viernes, 23 de abril de 2021

Series CBE: La Montaña Donde Ascienden Las Luces (XVII)





De como Pelayo de Urries enloqueció. Lo encontrado en una bolsa y que luego sería de gran utilidad en la Montaña donde ascienden las luces.  

El grito de Pelayo de Urries era un llamado de ayuda. Lo encontramos con Ordoño tirado en las ruinas de una casa hablando lenguas ignotas y empapado por la fiebre. Le intenté cuestionar, pero este no acataba palabras. Ordoño me hizo saber que una carreta transitaba cerca de nosotros, y antes de que prestara sus esfuerzos en la búsqueda de ella, le detuve. Estaba seguro de que aquella carreta era responsable de lo que sufría Pelayo de Urries. Le dije a Ordoño que era menester llevar a nuestro compañero a la iglesia blanca, evitando caer en la tentación de conocer qué es lo que venía y traía la carreta. Levantamos a Pelayo de Urries y del regazo cayó una bolsa de gruesa tela, revisé el contenido y ahí habían huevos; eran parte de las provisiones de las que el compañero se privó. 

Entramos en la iglesia que ya estaba iluminada gracias a Froilán Puigdorfila, y pasamos la noche sin dar con el reposo. Afuera escuché el sonido de una carreta rodeando la iglesia.



Próximo Capítulo 

De la piedra verde cerca de lo alto de la Montaña y de la aparición del guardián.

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jueves, 22 de abril de 2021

Al director no le gustan los cadáveres | Rafael Menjívar Ochoa

 

No mates a nadie por odio. Tampoco mates por placer. Ni por lástima. Mata por dinero. RMO

Queridos amigos del Club de la Buena Estrella,

Llegamos al libro 189 de nuestras lecturas, el cual se titula: Al director no le gustan los cadáveres del escritor salvadoreño Rafael Menjívar Ochoa.

Esto no había manera de preverlo durante el proceso de propuestas y votaciones del año pasado, pero la lectura de este libro va a significar una especie de acto conmemorativo por el décimo aniversario luctuoso del autor que falleció precisamente en el mes de abril del año 2011. El día 27.

Rafael Menjívar constituye también uno de los hitos de nuestro club, al ser el primer escritor con quien tuvimos ocasión de realizar un conversatorio, allá por el año 2010 con su libro: "Cualquier forma de morir".





Con Al director no le gustan los cadáveres, redactada en 2005 y que se publica por primera vez en 2020, Rafael Menjívar Ochoa (1959-2011), ensancha su serie policial "Cualquier forma de morir", emprendida con Los años marchitos, redactada hacia 1986 y publicada en 1990. 

Las novelas policiales de Rafael, en un principio eran tres, pero como bien menciona su traductor al francés, Thierry Davo: "Con Al director pasaron a cuatro, y para terminar, serían cinco. Pero Rafael nunca dejó de referirse a ellas como a "La trilogía policial", con el argumento inapelable de que los tres mosqueteros eran cuatro."

Personalmente, conocí a Rafa siendo director de La Casa del Escritor. Estaba formando jóvenes con talento a través de talleres de poesía, narrativa, cine y otros. Algunos lo veían como mentor, otros como tutor, otros como amigo, otros como figura paterna. Lo cierto es que animó a muchas personas a sentarse y escribir en serio. Pero sobre todo, como él decía, reunió a personas tan distintas pero con la poesía como denominador común, que por otro medio jamás se habrían conocido. 

Por cierto, solo una vez tuve ocasión de bailar con Rafael... bailaba bien.

NOVEDAD LITERARIA

Para nuestra viñeta de Novedad Literaria aplican libros de cualquier género, publicados por primera vez después del 1 de enero de 2018.

Exceptuando los premios literarios que leemos cada año y que nos dan una muestra de lo que las editoriales están impulsando, en realidad no tenemos demasiadas oportunidades de leer novedades. Lo típico es que entre nuestras propuestas siempre aparezcan autores consolidados de géneros de nuestra predilección, nuestros libros de cabecera.

El objetivo de tener una viñeta destinada a leer una novedad literaria es tener un pulso de lo que se está publicando recientemente, conocer tendencias y disfrutar de descubrir nuevos autores o de actualizarnos con los estrenos literarios de autores conocidos.

NOVELA NEGRA

Según Miguel Huezo Mixco, el género negro fue fundado en las primeras décadas del siglo XX por los escritores Dashiell Hammet y Raymond Chandler. También ha sido cultivado en América Latina por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, Mempo Giardinelli y Paco Ignacio Taibo II, entre otros. Más actualmente, la trilogía “Millenium” de Stieg Larsson gira en esa órbita.

Las novelas, cuentos, cómics y películas de este género se caracterizan por el pesimismo y el desencanto. Sus personajes se mueven en ambientes dominados por la violencia, el cinismo, la fatalidad, la venganza, el odio y el sexo. Todos estos ingredientes se encuentran presentes en los libros de Menjívar: “Los años marchitos” (1990), “Los héroes tienen sueño” (1998) y “De vez en cuando la muerte” (2002).

