Creando el hábito de la lectura desde 2006

domingo, 15 de abril de 2018

Las altas montañas de Portugal, Yann Martel.



"¿Existe recompensa mayor que la vida?" - Yann Martel.


Un cordial saludo a todos, estimados amigos. Llegamos a la mitad del mes de abril, (valga hacer extensiva la disculpa por el retraso en esta entrada), y hemos dado ya por iniciada la lectura del libro correspondiente a este mes: Las altas montañas de Portugal del autor canadiense Yann Martel. 

Si el mes recién pasado lo dedicábamos a un clásico que ha ganado ese mote superando la prueba del tiempo, esta vez saltamos al otro extremo del espectro y le damos la oportunidad a una Novedad Literaria como se llama la respectiva viñeta.

Las altas montañas de Portugal fue publicado por primera vez en inglés el 2 de febrero de 2016 precedido de una gran anticipación por tratarse de la primera publicación del autor en cuatro años, como también la primera después de haber cobrado gran notoriedad con la adaptación cinematográfica de su libro La vida de Pi en 2012.


SINOPSIS

En Lisboa, en 1904, un joven llamado Tomás descubre una vieja revista. En ella se alude a la existencia de un objeto extraordinario que, si lo encontrara, podría redefinir la historia. Viaja en uno de los primeros automóviles de Europa en busca de ese extraño tesoro. Treinta y cinco años más tarde, una investigadora portuguesa dedicada a las novelas de Agatha Christie se encuentra inmersa en el centro de un misterio que la lleva a las pesquisas de Tomás. Cincuenta años después, un senador canadiense se refugia en su pueblo ancestral en el norte de Portugal, en duelo por la pérdida de su amada esposa. Sin embargo, llega con un compañero inusual: un chimpancé. Allí vuelve a aparecer el caso de Tomás, con unas conclusiones inesperadas.


FICHA DEL LIBRO

Mes: Abril.

Viñeta: Novedad literaria.

Libro: Las Altas Montañas de Portugal.

Autor: Yann Martel.

Nacionalidad: Canadiense.

Año: 2016.

Total de páginas: 336.

Editorial: Malpaso.

Idioma original: Inglés.

Traductora: Julia Osuna.

Género: Narrativa contemporánea.

ISBN: 9788416665297


DIVISIÓN DE LAS LECTURAS


Jueves, 12 de abril de 2018
Jueves, 19 de abril de 2018
Jueves, 26 de abril de 2018
Biografía del autor.
Final de la primera parte.
“Sin Casa”
Final de la segunda parte.

“A Casa”
Final del libro.
Final de la tercera parte.
“En Casa”
Página 115 del PDF
Página 188 del PDF.
Página 290 del PDF.
39%
65%
100%



SOBRE EL AUTOR

Yann Martel es un escritor canadiense que nació en Salamanca (España) en 1963 debido al trabajo de su padre, diplomático del Gobierno de Canadá en aquella fecha. Por esta razón, creció entre varios países como Costa Rica, Francia o México, hasta establecerse finalmente en Canadá.
Estudió Filosofía en la Universidad Trent de Peterborough (Ontario) y allí es donde comenzó a escribir. Sus primeros pininos los hizo con relatos cortos y obras de teatro, algunos de ellos publicados entre finales de los 80 y principios de los 90. Ha trabajado como profesor de Literatura comparada en la Universidad Libre de Berlín.
Sus primeros libros vieron la luz en 1993, Seven Stories y La historia de la familia Roccamatio de Helsinki, aunque la fama mundial le llegaría con La vida de Pi. El libro se hizo con varios reconocimientos como el Premio Boeke (2003), el Booker de ficción (2002) o el Premio Commonwealth para ficción (2002). Además, su adaptación al cine por el director Ang Lee se hizo con cuatro estatuillas en los Premios de la Academia de las Artes Cinematográficas en 2012.

