Creando el hábito de la lectura desde 2006

domingo, 4 de febrero de 2018

Una historia de Ángela Pinto, 12

MUJER

Capítulo 12


Por Lana Ruz

Gracias a mi madre


En 1981 nos trasferimos a mi nuevo país, en 1990 fue operado mi marido de emergencia, en 1992 mis padres me enviaron una buena suma de dinero para apoyarme, algo que creó muchas dudas y envidia parece. En 1995 casi cierran la fábrica siderúrgica, en 1998 mi madre me pidió que fuera con mi segunda hija a visitarlos, ya que habían conocido a mi hija mayor, a mi tercer hijo (con él nos fuimos de emergencia a Milano), y me prometieron darme algo más de dinero.

En noviembre 1998 abordamos el avión rumbo a Roma, allí tuvimos que tomar el tren para llegar a mi pueblo en el sur… un tren moderno, veloz… solo que yo andaba con lentes de contacto y ya no aguantaba más.

Casi cuarenta años antes, mi casa estaba cerca de la vía férrea de doble carril… ahora, estaba al sur, casi fuera del pueblo; todo estaba cambiado, la ciudad era mucho más grande, el bienestar se miraba por todos lados, las casas ya tenían calefacción, no usaban brasero de carbón como cuando yo era niña.

El calor de familia sigue aún después de años sin verse, pero ese no era mi sitio, mis padres habían  comprado un apartamento con varios cuartos esperando que alguno de los hijos se fuera a vivir con ellos… los tres hijos que estaban cerca ya tenían donde vivir, por cierto, ellos mismos se lo habían proporcionado, y yo tenía que vivir lejos, como siempre, como hice toda la vida.

Preocupada por no tener pensión, me fui caminando en pleno invierno hasta las oficinas del Instituto del Seguro Social para ver mi situación, ya que días después había que tomar el avión de regreso.

Un gran dolor de garganta me tenía preocupada y en la estación de Roma compré en la farmacia un antibiótico, Zithromax; una sola pastilla y me puse muy mal, pero no podíamos perder el vuelo, así que seguimos el viaje, mi hija y yo… en Miami perdimos el avión por esperar las maletas, me robaron la bolsita con el pasaporte y los boletos, y ¿yo? seguía enferma… a duras penas logré comunicarme con los míos en San Salvador, la Embajada salvadoreña envió la documentación necesaria  y el Consulado en Miami se me extendió un nuevo pasaporte… no podía entrar al país, donde vivía ya desde 1981 ¡sin pasaporte!, mi hija sí podía entrar… vaya leyes absurdas.

En fin, de regreso a casa hubiera querido “echar los pelillos al mar” y olvidar el pasado, pero ahí estaba con todos los rollos de falta de trabajo, con tres hijos que nos necesitaban todavía y la relación con mi “media naranja” empeorando día tras día… se volvió pura tuna, al nomás tocarlo liberaba espinas, como que yo fuera la responsable de todo y no él.

Viven “como gato y perro” se suele decir, y en realidad eso empezó a consumir mi salud, ya bastante deteriorada. Los medicamentos son un maravilloso remedio, pero todos tienen efectos secundarios…las grandes corporaciones de empresas farmacéuticas descubren nuevos productos e inundan los mercados, mientras la alimentación se vuelve menos orgánica, cuesta encontrar productos naturales, todo tiene azúcar, aditivos, preservantes, químicos, etc.

El estrés moderno puede matar, cierto, añada una mala alimentación, problemas económicos, de diálogo entre pareja ¿y? un perfecto cocktail de enfermedades.

Uno piensa que sus padres son eternos: me vine pensando que volvería a verlos, pero no fue así. Mi madre había tenido ya un infarto, solo pasaron seis años cuándo…

Soñé como en un rápido flash, que la vestían de novia… una semana después me hablaron que un segundo infarto le troncó la vida, no llegaría a tiempo ni siquiera para su funeral…

Decidieron cuidar a mi padre, turnándose mis hermanas y mi hermano… compré un boleto para ir a colaborar y hacer lo mío, para dentro de dos meses… solo pasó un mes y volví a soñar algo que me sorprendió y conté a mi hija a la mañana siguiente:

Mi madre trataba de encender un calderón, para hervir agua, a la izquierda estaba sentado mi padre y estaba hablando con un señor parado atrás de él… mi madre se fué como desvaneciendo y desapareció… mi padre se levantó y se vino a sentar  apoyándose al lavadero de cemento…

Una llamada, el teléfono, me hablaban a mí… mi padre había fallecido… pero ¿cómo? ¿qué pasó?. Mi hermana mayor me explicó que no encendía la caldera de gas, así que salió buscando quien la pudiera revisar y de paso se llevó un cuchillito para recoger chicoria silvestre, lo hacía seguido… al regreso quiso acortar el camino y quiso subir una cuesta, en pleno mediodía y con un sol infernal… no le resistió el corazón, a sus 91 años, eso era casi lógico, se apoyó a una pared de cemento y allí lo encontraron ya de noche y con la ayuda de los perros, ya que las hierbas altas lo habían tenido bien escondido por horas.

Así, en un mes, perdí a mi madre y a mi padre.

Ya tenía el boleto para agosto, así que tomé el avión, pasé por Madrid donde vivía mi hija mayor, y las dos fuimos a mi ciudad natal, a ver las tumbas, ponerles flores y darles un adiós para siempre.