FICHA DEL LIBRO

DIVISIÓN DE LAS LECTURAS


EL AUTOR

Rafael Menjívar Ochoa (1959-2011) fue un cuentista, poeta, novelista, traductor, guionista y ensayista salvadoreño; y pertenece al linaje de los grandes narradores latinoamericanos.

En sus novelas se advierte una acentuada búsqueda hacia la experimentación en el lenguaje y en la creación de personajes, los cuales conforman nuevos modelos y estructuras narrativas y confirman al autor como exponente del género negro en Latinoamérica.

Menjívar Ochoa formó parte de la llamada "Generación del Cinismo" o "Generación del Desencanto", junto con Horacio Castellanos Moya, Jacinta Escudos y Miguel Huezo Mixco, entre otros que comenzaron su producción literaria en la época de la guerra civil salvadoreña.

Su padre, el economista Rafael Menjívar Larín, era rector de la Universidad de El Salvador cuando el ejército la ocupó en 1972 y lo exilió hacia Nicaragua. El resto de la familia abandonó el país en enero de 1973 hacia Costa Rica, donde se reunió con el padre. En 1976 se instalaron en México, donde Menjívar Ochoa vivió durante veintitrés años. Estudió música, teatro y letras inglesas.

En 1999 se instaló en El Salvador, donde en 2001 se convirtió en Coordinador de Letras (director de literatura) y fundó La Casa del Escritor, proyecto para la formación de escritores jóvenes, ubicado en la que fuera casa de Salvador Salazar Arrué (Salarrué). 

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Fuentes: 

- Tribulaciones y asteriscos.

- Wikipedia

- Gato por letra

- Clubdelabuenaestrella.net

- Goodreads

sábado, 17 de abril de 2021

Series CBE: La Montaña Donde Ascienden Las Luces (XVI)






Los tres seres demandan respuestas a Maximiliano Ravidabia. 


El lugar al que llegamos antes de la caída del día era un pueblo o lo fue en una época no muy remota. Yo estaba al pie de una abadía de diseño desconocido y de color blanco. Delante de ella brotaba agua de una fuente de piedra con tres leones esculpidos a su alrededor. Su forma, y las tres majestuosas bestias, me hicieron añorar la Alhambra. Pelayo de Urries me solicitó permiso para rondar el pueblo, quería asegurar nuestra instancia en el pueblo por lo que accedí. Ordoño y Froilán Puigdorfila entraron al monasterio blanco para buscar ayuda, comida o cobija. 

Me dirigí a la fuente. Busqué refrescar mi rostro y limpiar algunas partes de mi cuerpo en sus aguas; mitigue con ella el calor abrasador. Llegó a mí el tañido de un carretón atravesando alguna calleja del pueblo, el regocijo me invadió, creía que las gentes que acarreaban la carreta nos darían su ayuda tal y como Guijarro prometió. Antes de verme incorporado y salir tras la carreta, otro sonido detuvo mi pretensión. Este sonido no fue otro que el de mi nombre.

 Lo que aconteció fue como lo visto por San Juan en Patmos, pues los Leones de la fuente tenían movimiento, me hablaban y conocían mi interior. «Has llegado», dijo la primera cabeza del León. «Has sido medido», dijo la segunda cabeza de León. «Una cosa os queremos hacer saber», dijo la tercera cabeza de León. No alcanzaba a discernir si era sueño o aparición, pero esos animales eran divinos, así que me postré frente a ellos. «Maximiliano Ravidabia», dijo la tercera cabeza de León. «Hay para ti más que esa Montaña», dijo la segunda cabeza de León. «Nuestro favor es grande y está frente a reyes y reinos», dijo la primera cabeza de León. Hice una reverencia, más preserve el silencio. «Nuestra promesa es tuya, así que puedes irte de esta tierra», dijo la segunda cabeza de León. «Tu nave está lista para partir. Dios y su benevolencia esperan donde tú pongas pie», dijo la primera cabeza de León. «Vuestro nombre desde ahora estará amarrado al nombre de Dios, pues te hacemos nuestro profeta», dijo la tercera cabeza de León. En mis adentros se caldearon los humores y se consumió la frialdad cuando escuché esto. Hice que mi mente produjera imágenes consonantes a estas palabras, cerré los ojos y apareció todo cuanto la vida es para mí.

Los tres seres demandaron mi respuesta a lo que respondí: «Mis señores, soy su siervo. Vuestra gracia estará ahora señalada en mi piel. Lo que salga de su boca es ahora mi vida. Sin pretender la ofensa, ruego a ustedes que respondan a una pregunta, que, de ser acertada, será la señal innegable de mi total entrega al favor de Nuestro Dios». «Habla», exclamó la tercera cabeza de León. «¿Cuál fue el pecado de Nabucodonosor?». La primera cabeza de León rugió y ya no hubo palabra o movimiento. La tercera cabeza de León hizo una reverencia y permaneció estática como el primero de ellos. El segundo León me miró y dijo: «Que así sea. A esta casa ha llegado la santidad». Rece antes de abandonar la fuente agradecido por la misericordia de Dios y la sabiduría de los tres Leones.

