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martes, 26 de noviembre de 2013

Memorias del subsuelo, comentario personal


 «Tal como puede confirmar cualquiera que la haya leído, Memorias (1864) es una novelita impresionante pero considerablemente extraña, y estas dos cualidades tienen que ver con el hecho de que el libro resulta al mismo tiempo universal y particular. […] Notas del subsuelo y su Hombre del Subsuelo son en realidad imposibles de entender sin conocer el clima intelectual de Rusia en la década de 1860, sobre todo el momento álgido del socialismo utópico y el utilitarismo estético que estaban de moda por entonces entre la intelectualidad radical, unas ideologías que Dostoyevski odiaba con esa pasión con que solamente podía odiar Dostoyevski.» David Foster Wallace, El Dostoievski de Joseph Frank.

(Apuntes, Memorias o Notas, del o desde, el subsuelo, sótano, o subterráneo), se publicó en la revista Epoja [Época], entre los meses de abril y junio de 1864. El manuscrito sufrió recortes de censura, pero Dostoyevski no lo revisó cuando lo volvió a publicar en la edición de sus obras. La fama que lo acompaña comenzó décadas después de la muerte del escritor, como si hubiera sido un escrito póstumo, una bomba de efecto retardado.

La novela está dividida en dos partes. En la primera, la más introspectiva y filosófica, el narrador establece una especie de diálogo con el lector. Ahí confiesa sus frustraciones, culpas y resentimientos; al tiempo que reflexiona sobre las ambigüedades de la sociedad hipócrita y ambivalente en que vive, sobre la culpabilidad en que el sistema hunde a los individuos a través de la práctica de la des-personalización y la humillación generalizadas. El narrador nos habla sobre su trabajo como funcionario, su condición de pobreza, la soledad que lo caracteriza y su respuesta como individuo. 

La segunda parte, titulada "A propósito de la cellisca", posee un carácter más narrativo. En sus páginas, el hombre del subsuelo se dedica a contarnos algunos extraños hechos que han sido definitivos en su vida, como el curioso deseo de venganza hacia un oficial al que persiguió por más de dos años, y la infructuosa obsesión por mostrar igualdad, cuando no superioridad, con respecto a sus ex-compañeros de la escuela. Finalmente, nos muestra su contradictoria relación con Liza, la prostituta ante quien, aun a sabiendas de su propio vacío y su conciencia maltrecha, pretende erigirse como una voz moral que no se sostiene y que de hecho se derrumba.

SOBRE LOS INDIVIDUOS
Una primera condición salta a la vista de quien lee Memorias del Subsuelo: el protagonista de la novela es un personaje anónimo, un individuo del que no importa su nombre. Eso no parece algo fortuito. Tal y como sucede en otras obras de Dostoyevski, el autor plantea una crítica a la deshumanización de su época por los nuevos conceptos de éxito laboral basado en rangos salariales, degradaciones y ascensos. Hay un momento, dentro del proceso de industrialización rusa y las políticas del zarismo, en el que sus discursos dejan ver de un modo más crudo el carácter forzoso e inevitable que consolidaría el sistema socio económico y político de la nueva nación. 

Dostoyevski pone de manifiesto que la educación, los modales, la civilización y la programación del individuo, desembocan en la subsecuente anulación de nuestra naturaleza, en la represión de nuestros instintos. Demuestra que la negación de nuestros impulsos nos impone una careta que oculta nuestra verdadera personalidad. ¿Pero tenemos una única personalidad? ¿No saltamos de una opinión a otra todo el tiempo? ¿No cambiamos de parecer según el momento, las circunstancias y la perspectiva? Por otra parte, sucumbir ante esos impulsos, aun cuando sea en secreto, supone la aparición de la culpa y el remordimiento. He ahí la dualidad de pensamientos, razonamientos, emociones y sensaciones del incompresible ser humano del subsuelo.

Por eso mismo, porque las novelas de Dostoyevski son toda una encrucijada de ideas, puntos contradictorios y personajes que se desarrollan al mismo tiempo y cada uno con su propia voz, es que para el crítico literario Mijaíl Mijáilovich Bajtín, resulta claro que Dostoyevski es el creador de la novela polifónica. Bajtín manifiesta que pareciera que las obras de Dostoyevski no fueran obra de un solo escritor, sino que parecen discursos filosóficos independientes y hasta contradictorios de varios pensadores. El narrador de las Memorias del subsuelo no escapa de esa polifonía. Y es por eso mismo que este personaje provoca en los lectores sentimientos tan contradictorios como empatía, antipatía, risa, ternura, admiración, vergüenza ajena, repulsa, enojo, pasmo, lástima y, ¿por qué negarlo?, a veces hasta identificación.