Casi cuarenta años antes escribía:

Un jour je encontrerai el amour
……………………………………
Un jour, oui, mais cet jour c’est aujourdhui

Ahora escribía:

“Ve alma perdida,
Busca tu  ser
En la árida tierra
Que te vió nacer”

Había atravesado medio mundo y había perdido la esperanza de vivir sueños, que ya estaban cubiertos de olvido.

sábado, 3 de febrero de 2018

Una historia de Ángela Pinto, 11

MUJER

Capítulo 11


Por Lana Ruz

Gracias a mi madre


Las noticias que yo tenía de ese país eran desesperanzadoras… en una pequeña capilla, le habían disparado al obispo mientras oficiaba la Santa  Misa, ¡mientras levantaba la ostia!

¿Pero quién podría haber hecho algo así? ¿cómo? ¿por qué? eso era simplemente absurdo, horrible, inhumano. Nada hubiera podido justificar algo tan increíblemente absurdo.

Y ese era el país adonde me obligaban a ir a vivir… o se llevaban a mi pequeña, ya que por tener padre extranjero no era ni siquiera ciudadana del país que yo siempre había considerado mi casa…

La perspectiva me asustaba, decidimos ir a conocer antes de tomar esa decisión… bueno yo así lo creí, en efecto con vuelo charter volamos por Amsterdam, Aruba y finalmente a Guatemala, donde una hermana de mi marido, y donde vino su padre a conocernos, ya que solo pude encontrarme años antes con un tío.

En carro nos vinimos a San Salvador, fuimos a almorzar a casa de los otros dos tíos y aprecié mucho la amabilidad de ellos… así que al regreso a mi país, bajamos al sur a visitar por última vez a mis padres, vendimos y regalamos lo poco que teníamos, renuncié a mi trabajo y empezó otra nueva etapa de mi vida, frente a lo casi desconocido.

Tuvimos que ir a vivir con mi suegro. Mi esposo empezó a trabajar en la fábrica siderúrgica que ellos tenían y yo tuve que llevar a mi pequeña en un kínder y ocuparme de la casa, a aprender a cocinar, algo podía, pero cocinar todos los días significa tener un extenso menú de comida variada, nutritiva, completa de carne, verdura, fruta; y yo, que casi nunca iba al mercado, tuve que ir varias veces a la semana al supermercado más cercano, aunque teníamos una empleada doméstica, acostumbrada a hacer y dirigir todo lo de la casa.

Pocos días después, un gran estruendo nos asustó y en pleno día… una bomba había hecho saltar una casa a poca distancia…

Pusimos en un kínder a mi pequeña, que no tenía ni cuatro años, ni sabía una palabra de español. Mi esposo pasaba a traernos en carro, pero un día se estaba tardando y salimos a la calle yo y la niña… un joven se acercó me arrebató los Ray Ban y apuntándome con una pistola me exigía mi reloj…claro, nunca había visto una pistola y mi reloj era casi nuevo… "Por qué?" -le decía en mi idioma- sin darme cuenta del peligro que estaba enfrentando. Algunos padres vieron y oyeron pero nadie intervenía. Finalmente, como que al joven le pareció mejor dejar así las cosas, metió la pistola en una pequeña bolsa de pan y se dió a la fuga.

Meses después, varias llamadas telefónicas obligaban a un tío a dejar en un parque una maleta con tantos miles de colones. Por miedo así lo hicieron y a la siguiente vez mi marido se paró y con coraje respondió que eso no era posible y no se iba a hacer. "Sabemos dónde vives" –le respondieron- "te vamos a rociar las ventanas”.

Fue así que una enorme puerta de hierro se levantaba en la noche para protegernos, ya que la ventana daba justo a la calle. El toque de queda, la obligación de estar en casa a las cinco de la tarde, era impuesto sin posibilidad de transgresión y, sin embargo, las noticias de atentados, ataques y asesinatos; seguían asustando a todo el mundo.

Por lo demás, todo seguía casi igual, mi esposo se iba al trabajo, en la periferia de la ciudad y yo seguía limpiando y cocinando y cuidando a mi hija. Luego, quedé embarazada de mi segunda hija. Estaba tan ocupada en todo eso y como siempre con el dinero justo y necesario. No tenía carro, casi no salía y terminé por acoger a mi niñita con una sola camisita. Nadie me hizo un té para tener ropita, y fue así como me dí cuenta que era costumbre en esa sociedad. Al darme el alta en el hospital, me tuve que llevar a la niña envuelta en una frasada (que había usado con mi primera hija), en pleno medio día y con un sol radiante.

Aprendí a hacer un rico asado de carne al horno, de pollo y de conejo. Hice hasta ravioles, gnocchi, mi suegro estaba encantado… una vez, en Navidad, cuando todos nos reuníamos en los Planes de Renderos para la cena, a mí me tocó hacer treinta chiles asados, pasé dos horas asando y pelando los benditos chiles y mi suegro y su hermano se sirvieron más de la mitad solo ellos dos, jajajaja, dejando a los demás con las ganas.

En realidad, una vez se le quita la piel, solo se le pone sal, aceite de oliva y aceitunas verdes… son una verdadera delicia.

Ya con dos chiquillas, quise tener también un hijo varón y tuvimos suerte; mi tercer hijo fue un niño rubio rubio, chele chele, como se decía y yo corría atrás de uno y otro hijo para que no les faltara nada, limpiando y cocinando y además trabajando en la mañana en la fábrica, para tener algo más de dinero y para sentirme un poco más independiente como siempre había sido.

El ataque final del año 1989, con bombardeos en esa zona de mi casa, casi la destruyen del todo, años después, todavía se escarbaba para buscar cuerpos enterrados…

Pero lo peor fue que a mi esposo le dio una angina péctoris, o sea, un ataque al corazón, y el cardiólogo nos dijo que teníamos que irnos de emergencia a Milano, donde un emérito cirujano operaba con mucho éxito y remplazaba las válvulas dañadas del corazón con unas metálicas que duraban toda la vida.

