sábado, 31 de enero de 2015

La música en El mundo de afuera

En mi comentario personal sobre El mundo de afuera, mencioné una de las cosas que más destaco de la obra de Jorge Franco: es un libro muy musical. Como si se tratara de un guion cinematográfico, el autor colombiano va construyendo su propia banda sonora a medida que menciona piezas musicales que alguno de sus personajes canta o escucha, y que sin duda contribuyen a crear una atmósfera particular para cada momento de su relato.

Detallo a continuación los momentos musicales de El mundo de afuera de Jorge Franco. Al final encontrarán un player para que puedan escuchar las canciones.

  1. Don Diego llena el castillo con la música de Wagner, o de cualquier otro.
  2. Soltó la aguja del tocadiscos sobre el aria que lo conectaba con el dolor. Dolce e calmo, de Tristán e Isolda. Cuando la escuchó por primera vez le había comentado a Mirko, Wagner se debe estar revolcando en su tumba, no porque la cantara María Callas, que la interpretaba mejor que todas, sino porque lo hacía en italiano. El disco rodó por el suelo y giró varias veces antes de caer frente a los pies de Dita. En la etiqueta redonda ella vio el sello de la Deutsche Grammophon y leyó que decía: Tristán e Isolda, primer acto.
  3. Caranga hablaba de la guitarra de Jimi Hendrix y cantaba Purple haze all in my brain, y seguía cantando sin saber inglés. —¿Qué significa purple haze, Caranga? —le preguntó el Cejón. Caranga soltó la guitarra imaginaria, inspiró con la nariz apuntando al cielo, levantó los brazos como un vencedor y dijo, es algo poderoso, my friend.
  4. La orquesta calentaba cuerdas con Strauss.
  5. —Pero claro —dijo Dita, antes de arquear la espalda hacia atrás para dejarse llevar por don Diego en un foxtrot que enloqueció a todo el salón.
  6. Lo llevaba muy corto, como si fuera un muchacho, como Twiggy, la inglesa.
  7. Le subió el volumen al tocadiscos y tarareó Time to kill, de The Band.
  8. Estiró el brazo y, sin consultar, cambió la radionovela que sonaba por una canción de Palito Ortega.
  9. —Eso, como vos decís, lo escribió el mejor poeta que ha tenido este país: Julio Flórez. Hasta lo coronaron como el Poeta Nacional. Seguramente has oído muchas canciones que son poemas de él. A algunos no les gusta porque fue el poeta del pueblo.
  10. Isolda recibe con excusas a la maestra Uribe. Tenía que haber practicado un ejercicio de Manon el día anterior y no lo hizo por jugar con las tortugas del estanque.
  11. —Quiero tocar a los Beatles —le dice Isolda en un descanso de los ejercicios.
  12. —Los Beatles —dice la maestra— también se emocionan con Bach.
  13. Arriba, Dita se cepilla el pelo para remover el exceso de Kleer Lac que se puso en la mañana, y canturrea O mein Papa.
  14. En la butaca del teatro del Oeste, don Diego no aguantó la emoción y con una mano se aferró al brazo de la silla y con la otra, por primera vez, apretó la mano de Dita, que no supo si lo hacía por amor o por el canto de Francesco Merli sobre el escenario. Ella también estaba electrizada con la interpretación de O muto asil cuando sintió los dedos de don Diego rozando los suyos.
  15. Estiró el brazo y prendió el radio, pasó por el dial de varias emisoras y se detuvo en una canción de un cantante español que empezaba a causar furor: Nino Bravo.
  16. Seis muchachos pasaron en un convertible con el radio a todo volumen. Cantaban frenéticos Get back, de los Beatles, y hacían chirriar los neumáticos en las esquinas.
  17. Isolda les canta Alie Leut’, alie Leut’ geh’n jetzt nach Haus’. Y canta, Grosse Leut’, kleine Leut’, dicke Leut’, dünne Leut’.
  18. Don Diego desenvolvió el paquete con cuidado y se sorprendió cuando vio una colección de discos. Era Parsifal, de Wagner, en una grabación de 1936 en el teatro Colón de Buenos Aires, dirigida por Fritz Busch.
  19. ¿Sí ves?, dijo, hasta se da el lujo de cantar. Caranga comentó, últimamente, cuando se despierta, le da por una canción de un pájaro azul. El viejo ni lo miró. Esperó a que el Mono se apartara de la puerta y cruzó frente a él para ir al baño. El Mono se quedó afuera. Necesito que conversemos, le dijo. Adentro se oyó el chorro interrumpido y lánguido. Luego un canto: Ese pájaro azul es el cariño que yo siento por ti, mas no te asombres, fue mi anhelo más grande cuando niño.
  20. También intenta sacar las melodías en el piano y canta bajito que todos vivimos en un submarino amarillo, en un submarino amarillo, en un submarino amarillo.
  21. Ella no le hizo caso y dejó una emisora en la que Nicola di Bari cantaba El corazón es un gitano.
  22. Mirko y Arcuri se miraron. La orquesta empezó a tocar de nuevo. Las bases nacionalsocialistas están intactas, continuó Arcuri, pero don Diego lo interrumpió con un gesto. Es Mozart, les dijo en voz baja. Diego, las ideas no murieron, intentó decir Mirko, pero don Diego lo calló con un gesto enérgico. Cerró los ojos y Mirko y el arquitecto vieron cómo se dejaba llevar por un andante.
  23. En la radiola sonaba una cantante alemana de voz aguda, a la que don Diego no reconoció. —¿No sabes quién es? —preguntó Dita. Don Diego negó. —Es Rosita Serrano. —La chilena a la que Hitler amó. Dita le puso un dedo en la boca. Suena por ti, dijo, canta un par de canciones en español.
  24. Nos sentimos importantes porque los nombres de nuestros papás aparecen en el directorio telefónico y gozamos con las fotos de gente en pelota que aparecen en las revistas que hablan de Woodstock.
  25. Isolda ha vuelto al jardín, aunque ya no persigue ardillas ni saluda a los aviones que vuelan sobre ella. Se encierra en La Tarantela a jugar juegos nuevos con las muñecas. Ahora ellas son el público al que le canta Yesterday con los ojos cerrados y la mano en el pecho.
  26. Esa noche, don Diego va a homenajear a la pianista española Alicia de Larrocha, que está de visita en Medellín para interpretar dos conciertos.
  27. Twiggy bailaba frente al Mono, que seguía en la cama, comiéndose las uñas. Se contoneaba en zigzag con los brazos en alto y cantaba con el radio, un rayo de sol, oh, oh, oh. Provocaba al Mono con sus ojos engrandecidos a punta de pestañas postizas, lo miraba con apetito mientras flexionaba las rodillas y se acariciaba los muslos, me trajo tu. amor, oh, oh.
  28. El festival al que se refería don Diego es uno del que todo el mundo habla y que se está montando al sur de Medellín, en Ancón. Los periódicos dicen que es el «Woodstock colombiano» y los avisos anuncian tres días de amor y paz, con bandas como Los Monsters, Los Flippers, La Banda del Marciano, Carne Dura y otras tres que suenan por ahí.
  29. El se limpió los ojos con la servilleta arrugada y se quedaron callados un rato, oyendo una canción de Julio Iglesias.
  30. Twiggy vació su armario sobre la cama y empezó a escoger ropa para empacarla en una tula. Mientras decidía qué llevar, cantaba una canción de Gigliola Cinquetti que había puesto en el tocadiscos.