FUENTES

http://www.lecturalia.com/autor/686/yann-martel

http://quelibroleo.com/las-altas-montanas-de-portugal


Las altas montañas de Portugal es una recomendación de Marlon Hernández.

sábado, 14 de abril de 2018

Antología CBE: Las Aventuras de Billy Dólar (Fragmento)




¿Quién es más libre, el viento o el dinero? Vaya cosa, unas horas en el fango me están poniendo existencial. Y es que de manera fortuita y repentina me he visto librado de toda bolsa, cartera o billetera; atrás quedaron el sudor y el terrible olor del zapato de aquel torpe adolescente, o la incomodidad de estar hecho un rollito en medio de las tetas de la sexagenaria desconfiada ¡y qué decir del indigno y oscuro escondite al que una vez fui sometido, el más perturbador y vergonzoso de todos aquellos en los que estuve!
La verdad es que ha sido un alivio que la súbita ventisca me arrancara de las manos del pobre borracho que ni siquiera sabía qué hacer conmigo. Parecía no reconocerme. Intentaba estabilizar su postura y abría bien los ojos mientras me extendía. Y me miraba y me miraba como tratando de identificar mi denominación. Ojo, que me he referido a mi denominación, porque mi valor es un asunto aparte. No pocas veces me han usado para adquirir cosas sobrevaloradas, verdadero humo, pero también en otras tantas he servido para pagar por auténticos invaluables. Y en ambos casos me he sentido como una unidad de medida variable y desigual, injusta y terriblemente cruel.
Lo cierto es que no decido yo. Incluso ahora que estoy adherido al suelo fangoso donde la ventisca me dejó, no sé bien si soy verdaderamente libre. Está claro que en este preciso momento no estoy subyugado a las manos ni a la voluntad de nadie y, por consecuencia, tampoco me rige la absurdidad del enorme, complejo y vertiginoso sistema de consumo que esclaviza a todos. Mi prisión actual, en cambio, es apenas barro. Y me pregunto cuánto valgo en este momento en que estoy fuera del control de aquellos que reconocen en mí un valor nominal, al tiempo que me confieren otros valores antojadizos. El caso es que aquí, olvidado en el lodo, no valgo nada. Y la nada es libre. El concepto de “algo” como contraparte de “nada” es la primera forma de valoración, la más primitiva. Y la asignación de valor inevitablemente implica atadura. Basta con repasar las cosas que valen algo en nuestras vidas para constatar que estamos poderosamente atados a ellas. Ser libre me sabe a nada. Quizá en el fondo, como todos,  tan solo deseo encontrarme ataduras felices.
En cuanto al viento, ¿qué sé yo? Apenas entiendo que una corriente ha sido mi vehículo de escape. Ya antes me han usado para comprar viento. Y si el viento vale algo para alguien, quizá éste no sea tan libre después de todo. Lo atrapan los que usan la energía eólica, lo dirigen los acalorados urgidos de refresco, lo musicalizan los encantadores de ratones y lo endiosan los poetas melancólicos. “Todas las hojas son del viento”, canta un flaco desde el sur. “Viento, amárranos”, responde otro flaco desde el norte. Parece que el viento tiene muchas ataduras.
¡Ah, las ataduras! Recuerdo que una vez, en la cartera de un cambista en la frontera de Las Chinamas, le conté a un Euro acerca del día que fui al estadio Cuscatlán. Entré de cambio en la bolsa de la camisa azul de un aficionado que me hizo vibrar cuando cantó emocionado su himno nacional. Desde aquella bolsa sentí su corazón hinchado de orgullo, la pasión con que vivía cada jugada, su júbilo desmedido cuando su selección anotó un gol, su creciente angustia cuando el equipo contrario se les vino encima y la enorme decepción que lo aplastó cuando el rival terminó ganando el partido.
Entonces Puente, que así se apellidaba el Euro, y que aun teniendo un valor de cambio parecido al mío nunca me trató como a su igual, me contó que estuvo ahí cuando el portero de la selección de El Salvador aceptó dinero a cambio de perder un partido con un marcador decidido en ese arreglo. Poco después de presenciar ese pacto de Judas, Euro Puente fue a parar a un casino en Santa Ana, adonde lo llevó otro seleccionado salvadoreño que recibió tajada en la misma operación amañada.
Eso ocurrió el mismo año en que yo me enamoré perdidamente de Isabel, una libra esterlina de Jersey que desprendía mucha clase y gran refinamiento, y que encima me hacía padecer con su hermoso gesto despectivo y un acento tan sexy que yo prácticamente imploraba sus desplantes. ¡Estaba hasta crujiente de tan nueva! En vano intenté irme pegadito a ella cuando el cambista la sacó de su billetera y la vendió a un coleccionista con barba y bigotes recortados a la antigua, quien con dificultad intentaba ocultar su entusiasmo imponiéndose un gesto adusto y aires de importante. Estaba visto que nuestros destinos, el de Isabel y el mío, serían muy distintos. Ella iría a parar a un elegante muestrario donde solo unas pocas personas, todas muy elegantes y valorativas, la verían y admirarían sin jamás tocarla ni deteriorarla. Yo, que para entonces ya tenía algunas arrugas, circularía muchísimo más y daría tantas vueltas como un trompo antes de terminar en este barrial.
¡Pero perdónenme, por favor! ¡Qué modales los míos! Permítanme presentarme: Mi nombre es Alexander Hamilton Dollar, conocido por muchos como “Ten Bucks”. Yo, sin embargo, prefiero que me llamen por mi apodo favorito, Billy Dólar.
Nací en Fort Worth, Texas, en la Oficina de Grabado e Impresión del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos de Norteamérica, en Agosto de 2009. Casi de inmediato, fui enviado a El Salvador, un pequeño país centroamericano con una maltrecha economía dolarizada desde  2001. De tal suerte que hablo español y eso me gusta. De hecho, en mi propia versión del diminutivo agringado, me gusta pensar que “Billy” viene de la palabra castellana “billete”.
Como imaginarán, no siempre fui un desgastado papel moneda varado en el lodo. He circulado mucho y he pasado por todo tipo de manos, ni buenas ni malas, tan solo humanas. Me he visto en manos maravillosas e inesperadamente desprendidas, y también he estado en otras tanto más sucias que mi fango de hoy; esta paradójica superficie, tan pegajosa como libre, desde la cual hoy les ofrezco mi historia.
(...)

