viernes, 20 de septiembre de 2019

Jimmy Hendrix toca mientras cae la lluvia | Carmen González Huguet



"Puso su mano en mi rodilla y yo no la aparté. De hecho, había estado esperando eso desde que entramos. Se podría decir que por eso me había puesto falda, en lugar de pantalones, y medias, en vez de pantis. Y los zapatos altos, no las sandalias pachitas con que andaba todos los días, para arriba y para abajo, y que me gustaban tanto... Las sombras y las luces de la pantalla caían sobre nosotros, con un resplandor irreal. Él tenía los ojos fijos adelante, pero su mano siguió explorando por mis piernas..."   

Así empieza el monólogo "Jimmy Hendrix toca mientras cae la lluvia" con el que Carmen González Huguet ganó el premio único de dramaturgia en los Juegos Florales de San Miguel en el año 2003 y apareció en la antología de cuento Puertos abiertos publicada en 2011 por Sergio Ramírez en México, por el Fondo de Cultura Económica. En octubre de 2018, en las votaciones del Club de la Buena Estrella este monólogo fue elegido para ser leído como segundo libro en el mes de septiembre de 2019.  


« Docente universitaria, mujer, poeta, sonetista, caminante de la vida»

Con esas palabras describe a la autora Lorena Juárez, columnista de la Revista multiplataforma Literofilia en la reseña de una entrevista que le hizo en el año 2018 y que pueden leer aquí.


Carmen González Huguet, es una reconocida poetisa y catedrática de El Salvador, creadora de un estilo considerado impecable y dueña de una vasta producción literaria a lo largo de su vida. Ha sido además catedrática en diversas universidades por más de 2 décadas; su obra se conoce tanto dentro como fuera del país y, a la fecha, ha ganado importantes premios literarios como el XXXVII Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística en España en el año 2017 y los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango en dos ocasiones (1999 y 2016) siendo hasta el momento, la única escritora salvadoreña que lo ha ganado en dos ocasiones.


El 25 de octubre de 2012 se convirtió en miembro de número de la Academia Salvadoreña de la Lengua y actualmente integra la Red Internacional de Investigación en Literatura de Mujeres de América Central, coordinado desde la Universidad de Aguascalientes, en México, D.F.


Por su labor en el área de la investigación, su incesante labor en favor de las letras, su estilo que muchos consideran deslumbrante, así como por su pasión por la poesía, Carmen González Huguet es considerada una de las poetisas más importantes en la historia de nuestro país.


El monólogo teatral "Jimmy Hendrix toca mientras que cae la lluvia", en palabras de su creadora representa un ejercicio de catarsis de tres días y ha sido concebida por ella misma como “una novela hiperconcentrada o un cuento demasiado largo”.


Se han realizado varias lecturas dramáticas de la obra en teatros de San Salvador y en presentaciones privadas. 


La razón por la que propuse el libro de Carmen, es porque hace varios años tuve la oportunidad de asistir a una lectura del mismo realizada por ella y, en esa oportunidad, contó cómo este pequeño e intenso libro es fruto de unos días en los que estuvo como poseída por una fuerza creadora que la llevó a encerrarse a escribir y escribir en medio de un llanto incontrolable hasta que estuvo terminado. Al leer la historia a mí se me encogió el alma y después de conocer la trayectoria de Carmen, cada año al proponer un autor salvadoreño tenía la espinita de que ella es una escritora que debíamos leer en el club, el año pasado la propuse y gracias a ustedes ahora esto empieza a materializarse.

Desde el principio abrigué la esperanza de que si el libro era seleccionado, podríamos invitarla a que nos contara un poco sobre su oficio como escritora de novelas, poemas, sonetos (por disciplina al ritmo de quién marca tarjeta en su trabajo cada día), de docente, de mujer en las artes salvadoreñas que se ha forjado una reputación y se ha metido incluso en ligas de mayor alcance al conseguir hacerse con premios incluso de carácter mundial y quiso la fortuna que pudiéramos coordinar un conversatorio con ella.  ¡Este es nuestro afiche de invitación! 



BIOGRAFÍA 


Ana del Carmen Guadalupe González Huguet, quien firma sus libros como Carmen González Huguet, nació en la ciudad de San Salvador, capital de El Salvador, el 15 de noviembre de 1958. Hija de el profesor Virgilio Juan González Fernández, nacido en Melgar de Arriba, Valladolid, España, y de Ana Gloria Huguet, salvadoreña de ascendencia catalana. 

Sus abuelos maternos fueron el catalán Antonio Huguet, nacido en Valverd de Queralt, Tarragona, y María Josefa Cañas, nacida en Suchitoto, departamento de Cuscatlán, El Salvador. El hermano del padre de María Josefa Cañas fue el poeta Miguel Plácido Peña Martel, cuyos versos aparecen en La Guirnalda Salvadoreña, de Román Mayorga Rivas, publicada en tres tomos en San Salvador, entre 1882 y 1886. Su bisabuelo, Antonio Peña Martel, fue en diferentes épocas alcalde de Suchitoto y de Guazapa.

Carmen cuenta con la doble nacionalidad salvadoreña y española. Fue la primogénita de sus hermanos: Gloria María (1961), María del Pilar (1963) y Juan Antonio (1967). Estudió, desde el kinder hasta el bachillerato en el colegio Sagrado Corazón (San Salvador), donde se graduó como bachiller y taquimecanógrafa en 1976. Entre 1977 y 1980 estudió dos años de la licenciatura en Química, uno en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” UCA, y otro en la Universidad de El Salvador, UES.  No pudo continuar debido al cierre de la UES por parte del Ejército en esos tiempos convulsos en El Salvador, donde iniciaba lo que sería la guerra civil que terminaría con la firma de la paz en 1992. Años después siguió su inclinación hacia la literatura y se graduó de profesora de Educación Media en 1991 y de licenciada en Letras en 1992 en la UCA, la universidad jesuita en la que fue alumna de algunos de los sacerdotes asesinados el 16 de noviembre de 1989, como Ignacio Martín-Baró y Segundo Montes.

Su trayectoria como catedrática la ha hecho pasar por aulas y generaciones en la Escuela Americana, en la UCA, la Universidad “Dr. José Matías Delgado”, la Escuela de Comunicación “Mónica Herrera”, la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN) y entre una y otra ha acumulando más de veinticinco años de experiencia docente. Además, laboró en publicidad y en medios de comunicación. Fue directora de Publicaciones e Impresos (Concultura) de 1994-1996 y trabajó también como investigadora literaria de 1997 a 1999, siendo parte del equipo académico responsable de la reapertura del Museo Nacional de Antropología de El Salvador Dr. David J. Guzmán.

Además de recibir numerosos premios en concursos literarios celebrados tanto dentro como fuera de El Salvador, diversos artículos y poemas suyos han aparecido en publicaciones periódicas salvadoreñas, como ECA, Taller de letras, Cultura, suplemento cultural Tres mil, Semana, Apertura, suplemento cultural Búho, Tendencias, Gente, Ahora, Revista de la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad “José Matías Delgado” y otras. Publica en Internet la columna Pura nostalgia en el blog El ojo de Adrián. Un artículo suyo apareció en la revista Cuadernos Hispanoamericanos No. 678, en diciembre de 2006.

Carmen dedica gran parte de su tiempo a la investigación y entre sus trabajos en esa rama se incluyen el libro "San Salvador en las alas del tiempo", una edición patrocinada por TACA International Airlines en 1996, y que hizo en coautoría con Carlos Cañas-Dinarte; la compilación, notas y estudio introductorio de los dos tomos de la "Poesía completa de Claudia Lars" editado por la DPI-CONCULTURA en el año 1999 y la investigación Historia de la radiodifusión en El Salvador (1999, inédito). 

De 1998 al año 2000 formó parte del grupo Poesía y Más integrado a su vez por otras conocidas mujeres de las letras salvadoreñas. Dentro de este proyecto cultural contribuyó a la creación de los espectáculos teatrales Poesía bruja y Rezongos de mujer, los cuales se presentaron en diversos auditorios del país.  

