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jueves, 1 de abril de 2021

Golpéate el corazón | Amélie Nothomb

 

«Golpéate el corazón, ahí es donde reside el genio.» 
     Alfred de Musset

Llegó abril y con él un nuevo libro.  

    Un libro nuevo, pero no una autora nueva para muchos de los integrantes del club de la Buena Estrella y de La Tregua, ya que Amelie Nothomb es no solamente una escritora conocida sino para muchos y muchas algo así como una vieja amiga.

    En septiembre de 2013 leímos su libro “Ni de Eva, ni de Adán” como un opcional y posteriormente Estupor y temblores, en diciembre de 2014. De más está decir que desde entonces nos convertimos a la religión de su imaginación y su escritura sin máscaras.  O como lo dijo alguien en aquellos días: de sus agallas para escribir sobre sí misma de la manera en que lo hace. (Saludos Karla Majano ;) )

    En aquellos años se acuñó en el club de la Buena Estrella el apelativo cariñoso “la mera Belga” para referirnos a la autora, no solo para hacer referencia a su origen sino al “top” donde como lectores la colocamos al conocer su particular estilo de escritura que nos hizo disfrutar de su afilada prosa llena de frases contundentes y su humor siempre al filo de la ironía y el sarcasmo que puede parecer hasta pedante, pero que tratándose de ella resulta más bien fino y elegante.

    Una de las razones para proponer este libro fue la curiosidad de reencontrar la escritura de la Mera Belga a más de 20 años desde cuando escribió el libro Estupor y temblores que se publicó en 1999 y 14 desde que se publicó Ni de Eva ni de Adán.

    Aunque Amelie Nothomb es reconocida como una escritora que ha cautivado a sus lectores desde sus primeras novelas que la convirtieron en una escritora de culto, me parece necesario reconocer que no es una autora común de esas que “le encantan a todo el mundo”. Hay quien se atreve a asegurar que tampoco tiene seguidores intermedios, a la Nothomb o la amas o la odias. 

    De escritura ágil y con un humor a menudo considerado feroz, sus novelas no van de historias  increíbles con frases inteligentes o ingeniosas, sino de la profundidad del ser. Amelie Nothomb habla del alma de los seres humanos, de sus sentires más profundos y por tanto no se corta al hablar ni de grandezas, ni de miserias.  

    Sobre Golpéate el Corazón se ha dicho que es un libro para mujeres, pero yo creo que es más bien un libro sobre mujeres porque la maternidad, ser hija, ser madre, ser joven, ser adulta, tener carencias, no puede considerarse jamás “cosa solo de mujeres”. 

    Para mí en este momento es el libro que nos convoca tanto a las mujeres como a los hombres dentro del club y que deshojaremos capa a capa para que al final, con la mirada de unas y otros tengamos lo que nos queda cuando se lee un libro junto a otras personas: muchas visiones del mismo que lo hacen distinto a si lo hubiésemos leído en solitario.

    No se si estoy poniendo muy alta o muy baja la vara para generar expectativa respecto al libro de abril, pero no creo que haya otra manera de presentar a una escritora como Amelie Nothomb que no sea de forma brutal, como lo son su mirada y su escritura.

    Personalmente la presento con una sonrisa en los labios, la misma que aparece cuando hablando con amigas y amigos lectores de aquellos años en que la conocimos al recordar sus frases que siguen resonando en la memoria incluso muchos años después de haberlas leído y compartido: 

"No: si por algo merece ser admirada la japonesa -y merece serlo- es porque no se suicida" (Estupor y temblores, 1999)

"No te traiciono al marcharme. Huir también puede ser un acto de amor. Para amar, necesito ser libre. Me marcho para preservar la belleza de lo que siento por ti." 
(Ni de Eva ni de Adán, 2007)

De esta manera entonces, amigas y amigos les presento a la autora del primer libro para el mes de abril con una de sus últimas publicaciones. Un libro sobre mujeres, pero no solo para mujeres. Un libro para compartir.


 Sinopsis

Golpéate el corazón desliza un conflicto de madres e    hijas. En     este caso, como un desmán absoluto y una confusión de identidades.    Marie será cardióloga y lo será a pesar de las mujeres que marcan su biografía. La rivalidad y la manipulación agotaron sus secretos para ella. No le dejaron más opción que el crimen o el coraje. Y eligió el combate. Otros vendrán que maten.

Diane crecerá marcada por la carencia de afecto maternal e intentando comprender los motivos de la cruel actitud de su madre hacia ella. Años después, la fascinación por el verso de Alfred de Musset que da origen al título del libro la impulsará a estudiar cardiología en la universidad, donde se topará con una profesora llamada Olivia. Con ella, en la que creerá encontrar la anhelada figura materna, establecerá una ambigua y compleja relación, pero Olivia tiene a su vez una hija, y la historia dará un vuelco inesperado… Esta es una historia sobre manipulaciones, el poder que ejercemos sobre el otro, la necesidad que sentimos de ser amados.



"Creo que soy belga,
que es como no tener una identidad clara"
Amelie Nothomb

A continuación presento algunas pinceladas a manera de biografía y no necesariamente una biografía en formalidad como lo hacemos usualmente en las entradas para cada libro del mes.

¿Por qué?  pues simplemente porque prácticamente la obra completa de Amelie Nothomb es en sí una especie de autobiografía, una autobiografía ficcionada en la que se convirtió a sí misma en un personaje.

Lo que sigue son algunos puntos biográficos que podrían ayudan a contextualizar un poco antes de adentrarnos en sus letras.

BIOGRAFÍA

    Su biografía asegura que Amélie Nothomb nació en Kobe, ciudad portuaria al sur de Japón, allá por 1967. Los anales de la nobleza belga, sin embargo, dan otra versión: lo habría hecho un año antes en Etterbeek, privilegiado barrio de Bruselas, con el nombre de Fabienne-Claire. La escritora no aclarará qué versión es la correcta, tal vez porque es la suma de ambas la que da fe de su desarraigo existencial.

    El oficio de su padre, diplomático que desciende de una familia aristócrata que desempeñó un papel fundamental en la independencia de Bélgica, hizo que creciera de mudanza en mudanza entre Japón, los Estados Unidos, Laos, China, Birmania o Bangladés junto a sus dos hermanos. Habla japonés y trabajó como intérprete en Tokio.  Desde 1992 ha publicado una novela cada año. Actualmente vive como ella lo dice a caballo entre Bruselas y París, «En una busca tranquilidad y en la otra guerra».

Al volver a Europa a los 17 años decidió que era belga y tras superar una anorexia que casi acabó con su vida, Amelie Nothomb se puso a escribir para intentar entender de qué va todo esto. No ha parado. «Solo dejé de escribir un domingo por la mañana. Fue el peor día de mi vida».

Singular como ella, su manera de escribir personal no lo puede ser menos, ella misma confiesa que con una disciplina inquebrantable escribe cada día entre las 4:00 y las 8:00 de la mañana y entre 3:00 y 7:00 de la tarde.  Por la mañana lo hace en ayunas, solo bebiendo té.  En sus palabras “para tener hambre”.  Cuenta también ella misma que probó todos los horarios y todas las comidas hasta que entendió que la mejor manera para ella era en esa, y que su hambre a menudo será saciada posteriormente con mucho chocolate y champan…

    Personaje excéntrico y sobreactuado en sus intervenciones mediáticas, Nothomb se revela como una mujer tímida y extremadamente cordial en la intimidad del pequeño despacho que ocupa en su editorial francesa, pegada al cementerio parisiense de Montparnasse. Allí pasa algunas mañanas respondiendo a sus hordas de lectores. El próximo año se cumplirán 30 años desde la publicación de su primer libro Higiene del asesino, que la convirtió en una “rock star literaria” casi de la noche a la mañana

    Al responder hace algunos años a la pregunta ¿Qué ha cambiado desde entonces? Nothomb responde: «Muchas cosas. La primera es que ahora me gano bien la vida, lo que supone un cambio considerable. Y la segunda, que ya no vivo sola. Antes me encontraba en una soledad abominable, mientras que ahora ya no es así. Cuando llegué a Europa a los 17 años, después de crecer en Japón y otros lugares, me sentía incapaz de establecer cualquier tipo de vínculo con los demás. El éxito literario me dio una seguridad en mí misma de la que siempre había carecido. Y eso me permitió tener relaciones con los demás cuando me apeteciera, lo que tampoco sucede siempre. Pese a que nunca fuera mi objetivo, ahora tengo incluso una vida amorosa»

    Su verdadero nombre es Fabienne Claire Nothomb. Escribe sus libros en lengua francesa y tal como ya dijimos nació en la ciudad japonesa de Kobe en julio de 1966 (¿ó 1967?), país que encarnó el decorado de las distintas vivencias de la autora durante sus cinco primeros años.

    Mientras vivía allí, todavía niña, no era consciente de que la rodeaban dos lenguas diferentes: el francés y el japonés. A pesar de haberse mudado tantas veces, será Japón el país que más influencia ejercerá en ella y, por tanto, en su literatura.

   En sus propias palabras, tuvo que pasar su infancia y su adolescencia en compañía de continuas mudanzas, por lo que pronto comprendió que su universo no sería estable y que perdería todo cada tres años. Ese hecho hizo nacer en ella una angustia muy fuerte que nunca llegó a desaparecer. Ese «apocalipsis», un fenómeno regular en su vida, la vinculó de una forma muy profunda al lenguaje y, en consecuencia, a la literatura: en un mundo donde perdería todo continuamente, el lenguaje era lo único que se mantenía estable.