Henry
Andino

viernes, 6 de abril de 2018

Antología CBE: Monstruo








Antes de las maldiciones de un tiempo olvidado, de las abominaciones del principio de una historia y de los diabolismos que envuelven al progreso, es el corazón, localizado entre el lenguaje, la mirada y un vacío; el primer gran tratado de teratología de la humanidad. Wendy es una Gorgona contemporánea, y nos advierte que antes de pretender conocernos -gnōthi seauton- es imperante dudar y cuidar de uno mismo -epimeleia heautou-; porque los monstruos acechan.

- a.e
___________


¿Qué se sentirá estar muerto por dentro?
¿odiarte tanto que empezás a odiar a todos a tu alrededor?
he ahí el monstruo, ese que conozco de toda la vida, 
el que siempre gritó y amenazó porque tenía todo el poder, 
el que podría contestar esas y otras preguntas,
ese monstruo que está muerto en vida y que se ha sabido así siempre.

Ese que intentó disimular por tanto tiempo pero ya no puede.
Ese monstruo que mata todo a su alrededor, porque es lo único que sabe hacer.
La destrucción es su naturaleza, no se le puede pedir más.
Alguna vez lo creí vivo, y abogué por él, 
le creí y hasta lo quise,
pero el tiempo me fue mostrando lo equivocada que estaba.