El mundo de afuera, comentario personal

¿Qué es el mundo de afuera? ¿El de otros países y tiempos? ¿El de otras vidas en otras condiciones? ¿O acaso el de otras mentes cuyos imaginarios van de lo surreal a lo obsesivo?

Mi humilde valoración de esta lectura es de 7 sobre 10. El mundo de afuera de Jorge Franco, nuestro libro de Enero en el Club de la Buena Estrella, ha probado ser lo suficientemente bueno y entretenido como para gustar a la mayoría de nosotros. Con un estilo narrativo de rápida lectura y fácil asimilación, el Premio Alfaguara 2014 generó buenos comentarios y salió bastante bien librado del juicio particular al que inevitablemente se someten los libros que llegan precedidos de galardones y recomendaciones usualmente desproporcionadas por parte de los jurados y otros autores.

No ha sido la excepción en el caso de El mundo de afuera, libro del que leímos comentarios exagerados de la editorial y de los jurados del premio. Ya la escritora colombiana Laura Restrepo dijo de la narrativa de Jorge Franco que se asemeja a la de los hermanos Grimm y a la de los hermanos Coen, mientras que otro de los jurados, el escritor español Sergio Vila-Sanjuán, aseveró de El mundo de afuera que es “un cuento de hadas con final a lo Tarantino”. Por si esto fuera poco, ya anteriormente el mismo García Márquez le había puesto una pesada carga cuando dijo de Franco que es uno de los autores a quienes le gustaría pasar su antorcha. Más allá de que esto genere interés y de que probablemente incremente las ventas, me parece que en el plano estrictamente literario hace más daño que bien y resulta terriblemente injusto, visto que genera en los lectores demasiadas expectativas que muy probablemente ni el libro ni el autor habrán de cumplir. Después de leer semejantes elogios y comparaciones, es difícil evaluar el libro con independencia y objetividad, pero haré el intento.

En lo personal, creo que El mundo de afuera tiene cosas muy buenas y otras que me disgustaron bastante. Disfruté mucho la naturalidad de los diálogos, tan cargados de la idiosincrasia medellinense, así como la musicalidad con que el autor enriquece el relato. El libro contiene más de 30 canciones de diferentes géneros y épocas que realzan momentos particulares de la historia y contribuyen a perfilar personajes. De hecho, esa suerte de banda sonora se suma al estilo expreso y gráfico que pone de manifiesto la vena de guionista de cine que se le impone por momentos al autor.

Aunque me aburre bastante todo ese rollo de Isolda, los almirajes y demás criaturas fantásticas, reconozco que eso es un asunto de preferencias y para gustos existen los colores. Añadiré a su favor, que Jorge Franco también tiene la virtud de crear personajes desde los detalles, que no por extravagantes o pintorescos dejan de ser creíbles. Me gustó mucho el retrato de señora sencilla, típica y muy natural de la madre del Mono, o la elaboración y el desarrollo del personaje de Twiggy, ese tipo de mujer que se mueve con soltura entre maleantes y aprende a lidiar con ellos, que además libra una permanente batalla entre su naturaleza y su entorno corrientes y su deseo de ser especial y de parecerse a un icono pop. Fue realmente buena la secuencia de Caranga tocando la guitarra de aire y cantando Purple Haze de Jimmi Hendrix en su inglés inventado. Y en esa misma línea aparecen personajes como Marcel (el belga místico), el inepto y oportunista jefe de policía, eternamente presto a saludar con sombreros ajenos, o el loco del parque (que me recuerda al simpático barrendero de uno de los parques de mi ciudad durante mi infancia).

Sin embargo, el Mono Riascos me parece un personaje mal construido y poco convincente, que naufraga como anti-héroe y no cuaja como villano. El ladrón, jefe de la banda, líder cuestionado, novio de Twiggy, homosexual encubierto, alcahuete del muchacho, amante de la poesía, chico obseso por la niña del castillo (como quien se obsesiona más por la belleza como objeto de admiración que por la persona como objeto de deseo), secuestrador sin un verdadero plan ni estrategia, miedoso, supersticioso y resentido social, compone un cóctel que no me baja, que me parece demasiado forzado e insostenible. El Mono presume de líder, de estratega, de macho, de supuesto vengador de la muerte de Caranga, de amenazante pistolero irritado con los hijos de papi que se pasean en su coche último modelo, pero apenas deviene en un borracho patético de pantalones orinados que nunca me logra convencer y mucho menos contagiar.

Hago advertencia de spoiling y paso a señalar que hacia el final el libro se puso mucho mejor y el ritmo se volvió más intenso. La última conversación entre don Diego y el Mono, envueltos ambos en una cerrada neblina, me pareció un escenario inmejorable, una metáfora de los hechos grises y confusos que sucedieron en el cierre de esa fallida operación. No hacía falta ser gráfico en el asesinato de don Diego, algo que incluso entiendo como una forma de respeto del autor para con la malograda celebridad benefactora de su comunidad.

En lo referente a Dita Zur Nieden, parece que hay una polémica en torno a la representación que Jorge Franco hace de ella en el libro. Él asegura que se basa en datos documentales que investigó a lo largo de casi cuatro años. En cambio la gente de la Fundación Biblioteca de Itagüí (que don Diego y Dita donaran en su momento), manifestó su desacuerdo con la imagen de Dita en El mundo de afuera y hasta canceló la presentación del libro en sus instalaciones.

