viernes, 15 de mayo de 2020

Sobre los huesos de los muertos | Olga Nawoja Tokarczuk


¿Qué mundo es este donde la norma consiste en matar y provocar dolor?  

Olga Tokarczuk

Estamos en la mitad de mayo y a punto de empezar la segunda lectura programada para este mes, bajo la viñeta “Premio Nobel de Literatura”.

Tal como nos enteramos en octubre del año pasado, después de los escándalos en la Academia Sueca que llevaron a la suspensión de este premio en el año 2018, en 2019 y no alejado de otro escándalo debido a otros motivos, el premio fue concedido a dos escritores a la vez. 

En las primeras dos semanas del mayo leímos al ganador para el año 2019 y en las próximas vamos a conocer las letras de Olga Tokarczuk quien lo recibió como ganadora para el año 2018.  

Nos toca compartir estas lecturas en tiempos que a la vez nos suponen retos personales y colectivos, ojalá que las mismas resulten un pequeño oasis en medio de las situaciones que a cada uno le toque enfrentar en estos días ya sea en compañía de la pareja, la familia, la familia peluda (gatuna, perruna, etc.), o incluso si toca enfrentarlo en soledad.  

Sin duda tener espacios donde podemos compartir aficiones comunes como lo es la lectura para nosotros, es no solo una gran oportunidad sino también un gran regalo.

Aunque su nombre tal vez no nos resulte conocido para lectores de América Latina, se dice que Olga Tokarczuk en Polonia es un huracán.  Sus libros son best seller y ella es a la vez una intelectual pública y activista de izquierda.

Su carrera literaria supera ya los 25 años y la misma la ha llevado a ser una de las escritoras más influyentes y relevantes en su país natal. 

Es psicóloga de profesión y en se dice que en sus libros se puede encontrar rastros del pensamiento de Carl Jung. Ha publicado 17 títulos, entre novelas, colecciones de cuentos, ensayos y guiones cinematográficos, y es la coorganizadora de un festival literario en Polonia.

Así que sin más, les invito a que nos dejemos guiar por la imaginación narrativa de esta escritora Polaca, que según palabras del secretario de la Academia Sueca, Mats Malm al anunciarla como ganadora del Nobel de Literatura: Posee una pasión enciclopédica, que simboliza el traspaso de las fronteras como forma de vida”.

SINOPSIS

Janina Duszejko es una ingeniera de caminos retirada que enseña inglés en la escuela rural de Kotlina Kłodzka, una región montañosa del suroeste de Polonia. Cuando la rutina del pueblo se ve sacudida por una serie de asesinatos que tienen como víctimas a varios cazadores furtivos, Janina, apasionada de la astrología, defensora a ultranza de los animales y obsesionada por la obra del poeta William Blake, intentará resolver por su cuenta los misteriosos crímenes.

Se considera no sólo una original novela, sino una de las más poderosas de la literactura europea actual.

En ella cuestiona a la vez la falta de respeto a la naturaleza como el radicalismo ambientalista, retratando a la vez la sociedad local de una forma –según sus lectores- soberbia.

Dicho esto, nos invito a adentrarnos en esta lectura que promete ponernos en modo “novela policiaca” con un original subtexto ecologista que podría resultar incluso novedoso.

BIOGRAFÍA

Olga Tokarczuk
 Sulechów, Polonia, 29 de enero de 1962

Es una ensayista, novelista y poeta polaca, galardonada con el Premio Nobel de Literatura 2018.

Tokarczuk pasó buena parte de su infancia y adolescencia en la pequeña localidad rural de Kietrz, en la frontera con la entonces Checoslovaquia. Estudió psicología en la Universidad de Varsovia. 

Durante sus estudios y, después de graduarse, trabajó en diversas clínicas de salud mental. Se ganó la vida como psicóloga hasta que sus obras ganaron la suficiente popularidad para dedicarse a la literatura, actividad que compatibiliza con los talleres de escritura que imparte en la Universidad Jangielloniana de Cracovia.

Sus primeros relatos, con el seudónimo de Natasza Borodin, se publicaron a finales de los setenta. Debutó como novelista en 1993. Entre sus obras publicadas en español , Sobre los huesos de los muertos , descrita como una combinación de temática policiaca y metafísica. La célebre directora polaca Agnieszka Holland la llevó al cine con el título de Spoor (El rastro) ). A finales de 2019, se editará su gran éxito internacional, Los Errantes , ganadora del prestigioso Premio Man Booker, y considerada su obra maestra.

En los últimos años ha destacado por su activismo medioambiental, lo que le ha llevado a enfrentarse públicamente con la ultraderecha de su país. Su obra ha sido traducida a más de treinta idiomas.