   En 1980 se muda a Bélgica, país en el que se siente extranjera. Amélie comienza a cursar Filología románica en la Université Libre de Bruxelles, una universidad de tendencias liberal-socialistas donde no es bien recibida debido a su apellido, que recordaba su procedencia de una familia de la alta burguesía católica y a su bisabuelo de extrema derecha. Ese problema de aceptación, que no ayudó a la joven a integrarse y reforzó su sentimiento de no ser belga, de no ser occidental y de ser japonesa, apareció reflejado posteriormente en su novela semibiográfica Antichrista. Amélie Nothomb se sentía incapaz de comunicarse con los jóvenes occidentales y, según ella, quizás fue esa la razón que la condujo por la vía de la escritura.

   De todas formas, Nothomb consiguió terminar su formación en la universidad mencionada y, tras obtener la licenciatura, regresa a Tokio, donde acaba trabajando como intérprete en una prestigiosa empresa, una experiencia que posteriormente se convertirá en el argumento principal de Estupor y temblores, libro que será galardonado con el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa en 1999 y que será traducido en términos cinematográficos por Alain Corneau en el año 2003.

   Más tarde regresa a Bélgica, donde despunta su carrera de escritora con Higiene del asesino, libro que escribió en solo tres meses. Envió el manuscrito a diversas editoriales, entre ellas la prestigiosa Gallimard, pero acabó publicándolo en Albin Michel, una empresa más modesta a la que permanecerá (casi siempre) fiel. Así como recibió numerosos elogios, su primera novela fue la diana de numerosas críticas negativas, ya que «no podía haber sido escrito por una joven de 23 años», «era evidentemente la obra de un hombre, y más concretamente de un hombre mayor». En ese preciso momento, Fabienne Claire Nothomb empieza a conocer el significado de la palabra «fama» y adopta el nombre de Amélie, quien se convierte no solo en escritora, sino también en todo un fenómeno mediático. A partir de entonces puede permitirse vivir únicamente de la literatura. De las tres novelas que escribe al año, solo publica una, siempre en el mes de agosto, y sus escritos están traducidos a unas 40 lenguas diferentes.

   En 2012 vuelve por primera vez a Japón, un país que la había salvado en numerosas ocasiones, porque necesitaba volver a sentir el poder curativo del archipiélago. Al regresar allí, se da cuenta de que lo que había definido su personalidad no había sido Japón, sino la nostalgia que había sentido por ese país. Aprovechando la ocasión, graba un documental cuyo tema central se convertirá más tarde en el argumento de uno de sus libros, La nostalgia feliz. Con el paso del tiempo, Amélie Nothomb se da cuenta de que, en ella, al sustantivo «nacionalidad» le corresponde el adjetivo «belga», pero únicamente porque eso supone no pertenecer a ningún sitio, no tener una identidad clara, definida.

 Para Amélie Nothomb, la escritura se define como una vía de escape que le permite expresar pensamientos y sensaciones. A través de ella se evade y se aleja de mundos monstruosos como el de la anorexia, enfermedad que padeció a los 13 años. También suele refugiarse en el mundo de la infancia, ya que para la autora la pureza del ser humano es exclusiva de dicha etapa. Sus novelas se describen como una intertextualidad entre la literatura japonesa medieval y la literatura occidental, y en ellas confluyen los términos binarios que distinguen occidente y oriente. Por esta razón se puede calificar a la autora como híbrida: es occidental y no occidental, activa y pasiva, observadora y observada, móvil y estática, moderna y tradicional, etc. De hecho, Amélie Nothomb ha llegado a ser definida como la intersección de polaridades culturales. Precisamente por el hecho de que haya estado en contacto, desde muy temprana edad, de diversas culturas, su literatura puede inscribirse en una especie de literatura global, ya que sus novelas se alimentan de una cultura poliédrica de la que la autora siempre extrae una receta exquisita.

   En sus novelas reflexiona sobre el sentido de la vida, la condición humana, la profesión de escritor, el suicidio amoroso, pero en ellas la escritora aborda sobre todo los temas de los orígenes y de la identidad. Amélie usa sus textos para reflejarse y componer un discurso propio de sí misma, es decir, los utiliza para buscar una solución a su problema identitario, ya que no consigue ubicarse en un punto geográfico concreto. Por esa razón, a Amélie le cuesta mucho no incluirse en sus novelas: la mayoría de sus escritos tienen carácter autobiográfico.

  Nothomb es una de esas autoras que se identifican con varias culturas, con varias lenguas e incluso con varias personalidades. En ella confluyen la heterogeneidad, la ironía, la paradoja, los extremos y las diferencias, y quizás por eso el mejor personaje de Amélie Nothomb sea ella misma.

 


 

 

 

  








Fuentes: 
Periódico El país
Lecturalia
Blog "La piedra de Sisifo"


Golpéate el corazón es una recomendación de María Ofelia Zúniga


sábado, 13 de diciembre de 2014

Estupor y temblores, comentario personal

Hasta el 40% de la lectura, justo antes de la noche en que Amélie corretea desnuda por la oficina, casi sodomiza un ordenador y termina cubriéndose de basura, Estupor y temblores me pareció un libro bastante menos logrado que mi referencia anterior de la genial escritora belga Amélie Nothomb, nuestra lectura opcional de septiembre de 2013, Ni de Eva ni de Adán. Y es que los ocho años y siete libros que hubo de por medio seguramente tuvieron su efecto.

Sin embargo, al pasar de ese punto en la lectura, empezaron a aparecer las afiladas irreverencias y agudas ideas (cuasi desviaciones) que la Nothomb suele expresar en demoledoras frases rebosantes de humor cáustico, elegante pedantería y brutal profundidad. Frases como esas que yo estaba añorando de Ni de Eva ni de Adán.

Sin pretender hacer una injusta comparación entre un libro y otro, y más allá de que ambos sean autobiográficos, Estupor y temblores muestra a una joven de unos 22 años, novata, en el último eslabón de una vertical y aplastante cadena de mando, sometida bajo una atribulada condición laboral (y ese es un tema que se me hizo molesto y cansino hasta malhumorarme) y con una carga de permanentes maltratos y humillaciones; una víctima aún lejos de mostrarse como la enigmática y encantadora arpía por siempre libre que conocimos en Ni de Eva ni de Adán.

Fue precisamente por eso que dediqué un momento a buscar y comparar las fechas de los dos libros, y resulta que Ni de Eva ni de Adán abarca dos años de la vida sentimental de Amélie Nothomb, entre enero de 1989 y enero de 1991; mientras que Estupor y temblores narra los acontecimientos de su vida laboral entre enero de 1990 y enero de 1991. Es decir que ambos libros coinciden en tiempo y los sucesos narrados en ellos se traslapan. Sin embargo, Estupor y temblores fue publicado en 1999, mientras que Ni de Eva ni de Adán se publicó en 2007. De eso desprendemos que, aunque la Nothomb tenía los mismos años cuando ocurrieron ambas historias, hay una diferencia en la edad que tenía cuando las escribió, y quizá a eso se deba que se percibe un estilo más afirmado y pulido en la narración de su historia con Rinri que en el relato de su paso por Yumimoto Corporation.

Debo agregar, como paréntesis, que la naturalidad impertinente, cínica y desdeñosa con que Umberto Eco dota al Capitán Simón Simonini para que narre y estile los revueltos e intrincados hechos de la Europa del siglo XIX en El cementerio de Praga (que recién acababa de terminar cuando empecé a leer Estupor y temblores), también impusieron una marca dificilísima de alcanzar por cualquier libro y autor que le siguiera en orden. Para mi gusto, ni siquiera la Nothomb sale ilesa de un precedente como ese.

No obstante, no se me malentienda, me parece que Estupor y temblores es un muy buen libro (le doy 4 estrellas de 5 posibles) y me ha gustado mucho, sobre todo la segunda mitad. Harto como estaba de leer todos sus padecimientos en la compañía Yumimoto, reconozco que la autora nunca manifiesta autocompasión, y que la manera surreal en que escapa de esa penosa realidad, defenestrándose en un imaginario salto con panorámico y liberador vuelo incluido por sobre la ciudad, no es demasiado diferente de las formas escapistas que los empleados de todas las Yumimotos del mundo ensayamos a diario. En algunos casos extremos, es eso o el suicidio.

Eso da pie a que mencione una de las reflexiones que me dejó la lectura. Más allá del retrato cultural del Japón laboral que Amélie Nothomb traza y expone con ojos de superviviente, y de los elementos de tradición de mandos machistas y despóticos que condenan a las mujeres japonesas a elegir entre el "éxito" laboral y los logros personales y familiares, no pude evitar enfocarme en el retorcido concepto de éxito que nos inculca nuestra sociedad materialista y vacía, donde los modelos productivos y esquemas laborales imitan cada vez más el "admirable" ejemplo japonés, mismo que se eleva como ideal y meta. En ese orden, cito el fragmento con que Amélie Nothomb presiona la llaga lacerante de los miles y miles de empleados de minúsculos cubículos de oficinas alrededor del mundo:

"Los contables que pasaban diez horas diarias recopilando cifras me parecían víctimas sacrificadas en el altar de una divinidad carente de grandeza y de misterio. Desde tiempos inmemoriales, los humildes han dedicado sus vidas a realidades que los superan: en otros tiempos, podían por lo menos entrever alguna causa mística en semejante estropicio. Ahora, ya no podían ilusionarse. Entregaban su existencia a cambio de nada. ¿Y, fuera de la empresa, qué les esperaba a aquellos contables de cerebro lavado por los números? La cerveza obligatoria con colegas tan trepanados como ellos, horas de metro abarrotado, una esposa que ya duerme, el sueño que te aspira como el desagüe de un lavabo que se vacía, las escasas vacaciones en las que nadie sabe qué hacer: nada que merezca el nombre de vida. Y lo peor es pensar que a escala mundial esta gente son privilegiados."