En cuanto al método narrativo, Franco recurre a la figura del narrador omnisciente, ese anónimo omnipresente que nos ha contado tantas historias, de tantos autores y en tantos libros. Pero súbita y esporádicamente, en El mundo de afuera aparece un narrador en primera persona que me generó desconcierto y, debo admitirlo, cierto malestar. Parece que ese choque de estilos no me va bien y solo me evidencia como un lector demasiado ortodoxo. Sin embargo, y de nuevo hago advertencia de spoiling, dado que ese narrador ocasional cobra tal importancia como para ser quien cierra la historia, decidí profundizar un poco en el análisis de ese personaje misterioso.

El caso es que este chico protagoniza la verdadera historia de amor del libro. Un amor infantil, pre-adolescente, inocente y puro como solo podían serlo en otros tiempos, pero amor al fin. El chico que juega en los alrededores del castillo para espiar a Isolda (y que no, decidida y definitivamente no es el Mono), guarda y atesora para sí una mirada y un beso, incluso mucho más que el baile de la faldita roja, ese que se hizo tristemente público y que contaminó esa historia que debía ser solo suya.

Como dato adicional, encontré una entrevista que Jorge Franco concedió a elcultural.es, donde le preguntan qué recuerda de la época, siendo que el secuestro de don Diego ocurrió en 1971, cuando el autor colombiano solo tenía unos 8 años. Franco responde:

"La verdad es que recuerdo muy poco. Tengo vivas ciertas emociones. El impacto de la noticia del secuestro de don Diego, a mis padres comentando... Tengo el recuerdo de algunas visitas al castillo. El paso de la limusina por la loma, que siempre nos generaba mucha curiosidad."

Juzgue el lector si dicha respuesta justifica la aparición del chico que narra en primera persona algunos de los pasajes que a la postre dan sentido a la historia.

viernes, 9 de enero de 2015

Causas naturales, comentario personal

Causas naturales es un buen libro y merece ser leído. Por esas cosas del calendario, fue solo hasta este primer jueves hábil de enero que por fin pudimos reunirnos y comentar (ya de manera extemporánea) el libro de la joven autora salvadoreña Claudia Hernández, nuestra lectura opcional para diciembre de 2014 en el Club de la Buena Estrella. De modo que, antes de enfrascarme de lleno en el libro de enero de 2015, hago un alto para redactar este post y de esta manera dar finiquito a la deuda de lecturas que gustosamente contrajimos como grupo el año recién pasado.

2014 marcó un período de buenas lecturas y conversaciones en nuestro club. Luego de calentar motores con La invención del amor de José Ovejero, el año alcanzó picos y mantuvo rachas de gran calidad con las lecturas de Anna Karénina de León Tolstoi, Ficciones de Jorge Luis Borges, El último encuentro de Sándor Márai, La conciencia de Zeno de Italo Svevo, El ladrón de Fuminori Nakamura y El cementerio de Praga de Umberto Eco. El vaso de mis expectativas personales no se llenó con La casa del silencio de Orhan Pamuk ni con Secretos a voces de Alice Munro (ambos ganadores del Premio Nobel de Literatura), pero creo que en cambio tuvimos una grata primera experiencia con el comic book Persépolis de Marjane Satrapi, e hicimos un verdadero descubrimiento (lo fue al menos en mi caso particular) con la veterana escritora salvadoreña Yolanda C. Martínez, cuyo Corazón ladino gustó mucho en nuestro club, generó muy buenas charlas en las reuniones de septiembre y dio pie a la publicación de varias entradas y comentarios en nuestro blog.

Llegamos al último mes del año con la lectura de Estupor y temblores de Amélie Nothomb y, conscientes de que el libro es corto y el estilo de la escritora belga es de rápido y deleitable consumo, pensamos en programar una lectura opcional igualmente corta para las vacaciones de fin de año. Así fue como el libro Causas Naturales encajó perfecto en nuestra programación.

Nunca había leído a Claudia Hernández y ha sido muy grato encontrarme con este libro. Su estilo fluido, breve y directo es fácil de seguir y asimilar. En sus cuentos hay narradores de ambos sexos y de diferentes edades que resultan coherentes y convincentes a pesar de que viven situaciones extrañas y a veces muy perturbadoras. Me parece que sus relatos son exportables a otros tiempos y lugares, con escenarios que toman cosas de nuestro entorno y las combinan con las de otros ambientes menos familiares. Sus cuentos, como sus escenarios, son siempre muy estructurados.

Porque me ha pasado mucho con este libro, diré a manera de paréntesis que a veces me ocurre algo un tanto extraño mientras leo, y es que en mi cabeza le pongo una voz a la lectura. Es una cosa natural, no el producto de un esfuerzo consciente. Y nunca es la misma voz, es más bien una selección azarosa. Puede ser la voz de Lalo Mir, la de Samuel L. Jackson o la de los viejos documentales españoles de Al filo de lo imposible. Es como si a medida que leo y voy encontrando un cierto ritmo y cadencia que me va dando familiaridad con la personalidad del narrador (sea éste un sujeto identificado o uno del tipo anónimo omnisciente), en algún momento la voz aparece.

Pues bien, los cuentos de Causas naturales los he leído con las voces de Anthony Hopkins, Edward Norton, Juliette Binoche, del Macaulay Culkin de The Good Son o de la Natalie Portman de The Professional. Locuras de mi cosecha. Quizá esa particular lista de doblajes mentales se deba a que los relatos, cuyas temáticas me parecen un tanto oscuras, con sus atmósferas a veces frías y silentes, y con esa abundancia de surrealismos metafóricos, tienen un ritmo lento y un desarrollo metódico que me da la sensación de que están siendo contados por narradores impasibles y sobrios, que detallan cosas perturbadoras con absoluta naturalidad, sin mayores inmutaciones ni parpadeos. Por supuesto, hay algunos cuentos en que hay más color y calidez, pero las personas maníacas y obsesivas, muchas veces desprovistas de empatías y consideraciones, están a la orden del día, bien sea como meros personajes o incluso como narradores.

Me gustaron especialmente los relatos de Habitaciones, Niños eternos, En pleno comedor, Un pañuelito, Despedida, Canícula, La casa de los lirios y Viejos Amigos. Claudia Hernández suele narrar descubrimientos y transformaciones. Repara mucho en las circunstancias, quizá tanto como en las personas, quienes parecen resignar su voluntad a la naturaleza que absorbe los fenómenos extraños y los vuelve habituales.

No pude evitar detenerme al encontrar alguna frase que me pareció bonita de una manera melancólica, como: "era cortés, eso sí, pero tenía el ánimo de la gente que no ha visto el sol por mucho tiempo", o "recortar las hojas a las que les llegaba más temprano el otoño".

