Creando el hábito de la lectura desde 2006

sábado, 7 de julio de 2018

A manera de Epílogo de 'La cosa lovecraftiana'.



Eran alrededor de las ocho de la noche. Recuerdo que viajaba de los Planes de Renderos hacía San Salvador, sentado en la cama del pick up de mi padre. Fascinado con la oscuridad de los arboles, y luego de haber repasado la misma, pero encantadora, historia del diablo y de como un incidente amoroso lo llevó a abrir un puerta en San Salvador, recurrí a imaginería de las recientes  y pocas lecturas que había tenido de Lovecraft. 

Cargaba un celular, un Motorola C115, la pantalla alumbraba en azul. Le escribí a mi novia de aquel entonces "Un hombre tomaba su habitual taza de té, con dos pizcas de limón, sentado en la terraza que daba a un bosque sin nombre". Era el 2012, y para ese año no existía para mi, ninguna otra bebida caliente que no fuera el café. Desde esa oración, todo el texto continuó con fluidez, ritmo y propósito. El relato aquí presente es el mismo que envié en no se cuantos mensajes; y del que puedo decir que solo ha sido modificado en que al principio eran " dos hijos", una que otra palabra alternativa para "hedor", las fatales tildes sobre la "o" de "frió" y, punto y coma, y puntos y comas. Lo demás se mantiene intacto.

Aunque no fue ha sido mi única incursión en la cosa lovecraftiana, a pesar de la inexperiencia, el error y la falta de tino literario, Los Libros encarna bien la forma y el objeto mismo de la literatura de Lovecraft - aún más que sus posteriores-: y no es porque en aquel momento estuviera consciente de la enormidad del anormal de Providence, es porque el proceso creativo fue una de las primeras cosas que logró entender el significado de la misericordia; que recompensa con algo de Arte, a aquellos que aunque nunca la encuentran al menos la buscan

- a.e
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Los Libros 



A la memoria de H.P Lovecraft

Un hombre tomaba su habitual taza de té, con dos pizcas de limón, sentado en la terraza que daba a un bosque sin nombre. La tarde estaba por terminar, el frío del invierno aullaba desde las profundidades de la arboleda. En la boca del hombre, una mueca, y a su alrededor, el eco de un rezo “Fue inevitable. Inevitable. Inevitable”. Atrás de él, yacía una casa antigua, herencia familiar, y como todo legado no hay bien que no vengan con sus propios demonios. 

El hombre y su familia llevaban alrededor de un año viviendo en la lúgubre casona. En los primeros días, encontró los libros del extraño escritor de Providence, los mismos que su padre había leído compulsivamente hasta el día en que desapareció. Los libros que se daban por perdidos, fueron encontrados en un baúl de facciones precarias, oscuras y medievales, en el sótano. Encontrado el baúl, la respectiva llave apareció; la cual estaba en el espeluznante cuarto, adornado de figuras de porcelana, incrustada en una espantosa estrella de mar. El que habla en las penumbras, El espanto de Wichtdum, El color del espacio, En los montes de la demencia, El ritual, Baal, El misterioso caso de Marshall Whard, La oscuridad sobre Mouthis, La llamada y el Al-Azif, eran algunos de los títulos que descansaban en el baúl. El hombre seguía mirando al bosque detenidamente, inmóvil, insensible ante el brusco cambio de la temperatura. Las ventiscas gélidas de la noche habían neutralizado el calor de la taza de té, pero no pudieron erradicar el aroma de las dos gotas de limón.

Después de que el baúl fue abierto, y el aroma a putrefacción se desprendió en toda la casa, el hombre entregó todo su tiempo para un ininterrumpido estudio de los libros de Lewis Theobold, Edward Softly, Ward Phillips, quienes eran el mismo sujeto: el extraño e incómodo escritor de Providence. De pronto, el hombre que aún miraba perdido al insondable bosque hizo un cambio en la oración incansable “Es su culpa. Culpa. Culpa”. De la casa venían sonidos parsimoniosos que armonizaban con la desequilibrada escena que montaban aquel infeliz viendo al vacío. Los sonidos se hicieron jadeos, gimoteos, una sinfonía arrítmica de instrumentos guturales. El ruido se acrecentaba, se iba apoderando perversamente de cada parte de la casa, se le escuchaba en la la cocina, luego en la sala y en cualquier momento inundaría las habitaciones; en una de ellas, su esposa y su hijo descansaban. Lo último que el hombre leyó antes de tomarse el té, con dos pizca de limón, fue el Al Azif, libro que en la mezcla de sus arcanos permitan convocar a Ellos; los primeros, los que desde centurias duermen y esperan. 
Antes de que la tetera silbara fastidiosamente, el hombre, nervioso, desquiciado, leyó un fragmento, un verso de horror «Con el paso de extraños tiempos, hasta la misma muerte podrá morir». El olor a limón que emanaba del té se había empezado a descomponer, el ambiente envenenaba los sentidos, y el frío hacía que el hedor se mantuviera estático. El hombre no se movió, no dejó de ver al bosque, así como no abandonó su oración, que cambió a “Fue mi culpa. Culpa. Culpa”. Los simiescos sonidos, cacofonías y balbuceos, habían alcanzado las habitaciones de la casa. Ni la respiración de la esposa o la del niño se escuchó después de la llegada del ruido. Los terrores onomatopéyicos habían ahogado los sueños de aquella familia que añoraban tener de vuelta al hombre que alguna vez fue un esposo y un padre. La rústica y animal resonancia consumió la casa; las voces del tiempo como las pláticas en las barbacoas, las canciones de cumpleaños, los pujidos del sexo, las quejas de la enfermedad, los gritos de las disputas, las carcajadas de las ocurrencias, los llantos de la tristeza y los suspiros de los descontentos habían desaparecido por completo de la casa. Los jadeos lo habían consumido todo, eran jinetes de la desesperación y agobio. 