Como producto de su trabajo en el área de la investigación, el jueves 25 de julio de 2019 se llevó a cabo la presentación oficial del libro “Muestra de la Literatura Salvadoreña”, donde se analiza la poesía de 10 escritores salvadoreños: Francisco Gavidia, Alberto Masferrer, Salarrué, Claudia Lars, Alfredo Espino, Pedro Geoffroy Rivas, Oswaldo Escobar Velado, Matilde Elena López, Claribel Alegría y Roque Dalton, y se detallan las técnicas, figuras y recursos literarios que usaron para crear sus obras.

Diversos académicos han realizado trabajos dedicados a su obra, entre ellos los ensayos: La otra mujer. Borges, psicoanálisis y construcción de género en Carmen González Huguet, incluido por el doctor Rafael Lara Martínez, del Tecnológico de Nuevo México en su libro La tormenta entre las manos.  Ensayos sobre literatura salvadoreña y De lo femenino y la historia en Centroamérica: contar y recordar en Carmen González Huguet, ponencia presentada por la doctora Nilda Villalta, de la Universidad de Maryland, en la reunión 2000 de la Asociación de Estudios Latinoamericanos. 


El doctor Lara Martínez también ha escrito el ensayo Nación, Recinto de penumbras: El rostro en el espejo de Carmen González Huguet.

FICHA DEL LIBRO
Título: Jimmy Hendrix toca mientras cae la lluvia  
Autora: Carmen González Huguet
Nacionalidad: Salvadoreña | Española
Mes: Septiembre
Viñeta: Autor salvadoreño
Número de páginas: 23
Editorial: Editorial Rubén H. Dimas
Año de publicación: 2004
Idioma: Español
ISBN: 9789996197918
Última edición leída: Marte Editorial
Año: 2019
País de origen: El Salvador

PUBLICACIONES

Poesía

"Las sombras y la luz" (1987)

"Mar inútil" (1994)

"Testimonio" (1994)

"Palabra de diosa" (Panamá, 2005; San Salvador, 2010)

"Glosas" (San Salvador, 2009)

"Bitácora" (Quetzaltenango, 2010)

"Placeres" (Managua, 2010)


Cuento

"Mujeres" (1997) 

(libro de cuentos ganador del II Certamen Centroamericano de Literatura Femenina)

"Leyendas de Cuscatlán" (2017)


Novela

"El rostro en el espejo" (2005, 2011) Novela corta

"Pentagrama" (2015

"Crónicas policíacas" (2017)


Otros

“Jimmy Hendrix toca mientras cae la lluvia" (2004, 2012) Monólogo teatral

“Poesía completa de Claudia Lars" (1999).

PREMIOS 
  • En 1999 su poemario "Locuramor" fue galardonado con el primer lugar en los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango.
  • Ganó el premio de dramaturgia en los Juegos Florales de San Miguel, en 2003, con su monólogo teatral "Jimmy Hendrix toca mientras cae la lluvia".
  • En 2005, recibió el Premio de Poesía "Rogelio Sinán" de la Universidad Tecnológica de Panamá.
  • Su novela corta "En busca del paraíso" se hizo acreedora al premio de los Juegos Florales de San Salvador en agosto de 2005. Con su primera novela policíaca "Flores de papel" ganó los Juegos Florales de Zacatecoluca en diciembre de 2006.
  • En 2007 volvió a ganarlos con otra novela negra, "Los niños perdidos", con la cual se hizo acreedora al título de "Gran Maestre de novela corta", siendo la única mujer que ha ganado, a la fecha, este galardón en dicha rama.
  • En 2007 recibió un reconocimiento por parte de la Cámara Salvadoreña del Libro.
  • En 2008 ganó los Juegos Florales de Santa Ana con su libro de cuentos "El color de la melancolía".
  • En 2010 ganó su segundo premio en los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango por su poemario "Bitácora", convirtiéndose en la única escritora salvadoreña que ha ganado este premio en dos ocasiones. Fue ganadora del VI Concurso Centroamericano "Rafaela Contreras" en 2010 en poesía, otorgado por la Asociación Nicaragüense de Escritoras (Anide), que eligió por unanimidad conceder el premio al libro "Placeres".
  • La escritora salvadoreña también fue galardonada con el título de "Gran Maestre" en las ramas de Poesía, Novela corta y Cuento por ganar tres ediciones distintas de los Juegos Florales, convocados por CONCULTURA en cada una de dichas ramas.
  • En 2011, recibió el premio de cultura "Licenciada Antonia Portillo de Galindo", en la especialidad de poesía, otorgado por el Centro Cultural Salvadoreño Americano.
  • En 2017 ganó el Premio Hispanoamericano de Novela en la ciudad de Quetzaltenango, Guatemala, con su obra policíaca "Viento de ceniza"; y el XXXVII premio mundial Fernando Rielo de Poesía Mística, por su poemario "El alma herida"

FUENTES CONSULTADAS

Periódico digital El Faro
Multiplataforma Literofilia
La Prensa Gráfica

lunes, 16 de septiembre de 2019

Mientras agonizo: Estudio sobre Vardaman (II)





VARDAMAN 


Vardaman, en el momento en que debe de enfrentar la muerte de su madre, es embargado por una incapacidad inherente a su edad o a una posible enfermedad, que le hace asumir la muerte de forma pasiva; pasiva, siempre dentro de los términos de la acción concreta como queda reflejado en cada uno de los miembros de la familia. Pero hay que puntualizar que la segunda intervención de Vardaman en la novela, es una muestra incuestionable de los efectos de la muerte en la subjetividad del menor de los Bundren y, a lo mejor, un espejo de la experiencia de la muerte en el corazón humano.

La narrativa de Vardaman después de la muerte de la madre se caracteriza por una ruptura en el orden al que nos pretendía acostumbrar. Si bien su mensaje podría resultar confuso, no es sino la consecuencia de su modo particular de entender y actuar sobre las cosas - entrelazando objetos y cualificándolos fuera de la naturaleza de los mismos -, pero aún y el cansancio que puede provocar, jamás logró ser suficiente argumento para dictaminar una rotunda falta de lógica o al menos coherencia en lo que pretendía comunicar en su primera intervención: es decir, que con más que menos palabras, Vardaman había desplegado un discurso que tenía una finalidad y que con dificultad se le podía catalogar de coherente. Pero llegados a este punto, las pobres directrices que pudieron salvar a Vardaman de lo inentendible, se difuminan en un mensaje roto. 

Mientras Vardaman expresa un interés angustioso por lo que Cash hará ahora que su madre ha muerto, la figura de su padre se ha transformado en una entidad amenazante, un punto en donde se articula una especie de terror: “Pa walks around. His shadow walks around, over Cash going up and down above the saw, at the bleeding plank”; Dewey Dell aparece por su cuenta en forma de mandato y orden: “Dewey Dell dijo que tomaremos plátanos”; y luego se introducen objetos a partir de una mirada que no se sabe si es interna - como maquinación de la mente  - o externa - como exploración visual sobre un objeto concreto. En esa estructura de pensamiento que acosa a Vardaman, una figura del padre que parece venir de la imaginación o el recuerdo, deslizan su discurso hacia el cuestionamiento por su identidad e historia, como si su condición de 'niño de campo' fuera una cosa inútil para la exigencia de la muerte de su madre: y ese cuestionamiento llega hasta el punto de responsabilizar a Dios por una respuesta que introduzca orden, y que disipe el terror y la angustia. Un Dios, aclaro, que es radicalmente distinto de la figura de su padre, y no una personalidad desplazada o extensiva del mismo, ya que al finalizar la interpelación, la figura amenazante del padre-sombra sigue rondando cerca de Vardaman: “¿Por qué no soy un chico de la ciudad, padre? —dije. Me hizo Dios. No le dije a Dios que me hiciera chico del campo. Si puede hacer el tren, ¿por qué no hace que todos sean chicos de ciudad con harina y azúcar y café?”. Angustia, amenaza y orden son aquí símbolos de un cataclismo y pérdida espiritual que dejan al descubierto el dolor de Vardaman y, a la vez, la búsqueda cristiana de una respuesta, de una identidad. ¿Será Vardaman el semblante de Job?