SOBRE LA CIENCIA
Memorias del subsuelo es una obra que anticipa las consecuencias que tiene para el hombre la confianza excesiva en la ciencia y la razón, la reducción de la vida a un plano formal y descriptivo que suprime la espontaneidad, las diferencias y las divergencias que definen al individuo y a su entorno.

Según Adolfo Vásquez Rocca en su análisis sobre la metáfora de Palacio de Cristal de Sloterdijk, "en Memorias del subsuelo, que no constituye tan sólo el documento fundacional de la moderna psicología del resentimiento, sino también la primera manifestación hostil contra la globalización (si es que el empleo  de dicho término no es anacrónico en este contexto), se halla una expresión que resume, con una fuerza metafórica aún no igualada, la caracterización de la civilización de Occidente como un 'palacio de cristal'." 

Vásquez Rocca señala que el mundo ha perdido la noche porque la luna y el sol ya no son los vectores del tiempo. En el mundo interior del capital siempre es de día. 

La idea expresada en el libro de Sloterdijk a través de la imagen del Palacio de cristal, acuñada por Dostoyevski en Memorias del subsuelo; se refiere al famoso recinto de la Exposición Universal de Londres de 1851. Esta exposición marca un hito y simboliza el inicio de la atención del ser humano hacia el progreso y la modernidad. Es aquí donde se comienza a ver la diferencia entre un emergente grupo de países tecnológicamente más avanzados, el Primer Mundo, versus otros que después serían llamados "países en vías de desarrollo" o Tercer Mundo.

La base de esta exposición fue la fe en el conocimiento científico. La ciencia estaba produciendo nuevos y poderosos cambios en la manera de ver y vivir la vida, modificando así mismo el pensamiento. El hombre quería tener el mayor conocimiento posible para poder controlar a la naturaleza. La ciencias como la física, la genética, la psicología, la antropología y la sociología, comenzaron a tener más adeptos para su estudio, propiciando cambios y descubrimientos en la aplicación de nuevos conocimientos científicos.

Pero Dostoyevski desconfía del cálculo probabilístico y de las tablas exactas que determinen las formas y prescriban las soluciones para todas las necesidades y problemas en un estado totalitario, sea este social o científico.

"Ustedes creen en ese edificio de cristal, indestructible por los siglos de los siglos, es decir, ese al que no se le puede sacar la lengua a escondidas, ni tampoco hacer un corte de mangas. Pues bien, quizá por eso mismo le tema yo al edificio, porque es de cristal, por siempre indestructible y porque ni a escondidas se le puede sacar la lengua. [...] ¡A ver si lo comprenden!: si en lugar de un palacio hay un gallinero y se pone a llover, yo probablemente me metería dentro del gallinero para no empaparme, pero de ninguna manera tomaría el gallinero como un palacio, por muy agradecido que le estuviera al haberme resguardado de la lluvia. [...] ¡Pero que puedo hacer, si se me ha metido en la cabeza que no vivimos sólo para no mojarnos, aunque, si se trata verdaderamente de vivir, mejor hacerlo en un palacio! Esa es mi voluntad, ése es mi deseo. Y sólo podrán arrancarlos cuando sustituyan mis deseos por otros. ¡Adelante, cámbienmelos, sedúzcanme, ofrézcanme un ideal diferente! Mientras tanto seguiré sin confundir un gallinero con un palacio. Aun cuando resulte que el edificio de cristal sea un bulo, algo inconcebible para las leyes de la naturaleza o tan sólo una invención mía, fruto de mi propia estupidez y de algunas costumbres anticuadas e irracionales de mi generación".

SOBRE EL DOLOR
El comportamiento masoquista es una constante en los apuntes del subsuelo: "Eres una contradicción grotesca y dolorosa. Eres un corazón con hemorroides", "También hay placer en un dolor de muelas. Si no sintiera placer con ellos no gemiría", "Y si a pesar de todo usted no está de acuerdo y decide protestar, su único consuelo sería auto-propinarse una paliza o que la emprendiera a puñetazos contra su propio muro, que es lo único que está a su alcance", "A veces el hombre ama el dolor de un modo pasional y terrible: esto es un hecho", "Al fin y al cabo, el sufrimiento es la única razón de ser de la consciencia". 