El té, ahora, no era más que agua con dos pizcas de limón. El aroma del cítrico había transmutado en un hedor nauseabundo e insoportable, y el hombre, perdida su mirada en el bosque, aún conservaba su oración. Alzó la voz mientras cambiaba las palabras de su suplicio “Fue inevitable. Inevitable. Inevitable…”.

Los lenguajes arcaicos llegaron por detrás del hombre. Cientos de murmullos reptantes adornaban la terraza. El hombre abandonó su hechizada tranquilidad, sin dejar su oración, sin dejar de ver al bosque y empezó a gritar tan fuerte que el té se derramó sobre sus manos. La helada agua del té derramado fue imperceptible para los dedos del hombre. Una viscosidad los envolvía, la misma pegajosa materia que manchaba los desfigurados rostros de la madre y el niño. El éxtasis de los gritos se convirtieron en nuevas oraciones, y el hombre se desató en total locura “Y’AI 'NG'NGAH,  YOG-SOTHOTH H'EE—L'GEB F'AI THRODOG UAAAH”. El hombre dejó caer la taza, dio la vuelta para recibir a las tan esperadas voces, las voces de Ellos; los mismos que él había llamado y que ahora, por fin, estaban ahí. 

El estudioso de los libros del baúl giró sobre sí para ver a sus invitados escandalosos. Vio la enorme terraza y recibió una sorpresa inesperada. Los visitantes bulliciosos, los que hacen los sonidos y murmuran desde los abismos no estaban ahí. La pestilencia se volvió insoportable. El hombre sintió un peso en sus manos, las levantó, y la luz que venía de la casa, como un faro en medio de los oscuros mares, reveló el color de la viscosidad que recubría sus miembros. Era el mismo color del destrozado rostro de su esposa y el desfigurado cuerpo de su hijo. 

Las manos que antes tuvieron una taza de té, con dos pizcas de limón, estaban pintadas en escarlata, como si fuera sangre. “Fue inevitable”.

viernes, 6 de julio de 2018

La cosa lovecraftiana (II)




Ilustración de Howard Phillip Lovecraft para la portada de "Children of Lovecraft" (2016) editado por Ellen Datlow, ilustrado por Mike Mignola, creador de Hellboy.


En algún fragmento del libro de Alain Badiou, “Condiciones” (2003), se muestra el gesto de anticipación que caracteriza a la poesía y la literatura, el cual funciona como un sitio acolchado para el trabajo del filósofo. Esta idea sostiene que todo proceso artístico tiende a desenterrar excesos, incidentes conceptuales y lógicas heurísticas que no solo resultan ser los elementos característicos de la ‘producido’ o ‘creado’, sino que terminan integrando a la realidad objetos que ensanchan el proceso de significación de las cosas. Al correr la suerte de no parecer un accidente, el arte elabora los insumos para el trabajo serio de la filosofía y la ciencia. Howard Philip Lovecraft es un espécimen de ello.

Ahora que hemos expuesto que los supra-significados y las superficialidades son los riesgos en la lectura de HPL, podemos apuntar que todas aquellas alteraciones en las formas, las viscosidades nauseabundas, los murmullos que reptan en la penumbra, los morfismos estelares, las liturgias negras, los arcanos encuadernados, las deidades atemporales, la demencia, el horror sin nombre y el ‘Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn’, son el coronamiento de la razón.

Aseverar que es la razón el cenit de la literatura de Lovecraft, parece ser una inversión radical de lo que aparentemente representa. Constantemente vemos como los héroes lovecraftianos, quienes se caracterizan por personificar los ideales científicos o filosóficos del siglo XX, aparecen como víctimas de la irracionalidad, rotundamente incapaces de resolver los enigmas que se les presentan a pesar de poseer las máximas del discurso y el método racional. Y aunque lo anterior no es del todo acertado, esto corresponde a una escisión fundamental entre Lovecraft y Poe, incluso con Sir Arthur Conan Doyle*.

La lógica lovecraftiana no intenta burlar la razón, sino que busca hacer un abordaje en el mero convencimiento de que la expansión misma de la razón es la locura, el sin sentido y el vacío. En este trazo, Lovecraft no solo logra retomar el discurso de Erasmo de Rotterdam, actualizar a Hume, Schopenhauer, y preceder a Camus o Sartre, también deja entredicho el ‘progreso’ del Siglo XX, como una descomunal masa indeterminada, jadeante y ciega – y que no deja de despertar a la imagen de Azathoth – que ya había sido profetizada en el hundimiento del Titanic en 1912.

Lovecraft completa el capricho de Goya: ya que si bien “los sueños de la razón producen monstruos” la única alternativa es la desesperanza, el resentimiento, la misantropía universal: la locura y muerte; destino y condición que sufren los héroes en Lovecraft. Michel Foucault, en su tesis doctoral “Historia de la Locura en la Época clásica” (1964), Tomo I, expone los fundamentos estructurales de locura, a través de la explicación de la sin-razón no como una razón enferma, perdida o alienada, sino como una razón deslumbrada. ¿No es este carácter de sorpresa, estupefacción, – los calificativos ignoto, innombrable, ininteligible, extraño, desconocido e insondable – el síntoma que atraviesan los héroes lovecraftianos?