Antes de dejar la fuente, escuché la voz de los tres Leones en mi corazón que decían: «No olvides las ofrendas para el guardián; Con el tiempo recuperara la cordura; Que Dios sea contigo Maximiliano Ravidabia». 



Próximo Capítulo 

De como Pelayo de Urries enloqueció. Lo encontrado en una bolsa y que luego sería de gran utilidad en la Montaña donde ascienden las luces.  

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jueves, 1 de abril de 2021

Golpéate el corazón | Amélie Nothomb

 

«Golpéate el corazón, ahí es donde reside el genio.» 
     Alfred de Musset

Llegó abril y con él un nuevo libro.  

    Un libro nuevo, pero no una autora nueva para muchos de los integrantes del club de la Buena Estrella y de La Tregua, ya que Amelie Nothomb es no solamente una escritora conocida sino para muchos y muchas algo así como una vieja amiga.

    En septiembre de 2013 leímos su libro “Ni de Eva, ni de Adán” como un opcional y posteriormente Estupor y temblores, en diciembre de 2014. De más está decir que desde entonces nos convertimos a la religión de su imaginación y su escritura sin máscaras.  O como lo dijo alguien en aquellos días: de sus agallas para escribir sobre sí misma de la manera en que lo hace. (Saludos Karla Majano ;) )

    En aquellos años se acuñó en el club de la Buena Estrella el apelativo cariñoso “la mera Belga” para referirnos a la autora, no solo para hacer referencia a su origen sino al “top” donde como lectores la colocamos al conocer su particular estilo de escritura que nos hizo disfrutar de su afilada prosa llena de frases contundentes y su humor siempre al filo de la ironía y el sarcasmo que puede parecer hasta pedante, pero que tratándose de ella resulta más bien fino y elegante.

    Una de las razones para proponer este libro fue la curiosidad de reencontrar la escritura de la Mera Belga a más de 20 años desde cuando escribió el libro Estupor y temblores que se publicó en 1999 y 14 desde que se publicó Ni de Eva ni de Adán.

    Aunque Amelie Nothomb es reconocida como una escritora que ha cautivado a sus lectores desde sus primeras novelas que la convirtieron en una escritora de culto, me parece necesario reconocer que no es una autora común de esas que “le encantan a todo el mundo”. Hay quien se atreve a asegurar que tampoco tiene seguidores intermedios, a la Nothomb o la amas o la odias. 

    De escritura ágil y con un humor a menudo considerado feroz, sus novelas no van de historias  increíbles con frases inteligentes o ingeniosas, sino de la profundidad del ser. Amelie Nothomb habla del alma de los seres humanos, de sus sentires más profundos y por tanto no se corta al hablar ni de grandezas, ni de miserias.  

    Sobre Golpéate el Corazón se ha dicho que es un libro para mujeres, pero yo creo que es más bien un libro sobre mujeres porque la maternidad, ser hija, ser madre, ser joven, ser adulta, tener carencias, no puede considerarse jamás “cosa solo de mujeres”. 

    Para mí en este momento es el libro que nos convoca tanto a las mujeres como a los hombres dentro del club y que deshojaremos capa a capa para que al final, con la mirada de unas y otros tengamos lo que nos queda cuando se lee un libro junto a otras personas: muchas visiones del mismo que lo hacen distinto a si lo hubiésemos leído en solitario.

    No se si estoy poniendo muy alta o muy baja la vara para generar expectativa respecto al libro de abril, pero no creo que haya otra manera de presentar a una escritora como Amelie Nothomb que no sea de forma brutal, como lo son su mirada y su escritura.

    Personalmente la presento con una sonrisa en los labios, la misma que aparece cuando hablando con amigas y amigos lectores de aquellos años en que la conocimos al recordar sus frases que siguen resonando en la memoria incluso muchos años después de haberlas leído y compartido: 

"No: si por algo merece ser admirada la japonesa -y merece serlo- es porque no se suicida" (Estupor y temblores, 1999)

"No te traiciono al marcharme. Huir también puede ser un acto de amor. Para amar, necesito ser libre. Me marcho para preservar la belleza de lo que siento por ti." 
(Ni de Eva ni de Adán, 2007)

De esta manera entonces, amigas y amigos les presento a la autora del primer libro para el mes de abril con una de sus últimas publicaciones. Un libro sobre mujeres, pero no solo para mujeres. Un libro para compartir.