Fue así como nos tocó viajar apresuradamente en un vuelo de muchas horas y con mucha angustia, por haber dejado a mis dos hijas con mi suegro y mi cuñada y llevando con nosotros al pequeño de apenas tres años y medio… otro viaje, a la inversa esta vez, pero siempre con el mismo dolor de tener que enfrentarme a algo desconocido y tal vez profundamente doloroso.

Mis padres vinieron al norte para apoyarme, mi hermana mayor se quedó conmigo y el pequeño, mientras yo iba al hospital en bus o a pie… el frío era constante, menos diez grados bajo cero, era difícil de aguantar, acostumbrados ya al clima caliente durante todo el año en El Salvador.

La intervención  de corazón abierto fue un éxito, la recuperación fue muy complicada, difícil, lenta…ya de vuelta en El Salvador el uso de un anticoagulante lo llevó varias veces de emergencia al hospital y las cosas se complicaron en la empresa, donde la lucha entre obreros y el patrón se hizo más furiosa, encarnizada y decidida.

La sombra de otra gran empresa siderúrgica estaba siempre presente, eso y el hecho de no tener apoyo financiero ni humano de la familia, que vivía de eso pero no sabía nada de bancos, deudas, préstamos, los miedos del banco de una posible quiebra, bancarrota o desastre financiero; terminaron por complicar las cosas y las huelgas aceleraron el proceso de desintegración de una fuente de trabajo para decenas y decenas de familias, incluyendo la nuestra, incluyendo la mía…

He tenido una vida bien tranquila y sin problemas. ¡Cómo me hubiera encantado poder decir algo así!

Me quedé sin trabajo y empecé a dar clases de mi lengua natal. Los hijos crecían, pero las tensiones en casa eran cosa de todos los días y los nervios minaron la relación ya difícil por ser de culturas diferentes, estratos sociales diferentes, propuestas de vida diferentes y proyectos de vida diferentes.

viernes, 2 de febrero de 2018

Una historia de Ángela Pinto, 10

MUJER

Capítulo 10


Por Lana Ruz

Gracias a mi madre


Quise siempre seguir estudiando y, en efecto, me inscribí en algunos cursos que daba la alcaldía, en contabilidad, en lengua extranjera… no podía ir todos los días, a veces me sentía cansada, además, sabía muy bien mi lengua natal, lo que necesitaba era estudiar inglés… no le gustó a los responsables  y no pude continuar, así que mejor me inscribí en la Universidad, en la Facultad de Filosofía.

Un año antes, ya consciente de que mi relación sentimental iba mal y no iba a durar, se me ocurrió  cambiar completamente el rumbo de mi vida… me iría al Vietnam, como enfermera voluntaria, así que fui al hospital a preguntar sobre cursos de enfermería y una enorme monja, vestida de blanco, me preguntó que quien iba a pagarlo… claro, no era gratis, no lo había pensado, así que nada… abandoné la idea, por eso me pareció más inteligente ponerme a estudiar, además había jurado no volver a dejar mi trabajo y a no cambiar ciudad por nada en el mundo.

Pensé que mi vida ya no me iba a dar más sobresaltos, pero “el destino” me tenía reservadas muchas más sorpresas de lo que podía  imaginar…

Al inscribirme en la Universidad, tenía la opción de ir a cenar al restorán universitario, podía comer cualquier cosa, pero me bastaba poco y así no tenía que comprar ni cocinar o irme a la cama con el estómago vacío.

Se acercaba el final de año 1975 y en diciembre, la mayoría de los estudiantes se iba a pasar las vacaciones de Navidad a sus casas, sus pueblos, sus familias… solo quedaban los estudiantes extranjeros.

Quedaba cerrado el restorán principal y había que ir a otros siempre dentro de la ciudad, pero no tan cerca de la Universidad, así que nos organizamos para ir juntos a almorzar y a cenar.

Una chica del grupo nos invitó a todos a ir al apartamento de montaña de sus padres, así que nos fuimos en tres carros a pasar la Noche Buena en pleno invierno a un pueblito en plena montaña, y nos despertó un increíble manto blanco de al menos veinte centímetros de nieve.

Fuimos a pie a la única tienda que había en la plaza a comprar alimentos, los dos mayores de edad, o sea yo y uno de ellos que años más tarde iba a ser mi esposo.

Había quien tocaba guitara, todos cantábamos canciones rancheras, las aprendí cantando y era lo único que sabía en español, ya que en la Universidad puse ese idioma en lugar del francés que conocía bien.

Los días pasaban entre trabajo, salidas, cine, reuniones, y canciones…

Ahora había que ver adonde ir de vacaciones en agosto: en el sur un año, en tienda de campaña, a la orilla del mar con pescado fresco, mejillones, que yo misma saqué de las rocas, y algo más, pude preparar una riquísima sopa de mariscos; todos quedaron encantados y mi fama de buena cocinera empezó con poco.

Al año siguiente, fuimos en Grecia, el Partenón era estupendo, la gente muy sencillamente amable, en tienda de campaña otra vez, pero en esta ocasión asustada por un buen atraso en mi periodo… y sí, estaba embarazada… de repente me sentí maravillosamente perdida, con algo de miedo, incertidumbre, inseguridad y la sensación de que iba a luchar aunque fuera con todo el mundo para esa criaturita.

Había tomado la decisión de no casarme, ya que con lo que ganaba podía mantenerme a mí y a mi futuro bebé, pero al final una pariente me convenció de que era importante tener madre y padre, por cualquier avenencia inesperada, así que empezamos a preparar los papeles y entre uno y otro pasaron varios meses y tuve que reducir las dos semanas obligadas por la alcaldía, de hacer publico el anuncio, a solo dos días, y en efecto, según mi ginecólogo el parto era previsto en pocas semanas.