Con frecuencia la escritora mantiene al lector en vilo sobre algún detalle de la historia que apenas asoma y que de hecho algunas veces nunca llega a contar. Ese halo de misterio es un recurso por demás efectivo, ya que enciende nuestro interés por esa otra historia que se anida en la que estamos leyendo y de la que probablemente la autora opte no decirnos más, como si al contarnos sobre un eclipse de sol, decidiera aposta hablar solamente de uno de los dos astros implicados en el evento. Ese es el caso de Viejos amigos, un cuento en el que la narradora habla de la vuelta de su hermano a la casa de su infancia, de la que toda la familia debió huir años atrás "de prisa y llorando durante la noche", por circunstancias que no revela en su totalidad, pero que fácilmente podemos llegar a relacionar con la guerra salvadoreña. Sin embargo, la historia que la ocupa es otra igualmente interesante, aunque bastante menos convencional que la realidad de nuestro pasado y nunca bien muerto conflicto armado.

 Dice la sinopsis del libro que "tras una serie de pequeñas transformaciones sucesivas, los habitantes de este universo (adultos nuevos), desisten de su intención de transformarlo y se suman a él para defender y acuerpar sus causas naturales."

Suscribo. También en mi generación creímos que seríamos diferentes y al final terminamos siendo absorbidos por las mismas realidades que vivieron las anteriores, sucumbiendo ante las causas naturales.

jueves, 1 de enero de 2015

Jorge Franco, El mundo de afuera


Sin lugar a dudas (y luego del balance obligatorio hacia el final de un ciclo), 2014 ha sido un gran año para el Club de la Buena Estrella. Hemos visto como nuestro grupo crece en número y se diversifica en edades y ámbitos a medida que se van sumando nuevos integrantes. También hemos disfrutado de excelentes libros que a su vez han dado pie a interesantes intercambios de opiniones en las reuniones de cada jueves. Cumplimos ocho años de compartir lecturas todos los meses y reuniones todas las semanas, y nos satisface profundamente contemplar cómo de a poco nos volvemos mejores lectores, cada vez más asíduos al hábito a nivel individual y cada vez más organizados, firmes y sólidos como grupo.  A cada nuevo libro somos más y mejores amigos.

Por supuesto, queremos que 2015 sea aun mejor para cada uno de nosotros y para nuestro club. Estamos seguros que nuestros propósitos de año nuevo también incluyen metas relacionadas con la lectura y para luego es tarde: Nos espera una docena de libros que hemos elegido como grupo y que empezamos precisamente hoy, 1 de enero.

Como recordarán, el escritor colombiano Jorge Franco ha sido galardonado con el Premio Alfaguara de Novela 2014 por su obra El mundo de afuera, y justamente esa será nuestra primera lectura del año 2015 en la viñeta predefinida para el ganador de dicho premio en el Club de la Buena Estrella.

Como dato adicional, nos enorgullece poder compartir que 2015 será el año en que alcancemos la nada despreciable cifra de 100 libros leídos como club. Será un honor y un placer que nos acompañen a lo largo de este nuevo y emocionante viaje literario.

¡Feliz año nuevo, felices nuevas lecturas!

FICHA DEL LIBRO

Viñeta:                       Enero | Premio Alfaguara
Libro:                         El mundo de afuera
Autor:                        Jorge Franco
Nacionalidad:            Colombiano
Año:                          2014
Total páginas:            352
ISBN:                        9788420417561
Editorial:                   Penguin Random House Grupo Editorial España

DIVISIÓN DE LECTURAS

Jueves 8 de Enero
Capítulos del 1 al 12
25% en el Kindle

Jueves 15 de Enero
Capítulos del 13 al 22
50% en el Kindle

Jueves 22 de Enero
Capítulos del 23 al 35
75% en el Kindle

Jueves 29 de Enero
Capítulos del 36 al 46
100% en el Kindle

SINOPSIS

El mundo de afuera transcurre en Medellín. Una especie de castillo se atisba en las frondosas afueras y de una puerta sale corriendo una niña rubia. Unos ojos miran cautivados esa presencia insólita y la niña se pierde en el bosque.

En 1971, el padre de esa niña, don Diego, ha sido secuestrado. El Mono es el cabecilla de los maleantes, cuya intención es pedir un rescate millonario a la familia. El Mono tiene otras razones que las económicas para secuestrar a don Diego: la obsesión amorosa por la hija de éste, Isolda, una princesa rubia a quien el padre, amante de la ópera de Wagner, mantiene encerrada en el “castillo” para preservar su pureza y evitar el contagio con el mundo sucio que les rodea. Don Diego es germanófilo y se ha casado con Dita, una mujer alemana que dejó el Berlín nazi para vivir en la copia del castillo de La Rochefoucauld que su marido ha levantado en Medellín. Desde muy pequeña, Isolda ha tomado la costumbre de escapar al bosque, donde antes jugaba con conejos fantásticos que le tejían peinados, mientras el Mono la admiraba encaramado en los árboles.

Una breve y hasta cierto punto sencilla novela sobre el amor y la muerte, poética y detallista, con un sobresaliente manejo de la tensión, y que, incorporando técnicas cinematográficas como el flashback y la narración paralela, también bebe de fuentes como el cuento folclórico o la crónica de sucesos.

COMENTARIOS DE LA CRÍTICA

Los escritores opinan...
«Este es uno de los autores colombianos a quien me gustaría pasarle mi antorcha.»
Gabriel García Márquez

«Pocos novelistas que escriben en mi lengua me producen tanta admiración como Jorge Franco.»
Almudena Grandes

El jurado ha dicho:
«Entre la fantasía y la truculencia, entre los hermanos Coen y los hermanos Grimm, El mundo de afuera es una deliciosa sorpresa.»
Laura Restrepo

«Fascinante y sorprendente. Arranca como un cuento de hadas y acaba como una película de Tarantino.»
Sergio Vila-Sanjuán

«Jorge Franco triunfa en lo más difícil: la creación de personajes memorables.»
Ignacio Martínez de Pisón

«Una delicia de novela. Y leyendo me preguntaba: ¿a qué director de cine no le gustaría convertir esta novela en película? Personajes y diálogos memorables, y una fantástica historia. Voilà!»
Nelleke Geel

SOBRE EL AUTOR

Jorge Franco nació en Medellín (Colombia) en 1962. Realizó estudios de literatura en la Universidad Javeriana y de cine en The London Film School, en el Reino Unido. Con su libro de cuentos Maldito amor ganó el Concurso Nacional de Narrativa Pedro Gómez Valderrama, y con la novela Mala noche obtuvo el primer premio en el XIV Concurso Nacional de Novela Ciudad de Pereira y fue finalista en el Premio Nacional de Novela de Colcultura. Su novela Rosario Tijeras ganó la Beca Nacional de Novela del Ministerio de Cultura, fue galardonada con el Premio Internacional de Novela Dashiell Hammett 2000 (Gijón, España), y ha sido traducida a más de quince idiomas y llevada con éxito al cine y la televisión. La adaptación cinematográfica de su novela Paraíso Travel (2001) se convirtió en una de las películas más taquilleras del cine colombiano. Melodrama (2006) fue adaptada al teatro y editada en toda Hispanoamérica. Su última novela es Santa suerte (2010). Ha publicado cuentos y artículos en diversas revistas nacionales e internacionales y fue invitado por Gabriel García Márquez a dictar con él su taller «Cómo se cuenta un cuento» en la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (Cuba).

