser reclutado por el ejército. Los líos de la nación y del mundo excedían por mucho la paradójicamente compleja simplicidad de la pubescencia. En aquel momento álgido de la Guerra Fría, el arsenal nuclear de las dos superpotencias alcanzaba para matar hasta doce veces a cada habitante del planeta. Ronald Reagan iniciaba su segundo mandato en los Estados Unidos y Mikhail Gorbachov asumía la presidencia de la Unión Soviética. En Uruguay se ponía fin a doce años de dictadura y en Chile se firmaba el Acuerdo Nacional para la Transición a la Plena Democracia. El futbolista francés Michel Platini ganaba el Balón de Oro y treinta y nueve aficionados perdían la vida en la tragedia del Estadio de Heysel, Bruselas, durante la final de la Copa de la UEFA entre Juventus y Liverpool.  Volver al futuro, Cocoon, Comando y El color púrpura se proyectaban con mucho éxito en las salas de cine. Michael Jackson encabezaba el proyecto USA for Africa, un colectivo de cuarenta y cinco músicos estadounidenses convocados para grabar el sencillo We are the world, con el objetivo de ayudar a combatir la hambruna y las enfermedades en el continente africano. En agudo contraste, la ayuda que El Salvador recibía de los Estados Unidos por aquellos días era bastante distinta: Trescientos treinta y nueve millones de dólares en asistencia militar al ejército gubernamental, enzarzado en una cruenta guerra contra la guerrilla insurgente del FMLN desde 1979. Como bien dijo alguna vez Rubén Blades, "en América Latina la Guerra Fría estuvo bien caliente".

A la mitad de un oscuro túnel

Según datos del Informe de la Comisión de la verdad para El Salvador, en 1985 ya se rondaba los cincuenta mil muertos a causa del conflicto armado. Apenas un año antes había comenzado el diálogo entre ambas partes para buscar un acuerdo y firmar la paz, pero tras dos rondas de sesiones en La Palma y Ayagualo, la iniciativa se estancó y los combates se recrudecieron. El ejército realizó un gran despliegue contrainsurgente a nivel nacional, dando como resultado la captura de nueve comandantes guerrilleros, entre ellos Nidia Díaz, dirigente de unidades rebeldes en San Vicente y San Miguel, además de delegada del FMLN en las primeras rondas de diálogo con representantes gubernamentales. Por su parte, la guerrilla había abatido a balazos al ex director de la Guardia Nacional y unos meses después acribilló a trece personas que departían en un bar de la Zona Rosa de San Salvador, entre ellos cuatro marines norteamericanos. Luego, en su afán por lograr un mayor poder de negociación para recuperar a sus comandantes capturados, la guerrilla también había secuestrado a trece alcaldes municipales. Pero el golpe mayor aún estaba por llegar: el 10 de septiembre de aquel año oscuro y atribulado, Inés Guadalupe Duarte, hija mayor del presidente José Napoleón Duarte, sería secuestrada por el comando guerrillero "Pedro Pablo Castillo".

¿Quién fue José Napoleón Duarte?


Ingeniero civil, académico de la Universidad de El Salvador y político formado en universidades estadounidenses y europeas, Napoleón Duarte (1925-1990) fundó el Partido Demócrata Cristiano en 1960 y fue alcalde de la ciudad capital salvadoreña entre 1964 y 1970. El 20 de febrero de 1972 se presentó como candidato en las elecciones presidenciales por la Unión Nacional Opositora (UNO). Según varios historiadores, Duarte ganó en las urnas, pero las autoridades electorales proclamaron la victoria del candidato oficialista, Coronel Arturo Armando Molina. Dadas las reiteradas denuncias de irregularidades en el proceso de votación y escrutinio y ante las movilizaciones populares en protesta por lo que consideraban un fraude masivo, el 25 de marzo de 1972, un grupo de militares intentó un golpe de estado para evitar la asunción de Molina y lograr que se respetara la voluntad popular y los preceptos constitucionales. Duarte se puso a las órdenes de los alzados, por lo que al fracasar el movimiento, fue detenido y torturado por el régimen militar. Finalmente fue enviado al exilio en Venezuela. En 1977, una nueva elección fraudulenta volvió a despojar de la victoria a la UNO mientras Duarte seguía exiliado. Un análisis exhaustivo demuestra que hubo más de un motivo para el inminente estallido social, pero parece claro que la frustración de una juventud ansiosa de cambios y carente de espacios políticos para conseguirlos, terminó empujando a muchos a enrolarse en grupos armados y a participar en la guerra civil que asoló al minúsculo país centroamericano por más de doce años.