Al comunicarlo a mis padres, decidieron venir para estar presentes en el evento y tuvieron que adaptarse a dormir en una sola cama, ya que adonde vivíamos era pequeño y además yo recibía mi sueldo pero mi marido seguía de estudiante.

Nació mi niña, la más linda de todos los recién nacidos del hospital… "si no te conociera, -me dijo una colega-, no podría creer que es tu hija” ¡vaya cumplido!…

Mi madre estaba muy contenta, pero cansada ya que tenían dos semanas durmiendo mal y prefirieron irse a casa de mi hermana que vivía en otra gran ciudad y tenía un pequeño hotel y restorán, con cuartos suficientes para que pudieran descansar bien.

Mi niña casi se ahoga en un regurgito, la camita no estaba cerca, yo estaba muy cansada y adormitada… fue un milagro que él se dio cuenta y entre susto y carrera se le ocurrió aspirar todo eso y la niña empezó a respirar bien. Mi madre volvió al día siguiente, pero mi hija se enfermó, tuvo un fuerte resfriado, dolor de oído, comía poco, se dormía y se despertaba con hambre y así pasamos de uno a  otro pediatra hasta que una linda pediatra joven me dijo que mi tiernita tenía ernia umbilical, me explicó como curarla y que ese cuarto era muy húmedo para una bebé… ¿qué podía hacer? casi me obligaron a dejar mi apartamento para ir a vivir con mi marido, como era de costumbre. Esta vez lo obligué a ponerme la cuna cerca.

En fin, pasó un mes entre miedo y visitas a la pediatra, vino mayo y convencí a mi marido a irnos a la casa de sus ancestros que un siglo atrás habían abandonado en el pueblo para emigrar a Centroamérica… una casa de tres pisos, cocina, baño, sala etc. suficiente para los tres, pues en realidad mi marido se iba por semanas, con mi carro, para poder terminar su tesis en geología y yo me quedé lavando pañales y cuidando de mi preciosa bebecita.

Mi madre, antes de volver a su casa, vino a visitarme allí… pensándolo bien, mi madre me visitaba adonde me iba… me regaló una lavadora años antes pensando que me iba a casar, no lo hice, es más,  la rompí… conoció adonde nació mi hija, la casa de pueblo casi abandonada pero en verano muy cómoda, vió adonde nos mudamos el siguiente invierno… o sea que sí seguía mis pasos de alguna manera, y los de mi otra hermana que había quedado en el norte también, mientras mi hermana mayor y mi hermano quedaban casi cerca de ella en el mismo pueblo en el sur.

Mi madre seguía trabajando y escondiendo dinero, acumuló suficiente para comprar otro apartamento que alquilaron a mi hermano y al vender los terrenos pudo comprar otro adonde ellos se quedaron viviendo.

La vida es una continua lucha, contra todo, contra todos o solo contra uno mismo… ¡cuántas veces se siente uno tan desconfortado, frustrado! ¿tanto para renunciar a este regalo maravilloso?

No sabía que iba a tener un ejemplo muy cercano: en un accidente de carro se le murió su madre y un hermano menor, otro quedó en coma y revivió por milagro, ¿pero él? se casó, enfermó y fue operado de un pulmón, empezó a tomar, pasaron los años y la falta de cariño, de apoyo o simplemente de ese motor que es la supervivencia, lo llevó a una profunda consternación, desolación hasta dejarse morir… sí, sus cenizas las esparcieron en el mar como quería ¿y? todo se acabó para él, claro, los demás siguieron como si nada hubiera pasado. Un hilo tenue, transparente, que nadie ve, nadie reconoce, une la vida y la muerte.

Me pregunto ¿cuántas veces has de luchar, superar esas profundas tristezas? y ¿quién no la ha sentido  alguna  vez en su vida…?

Lo que cualquier ser humano quiere es vivir feliz, tener una casa, un trabajo, una familia, hijos… eso es vivir… y cuando todo eso es un continuo tropezar, empiezan los sentimientos negativos contra sí o contra otros y eso no es nada bueno.

Yo tenía unas ganas enorme de salir adelante, ver crecer mi linda tierna, pero el día a día era difícil, lejos de mi trabajo, con el carro viejo que no arrancaba, con temperaturas bajo cero, y mi pequeña enferma por faringitis, laringitis, o sarampión  o varicela o…en fin.

Se me hacía difícil seguir trabajando, peor que no tenía ayuda de nadie y mi marido no tenía ni trabajo ni nada, solo había terminado de estudiar… así que al final quedó como única opción venirse a casa de su padre, a El Salvador, a pesar de saber que era un país en guerra civil…




jueves, 1 de febrero de 2018

Una historia de Ángela Pinto, 9



Amigos del Club de la Buena Estrella, avanzamos con el bellísimo relato de nuestra amiga Ángela Pinto. Espero que disfruten mucho su historia que va tal cual ella me la ha enviado, salvo pequeñísimos y casi imperceptibles cambios en la puntuación y correcciones menores hechas debido a que el español no es su lengua materna. 

*********************************************************************************

MUJER

Capítulo 9


Por Lana Ruz

Gracias a mi madre


Como en las películas, me encontré a las ocho de la mañana, sentada en el banquito de un parque, cerca de la dirección que días antes una voz de mujer me había dado… una mujer que yo creí la madre de unos niños en busca de niñera. Había tocado el timbre, nada, la puerta cerrada… en fin, una vecina me dijo que era sábado y eso estaba abierto de lunes a viernes.