La crisis revela su esencia en el momento en que Vardaman observa a su madre muerta y señala con total seguridad que lo que está viendo no puede ser ella, no puede ser su madre, que sea lo que sea que está ahí es una cosa distinta de su madre. Bajo esta experiencia, Vardaman nos permite entrever la inversión del mecanismo que le permite anudar cosas a partir de una característica común. En el texto de Coy se cita:

Eso no era ella. Yo estaba allí, miraba. Lo vi. Creí que eso era ella, pero no era. Eso no era mi madre. Ella se marchó cuando la otra se echó en la cama y estiró la colcha. Se marchó.  —¿Habrá llegado hasta el pueblo? —Se fue más lejos todavía. —¿Y todos esos conejos y zarigüeyas se van tan lejos? Dios hizo a los conejos y a las zarigüeyas. Hizo el tren. ¿Para qué va a hacer un sitio diferente para que vayan si ella es igual que los conejos? (...) Y si ella le deja es que no es ella. Lo sé. Yo estaba allí. Yo vi cuando eso ya no era ella. Lo vi. Ellos creen que sí es y Cash va a clavar la tapa. Eso no era ella porque eso estaba tirado por ahí, entre la porquería.

Vardaman trabaja sobre el cuerpo de su madre, desdoblándolo por la falta de coherencia entre los dos estados que ha presentado él mismo en un lapso de tiempo. La radicalidad del cuerpo muerto obliga a Vardaman a exiliar la historicidad de su madre y su vinculación, con la ayuda de sus siempre cómplices, animales; así, la falta de congruencia entre la historia y el cuerpo de la madre y la total ausencia de la primera, la rapidez con la que se ha efectuado la mutación y desaparición, solo es equiparable para él con la velocidad de los conejos y zarigüeyas, animales esquivos por naturaleza y posiblemente imposibles de atrapar para un niño que por su edad o alguna enfermedad, se la haga imposible realizar el esfuerzo acertado para atraparlos. La huida de la madre, que “se fue más lejos todavía” del pueblo - posible contorno y fin del mundo geográfico para Vardaman -, es, no solo una estrategia para mantener intachable la identidad de su madre, la preservación de su propia identidad, o al menos lo que queda de ella. 

Sin pretender caer en algún sutil psicologismo, encuentro necesario resaltar el interés moral que Vardaman tiene por la preservación de la identidad de su madre, debido a que el acto de exilio en forma de animal que le adjudica tiene como propósito el mantenimiento ideal de la imagen materna, cosa que podría señalar la edad de Vardaman o brindaría una pista de su condición mental. 

Aún con esta acción redentora de Vardaman, su naturaleza, es decir la manera en que opera sobre el mundo, no le permite pasar por alto el aroma a muerte del pescado que anudaba con la condición de corrupción de la madre agonizante en la cama. El pescado que ya ha sido partido para ser cocinado y comido, vuelve a emerger en esta danza de imágenes y palabras. Aunque en esta aparición, tendrá una forma definitiva que le permitirá a Vardaman mantener una cercanía con esa historicidad que se ha escapado, pero que es necesaria para la estabilidad de su propia identidad, haciendo emerger la sentencia: “Mi madre es un pez”.

domingo, 15 de septiembre de 2019

Mi respuesta a los patriotas | Salarrué


Salarrué - Autoretrato


Mi respuesta a los patriotas

Por Salarrué


Mis amigos me han dicho «Tú que eres sereno, tú que ves las cosas con los ojos adormilados, tú que estás siempre en la tierra del ensueño, en ese mundo irreal a donde los golpes de la marea de aquí abajo no llegan, por lo mismo, por eso, tú debes dar tu opinión en estos momentos en que la patria se encuentra en la indecisión. Apunta tu microscopio y dinos que ves y como lo ves, de algo ha de servirnos, hazlo por patriotismo, dígnate pisar con tus plantas la tierra firme, siquiera por una vez... ».Y se han echado a reír. Conozco en su manera, que lo han dicho en parte como burla amistosa, con el cariño que infunden los locos pacíficos, en parte en serio y es por ello que yo me he quedado perplejo y me he sentido luego como incomprendido, tenido como un ser vago e inútil, de un mundo problemático. Y me he indignado en mi dignidad de hombre y he alzado mi grito de protesta como la voz en el desierto escribiendo esta respuesta a los patriotas sin nombre...

Yo no tengo patria, yo no sé qué es patria: ¿A qué llamáis patria, vosotros los hombres entendidos por prácticos? Sé que entendéis por patria un conjunto de leyes, una maquinaria de administración, un parche en un mapa de colores chillones. Vosotros los prácticos llamáis a eso patria. Yo el iluso no tengo patria, no tengo patria pero tengo terruño (de tierra, cosa palpable). No tengo El Salvador (catorce secciones en un trozo de papel satinado); tengo Cuscatlán, una región del mundo y no una nación (cosa vaga). Yo amo a Cuscatlán. Mientras vosotros habláis de la Constitución, yo canto a la tierra y a la raza: La tierra que se esponja y fructifica, la raza de soñadores creadores que sin discutir labran el suelo, modelan la tinaja, tejen el perraje y abren el camino. Raza de artistas como yo, artista quiere decir hacedor, creador, modelador de formas (cosa práctica) y también comprendedor. La mayor parte de vosotros se dedica en su patriotismo a pelearse por si tienen o no derecho, por si es o no constitucional, por si será fulano o zutano, por si conviene un ismo u otro a la prosperidad de la nación. La prosperidad es para vosotros el tenerlo todo, menos la tierra en su sentido maternal. Capitalistas embrutecidos, perezosos y bribones muestran sus caras abotagadas y crueles a no menos crueles comunistas pedigüeños, sórdidos y rapaces. Mientras estos dos bandos en todos sus grados de intensidad se gruñen unos a otros, nosotros los soñadores no pedimos nada porque todo lo tenemos. Ellos se arrebatan las cáscaras y nos dejan la pulpa : - El pan es mío, todo mío, dejadme vender el pan», gritan unos; «no» dicen otros: «tenemos hambre y el pan es nuestro, porque la tierra es nuestra»... Mientras nosotros los soñadores, sin que nadie se oponga, hacemos crecer la espiga embelleciendo el paisaje, gozamos la música del maizal que sonríe con la brisa, recogemos cantando la mazorca y dejamos el comerla a tarascadas a los puercos. El cafetalero es un pedante que habla del mercado, de la baja, del alza, cuenta pisto agachado sobre las mesas, husmea costales y no ha estado nunca tirado al fondo de un cafetal, en el misterio de las noches de luna ; no nota la belleza del grano sangriento cuando resbala entre los dedos de las cortadoras cantarinas, no conoce el aroma y la leyenda de la flor del cafeto. El azucarero no ha oído nunca el susurro consolador de los cañaverales, ni ha visto meterse al chipuste en marejadas armoniosas. Todos ellos gritan alrededor de una sola cosa: el dinero. Unos quieren ganar el quinientos por ciento y otros quieren que se les suban sus salarios. El comunista usa un botón rojo y habla de degollar, llama justicia al buen pan y buen vino bien compartido, y no han sabido nunca del saber dar a quien todo lo tiene, que es quien nada tiene. El indio del arado y de la cuma que hace el paisaje agrario bajo el sol crudo, está satisfecho de hacer vivir con sus manos toscas y renegridas, manos de Dios, a un pueblo entero que se entrega a una locura llamada política; que no sólo es infructuosa sino dañina. Este indio vive la tierra, es la tierra y no habla nunca de patriotismo. Ni teme al extranjero que nada puede quitarle de lo él, a menos de quitarle la existencia.

Yo que paso en la tierra del ensueño, según vosotros, yo estoy más en el corazón de la tierra, arraigado de verdad y con raíces abajo y queriendo florear por arriba. Si la tierra de Cuscatlán se alzara un día personificada llamando a sus hijos, a mí, de los primeros me reconocería y no a los políticos y a los istas de esta cosa llamada patria. El Salvador y demás zarandejas que simbolizan con banderas y escudos y que señalan con fronteras imaginarias. No, no soy patriota ni quiero serlo; tengo mejor concepto de un guineo patriota que de un hombre patriota. A mí no me agarran ya con esas cosas respetables. Ni siquiera trabajo en Patria, trabajo en Vivir, es decir, no en la patria sino en la vivienda, terruño o querencia, como diría Espino. Vivienda, sí, con sueño y todo, pero viviendo una vida real, la vida que se saborea como vino sagrado. Yo no aro ni siembro ni cosecho la tierra: oficio ante el altar y doy las gracias en nombre de los soñadores cosechando un grano invisible que desgrano de la mazorca de la vida y de la espiga de la costumbre. ¿Qué cosa es vuestra patria que yo no la miro? Me pedís que descienda a vuestra realidad y no sé dónde poner el pie; por todos lados encuentro arena movediza. Si yo os invito a que vengáis a mi terruño, tendréis amplio campo donde correr y sudar; podréis untaros las manos en barro fresco y llenaros el pecho de aire puro. En esa vuestra patria yo sólo respiro odio, cobardía, incomprensión.