Si pudiéramos remontarnos a la cintura del siglo XIX, y cayéramos en la cuenta que los poderosos y efectivos analgésicos y anestésicos que hoy conocemos, no existían entonces; y si nos detenemos a pensar que el mundo de Dostoyevski era más lento y estaba desprovisto de la ingente cantidad de información, actividades y distractores de que hoy disponemos, quizá podamos entender que el dolor físico o emocional, era algo que en ese tiempo debía asumirse por entero. Quien ha pasado por un episodio de dolor severo y sostenido, sabrá que al final ocurre una de dos cosas: o caemos en estado de shock por dolor extremo y nuestro cuerpo se desconecta, o terminamos por desarrollar una cierta tolerancia cuasi indiferencia al sufrimiento. Después de una experiencia de esa naturaleza, el umbral de dolor se modifica y el carácter sufre alteraciones irreversibles. Todas las otras cosas adquieren una importancia relativa, cuando no caen en la insignificancia. El humor negro no es sino una auténtica manifestación de resignación, cuando no de orgullo, de cara al sufrimiento.

Y probablemente a ese masoquismo se deba a su vez el sadismo posterior. El narrador del subsuelo llega al punto de entender la humillación a la que somete a Liza, como un beneficioso acicate, "¿No actúa la ofensa como una purgación, como la más corrosiva y dolorosa de las consciencias?"

SOBRE EL AMOR
El narrador del subsuelo habla de amor en repetidas ocasiones. A veces habla del amor propio, a veces del amor de pareja, del de la familia, y hasta de una suerte de delirio onírico febril en que se siente capaz de amar de manera pura a la humanidad entera. 

Y sin embargo, nunca logra desligar el concepto de amor del de dolor. En algunas citas lo refiere de manera anecdótica: "Yo conocí a una mujer que decía lo siguiente: 'Como te quiero tanto, también te haré sufrir por amor, para que sepas apreciarlo'." En otras, lo describe a manera de declaración personal de juicio y valor: 

"En toda mi vida no he podido imaginarme otro tipo de amor y he llegado a un punto en que pienso a veces que el amor consiste precisamente en eso, en el derecho voluntariamente otorgado por el objeto amado a dejarse tiranizar. Nunca jamás, ni siquiera en mis sueños de subsuelo, he podido imaginar el amor de manera diferente a una lucha, que siempre surge del odio y siempre termina en un sometimiento moral, aunque nunca he sabido qué hacer después con ese objeto sometido."

SOBRE EL AUTOR
A diferencia de tantos autores que basan su obra en mera imaginación y elucubración, la vida de Dostoyevski está llena de experiencias extremas y paroxismo, lo que sin duda resultó ser una fuente inagotable de historias, personajes, situaciones, ideas, argumentos, pasiones y reflexiones. ¿Pero cuánto hay del autor en esta reflexión-confesión?

Memorias del subsuelo fue escrita entre 1860 y 1864, año de su publicación. La esposa de Dostoyevski moría de tuberculosis y él, sumido en la pobreza y en la frustración, padecía de hemorroides. Si sumamos a ese estado miserable el sorprendente cúmulo de vivencias que el autor experimentó previamente, no cuesta imaginar que la desdicha personal fue su motor y combustible a la hora de escribir.

Y quizá debamos ir más allá. Porque el subsuelo, el inconsciente, el subconsciente, el oscuro sótano y la cloaca o resumidero de las bajas pasiones y los malos motivos, no es patrimonio personal del perturbado narrador ni de su delirante creador, sino de todos los seres humanos.

Dostoyevski no solo establece los fundamentos del psicoanálisis y del existencialismo. De su pensamiento precursor dependen futuras posturas y conceptos como la filosofía del absurdo y se nutren obras como La metamorfosis, La náusea o El mito de Sísifo. El narrador del subsuelo es el antepasado de honor de Kirilov, de Gregorio Samsa, del Doctor Jekyll, de Mister Hyde, del estudiante de Praga, de Thomas Anderson, de Neo, del otro yo del Doctor Merengue de Willy Divito, y del desquiciado narrador (también anónimo) de El club de la pelea de Chuck Palahniuk.

A propósito de este último, en "Tripas", el perturbador relato corto publicado en 2006, Palahniuk hace una interesante alusión al "ingenio de escalera", eso que los franceses llaman "espirit de l'escalier", la lucidez que tantas veces llega de manera tardía a la mente del narrador del subsuelo.

Dice Palahniuk que el ingenio de escalera "significa el momento en el que uno encuentra la respuesta, pero es demasiado tarde. Como cuando se está en una fiesta y alguien nos insulta. Uno tiene que decir algo. Y sucede que bajo presión, con todos mirando, decimos algo estúpido. Pero en el momento que uno se va de la fiesta… mientras baja las escaleras, magia. Se nos ocurre la cosa perfecta que deberíamos haber dicho. La réplica idónea desperdiciada. Ese es el ingenio de la escalera. El problema es que ni siquiera los franceses tienen una frase para las cosas estúpidas que realmente decimos bajo presión. Esas cosas estúpidas, desesperadas que realmente pensamos o hacemos. Algunos actos son demasiado bajos para tener un nombre. Demasiado bajos siquiera para hablar de ellos."