Vaya, eso sí que no me lo esperaba, ¿y ahora qué? tenía algo de hambre, así que me encaminé en busca de un bar, no tenía mucho dinero y todavía necesitaba adonde dormir. Ví un cartel en un portón, entré y pagué para un cuarto, me acosté un rato ya que con ese continuo tran tran del tren no había  podido casi cerrar ojo…

El lunes me vestí y fuí caminando. Ahora sí la puerta estaba abierta. Subí unas gradas y entré hacia un pequeño corredor donde había una pequeña oficina. Me presenté y sí, se acordaba de mi nombre, así que no me fue difícil obtener el trabajo: tenía que cuidar a unos niños que iban a la playa de vacaciones, y naturalmente iba a ayudar, puesto que eran ocho niños pequeños que no eran hermanos sino que los padres no podían cuidarlos en esos dos meses y los dejaban en una guardería.

Al término de los dos meses, me pidieron que me quedara y la idea de cuidar niños tan pequeños me preocupó, no me sentía preparada, era mejor niños de edad escolar, y volví al lugar donde me buscarían otro trabajo y tuve suerte, esta vez fue en una montaña, para sustituir a una chica que se iba a casar.

En el convento, la monja Gertrudis decía que en el mundo de afuera había solo maldad… bueno, ¿y si probara algo de esa maldad? claro que trabajando como baby sitter era casi como estar en el convento… así que decidí cambiar de trabajo. Busqué un convento donde alquilaban camas para dormir. Pagando una módica suma, se podía dormir y desayunar. Eso hice y fue así como conocí a una chica con quién nos hicimos amigas, y la que al cabo de un tiempo me propuso alquilar juntas un cuarto en alguna zona de la ciudad que no fuera cara. Su asistente social le ofreció trabajo en un supermercado y fuimos las dos: a las seis de la mañana había que tomar el bus para empezar temprano y ya en la tarde regresábamos casi a las ocho. En fin, había que trabajar, para pagar el alquiler, para comer, vestirse…

Luego apliqué a un anuncio como maestra en una escuela. El teléfono que dí era de la portera que me dió el recado y yo no recordaba a quien corresponder, así que perdí la ocasión… pero igual me llamaron de la oficina de reparto de llamadas internacionales, donde había hecho un examen en francés, pero era un trabajo temporal, así que preferí quedarme como cajera en el supermercado. 

Después vino el invierno y yo no tenía ropa para el frío, así que le escribí a mi hermana para que le pidiera a mi madre el abrigo de piel que había dejado, y la respuesta fue: “¡se acuerda de tener una madre solo cuando la necesita!”

¡Creo que una ducha fría me hubiera hecho menos daño! Aguanté como pude y me compré lo que pude.

Seguía muy introvertida, no lograba hacer amistades ya que al rato nos cambiaban de sucursal y terminé por sentirme sola y traté de convencer a mi hermana menor de venir al Nord.

Un día, mi amiga me invitó a salir con dos muchachos que ella había conocido. Ella sabía lo que hacía ¿y yo? ingenua o tonta, no sé, en realidad no sabía nada de nada. Fuimos a una feria, donde había mucha gente y todo fue bien. La semana siguiente fuimos al cine, y días después uno de estos muchachos me dijo que íbamos a visitar a su tía. Me pareció algo raro, pero fue quizás ingenuidad o miedo. Él era  guardia especial, de los que tienen que ser altos, más de un metro ochenta. Cerró la puerta con llave… yo podía gritar, tirarle una silla… fue  ingenuidad, ya que no sabía nada de nada, fue miedo, no sé, en fin...

Mi amiga cambió de trabajo. Una vez más, con el apoyo de su asistente social, pudo alquilar un apartamentito y obtener la custodia de su hijita (era madre soltera). La ayudé en lo que pude, pero habíamos tenido problemas con la venida de mi hermana y dejamos de vernos. Mi hermana y yo quedamos en el viejo edificio, en otro cuarto donde se había muerto una anciana, dejando algo de muebles… por suerte no estaba cuando se la llevaron pero se sentía el olor a muerte, así que empecé a buscar un apartamentito para nosotras dos.

Un día, uno de los empleados me instó a apoyar la huelga para una mejoría salarial. Lo hice, pero la patrona fue más astuta y hábil. Simplemente cerraron las puertas por unos días, así que cuando volví me encontre casi sin trabajo, por eso mejor olvidé el asunto de la huelga sin saber que ya estaba tachada y tendría algún problema en futuro.

Mi vida no estaba mejor que antes, es más, pasaba trabajando y entre mi hermana y yo podíamos alquilar. Encontré algo aceptable, dejé pagado dos meses mientras la dueña terminaba de hacer reparaciones.

Un domingo, cansada y medio desesperada, me fui a dar una vuelta a la plaza principal. Llevé a la hija de mi amiga a pasear un rato y que viera las palomas que bajaban en tropel a comer maíz o lo que se les daba. La plaza estaba abarrotada de gente y de palomas. Traté de sentarme en una columna, pero a esa chiquilla le encantó subir y bajar y yo le daba la mano. Pasamos así al menos cuarenta minutos, ni me había fijado en ese guapo muchacho que al final me habló, felicitándome por tener tanta paciencia con mi hija: “no es mi hija" -le dije- , “es hija de una amiga”.