¡Qué diera yo por traeros a esta mi tierra Ya los pocos que había conmigo se han marchado; me encuentro casi solo. Solo con el indio contemplativo y la mujer soñadora. Ya no hay Miranda Ruano que escriba Las Voces del Terruño, libro que ya nadie lee; Ambrogi habla constantemente de Quiñonez; los Andino escriben «Política»; Bustamante es empleado de juzgado; Castellanos Rivas se hace Secretario Particular; Guerra Trigueros no oye más caer las estrellas en la fuente inmemorial; Julio Ávila se dedica al comercio; Llerena enmudece; Gómez Campos tiene tienda; Paco Gamboa se doctora; Salvador Cañas «prepara» a sus muchachos; Masferrer ya no canta; Gavidia discute sobre el radio; Chacón hace seguros de vida; Rochac habla de finanzas; Villacorta se queja de la tesorería; Vicente Rosales anda en corrillos; Miguel Ángel Espino es fuente seca; y en fin, me veo solo en la tierra de la realidad, apenas con un Mejía Vides que quiere ir al estero a pintar un tiempo (como Gauguin en Taihiti) y un Cáceres que sueña y llora en los rincones del «Atlacatl».

Sí, ¡qué diera por traeros a esta mi tierra! (Que no es hipotética, como la vuestra): cerros enmontañados, y llanos ondulantes en donde al salir el sol cantan los gallos, en dónde no hay artículo número tal, sino un árbol de grata sombra; en dónde no hay el inciso cuarto; sino el ojo de agua para la sed; en dónde la ley de tal cosa está representada por la lluvia, por la luna o por el viento.

Lírico, sí, es verdad; pero lírico sobre el polvo de la tierra y no prosaico e insípido sobre hediondos conceptos y rancias doctrinas. Lírico bajo el cielo azul, y no sórdido bajo la loza del ismo.

Como me lo pedís, he pisado ya con mis plantas la tierra firme; pero la mía, no la vuestra, que no es firme ni es tierra sino humo (del feo). Lo he hecho porque me habéis obligado, porque al fin habéis conseguido distraerme de mi “éxtasis azul impráctico” y hasta habéis logrado indignarme un segundo. Sabed de una vez por todas, que no tengo patria ni reconozco patria de nadie. Mi campo es más amplio que esa tajadita de absurdo que queréis darme. Mucho más amplio. Ni siquiera el mundo. Ni siquiera el cosmos...

lunes, 9 de septiembre de 2019

El ángel del espejo y otros relatos, Salarrué

«Yo no tengo patria, yo no sé lo que es patria. ¿A qué llamáis patria vosotros los hombres entendidos por prácticos? Sé que entendéis por patria un conjunto de leyes, una maquinaria de administración, un parche en un mapa de colores chillones...no tengo patria pero tengo un terruño... No tengo El Salvador... tengo Cuscatlán, una región del mundo y no una nación». Salarrué.  
Por más de doce años, los miembros del Club de la Buena Estrella hemos recibido enormes gratificaciones emprendiendo memorables viajes a través de la lectura. Grandes autores nos han guiado a sus propios lugares y épocas, mostrándonos de forma simultánea lo universal y lo particular de los seres humanos en cada región y tiempo. Al día de hoy, 165 libros después, nos enorgullece comprobar que nuestro mapa literario abarca más de treinta países en cuatro continentes.

Sin embargo, como Salarrué, nosotros también tenemos terruño. Y allá vamos cada septiembre, en una visita literaria que cumplimos de manera religiosa, sea con la curiosidad y el interés que conlleva descubrir una voz nueva, o bien con la nostálgica alegría de reencontrarnos con las palabras de un viejo amigo al que siempre leemos con agrado. A lo largo de estos años, once autores salvadoreños nos han contado dieciocho historias que, más allá de las cosas universales inherentes al ser humano, tienen el ingrediente especial del arraigo y la identificación que de manera natural ocurre con todo aquello que nos es propio y familiar. 

Este 2019 el turno le corresponde precisamente a Salvador Salazar Arrué (Salarrué), a quien tendremos el honor de leer por segunda ocasión en nuestro club, luego de haber disfrutado en nuestro programa de 2012 con la lectura de Cuentos de cipotes. Nuestro libro del mes es El Ángel del espejo y otros relatos, una antología de la obra de Salarrué publicada en Venezuela por Biblioteca Ayacucho en 1976.

Quien crea conocer a Salarrué por haber leído sus Cuentos de cipotes no podría estar más equivocado, y quien aún no ha leído nada de él no tiene idea de lo que se está perdiendo. Salarrué es muy probablemente la piedra angular de la literatura salvadoreña, la letra nacional pura y auténtica, libre de imitaciones y ajena a la influencia de las corrientes literarias europeas de su tiempo. Leerlo es casi una responsabilidad inherente del ser salvadoreño, pero muy al contrario de la mayoría de las obligaciones, su narrativa supone un reto que termina siendo un verdadero disfrute. 

Ya lo mencionaba hace más de cuarenta años el autor nicaragüense Sergio Ramírez en esa joya de prólogo que antecede la colección de relatos en mención:

"Al enfrentarse el antólogo con la vasta obra narrativa del salvadoreño Salvador Salazar Arrué, más conocido como Salarrué y mejor conocido por su libro Cuentos de barro, descubre en primer término que las fronteras de trabajo literario, delimitan también de manera arquetípica a sucesivas generaciones de escritores centroamericanos que en la primera mitad del siglo XX se empeñaron en conquistar, alentados por una tenaz vocación y entrabados en un opresivo juego de limitaciones, su porción de universal latinoamericano."

Que la influencia de Salarrué sea evidente en muchos otros escritores costumbristas posteriores, que Sergio Ramírez en 1976 o Roque Dalton en 1967 hayan trabajado en sendas antologías de su obra, y que muy probablemente el mismo Salarrué haya descubierto en El libro del trópico de Arturo Ambrogi el combustible inicial de sus letras de tinte nacional y regionalista, nos dan una idea de los trazos que de generación en generación van construyendo la identidad nacional, así como el lenguaje que la ha dejado plasmada en la letra impresa y en la memoria salvadoreña y centroamericana.

Quedan pues, cordialmente invitados a leer con nosotros El ángel del espejo y otros relatos, uno de los libros mejor votados en nuestras elecciones de octubre de 2018, un abordaje necesario para entender mejor la literatura salvadoreña y un viaje literario que puede ser de gran ayuda para encontrarnos a nosotros mismos.

Sinopsis

El narrador salvadoreño Salarrué (Salvador Salazar Arrué, 1899-1975) resume el universo narrativo centroamericano del siglo XX a través de los dos hemisferios simétricos de su literatura: la cuentística realista que en Cuentos de barro, Trasmallo y Cuentos de cipotes rescata las profundas raíces populares mediante una exaltación mágica del lenguaje, y la cuentística esotérica que desde O'Yarkandal hasta Remotando el Uluán reconstruye los viajes purificadores de los antiguos libros sagrados con un erizamiento sensorial. En uno y otro hemisferio Salarrué construye sus cuentos sobre la fuerza de las imágenes inéditas, la concentrada brevedad, la totalización de los temas a manera de metáforas, el incesante diálogo del bien y del mal.