 Sinopsis

Golpéate el corazón desliza un conflicto de madres e    hijas. En     este caso, como un desmán absoluto y una confusión de identidades.    Marie será cardióloga y lo será a pesar de las mujeres que marcan su biografía. La rivalidad y la manipulación agotaron sus secretos para ella. No le dejaron más opción que el crimen o el coraje. Y eligió el combate. Otros vendrán que maten.

Diane crecerá marcada por la carencia de afecto maternal e intentando comprender los motivos de la cruel actitud de su madre hacia ella. Años después, la fascinación por el verso de Alfred de Musset que da origen al título del libro la impulsará a estudiar cardiología en la universidad, donde se topará con una profesora llamada Olivia. Con ella, en la que creerá encontrar la anhelada figura materna, establecerá una ambigua y compleja relación, pero Olivia tiene a su vez una hija, y la historia dará un vuelco inesperado… Esta es una historia sobre manipulaciones, el poder que ejercemos sobre el otro, la necesidad que sentimos de ser amados.



"Creo que soy belga,
que es como no tener una identidad clara"
Amelie Nothomb

A continuación presento algunas pinceladas a manera de biografía y no necesariamente una biografía en formalidad como lo hacemos usualmente en las entradas para cada libro del mes.

¿Por qué?  pues simplemente porque prácticamente la obra completa de Amelie Nothomb es en sí una especie de autobiografía, una autobiografía ficcionada en la que se convirtió a sí misma en un personaje.

Lo que sigue son algunos puntos biográficos que podrían ayudan a contextualizar un poco antes de adentrarnos en sus letras.

BIOGRAFÍA

    Su biografía asegura que Amélie Nothomb nació en Kobe, ciudad portuaria al sur de Japón, allá por 1967. Los anales de la nobleza belga, sin embargo, dan otra versión: lo habría hecho un año antes en Etterbeek, privilegiado barrio de Bruselas, con el nombre de Fabienne-Claire. La escritora no aclarará qué versión es la correcta, tal vez porque es la suma de ambas la que da fe de su desarraigo existencial.

    El oficio de su padre, diplomático que desciende de una familia aristócrata que desempeñó un papel fundamental en la independencia de Bélgica, hizo que creciera de mudanza en mudanza entre Japón, los Estados Unidos, Laos, China, Birmania o Bangladés junto a sus dos hermanos. Habla japonés y trabajó como intérprete en Tokio.  Desde 1992 ha publicado una novela cada año. Actualmente vive como ella lo dice a caballo entre Bruselas y París, «En una busca tranquilidad y en la otra guerra».

Al volver a Europa a los 17 años decidió que era belga y tras superar una anorexia que casi acabó con su vida, Amelie Nothomb se puso a escribir para intentar entender de qué va todo esto. No ha parado. «Solo dejé de escribir un domingo por la mañana. Fue el peor día de mi vida».

Singular como ella, su manera de escribir personal no lo puede ser menos, ella misma confiesa que con una disciplina inquebrantable escribe cada día entre las 4:00 y las 8:00 de la mañana y entre 3:00 y 7:00 de la tarde.  Por la mañana lo hace en ayunas, solo bebiendo té.  En sus palabras “para tener hambre”.  Cuenta también ella misma que probó todos los horarios y todas las comidas hasta que entendió que la mejor manera para ella era en esa, y que su hambre a menudo será saciada posteriormente con mucho chocolate y champan…

    Personaje excéntrico y sobreactuado en sus intervenciones mediáticas, Nothomb se revela como una mujer tímida y extremadamente cordial en la intimidad del pequeño despacho que ocupa en su editorial francesa, pegada al cementerio parisiense de Montparnasse. Allí pasa algunas mañanas respondiendo a sus hordas de lectores. El próximo año se cumplirán 30 años desde la publicación de su primer libro Higiene del asesino, que la convirtió en una “rock star literaria” casi de la noche a la mañana

    Al responder hace algunos años a la pregunta ¿Qué ha cambiado desde entonces? Nothomb responde: «Muchas cosas. La primera es que ahora me gano bien la vida, lo que supone un cambio considerable. Y la segunda, que ya no vivo sola. Antes me encontraba en una soledad abominable, mientras que ahora ya no es así. Cuando llegué a Europa a los 17 años, después de crecer en Japón y otros lugares, me sentía incapaz de establecer cualquier tipo de vínculo con los demás. El éxito literario me dio una seguridad en mí misma de la que siempre había carecido. Y eso me permitió tener relaciones con los demás cuando me apeteciera, lo que tampoco sucede siempre. Pese a que nunca fuera mi objetivo, ahora tengo incluso una vida amorosa»

    Su verdadero nombre es Fabienne Claire Nothomb. Escribe sus libros en lengua francesa y tal como ya dijimos nació en la ciudad japonesa de Kobe en julio de 1966 (¿ó 1967?), país que encarnó el decorado de las distintas vivencias de la autora durante sus cinco primeros años.