Pues bien, el personaje narrador de Memorias del subsuelo nos da cátedra sobre esas bajezas, algunas veces con la cabeza, otras tantas con el corazón... y todas las demás con el hígado; mas siempre, con la incomprensible honestidad del mentiroso impenitente, con esa confusa claridad que paradójicamente resulta de un ejercicio semejante por un ego y un alter ego que comparten páginas intercalando párrafos. Porque no hay luz que nos permita alumbrar y discernir la imagen de lo que nos habita en los bajos fondos. El residente del subsuelo ha aprendido a ver en la oscuridad.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Fiódor Dostoyevski, algunos datos biográficos


Fiódor Mijáilovich Dostoyevski es uno de los principales escritores de la Rusia Zarista, cuya literatura explora la psicología humana en el complejo contexto político, social y espiritual de la sociedad rusa del siglo XIX.

Nació: 11 de noviembre de 1821, Moscú, Rusia
Murió: 9 de febrero de 1881, San Petersburgo, Rusia
Películas: Noches blancas, Los hermanos Karamazov, Saawariya, Los poseídos, El jugador, Pickpocket, Estudiante
Hijos: Lyubov Dostoyevskaya, Sonya Dostoyevskaya, Fyodor Dostoyevsky, Alexey Dostoyevsky
Cónyuges: Anna Dostoyevskaya (m. 1867–1881), Marya Dimiitryevna Isayeva (m. 1857–1864)

Durante su juventud se vio influido profundamente por su padre, un médico retirado del ejército, alcohólico, avaro y sensual. Cuando el pequeño Fiódor tenía 11 años, su padre adquirió unas fincas en la provincia de Tula con la intención de llevar una vida de terrateniente y trasladó su familia allí. En 1838, el joven Fiódor partió, por decisión de su padre, hacia San Petersburgo, para ingresar en la Escuela de Ingenieros Militares, aunque él no se encontraba a gusto con sus estudios técnicos. 

Murió su padre y, luego de graduarse, decidió dedicarse a la Literatura, al punto que llegó a publicar su primera obra, Pobres gentes, obteniendo una gran repercusión. A esta obra la siguió El doble que, al igual que otros trece esbozos escritos por Dostoyevski en los tres años siguientes, centró su atención en la situación de los pobres y desheredados, en sus humillaciones y sus reacciones ante ellas.  

Paralelamente, se sumó a un grupo de jóvenes intelectuales que estudiaban las obras de los socialistas franceses, prohibidas por el zar. En el grupo logró infiltrarse un miembro de las fuerzas de seguridad y todos los integrantes del grupo terminaron en prisión. Sufrieron el destierro a Siberia y fueron condenado a muerte. Pero salvaron sus vidas minutos antes de la ejecución, al recibir una conmutación de penas. Fiódor fue condenado a cuatro años de trabajos forzados en Siberia y a desempeñarse luego como soldado raso. Tal vez como consecuencia de las situaciones de extrema tensión vividas, comenzó a padecer ataques de epilepsia, que lo acompañarían durante toda su vida. 

Durante su período en prisión sólo leyó la Biblia. Influido por esa lectura rechazó el socialismo ateo, del que había sido partidario en su juventud. La cárcel le permitió también descubrir cómo entre los mismos delincuentes se daban gestos de altruismo y nobleza, lo que le permitió profundizar en la complejidad del espíritu humano. En 1854 fue liberado de prisión y enviado como soldado a una unidad militar en Mongolia. Allí vivió por un lapso de cinco años, luego de los cuales lo autorizaron a regresar a San Petersburgo. 

Regresó junto a la mujer con la que había contraído matrimonio, una viuda enferma de tuberculosis. Luego de diez años de prisión y exilio, pudo retomar su carrera literaria. Fundó, junto a su hermano Mijáil, una publicación mensual llamada Tiempo. Allí fueron apareciendo, por entregas, algunas de sus nuevas obras, como Memorias de la casa muerta y Humillados y ofendidos (1861). Luego publicó Notas de invierno sobre impresiones de verano (1863). La revista Tiempo fue cerrada por las autoridades por haber publicado un artículo supuestamente subversivo. Junto a su hermano inició una nueva publicación, Época, que tendría una vida más corta aún. Allí publicaría la primera parte de Memorias del subsuelo. 