¿Cómo puede cualquiera creerle? cuando en su cara se ve la muerte.
Y ahí está, 
más muerto que nunca,
frente a mi, mostrándose por primera vez tal cual es, 
dejando ver la oscuridad de su rostro,
el odio en su mirada,
el veneno en su voz,
la ira en sus movimientos.

Y ahora que lo veo, 
no entiendo como nunca lo vi.


Wendy

Alas 

viernes, 23 de marzo de 2018

Antología CBE: Conversación íntima









Por mucho tiempo fue el espíritu el regente de toda palabra y el depositario del saber. Pero con el paso del tiempo hemos logrado entender que las manos hablan, los pies gritan, el torso canta y el corazón esconde secretos en los silencios entre cada latido. Karla nos prohibe olvidar que son los órganos los que nos otorgan vida.
-a.e
____________

He decidido hablar contigo nuevamente Corazón.

Quiero mirarte a los ojos mientras contestas mis preguntas, deseo que digas toda la verdad, que me hagas tu confidente como tú lo has sido para mí.

Dime porqué callas, porqué ya no siento tu cadencia guiando mis dedos al escribir. Quiero saber lo que ha callado tu canción, esa que me dejabas escuchar para arrullarme, para hacerme estremecer de amor o para dejar que las lágrimas liberadoras surcaran mis mejillas...

¿Qué ha sucedido con tu voz? ¿por qué ya no logro escucharla? ¿acaso he perdido ese lazo contigo? ¿será que te he traicionado?

No comprendo tu silencio, no logro descifrarlo, no veo la razón subyacente, se me esconde, se me pierde en la neblina de la soledad.

Y ante este cuestionamiento no me dejas ver tu rostro, miras hacia otra parte mientras tus labios permanecen sellados y no pronuncian palabra alguna, me dejas en este silencio que me envuelve, que me abraza, que me traspasa y que me hiere.


¡Corazón, por favor, vuélveme a hablar, vuélveme a cantar, vuelve a hacerme soñar! ¡no me dejes sin tu voz, sin tu compañía, sin tu guía y tu sabiduría!



Karla

Rodríguez 

viernes, 16 de marzo de 2018

Antología CBE: Los pinceles yacen olvidados…






No solo es que Loida dejó al descubierto que encima de una mirada se posa otra en el momento que la primera queda al descubierto: "Ver, ser visto y dejarse ver". Los aforismos del deseo. En 'Los pinceles' no solo hay deseo, no solo se figuran siluetas sobre espacios vacíos, sino que hacen de la silueta una matriz de cuerpos y vida. 
-a.e
_________


Los pinceles yacen olvidados
La tela está en blanco
La paleta llenita de colores
Una ventana deja entrar luz, agua y viento.

Poso desnuda y espero a que mengüe tu paso
No dejas de dar vueltas y yo arreglo mi cabello una vez más…
Sonrío
Y observo en silencio tus miradas furtivas que van
De la ventana a mi
De mi a la tela
De la tela a no se que lugar distante en tu mirada

Crees que ya no quiero posar pero me divierto
Caminas de extremo a extremo en la habitación
Callas

Por fin coges un pincel
Y en vez de tocar la pintura
Dibujas desde lejos mi silueta que ya no está tensa
Sino expectante

Me río de nuevo
y me haces un gesto para que calle y no me mueva
Te vuelves
Después de un rato coges otro pincel
Yo vuelvo a arreglar mi cabello
Y hablas por fin
Me pides que vuelva mañana.