FICHA DEL LIBRO


Publicación original: 25 de noviembre de 2009
Págs: 318
Géneros: Misterio, Policial

Nº de páginas: 240
Editorial: SIRUELA
Idioma: CASTELLANO
ISBN: 9788416638802
Año de edición: 2016
Plaza de edición: ESPAÑA
Traductor: Abel Murcia






DISTRIBUCIÓN DE LECTURAS




FUENTES



viernes, 1 de mayo de 2020

El poeta | Peter Handke

Buscando un poco mas sobre Peter Handke, encontré que es un poeta muy revelador, con tonos de luz y oscuridad, me pareció un extraordinario poema para compartirlo.








Una pluma aparece en la pantalla y empieza a escribir en alemán, mientras la voz en off narra lo escrito. La película es El cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin), del director alemán Wim Wenders. El poema pertenece al también guionista de la película Peter Handke. Toda la película es un poema, y la pregunta que plantea sobre la niñez, trasciende y es el hilo conductor. Cuando el niño era niño, tiraba una vara como lanza contra un árbol y esta aún sigue ahí, vibrando.


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Peter Handke – Cuando el niño era niño (español)


Cuando el niño era niño,
andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente,
y este charco el mar.

Cuando el niño era niño,
no sabía que era niño,
para él todo estaba animado,
y todas las almas eran una.

Cuando el niño era niño,
no tenía opinión sobre nada,
no tenía ningún hábito,
frecuentemente se sentaba en cuclillas,
y echaba a correr de pronto,
tenía un remolino en el pelo
y no ponía caras cuando lo fotografiaban.

Cuando el niño era niño
era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué yo soy yo y no soy tú?
¿Por qué estoy aquí y por qué no allá?
¿Cuándo empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol es tan solo un sueño?

Lo que veo oigo y huelo,
¿no es sólo la apariencia de un mundo frente al mundo?
¿Existe de verdad el mal
y gente que en verdad es mala?
¿Cómo es posible que yo, el que yo soy,
no fuera antes de existir;
y que un día yo, el que yo soy,
ya no seré más éste que soy?

Cuando el niño era niño,
no podía tragar las espinacas, las judías,
el arroz con leche y la coliflor.
Ahora lo come todo y no por obligación.

Cuando el niño era niño,
despertó una vez en una cama extraña,
y ahora lo hace una y otra vez.
Muchas personas le parecían bellas,
y ahora, con suerte, solo en ocasiones.

Imaginaba claramente un paraíso
y ahora apenas puede intuirlo.
Nada podía pensar de la nada,
y ahora se estremece ante a ella.

Cuando el niño era niño,
jugaba abstraído,
y ahora se concentra en cosas como antes
sólo cuando esas cosas son su trabajo.

Cuando el niño era niño,
como alimento le bastaba una manzana y pan
y hoy sigue siendo así.

Cuando el niño era niño,
las moras le caían en la mano como sólo caen las moras
y aún sigue siendo así.
Las nueces frescas le eran ásperas en la lengua
y aún sigue siendo así.

En cada montaña ansiaba
la montaña más alta
y en cada ciudad ansiaba
una ciudad aún mayor
y aún sigue siendo así.

En la copa de un árbol cortaba las cerezas emocionado
como aún lo sigue estando,
Era tímido ante los extraños
y aún lo sigue siendo.
Esperaba la primera nieve
y aún la sigue esperando.

Cuando el niño era niño,
tiraba una vara como lanza contra un árbol,
y ésta aún sigue ahí, vibrando.

Peter Handke – Cuando el niño era niño (De la película: El cielo sobre Berlín).

El miedo del portero al penalty, Peter Handke

Llegamos al mes de mayo en tiempos de cuarentena y seguimos motivados por los libros que nos acompañan como brisa en el desierto. Este libro realmente no lo gané yo, sino que lo ganamos todos; así que muy felizmente me ofrecí para moderarlo, ya que me llamó mucho la atención y previamente me lo había recomendado una persona que admiro mucho por su buen gusto literario. 

EL AUTOR 
Peter Handke, austriaco-alemán de 76 años, fue galardonado con el premio Nobel 2019. Handke es uno de los escritores actuales más importantes, polémicos y populares en lengua alemana. Sus obras suelen gravitar en torno a las dificultades en la comunicación humana, la soledad o sus consecuencias, con un estilo original que no renuncia nunca al compromiso con la literatura. 

La novela que lo catapultó a la fama en 1970, El miedo del portero al penalty, tiene como protagonista a Bloch, antiguo portero de fútbol con una percepción errática y fragmentaria, alimentada por su aislamiento y la hostilidad de un mundo que no comprende. 