Foucault, demarca sobre la razón deslumbrada que:

El deslumbramiento es la noche en pleno día, la oscuridad que reina en el centro mismo de lo que hay de excesivo en el brillo de la lumbre. La razón deslumbrada abre los ojos ante el sol y no ve nada, es decir, no ve; en el deslumbramiento la perspectiva general de los objetos hacia la profundidad de la noche tiene correlativo inmediato de la supresión de la visión misma (…) Decir que la locura es deslumbrante es decir que el loco ve el día, el mismo día que el hombre de razón, pero viendo ese mismo día, nada más que él, y nada en él, lo ve como vacío, como noche, como nada; las tinieblas son para él la manera de percibir el día. Lo cual significa que, viendo la noche y la nada de la noche, no ve en absoluto. Y creyendo ver deja venir hacía él, como realidades, a los fantasmas de su imaginación y a toda la muchedumbre de las noches. Por eso, delirio y deslumbramiento se hallan en una relación que constituye la esencia de la locura, exactamente como la verdad y la claridad, en su vínculo fundamental, son constitutivas de la razón clásica.
No es nada irracional que los personajes de HPL, una vez que han agotado los recursos de la ciencia, la filosofía, el saber objetivo y normativo – lineamientos que abren el sendero al ‘progreso’ – se deslizan, como el Fausto de Goethe, hacía las metafísicas esotéricas, que, en lugar de sugerir el término de total sin sentido, su aparición y uso fijan una nueva forma de conocimiento que puede ayudar a someter a las monstruosidades que se han desatado; ¿Acaso lo incoherente del Al Azif – o Necronomicon – no es una anticipación de los obscuros lenguajes de la física cuántica? Pero Lovecraft va aún más allá, y sentencia que la ´magia´ es insuficiente para dominar a Mefistófeles; quien siempre termina traicionado a sus más devotos siervos.

Lovecraft nos enfrenta, no a una realidad, sino aún Real incomprensible, amorfo y perdido: hace emerger una respuesta que es perenne en la duda de todos los hombres, y deja al desnudo la distancia del hombre con la verdad. Al punto de asegurar que, de ser conseguida la verdad, esta resultaría absurda, traumática y horrorosa.

Esta penumbra que se cierne sobre el mundo, y que deja a la locura en la carne de la razón, son las mismas que quedan grabadas en las palabras del Coronel Kurtz al final de la película Apocalypse Now (1979):
He visto el horror… horrores que tú no has visto. Pero no tienes el derecho a llamarme asesino. Tienes derecho a matarme. Tienes derecho a hacerlo… pero no tienes derecho a juzgarme. Es imposible describir el horror en palabras a aquellos que no saben lo que verdaderamente significa. Horror, horror. El horror tiene una cara… y tú debes hacer del horror tu amigo. Horror y terror mortal son tus amigos. Si ellos no lo son, entonces son tus enemigos, a los que debes temer. Son en verdad tus enemigos. Recuerdo cuando estaba con las fuerzas especiales. Parece que han pasado siglos. Nos internamos en un campamento a inocular niños. Dejamos el campamento después de haber inoculado a los niños de polio y un hombre viejo vino corriendo hacia nosotros. Estaba llorando, no podía ver. Volvimos allí y ellos habían llegado y… habían amputado cada brazo inoculado. Estaban en un montón. Un montón de pequeños brazos. Y recuerdo… yo… yo lloré. Lloré como una abuela. Quería arrancarme los dientes. No supe qué quería hacer. Y quiero recordarlo; nunca quiero olvidarlo. Nunca quiero olvidar. Y entonces me di cuenta… como si me hubiesen disparado… como si me hubiesen disparado con un diamante… una bala de diamante justo en mi frente. Y pensé: Dios mío… el genio de esto. El genio. El deseo de hacer esto. Perfecto, genuino, completo, cristalino, puro. Y entonces me di cuenta de que eran más fuertes que nosotros, porque ellos podían soportar eso… ellos no eran unos monstruos. Eran hombres… oficiales entrenados. Estos hombres que luchaban con sus corazones, que tenían familias, que tenían hijos, que estaban llenos de amor… pero tenían la fortaleza… la fortaleza… para hacer eso. Si yo hubiese tenido diez divisiones de estos hombres, entonces nuestros problemas hubiesen terminado rápidamente. Tienes que tener hombres que tengan moral… y al mismo tiempo que sean capaces de utilizar sus instintos para matar sin sentimentalismos… sin pasión… sin juzgar… sin juzgar. Porque es el juzgar lo que nos derrota.
No hay batracios, repulsivos e hediondos, encubiertos dentro de los sistemas sociales. No hay deidades primigenias que sueñan en las insondables oscuridades de mares borrados de la tinta de las cartas. No hay grimorios que guarden secretos que otorguen favores a su portador. No hay nada, ni nadie, detrás de las cortinas hechas de susurros, balbuceos y cacofonías que aterran a los hombres en las noches acaloradas. No hay nada debajo de la oscura piel intergaláctica, ni hay significados resplandecientes en el movimiento de los astros. La verdad de Lovecraft es que solo hay horror al vacío, y hombres que gritan sin voz.












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*El proyecto literario, cuyos autores destacan John Pelan, Michael Reaves y Neil Gaiman, “Sombras sobre Baker Street” (2003), busca relacionar la obra de Lovecraft con la Doyle. El resultado de la mayoría de los relatos que componen el pastiche, incluyendo el de Gaiman: son un fracaso lovecraftiano, producto de los riesgos que la lectura reduccionista de Lovecraft provoca.

domingo, 1 de julio de 2018

Han de Islandia, Victor Hugo


"La felicidad suprema en la vida es tener la convicción de que nos aman por lo que somos, o mejor dicho,
a pesar de lo que somos"
Victor Hugo

Amigos del Club de la Buena Estrella, le llegó el turno a la viñeta País/Región, que para este año eligió a Francia. El libro que resultó ganador fue nada más y nada menos que "Han de Islandia" del autor francés Victor Hugo, propuesto por su servidora. El motivo por el cual propuse este libro, es que desde siempre mi padre ha sido un fiel seguidor de la literatura clásica y, específicamente, de este autor. Así es que durante décadas lo he escuchado hablar con pasión sobre su obra literaria y, gracias a eso, fue que en este club ya se leyó el título "Los Miserables". Por tanto, sentí que la oportunidad era propicia para que se leyera otro título de su autoría, siendo uno de los clásicos imperdibles en la literatura universal.