Ficha del libro

Mes: Septiembre de 2019
Viñeta: Autor salvadoreño
Título del libro: El ángel del espejo y otros relatos
Autor: Salarrué
Nacionalidad: Salvadoreña
Año de publicación: 1977
Esta edición: 1985
Editorial: Biblioteca Ayacucho, Venezuela.
Número de páginas: 382



Metas de lectura
  • Jueves 5
    • Prólogo de Sergio Ramírez
    • El Cristo negro 
    • O'Yarkandal 
    • Remotando el Uluán 
  • Jueves 12
    • Cuentos de barro
    • Trasmallo 
    • Eso y más
  • Jueves 19
    • La espada y otras narraciones

El autor

Salvador Salazar Arrué (Sonsonate, 1899 - San Salvador, 1976) 
Artista y escritor salvadoreño. También conocido por el seudónimo de Salarrué, fue una de las voces fundamentales de la literatura hispanoamericana por su concisión y fuerza en la recreación de la realidad de su pueblo. Su identificación con el mundo del campesino salvadoreño y sus exploraciones en los asuntos esotéricos orientales y de ciencia ficción han llevado a valorarlo como uno de los iniciadores de la nueva narrativa latinoamericana y como destacado exponente de la cultura de su país. Sus Cuentos de barro (1933), relatos de extrema brevedad, contribuyeron a forjar la estética del cuento hispanoamericano.

Instalado con su familia en la capital salvadoreña desde los ocho años, a los diez años publicó ya sus primeros textos en el Diario de El Salvador. Formado en el Liceo Salvadoreño, el Instituto Nacional y la Academia de Comercio, estudió además pintura y dibujo con el maestro greco-ruso Spiro Rossolimo, y más tarde, gracias a una beca, en la Corcoran School of Art de Washington, donde con veinte años realizó su primera exposición individual en la Hisada's Gallery.

De regreso a El Salvador, contrajo nupcias con la artista Zelie Lardé y comenzó a prestar servicios laborales en la Cruz Roja. En 1928 fue contratado como redactor jefe del diario Patria, dirigido por los escritores Alberto Masferrer y Alberto Guerra Trigueros. Publicó allí artículos y su primeros relatos, reagrupados luego en Cuentos de cipotes. Fundó y dirigió las revistas Amatl y Espiral; a lo largo de su vida colaboraría en numerosos rotativos y revistas literarias y artísticas.

Miembro de la Sociedad de Amigos del Arte (1935-1939), durante varios años trabajó como agregado cultural de la delegación diplomática en Estados Unidos, y participó en la Conferencia de Educación organizada en julio de 1941 por la Universidad de Michigan. Alternó la literatura con la pintura; se recuerda especialmente el éxito de sus exposiciones en Nueva York y San Francisco (1947-49) y de algunas de las que realizó posteriormente en su país y de nuevo en Estados Unidos entre 1958 y 1963. Otra de sus facetas artísticas fue la de compositor: se le deben más de un centenar de canciones.

En 1963 ocupó el puesto de Director General de Bellas Artes, y en 1967 fundó, en el parque Cuscatlán, la Galería Nacional de Arte (actualmente conocida como Sala Nacional de Exposiciones), centro cuya dirección asumió. Desde 1973 hasta su fallecimiento fue asesor cultural del gabinete del Director General de Cultura, Carlos de Sola.

La obra literaria de Salarrué lo ha colocado en el justo papel de clásico no solo de la literatura salvadoreña, sino también de la cuentística en castellano. Su peculiar costumbrismo es más bien un énfasis en la lengua de su pueblo, una visión tierna de los pequeños seres que atraviesan, con su ternura y miseria, los paisajes de su país. Escribió acerca de campesinos y desplazados de las urbes, identificándose con sus problemas y rasgos, así como con su materia verbal, que reproduce la tensión idiomática entre los dialectos, las lenguas indígenas y el castellano.

En su caso también se ha hablado de realismo mágico: un buen ejemplo de ello es el célebre cuento El anillo de Oricalco, que desarrolla el tema de la muerte, los indios magos y el tópico del anillo encantado. Sus primeras novelas fueron El Cristo negro (1927) y El señor de la burbuja (1927). Con O´Yarkandal (1929), recopilación de relatos, dio a conocer sus primeros cuentos fantásticos.

Entre sus títulos posteriores deben destacarse Remontando el Uluán (1932), Cuentos de barro (1933), Conjeturas en la penumbra (1934), Eso y más (cuentos, 1940), Cuentos de cipotes (1945; 1961, edición íntegra), Trasmallo (cuentos, 1954), La espada y otras narraciones (1960), La sed de Sling Bader (novela, 1971), Catleya luna (novela, 1974) y Mundo nomasito (poemas, 1975). Entre 1969 y 1970, a instancias de la editorial de la Universidad de El Salvador, el poeta y narrador salvadoreño Hugo Lindo se encargó de prologar los dos tomos de las Obras escogidas de Salarrué, quien intervino directamente en la selección de los textos.

Referencias


https://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/salazar_arrue.htm


lunes, 5 de agosto de 2019

Series CBE: "Y sin embargo se mueve" (Capítulo 8)



Buenos Aires, 1956

Contemplo la impoluta blancura del papel que estuve a punto de profanar y me divierte mi propia estupidez. ¿Qué sentido tiene ahora escribir una carta en respuesta a Ñato Iberra? En breves instantes no existiré más. De mí, de Jacinto Chiclana... no quedará recuerdo, vaho ni huella. Si no hay creador no hay obra. Si no hay pies no hay pasos. Si no hay puño tampoco puede haber letra. 

En cuanto a Iberra, el pobre diablo se desvanecerá en la nada mientras me espera en la esquina de Rincón y Rivadavia, del mismo modo en que yo me borraré del todo a varias cuadras de ahí, en este edificio de la calle México, en esta babel de libros y volúmenes: el majestuoso reino del dios ciego cuyos días me apresuro a cortar con un cuchillo. No pude haber elegido mejor lugar y tiempo para matar y morir, para nacer al olvido, para abortarme de cuajo de todas las realidades y ficciones, para arrancarme de raíz de todas las dimensiones y épocas. 

Nunca antes fui tan consciente de que al matar a un hombre también se mata de un tajo su simiente, se evita su descendencia. Si matas a un dios también acabas con su obra, lo despojas de su divinidad, impides su culto. Eliminar al hacedor antes de que me haya creado será el suicidio más excelso y la rebelión más sublime. Me lo llevaré conmigo.

Hurgo en mi decrépita memoria y no encuentro remordimiento alguno. Apenas he sido el arma ejecutora en la mano del criminal, y no se puede culpar al cuchillo por la sangre derramada. Es mi naturaleza, mi propósito, acaso mi destino. He visto a los ojos a Maneco Uriarte, Duncan, Juan Dahlmann, Juan Almanza y Juan Almada. Incluso a Juan Iberra, a quién eliminé para salvar a su hermano menor, el Ñato, de la indigna muerte de un balazo. Todos me han entregado una última mirada de buey manso resignado al degüello. Como yo, cada uno de ellos también fue creado con las mismas letras. Son mis hermanos de tragedia. 

Pero yo no moriré la muerte que está escrita para mí. He abierto los ojos, sé la verdad. Ergo, soy libre de morir a mi manera. Ahora puedo distinguir con claridad cada detalle, cada contorno. Mi lucidez contrasta de manera aguda con la ceguera del hacedor. Le veo recorriendo los pasillos, deteniéndose frente a cada anaquel, tomando cada volumen entre las manos, esforzando sus ojos sin luz en un vano intento por descifrar las letras. Le veo suspirando, aceptando la noche, contemplando la ironía, acariciando los lomos de los libros ya ilegibles para sus ojos apagados.

—​Señor Borges.

—​Al fin te decides a hablarme.

—​¿Me conoce? ¿cómo puede conocerme? ¿cómo, si no ha podido verme, sabía que yo estaba aquí?

—​Habrás notado que mis ojos no perciben nada que no sea una luz intensa, y estoy seguro de haber visto el destello de un cuchillo. Además, he podido sentir tu presencia, Jacinto. 

—​No es posible, ¡no hay manera de que sepa quién soy, aún no ha escrito nada sobre mí!

—​Que un individuo quiera despertar en otro individuo recuerdos que no pertenecieron más que a un tercero es una paradoja evidente.

—​¿De qué tercero habla? ¿qué paradoja?