Por supuesto, y gracias a su particular lírica y a sus deleitables arrebatos dramáticos, leer a la Nothomb siempre nos deja algo de poesía. Víctima como fue de Fubuki Mori, la bella jefa inmediata cuyo nombre significa "tormenta de nieve", Amélie contempla el rostro impasible de su despiadada superiora mientras le presenta su renuncia, y exclama para sí:

"Querida tempestad de nieve, si pudiera, sin demasiado esfuerzo, convertirme en el instrumento para proporcionarte placer, sobre todo no te molestes, acométeme con tus copos ásperos y duros, con tu granizo tallado como pedernal, tus nubarrones contienen tanta rabia que acepto convertirme en la pobre mortal perdida en la montaña sobre la cual descargan su cólera, recibo sin rechistar sus miles de perdigones helados, nada me resulta más fácil, y tu necesidad de cortarme la piel con ráfagas de insultos constituye el más hermoso de los espectáculos, disparas con cartuchos de fogueo, querida tempestad, me he negado a que me venden los ojos frente a tu pelotón de ejecución ya que hacía mucho tiempo que ansiaba contemplar un atisbo de placer en tu mirada."

Durante buena parte del sufrido relato, me sostuvo la ingenua expectativa de que algo cambiaría o se revertiría, de que se haría justicia de algún modo. A medida que me acercaba al final, me fui dando cuenta de cómo en cada línea que revelaba los aspectos más oscuros detrás de la belleza de Fubuki y debajo del éxito del admirable Japón, asomaba, sutil, el rostro de la venganza.


viernes, 12 de diciembre de 2014

La Nothomb




Amigos, llegamos al final de la lectura de "Estupor y temblores" de la escritora belga Amélie Nothomb, a quién muy cariñosamente se ha dado por llamarle, al interior del club, simplemente como "la Nothomb". 

Me siento muy complacida de que esta propuesta haya sido acogida con bastante entusiasmo por la mayoría; y es que, desde que leímos Ni de Eva ni de Adán, nos quedamos sorprendidos ante este gran descubrimiento, gracias al excelente olfato literario de Miguel Ángel Meléndez. Tanto ha gustado a algunos, que hasta hay una moción de nombrar la viñeta de diciembre simplemente con el nombre de esta escritora, para elegir año con año alguna de sus novelas de forma permanente.

No obstante se trata de un libro corto, que algunos leímos "en una sola sentada", la novela tiene muchos elementos que han propiciado vastos temas de discusión en las dos únicas reuniones dedicadas para ello. Me parece que la Nothomb hace una radiografía en 3D de la cultura laboral japonesa, con la propiedad de alguien que no ha sido simplemente un turista, sino que viviendo en Japón se atrevió a incursionar como un empleado más de una compañía seria.

Gracias a esta experiencia, la autora nos revela con absoluta soltura, no falta de ironía y contundencia, la estricta jerarquía de las compañías japonesas, la lamentable situación de la mujer japonesa que quiere destacar laboralmente y abrirse espacio en un ambiente predominantemente masculino y, cómo debe elegir entre eso o tener una familia, los aires de superioridad de los japoneses ante el intelecto de cualquier extranjero, las múltiples formas de venganza, traición y recelos a las que se puede enfrentar cualquier empleado en estas compañías, sobre todo con el agravante de ser extranjero, las extensas jornadas laborales, la futilidad de algunas tareas; entre muchos matices que se pueden extraer de la novela. 

Por otra parte, siendo una historia autobiográfica y mencionando incluso fechas específicas, Henry hizo una labor comparativa y encontró que estos sucesos se traslapan a los conocidos en Ni de Eva Ni de Adán. Así que cuando ella ve por la ventana y hace sus consabidos ejercicios de defenestración, piensa en la vida que tiene fuera de Yumimoto. Solo una vez hace alusión a ella al decir: "Fuera de la empresa, llevaba una vida que distaba mucho de ser insignificante o vacía (...) a tan solo once paradas de metro, existía un lugar en el que la gente me quería, me respetaba o no veía relación alguna entre la escobilla de un retrete y yo".

Así que este libro se convierte en una pieza más del rompecabezas que la Nothomb ha hecho para contarnos parte de su vida. Ojalá encontremos el espacio para seguir leyendo más de su obra.

Espero que los que tengan más tiempo para leer este mes, se animen con el libro opcional de diciembre de Claudia Hernández: "Causas naturales", el cual ya sabemos donde adquirir en formato impreso, gracias a la amable intervención de María Ofelia.

¡Que sigan disfrutando de estas apasionantes lecturas!


domingo, 30 de noviembre de 2014

Estupor y temblores, Amélie Nothomb


"Toda existencia conoce su día de traumatismo primario, que divide esta vida en un antes y un después y cuyo recuerdo, incluso furtivo, basta para paralizarte de un terror irracional, animal e incurable."
Amélie Nothomb

Amigos del Club de la Buena Estrella, llegamos finalmente al último libro programado para este año. Estupor y temblores de Amélie Nothomb trae sin duda grandes expectativas para quienes ya leyeron algo de su obra. Esta autora pertenece a la lista de los escritores leídos en el club, que más huella han dejado y que más han gustado entre nuestros integrantes. Fue propuesto y ubicado en la viñeta "libre", dada la buena experiencia que se tuvo con Ni de Eva ni de Adán, del cual obtuvimos frases inolvidables y que le valió a esta escritora calificativos tan contundentes como su estilo narrativo.

Les invitamos a que nos acompañen en esta lectura y a compartir con nosotros sus comentarios.

FICHA DEL LIBRO

Autora:                       Amélie Nothomb
Nacionalidad:             Belga
Año:                           1999
Total páginas:            144
ISBN                          978-84-339-6919-4
Editorial:                    Anagrama (2004)






DIVISIÓN DE LECTURAS

4/Diciembre/2014
Biografía de Amélie Nothomb
Página 72
(50% en el Kindle)

11/Diciembre/2014
Página 144
(100% en el Kindle)

18/Diciembre/2014
Película

SINOPSIS

Esta novela de inspiración autobiográfica, que ha obtenido un enorme éxito en Francia, cuenta la historia de una joven belga que empieza a trabajar en Tokio en una gran compañía japonesa. Pero en el Japón actual, fuertemente jerarquizado, la joven tiene el lastre de un doble handicap: es occidental y mujer, lo cual la convertirá en blanco de una cascada de humillaciones y de una progresiva degradación laboral que la llevará a pasar de la contabilidad a servir cafés, ocuparse de la fotocopiadora y finalmente encargarse de la limpieza de los lavabos masculinos.

SOBRE LA AUTORA

Amélie Nothomb es una escritora belga nacida en Kobe (Japón) en 1967. Proviene de una antigua familia de Bruselas, donde reside actualmente, aunque pasó su infancia y adolescencia en Extremo Oriente, principalmente en China y en Japón, donde su padre fue embajador. Habla japonés y trabajó como intérprete en Tokio. Es una de las autoras en lengua francesa más populares y con mayor proyección internacional.


viernes, 27 de septiembre de 2013

Otro comentario de Ni de Eva ni de Adán

Amigos, ¡cómo he disfrutado sus post!. Es bien rico saber lo que otros opinan sobre lo que a uno le ha gustado tanto y luego hacer un alto y dar una mirada hacia lo que ya hemos recorrido con la lectura.

Comparto que hemos tenido altibajos en calidad e intensidad. Que este libro de Amélie Nothomb es sin duda uno de los libros más rescatables en lo que va del año y que tiene frases poderosas que te erizan todo. Más allá de si estamos de acuerdo o no con su proceder o sus opiniones, la calidad literaria es indiscutible. Otra vez ¡gracias a Mike por la recomendación!

Es verdad que el libro es altamente subrayable, sin embargo, uno tiene que priorizar pues, y a fuerza de ser escueta, dejo unas pequeñas partes que a mí más me cautivaron porque reflejan la fuerza y la intensidad del sentimiento de esta mujer:

"Hay que reconocer que el francés es un idioma perverso"

"El señor de la casa tenía aspecto de obra de arte contemporánea, hermoso e incomprensible"

"Que Tokio se protegiera de la onda expansiva: se iban a enterar. Me abalancé sobre el papel virgen con tal convicción de que la tierra temblaría."

"Fui a contemplar la noche sobre una ciudad en la que, cada año, la mayoría de los niños de cinco años se enteraban de que habían fracasado en la vida. Me pareció escuchar conciertos de lágrimas contenidas."

"Por suerte, resulta imposible aburrirse viendo pasar seres humanos, sobre todo en Japón."

"No, a la gente no le gusta que uno tenga su propia fe."