En 1864 falleció su esposa, luego de una penosa convalecencia, y también su hermano, cuyas deudas, de las que tuvo que hacerse cargo, lo dejaron en la ruina. Para salir de su situación económica desesperante tramitó un crédito que le fue concedido contra el compromiso de presentar una nueva novela en no más de un año. Cumpliendo con ese compromiso escribió El jugador (1866). Al poco tiempo contrajo matrimonio con Anna Snitkina, la mecanógrafa que contratara para transcribir su obra. Escapando de sus acreedores, Dostoievski pasó los años siguientes fuera de Rusia. A pesar de su situación económica angustiosa, durante este período continuó su labor de escritor, publicando Crimen y castigo (1866) y Los endemoniados (1871-1872). Retornó a Rusia recién en 1873, portando ya el halo del reconocimiento internacional como escritor. En 1880 publicó Los hermanos Karamazov. Poco tiempo después murió en San Petesburgo; corría el mes de febrero de 1881.

En toda su obra mostró Dostoievski un inmenso interés por el hombre de su tiempo. Estaba convencido de que el futuro de la humanidad se hallaba en juego. Por eso sus obras no abordan temas históricos sino actuales. “El hombre en la superficie de la tierra no tiene derecho a dar la espalda y a ignorar lo que sucede en el mundo, y para ello existen causas morales supremas", decía. Y su realismo no se detuvo ante las facetas más oscuras del espíritu humano sino, por el contrario, penetró en ellas, colocando a los héroes de sus novelas en las situaciones más extremas, rastreando sus conflictos interiores y sus motivaciones más profundas. Consideraba su deber, en cuanto escritor, encontrar el ideal que late en corazón del hombre, "rehabilitar al individuo destruido, aplastado por el injusto yugo de las circunstancias, del estancamiento secular y de los prejuicios sociales.”

La temática, y el modo de abordarla, de sus novelas trágicas se adelantó en el tiempo a los estudios psicoanalíticos sobre el inconsciente, al surrealismo y al existencialismo. En cuanto a lo estrictamente literario, tal vez haya sido su mayor aporte el haber colocado al narrador dentro de la obra, dejando la postura externa de quien relata una historia ajena. Este estilo fue retomado posteriormente por autores de la talla de Thomas Mann, Unamuno y Sartre.

Curiosidades sobre su vida
Fiódor Dostoyevski fue, probablemente, el escritor más angustiado de todos los tiempos. Durante toda su vida estuvo perseguido por la enfermedad, las deudas y los miedos. Fue un hombre verdaderamente atormentado. Nació en el mismo manicomio donde su padre trabajaba como médico. Dicen que tuvo desde su infancia extraños temores, oía voces, creía en fantasmas, hablaba con apariciones.

Probablemente su brutal hipocondría estaba más que justificada. Conoció como pocos hombres la miseria del subsuelo, de la continua recaída, del golpe en el abismo. Pero sin duda el acontecimiento más impactante de su vida ocurrió en 1849. Como se ha anotado ya, se había unido a un grupo de intelectuales que se reunían para comentar las obras de los escritores socialistas franceses, que por aquel entonces estaban prohibidos por la política totalitaria del Zar Nicolás I. El grupo terminó siendo descubierto. Detenidos sus miembros, fueron encarcelados y condenados a muerte. Dostoyevski llegó a estar delante de un pelotón de fusilamiento, atado a un palo con una soga y con la fosa delante de él mismo. La amnistía del Zar había llegado poco antes, y en ella se conmutaba la pena máxima por una condena a trabajos forzados en la fortaleza de Omsk, en Siberia. No obstante el capitán del pelotón, deseoso de atemorizar a los indultados, decidió continuar la escena de la ejecución hasta su penúltimo movimiento, llegando incluso a dar la orden de abrir fuego. Las consecuencias de esta macabra broma fueron devastadoras. Algunos de los compañeros de Dostoievski perdieron el juicio, y el propio escritor, aunque ganó en lucidez, vivió siempre bajo los efectos adversos de la experiencia que le marcó para el resto de su vida.

Ya de adulto tenía fuertes recaídas por causa de la epilepsia, ataques que lo dejaban exhausto y postrado en la cama sin actividad durante días, su primera crisis epiléptica fue a los 17 años después de enterarse que su padre había sido asesinado por sus campesinos, quienes lo veían demasiado autoritario. Fue durante la época de su destierro en Siberia cuando sus ataques se volvieron más frecuentes y generalizados. Durante estos años experimentó su primera crisis Grand-mal - con convulsiones generalizadas- y desde 1853, con 32 años, las sufría regularmente a finales de cada mes.

La enfermedad apareció a lo largo de su obra haciendo  partícipes de sus ataques a numerosos personajes de sus narraciones y novelas, de los que el más conocido fue el conde Myschkin en la novela "El Idiota". Este personaje narra en los escritos de  Dostoevsky sus éxtasis y lo que se denomina aura extática, un sentimiento de armonía y felicidad absolutas que experimentaba antes de las crisis. "Siento que el cielo ha descendido a la tierra y me envuelve. Realmente he alcanzado a dios que se introduce en mí. Todos vosotros, personas sanas, ni siquiera sospecháis lo que es la felicidad, esa felicidad que experimentamos los epilépticos por un segundo antes de un ataque".