    Mientras vivía allí, todavía niña, no era consciente de que la rodeaban dos lenguas diferentes: el francés y el japonés. A pesar de haberse mudado tantas veces, será Japón el país que más influencia ejercerá en ella y, por tanto, en su literatura.

   En sus propias palabras, tuvo que pasar su infancia y su adolescencia en compañía de continuas mudanzas, por lo que pronto comprendió que su universo no sería estable y que perdería todo cada tres años. Ese hecho hizo nacer en ella una angustia muy fuerte que nunca llegó a desaparecer. Ese «apocalipsis», un fenómeno regular en su vida, la vinculó de una forma muy profunda al lenguaje y, en consecuencia, a la literatura: en un mundo donde perdería todo continuamente, el lenguaje era lo único que se mantenía estable.

   En 1980 se muda a Bélgica, país en el que se siente extranjera. Amélie comienza a cursar Filología románica en la Université Libre de Bruxelles, una universidad de tendencias liberal-socialistas donde no es bien recibida debido a su apellido, que recordaba su procedencia de una familia de la alta burguesía católica y a su bisabuelo de extrema derecha. Ese problema de aceptación, que no ayudó a la joven a integrarse y reforzó su sentimiento de no ser belga, de no ser occidental y de ser japonesa, apareció reflejado posteriormente en su novela semibiográfica Antichrista. Amélie Nothomb se sentía incapaz de comunicarse con los jóvenes occidentales y, según ella, quizás fue esa la razón que la condujo por la vía de la escritura.

   De todas formas, Nothomb consiguió terminar su formación en la universidad mencionada y, tras obtener la licenciatura, regresa a Tokio, donde acaba trabajando como intérprete en una prestigiosa empresa, una experiencia que posteriormente se convertirá en el argumento principal de Estupor y temblores, libro que será galardonado con el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa en 1999 y que será traducido en términos cinematográficos por Alain Corneau en el año 2003.

   Más tarde regresa a Bélgica, donde despunta su carrera de escritora con Higiene del asesino, libro que escribió en solo tres meses. Envió el manuscrito a diversas editoriales, entre ellas la prestigiosa Gallimard, pero acabó publicándolo en Albin Michel, una empresa más modesta a la que permanecerá (casi siempre) fiel. Así como recibió numerosos elogios, su primera novela fue la diana de numerosas críticas negativas, ya que «no podía haber sido escrito por una joven de 23 años», «era evidentemente la obra de un hombre, y más concretamente de un hombre mayor». En ese preciso momento, Fabienne Claire Nothomb empieza a conocer el significado de la palabra «fama» y adopta el nombre de Amélie, quien se convierte no solo en escritora, sino también en todo un fenómeno mediático. A partir de entonces puede permitirse vivir únicamente de la literatura. De las tres novelas que escribe al año, solo publica una, siempre en el mes de agosto, y sus escritos están traducidos a unas 40 lenguas diferentes.

   En 2012 vuelve por primera vez a Japón, un país que la había salvado en numerosas ocasiones, porque necesitaba volver a sentir el poder curativo del archipiélago. Al regresar allí, se da cuenta de que lo que había definido su personalidad no había sido Japón, sino la nostalgia que había sentido por ese país. Aprovechando la ocasión, graba un documental cuyo tema central se convertirá más tarde en el argumento de uno de sus libros, La nostalgia feliz. Con el paso del tiempo, Amélie Nothomb se da cuenta de que, en ella, al sustantivo «nacionalidad» le corresponde el adjetivo «belga», pero únicamente porque eso supone no pertenecer a ningún sitio, no tener una identidad clara, definida.

 Para Amélie Nothomb, la escritura se define como una vía de escape que le permite expresar pensamientos y sensaciones. A través de ella se evade y se aleja de mundos monstruosos como el de la anorexia, enfermedad que padeció a los 13 años. También suele refugiarse en el mundo de la infancia, ya que para la autora la pureza del ser humano es exclusiva de dicha etapa. Sus novelas se describen como una intertextualidad entre la literatura japonesa medieval y la literatura occidental, y en ellas confluyen los términos binarios que distinguen occidente y oriente. Por esta razón se puede calificar a la autora como híbrida: es occidental y no occidental, activa y pasiva, observadora y observada, móvil y estática, moderna y tradicional, etc. De hecho, Amélie Nothomb ha llegado a ser definida como la intersección de polaridades culturales. Precisamente por el hecho de que haya estado en contacto, desde muy temprana edad, de diversas culturas, su literatura puede inscribirse en una especie de literatura global, ya que sus novelas se alimentan de una cultura poliédrica de la que la autora siempre extrae una receta exquisita.

   En sus novelas reflexiona sobre el sentido de la vida, la condición humana, la profesión de escritor, el suicidio amoroso, pero en ellas la escritora aborda sobre todo los temas de los orígenes y de la identidad. Amélie usa sus textos para reflejarse y componer un discurso propio de sí misma, es decir, los utiliza para buscar una solución a su problema identitario, ya que no consigue ubicarse en un punto geográfico concreto. Por esa razón, a Amélie le cuesta mucho no incluirse en sus novelas: la mayoría de sus escritos tienen carácter autobiográfico.