Y podría seguir, pero no se trata de transcribir aquí el libro. Reitero mi palabra con la que yo describo a la Nothomb: Descarada, e insisto que ningún otro adjetivo calificativo que yo le confiera (como mordaz, cínica, brutal, etc.) es en ningún momento peyorativo ni mucho menos negativo, sino todo lo contrario. Todo es en el sentido más admirable de las palabras. ¡Me encanta!

El final del libro me embriagó. Tuve que leerlo dos veces. La segunda vez escuchando la Rapsodia húngara de Liszt. Fue una experiencia maravillosa. El libro tiene uno de esos finales que le quedan grande a la historia porque lo tiene todo: pasión, emoción, contrariedad, ligereza, fuerza, cinismo. Y llama la atención que todos los comentarios que hemos hecho de este libro los hacemos calificando múltiples veces a la autora sin que aterricemos en uno solo. Ella es una mezcla de cosas extrañas que la hacen fascinante. ¡Claro que seguiré leyendo más de su obra! Ojalá lo hagamos juntos de nuevo.

Opinión sobre Ni de Eva ni de Adán

Ni de Eva ni de Adán, un libro que creí, sería raro y difícil de leer, pues, cuando leí la biografía de la autora y las reseñas de sus otros libros se me hizo un poco extraña, lo cual no significa que, no me interesara leer, sino que, simplemente pensé que sería un poco extravagante su escritura. Nada más alejado de la realidad, al ir avanzando en el libro, encontré, un libro muy bueno, y para mi sorpresa todo demasiado normal, con rasgos interesantes de la cultura japonesa sí, pero una relación bastante normal entre un joven y una chica que van iniciando sus años 20. A pesar de esto, el libro me pareció entretenido y se lee con fluidez. Quizás no me atrapó como el "Último judío", pero si me inyectó una necesidad muy tenue de seguir leyendo, de hecho, lo leí muy rápido.

La historia se basa en dos personajes, Amélie y Rinri, todos los demás son rellenos sin importancia, incluso a veces el mismo Rinri solo es relleno. Es una historia centrada exclusivamente en lo que siente, quiere y desea Amélie, cuya personalidad, no me gusta mucho, en mi opinión es prejuiciosa, altanera, egocéntrica y para rematar al final cobarde. Sin embargo, tampoco puedo negar sus cualidades, es inteligente, ingeniosa, divertida, culta y con buena conversación, eso para mí era lo mejor, las conversaciones entre los personajes; me pareció, muy interesante incluso, las confusiones que pueden darse cuando dos personas de distintas culturas tratan de comunicarse (todas las confusiones, exceptuando la de la proposición de matrimonio, me parecieron graciosas). 

El personaje de Amélie empezó a caer de mi gracia, cuando llegó de visita a la casa del amigo de Rinri, y empezó a atacar a Amy, la nativa de Portland, mostrando un antiamericanismo que no me esperaría en una mujer "de mundo", como yo lo veo, le gustaba ser la única extranjera y la presencia de Amy quién, es gringa y tuvo además el atrevimiento de aclarar a la gran filóloga, la correcta interpretación de la palabra "asobu", representaba una amenaza. La belga, ningunea todo lo que no le gusta o a quien no se siente atraído por ella, como el caso de los abuelos de Rinri a los cuales se refería muy groseramente como "monstruos" llegando a alegrarse incluso, de que el otro par de abuelos estuvieran muertos, ¿quién es el monstruo, finalmente?, lo mismo pasó con el gringo de la montaña (aunque reconozco, que éste, sí era un poco molesto), además, por mucho que intente hacer memoria, no recuerdo algo significativo que ella haya hecho para Rinri, salvo tragarse alguna carcajada para no herir sus sentimientos, y al final del libro se me cae completamente con esa jugada cobarde, ¿en serio, piensa que le creeré, que no aclaró lo de la propuesta de matrimonio por no herir los sentimientos de Rinri?, ¡por favor!, lo que no tuvo fue valor para decirle en su cara que no se quería casar con él, punto. No hay más que razonar en esa situación.

Puede parecer que me cae muy mal Amélie, pero no es así, son algunas actitudes que no comparto, pero en otras la entiendo perfectamente, por ejemplo, su desencanto del trabajo, ese sentimiento de estar atrapada en un lugar que no quiere, su asombro, al ver lo duro de la educación japonesa que enfrenta a un niño de 5 años a una prueba donde, es marcado con el éxito o el fracaso para toda su vida, su tedio frente a un pintor pedante y su actitud ante una compañera que la ve como "bicho raro" cuando dice que no quiere tener hijos, y menciona una de las mejores frases del libro "No, a la gente no le gusta que uno tenga su propia fe".

Entiendo que Amélie no se haya querido casar con Rinri (lo que no me gusta es que no haya sido honesta y que no haya dicho claramente que no, solo para conservar lo bien que la pasaba con él), es demasiado bueno, y como decimos aquí, algo demasiado bueno se arruina, y ahora que Mike, publicó las entrevistas de Nothomb en el blog, encontré las palabras justas con las que lo expresa la misma escritora: "es que lo que no es difícil no merece la pena. Como el amor. Cuando es fácil, aburre."  Estoy de acuerdo. Si los Montesco y los Capuleto hubieran sido familias amigas en lugar de enemigos a muerte, la historia de Romeo y Julieta no valdría nada. Fue esa la sorpresa que me llevé con el libro. Era una relación muy fácil e idílica, el príncipe azul convertido en un rico japonés que cambia el corcel blanco, por un Mercedes del mismísimo color, el castillo por una casa futurista, su espada por libros, que es más bueno que el comer con los dedos, educado, culto, atento, limpio, detallista, incapaz de hacerle ningún reproche a su amada (ni siquiera, cuando ésta lo deja como novio de pueblo, vestido y alborotado), capaz de invitar a los ex suegros a su boda, buscar a la mujer que lo abandonó para pedirle un autógrafo y sin más que reprocharle que, un episodio en el cual, en lugar de defender a su novia de un anciano perverso, se muere de la risa. Es algo exageradamente bueno, que solo se puede describir diciendo "Menudo Rinri". El atractivo de la frase "y vivieron felices para siempre", es porque viene después de vencer a dragones asesinos, gigantes malvados, madrastras perversas, y otros obstáculos sin los cuales la historia no pasaría de ser un relato simple, y por eso esta historia no podía terminar así.

No se si soy yo la rara, pero alguien como Rinri demasiado bueno, pierde el atractivo. Si nuestro nunca bien ponderado Logan era "perfecto", es por sus traumas de guerra, la capacidad de poner a los bravucones en su lugar e incluso esa habilidad de "improvisar excusas" (mentir), pequeñeces que no le permitían alcanzar el grado de ángel, ser una especie de delincuente era el principal atractivo del comandante Yu, todas las experiencias por las que pasó Yonah Toledano lo hicieron pasar de un joven inocente a un hombre interesante, incluso conservando su nobleza, el aíre de mafioso y malvado del Coronel de "Los héroes tienen sueño" inspiraba respeto hacia su persona, porque finalmente, "los chicos malos, son atractivos", no generalizo, hablo por mi.

También pienso que  pasa lo mismo con las mujeres, el personaje, astuto y tramposo de la abuela de Sorgo Rojo no se puede, siquiera comparar con la angelical pero insípida Beth de "Cuando te encuentre", y en "El último judío", la rebelde y práctica Adriana es mucho mejor personaje que su obediente tía Inés.

El final me gusto mucho, pues era la manera en que debía terminar la relación entre Amélie y Rinri, ellos eran amigos, camaradas y el "abrazo del Samurai" lo sellaba todo, para mi gusto llegó muy tarde, lo hubiera preferido en el aeropuerto de Tokio en enero de 1991 y no en la fila de firmas de un libro, en diciembre de 1996, simplemente porque Rinri, no merecía quedar burlado de esa manera, pero también entiendo, que de ser así, la ruptura hubiera sido tan fácil como la historia de amor. Había que ponerle un poco de drama, y ya que la relación había sido demasiado "normal", un final así traía el equilibrio, pues el abrazo en lugar de contener dos años de todo lo vivido, llevaba 10 segundos de todo lo que pudo ser y eso lo hizo más intenso.

Me gustó mucho leer algo sobre una cultura tan distinta como la de Japón, ver el respeto hacia los ancianos, la presión sobre el rendimiento de niños y adultos, lo fascinante que pueden encontrar otras culturas, que para nosotros son ordinarias y, en contraste, lo ordinaria que pueden encontrar su propia cultura, esa tranquilidad que tienen, el concepto del  honor, en fin todo lo disfrute mucho.

Finalmente la pregunta de rigor, ¿leería otra cosa de Amélie Nothomb?, la respuesta es un rotundo sí, es buena, entretenida y se lee con fluidez y como dijo Karla en un comentario, se necesitan agallas para retratarse a sí misma tal cual es y eso la hace bastante admirable.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Ni de Eva ni de Adán, comentario

Ni de Eva ni de Adán, nuestro libro opcional para septiembre, abunda en frases construidas con agudeza mental y gracia lírica. Amélie Nothomb “vomita con estilo” sus pensamientos y sentimientos alternando entre fuerza y sutileza, equilibrando entre puntualidad y riqueza verbal; una magistral mezcla de la razón y las vísceras. 