Los ataques comenzaban normalmente por la noche. Primero un ligero picor en las manos y luego la nada. Tenía crisis generalizadas, que cursaban con convulsiones en todas las extremidades, pérdidas de memoria, dificultad al respirar, taquicardia, espuma en la boca y periodos postictales largos con presencia de afasia y depresión. Todos estos signos, junto con las auras estáticas y la ausencia de enfermedades neurológicas o psiquiátricas hacen suponer que Dostoyevsky sufría Epilepsia del Lóbulo Temporal.

Dostoievski, una vida de locura
Fiódor Dostoyevski nació en el manicomio en que trabajaba su padre como médico. Durante su infancia mantuvo permanente contacto con los enfermos mentales, lo que sin duda marcaría su obra literaria. Se anticipó a la moderna psicología, al explorar los motivos ocultos y llegar a comprender de un modo intuitivo el funcionamiento del inconsciente, que se manifiesta claramente en las conductas irracionales, el sufrimiento psíquico, los sueños y los momentos de desequilibrio mental de sus personajes.

Algunas frases
  • El secreto de la existencia humana no solo está en vivir, sino también en saber para qué se vive 
  • Después de un fracaso, los planes mejor elaborados parecen absurdos 
  • Es al separarse cuando se siente y se comprende la fuerza con que se ama. 
  • Creo en la vida eterna en este mundo, hay momentos en que el tiempo se detiene de repente para dar lugar a la eternidad. 
  • Amo a la humanidad, pero, para sorpresa mía, cuanto más quiero a la humanidad en general, menos cariño me inspiran las personas en particular. 
  • ¡Cuán bueno hace al hombre la dicha! Parece que uno quisiera dar su corazón, su alegría. ¡Y la alegría es contagiosa! 
  • La mujer, sólo el diablo sabe lo que es; yo no lo sé en absoluto.

Memorias del subsuelo
Cuando un lector se encuentra con un libro como este, comprende las razones por las cuales resulta tan difícil precisar los límites de los géneros literarios. De un lado, porque la innovación que se viene alcanzando en términos de lenguaje ha contribuido a franquear las barreras de lo que en otro tiempo pudo encerrarse bajo nociones como novela o poesía; pero, además, porque la literatura, en conjunto, se ha movilizado hacia saberes cuya naturaleza no es esencialmente ficcional, como la filosofía o la política, estableciendo con ellos un espacio de mutua implicación. Es decir, hay obras que no sólo ponen en crisis el canon literario al combinar las cualidades de varios géneros, sino también al trascender el concepto mismo de literatura poniéndolo en diálogo con discursos de origen diferente.

Frente a este tipo de ejercicios pueden rastrearse muchas opiniones: hay un grupo de lectores –muy puristas- que los rechazan categóricamente, argumentando que detrás de ellos se evidencia, ante todo, la incapacidad del autor para valerse de forma estricta de los recursos propios de un género; otro grupo, les da su visto bueno, aunque los celebra con poco entusiasmo, observando que no se trata de una exigencia que deba generalizarse y; por último, ciertos lectores manifiestan abiertamente su preferencia hacia esta clase de obras, señalando que son justamente ellas las que permiten que la literatura se vitalice y evolucione, desligándose de los moldes que la tradición suele atribuirle. Sólo una verdad irrebatible está más allá de estas diferencias, y es que obras así no se hallan fácilmente, puesto que su condición primaria es la de la excepcionalidad.

La certeza de estar frente a un libro de esta categoría, capaz de hacer tambalear las zonas de seguridad de la literatura, es lo que lleva a Bela Martinova a afirmar: “Memorias del Subsuelo es una obra de Dostoievski de considerable importancia máxime cuando en sus relativamente pocas páginas se concentra más contenido filosófico que en ninguna otra obra del autor”. Esta no es una novela concebida desde los habituales esquemas del género (héroe, trama, narración), sino a partir de una síntesis con la filosofía, rasgo que la lleva a recorrer un camino en donde predomina la libertad creativa y, sobretodo, “la búsqueda de reflexión y análisis crítico”. Nabokov consideró el libro un desacierto, mientras que Bajtín lo ha convertido en un lugar recurrente de sus ensayos; dos posiciones que revelan todo lo polémico que puede llegar a ser su lectura.