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Claudia Hernández, Causas naturales



"El cuento es una experiencia mágica, única y maravillosa, y están los personajes que deben estar, no los escogés vos, suceden, por lo menos en mi caso suceden"
Claudia Hernández


Y para cerrar con broche de oro este maravilloso año de lecturas, le dimos el espacio como libro opcional en el mes de diciembre | viñeta "libre", al libro "Causas naturales" de la escritora salvadoreña Claudia Hernández, quién muy amablemente atendió nuestro llamado de auxilio para saber donde adquirir ejemplares de su libro. Gracias por esta deferencia con nuestro club.

Causas naturales es una compilación de 15 cuentos cortos que ha sido publicada en Punto de Lectura en el año 2013. Los animamos a que lean con nosotros estas interesantes historias y conozcamos más sobre nuestros autores salvadoreños.

Les agradecemos por habernos acompañado en las lecturas del año 2014 y los invitamos a que revisen los libros por leer en el 2015 para que se animen.

¡Feliz año nuevo! y como siempre, ¡Felices lecturas amigos!


FICHA DEL LIBRO

Título del libro           Causas naturales
Viñeta                         Opcional | Libre
Mes                             Diciembre
Autora:                       Claudia Hernández
Nacionalidad:             Salvadoreña
Año:                           2013
Total páginas:            69
Editorial:                    Punto de lectura












DIVISIÓN DE LECTURAS

18/Diciembre/2014
Cuentos del 1 al 7

25/Diciembre/2014
Cuentos del 8 al 15


SINOPSIS

Un paseo —en quince cuentos— por las casas, las calles y las intimidades de una ciudad donde los altos ideales no se diferencian demasiado de los instintos predadores y donde caída y redención son sinónimos.

Tras una serie de pequeñas transformaciones sucesivas, los habitantes de este universo (adultos nuevos), desisten de su intención de transformarlo y se suman a él para defender y acuerpar sus causas naturales.


COMENTARIOS

«La obra narrativa de Hernández ha concedido a la realidad imágenes originales y de un surrealismo convincente, que no concuerda con la versión oficial de la historia.»
Jurado del Premio Anna Seghers

«Claudia Hernández, cuentista de primera línea, fue elegida entre los treinta y nueve mejores escritores latinoamericanos menores de treinta y nueve años.»
Certamen Bogotá, Unesco


SOBRE LA AUTORA

Claudia Hernández es una escritora salvadoreña. Nació en San Salvador, el 22 de julio de 1975. Licenciada en comunicaciones por la Universidad Tecnológica de El Salvador, realizó también estudios de derecho. En 1998 ganó el primer honorífico (4º lugar) del premio "Juan Rulfo" de Radio Francia Internacional, en la categoría de cuento. En 2004 obtuvo el prestigioso premio "Anna Seghers", en Alemania, por obra publicada. Ha sido antologada en España, Italia, Francia, Estados Unidos y Alemania. Actualmente trabaja como catedrática de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).


Obras publicadas

Libros

Otras ciudades | Alkimia, San Salvador, 2001.
Mediodía de frontera | Dirección de Publicaciones e Impresos, San Salvador, 2002.
Olvida Uno | Índole Editores, San Salvador, 2005.
De fronteras | Guatemala: Editorial Piedra Santa, Colección Mar de tinta, 2007.
La canción del mar | Suplemento de La Prensa Gráfica, San Salvador, junio de 2007.
Causas Naturales | Prisa Ediciones, 2013.

Curiosidades

sábado, 13 de diciembre de 2014

Estupor y temblores, comentario personal

Hasta el 40% de la lectura, justo antes de la noche en que Amélie corretea desnuda por la oficina, casi sodomiza un ordenador y termina cubriéndose de basura, Estupor y temblores me pareció un libro bastante menos logrado que mi referencia anterior de la genial escritora belga Amélie Nothomb, nuestra lectura opcional de septiembre de 2013, Ni de Eva ni de Adán. Y es que los ocho años y siete libros que hubo de por medio seguramente tuvieron su efecto.

Sin embargo, al pasar de ese punto en la lectura, empezaron a aparecer las afiladas irreverencias y agudas ideas (cuasi desviaciones) que la Nothomb suele expresar en demoledoras frases rebosantes de humor cáustico, elegante pedantería y brutal profundidad. Frases como esas que yo estaba añorando de Ni de Eva ni de Adán.

Sin pretender hacer una injusta comparación entre un libro y otro, y más allá de que ambos sean autobiográficos, Estupor y temblores muestra a una joven de unos 22 años, novata, en el último eslabón de una vertical y aplastante cadena de mando, sometida bajo una atribulada condición laboral (y ese es un tema que se me hizo molesto y cansino hasta malhumorarme) y con una carga de permanentes maltratos y humillaciones; una víctima aún lejos de mostrarse como la enigmática y encantadora arpía por siempre libre que conocimos en Ni de Eva ni de Adán.

Fue precisamente por eso que dediqué un momento a buscar y comparar las fechas de los dos libros, y resulta que Ni de Eva ni de Adán abarca dos años de la vida sentimental de Amélie Nothomb, entre enero de 1989 y enero de 1991; mientras que Estupor y temblores narra los acontecimientos de su vida laboral entre enero de 1990 y enero de 1991. Es decir que ambos libros coinciden en tiempo y los sucesos narrados en ellos se traslapan. Sin embargo, Estupor y temblores fue publicado en 1999, mientras que Ni de Eva ni de Adán se publicó en 2007. De eso desprendemos que, aunque la Nothomb tenía los mismos años cuando ocurrieron ambas historias, hay una diferencia en la edad que tenía cuando las escribió, y quizá a eso se deba que se percibe un estilo más afirmado y pulido en la narración de su historia con Rinri que en el relato de su paso por Yumimoto Corporation.