 Loida 

 Pineda



viernes, 9 de marzo de 2018

Antología CBE: Rosas amarillas







La violencia no es un campo restringido para la agresión, no es exclusiva del tosco gesto de un puño cerrado. La violencia es irrumpir el orden de las cosas. Es cuestionar el lugar de la estabilidad y atentar contra el sosiego. El amor es violencia. Con Katya, hasta los pétalos de rosas pueden herir.
a.e-
___________ 
Decían que era muy exigente. ¿Yo exigente? si lo único que pedía era que el tipo no me invitara a tomar cerveza, mis cervezas me las podía pagar yo cuando estaba con mis amigas. Lo que quería era que me invitara a cenar solos, sin tanta gente a nuestro alrededor, sin tanto ruido, para que nos viéramos de verdad y nos escucháramos, que abriera mi silla y mi puerta y, de paso, si podía, abrir mi corazón. Que entendiera mi pasión por la lectura, aunque no la compartiera, que entendiera esa parte de mí que cuando íbamos en su carro y decía que me gustaba una canción y le subía volumen era porque necesitaba oír la canción sin que me interrumpieran, no porque no me interesara lo que me decía, sino porque estaba apreciando el arte de alguien más, que era mi versión de él viendo su fútbol, que entendiera que a veces (no siempre) iba a despertarlo por las noches porque necesitaba compartir algún pensamiento. Y no es que no me gustaran los zapatos caros que me había regalado, porque eran lindos, de verdad que lo eran, solo que no eran quien yo era, yo era feliz con tan poco. ¡Cuántas veces dio mil vueltas averiguando qué regalarme, cuando cada vez que pasábamos por una librería yo repetía cuánto necesitaba tener este o aquel libro! ¡ni qué hablar de las flores que me traía! ¡eran preciosas! pero ¿alguna vez supo siquiera cuáles eran mis flores favoritas? no eran las más caras, las rosas amarillas, ni las más hermosas, pero lo eran para mí, porque eran sencillas, delicadas y alegres. ¿Alguna vez quiso leer algo que yo escribí? ¿supo siquiera que era ahí donde yo verdaderamente estaba, no en mi pelo que tanto le gustaba, ni en mi cuerpo, ni en todas esas pláticas falsas que alguna vez sostuvimos? ¿supo alguna vez que tan solo tenía que leer lo que yo escribía para conocerme? ¿supo alguna vez que no tenía que decirme gran cosa, a lo mucho regalarme un libro de poemas de Benedetti y subrayar algún verso y que entonces hubiera tenido mi corazón por siempre?


                                                                                                                                      Katya 
                                                                    Álvarez

jueves, 8 de marzo de 2018

Exp(l)i(c)ación: Una entrevista a Briony Tallis / Segunda Parte

A manera de continuación 
(...)


A: ¿Estabas enamorada de Robbie?

B: ¡Por todos los cielos! ¡Sí! Pero antes de que mantengas esa sonrisa de chimpancé necesito que entiendas en qué sentido es que estoy confesando que estaba enamorada de él. En Robbie había algo que había transgredido el orden de lo familiar. ¿No has notado la ausencia de hombres dentro de la historia, y de aparecer presencia es desestabilizadora? Mi padre era un espectro, León un recuerdo. Robbie al ser el predilecto de mi padre, el amigo de León, usurpó sus espacios, pobló sus ausencias. A la larga, el calor familiar fue lo que hizo de él un objeto de deseo y amor. Espero que el uso de la palabra ‘objeto’ no te genere complicaciones. Soy inglesa, pero no puedo evitar la impertinencia del francés. Como decía, Robbie no es cualquier hombre. Al ser incluido dentro de la dinámica familiar, esta aportó lo suficiente para hacerlo pasar como uno de los nuestros. Pero a pesar de eso, de la cotidianidad y de su participación en la lógica familiar él nunca dejó de ser un extraño; y precisamente eso es lo que le constituye ese algo que invitaba al acto incestuoso. Cee tardó mucho tiempo para llegar a esa conclusión, yo lo supe antes. Cuando le dije a Robbie que le quería, deje al descubierto ese apetito incestuoso. Era una niña, y aunque no era mi intención un acto de sexos, si quería que él me consumiera; quería que en ese agujero negro que irrumpía el centro de su ojo fuera llenado con mi rostro, quería quedar capturada en él. Tu sabes de lo que te estoy hablando. Tu sabes que se siente encontrar tu imagen reflejada en la niña de los ojos de otra persona, que en aquel vacío no hay más espacio que para uno y nada más. No me mires así, no deseo fastidiarte con esto. Solo lo mencionó porque se te nota en la... 