*Fuente:

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Memorias del subsuelo, Fiódor Dostoyevski

Soy un hombre enfermo... Un hombre malo. No soy agradable. Creo que padezco del hígado. De todos modos, nada entiendo de mi enfermedad y no sé con certeza lo que me duele. No me cuido y jamás me he cuidado, aunque siento respeto por la medicina y los médicos. Además, soy extremadamente supersticioso, cuando menos lo bastante para respetar la medicina. (Tengo suficiente cultura para no ser supersticioso, pero lo soy.) Sí, no quiero curarme por rabia. Esto, seguramente, ustedes no lo pueden entender. Pero yo sí lo entiendo.
Fiódor Dostoyevski
Octubre se fue sin vientos y, casi sin darnos cuenta, ya hemos pasado del día de los muertos y del olvidado primer grito de independencia centroamericana. El vertiginoso descenso en tobogán que nos conduce al final de 2013, nos ha dejado a la fecha 12 nuevas lecturas en nuestro haber como club. Y aun quedan dos en este año. Este noviembre tenemos asignada la lectura de Memorias del subsuelo, también conocida en español como Apuntes del subsuelo, una novela del autor ruso Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, publicada en 1864 y considerada una de las obras clave en la literatura rusa. 

Memorias del subsuelo fue escrita en un momento en el que el autor padecía grandes trastornos emocionales producto del fallecimiento de su esposa Maria Dmitrievna Konstant Isaeva (15 de abril de 1864), y de la posterior muerte de su hermano Mijaíl, muy querido para él. A estos problemas personales, se agregaban además la clausura de sus revistas por parte de las autoridades y su adicción al juego, que le acarrearían graves problemas financieros.

El libro tiene un importante trasfondo psicológico, y las cuestiones filosóficas que aborda resultan decisivas para comprender al escritor. Es una obra literaria clave para comprender textos posteriores de Dostoyevski como Crimen y Castigo, Los endemoniados y El jugador. En esta obra también puede rastrearse la influencia del relato "El Capote" de Gogol. 

Al igual que muchas obras de Dostoyevski, Memorias del subsuelo fue muy impopular entre los críticos literarios soviéticos, debido a su rechazo explícito del socialismo utópico y su retrato de los seres humanos como irracionales, incontrolables y nada cooperativos. Su afirmación de que las necesidades humanas no pueden ser satisfechas, ni mediante los avances tecnológicos, también iba en contra de las creencias marxistas. 

Muchos intelectuales como Jean-Paul Sartre, consideran que esta novela fue precursora de la corriente de pensamiento existencialista, así como una inspiración directa para su filosofía. El filósofo Friedrich Nietzsche admiraba profundamente a Dostoyevski, de quien decía era «el único psicólogo, dicho sea de paso, del que yo he tenido que aprender algo». 

Por otra parte, la influencia de Memorias del Subsuelo se puede encontrar en varias obras modernas, como el conocido libro de Franz Kafka, La metamorfosis; o en ciertos relatos de Edgar Allan Poe ("El corazón delator", "El pozo y el péndulo"). Se ha señalado esta obra como antecedente decimonónico claro de la técnica narrativa moderna del monólogo interior, característica de algunas de las obras principales del siglo XX, como En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust y Ulises, de James Joyce.

Les hacemos una atenta invitación a leer con nosotros Memorias del subsuelo, la propuesta de María Ofelia para la viñeta de clásico de este año. Casualmente, la lectura de nuestro libro del mes, tendrá como marco el 192 aniversario del nacimiento de Fiódor Dostoyevski, a celebrarse el día 11 de noviembre. ¡Feliz lectura!

FICHA
Mes: Noviembre
Viñeta: Clásico 
Título: Memorias del subsuelo
Autor: Fiódor Dostoyevski
Nacionalidad: Ruso
Año: 1864
Editor: Colihue clásica
ISBN: 9505630220, 9789505630226
Nº de páginas: 145


DIVISIÓN DE LAS LECTURAS

7/Noviembre/2013
  • Biografía de Fiódor Dostoyevski
  • Introducción
  • PRIMERA PARTE, EL SUBSUELO
    • Capítulo 1
    • Capítulo 2
    • Capítulo 3
    • Capítulo 4
    • Capítulo 5
    • Capítulo 6
    • Capítulo 7
    • Capítulo 8
    • Capítulo 9
    • Capítulo 10
    • Capítulo 11

Página 27 en archivo PDF
Posición 713 en el Kindle (32%)

14/Noviembre/2013
  • SEGUNDA PARTE, A PROPÓSITO DE CELLISCA
    • Capítulo 1
    • Capítulo 2
    • Capítulo 3
    • Capítulo 4
    • Capítulo 5

Página 54 en archivo PDF
Posición 1481 en el Kindle (66%)