Debo agregar, como paréntesis, que la naturalidad impertinente, cínica y desdeñosa con que Umberto Eco dota al Capitán Simón Simonini para que narre y estile los revueltos e intrincados hechos de la Europa del siglo XIX en El cementerio de Praga (que recién acababa de terminar cuando empecé a leer Estupor y temblores), también impusieron una marca dificilísima de alcanzar por cualquier libro y autor que le siguiera en orden. Para mi gusto, ni siquiera la Nothomb sale ilesa de un precedente como ese.

No obstante, no se me malentienda, me parece que Estupor y temblores es un muy buen libro (le doy 4 estrellas de 5 posibles) y me ha gustado mucho, sobre todo la segunda mitad. Harto como estaba de leer todos sus padecimientos en la compañía Yumimoto, reconozco que la autora nunca manifiesta autocompasión, y que la manera surreal en que escapa de esa penosa realidad, defenestrándose en un imaginario salto con panorámico y liberador vuelo incluido por sobre la ciudad, no es demasiado diferente de las formas escapistas que los empleados de todas las Yumimotos del mundo ensayamos a diario. En algunos casos extremos, es eso o el suicidio.

Eso da pie a que mencione una de las reflexiones que me dejó la lectura. Más allá del retrato cultural del Japón laboral que Amélie Nothomb traza y expone con ojos de superviviente, y de los elementos de tradición de mandos machistas y despóticos que condenan a las mujeres japonesas a elegir entre el "éxito" laboral y los logros personales y familiares, no pude evitar enfocarme en el retorcido concepto de éxito que nos inculca nuestra sociedad materialista y vacía, donde los modelos productivos y esquemas laborales imitan cada vez más el "admirable" ejemplo japonés, mismo que se eleva como ideal y meta. En ese orden, cito el fragmento con que Amélie Nothomb presiona la llaga lacerante de los miles y miles de empleados de minúsculos cubículos de oficinas alrededor del mundo:

"Los contables que pasaban diez horas diarias recopilando cifras me parecían víctimas sacrificadas en el altar de una divinidad carente de grandeza y de misterio. Desde tiempos inmemoriales, los humildes han dedicado sus vidas a realidades que los superan: en otros tiempos, podían por lo menos entrever alguna causa mística en semejante estropicio. Ahora, ya no podían ilusionarse. Entregaban su existencia a cambio de nada. ¿Y, fuera de la empresa, qué les esperaba a aquellos contables de cerebro lavado por los números? La cerveza obligatoria con colegas tan trepanados como ellos, horas de metro abarrotado, una esposa que ya duerme, el sueño que te aspira como el desagüe de un lavabo que se vacía, las escasas vacaciones en las que nadie sabe qué hacer: nada que merezca el nombre de vida. Y lo peor es pensar que a escala mundial esta gente son privilegiados."

Por supuesto, y gracias a su particular lírica y a sus deleitables arrebatos dramáticos, leer a la Nothomb siempre nos deja algo de poesía. Víctima como fue de Fubuki Mori, la bella jefa inmediata cuyo nombre significa "tormenta de nieve", Amélie contempla el rostro impasible de su despiadada superiora mientras le presenta su renuncia, y exclama para sí:

"Querida tempestad de nieve, si pudiera, sin demasiado esfuerzo, convertirme en el instrumento para proporcionarte placer, sobre todo no te molestes, acométeme con tus copos ásperos y duros, con tu granizo tallado como pedernal, tus nubarrones contienen tanta rabia que acepto convertirme en la pobre mortal perdida en la montaña sobre la cual descargan su cólera, recibo sin rechistar sus miles de perdigones helados, nada me resulta más fácil, y tu necesidad de cortarme la piel con ráfagas de insultos constituye el más hermoso de los espectáculos, disparas con cartuchos de fogueo, querida tempestad, me he negado a que me venden los ojos frente a tu pelotón de ejecución ya que hacía mucho tiempo que ansiaba contemplar un atisbo de placer en tu mirada."

Durante buena parte del sufrido relato, me sostuvo la ingenua expectativa de que algo cambiaría o se revertiría, de que se haría justicia de algún modo. A medida que me acercaba al final, me fui dando cuenta de cómo en cada línea que revelaba los aspectos más oscuros detrás de la belleza de Fubuki y debajo del éxito del admirable Japón, asomaba, sutil, el rostro de la venganza.


viernes, 12 de diciembre de 2014

La Nothomb




Amigos, llegamos al final de la lectura de "Estupor y temblores" de la escritora belga Amélie Nothomb, a quién muy cariñosamente se ha dado por llamarle, al interior del club, simplemente como "la Nothomb". 

Me siento muy complacida de que esta propuesta haya sido acogida con bastante entusiasmo por la mayoría; y es que, desde que leímos Ni de Eva ni de Adán, nos quedamos sorprendidos ante este gran descubrimiento, gracias al excelente olfato literario de Miguel Ángel Meléndez. Tanto ha gustado a algunos, que hasta hay una moción de nombrar la viñeta de diciembre simplemente con el nombre de esta escritora, para elegir año con año alguna de sus novelas de forma permanente.

No obstante se trata de un libro corto, que algunos leímos "en una sola sentada", la novela tiene muchos elementos que han propiciado vastos temas de discusión en las dos únicas reuniones dedicadas para ello. Me parece que la Nothomb hace una radiografía en 3D de la cultura laboral japonesa, con la propiedad de alguien que no ha sido simplemente un turista, sino que viviendo en Japón se atrevió a incursionar como un empleado más de una compañía seria.

Gracias a esta experiencia, la autora nos revela con absoluta soltura, no falta de ironía y contundencia, la estricta jerarquía de las compañías japonesas, la lamentable situación de la mujer japonesa que quiere destacar laboralmente y abrirse espacio en un ambiente predominantemente masculino y, cómo debe elegir entre eso o tener una familia, los aires de superioridad de los japoneses ante el intelecto de cualquier extranjero, las múltiples formas de venganza, traición y recelos a las que se puede enfrentar cualquier empleado en estas compañías, sobre todo con el agravante de ser extranjero, las extensas jornadas laborales, la futilidad de algunas tareas; entre muchos matices que se pueden extraer de la novela. 