Y ese fue el inicio de otro gran lío… me pidió el teléfono, pensé que no me iba a hablar, pero sí me habló, me buscó, no me dejaba en paz, me venía a traer al trabajo, me acompañaba a casa, quiso conocer el apartamento todavía sin terminar y… bueno…

Un día, una secretaria de no sé donde me preguntó por teléfono si yo era su esposa y le contesté que no, que era solo una amiga… era la verdad. Él no se enojó por eso, pero perdió la posibilidad de tener un muy buen trabajo, y cuando le ofrecieron otro pero en otra ciudad, me pidió de seguirlo, acepté… renuncié a mi trabajo y me busqué uno en la nueva ciudad. Perdí todo lo que había pagado en anticipo para el apartamento, y el adelanto para poder comprar un carro.

El nuevo trabajo no salió como pensaba y tuve que dejarlo, no fue nada fácil encontrar otro, pero lo logré, no me faltaban ganas de trabajar… entré como secretaria en un restorán elegante en un castillo a la orilla del río, que atravesaba toda la cudad… sus celos tontos y estúpidos me dejaron boquiabierta… me obligó a dejarlo y otra vez me encontré en apuros…

Me presenté en un gran almacén. Meses después, me vieron en el parqueo con él y sus padres… mentí al decir que era mi primo y me sacaron… era una mentirilla, pero ¿cómo iba a decir que vivíamos juntos? En esos tiempos todo eso era difícil de contar y él poco a poco me había ido contando su historia: había dejado embarazada a su novia, discutieron y la dejó, y para colmo se acostó con la mejor amiga de ella, dejándola también embarazada… solo que los parientes de esta última lo obligaron a casarse… así que tenía un hijo y también estaba casado… tuvo que aprender a no ser violento y conmigo se portaba de lo lindo, pero eso duró poco.

Una vez me gritó, me asusté, y el día siguiente me tomé un par de pastillas para dormir, boté las demás y dejé el bote vacío en la mesita, al verlo se preocupó y me obligó a vomitar…

Al  cumplir un año juntos, dijo que era la primera vez que duraba tanto con una mujer… pero ya se había vuelto extraño, me di cuenta que salía con otra, llegaba tarde, el domingo desaparecía y me dejaba sola a cuidar su perro… en agosto vinieron sus padres, fuimos de viaje, compramos chocolates y quesos.

Para Navidad vinieron otra vez, yo seguía trabajando y era el último día antes de las vacaciones… de repente empezó a nevar y en pocas horas se puso todo blanco y suave… no tenía botas, le hablé que me viniera a traer y me contestó que estaba ocupado: ¿me quedo aquí? Pensé… sola, sin nada, sin cama… no podía, me fui caminando bajo la nieve y hundiendo los pies en el suave y delicado manto blanco…

Al día siguiente solo perdí el conocimiento y no supe que pasó hasta un par de días después al levantarme e ir al comedor donde me saludaron con un aplauso y mucho cariño… él y sus padres se habían  asustado.

Un tiempito después me di cuenta que no podía seguir así y le dije que me iba, solo el tiempo de encontrar adonde vivir… otra vez sin casa, bueno tenía trabajo… me costó encontrar algo decente…al norte tenían mucha aversión, antipatía hacia los del sur, pero por suerte mi trabajo les daba confianza. 

Me dolía cambiarme por si él regresara… se había ido a su casa por unos días, para enfrentarse al tribunal, que al final decretó fin a su matrimonio, pero cuando yo hablé por teléfono sentí otra voz femenina además de la de su madre y no pude dejar de pensar que lo más seguro era que esa era la de la madre de su hijo… en fin, a su regreso yo abordé el asunto: “Proba un año, -le dije-, yo te voy a esperar".

Así que me quedé sola y en otra zona, pasando otra vez de casa al trabajo y del trabajo a casa… muy infeliz para hacer más amistades, a pesar de estar en un ambiente laboral muy bonito, con gente muy educada, dispuesta a comprenderme… 

martes, 30 de enero de 2018

Expiación, Ian McEwan


"No era solo la maldad y las intrigas las que hacían infeliz a la gente, sino la confusión y la incomprensión; ante todo, era la incapacidad de comprender la sencilla verdad de que las demás personas son tan reales como uno". 
Ian McEwan

Amigos del Club de la Buena Estrella, hemos llegado a la viñeta de febrero: Amor. Esta vez es el turno de Ian McEwan con su libro Expiación que fue propuesto por Blain Cerney.

Recordemos que a partir del año pasado, la viñeta amor se refiere a este sentimiento en cualquiera de sus manifestaciones. Es decir, que no únicamente recoge el amor romántico o erótico.

SINOPSIS

La historia es relatada en Inglaterra, en 1935, en el periodo previo a la Segunda Guerra Mundial. En la gran casa de campo de la familia Tallis todo parece fluir con apacible elegancia en el día más caluroso del verano. Pero el oído atento percibirá sutiles notas disonantes, una creciente tensión que estallará después de que Cecilia, la hija mayor de los Tallis, salga empapada de una fuente, vestida solamente con su ropa interior, mientras Robbie, el brillante hijo de la criada y protegido de la familia Tallis, la contempla... Un libro prodigioso, que va abriéndose como un juego de cajas chinas y que contiene muchas novelas: una romántica historia de amor imposible, una durísima narración de guerra y la novela que dentro de la novela escribe uno de los personajes.

FICHA DEL LIBRO

Viñeta: Febrero 2018 | Amor

Título de libro: Expiación

Autor: Ian McEwan

País: Reino Unido

Año de publicación: 2001

Número de páginas: 435

Inicio de lectura: 01/02/2018

Fin de lectura: 28/02/2018




DIVISIÓN DE LAS LECTURAS

Jueves 1 de febrero de 2018
Jueves 8 de febrero de 2018
Jueves 15 de febrero de 2018
Jueves 22 de febrero de 2018
Jueves 1 de marzo de 2018
Biografía del autor y el capítulo 1 de la primera parte del libro
Hasta el capítulo 8 de la Primera Parte
Hasta la Segunda Parte
Hasta la Tercera Parte
Película y hasta el final del libro
4%
24%
49%
70%
100%


SOBRE EL AUTOR

Ian McEwan (Aldershot, Hampshire, Inglaterra, Reino Unido, 21 de junio de 1948) es un novelista británico.