—​Es con tus ojos que puedo ver con claridad, es a través de ti que me someto a la ley del cuchillo, a la vida que no tuve, a la muerte que no tendré. ¿Piensas que te inventé yo? No Jacinto, te equivocas. Te creó hace mucho el otro Borges, el joven que seguiste por el Buenos Aires de otros pagos. Acabar conmigo no acabará contigo, porque es para eso que has venido, ¿no es cierto?

—​¿El otro Borges? ¡no es verdad! ¡no puede serlo! ¿cuántos Borges hay?

—​Miles. El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho. El tiempo es un río que me lleva, pero yo soy el río; es un tigre que me devora, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. Y del mismo modo hay miles de instancias de Jacinto Chiclana, de Ñato Iberra, de Buenos Aires, del universo. Hay tantas instancias, con tantas y tan diversas variaciones, como bifurcaciones hay en cada sendero del jardín. A veces eres mi hijo leal, en otras mi hijo pródigo, y en otras tantas eres mi Absalón sublevado. Algunas veces incluso eres Iberra. En la más genial e inesperada de las bifurcaciones, yo soy Chiclana y tú eres Borges. Tu historia y la mía forman un volumen cíclico cuya última página es idéntica a la primera. Esta es la última página. ¿Crees que no la hemos vivido antes? ¿que no se repetirá hasta el infinito? Otro Jacinto Chiclana camina ahora por Rivadavia, dirigiéndose a lo inevitable, hacia la esquina maldita donde lo espera Ñato Iberra. El filo de la muerte es tu destino, el más digno de los finales. Tu sacrificio es tu gloria. Sin embargo hay otra mano, otro sentido. Puedes quedarte aquí, puedes matarme. En realidad me encantaría que lo hicieras. Puedo darte mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón, estoy tratando de sobornarte con incertidumbre, con peligro, con derrota. Porque la palabra escrita queda indemne, rematando el final oficial y eterno, que solo inmortaliza la verdad del victorioso.

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viernes, 2 de agosto de 2019

Rana, Mo Yan

"Para mí, que vengo del campo, la relación con la tierra es muy importante. Toda mi obra es como una planta que nació de la tierra".  Mo Yan en conversatorio en la Universidad de Los Andes, Colombia. 




Seis años después de haber descubierto a este coloso literario, el Club de la Buena Estrella vuelve a incluir a Mo Yan en su programa de lecturas en 2019. Nuestro antecedente con el laureado escritor chino se remonta al mes de abril de 2013, cuando leímos Sorgo rojo, una joya literaria que narra con una poco usual combinación de pasión, brutalidad, belleza y reverencia, los terribles eventos que vivieron los pobladores de Gaomi noreste, pueblo natal de Mo Yan, durante la invasión y ocupación japonesa. Sin lugar a dudas, uno de esos libros que dejan honda huella en el lector.

La obra de Mo Yan está llena de verdaderos imperdibles literarios. Rana, la obra que nos ocupará a lo largo de este agosto, era su publicación más reciente al momento de ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2012, a mi gusto uno de los premios literarios más merecidos que ha otorgado la academia sueca en los últimos años. 

¿Cómo llegamos a elegir Rana?

La elección de Rana para nuestro programa de lecturas no ha resultado fácil. No sería una mala analogía decir que ha sido como con dolores de parto. Lo propuse tres veces, en las votaciones de 2015, 2016 y 2018 con los siguientes argumentos:

Después de la profunda impresión que dejó en mí la lectura de Sorgo Rojo en 2013, me prometí que leería más de este magnífico autor chino ganador del Premio Nobel en 2012. Aún no me he cumplido esta promesa. ¿Por qué Mo Yan? Porque su nombre me inspira profunda admiración y respeto, porque sus escritos sacuden al lector y sus afiladas frases lo traspasan. Una sola lectura me bastó para convencerme de que este polémico y genial escritor es el Premio Nobel más merecido, el menos cuestionable de los últimos años. ¿Por qué elegí Rana? Porque la crítica considera que es una de las tres mejores obras de Mo Yan, y probablemente sea la más atractiva por su poder simbólico y político, por lo escabroso del tema y por su interesante marco narrativo. 

Fue hasta el tercer intento cuando mi porfiada recomendación se erigió como una de las dos mejor votadas, empatada en el primer lugar con La rueda de la vida de Elisabeth Kübler Ross. Rana aún tuvo que ir a una reñida segunda vuelta, en la que se impuso apenas por un voto. Ergo, nuestra propuesta solo se hizo fecunda después de una intensa carrera, tras un sinfín de coleteos y cabeceos, tercos, persistentes y perseverantes. Hoy, por fin, el estimado lector asiste al parto doloroso y feliz de un larguísimo embarazo de seis años: nuestro desafío de lectura para este mes de agosto.

¿De qué va nuestro libro del mes? 

¿Se imaginan cómo sería si en nuestro país se decretara que cada pareja legalmente reconocida por el Estado solo debiera tener un hijo? ¿cómo se recibiría una medida como esa en cada grupo socio económico, entre personas con holgura financiera, en sectores urbanos populares o en zonas rurales, casi todos ellos gobernados por una serie de credos, prejuicios, valores y tradiciones que condicionan su percepción de maternidad, paternidad y familia? ¿qué grado de vigilancia e invasión sería necesario para controlar a cada ciudadano e imponer una ley así? ¿cómo se manejarían los casos en que una pareja concibiera otro hijo no permitido? ¿qué implicaciones y consecuencias tiene una ley de esa naturaleza en aquellos que la elaboran, en los que tienen la responsabilidad de ejecutarla y en la población que la vive en carne propia?

Pues bien, Rana es la historia de una mujer médico rural en la época de la China maoísta y de la reconstrucción cultural, es decir, el tiempo en que el Estado chino se vio en la necesidad de restringir la cantidad de hijos que cada pareja podía tener, hasta desembocar en la política del hijo único. La historia es contada de manera epistolar por Renacuajo, el sobrino de la médico, un aspirante a escritor que, inspirado por la visita que un importante literato nipón hace a su poblado, decide escribirle cartas para narrarle la vida de su tía y los hechos que se suscitaron entre los pintorescos personajes de su pueblo a lo largo de cincuenta años, en el marco de la política estatal de la planificación familiar.

La narración se desarrolla en cuatro partes, cuya quinta y última es la culminación del camino del escritor novicio: una obra teatral en nueve actos, basada en la apabullante y controversial historia de su tía, que es al mismo tiempo la palpitante historia reciente de su nación.

Rana es la primera de las obras de Mo Yan que ha sido traducida por Editorial Kailas directamente del chino al español.

FICHA DEL LIBRO


Mes: Agosto de 2019
Viñeta: Desafío
Título del libro: Rana
Autor: Mo Yan
Nacionalidad: China
Año de publicación: 2009
Esta edición: 2011
Editorial: Kailas
Número de páginas: 408


DIVISIÓN DE LECTURAS

Jueves 8 de agostoPrimera parte20%
Jueves 15 de agostoSegunda y tercera parte50%
Jueves 22 de agostoCuarta parte79%
Jueves 29 de agostoQuinta parte100%

SOBRE EL AUTOR


Mo Yan durante la Feria Internacional del Libro 2019 en Lima, Perú. Foto de Miguel Yovera.
Mo Yan no es un autor desconocido para el Club de la Buena Estrella. En 2013, publicamos un resumen de sus datos biográficos. En ese mismo mes, transcribimos la entrevista de Bernhard Zand al autor chino, publicada en Der Spiegel. En ella, Mo Yan nos da sus agudas valoraciones sobre la literatura y la política. El Premio Nobel 2012 también sorprende con unas impactantes revelaciones de la manera muy personal en que se ve involucrado en la historia que nos cuenta en Rana. 

Comparto con ustedes un breve vídeo del autor durante un conversatorio celebrado en la Universidad de Los Andes, Colombia, en 2015.