21/Noviembre/2013
    • Capítulo 6
    • Capítulo 7
    • Capítulo 8
    • Capítulo 9
    • Capítulo 10

Página 80 en archivo PDF
Posición 2199 en el Kindle (98%)

28/Noviembre/2013
Película Notes from Underground (1995)

SINOPSIS
En el tono airado y vitriólico de los misántropos, y sin orden previo alguno, el narrador del "subsuelo", un revirado funcionario medio de la ciudad de San Petersburgo, da cuenta, a sus cuarenta años, de ciertos aspectos de su vida en un convulsivo desgrane de recuerdos. Su discurso lo destina a la humanidad entera y oscila entre el ensayo filosófico y la representación en secuencias de su personalidad pusilánime y enferma. Pero su objetivo es el de rechazar, con un acento obsesivo, el orden inclemente que le niega un sitio en el mundo. Paradigma de los desplazados, de los huraños, de los solitarios, este narrador del "subsuelo" es también la imagen del hombre moderno, habitante de ese semisótano que resulta ser el hermetismo individualista. Fiódor Dostoyevski (1821-1881) construyó a este personaje de una pieza en un texto magistral, las Memorias del subsuelo (1864), que ahora se traduce por vez primera íntegramente del ruso al castellano. Conocedor como nadie de los mecanismos de la humillación y de los entresijos de la mente humana, el escritor ruso reviste las palabras de su héroe de una violencia rencorosa que nos afecta como si tales palabras nos las dirigiera un hermano desgraciado. 

RESEÑAS
«Una brillante reflexión acerca de esa eterna e irresoluble lucha del ser humano, en la que la razón y el instinto se disputan el dominio de eso que hemos dado en llamar alma, retratada con agudeza e ironía y un fino sentido de la realidad.»
solodelibros.es

«Decía Nabokov a propósito de Memorias del subsuelo de Dostoyevski que "la primera parte es importante por su forma, no por su tema" De hecho, lo que nos intenta contar nuestro desquiciado narrador sólo alcanza su pleno sentido una vez finalizado el libro. Ese "pozo negro de confesiones a través de las rarezas y manías de una persona neurótica, agria, frustrada y tremendamente infeliz" configura el prototipo, o el arquetipo, de los personajes dostoyevskianos: Un ansia de rebeldía, un deseo de destrucción general, de la sociedad o de sus elementos representativos, una voluntad de maldad que sólo sirve para acrecentar la culpa. La culpa se convierte en esta primera parte en el motor que mueve al personaje de Dostoyevski, a todos los personajes en general. Pero, y aquí comprendo la extrañeza de Nabokov, ¿por qué la culpa?, ¿de donde surge ese deseo de destrucción, dirigido aparentemente hacia la sociedad, pero con el claro objetivo de autoinmolarse? Se me ocurre que las motivaciones últimas de los personajes de Dostoyevski, y quizás las del propio autor, surgen de un resentimiento general. Resentimiento hacia un sistema social que te relega a una "ratonera" sin considerar tus méritos:" No he conseguido nada, ni siquiera ser un malvado; no he conseguido ser guapo, ni perverso; ni un canalla, ni un héroe..., ni siquiera un mísero insecto. Y ahora termino mi existencia en mi rincón, donde trato lamentablemente de consolarme (aunque sin éxito) diciéndome que un hombre inteligente no consigue nunca llegar a ser nada y que sólo el imbécil triunfa. Sí, señores, el hombre del siglo XIX tiene el deber de estar esencialmente despojado de carácter; está moralmente obligado a ello. El hombre de carácter, el hombre de acción, es un ser de espíritu mediocre."»
Américo San Jorge

SOBRE EL AUTOR
(Fiódor Mijailovich Dostoyevski; Moscú, 1821 - San Petersburgo, 1881) Novelista ruso. Educado por su padre, un médico de carácter despótico y brutal, encontró protección y cariño en su madre, que murió prematuramente. Al quedar viudo, el padre se entregó al alcohol, y envió finalmente a su hijo a la Escuela de Ingenieros de San Petersburgo, lo que no impidió que el joven Dostoyevski se apasionara por la literatura y empezara a desarrollar sus cualidades de escritor.

A través de sus obras Dostoyevski se anticipó a la moderna psicología, al explorar los motivos ocultos y llegar a comprender de un modo intuitivo el funcionamiento del inconsciente, que se manifiesta claramente en las conductas irracionales, el sufrimiento psíquico, los sueños y los momentos de desequilibrio mental de sus personajes. Preparó, también el camino de los escritores surrealistas y existencialistas. 

El 9 de febrero de 1881 Dostoyevski falleció en San Petersburgo, víctima de una hemorragia en un pulmón. Fue sepultado en el cementerio del Monasterio Alexander Nevsky.