La escritora de origen belga que quisiera ser nipona, que adolece de antiamericanismo primario, que escribe en francés y que se siente identificada con su país natal apenas por la calidad del chocolate, es una persona en verdad fascinante. En sus líneas se encuentran elementos históricos, mitológicos, artísticos, culturales, lingüísticos, antropológicos, sociológicos, psicológicos y vivenciales, vistos a través del lente de sus interesantes juicios y prejuicios personales. La filóloga de la llanura que puesta arriba de los 1,500 metros sobre el nivel del mar se convierte en Zaratustra, es a veces pedante, exagerada y ególatra. Pero también es inteligente, interesante, perspicaz, polémica, irreverente, satírica, mordaz, cáustica, burlona y divertida, una apasionada adrenalinómana y una emotiva megalómana. Dueña de un humor negro y agudo, las páginas que escribe la Nothomb no tienen desperdicio. 

Terminé de leer Ni de Eva ni de Adán el pasado sábado 21, y sólo retrasé la publicación de este post por dos razones. La primera fue para permitir que quienes aún no hubieran completado la lectura pudieran hacerlo. La segunda fue un accidente que me hizo perder el texto y me obligó a redactar de nuevo la entrada completa. Está visto que a los informáticos nos viene bastante mal el manejo de las herramientas de software de oficina. Gajes del oficio. 

Aproveché entonces para hacer un alto y ver hacia atrás lo que va de nuestro año como club. Nuestras lecturas han sido muy variadas, las ha habido buenas y malas y seguramente el juicio variará de uno a otro entre los integrantes del Club de La Buena Estrella. 

Hemos leído un sobredimensionado trauma personal premiado por Alfaguara y etiquetado por Rosa Montero como un thriller existencial; un ligero y decepcionante relato de amor maniqueo y exagerado cuya película fue apenas menos mala que el libro; un interesante compendio de reflexiones, micro relatos, cuentos y piezas teatrales abundantes en humor negro irreverente y polémico; un Nobel plagado de poderosas frases salpicadas de surrealismo alucinante; unas cansinas memorias “de capa gris y traje negro de poeta” escritas con petulancia y fanfarronería; un conmovedor periplo de supervivencia, búsqueda y conservación de la herencia ancestral; un retador ensayo con intrincados argumentos sobre la vida, el suicidio y el absurdo; una emotiva historia contada con efectos especiales, en technicolor y cinemascope; una muy buena narración noir a manera de guion cinematográfico, sin sobras ni falencias; y un buen prólogo seguido de una selección de columnas del New Yorker, redactadas “desde el punto de vista del perro” por el #10 del Top Thinkers 50 del año 2011. 

Por las páginas de nuestros libros de 2013 ha desfilado una variopinta colección de personajes en historias de diferentes colores y olores. Van desde los recuerdos, traumas y bloqueos sobredimensionados y nunca superados de Leonardo Bazán, perdidos en el azul de un mar de tiempo con vaho de pánico; pasan al rosado maniqueo del romance entre el semidiós Logan y la desteñida Beth, hediondos ambos de juerga de cangrejos y mantequilla; se tiñen del rojo intenso de un corazón marinado en soja, desmenuzado y vertido en tres cuencos a manera de ofrenda en los campos de sorgo impregnados del olor dulce y corrupto de la sangre; se bañan del dorado brillante del metal precioso forjado en el taller de Helkías Toledano y huelen a carne mártir quemada en la hoguera de la ignominia; devienen en la oscuridad de los corruptos y violentos hombres del Coronel, el mundo noir de Rafael Menjivar Ochoa con olor a pólvora y a evasión en Río Lerma; y se sientan en las filas del cine de Rivera Letelier a observar el misterio y el milagro del as luminoso que transporta imágenes y sonidos hasta estrellarlos en la pantalla; emulando la manera en que la vida se proyecta en nuestro día, ese que habrá de durar, cual película, hasta que caiga sobre nosotros el oscuro telón de nuestra noche. 

Sin duda, entre las de cal y las de arena, hemos tenido muy buenas lecturas en este año. Y sin embargo, me parece que desde que pasamos del Nobel chino, el Club de La Buena Estrella no agendaba un libro que incluyera frases del calibre de las que encontramos en este septiembre en Ni de Eva ni de Adán. No sé cuánto podemos certificar de lo escrito por Amélie Nothomb, pero el hecho concreto es que nos narra sus experiencias (y las escribe con una extraña suerte de disciplina horaria que apenas encubre su compulsión y desesperación por contar) con tal fuerza y pasión que es difícil no creerle. Hemos de asumir, pues, que ascendió cual Zaratustra el monte Fuji, que en un ataque de adrenalina lo descendió deslizándose sin frenos ni reparos, en tiempo récord, y que en una jornada heroica escapó de Yamamba y de la muerte en la montaña, no sin antes asistir a los dos referentes extremos de su aventura: primero al único punto desde donde el monte Fuji no es visible, y luego al único lugar desde donde se le ve completo. 

Hacia el final, en mi opinión y para mi gusto, la Nothomb conquista el más alto de los tres pináculos alcanzados en su historia, que no por ser bastante lineal y un poco predecible, deja de ser emocionante y magnífica. Huir es poco glorioso para quienes no conocen la experiencia física de la libertad. El despegue sin intención de retorno, emula el intenso galope de caballos en carrera frenética por sobrevivir y encaja a la perfección con la oportuna pieza de Liszt que ella escucha al partir, dando paso a la exultante atmósfera que emplaza en lugar de sus piernas escapistas, ese par de alas al vuelo. No es que la huida poco gloriosa sea una cosa admirable ni justificable. Y sin embargo a mí, que sólo dejé de huir en solitario hasta que encontré con quien escapar en pareja, me resulta más que comprensible. Al final, huir es buscar. Y de joven uno ni siquiera sabe bien lo que busca. 

La verdad, la libertad y los sentimientos no lo son menos en la huida. Porque la palabra no era amor. La palabra justa y adecuada tiene el poder atroz de provocar una insoportable emoción, esa que experimentamos cuando somos capaces de definir y entender lo que en realidad sentimos, “el abrazo fraterno del samurái”. Menudo Rinri.

"Vivo en mi mundo de ilusión desde niña."

Entrevista a Amélie Nothomb: "Vivo en mi mundo de ilusión desde niña."  (París. Juan Pedro Quiñonero / 09 junio 2012) 