Quedan cordialmente invitados a leer con nosotros Rana de Mo Yan, nuestro libro del mes en el Club de la Buena Estrella. ¡Felices lecturas!

jueves, 4 de julio de 2019

Series CBE: El velo (II)





Dinora Gaspar, una periodista principiante, decide investigar el caso del psiquiatra Rafael Valdivia, quien oficialmente es el responsable del asesinato de cinco pacientes del Hospital Psiquiátrico Nacional; pacientes de los cuales no se conoce absolutamente nada, por encontrarse aislados en un pabellón inaccesible en la institución. Durante la investigación, D. G. descubre que todas las personas relacionadas con el siniestro se ven afectadas y, en cada nuevo descubrimiento, ella se ve acogida por la horrenda inquietud de que en la sangre rutinaria de un país acostumbrado a la violencia se esconde un misterio, por hoy oculto, detrás de un velo. 
 _____________ 

Transcripción de la carta de Teresa 

No estoy segura si estoy haciendo lo correcto, pero si no hago algo voy a enloquecer. Tu llamada ha sido un respiro en este infierno silencioso que estoy viviendo. Déjame explicar qué fue lo que sucedió con Marvin la madrugada del 23 de enero. 

Marvin vino a la casa, a las 2:30 a.m. Tenemos cinco años de estar divorciados pero, a pesar de eso, en los últimos tres o dos meses habíamos logrado llevarnos mejor; por lo que él venía a la casa a dormir, comer, en fin, a pasar más tiempo con los niños. 

Cuando abrí la puerta y vi que tenía su uniforme manchado de una especie de pintura negra, pensé que había tenido algún incidente en el hospital, pero la frialdad en su cara me hizo saber que otra cosa había pasado. Algo realmente grave. 

Entró a la casa y no dijo nada. Era evidente que algo en él andaba mal. Se quitó el uniforme, se duchó, y a todo esto yo estaba esperando a que él dijera algo. Pero no, no decía nada. Pasó un tiempo así, en un estado automático, hasta que le hablé. Marvin tardó unos cuantos minutos en reaccionar. Comenzó a buscarme con la mirada aún estando yo enfrente, y cuando al fin nuestra mirada se topó, él comenzó a llorar. En aquel momento pensaba que estar tanto tiempo con locos le había empezado a afectar. Ahora que sé lo que sucedió, daría todo porque mi Marvin se hubiese vuelto loco por alguna enfermedad pero no por lo que vio. Niña, hay más cosas en este mundo. 

Esto fue lo que Marvin pudo contarme en medio de tartamudeos, sollozos, y una voz que se apagaba por puro temor. Marvin me contó que faltaban algunos minutos para que fuera la madrugada del 23 de enero, el venía haciendo una inspección general que va desde los pabellones C y D, hasta finalizar en los pabellones A y B. Aunque no todos los pacientes dormían, había una relativa calma, casi tenebrosa, en el hospital. 

Mientras caminaba por el pasillo central, que es el pasillo que entrelaza los cinco pabellones, escuchó como desde el fondo, en el último de los pabellones, un sonido que le costó definir en un principio. ¡Mi niña, Marvin, escuchó carcajadas! Aquello paralizó a mi pobre Marvin. El teléfono que utilizan para comunicarse dentro del hospital, ubicado en medio del pasillo, sonó. Era el Dr. Hidalgo, quien lo necesitaba con urgencia. Marvin corrió hasta la Coordinación de Pabellones, y aún escuchaba cómo las carcajadas que venían del Pabellón-M se hacían más fuertes. Marvin llegó con el doctor, y este, sin decirle mayor detalle de lo que sucedía, le hizo que le siguiera. En algún momento Marvin pensó en negarse a obedecer al doctor, pero el miedo le había quitado toda voluntad. Era un prisionero.

Estando los dos frente a la puerta, el doctor con la llave en la mano le dijo a Marvin «Marvin, en verdad lo siento. Me caes bien». La puerta se empezó a abrir lentamente. Las carcajadas se habían ido agotando de forma misteriosa. Las lámparas que colgaban del «techo» del pabellón se mantenían intermitentes, y Marvin, por fin, pudo ver el misterioso Pabellón-M. 

A pesar de que por fuera el Pabellón-M lucía exactamente igual que los otros cuatro pabellones, por dentro era muy diferente. La estructura interna había sido diseñada como si fuera un «domo». El lugar era tan grande como los otros, pero ahí solo había cinco camas y un cubículo ubicado lejos de la entrada; el cual funcionaba como el cuarto y oficina del Dr. Valdivia. 

En las paredes del domo, dijo Marvin, habían una serie de dibujos extraños. El no supo cómo explicarlos, así que no tuvo otra opción que dibujarlos. He sido profesora de Estudios Sociales en Bachillerato toda mi vida, sé que no soy una experta en simbología pero estaba segura que todos los símbolos que Marvin dibujó pertenecían a diferentes culturas. Habían símbolos mesoamericanos, arábicos, judíos, y después de estudiar un poco más, encontré algunos relacionados con la alquimia y el misticismo. Desearía decirle que eso fue todo: que Marvin solo vio un lugar espantoso donde parecía que dormía la mismísima locura. Pero aún faltaba lo peor. 

Las camas del pabellón estaban vacías, y un hedor a putrefacción inundaba el lugar. Cuando lo intermitente de la luz en las lámparas ceso, fue que Marvin los vio: seis cuerpos yacían en el piso de aquel macabro lugar, y uno de ellos estaba con vida. Marvin quiso salir corriendo, o simplemente cerrar los ojos, pero había algo en aquel lugar que le impedía hacerlo. 

Los cinco pacientes habían sido degollados. Unas tijeras que estaban en el suelo del lugar, fueron utilizadas para el homicidio. Bajo aquel sacrificio humano había un dibujo, una especie de estrella de cinco puntas pintada y hecha con sangre, en el suelo. 

El Dr. Valdivia, se encontraba sentado en la famosa posición de «loto»; ya sabe, la que relacionan con Buda y algunas prácticas orientales. Y, por si fuera poco, parecía estar meditando. Marvin dijo que en cada intervalo de cinco segundos, se escuchaba como el doctor susurraba algo como: «zegualot». El Dr. Valdivia, se encontraba completamente desnudo, al igual que los pacientes, y en la frente del psiquiatra había un dibujo hecho con sangre. Era un ojo. 

Marvin vomitó, el Dr. Hidalgo se quedó inmóvil tratando de que la mano no le temblara tanto. Luego, como si fuese una súplica, el Dr. Hidalgo le pidió a mi Marvin que sacara los cuerpos del pabellón y que no tocara al Dr. Valdivia. El pobre de Marvin no sabe cómo es que lo hizo, pero obedeció. Cada vez que levantaba un cuerpo, sentía que el estómago se le iba a salir en cualquier momento por la boca. Cuando Marvin estaba a punto de sacar al último de los cadáveres, el Dr. Valdivia, quien se había mantenido inmóvil todo el tiempo, abrió los ojos y se abalanzó contra Marvin, haciendo que este terminara en el suelo negro. En el suelo inundado de sangre. 

El Dr. Valdivia, agarró con sus dos manos el rostro de Marvin. Mi esposo no pudo hacer nada más que petrificarse por completo. El Dr. Valdivia, estando encima de Marvin, con un tono violento y susurrando, le dijo al oído: «Están aquí, Marv. La profecía del jaguar se está cumpliendo. El niño lo vio todo. Ellos lo ven todo, lo quieren todo. Están en las sombras y yo, lo veo todo. Lo que inició esta pronto a terminar, y cuando pase, ellos serán libres Marvin. Las pirámides se invertirán, el sello se romperá y lo que ha dormido eternamente despertará». 

Marvin se echó a gritar. En ese momento entraron soldados y lo sacaron de ahí. Lo montaron en una camioneta y lo trajeron hasta acá. Antes de que Marvin se bajara de la camioneta, uno de los tipos que iba en el asiento del conductor le dijo: «si eres inteligente, si amas a tu familia, y deseas una mejor vida, debes mantenerte alejado de todo lo que has visto. ¿Te queda claro?» Marvin no le pudo contestar. 

Sé que mañana es nuestra reunión, pero temo decirte que no podremos hablar. No sé cómo explicarlo pero presiento que me vigilan. Después de haber recibido tu llamada hoy por la tarde, inmediatamente al colgar, alguien tocó la puerta. Eran una pareja de misioneros, raras veces se les ve pasar por esta zona. Los atendí desde la ventana que está al costado de la puerta principal de la casa. Ya te imaginarás, un «gringo» y un salvadoreño. Cuando les pregunté qué deseaban, respondieron como era de esperarse: «Le traemos un mensaje de salvación». Agradecí cortésmente, y les dije que no estaba interesada. Ellos sonrieron y mientras cerraba la ventana el «gringo» se acercó lo más que pudo, y el muy cabrón me dijo: «La salvación está para aquel que la busca. Recuerde que hay un Dios que todo lo mira, que en todo lugar está y que de él nadie puede escapar». 