Estudió en la Universidad de Sussex y en la Universidad de East Anglia, donde tuvo como profesor a Malcolm Bradbury. La primera de sus obras que salió a la luz fue la colección de relatos Primer amor, últimos ritos (1975). En 1997 publicó Amor perdurable, considerada por muchos como una obra maestra acerca de una persona que sufre el síndrome de Clerambault. En 1998, y causando gran controversia, le fue concedido el Booker Prize por su novela Amsterdam.

En marzo y abril de 2004, unos meses después de que el gobierno británico le invitara a una cena con la primera dama de los Estados Unidos, Laura Bush, el Departamento de Seguridad Nacional de este país le impidió la entrada al mismo por no tener el visado apropiado para trabajar (McEwan estaba preparando una serie de conferencias remuneradas). Solo varios días después y tras hacerse público en la prensa británica se le permitió la entrada, ya que, según un oficial de aduanas le dijo: “Seguimos sin quererle por aquí, pero todo esto está atrayendo mucha publicidad desfavorable".

BIBLIOGRAFÍA

Novelas

Jardín de cemento (The Cement Garden, 1978), trad. de Antonio-Prometeo Moya, publicada por Tusquets en 1982.
El placer del viajero (The Comfort of Strangers, 1981), trad. de Benito Gómez Ibáñez, publicada por Anagrama en 1991.
Niños en el tiempo (The Child in Time, 1987), trad. de Javier Fernández de Castro, publicada por Anagrama en 1989.
El inocente (The Innocent, 1990), trad. de Maribel de Juan Guyatt, publicada por Anagrama en 1995.
Los perros negros (Black Dogs, 1992), trad. de Maribel de Juan Guyatt, publicada por Anagrama en 1993.
Amor perdurable (Enduring Love, 1997), trad. de Carles Urritz y Carme Geronès, publicada por Destino en 1998, y trad. de Benito Gómez Ibáñez para Anagrama en 2000.
Ámsterdam (Amsterdam, 1998), trad. de Mercè Costa Clos, publicada por Anagrama en 1999. Premio Booker.
Expiación (Atonement, 2001), trad. de Jaime Zulaika Goicoechea, publicada por Anagrama en 2002.2​
Sábado (Saturday, 2005), trad. de Jaime Zulaika Goicoechea, publicada por Anagrama en 2008.
Chesil Beach (On Chesil Beach, 2007), trad. de Jaime Zulaika Goicoechea, publicada por Anagrama en 2009.
Solar (Solar, 2010), trad. de Jaime Zulaika Goicoechea, publicada por Anagrama en marzo de 2011.
Operación Dulce (Sweet tooth, 2012), trad. de Jaime Zulaika Goicoechea, publicada por Anagrama en octubre de 2013.
La Ley del menor (The Children Act, 2014 Jonathan Cape), trad. de Jaime Zulaika Goicoechea, publicada por Anagrama en 2015
Cáscara de nuez (Nutshell, 2016 ), trad. Jaime Zulaika, publicado por Anagrama en 2017.

Colecciones de relatos

Primer amor, últimos ritos (First Love, Last Rites, 1975), trad. de Antonio Escohotado, publicada por Anagrama en 1989. Premio Somerset Maugham.
Entre las sábanas (In Between the Sheets, 1978), trad. de Federico Corriente Basús, publicada por Anagrama en 2000.

Ficción infantil

Rose Blanche (Rose Blanche, 1985). No traducida al español.
En las nubes (The Daydreamer, 1994), trad. de Gabriel López-Guix, publicada por Anagrama en 2007.

Adaptaciones cinematográficas

Last Day of Summer (Last Day of Summer, dirigida por Vlad Yudin, 1984)
El jardín de cemento (The Cement Garden, dirigida por Andrew Birkin, 1993)
El placer del viajero (The Comfort of Strangers, dirigida por Paul Schrader, 1990)
El inocente (The Innocent, dirigida por John Schlesinger, 1993)
Solid Geometry (Solid Geometry, dirigida por Denis Lawson, 2002)
Amor perdurable (Enduring Love, dirigida por Roger Michell, 2004)
Expiación (Atonement, dirigida por Joe Wright, 2007)

Fuente: Wikipedia.

sábado, 20 de enero de 2018

Rendición o la rendición de la Literatura







No tuve que terminar de leer 'Rendición' para estar seguro de que resultaría ser un libro detestable. Mi desagrado nada tiene que ver con la carencia de cualidades literarias que logran hacer de cualquier texto algo soportable; cosa que parece encontrar una explicación, como ya lo ha señalado Marlon, en la fabricación de escritos que solo buscan aplacar el apetito de la mezquindad editorial. La treta de ALFAGUARA fue hacernos devolverle lo que nunca nos entregó.

Loriga con su libro convirtió al pesimismo en un escape romántico hacia una forma de trascendencia trágica, a tal punto de hacer llegar al texto al ideal moderno: donde el pesimismo es el nuevo optimismo. La calificación de "obra kafkiana y orwelliana" de 'Rendición' solo busca hacer de las similitudes un soporte para asegurar que el espíritu del libro es el mismo que el de sus supuestos predecesores. Y con ello nos queda claro que aún se mantiene imperante la costumbre de pensar a partir la similitud y no desde la diferencia; cosa que nos ha llevado a asegurar que Jesucristo es un Krishna y que el hombre corre la suerte de ser mono.  