Tras un respetabilísimo “Bonjour Monsieur”, “Bonjour Madame”, Amélie Nothomb, toda de negro, pálida como una brujita tímida entrada en años, sin maquillar, me conduce en silencio por un largo pasillo oficinesco con incontables puertas cerradas. Esbelta, segura, se detiene sin pestañear, abre una puerta gris ceniza, una entre muchas otras, frente al ventanal de un jardín interior con plantas de sufrida palidez urbana. “Entre, usted primero”, me dice; tranquila, confiada, sin ninguna huella de los estragos de su lejana adolescencia anoréxica. Entro. En una minúscula celda de oficina, sin ventanas, los libros y paquetes sin abrir se amontonan hasta el techo. Hay cartas abiertas y sin abrir por todas partes. Sobre una mesita de ruedas. Sobre los estantes. Sobre la grisácea mesa metálica que nos separa muy dignamente. Ella sentada, muy tiesa, serena, esperando silenciosa. Yo, no menos silencioso, buscando sin encontrar un lápiz, un bolígrafo o algo así, cuya búsqueda prolongo no sin cierta coquetería.
¿No piensa tirar a la basura todas estas cartas que se amontonan por todas partes?
¡No..!
Es usted muy piadosa.
Siento mucho respeto y cariño por mis lectores. Me escriben muchísimo. Paso varias horas al día respondiendo, como puedo.
Son su fondo de comercio.
¡No..! Los quiero y respeto. Aunque no siempre puedo atender sus peticiones. Hay quienes me piden el teléfono de una tenista francesa o un rockero americano. No sé qué decirles. Otros me piden una cita, quieren conocerme.
Debiera buscarse una secretaria.
Me gusta responder personalmente a mis lectores. En la medida de mis posibilidades. Puede llegar a ser un trabajo duro. En ocasiones, tras varias cartas intercambiadas, algún lector dice querer conocerme personalmente para dejar de ser un personaje de ficción, un ser imaginario. 
Pura ilusión.
Vivo en mi mundo de ilusión desde niña. Cuando aprendí a escribir mis padres me obligaban a escribir todas las semanas a mi abuelo belga. No sabía qué decirle pero terminaba escribiendo. Debía inventármelo todo, contar historias.
Y siguió escribiendo cartas.
Quizá, sí. La escritura y sus mundos de imaginación son una realidad bien palmaria. En mi caso, me levanto muy de mañana, a las cuatro o las cinco. Escribo durante tres, cuatro, cinco horas. Luego, a lo largo del día, hago otras cosas. Y respondo a mis lectores.
Hay algo angustioso en esa reclusión en uno, varios o muchos mundos imaginarios.
En la vida hay de todo. Cosas angustiosas, felices, tristes, crueles, hermosas. La literatura, las palabras, crean nuevos mundos que están ahí. Y las palabras nos ayudan a descubrir.
¿No se atreve a escapar a esos mundos de palabras e ilusión?
Soy sensible a todo cuanto me rodea. Un día, leí en los periódicos la historia de una epidemia de obesidad entre los GI americanos en Irak. Algo tan inmediato, tan real, como usted dice, provocó en mí reacciones muy íntimas.
A partir de ahí, escribió Una forma de vida.
No “investigué” nada. Sencillamente, dejé que las palabras y la imaginación me revelaran la historia que estaba en mí y que debía contar.
En cierta medida, esa historia es una “revuelta” contra el orden establecido a través de la obesidad. Y quizá tenga muchas cosas en común con su propia historia de niña y adolescente cuya callada rebeldía se manifestaba a través de la anorexia.
La anorexia puede llegar a ser algo muy grave. Una herida interior muy dura y difícil de curar. Me gustaría poder haber ayudado a otras jóvenes y adolescentes que han sufrido lo que yo sufrí.
Tras la anorexia, los personajes obesos aparecen y vuelen a aparecer a lo largo de su obra.
La anorexia quizá tenga en común con la bulimia las ganas desmesuradas de comer, sin posible satisfacción; algo parecido a los estados de alucinación.
En sus alucinaciones, sus gordos, como el GI americano, algo tienen de rebeldes callados y sufridos cuya bulimia es una manera trágica de “contestar” el orden establecido.
En cualquier caso, esos problemas alimenticios nos dicen cosas muy profundas sobre la realidad humana. Cuando era niña, en el Japón, era una fanática de los sumos. Para mí eran algo parecido a dioses o algo cuasi divino. Quizá mi simpatía por los obesos date de aquella época y esos personajes, que son muy reales y también forman parte de la mitología japonesa.
Japón quizá sea la primera de sus patrias.
Quizá.
¿Cómo ha vivido y vive la tragedia de Fukushima?
Mal. Muy mal. Con dolor. Japón es el país de mi corazón. Lo amo con mucha fuerza. Fue, ha sido, es, un choque terrible. He tenido suerte, sin embargo: ninguno de los seres que amo ha muerto. Son ellos, cuando los llamo, cuando hablamos, quienes me dicen que, a pesar de todo, la vida sigue. Incluso me dicen que todo va bien. Ha sido, para mí, quizá para muchas otras personas, cómo dudarlo, un choque tan brutal como el 11 de septiembre o como la tragedia del atentado de la estación de Atocha, en Madrid. De repente, adviertes que la peor tragedia puede ocurrir en cualquier momento. ¿Qué pasará mañana? No lo sabemos: la pesadilla nuclear nos persigue y perseguirá.
¿Le inspira esa tragedia un “tema” novelesco?
No lo sé. No lo había pesando. Es una tragedia que todavía está ahí, muy presente. Una herida atroz. Cuando pasa, cuando vives o eres espectador de algo tan pavoroso, sigues durante mucho tiempo sufriendo, sufriendo de esa herida que no está cerrada y te duele mucho.
De alguna manera, la mitología popular japonesa había previsto en muchas ocasiones una catástrofe como la de Fukushima u otras catástrofes por venir, claro está.
Quizá sea cierto. No solo eso. Los japoneses nacen, se educan y crecen cultivando esos fantasmas catastróficos que son tan reales. Cuando era niña, por ejemplo, los recuerdos del gran terremoto del pasado estaban muy presentes en la vida diaria. Por aquellos años, y supongo que no ha cambiado nada, Japón sufría un pequeño terremoto algo así como una vez por semana. Todos los niños esperábamos el gran terremoto que debía llegar. Esperábamos estar presentes y participar en la aventura trágica del gran terremoto por venir. Quizá esa formación influya en la flema impresionante de los japoneses. Desde niños viven y están educados en esa esperanza loca que asumen de una manera natural. El niño crece y es educado para sufrir, algún día, el gran terremoto que volverá a producirse.
¿Han influido los monstruos del cine y la mitología japonesa en su propia formación?
Es posible. Esa formación japonesa, desde la infancia, también prepara a un combate sin fin contra la muerte. En mi caso no tengo conciencia de esos detalles, ni de sus raíces últimas. Poco importa. Quizá, de alguna manera, esa relación entre los vivos y los seres de la imaginación, monstruos incluidos, sea algo esencial.
Hay algo en usted y en su obra de Peter Pan, niña / mujer que se niega a crecer, viviendo una infancia sin fin.
Si usted lo dice. No lo sé. En cualquier caso, en mi obra puede haber algo de desesperado. Pero no desesperante. No deprimente, no depresivo. Jamás depresivo. En ese punto, también hay algo profundamente japonés. Hay una alegría profunda, subterránea, que siempre florece, incluso en los momentos más trágicos. Pocos días después del estallido de la catástrofe, en Fukushima, alguien a quien quiero mucho me decía: “Si las cosas se complican me iré a Hiroshima; se ha convertido en el lugar más seguro del Japón”.
En ocasiones me pregunto si no hay un aspecto sadomasoquista en su obra.
Pero no hay “gozo” en el daño del otro. Ni mal. Quizá sufrimiento compartido. Un poquito amargo o una cierta desesperación compartida que el autor o la autora contemplan con piedad. Desde otro punto de vista, también se trata de una observación de la realidad más inmediata. Incluso en el plano personal más aparentemente trivial. Incluso en mis relaciones con mi editor, por ejemplo. Hace años confesé a mi editor que estaba pasando un mal momento. Me respondió, muy contento: “¡Eso está muy bien..! Para una escritor o escritora, sufrir puede ser muy positivo para su obra de creación”.
El amor también ha jugado una parte importante en sus relaciones con el Japón y los japoneses.
Claro… mi segunda madre es japonesa y la quiero mucho, mucho. Mi primer amor fue un joven japonés. Japón tiene su propia concepción del amor; es muy rica y matizada, muy diversa, también. En japonés, la palabra color y la palabra amor pueden ser sinónimas. Tienen incontables matices. De alguna manera, cuando alguien dice que siente amor por alguien es similar a decir que siente “color” por alguien. Puede parecer un poco absurdo para muchos europeos. Pero, en el fondo, en su raíz última, es una visión estética que da a la concepción japonesa del amor una riqueza ética, estética, carnal, incluso visual, con prodigiosos matices.
También puede haber algo de profundamente trágico. Recuerdo algunos relatos magistrales de Kamawata, por ejemplo, que cuenta una bellísima historia de amor entre un anciano y una joven que puede ser su hija o su nieta. Ese amor también tiene algo de desesperado que no sé si podrán arreglar productos como viagra o cialis: el amor físico entre un anciano y una adolescente.
Hay otras dimensiones trágicas en la visión japonesa del amor. Una regla quizá canónica es muy simple y trágica: para ser muy bella, la historia debe acabar mal… se trata de una “regla de oro” terrible, pero real. Para los japoneses, una obra de arte que termine con un feliz feliz se convierte automáticamente en una obra fea, incluso de mal gusto. Lo bello debe terminar mal.
¿Alguna relación con los viejos códigos de honor del samurái?
Sin duda. Un caballero, un samurái, debe defender las causas imposibles y perdidas. Y morir bellamente, en defensa de esa causa última y fatal.
En su caso, en sus obras, ese combate fatal puede comenzar con el combate más solitario: el combate de la niña solitaria, que se resiste a comer, que rechaza la comida. Y esa resistencia tiene algo de suicida. Uno de sus personajes decide suicidarse de la manera más “original”: negándose a comer.
Es cierto que, durante muchos años, tuve una relación muy problemática con la comida, con los alimentos. Era algo así como una guerra conmigo misma, quizá con mi familia, con mis íntimos. La anorexia durante la adolescencia hizo estragos. Sufrí mucho. Lentamente, conseguí vencer esa batalla contra mí misma. Finalmente, hacia los veintiún años, creo que vencí definitivamente el problema cuando volví a mi Japón natal, pero yo ya era otra.
¿Qué le parecen los restaurantes japoneses de París y Bruselas?
Hay algunos que no están mal. En París, en la rue Saint-Anne, que fue en su tiempo una calle de clubs gays, hay restaurantes japoneses muy parecidos a los restaurantes populares de Tokio.
Sus problemas con la comida contrastan con su “gula” por la literatura.
La literatura ha sido el alimento que salvó mi vida, en cierta medida.
¿Cuáles son los clásicos del siglo XX que le parecen más actuales?
Proust, Borges… entre los japoneses, creo que Mishima, a pesar de todo, debe incluirse entre los más grandes. Céline, por ejemplo, me parece genial, pero menos importante quizá de lo que pudiera pensarse oficialmente. En verdad, no me gusta hablar de esto. Cuando un escritor joven habla de los clásicos siempre corre el riesgo de la pedantería: citando a este o aquel clásico pudiera parecer que hay algún “parentesco” o “influencia”. En verdad no sé nada sobre los escritores que en verdad han influido en mi obra.
Usted ha repetido que Don Quijote es el héroe más grande de todos los tiempos.
Sigo pensándolo. Don Quijote es el hombre y el héroe absoluto, consagrado en cuerpo y alma a todas las causas justas y perdidas. Por eso es el más grande y universal.

Amélie Nothomb (Entrevista)

Amélie Nothomb - El éxito y la disciplina

(JESÚS RUIZ MANTILLA - 1 MAR 2009)

Desmenuza como pocos escritores las grandes enfermedades del presente. Amélie Nothomb radiografía el miedo, la identidad, la muerte, la anorexia y, ahora, el amor.