Otra sorpresa que tiene preparada este mes, es que mi padre ha aceptado acompañar en la moderación de las reuniones, así que contaremos con su grata compañía todo el mes. Espero que se nos unan en esta apasionante lectura, que promete  unas discusiones muy interesantes.

Por otro lado, comentarles que la Alianza Francesa ha accesido concedernos el espacio para que realicemos nuestras reuniones de julio en sus instalaciones, así es que desde ya están convocados a asistir a su bonita casa ubicada en la calle y colonia La Mascota, San Salvador.

No se pierdan estas interesantes discusiones, en el mejor lugar y con la mejor compañía... ¡felices lecturas!

Han de Islandia es una propuesta de Loida y Hernán Pineda

SINOPSIS

Esta obra juvenil de Víctor Hugo fue publicada en París en 1823. La acción se desarrolla en un hipotético reino de Islandia del siglo xvn, que sufre bajo la pesadilla de Han, un sanguinario bandido. La obra es un verdadero drama novelado, en donde aparece ya la fórmula de Hugo, con sus contrastes violentos y con sus continuas luchas entre las formas extremas del bien y del mal. La figura de Han de Islandia alcanza aquí una singular potencia poética, y ha quedado como uno de los testimonios más significativos del romanticismo francés.

FICHA DEL LIBRO

Mes: Julio de 2018
Viñeta: País | Región: Francia
Auror: Víctor Hugo
Nacionalidad: Francés
Año de publicación: 1823
Año de edición: 2007
Editorial: Losada
País de publicación: España
Número de páginas: 447
Traductor: Luis Echávarri
ISBN: 978-950-03-9564-9
DIVISIÓN DE LECTURAS

Jueves 5 de julio de 2018
Jueves 12 de julio de 2018
Jueves 19 de julio de 2018
Jueves 26 de julio de
2018
Biografía del autor
Prólogos
Ediciones
Capítulos 1-10 (inclusive)
Página 107
Capítulos 11-23 (inclusive)
Página 218
Capítulos 24-37
(inclusive)
Página 330
Capítulos 38-51
Conclusión
Página 447
Final
25%
50%
75%
100%

SOBRE EL AUTOR

Victor Marie Hugo /viktɔʁ maʁi yɡo/ —inscripción completa en su acta de nacimiento: Victor, Marie Hugo—​ (Besanzón, 26 de febrero de 1802 - París, 22 de mayo de 1885), fue un poeta, dramaturgo y novelista romántico francés, considerado como uno de los más importantes en lengua francesa. También fue un político e intelectual comprometido e influyente en la historia de su país y de la literatura del siglo XIX. Era hermano de los también escritores Eugène Hugo y Abel Hugo.

Ocupa un puesto notable en la historia de las letras francesas del siglo XIX en una gran variedad de géneros y ámbitos. Fue un poeta lírico, con obras como Odas y baladas (1826), Las hojas de otoño (1832) o Las contemplaciones (1856), poeta comprometido contra Napoleón III en Los castigos (1853) y poeta épico en La leyenda de los siglos (1859 y 1877). Fue también un novelista popular y de gran éxito con obras como Nuestra Señora de París (1831) o Los miserables (1862). En teatro expuso su teoría del drama romántico en la introducción de Cromwell (1827),​ y la ilustra principalmente con Hernani (1830) y Ruy Blas (1838).

Su extensa obra incluye también discursos políticos en la Cámara de los Pares, en la Asamblea Constituyente y la Asamblea Legislativa —especialmente sobre temas como la pena de muerte, la educación, los derechos de las mujeres o Europa—, crónicas de viajes —El Rin (1842) o Cosas vistas, (póstuma 1887 y 1890)—, así como una abundante correspondencia.

Contribuyó de forma notable a la renovación lírica y teatral de la época; fue admirado por sus contemporáneos y aún lo es en la actualidad, aunque ciertos autores modernos le consideren un escritor controvertido. Su implicación política, que le supuso una condena al exilio durante los veinte años del Segundo Imperio francés (1852-1870), permitió a posteriores generaciones de escritores una reflexión sobre la implicación y el compromiso de los escritores en la vida política y social.

Sus opiniones, a la vez morales y políticas,​ y su obra excepcional, le convirtieron en un personaje emblemático a quien la Tercera República honró a su muerte con un funeral de Estado, celebrado el 1 de junio de 1885 y al que asistieron más de dos millones de personas, y con la inhumación de sus restos en el Panteón de París.

FUENTES:

- Wikipedia. 

miércoles, 27 de junio de 2018

La cosa lovecraftiana (I)






Son el exceso o el reduccionismo los riesgos que atraviesa la lectura de Lovecraft. El primero arrastra hacía un totalitarismo meta-explicativo de las cosas, y el segundo abandona en el esteticismo de la fealdad; Robert Anton Wilson y Colin Wilson – los apellidos son mera fortuna – son víctimas de lo primero, Stephen King y Borges – en “There are More Things”* – sufren de lo segundo, y en mi caso padecí de los dos.


Reducciones

Las ciudades innombrables, los lenguajes ignotos y las inconmensurables entidades, características que sujetan lo irracional y lo pagano, parecen ser los rasgos definitivos de la literatura de Lovecraft. Alberto Chimal en su introducción para una colección de la obra de H.P Lovecraft, aparte de insistir en la popularidad y la recurrente referencia que experimenta el escritor de Providence dentro de la cultura de masas, es consciente de que la sola aparición de ciertas condiciones relativas a lo grotesco, místico y ancestral dentro de cualquier texto ha logrado dar paso a un proceso de antonomasia, donde lo ‘Lovecraftiano’ ha sustituido todos los modos derivados del horror.