En 1980, luego de un golpe de estado que removió al General Carlos Humberto Romero y dio paso al establecimiento de una Junta Revolucionaria de Gobierno, José Napoleón Duarte volvió al país y se sumó a la junta hasta eventualmente llegar a presidirla. Más tarde participó en las elecciones de 1984, ganando por fin la presidencia de El Salvador. Lo paradójico del caso es que ahora que era presidente y, por consiguiente, comandante en jefe de las fuerzas armadas, había quedado enfrentado con muchos de sus otrora votantes. 

El secuestro de su hija fue un duro golpe para el estadista y para el hombre. Además del debilitamiento de su posición y de las severas presiones que diversos sectores ejercían sobre sus decisiones políticas, también debió soportar la angustia de ver a su familia afectada de manera directa, alcanzada por la misma vorágine de sufrimiento que ya padecían millares de familias salvadoreñas que lloraban a sus muertos a causa del conflicto o que vivían en la dolorosa incertidumbre de esperar el retorno de sus desaparecidos. 

Visto en perspectiva, su gobierno estuvo marcado por la violencia de la guerra, la escasez y el encarecimiento de los productos de la canasta básica, la corrupción galopante de varios de sus funcionarios y los terribles desastres naturales. Pero a pesar de todo, la historia recuerda a Napoleón Duarte como el presidente que instauró el diálogo y sentó las bases para la paz que llegaría años más tarde. En la atribulada historia política de El Salvador, Duarte también sería el primer mandatario civil elegido democráticamente que, al finalizar su mandato, lograría entregar el poder a otro ciudadano igualmente victorioso en las urnas.

La importancia de la literatura en la construcción y preservación de la memoria histórica

En tiempos de propagandistas disfrazados de revisionistas que reescriben la historia de manera distorsionada, cuando muchos optan por olvidar el pasado por doloroso y otros tantos pretenden negar la historia por inconveniente; la biografía, el testimonial y la ficción histórica pueden ser prodigios literarios que nos permiten recrear el pasado, nos ayudan a entender nuestro presente y nos orientan de cara al futuro. Tanto en el plano individual como en el colectivo, la memoria es un ingrediente fundamental para reforzar nuestra identidad, crear lazos con nuestros orígenes y entrenar nuestra conciencia de nación. Los pueblos que prefieren enterrar el pasado y olvidarlo, se niegan a las bondades balsámicas del reconocimiento de los errores, de la aceptación de las responsabilidades, de la obtención del perdón y de la verdadera reconciliación. Los ciudadanos sin memoria están condenados a vivir en sociedades enfrentadas y polarizadas que repiten una y otra vez los mismos errores del pasado.

Ficha del libro


Metas de lectura


El autor


Berne Ayalá nació en Ilopango, El Salvador, en 1966. Durante la guerra civil militó en el Partido Comunista de El Salvador (PCS) y las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL). Realizó estudios de filosofía y economía política en la ciudad de La Habana, Cuba. Escritor, investigador y abogado. Ha publicado novela, cuento, reportaje, crónica, ensayo y poesía.