  Nothomb es una de esas autoras que se identifican con varias culturas, con varias lenguas e incluso con varias personalidades. En ella confluyen la heterogeneidad, la ironía, la paradoja, los extremos y las diferencias, y quizás por eso el mejor personaje de Amélie Nothomb sea ella misma.

 


 

 

 

  








Fuentes: 
Periódico El país
Lecturalia
Blog "La piedra de Sisifo"


Golpéate el corazón es una recomendación de María Ofelia Zúniga


jueves, 25 de marzo de 2021

Narraciones CBE: Deseo y posibilidad. Una historia de las notas de la Doctora Calvin (cap. final)


Deseo y posibilidad   

Una historia de las notas de la Doctora Calvin   

(cap.final)




Leyó y releyó las notas de la doctora Calvin; al menos, cuatro veces más. 

Apenas puso un pie dentro de la casa, percibió una fuerza en su interior demandando ir al baño. Las últimas líneas del cuaderno que la doctora le había enviado era una nota dirigida a ella. 


Fui muy descuidada... claro, hasta al final. Si tuve sospechas las dejé detrás de la ignorancia. Uno es humano, nuestra mente no computa de la misma manera que un cerebro positrónico. Ni el conocimiento, ni la experiencia, ni porque una o la otra sean demasiado, en nosotros prevalece un sentido de la ingenuidad. 

    Asumí que algunos de los cambios que hiciste encontraban justificación en las demandas editoriales de su trabajo, también valoré el hecho de que la distorsión se trataba de algo muy íntimo de ustedes los periodistas. Es decir, su trabajo se resume a presentar una verdad, queda en segundo plano si para ello la verdad tiene que sufrir alguna modificación. Le dicen 'problemas del lenguaje' ¿no? El arduo y complicado labor de presentar la verdad, tal y como es, ha quedado, desde hace años, en manos de la ciencia; que a pesar de sus esfuerzos, siempre es insuficiente. Además, ¿porque no he de admitirlo? Su manera de tratarme, de hablar sobre mí… ¡Oh, la vanidad! o mejor dicho, ese placer que provoca el ser reconocido por alguien, ser visto por alguien, eso que la vieja psicología llamó escoptofilia... eso aún hace de las suyas. Admito que fácilmente me deje seducir por su boba y delicada zalamería. 

    EL CONFLICTO INEVITABLE, ese es el título del último artículo, ¿no es cierto?


La luz no dejó sombra en el baño. La blancura e iluminación resultaban un principio contrario a la suciedad a la que estaba asociada el cuarto. La reportera se acercó al espejo, se ubicó frente a él; escogió el espejo pequeño, solo necesitaba ver su rostro. Ni un músculo de ese rostro amable y delgado lucía tenso, la mueca que sostenía resultaba artificial; como si fuera la primera vez que sentía en su organismo aquello que roza la frustración y la vergüenza. Hizo su largo cabello hacía atrás. Lo amarró; no quería que ni la más delgada hebra castaña le entorpeciera el rostro. Abrió el grifo, metió las manos en el agua helada y se llevó lo que pudo al rostro. No parpadeo, no perdió la atención de su imagen proyectada en el espejo.



Dejemos algo claro: No estaba interesada en leer alguno de sus artículos. La conclusión era simple: no había nada nuevo en ellos, todo era acerca de mí; lo que pienso, lo que intuyo, lo que siento acerca de los robots. Me interesé por los artículos, y terminé leyendo cada uno de ellos, después de que una que otra persona de la U.S Robots hiciera comentarios acerca de mí... nuevos y extraños comentarios. Decían que poco a poco se volvía evidente y descarado mi odio hacía la humanidad; alguien dijo que si tanto era el malestar que me provocaba la carne humana, mejor sería que encontrará la manera de acabar con mi propia humanidad. De paso me sugirieron que si acaso me atrevía a ello, lo hiciera con una soga al cuello. Estoy de acuerdo en algo con ese tipo de comentarios, así como lo estará usted y cualquiera que me conozca: no me simpatiza mi especie. 

    No me simpatiza, pero no por ello hago de mi trabajo un evangelio de mi desagrado. El mismo hecho de expresar ese 'odio' a alguien iría en contra del mismo malestar expresado. Hacerle saber a un humano mi desagrado, implicaría, según las antiguas reglas de la intrusión psicológica, que este sujeto antes de resultar un repulsivo es el objeto de mi identificación... en fin.

    Leí sus artículos. Menuda sorpresa me encontré. Espero disculpe mi obsesión, pero prefiero pecar de detallista a ser tildada de histérica y paranoide…


El agua volvió a hacerlo una vez más... ahora se deslizaba con lentitud sobre la piel de la mujer. Su textura tersa, esa ausencia total de defectos en ella, era motivo para que dermatologos, o cualquiera, asegurara, ciegamente, que el agua correría en ella fácilmente. Pero la gota permanecía en su mejilla como suspendida.