Esta noción daría pie a que la literatura de Lovecraft sea percibida únicamente como una fase dentro de la tradición romántica de las letras estadounidenses, y su mantenimiento, en estos confusos tiempos estaría supeditado a las variaciones y demandas culturales; pero siempre desprovista de independencia e identidad, ya que la medida por excelencia para estos asuntos sería el Señor Edgar Allan Poe. Con esto resulta facilísimo de entender la posición de Jorge Luis Borges ante el tema de Lovecraft, que queda expuesto en el epílogo de “El Libro de Arena” (1975), donde el argentino acota:

El destino que, según es fama, es inescrutable, no me dejó en paz hasta que perpetré un cuento póstumo de Lovecraft, escritor que siempre he juzgado un parodista involuntario de Poe. Acabé por ceder; el lamentable fruto se titula There are More Things.

De esta forma Lovecraft está condenado a la mención, a un obligado recuerdo, inevitablemente amalgamado con la estatua de Poe, y su trabajo, más que un recurso para el proceso literario, es una maquinaria de viscosidades que se ocupa de llenar los rincones morbosos de nuestro tiempo.

El origen mismo de Lovecraft, inevitablemente, se convertiría en su propio fin: ya que por muy Lovecraftiano que sea el horror, nunca dejara de ser una historia rara**.

Excesos

A pesar de la frecuente mención en el plano mediático, la popularidad de Lovecraft no es de su autoría. Fueron los ‘lovecraftianos’ los encargados de tal vicio, y entre todos ellos, el más despreciable siempre será Agust Derleth. Derleth sistematizó la obra lovecraftiana por medio de un maniqueísmo que surge con la diferenciación de los Dioses arquetípicos y los Dioses Exteriores. Esta bilateralidad permitió a la literatura de Lovecraft acercarse a la estructura de los sistemas religiosos paganos, y una vez ahí, nada imposibilitaría su reptante recorrido hacía el terreno de la metafísica, la filosofía y la ciencia; así, la literatura lovecraftiana, con ayuda de las variaciones de la historia, encontraría un puesto como herramienta de explicación del mundo, debido al semblante argumentativo, la causalidad y las teleologías que puede llegar a evocar.

No es de extrañar que, sumergidos en un clima de inestabilidad como el que ofreció el Siglo XX, la situación lovecraftiana entregaría respuestas a los sin sentidos del mundo social, político y religioso a través de su manifestación en la cultura. Ya no podían ser los demonios de Milton los promotores de la corrupción del corazón del hombre, la mutación del mal se daría en la distancia, en la amplitud creciente del cosmos y con los usos del lenguaje esotérico que propicio el caos cultural de la Segunda Guerra Mundial. El umbral de la perdición del hombre debía de estar más allá del hombre mismo, fuera del tiempo***.

Esta combinación, junto a la preservación de una forma de razonamiento que intento ser abolida en la edad media, dio gesta a la meta-explicación de las cosas. Algunas personas comenzaron a encontrar similitudes a donde quiera que el ojo apuntara; los lenguajes enoquianos del místico John Dee (1527-1608) y su parecido con el Aklo, lengua elaborada por Arthur Machen (1863-1947) adoptado por Lovecraft. Las análogas conversaciones estelares de Aleister Crowley con la entidad extraterrenal, Aiwass (1904), y las comunicaciones interdimensionales expuestas en los cuentos de Lovecraft como en “The Whisperer in Darkness” (1931) y en “The Dreams in the Witch House” (1933). Los símiles que despertaba las descripciones de Lovecraft sobre Azathoth**** – “el primer motor del caos, la antítesis de la creación, el necio sultán de los demonios; el que roe, gime y babea en el centro del vacío final” –  y los terrores que suscitó el Proyecto Manhattan (1939-1946), son algunos ejemplos de las ideas que comenzaron a poblar la mentalidad colectiva.

La expansión de esta lógica, la globalización y la excesiva producción mediática – del cine y la literatura – llevaron a Lovecraft a ser la clave interpretativa de los arcanos que el conocimiento oficial no podía responder. The Thing (1982) y They Live! (1988) de John Carpenter*****, Alien (1979) de Ridley Scott, Pacific Rim (2013) de Guillermo del Toro, el comic: Hellboy (1993-2017) de Mike Mignola, el trabajo de Robert Anton Wilson – La Trilogía: The Ilimunatus! (1975), Sex, Drugs and Magick (1973), Cosmic Trigger (1977) – y Colin Wilson – The Occult: A History (1971) –, las doctrinas de William Burroughs y los desórdenes provocados por la Generación Beat, Anton Szandor Lavey, junto a la notoriedad que alcanzó el Satanismo en los Estados Unidos en los años ochenta, y la expansión que lograron los círculos teosóficos alrededor del mundo, son muestras de algunas zonas donde Lovecraft o Lovecraftiano era su cimiento; y aún se mantiene latente******.

La lección de estos dos riesgos en la lectura de Lovecraft, es que el misterio no es entender que es lo que hay detrás de Lovecraft (lo latente), y mucho menos interpretar que es lo que hay delante de él (lo manifiesto). Pero sino es el esclarecimiento de la realidad a través de lo místico, ni los batracios-morfismos los objetivos del rarito de Providence, entonces ¿que lo puede ser?







*“There are more Things”, extraído por Borges de “Hamlet”(1603). Original: “There are more Things in heaven and earth, Horatio, tan are dreamt of in your philosophy”.

**Weird Tales, fue una de las primeras revistas que público a H.P Lovecraft. En 1928 salió de la imprenta “La Llamada de Cthulhu”, el cual permitiría la introducción a la revista de otros autores que compartían temas con Lovecraft, denominados como el Circulo de Lovecraft. Esta publicación volvería distinguido al escritor, que hasta hoy en día sigue siendo un relato canónico de su obra.