Nació en Japón, pero cuando probó el chocolate supo que era belga. Así que a nadie puede extrañar que, después de haber crecido dando tumbos como hija de padre diplomático entre Nueva York, Laos, Birmania, China o Bangladesh, acabara escribiendo sobre un tema tan crucial como difícil de resolver en nuestros días: la frontera. "Todos mis libros tratan de eso. De las fronteras", cuenta Amélie Nothomb.
Quizá esa maraña cosmopolita tejida en su obra sea la clave del éxito global que disfruta. Las fronteras exteriores e interiores. Otras cosas también. Asuntos serios como su obsesión por la identidad, y a la vez otros rasgos más livianos, pero no menos determinantes. Una frescura. Un descaro. Un estilo directo y mordaz. Entre irónico y nihilista, siempre rápido, brillante, sorprendente, sujeto a una extraña compulsión que le lleva a escribir a veces más de tres historias al año, aunque sólo publique una.

"Creo que soy belga,que es como no tener una identidad clara"

"Me gusta el miedo, y lo he experimentado a fondo a lo largo de mi vida"
"Acabo de terminar mi libro número 65", asegura, abriendo los ojos, un tanto ajena a la melena morena, a juego con sus atuendos negros, coherente con su imagen algo neogótica. Lo ha pulido en su horario espartano. De cuatro a ocho de la mañana, como una especie de vampiresa de la literatura que después de beberse de golpe un litro de té chupa tinta antes de que salga el sol.
Cuando la jornada del resto del mundo comienza, el trabajo de Amélie Nothomb termina. Y así va apilando cuadernos. Unos que han visto la luz, como Estupor y temblores, Metafísica de los tubos, Anticrista, Biografía del hambre o, ahora, De Adán y de Eva (Anagrama), y otros que guarda para sí misma sin enseñar a nadie.
Relatos redactados a mano y escritos previamente en su cerebro, como dice ella, durante alguna noche de insomnio o en los trayectos de metro, bajo las calles de París y Bruselas, entre las que vive a caballo. "En una busco tranquilidad; en la otra, guerra", comenta Amélie en la penumbra de su despacho en la sede de la editorial Albin Michel, al lado del cementerio parisiense de Montparnasse. Un despacho estrecho y pequeñito donde se apilan cajas, cartas y cuadernos en blanco que le envían sus lectores para alentarla a escribir más y más. No lo necesita. Le sale del alma.
Me sorprende que haya escrito usted un libro de amor. Ya. ¡Qué raro! ¿No?
Aunque también trata sobre malentendidos. Errores de traducción que marcan. Pues sí. Yo es que creo que cada historia de amor es un malentendido. Y cuando se trata de una historia entre personas de diferentes culturas, el malentendido todavía es peor. Pero es más honesto. Porque lo sabes desde el principio. Cuando una belga se enamora de un español, no piensas que se pueden dar esas confusiones. Más o menos sabes lo que te puede pasar, y si te sorprendes, pues resulta más raro.
Raro, pero lo otro es más excitante. ¿El desconocimiento cultural da morbo? Eso es una maravilla. Entre un chico japonés y una belga, se da por supuesto que existe esa barrera. No lo descubres. Lo sabes.
Cuando habla de una belga, ¿se refiere a usted? ¿De dónde se siente?Ah, bueno. Eeeehhhh.
Se lo pregunto porque no sabemos muy bien de dónde es Amélie Nothomb. Finalmente, después de muchos años, creo que soy belga. ¿Qué significa ser belga? Pues no ser de ningún sitio, no tener una identidad clara, definida. Al menos me he dado cuenta de que no soy japonesa, algo que no tenía claro antes de que me pasara lo que cuento en este libro.
Ya, porque al regresar a Japón con poco más de 20 años, usted se sentía japonesa. Pero al volver a salir sabía que no lo era. Me di cuenta. Podía creerlo. Pero ahora incluso sé que yo era entonces ya belga, aunque no fuera consciente porque mi identidad era algo muy vago, y eso es completamente belga. Me da la sensación de que es algo que no ocurre con los españoles o los franceses. No sé.
Es que, al tiempo que éste es un libro sobre el amor, también trata sobre la identidad. Como todos los míos. Yo escribo sobre la identidad. Pero es que una de las claves del amor es la búsqueda de la identidad. De la identidad propia y de la de la persona que amas. Nunca encuentras la identidad de nadie si no lo conoces a fondo, y la mejor manera de conocer a alguien profundamente es mediante el amor.
Desde luego. ¿Y no puede existir una identidad mucho más plena en la búsqueda del amor que en el sentimiento de pertenencia a un país o a una región? Bueno, es fácil hablar de estas cosas cuando han acabado. Mientras lo estás viviendo, ni te lo planteas.
Ni te viene a la mente. Nadie filosofa sobre la identidad cuando está en una nube amorosa. Hay cosas mucho más importantes. ¡Por supuesto! Ni sabes qué pasa. No piensas en nada. Sientes. Sólo quieres sentir.
Hay algo que puede parecer extraño. La mezcla del amor con el sentimiento de los samuráis. Es que, en el mundo de los samuráis, el amor es un asunto crucial.
¿Así que amar supone también ir a la guerra? Puede ser muchas cosas. Pero al leer el código samurái del siglo XVII te das cuenta de que trata sobre el amor. Dicen que deben amarse entre ellos, aunque no decirlo nunca, eso sería obsceno para ellos. Ridículo. También debes amar a quien matas. Mira que son raros los japoneses, por eso me fascinan tanto. En mi caso, cuando Rinri (el protagonista junto a la propia Nothomb) me dice que le dé el abrazo del samurái, creo que es lo que convierte esta historia en algo diferente. Una historia bella.
Y verdadera. ¿Completamente autobiográfica? Al cien por cien.
¿Se va desnudando ante sus lectores poco a poco? En este libro se cuentan tantas cosas como se callan. Hay autores que se desnudan mucho más. Yo creo que hay límites y nunca los traspaso.
Este libro, en manos de Michel Houellebecq, hubiese sido otra cosa. O escrito por Catherine Millet.
Así que vamos descubriendo a Amélie poco a poco. ¿Y ella? ¿También se va descubriendo mientras escribe? Por supuesto. Como decía Virginia Woolf, nada ocurre hasta que no lo escribes". Suscribo esta frase completamente. A veces me sorprendo a mí misma en lo que sale sobre el papel. ¡Dios mío! ¿Ésta soy yo? Las palabras son el espejo. Con la diferencia de que cuando te miras en uno real, a veces te encuentras horrible, pero sobre el papel, nunca. Es algo fresco. No resulta ni narcisista ni espantoso, es muy auténtico. Así que finalmente soy como he descrito aquí, y no es tan malo.
¿La escritura es un acto reflejo y reflectante, entonces? Ambas cosas.
Escribe cosas autobiográficas y de fenómenos socialmente extraños que nos rodean. ¿Cuándo sufre más? Depende. Es difícil escribir. No quiero decir con eso que sea doloroso. Me refiero a que es intenso. Pero me gusta así. Si fuera sencillo, fácil, no lo disfrutaría.
¿Y para hacerlo todavía más difícil de lo que es se levanta usted a las cuatro de la mañana para escribir? ¿Equipara la dureza del oficio a la de una disciplina rígida? Bueno, eso cuesta. Sobre todo en invierno. Pero no es que necesite endurecerlo todavía más, es que lo que no es difícil no merece la pena. Como el amor. Cuando es fácil, aburre.
Además, escribe más de lo que publica. Me interesa lo que tiene guardado bajo llave. ¿Qué es? ¿En qué se diferencia con lo que conocemos sus lectores? No es para tanto. No se engañe. Sencillamente me reservo el derecho de no sacarlo a la luz.
¿Pero qué son? ¿Novelas? ¿Poemas? ¿Rarezas? Son historias como las demás. Pero no quiere decir que no me gusten más. Simplemente, que no me apetece compartirlas. Como pasa con algunos hijos, no quieres compartirlos con todo el mundo, pero eso no significa que no los quieras.
¿Cuántos ha parido hasta la fecha? Llevo 65 y he publicado unos 17 o así. No sé, me confundo.
No hay duda de que quiere usted ser madame Simenon, como su compatriota, que hizo casi 200 novelas. Quizá sea una manía belga. Un tío raro, Simenon. Deseaba mucho la fama, pero si te acercas, te da miedo.
Amélie también inquieta. No sé… No sé si yo doy miedo.
Es cosa de los belgas. Quizá. La gente cree que los belgas somos afables, amables, buena gente. Pero si te acercas, encuentras a Marc Dutroux, ¿se acuerda? Y otros tantos monstruos. Muchos fingen ser buenos y dan miedo, están llenos de secretos sucios. Lo creo y lo sé.
Seguimos, como ve, dándole vueltas a la identidad. La patria de un escritor es la lengua. Así que usted también es francesa. ¿Le gusta? Además es el país donde tiene más éxito. Cierto. Gracias a ese éxito, Francia es también mi hogar. Más dedicándome a la literatura. En Bélgica no es gran cosa. Pero en Francia… ya sabe. La literatura. La escritora. Es como ser un Dios.
La pobre y rara Amélie. Sí, bueno, no me ven como algo raro; se alegran, pero no le dan más importancia a lo mío que a un futbolista.