La periodista no notó lo que sucedía con su piel y el agua, al interior sucedían una intensa rememoración de cada una de las acotaciones que la doctora realizó de los nueve artículos que ella publicó a costa de su vida y trabajo en la U.S Robots. Junto a cada frase sacada de la Prensa Interplanetaria, estaba una observación que contenía las quejas de la doctora por aquellas palabras que ella, la doctora, no recordaba haber dicho; conceptos que ella no había explicado...


“¡Sólo las máquinas a partir de ahora serán inevitables!” Usted sabe que yo no dije eso. No importa lo mucho que odie, si es que se siente más a gusto con esa palabra… que odie a los humanos, yo pertenezco a este ocaso que ha dado su última luz para verlos nacer. ¡Sólo las máquinas a partir de ahora serán inevitables! Esas no son palabras humanas. Usted podrá decir, ‘pero doctora Calvin, su argumentación apunta a ello, es el espíritu de su trabajo', y yo le diría: Si, es cierto... Y si, es cierto que nosotros los humanos solemos pensar más allá de las palabras, y esto se lo hago saber antes de que lo añada a su próximo comentario. Pensar más allá de las palabras es un mal hábito si quiere verlo de esa manera, aunque para mí es peor, es algo de lo que no podemos librarnos. Todo humano en la historia y las galaxias tiene un capricho en común, también llámelo un mal hábito, pero también es algo peor… Usted, al parecer, ha olvidado que somos la especie que viene matando a Dios desde los primeros siglos. Es ese uno de los grandes deseos que con ustedes, los robots, se vuelve cada vez posible. Si matamos a Dios, ¿no cree usted que no estaríamos dispuestos a acabar incluso con lo inevitable?

Recordé sus ojos, sabe… 

    Al final, después de la última nota recordé sus ojos. Siempre atenta, recolectando todos los datos alrededor, podría jurar que me estaba leyendo la cabeza, pero era algo más sencillo que eso; sencillo, claro está, para alguien como usted, ¿no es así? ¿Qué, 114? ¿110? ¿Cambió los números de la serie el doctor Allen para ocultar su fracaso con el 102?


S.C.


La frialdad que emitía la cabeza de la reportera, producida por el estrés de las notas de la doctora Calvin, cristalizó la gota de agua en su mejilla. Estaba perdida ahora en los detalles reflejados de su ojo. El iris lucía normal, su color avellana jamás había provocado sospechas; dentro de un trabajo como el suyo,  incluso eso era una ventaja. Los humanos suelen decir que los ojos son las ventanas del alma, y la experiencia ha demostrado que unos ojos claros cumplen esa absurda filosofía. La pupila presentaba las dimensiones adecuadas, la negrura correcta, era el vacío que se esperaba encontrar en todo ojo humano; receptáculo de informaciones que en el caso de la reportera, estas informaciones entraban en proporciones infinitas en contraste a la pupila humana. 

Todo estaba en orden en ella. La única respuesta al cuaderno era el ingenio de la doctora Calvin. Ese cerebro de carne y líquidos, seudo-electricidad y arrugas, era lo único que podía dar respuesta a ese reconocimiento que la doctora hizo de ella; que debajo de lo humano, y el periodismo, se encontraba el funcionamiento de un cerebro positrónico. 

    Era imposible que el gastado y carnoso ojo enfermo de la doctora haya alcanzado a distinguir, en un borde de la zona esclerótica del ojo izquierdo, entre las manchas propias de un tejido sanguíneo, el código KPHAXTIO…




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(4) Capítulo Anterior

sábado, 20 de marzo de 2021

Series CBE: La Montaña Donde Ascienden Las Luces (XV)




Tiempo de tristeza, pecado, juicio y el recuerdo de la salvación de Maximiliano Ravidabia. 

Todo el camino permanecimos en el silencio. En mí se cernía los efectos de una vergüenza y tristeza. Eran mis caprichos, sutilezas del orgullo y la fama; males que pensé haber abandonado, que me hicieron olvidarme de los otros. Por estos males expuse a mis compañeros a peligros, peligros que en esta tierra son la carne de mi propia locura. Me he dado cuenta que los peores pecados son los que nacen de la negación del otro y de nuestra necedad por sentarnos encima de todas las cosas como únicos soberanos. Pensé haber progresado en estas debilidades, pero me he mantenido en el mismo lugar, ignorante de que el pecado es original, natural y perpetuo. 

Hundido en estos asuntos que agobian el espíritu escuché el grito de Ordoño que iba delante de nosotros. Temiendo que su vida estuviera en riesgo, hicimos correr los caballos. Ante el vibrar de la marcha, desde la fronda salieron millares de pequeñas aves de colores verdes, amarillos con tintes azulados y brillantes en las plumas de sus alas. Aquello nos llenó de alegría, la cual se sumó a saludos y golpes en la espalda, porque vimos a Ordoño arrodillado, otorgando una plegaria de agradecimiento a los cielos.