***El último trabajo de Lovecraft, el cual nunca logró completar fue titulado “The Watchers Out of The Time”. El relato fue publicado, como parte de una colección, hasta 1974.

**** En el cuento de Lovecraft “The Whisperer in Darkness” (1931), el protagonista hace mención de Azathoth: “started with loathing when told of the monstrous nuclear chaos beyond angled space which the Necronomicon had mercifully cloaked under the name of Azathoht”.

***** In the Mouth of Madness (1994) de Carpenter, es quizá la película donde las referencias a Lovecraft son más evidentes.


****** En agosto, el CBE, pudo haber leido, por ánimo de buen neurótico, a un neo-lovecraftiano.  



viernes, 15 de junio de 2018

Ganadores de la GRAN RIFA a beneficio de Clubdelectura.org

Amigos del Club de la Buena Estrella y personas participantes,

Muchas gracias por haberse sumado una vez más a otra de las actividades del 
Club de la Buena Estrella.

El día de ayer se llevó a cabo una rifa como parte de los esfuerzos de 
Clubdelectura.org para tener una plataforma virtual de administración de clubes de lectura.

El primer lugar tenía como premio un Kindle Fire 7 con Alexa.
El segundo y tercer lugar un libro sorpresa.

A continuación los ganadores



¡muchas felicidades!


¡felices lecturas!

martes, 5 de junio de 2018

Pecado, Benjamin Black

«- ¿Ha visto usted muchos? Asesinatos y cosas así. Strafford esbozó una leve sonrisa.
-No hay “cosas así”… El asesinato es único». 
Pecado | Benjamin Black
Después de 5 libros y a punto de llegar a la cintura del calendario, podemos decir que 2018 ha sido, en términos generales, un buen año de lecturas en el Club de la Buena Estrella. Esto hace que iniciemos el mes de junio con la expectativa de que esa buena racha continúe.

Pecado, el más reciente libro de Benjamin Black, resultó elegido como nuestro libro de junio de 2018 en la elección celebrada el pasado noviembre, misma en la que participamos 26 miembros de nuestro club, distribuyendo nuestros votos de la siguiente forma:

12 lo elegimos como nuestra primera opción (60 estrellas)
2 votaron que también querían leerlo (8 estrellas)
4 expresaron que les despertaba interés (12 estrellas)
2 indicaron que no les molestaría leerlo (4 estrellas)
3 manifestaron que no les llamaba la atención (3 estrellas)
3 dijeron que no querían leerlo (0 estrellas)


¿Por qué lo propuse?

  • Porque en el club leímos a John Banville en febrero de 2016 (Antigua luz) y me gustó mucho. 
  • Porque John Banville usa el alias de Benjamin Black cuando escribe novela negra, de modo que esta será la primera vez que en el Club de la Buena Estrella habremos leído 2 autores que son una misma persona.
  • Porque leí las primeras páginas de Pecado y me quedé con unas ganas enormes de seguir leyendo.

Reto y sugerencia

Este sexto mes supone un reto enorme por varias razones. La primera es que hay una decreciente natural en la asistencia a las reuniones del club a medida que el año avanza y nuestras propias actividades laborales y personales nos van reduciendo el tiempo. La segunda es que la viñeta de Novela Negra tiene bastantes adeptos en nuestro club, pero no ha sido del gusto unánime de la totalidad de los miembros, como hemos podido constatar en los últimos dos años. La tercera es que este es el mes de la Copa Mundial Rusia 2018, y contra todo sesgo, prejuicio o estereotipo, no se puede negar que hay buenos lectores que también son aficionados al fútbol. 

¿Qué podemos hacer entonces para no dejarnos absorber por tantas actividades y cumplir con nuestro programa de lectura? 

He aquí una sugerencia: No olvidemos que un gran objetivo se compone de pequeñas metas, y nuestro libro del mes tiene 28 pequeños capítulos que podemos leer a razón de uno por día. Dado que el 28 de junio es nuestra última reunión del mes, podremos haber leído la totalidad del libro para entonces.

SINOPSIS


1957. Una cruda mañana de invierno, el cadáver de un cura católico aparece en medio de un charco de sangre en la biblioteca de Ballyglass House, la casa solariega de los Osborne, de la antigua baronía de Scarawalsh, en el condado irlandés de Wexford. Al padre Tom Lowless —amigo del coronel Osborne, cabeza de la familia propietaria de la mansión— lo han asesinado apuñalándolo en el cuello y luego le han cortado los genitales. El inspector Strafford es enviado por su superior en Dublín —el comisario jefe Hackett— al lugar de los hechos —una morada inhóspita y decadente, en lóbrega sintonía con el desapacible frío que reina en el exterior— a investigar con el pretexto de que haberse criado en una buena familia le facilitará la comunicación con los implicados. Sin embargo, el policía intuye que Hackett no desea ensuciarse las manos en un caso que promete ser tremendamente delicado, ya que la Iglesia católica sigue dominando el país con puño de hierro, al tiempo que los aristocráticos Osborne gozan de una reputación inmaculada en la zona (pese a los problemas financieros que atraviesan en el presente).

Strafford, con la ayuda del oficial Jenkins, no tardará en ver confirmadas sus sospechas, empezando por la forma negligente con que se tratan las pruebas, las órdenes extrañas que recibe y las presiones que llegan de todos lados para que tergiverse por completo la versión oficial de tan luctuosos hechos. Incluso el mismísimo arzobispo de Dublín, un personaje tan turbio como temible, intercederá para salvar el buen nombre de la institución a la que representa. No obstante, instalado en una pensión cercana a la mansión, el inspector procurará aislarse de todo este ruido a fin de resolver el misterio, para lo que entrevistará a una larga serie de sospechosos y escudriñará con lupa el edificio y sus alrededores. Por si el caso no revestía suficiente complejidad y presentaba numerosos obstáculos, el descubrimiento de que la primera esposa del coronel Osborne había muerto en circunstancias extrañas y la angustiosa desaparición de Jenkins a media investigación acabarán por enrarecer todavía más el ambiente.