Solo recordarlo, es suficiente para que uno se ponga histérico. 

He tomando mis precauciones para el día de mañana; incluso he decidido transformar mi apariencia. Entre más vulgar me vea, creo que mejor resultará todo. Estoy ansiosa por verte. Solo pensar en tu voz, tan dulce, tan cálida, me otorga un poco de esperanza. Tú me haces pensar que todo esto no es más que un mal sueño. 

Sé lo que te estás preguntado, pero temo decirte que no lo sé. Simplemente no lo sé. Desapareció. Marvin desapareció. Aquella madrugada del 23 de enero fue la última vez que lo vi. Espero haberte ayudado. 

Con aprecio, Teresa. 

P.D.: Creo que no está de más escribirte algo un tanto maternal: Aléjate. Aléjate de esto. Sé que las dudas son muchas, pero no lo vale. A veces la verdad no hace libre a nadie. La verdad mata. Y cuando entiendes eso, la ignorancia es una bendición. La más grande de todas.

 ________ 

No pude evitar llorar adentro del carro. 

Mientras volvía a recomponer la forma en que estaba la carta, intentando hacer los dobleces tal y como Teresa los había hecho, me encontré con un mensaje más. Ella debió de escribirlo poco antes de vernos ya que la caligrafía era pésima, como si la hubiese escrito apresuradamente. 

Teresa había añadido un pequeño párrafo, que me enfrentó a una realidad: podía salirme o llegar hasta al fondo de esto sin importar las consecuencias. Recordé su advertencia: «La verdad no hace libre a nadie». Ahora ya es muy tarde, debí haberle hecho caso cuando puede. 

Aquí dejo la transcripción del párrafo inesperado: 

«Estoy asustada. No tengo mucho tiempo. Esto es lo que pasó: venía en el autobús y, a pesar de que la ansiedad me estaba carcomiendo, todo parecía de lo más normal hasta que se subió un anciano extraño. Este tipo andaba vestido con ropa oscura y gafas ahumadas. Parecía extranjero y con una presencia impresionante, paradójica para su avanzada edad. Se sentó junto a mí suavemente, y se quitó las gafas. El tipo no hizo nada durante casi todo el viaje. Faltando dos o tres, paradas para bajarme en el centro comercial, el sujeto sin dejar de ver al frente me dirigió la palabra. Empezó diciendo algo sobre el clima, el calor. No le entendí. Luego, sin perder su postura, me dijo que tuviera cuidado que el ojo estaba sobre mí. Dijo que sabía lo que estaba pasando, que era un amigo y que podía ayudar. No le pude contestar. Me dejó una pequeña tarjeta, que acabo de romper y botar. En la tarjeta había un nombre y un número, aquí he escrito el número y el nombre del anciano, quizá te ayude. Para mí ya es tarde. No sé cómo he llegado a esa conclusión pero lo es. Adiós». 

Fui yo quien mató a Teresa. 

Arriba del último párrafo escrito por Teresa, había un nombre y un número. El nombre: Virgilio y su número telefónico; por razones obvias, no lo proporcionaré. 

miércoles, 3 de julio de 2019

Solaris por Stanislaw Lem


Iniciamos la segunda mitad del año y lo hacemos con un mes dedicado a explorar literatura de diversas partes de la orbe, en esta ocasión: Polonia, ¿por qué? Por... motivos.
En realidad es muy bueno que se haya tomado esa decisión pues es algo que nos obliga a incursionar en libros a los que difícilmente llegaríamos de otra manera. Es así que cuando se supo que las propuestas para julio deberían ser de autores polacos debí iniciar una pequeña investigación para saber quiénes eran los exponentes y quién entre ellos era el adecuado para mí.

Revisando ese listado me topé con Stanislaw Lem, uno de los grandes autores de la ciencia ficción y, entre dichos grandes, uno de los pocos no angloparlantes. Entre su obra destacó para mí Solaris, en la cual está basada la pieza maestra del arte cinematográfico de 1972 de Andrei Tarkovski y terminó de sellar la decisión la forma en cómo es presentada la más reciente edición en español del libro, cortesía de editorial Impedimenta:

"Impedimenta se complace en presentar, por primera vez en traducción directa del polaco, Solaris, la mítica novela que consagró a Stanisław Lem como autor de culto. Un texto hoy en día considerado un clásico sin paliativos de la literatura moderna."

Es desconcertante para mí pensar que antes, en el mundo de habla hispana, solo se habían tenido disponibles traducciones hechas a partir de la traducción a otra lengua; saber que esta fue la primera obra seleccionada para ese hito es también por lo cual la opción de Solaris se me hizo inevitable.

Termino con una observación personal: creo que en el historial de libros del CBE este será hasta la fecha el libro más "ciencia-ficcionesco" leído, espero tengan ánimos para sumergirse en las profundidades de este océano y lleguemos a la otra orilla con un mayor entendimiento del género y de muchos aspectos adicionales.


SINOPSIS

Kris Kelvin acaba de llegar a Solaris. Su misión consiste en esclarecer los problemas de conducta de los tres tripulantes de la única estación de observación situada en el planeta. Solaris es un lugar peculiar: no existe la tierra firme, únicamente un extenso océano dotado de vida y, presumiblemente, de inteligencia. Mientras tanto, se encuentra con personas que no deberían estar allí. Tal es el caso de su mujer, que se suicidó años antes y que parece no recordar nada de lo sucedido. Stanisław Lem nos presenta una novela claustrofóbica, en la que hace un profundo estudio de la psicología humana y las relaciones afectivas a través de un planeta que enfrenta a los habitantes de la estación a sus miedos más íntimos.


BIOGRAFÍA DEL AUTOR


Stanisław Herman Lem (12 de septiembre de 1921 - 27 de marzo de 2006) fue un escritor polaco cuya obra se ha caracterizado por su tono satírico y filosófico. Sus libros, entre los cuales se encuentran Ciberíada y Solaris, se han traducido a 40 lenguas y ha vendido 27 millones de ejemplares. Es considerado como uno de los mayores exponentes del género de la ciencia ficción y uno de los pocos escritores que siendo de habla no inglesa ha alcanzado fama mundial en el género.

Sus libros exploran temas filosóficos que involucran especulaciones sobre nuevas tecnologías, la naturaleza de la inteligencia, las posibilidades de comunicación y comprensión entre seres racionales; asimismo propone algunos elementos de las limitaciones del conocimiento humano y del lugar de la humanidad en el universo. Su encasillamiento como escritor de ciencia ficción se debe a que ocasionalmente, a lo largo de su carrera como escritor, prefirió presentar sus trabajos como obras de ficción o fantasía, para evitar los atavíos del rigor en el estilo académico de escritura y las limitaciones del número total de lectores al que llegarían sus libros si fueran textos "científicos"; no obstante, algunas de sus obras están en la forma de ensayos científicos o de libros filosóficos, tales como Summa Technologiae y Microworlds (el último sin traducción al castellano), en las que expresa con rigor sus posturas científicas.


FICHA DEL LIBRO

Título: Solaris
Autor: Stanislaw Lem
Nacionalidad: Polaco
Mes: julio
Viñeta: País/Región: Polonia
Número de páginas: 296
Editorial: Impedimenta
Idioma: español
Idioma original: Polaco
Traductora: Joanna Orzechowska
ISBN: 978-84-15130-09-3
Año de edición: 2011
Año de publicación: 1961


DIVISIÓN DE LECTURAS

CapítuloPorcentajePDF
Reunión 1Final del capítulo "Los solaristas"18%Página 28
Reunión 2Final del capítulo "Pequeño apócrifo"46%Página 71
Reunión 3Final del capítulo "Oxígeno líquido"70%Página 114
Reunión 4Final del capítulo "El viejo mimoide"100%Página 154

FUENTES



Solaris es una recomendación de Marlon H.