Habíamos encontrado el sendero que lleva a la Montaña donde ascienden las luces.




Próximo Capítulo 

Los tres seres demandan respuestas a Maximiliano Ravidabia. 

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domingo, 14 de marzo de 2021

Series CBE: La Montaña Donde Ascienden Las Luces (XIV)




De la ceremonia encontrada en el valle y como uno  fue tomado para sacrificio.  

Vernudo Comares fue tomado por estas tierras. Si Tristán fue capturado por vanaglorias, Vernudo Comares fue arrebatado por el salvajismo que Guijarro advirtió.

Anduvimos sin problemas, cumpliendo los tiempos que habíamos pactado para la empresa. El viaje hasta ese momento estuvo lleno de descanso y alegrías, las sombras pasadas habían sido eliminadas del pronto recuerdo. La belleza que guardaba la imagen de las luces ascendiendo en la Montaña era lo único que se movía en nuestras cabezas. Y este fue nuestro pecado, que la Montaña se deslizó a los vicios de la avaricia y la lujuria. 

Era un valle cubierto por enormes nubes que se trenzaban con el cielo naranja, el lucero de plata ya asomaba el rostro. Los caballos se agitaron y su resistencia nos invitó a revisar el lugar. A lo lejos, un fuego fatuo alumbraba la tierra y dibujaba las cataduras de gente que se movían a su alrededor. Habiendo inspeccionado la forma del fuego, a través de la extensa mirada, fueron expuestos los sonidos que venían del  mismo. Entre los hombres se dijo que los sonidos eran la voz del fuego llamando a dioses, cosa que sedujo mi apetito de Mundo. Arrastré con cautela a la compañía hacia donde el fuego danzaba. Aún distantes, se veía a las figuras girar  alrededor del fuego con largas telas de colores. Los sonidos de tambores y flautines me llegaron a declarar que ahí había culto a Pan, pero recordé que esta era tierra extraña y que los dioses, a pesar de sus semejanzas, son diferentes; cada dios es siempre único en relación a los otros y solo Dios es diferente en relación a él mismo.

Vi aquí un hombre con cuernos, sin una mano, y ojos de cabra que se movía cerca del fuego; saltaba y se acercaba a las figuras danzantes buscando ensartar su cuerno en la carne. Mientras más cerca estábamos del culto, otras figuras aparecieron. Vimos gigantes que no eran como los conocidos en nuestra tierra. Vimos diablos con cabellos blancos golpeando el suelo con sus colas. Vimos hombres desnudos que cubrían su rostro detrás de paños oscuros, tomaban fuego que era lanzando al aire con ira. Ordené retroceder y rodear el camino, pero todos los hombres y yo fuimos testigos de una gran fiera que nos cerró el paso. 

Una bestia de pelaje negro y ojos rojos acechaba nuestras espaldas. Lamenté haber cedido a mi curiosidad y mis tendencias paganas, y más lamente  haber desdeñado la prudencia y el consejo de Guijarro. No habiendo opción continuamos en dirección a la ceremonia. Mantuvimos en dominio a los caballos que se negaban a continuar, y solicité que nadie avanzará a galope para evitar que nuestra presencia se convirtiera luego en la imagen enemiga.

Vernudo Comares, poseído por el carácter de su nombre, fue llevado al acto. Su velocidad y destreza en la cabalgadura pusieron en duda su amplia carrera como hombre de mar, pues no me permitieron intervenir en el instante en que desenvainó su cuchillo. Se arrojó al fuego profiriendo gritos que ya habían sido hechos siglos antes: ¡Carthago Delenda Est!

No había avanzado mucho cuando la bestia, que pensamos haber dejado atrás, apareció desde atrás, y tal cazador se abalanzó sobre Vernudo; le arrancó de su montura y lo llevó en su hocico rumbo al fuego. La bestia lo entregó a aquellos seres que bailaron con su muerte. Alcanzamos a ver como nuestro hermano era despojado de sus ropas, y antes que se nos ocurriera hacer algo que evitara su escarmiento, la fiera se posó frente a mí y en el color de sus ojos logré escuchar un mandato que me exigía huir del lugar; que, de no cumplir, no solo nosotros moriríamos en su boca, sino que también morirían nuestros compañeros que aún aguardaban en la playa.

Al no encontrar opción, y con gran rencor hacia mí, avanzamos al mismo ritmo, en silencio, dejando nuestras lágrimas sobre los lomos de los caballos. A punto estuvimos de abandonar el viaje, pero vimos la luna tan grande como un sol, y esta, como si supiera el pesar de nuestra alma, hizo que estrellas llovieran en el cielo. En ese momento recordamos a nuestro hermano y elevamos cantos en su recuerdo.