El pesimismo de Loriga busca re-introducir la inevitabilidad del caos, la inoperancia de las políticas de izquierda, la imposibilidad de transformar la relación entre el hombre y el trabajo y el fracaso de la institución, en otras palabras: 'Rendición' critica la modernidad, tanto como lo hicieron en su tiempo Kafka, Huxley, Orwell, Lovecraft, Wilde, Camus, Dostoyevski, Chesterton, Borges o Roque Dalton; pero lo que no hicieron estos fue huir, con fachada de héroe trágico, hacia un refugio demasiado melodramático que raya en lo patético. 

'El Proceso' de Kafka concluye con: 

Pero las manos de uno de los hombres aferraban ya su garganta, mientras que el otro le clavaba el cuchillo en el corazón, retorciéndolo dos veces. Con ojos vidriosos aún pudo ver cómo, ante él, los dos hombres, mejilla con mejilla, observaban la decisión.
––¡Como a un perro! ––dijo él: era como si la vergüenza debiera sobrevivirle. 


En Kafka el pesimismo y la tragedia se depositan en la responsabilidad, la culpa y la vergüenza. Este es el estado definitivo de un sujeto que atraviesa un proceso en el cual se ha vertido y se ha visto transformado en el momento que toma consciencia de su imposibilidad e insignificancia para entender y acceder a la Ley. Pero del oscuro texto emerge un destello de luz, ya que con la incursión de la muerte del sujeto se apertura el cuestionamiento de una Ley que queda desenmascarada al no ser lo suficiente para nombrar la culpa de su procesado; y ya Jehová se había quedado sin respuesta para Job, Jesucristo sigue crucificado mientras Pilato se termina de secar las manos y el silencio después de los juicios Estalinistas aún continua. 

Sin importar la familiaridad que nos pueda evocar con Kafka, las cosas son distintas en el libro de Loriga. La historia, contrariamente a la insistencia de los comentarios de sus jueces, ha logrado que las cualidades bonachonas de su héroe se moralicen como efecto del contraste de un fondo frívolo, presuntuoso y superficial que encarna el mundo que este tiene que afrontar. A partir de ese momento la historia solo puede tener una solución, y por defecto el texto se torna desagradable y sardónico.


En ese momento me di por vencido, y de la suerte que corrieron los demás en ese nuevo mundo poco puedo contar. Imagino que les iría de maravilla y que gente como yo, sin fe en el futuro, fuimos siempre el enemigo.

Una cosa es segura. En lo que a mí respecta, habían vencido. 

Sólo deseé, antes de que se nublase lo visible y lo invisible, lo transparente y lo más secreto, que mis hijos verdaderos estuvieran también de su lado, y no del mío. 

Uno tiene que saber cuándo su tiempo ya ha pasado. 

Y aprender a admirar otras victorias. 


La prevalencia de la melancolía en el héroe de Loriga hace de su muerte un recurso emocional barato para hacer que el pesimismo sea el optimismo que defiende la falta de acción, de responsabilidad y pasividad militante; y que lleva, inevitablemente, a instaurar la locura, el tedio y la queja como último ideal del hombre. 

En 'Rendición' parece morir la literatura y el arte en manos de una acomodada  contemporaneidad que suprime su capacidad natural de constituir beligerancia y revolución a través de la subversión de las palabras, los usos de lenguaje y la construcción de narrativas. La literatura, como arte, es el enemigo del optimismo patético que celebra nuestro tiempo y es la maldad de las victorias del aburrimiento de nuestro siglo y su indiferencia. En 'Rendición' no solo queda marcada la derrota de un autor, quién se rindió como escritor al entregarnos un pesimismo inofensivo y simpático con el cual es posible dar discursos memorables, secarse las lágrimas, recordar el ayer y sonreír para la foto del obituario, también emerge la horrenda amenaza de que la literatura puede morir, y que no estamos lejos del tiempo en que todos nuestros libros tengan plasmado en la portada: "Ganador del premio ALFAGUARA".


martes, 9 de enero de 2018

Programa de lecturas 2018 CBE



El Club de la Buena Estrella se complace en compartir los resultados oficiales de su programa de lecturas para el año 2018:

Enero | Premio Alfaguara 2017 | Rendición | Ray Loriga

Febrero | Amor | Expiación | Ian McEwan

Marzo | Clásico | Matar a un ruiseñor | Harper Lee

Abril | Novedad literaria | Las altas montañas de Portugal | Yann Martel

Mayo | Nobel de Literatura 2017 | Los restos del día | Kazuo Ishiguro

Junio | Novela negra/policíaca | Pecado | Benjamin Black

Julio | País-Región/Francia | Han de Islandia | Víctor Hugo


Agosto | Desafío | El cuento de la criada | Margaret Atwood

Septiembre | Autor salvadoreño | La dama de los velos | Mauricio Orellana Suárez


Opcional septiembre: La casa de Moravia | Miguel Huezo Mixco


Octubre | Terror/suspenso | Diez negritos | Ágatha Christie


Opcional octubre: La ventana indiscreta y otros relatos | Cornell Woolrich


Noviembre | Novela histórica | 1913. Un año hace cien años | Florian Illies

Diciembre | Libre | La pregunta de sus ojos | Eduardo Sacheri

Calendarios CBE 2018


Amigos del Club de la Buena Estrella: 

Ya está a la venta nuestro Calendario 2018. 
El costo es de $5.00. 
Los fondos recaudados serán a beneficio de nuestra plataforma virtual Clubdelectura.org.
Mucho les agradeceremos su apoyo ofreciéndolo con sus conocidos y amigos. 

¡Muchas gracias y felices lecturas!