Por otra parte, siendo una historia autobiográfica y mencionando incluso fechas específicas, Henry hizo una labor comparativa y encontró que estos sucesos se traslapan a los conocidos en Ni de Eva Ni de Adán. Así que cuando ella ve por la ventana y hace sus consabidos ejercicios de defenestración, piensa en la vida que tiene fuera de Yumimoto. Solo una vez hace alusión a ella al decir: "Fuera de la empresa, llevaba una vida que distaba mucho de ser insignificante o vacía (...) a tan solo once paradas de metro, existía un lugar en el que la gente me quería, me respetaba o no veía relación alguna entre la escobilla de un retrete y yo".

Así que este libro se convierte en una pieza más del rompecabezas que la Nothomb ha hecho para contarnos parte de su vida. Ojalá encontremos el espacio para seguir leyendo más de su obra.

Espero que los que tengan más tiempo para leer este mes, se animen con el libro opcional de diciembre de Claudia Hernández: "Causas naturales", el cual ya sabemos donde adquirir en formato impreso, gracias a la amable intervención de María Ofelia.

¡Que sigan disfrutando de estas apasionantes lecturas!


martes, 9 de diciembre de 2014

El cementerio de Praga, comentario personal


"Al Narrador, si hemos de ser francos, a menudo le ha costado orientarse, pero considera que un lector como Dios manda podría pasar por alto estas sutilezas y disfrutar igualmente de la historia."  Umberto Eco, El cementerio de Praga

Si bien es cierto que no todos en el Club de la Buena Estrella pudieron completar el libro asignado para noviembre, me complace decir que quienes lo terminamos quedamos muy satisfechos con la lectura, y que aquellos que lo iniciaron y por diversos motivos han debido abandonar en algún punto el relato, tienen intenciones de retomarlo.

Fue hace poco más de un año que decidí proponer El cementerio de Praga, y lo hice por dos motivos: El primero, es que se trata de Umberto Eco y esa es una razón poderosa y hasta suficiente. El segundo, es que levantó polvo desde que se publicó. Apenas se lanzó en Italia, en noviembre de 2010, el Osservatore Romano –el diario del Vaticano– lo criticó duramente. Se preguntaron si no fomentaba el antisemitismo que decía atacar. “Denunciar el antisemitismo poniéndose en la piel de los antisemitas”, escribió la historiadora Lucetta Scaraffia en ese medio, “no funciona como una verdadera acusación. El lector acaba por resultar contaminado por el delirio antisemita. Cuando se evoca el mal, es necesario enfrentarlo al bien, para que sirva de contraste”. Y el caso es que del libro no salen limpios el Vaticano, la curia ni las órdenes esparcidas por el mundo, jesuitas por delante.

Luego leí algo de la crítica literaria, que no tardó en aparecer para descalificar la nueva obra de Eco midiéndola, como siempre, con la vara de El nombre de la rosa. Pero el genial Umberto Eco no se repite nunca. Tampoco pide permiso. Así se ofenda quien se ofenda, el reconocido escritor italiano no se preocupa demasiado de guardarse argumentos, mermar críticas, apaciguar el ritmo, ni mesurar el tono que da a sus personajes. Aplica la misma fórmula para quienes, con otras expectativas, se decepcionan al encontrarse con esta pieza literaria, que ni por magistral se parece un par de líneas a El nombre de la rosa.

El cementerio de Praga es otra cosa. 31 años después de su libro más reconocido, el Umberto Eco de 78 años se toma otras licencias y explora nuevas posibilidades en el estilo y las formas de comunicar su historia. Y vaya historia: Un mes de registros en el diario de vida que comparten dos personalidades excluyentes de un mismo individuo, donde se anidan múltiples relatos históricos de la convulsa Europa de hace más de un siglo, a los que nuestro personaje de doble identidad asiste como algo más que un mero espectador. Porque el capitán Simon Simonini es una suerte de oscuro Forrest Gump de la historia europea de la segunda mitad del siglo XIX, bastante menos inocente y simpático que el omnipresente Forrest, y muchísimo más vivaz, maquiavélico, brillante, desdeñoso y repelente; un odioso e inmoral misógino, glotón, xenófobo y racista; bien provisto de todo tipo de tretas, ardides y malas artes; pero, al fin y al cabo, un verdadero artista de la falsificación, el fraude y la conspiración.

"Tenía dudas cuando terminé este libro: Acababa de crear el personaje más antipático en la historia de la literatura", dijo Umberto Eco a propósito de Simonini, a poco de haber publicado el libro. "Con todo lo que he dicho, esperábamos vender diez mil ejemplares, creíamos que encontraríamos esas diez mil personas de coraje. En Italia, en un mes se vendieron 600,000 ejemplares. No entiendo por qué. O se han vuelto todos locos –lo cual es posible porque han votado a Berlusconi– o bien esto se produce porque el libro habla de cosas que suceden también hoy. ¡Miren lo que está sucediendo con WikiLeaks!."

Sin meterme en las cenagosas honduras de haber votado por nuestras propias caricaturas de Berlusconi, quizá en nuestro club también estemos un poco locos y tengamos el coraje necesario en los lectores de El cementerio de Praga: Hemos leído el polémico libro y encima lo hemos disfrutado. ¡Por supuesto que ha valido la pena!

El libro inicia con Simonini escribiendo un diario en retrospectiva como una forma de terapia con el fin de recuperar la memoria perdida. Un método del que se enteró de primera mano por "ese médico judío alemán, o austriaco, da lo mismo".  No queriendo contar sus pecados "pero ni a un buen cristiano, mucho menos a un judío", Simonini decide aplicar el método freudiano (sin Freud, por supuesto) y comienza a rescatar sus memorias del nebuloso olvido y a escribir sus crónicas solo para sí. Es en el curso de ese ejercicio, cuando aparece en escena el abate Dalla Piccola, álter ego y compañero del capitán Simonini en su empresa por recuperar los recuerdos perdidos.

Un mes de ejercicios memoriales en que el falsificador, el abad y el narrador se intercalan en un interesante recurso del autor, bastan para que asistamos a numerosos hitos del siglo XIX, que pasan por la expedición de los Mil, la Comuna de París, el caso Dreyfus, la broma de Taxil y el Congreso antimasónico de Trento. Simonini también se cruza con una larga cadena de personajes históricos como Giuseppe Garibaldi, Giuseppe Mazzini, Ippolito Nievo, Maurice Joly, Hermann Goedsche, Roger Gougenot des Mousseaux, Sigmund Freud, Alejandro Dumas, Léo Taxil, Charles Hacks (Docteur Bataille), Joseph-Antoine Boullan, Édouard Drumont, Ferdinand Walsin Esterhazy, Piotr Rachkovski, Yuliana Glinka, Matveï Golovinski, Domenico Margiotta, Benjamin Disraeli, Jacob Brafmann, Léon Meurin, Luigi Fransoni, Joséphin Péladan, Stanislas de Guaita, Jean Sandherr, John W. Phelps o Hippolytus Lutostansky; entre otros, sin contar sus menciones al paso de otros más como Napoleón, Wagner, Beethoven o Dostoyevski. ¿Dudaría alguien que esto es una novela histórica?