Fuentes

  • https://es.wikipedia.org/wiki/1985
  • La ayuda económica y militar de los Estados Unidos, el pilar de contrainsurgencia en El Salvador (Admin-journal-manager-el-salvador-coyuntura-economica-n24-5.pdf)
  • De la locura a la esperanza : la guerra de 12 años en El Salvador: informe de la Comisión de la Verdad para El Salvador (UNSTSGONUSAL.pdf)
  • https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Cronolog%C3%ADa_de_la_guerra_civil_de_El_Salvador
  • https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Napole%C3%B3n_Duarte
  • https://es.wikipedia.org/wiki/Arturo_Armando_Molina




martes, 9 de agosto de 2022

Homo Deus: mi valoración personal


Hablar de Yuval Noah Harari suele desencadenar reacciones de interés, alboroto, polémica y, en algunos casos, de profundo desasosiego. 

El famoso historiador hebreo es reconocido como escritor best seller por sus obras Sapiens: de animales a dioses. Una breve historia de la humanidad y posteriormente Homo Deus: Breve historia del mañana, libro que nos ocupa en este caso. 

Habiendo leído ambos libros, he de reconocer que el autor tiene la virtud de volver interesantes y fluidos temas que muchos apenas conocíamos o que simplemente no gozaban de nuestro interés por ser percibidos como aburridos o difíciles de entender. El mérito del autor es dotarlos de sencillez y claridad suficientes como para que casi cualquier lector acceda a la información y la asimile en buena medida. Eso es de lo más satisfactorio en cuanto a la manera en que está escrito.

Ya sobre el contenido, en el caso de Sapiens no estuve de acuerdo con su enfoque sobre muchos aspectos del pasado prehistórico de la humanidad o con su interpretación particular sobre algunos acontecimientos que marcaron cambios significativos en la vida de nuestra especie en tiempos más recientes, pero admito que en todos los casos siembra la semilla que obliga a la consulta y a la reflexión sobre dichos tópicos. Sin embargo en Homo Deus, a pesar de mantener sus hilos interesantes, presentar muchos datos y proponer teorías sobre el futuro de la humanidad, encontré varios planteamientos que me parecieron sesgados y tendenciosos. 

Me parece por ejemplo que Harari subestima el impacto que tendría para la inmensa mayoría de los seres humanos tener que asimilar como verdad la inexistencia de Dios. Si un día viniera una nave espacial y de ella descendieran seres extraterrestres para darnos la noticia de que han recorrido de lado a lado el universo sin encontrar una evidencia de Dios, podemos estar seguros que la mayoría de los habitantes de este planeta se quebraría por dentro. Harari parece atribuir a la humanidad entera valores, capacidades y creencias que en realidad solo ostentan muy pocos humanos de avanzada en sociedades y clases pudientes y dominantes, olvidando que hay países y seres humanos de segunda y tercera línea, con un valor muy relativo para las naciones hegemónicas. El autor siempre parece medir las cosas desde la óptica de países y sociedades desarrolladas. De presunciones como esas es altamente probable que resulten falacias. De hecho Harari admite que las muestras de datos tomadas han sido obtenidas tan solo en sociedades educadas, industrializadas, ricas y democráticas del mundo occidental (WEIRD: Western, educated, industrialized, rich and democratic). 


No obstante, Harari me parece demasiado listo como para tomar sus planteamientos en esa línea como meros errores o desatinos. El historiador, ahora abordando temas de carácter científico, casi ha hecho una intrusión como divulgador sociológico, planteando predicciones que más bien inducen conceptos que poco a poco se van masificando hasta lograr un gradual condicionamiento y aceptación. De ahí que su reputación se ha ido posicionando exitosamente. Harari ha devenido en gurú e influencer de líderes mundiales de diversos ámbitos, que ya no solo leen sus libros sino que también lo invitan como orador y asesor en foros de importancia global. Las masas, en consecuencia, también han ido engrosando las filas de lectores de su obra, sobre todo si personalidades como Barack Obama o Bill Gates recomiendan encarecidamente su lectura. 