Con Pecado, Benjamin Black se sumerge de nuevo en la Irlanda de los años cincuenta e inicia una nueva serie, con su inimitable estilo y su don para crear ambientes y personajes fascinantes. Y con un nuevo protagonista: Strafford es desgarbado, protestante, abstemio… «Era solo cuestión de tiempo antes de que le dijesen que no parecía policía, pero lo que querían decir era que no parecía un policía irlandés».

Pecado es una propuesta de Henry Andino

FICHA DEL LIBRO


Mes: Junio de 2018
Viñeta: Novela negra
Libro: Pecado
Autor: Benjamin Black
Nacionalidad: Irlandés
Año: 2017
Páginas: 304
Editorial: RBA Libros
Traductor: Miguel Temprano García
ISBN: 9788490568613



DIVISIÓN DE LAS LECTURAS


Jueves 7 de junio de
2018
Jueves 14 de junio de 2018
Jueves 21 de junio de 2018
Jueves 28 de junio de
2018
Capítulos del 1 al 7
Pág. 34 del PDF
Capítulos de 8 al 14
Pág. 74 del PDF
Capítulos del 9 al 21
Pág. 120 del PDF
Capítulos del 22 al 28
Pág. 171 del PDF
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EL AUTOR


Benjamin Black es el seudónimo de John Banville, novelista irlandés, nacido en Wexford, Irlanda, el 8 de diciembre de 1945. Ganador del Premio Booker en 2005. Este seudónimo solamente lo utiliza cuando publica obras del género de novela negra.

Desde muy joven —12 años— supo que quería ser escritor. Estudió en una escuela de los Hermanos Cristianos y en el colegio católico de San Pedro de Wexford.​ En lugar de ingresar a la universidad, prefirió comenzar a trabajar y lo hizo en la compañía aérea Aer Lingus, que le permitía viajar por el mundo.

Más tarde diría irónicamente de esta decisión: "Un gran error. Debería haber ido [a la universidad]. Lamento no haber tomado esos cuatro años de emborracharse y enamorarse. Pero quería irme de mi familia. Quería ser libre".

Cuando regresó a Irlanda después de haber vivido en Estados Unidos en 1968 y 1969, se convirtió en periodista y entró a trabajar en el diario The Irish Press, donde llegó a ser subeditor jefe. Cuando este periódico desapareció en 1995, pasó al The Irish Times. Es colaborador habitual de The New York Review of Books.

Publicó su primer libro en 1970, una recopilación de relatos titulada Long Lankin, a la que seguiría una serie de novelas, la primera de ellas Nightspawn que salió al año siguiente. Después vinieron Birchwood (1973), la llamada Trilogía de las revoluciones —compuesta por Copérnico (1976), Kepler (1981) y La carta de Newton (1982)— y cerca de una docena de novelas más, entre las que destacan El libro de las pruebas (1989) (finalista del Premio Booker) y El mar (2005), que ganó el preciado galardón.

Banville es conocido por el estilo preciso de su prosa. Su ingenio y su humor negro muestran la influencia de Nabokov.

En 2006 aparece el primer libro de Benjamin Black: El secreto de Christine, a la que le han seguido otras cuatro novelas negras.

Sobre su desdoblamiento como escritor, ha dicho: "El arte es una cosa extraña. Bajo el sombrero de Banville puedo escribir 200 palabras al día. Un día decidí que podía convertirme en otro y bajo ese segundo sombrero, en esa segunda piel, puedo irme a comer tras haber escrito un millar de palabras, tal vez 2000, y disfrutar con ello. Es increíble descubrir cómo otro tipo puede vivir tu vida y usar tus manos y deleitarse con eso. Escribir es un trabajo peculiar... Escribir es como respirar. Lo hago por necesidad. Por mi propia boca, y ahora también por la de Black".

Para Banville, que también ha escrito piezas de teatro, su oficio tiene mucho de samurai: "Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura".

FUENTES

http://www.espaimariolanos.cat/pecado-de-benjamin-black/
https://es.wikipedia.org/wiki/John_Banville
https://es.wikipedia.org/wiki/Premio_RBA_de_Novela_Policiaca

martes, 1 de mayo de 2018

Los restos del día, Kazuo Ishiguro


“La infancia es una utopía para niños afortunados.” 
Kazuo Ishiguro

Estimados lectores del Club de la Buena Estrella.

Hemos llegado al mes dedicado al máximo galardón otorgado a un escritor de literatura. Se trata del Premio Nobel 2017, entregado este año al escritor británico de origen japonés Kazuo Ishiguro. Como ustedes saben, este es un premio que se da a toda la obra literaria del autor elegido, por lo que en el club tuvimos que someter todas sus novelas a votación. El libro mejor votado fue "Los restos del día", publicado en 1992 por la editorial Anagrama. 

PREMIO NOBEL

El Premio Nobel​ es un galardón internacional que se otorga anualmente para reconocer a personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones, descubrimientos o contribuciones notables a la humanidad en el año inmediatamente anterior o en el transcurso de sus actividades.

Los premios se instituyeron en 1895 como última voluntad de Alfred Nobel, industrial sueco,​ y comenzaron a entregarse en 1901 en las categorías de Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura y Paz.​

La Academia Sueca es la encargada de nombrar al ganador del Premio Nobel de Literatura, el cual es otorgado «a quien hubiera producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal», se anuncia el primer jueves de cada octubre y se entrega en una ceremonia celebrada cada 10 de diciembre en Estocolmo, Suecia.​

Cada persona o institución laureada recibe una medalla de oro, un diploma y una suma de dinero determinada por la Fundación Nobel. En 2013 ascendió a los 8 millones de coronas suecas,​ equivalente a unos 874 mil euros. El premio no puede otorgarse póstumamente, a menos que el ganador haya sido nombrado antes de su defunción.