Del estilo
Además de ensayista y novelista, Umberto Eco es Doctor en Filosofía y Letras, profesor universitario, crítico literario, semiólogo y comunicólogo. Tiene el talento, la genialidad, la formación, los recursos y la experiencia. Erudito como es, leerlo es mejorarse el currículum. Luego está el asunto de la multitud de referencias necesarias para comprenderlo. Con Eco, leer un libro de 500 páginas obliga a la lectura contextual de muchas páginas de wiki y otras publicaciones auxiliares.

Umberto Eco está convencido de que todo concepto filosófico, toda expresión artística y toda manifestación cultural, del tipo que sea, debe situarse en su ámbito histórico. Entiende cualquier fenómeno cultural como un acto de comunicación regido por códigos y, por lo tanto, al margen de cualquier interpretación idealista o metafísica. No es extraño, pues, que en El cementerio de Praga recurra a la magistral imitación de textos antiguos como el folletín y exprese en clave de humor y a un ritmo poderoso y veloz, la suma de los odios, intrigas, manipulaciones, adhesiones y rivalidades que forjaron las bases de la Europa que hoy conocemos.

Eco es un escritor de prosa abundante y ritmo vertiginoso, pero altamente estructurado. La riqueza de sus frases es tal, que a veces éstas devienen en párrafos, con el mérito adicional de nunca arrojar resultados cargados ni cansinos. Es un hecho que Umberto Eco cuenta grandes historias, pero no se atiene únicamente al "qué", sino que también confiere su lugar al "cómo". En una entrevista con Javier Marías, el escritor piamontés dijo: "Yo intento humillar a los que hacen estas preguntas, desafiar, hacer que se sientan algo estúpidos. Cuando me preguntan: '¿Con qué personaje se identifica?', contesto: '¡Con los adverbios!'. Se quedan estupefactos. Es verdad, los escritores nos identificamos con los adverbios. Nadie habla del estilo de la novela, de la construcción. La gente lee lo que dices y no le interesa la manera en que lo dices".

De la historia
Magistral combinación de delirante ficción con el rigor de los hechos históricos, El cementerio de Praga nos cuenta la infancia de Simonini, y el polo de referencia e influencia que significaron en su vida su padre y su abuelo, contrapuestos como estaban en sus opiniones sobre mujeres, política y religión. Son precisamente estas posturas antagónicas las que derivan en el personaje sin moral ni principios que se convierte en un mercenario del juego de la información (real, ficticia o distorsionada) puesta al servicio del mejor postor, a saber: El poder, el status quo o la revolución.

En El cementerio de Praga, que debe su nombre a una supuesta reunión de conspiradores judíos enunciando los protocolos de los sabios de Sion, hay muchos eventos históricos reales, pero una sola historia, la de ficción, la del capitán Simonini. Y esa historia personal de bajezas, traiciones, juicios y prejuicios, falsificaciones y conspiraciones, es harto interesante y entretenida. Para mi gusto, no tiene desperdicio.

De los personajes
Ni siquiera intentaré enumerar la larga lista de personajes que intervienen en la historia. Al final, más allá del hecho histórico que consumaron, su caracterización en el libro resulta del sesgo que deja ver el lente de Simonini, ese tipo capaz de torcer una frase de Descartes, de atribuir parlamentos y gestos a un Freud del que no sabe escribir bien el nombre y de desdeñar a Beethoven como un compositor de "un bacanal de chabacanería", para mencionar apenas algunos.

En cuanto a Simonini, lo políticamente correcto se riñe con la conducta del personaje principal, pero el humor cáustico, la sorna, la ironía, el desdén y la asumida superioridad con que el falsificador descalifica a todo y a todos, hacen que este personaje tan divertido como repulsivo, tan entretenido como engorroso, tan primitivo y básico como adelantado y complejo, se vuelva insoslayable y magnético.

Su álter ego, el abate Dalla Piccola, es la suma de una identidad suplantada y de la personalidad residual del que empezó siendo solo un disfraz de Simonini para efectuar alguna de sus oscuras misiones. El Dalla Piccola usurpado no cobró vida ni consciencia propias sino hasta que ocurrió el traumático evento que causó la fisura en la psiquis y la consecuente pérdida de la memoria de Simonini. Sin embargo, Dalla Piccola es quien vive la experiencia más intensa de la historia, un momento lleno de situaciones y descripciones tan perturbadoras como hipnóticas.

Viniendo del autor-rey de los signos como expresiones humanas, podemos agregar que probablemente la dualidad de Simonini y Dalla Piccola sea una representación de la doble moral y los conflictos internos del ser humano y de la caótica sociedad que conforma.

De los temas
El uso de la información, el poder, los medios, la democracia y otras formas de gobierno, la moral y la religión en todas sus formas; son en general los grandes temas recurrentes en El cementerio de Praga. Sin embargo, no omitiré mencionar que los placeres de la alta cocina y la buena mesa, lo único que realmente apasiona a un Simonini que sin dudarlo pone la comida por encima de cualquier otra cosa; tienen dedicadas varias páginas de recetas, recomendaciones culinarias, tips de cocina y reseñas de platillos y restaurantes de la época, algunos de los cuales, efectivamente existieron o aún existen.

Conclusión
En mi valoración personal, El cementerio de Praga sale aprobado con nota sobresaliente. Me gustan mucho más la historias de anti-héroes y villanos que las que se inspiran en héroes tradicionales.

Sin embargo, lo que me resulta gratamente sorprendente, es la increíble lucidez y la gran precisión con que Umberto Eco estructura y plasma sus ideas, acomete de tantos y tan variados personajes y sucesos históricos y los reúne en ese cóctel explosivo y venenoso que Simonini rezuma en cada línea de su diario. Eco une quirúrgicamente todos los cabos sin dejar uno suelto, todo eso con la erudición, humor y genialidad que de él se espera, sobre todo cuando uno cae en el yerro de olvidar que el autor de nuestro libro de noviembre ya es un octogenario. Quizá la frase que remata la intervención del  viejo Simonini sea solo un guiño del genial escritor: “Y qué diantres, todavía no estoy hecho un cascajo”.