A: Podríamos continuar, por favor. 



B: Robbie era demasiado gentil, incluso me veo obligada a señalar en él una fiera condición de noble espiritual, un Caballero cristiano. En esa memoria donde simule mi perdida y rescate, se estableció nuestra posición del uno para el otro. Una medida de perfecta de distancia y cercanía. Robbie cercó con prudencia, obligación familiar y social los límites de mi deseo; algo que Paul no pudo hacer. En el caso de mi hermana, las cosas fueron muy distintas. El accidente con el jarrón fue su propio Edén, la ‘caída’. Ambos estaban sumergidos en la ignorancia incomoda que provocaba su interacción, sabían que había un algo que excedía la condición familiar, pero no podían alcanzarlo o entenderlo, no había forma de que ese exceso tuviera una relación con el deseo hasta el momento en que el jarrón se rompió. Después de eso jamás podrían volver al estado original de inocencia. En la fuente comieron de la manzana, y con su ingesta el objeto oscuro que era Robbie para Cee, eso que que era él y más que él mismo, emergió en forma de deseo. La posición de sangre que Robbie había asumido al cubrir los huecos dejados por mi padre y mi hermano, había sido rota cuando su hermana, mi hermana, nuestra hermana, expuso el misterio de su cuerpo. Lo que antes era sin razón, locura en Cecilia, se convirtió en la cosa más razonable, evidente e inevitable. 

A: A eso es lo que te referías anteriormente... con lo que provoca la cercanía con los otros... Robbie quería apoderarse de ella... su total inutilidad venía de que el rol como familiar que se le había asignado a Robbie era incapaz de domesticar la monstruosidad que provocó la desnudez de Cecilia... así fue como el deseo se convirtió en el camino más coherente para responder a esa intensidad... y es ahí donde interviene la…

B: …Carta.  A: La carta. ¿Porqué la leíste, Briony?

B: ¿Estás seguro que deseas abordar este tema habiendo otras cosas que discutir?

A: ¿Porqué Adán no pudo decirle que no a Eva? No bromeo. Quiero saberlo. ¿Porqué leíste la carta?  

B: Esta bien. Procurare ser lo más clara. Hay dificultades en el hecho de generar juicios fuera del tiempo, ¿Cómo enjuiciar al pasado por el pasado mismo? No considero nada provechoso querer explicar lo que sucedió en un tiempo que ahora es confuso, tiempo que visto desde ahora parece haber corrido sus lineas y contornos. Lo que un día fue una roca, ahora es una gota de lluvia que se pierde sobre el océano. No puedo decirte nada de ese tiempo que sea real, solo puedo decirte lo que ese tiempo es ahora para este tiempo. Todo lo que sucedió ese día solo tiene sentido ahora después de años. Es desde aquí, lugar donde al lanzar las palabras adecuadas, hacemos de la ensoñación un hecho. Dios es un escritor. Alquimista de símbolos y herrero de lenguajes. No es que con 'Expiación' he logrado hacer que mis impertinencias, caprichos y descuidos posean sentido, es que esas impertinencias, caprichos y descuidos fueron desde siempre el sentido del libro que estaba ya oculto en el tiempo que solo el tiempo podía desenvolver. Y a su vez, en este futuro, encontramos la única manera de justificarlo al fabricar su propio pasado, todo con la intervención del arte en el enigma real de las cosas. Como Dios, hice que la representación sea más real que lo real."Y el verbo, se hizo carne" dice el arcano.

A: No me veas con esa cara, te entendí. Continua.