¿La sospecha de que era usted belga empezó quizá con su adicción al chocolate? Más o menos. Pero también estando fuera de Bélgica. Cuando vivía en Japón y en Francia. Ya se sabe que es el otro quien nos revela la verdad. En Francia me he dado mucha cuenta de eso. Tan cerca y tan diferente.
¿Cómo son los franceses? Se pelean siempre por tener razón. Eso me da mucho miedo. Muchas veces cuando estoy en una cena y todos discuten por imponer su opinión me entra angustia cuando compruebo que a veces no tengo ninguna. También son muy intelectuales. En Bélgica no somos así, como los franceses, que opinan tantas cosas al tiempo cuando yo apenas tengo una solamente. Los debates se endurecen siempre con el tema de la comida.
Eso es religión. Sí. También están empeñados en seducir a quien tienen al lado, en Bélgica no nos preocupamos de eso. Con los franceses, al principio sentía que estaban todos enamorados de mí al sacar un libro y me equivocaba completamente. Sólo quieren seducirte.
Así que, en lugar de leerla, lo que querían era acostarse con usted. No, no sólo era una cosa sexual. Les pasa a la hora de conversar. Quieren seducirte hablando.
Es que en España la seducción siempre suele llevar a lo otro. Somos muy básicos. En Francia no. Se puede dar el caso, pero no siempre. Pretenden que por lo menos te enamores de su cerebro.
¿Hacer el amor con la cabeza? Eso. Sentir que pasa algo, que puede llegar a pasar algo.
¿Después de un orgasmo intelectual previo? Más o menos. En Bélgica no pasa eso. Me parece fascinante. Por eso creo que me he enamorado de un francés. Bélgica es buena para descansar, en Francia vivo emociones más fuertes. Allí busco la paz belga, y cuando quiero guerra, vengo a París.
Pero no me ha respondido a lo del chocolate. Bueno, sí. El chocolate tuvo mucho que ver en lo de sentirme belga. Lo explico en Metafísica de los tubos. Antes de probar el chocolate era un monstruo que sólo gritaba y lloraba. Hasta que vino mi abuela y me lo puso en la boca. Ésa fue la clave. El nexo que me unía con los belgas.
Después tuvo sus problemas con la comida. Su hermana también. Decidieron juntas dejar de comer. Por entonces vivían en Bangladesh. ¿Fue una cosa de principios? No soy psicóloga y no tengo una explicación. Pero el hecho de que viviéramos allí, sin duda influía. También estábamos en pleno inicio de la adolescencia.
Despegándose de un cuerpo para entrar en otro. Perdiendo nuestro cuerpo. También fue algo que tuvo que ver con nuestro amor mutuo. Mi hermana y yo estábamos muy unidas. Pensábamos que el hecho de crecer nos separaría. Al crecer, te alejas y no lo deseábamos. Sellamos una especie de pacto no escrito.
¿Conscientemente? No. No sabíamos lo que hacíamos.
¿Cuánto les costó recuperarse? La anorexia, en sí, en mi caso, unos dos años y medio. Pero hay secuelas que duraron nueve más. Es una enfermedad muy larga, no hay que aterrorizarse, pero dura mucho. A mí me afectó una barbaridad. Estuve a punto de morir. Llegué a un extremo en que caía o salía. Me salvé al cien por cien y ahora siento placer comiendo. Para mi hermana ha sido más largo porque no fue tan traumático y puedes convivir con una anorexia leve toda la vida, comiendo muy poco.
Para alguien anoréxico, ¿qué significa la idea de comer? Es sencillamente el infierno. Una tortura. Te sientes culpable, comer es el mal absoluto. En mi caso, creo que me salvó la escritura e irme a Japón. Cuando regresé allí después de haberme ido a los cinco años y pisé suelo japonés, me sentí feliz. Me encontré tan bien…
Entonces, Japón y la literatura le salvaron. Sí, sí. De todas formas, por supuesto, no recomiendo a nadie que caiga en ello. Es algo durísimo. Pero, como de todo hay que aprender, a mí la enfermedad me enseñó algo. No sé si hoy sería escritora sin haberla padecido. Puede que sí. Pero sería una escritora completamente distinta y otra persona también. Descubrí muchas cosas con la anorexia.
¿Qué? Por ejemplo, el hecho de comer como una cuestión social. Cuando no comes, estás solo. Nadie te quiere al lado si no deseas comer. Yo no soy una persona solitaria, pero eso lo sientes.
La gente come también porque recuerda que ha pasado hambre. Lo que era una necesidad, ahora se ha convertido en placer y esa metamorfosis aún no se ha asumido. ¿La anorexia puede ser producto de esa transformación social de la comida? Es difícil saberlo. Hay tantas razones para explicar la anorexia como personas que la padecen. La mayoría son niñas y chicas, es algo que también tiene que ver con la feminidad, pero no soy psiquiatra.
La escritura también le llegó en plena adolescencia. A los 17 años. En Europa me sentía muy mal. Y no escribía sobre mí. Recuerdo mi primer relato. En el futuro, el mundo se había convertido en un huevo gigante. En la yema estaban los poderosos, y los pobres, en la clara. Se produjo una revolución. Los pobres tomaron la yema y el huevo explotó convirtiéndose en una enorme tortilla que se perdió durante años por el espacio.
Una metáfora más que apropiada para lo que está ocurriendo hoy. Ya, ya. Ahora nos reímos, pero yo me tomé aquello muy en serio.
Es que resulta tan real como surreal. Los huevos son una gran metáfora para todo.
¿Y dónde meteríamos a Obama? ¿En la yema o en la clara? En la clara, sin duda.
¿Y a Sarkozy en la yema? Hombre, claro. Es tan vulgar… Como belga no debería criticarlo mucho. Llevamos dos años casi sin gobierno. Pero es mejor no tener gobierno que soportar a Sarkozy. Obama, en cambio, me llena de esperanza. No será el paraíso, pero algo va a cambiar a mejor, sin duda. Para Irak, para la economía. Desde luego.
¿Qué es el éxito? Usted que lo tiene, ¿a qué cree que se debe? ¿A que va al grano? ¿A sus extrañas mezclas? No lo sé. Es un misterio. No tengo ni idea. No sé si mis obras son buenas o malas. Tampoco me planteo eso para los trabajos que admiro de otros escritores. Sé que me gustan y me vale.
¿Qué le apetece seguir explorando? ¡Todo! Todo lo que tiene que ver con el género humano. Porque nuestras relaciones pueden ser catastróficas o maravillosas.
Lo gracioso de que ahora nos venga con una novela de amor es que parecía algo que usted despreciaba. No lo he despreciado. Puede ser algo horrible, pero al tiempo es maravilloso. En mis libros siempre trato de encontrar fronteras. Fronteras entre seres humanos. Para evitar las guerras, encontremos la frontera correcta. Si no eres consciente de que esas fronteras van a aparecer, vas mal. Debes encontrarla pronto para evitar conflictos. No es tan fácil.
¿Así que la medida de nuestras relaciones está en las fronteras?Como en la geografía. Igual.
¿Qué cree que escribirá en el futuro? Sé que hay un libro que no he escrito y que debo hacer. Creo que ése será mi mejor libro.
¿A qué espera? Todavía es demasiado pronto. No ha llegado el momento. Hay que esperar a que algunas personas no se encuentren con nosotros. Y que yo no me muera antes de hacerlo. No significa que los que he escrito hasta ahora no sean importantes.
¿Necesita que se produzca algo, como Truman Capote hizo para terminar 'A sangre fría'? No, hombre. No voy a compararme con Truman Capote. No soy tan estúpida.
Bueno. Pero ¿a quién le apetece compararse? ¿A quién admira? Uff. ¡Hay tantos a los que admiro! Desde Capote hasta Simenon o Marguerite Yourcenar, a los japoneses Mishima, Murakami…
¿Lee con la misma pasión que escribe? Con la misma.
¿Y cuál es la frontera de un gran escritor? ¿Leer tan bien como escribe? Una mezcla de ambas cosas. Yo busco ese equilibrio. Necesito tanto una cosa como la otra. Pero también la vida.
Escribir, leer, vivir, sufrir, disfrutar, ¿todo a la vez? ¿Es ése el alimento de la literatura? No me da miedo el sufrimiento, pero no disfruto con ello. Lo importante son las emociones fuertes. El amor, el desamor. El miedo…
Algunas de sus obras dan yuyu, realmente. Me gusta el miedo. Y lo he experimentado a fondo a lo largo de mi vida. El miedo a escribir es enorme. Françoise Sagan lo decía: "La escritura da miedo. Tanto como conocer a un amante". Entiendo muy bien esa frase. Cuando conoces a un amante, te aterras ante la posibilidad de no estar a la altura. Lo mismo pasa con la escritura.
¿Y cuál es su problema con los asesinos? Bueno, es lo que hemos hablado antes de las fronteras. El problema del otro. A menudo, el otro puede ser un engorro. A veces te entran ganas de matar a alguien, pero no puedes. Lo prohíbe la ley. Pero la literatura te lo permite. Puedes jugar con eso y te sientes bien. ¿Por qué no desahogarme así?
Hay elementos que también le ayudan a desahogarse en sus novelas. Son marcas de la casa, como la comida o la música. Entre Bach y Radiohead no se ha dejado a nadie en medio. El caso de la música supone una búsqueda constante. Entrar en otro territorio de sentimiento, sensación. Radiohead es un claro ejemplo de cosas inexploradas por el lenguaje en los que su música penetra mejor que tú. Otra frontera. Del cerebro. Un más allá. La música es una forma estupenda para explorar los límites de la mente.