Si las propuestas de Harari llegan directamente a los líderes mundiales y permean en sus enfoques y opiniones, el potencial de que sus predicciones se vuelvan realidad es mucho más alto. La predicción pasa a convertirse en una inducción. Luego, el condicionamiento de las masas a las ideas donde Harari desmantela conceptos como la existencia individual, la consciencia del yo, el alma, la gestación del deseo y el libre albedrío, al tiempo que cuestiona el futuro de la democracia y de los derechos humanos, además de exaltar las ventajas de renunciar a la privacidad y compartir toda nuestra información personal a cambio de algunos beneficios que esto pudiera traernos; allana el camino para lo que se antoja como una inevitable implantación del futuro que describe. 

Luego, descreo de su refuerzo al argumento de que el cliente siempre tiene la razón. Las nuevas formas de gestionar mercados y productos clasifican a los clientes no solo según cuánto compran o con qué frecuencia lo hacen, sino también determinando cuántos recursos consume su gestión y cuánto desgaste representa atenderlos. Con eso en mira, habrá clientes que justificarán atenciones especiales, mientras que otros pueden incluso llegar a ser prescindibles. Discordo también cuando plantea que sin importar que todos los profesores de universidad y todos los sacerdotes y muláes gritasen desde todos los púlpitos que un coche es maravilloso, si los clientes lo rechazan es un mal coche. Harari parece obviar el asombroso poder de los influencers, ahora capaces de lograr que mercados multitudinarios compren verdadera basura. 

Harari también plantea que la sensibilidad no es una aptitud abstracta que se aprende leyendo libros. Los que apreciamos la lectura sabemos bien que este hábito puede ayudarnos a desarrollar cualidades como la comprensión, la empatía y la tolerancia. Al margen de si lo que leemos es real o ficticio, en cada libro disponemos de una ventana que nos permite observar a otras personas, en otros tiempos y lugares y, a partir de esa observación, profundizar nuestro conocimiento de la naturaleza humana tan solo viendo y analizando cómo otros reaccionan ante los eventos de sus propias vidas.

Pero donde realmente encontré una barrera perturbadora es en su afán por animalizar al hombre por completo, despojándolo de los rasgos que siempre consideramos como las facetas más elevadas y sublimes de la humanidad. Reducir la experiencia arrobadora de presenciar una gran obra de arte, de escuchar las erizantes notas de una gran composición musical o de vivir un amor profundo y trascendental a apenas impulsos bioquímicos que obedecen a un algoritmo funcional, me parece muy triste y lamentable. Al margen de mi visión personal sobre la existencia de un ser superior o de una fuerza creativa misteriosa que excede mis capacidades de comprensión, siempre he creído que hay una llamita especial en el ser humano, a lo mejor desperdiciada por la mayoría, pero que resulta insoslayable cuando la contemplamos en la vida y obra de grandes figuras de la historia de nuestra especie. 

La chispa inicial que da paso a la vida desde la materia inanimada sigue siendo un misterio aún para la ciencia más avanzada. El hombre ha jugado con mucho éxito a ser dios desde la manipulación genética, la modificación celular, la fertilización in vitro o la generación de órganos a partir de células madre. Pero la ciencia aún no ha podido crear vida desde cero. Esa es la última frontera, probablemente el último hálito que sostiene la creencia en el soplo de vida que animó al muñeco de barro. Acaso esa chispa que revelaría el origen divino resida en algún punto de los estados de la mente que el mismo Harari reconoce como un océano inexplorado.

Sé que es muy probable que la humanidad se encamine al final de su ciclo y que lo que viene sea una sociedad de cyborgs, superhumanos o máquinas. Es bastante lógico pensar que cada vez habrá menos humanos útiles para la nueva realidad de la vida en este u otro planeta y que la individualidad puede sucumbir cuando todos acabemos conectados sin cables ni prótesis a un único cerebro satelizado que nos gobierne de manera centralizada. De una manera u otra, el futuro (y no solo el propuesto por Harari) es poco alentador y bastante desprovisto de esperanza. Por como corren los tiempos, ya quisiera uno refugiarse en la perspectiva quijotesca y romántica que proponía John Connor en la famosa saga futurista: “El futuro no está establecido. No hay destino. Solo existe el que nosotros hacemos.”