B: Con el libro he creado un mundo, y si en dicho mundo hay salvación y prevalece la esperanza, es por consecuencia de que la redención introdujo el pecado que ella misma tenía que expiar. No hay linealidad en esto, es un circulo perfecto, un Sol que alumbra sobre justos y pecadores. Es el rostro de Dios que nos sonríe al hacernos ver que el infinito es la trampa de una eternidad escondida detrás de un beso, en la espera o en la mirada. La eternidad es la tonta mueca que nos provoca el sonido de la voz del amado que escuchamos en nuestros más profundos silencios. Son esos instantes de tiempo, los frutos que añora la eternidad. Mis pecados fueron expiados con el libro, porque el libro era mi pecado. Todo esto mi querido muchacho, tu, yo, Robbie, Cecilia, y el que esta leyendo esto: es el eterno retorno de lo siempre distinto. ¿Sientes la vibración que se apodera de tu habitación, y ves como la luz incandescente va llenando la habitación?¿Ya notaste el sudor que corre por tu mejilla? Es el fuego del juicio final. Es la lava del volcán. Ese eres tu Alex que acaba de apretar otra vez el botón. Si ahora destruyes lo que has creado no es porque hayas comprendido la mística de la destrucción en el volcán de juguete, es porque en el volcán esta anudado el misterio de que para crear siempre tienes que destruir. Los ciclos entre un mundo que viene y uno que va, es tu expiación.

A: Briony...

B: ¡Abrázame, que el fin nos ha venido!


A manera de Drama

Si quitó los anteojos, creyendo que con aquel movimiento las cosas podrían tornarse distintas. Alex no encontraba la manera de convencerse de que Exp(l)i(c)ación: Una entrevista a Briony Tallis / Segunda Parte fuese lo suficientemente equilibrada en lo que respectaba a filosofía y literatura, y se lamentaba, con un insistente mordisqueo en el labio superior, de su futilidad para superar las mismas obsesiones teóricas que lo acongojaban y lo mantenían en el mismo letargo de melancolías de un artista fracasado. Sabía que le quedaba poco tiempo para publicar el adefesio que en algún momento llegó imaginar que era texto digno de simpatía y alegría, pero al plantearse la tarea de visualizar sus letras en la carne de una fantasía, le resultó patético verse a el mismo sentado sobre su cama hablando con la espectralidad de un espectro; y se cuestionaba, justo cuando regresaba a la manías de infancia, las mismas que le dejaban pequeños cabellos en la mano, sobre el nivel de locura y desajuste que puede haber en la cabeza de alguien que se da a la tarea de imaginar las imaginaciones de una imaginación. 

La puerta del cubículo que alguna vez Alex llamó oficina sonó de forma estridente. Del umbral emergió una silueta. Una sonrisa cándida, dos ojos inquietos y suspicaces se posaron sobre él. Alex devolvió un triste movimiento de cabeza hacía Manuel; el mismo al que muchos llamaban Doctor o Doctor Valencia. 

- ¿Vas a ir ahora? - dijo Manuel con curiosidad infantil, mientras le extendía el brazo mostrando su puño cerrado con el índice y el meñique extendidos. 

- No creo. Tengo algo que hacer - dijo Alex devolviendo el mismo gesto en el contacto con el puño del Doctor.

- Te he llevado al Club para que fueras responsable. Me estas haciendo quedar mal. Ya no se puede confiar en la gente - dijo Manuel alzando la voz - Se han perdido los valores - musitó junto otras palabras que a penas se pudieron distinguir. 

Alex solo sonrió al ver como la blancura de la gabacha se perdía en la oscuridad del pasillo, y después de que desaparecieron las barrocas risas del Doctor, encontró el valor que necesitaba para apretar el botón del computador.

Tenía que destruir aquello para empezar de nuevo; como si fuese una resurrección, como el Cristiano que era pero que negaba ser. 



San Salvador, 2018.


A manera de Final

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