SINOPSIS DEL LIBRO SELECCIONADO

Los restos del día

Inglaterra, julio de 1956. Stevens, el narrador, durante treinta años ha sido mayordomo de Darlington Hall. Lord Darlington murió hace tres años, y la propiedad pertenece ahora a un norteamericano. El mayordomo, por primera vez en su vida, hará un viaje. Su nuevo patrón regresará por unas semanas a su país, y le ha ofrecido al mayordomo su coche que fuera de Lord Darlington para que disfrute de unas vacaciones. Y Stevens, en el antiguo, lento y señorial auto de sus patrones, cruzará durante días Inglaterra rumbo a Weymouth, donde vive la señora Benn, antigua ama de llaves de Darlington Hall. Y jornada a jornada, Ishiguro desplegará ante el lector una novela perfecta de luces y claroscuros, de máscaras que apenas se deslizan para desvelar una realidad mucho más amarga que los amables paisajes que el mayordomo deja atrás. 

FICHA DEL LIBRO

Mes: Abril de 2018
Viñeta: Premio Nobel 2017
Autor: Kazuo Ishiguro
Nacionalidad: Británico de origen japonés
Año de publicación: 1992
Editorial: Anagrama
Idioma original: Inglés
Traductor: Ángel Luis Hernández
ISBN: 978-84-339-1120-9
Número de páginas: 252


DIVISIÓN DE LECTURAS

Jueves 10 de mayo de 2018
Jueves 17 de mayo de 2018
Jueves 24 de mayo de 2018
Jueves 31 de mayo de 2018
Biografía del autor
(se enviará por correo)
Prólogo y Primer día por la noche

Página 34 del PDF
Segundo día por la mañana y Segundo día por la tarde



Página 97 del PDF
Tercer día por la mañana y Tercer día por la tarde



Página 155 del PDF
Cuarto día por la tarde y Sexto día por la tarde



Página 189 del PDF
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EL AUTOR

Kazuo Ishiguro nació en Nagasaki, Japón en 1954, pero con apenas seis años su familia se trasladó a Londres (Inglaterra) en 1960,  luego de que su padre recibiera una oferta de trabajo como oceanógrafo en Surrey, por lo que no volvió a visitar su país natal hasta ser adulto. En Inglaterra  terminó fijando su residencia y adquirió su nacionalidad. Desde los 5 a los 12 años estudió piano;​ en 1978 se graduó en Inglés y Filosofía por la Universidad de Kent y en 1978 obtuvo el máster de Escritura Creativa por la Universidad de East Anglia. Comenzó a hacer guiones para series de televisión y pequeños relatos. Después vinieron sus novelas, que se caracterizan por una psicología de angustia y recuerdo del pasado, con escasos personajes y un hilo argumental débil, muy al modo oriental. El Japón de la posguerra, el nazismo y los periodos anteriores a la II Guerra Mundial son los temas más tratados en sus obras.

Está considerado uno de los mejores escritores contemporáneos. En 1995 fue nombrado Oficial de la Orden del Imperio Británico, y, en 1998, Caballero de las Artes y las Letras por el gobierno francés. Su obra ha sido traducida a más de cuarenta idiomas. Es autor de siete novelas –Páli­da luz en las colinas (Premio Winifred Holtby), Un artista del mundo flotante (Premio Whitbread), Los restos del día (Premio Booker), Los inconsolables (Premio Cheltenham), Cuando fuimos huérfanos, Nunca me abandones (Premio Novela Europea Casi­no de Santiago) y El gigante enterrado– y un libro de relatos –Nocturnos–, obras extraordinarias que Ana­grama ha publicado en castellano. En 2017 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura y su obra ha sido traducida a 28 idiomas.

Ishiguro, se adentró al mundo de la Literatura a los nueve o diez años, leyendo las historias de Sherlock Holmes en su biblioteca local. Era tal su fascinación por Watson y Holmes que incluso comenzó a adoptar su comportamiento en el colegio, hecho que conllevó a que sus compañeros y otras personas creyeran que esto se debía a que era japonés. Así, encantado por ese misterioso mundo construido por Sir Arthur Conan Doyle, comenzó a sentir un profundo interés por la literatura, ya que asegura que se trataba de un espacio muy cómodo y acogedor.

Cuando era un adolescente aprendió a tocar el piano y la guitarra, se declara amante de la música y además fue hippie. Participó en la competencia de músicos para componer la canción más triste del mundo en 2003. Para entonces firmó el guion de The Saddest Music in the World ambientada en los años 30, bajo la dirección de Guy Maddin con Isabella Rossellini y María de Medeiros.

Ha compuesto canciones para el cantante de jazz Stacey Kent. Le gusta la música de Bob Dylan, Leonard Cohen y Joni Mitchell.

Su tesis universitaria de 1982 se convirtió en su primera novela, se trató de “Pálida luz en las colinas”. Con ella ganó el premio Winifred Holtby Memorial. Además de estudiar literatura inglesa y filosofía en la Universidad de Kent, cursó un posgrado de escritura creativa en la Universidad de East Anglia.

Pertenece al grupo de escritores que renovaron la narrativa británica en los años 80 con Martin Amis, Ian McEwan Hanif Kureishi, Salman Rushdie o Julian Barnes.

FUENTES:

Editorial Anagrama | http://www.anagrama-ed.es
Actualidad literatura | https://www.actualidadliteratura.com
Wikipedia | www.wikipedia.com
La casa del libro | https://www.casadellibro.com
www.elsalvador.com
www.historia-biografia.com