"El miedo del portero ante el penalty", o "El miedo del portero al penalty" según su traducción original, se publicó en 1970 y fue traducida al español en 1990. Es un relato relativamente breve, y el que convirtió a Handke en autor popular. Puede ser entendida como relato policíaco, pero es sobre todo una narración acerca de la soledad. El lector no comprende a Bloch ni este se comprende a sí mismo -tampoco lo intenta- pero es objeto de una sucesión externa de hechos. Otras interpretaciones hablan de una analogía con la sociedad alemana de la posguerra de la II Guerra Mundial. La novela fue llevada al cine por el afamado Wim Wenders, amigo del autor y con guión del propio Handke. 

Peter Handke es autor teatral, novelista, poeta y ensayista, también es guionista y director de cine. Su compromiso político le llevó a denunciar el retorno de la extrema derecha a Centroeuropa -abandonó Austria durante la presidencia de Kurt Waldheim- por aspectos de la guerra yugoslava. 

FICHA DEL LIBRO

VIÑETA:
Mayo | Premio Nobel
TÍTULO:
El miedo del portero al penalty
AUTOR:
Peter Handke
NACIONALIDAD:
Austriaco-alemán
AÑO: 1970
EXTENSIÓN: 158 Páginas
EDITORIAL:
Alianza Editorial
IDIOMA ORIGINAL:
Alemán
ISBN: 9788420676418




DIVISIÓN DE LAS LECTURAS










¡Feliz Lectura!


domingo, 5 de abril de 2020

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?


¿Qué es lo que nos hace humanos?, ¿cuáles son los rasgos distintivos de nuestra especie por los que nos consideramos superiores a las demás?, ¿cuál es el sentido de la vida, si acaso lo tiene? La humanidad se ha planteado esas mismas preguntas desde el principio de los tiempos y ha buscado las respuestas en la religión, la filosofía y la ciencia. Más recientemente, una nueva interrogante se suma a las anteriores y cobra fuerza en nuestra consciencia: ¿Llegará algún día a ser indivisible lo que distingue a un ser humano de otras criaturas creadas por el hombre mismo?

De un modo u otro, estos cuestionamientos son abordados en el libro de 1968 que leímos en nuestro club el mes recién pasado: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick. La historia transcurre en un futuro distópico ubicado en un tiempo que para nosotros ya es pasado, en 1992. Los hombres han desarrollado toda clase de avances tecnológicos pero estos no se traducen en vidas significantes ni felices. La humanidad ha sobrevivido a la guerra atómica y se las arregla en un mundo contaminado por la radioactividad y cubierto por una densa polución que impide ver las estrellas. Los pudientes se han ido a colonizar otros planetas y los que se han quedado en la Tierra son víctimas del deterioro en su salud a causa de la contaminación. Pero hay un azote aun mayor que se evidencia en varios de los personajes y qué, relacionado o no con las secuelas de la radiación, también pone de manifiesto los resultados de esta nueva sociedad fría y distante: sufrimiento emocional, soledad, carencias afectivas, trastornos psicológicos, ánimos depresivos, banalidad y despropósito. Con ese marco de fondo se desarrolla una historia en la que convergen seres humanos “normales”, cabezas huecas o especiales (como se llama a los marginados por sus limitaciones intelectuales o distorsiones físicas), y androides rebeldes con una inteligencia superior a la de la gente promedio y un diseño tan avanzado que resulta muy difícil notar que no son humanos. 

Si aún no has leído el libro puede que no quieras seguir leyendo lo que viene.


El hilo conductor de la narración sigue las peripecias de un cazarrecompensas muy particular, Rick Deckard, un efectivo cazador de androides con la suficiente perspicacia y métodos como para distinguirlos y exterminarlos. Los conflictos internos de Rick van quedando a la vista a medida que se nos expone su relación con su esposa depresiva, sus interacciones con el interesante y variado grupo de androides que debe cazar, su obsesión por adquirir un animal real (cosa que se complica por la gran cantidad de especies extintas y por los altos costos de conseguir un ejemplar de cualquiera de las que aún hay disponibles en el Catálogo Sidney), y finalmente por su postura con respecto al mercerismo, una forma de culto en el que sus creyentes buscan “fusionarse” con Mercer, una suerte de Cristo-Sísifo que debe subir una y otra vez de manera interminable por una empinada colina, soportando en ese afán los insultos y ataques de “los enemigos” y permitiendo a sus seguidores vivir su experiencia e intercambiar sus estados de ánimo, toda vez que se conecten a un curioso aparato de realidad virtual llamado caja empática.


Dada la recurrencia del tema, se pudiera concluir que todo este asunto de conseguir un animal real o de suplirlo con un animal eléctrico (uno que igual demande cuido y mantenimiento), pretende demostrar lo vacía que puede ser nuestra existencia si no tenemos alguien a quien cuidar y atender, algo que nos haga sentir útiles y necesarios. Quizá el mercerismo y su conexión empática con los demás también busque establecer el significado que se desprende de compartir con otros, de tratar de entenderlos y de sentirse entendido y comprendido por ellos. Es aquí donde el personaje de un especial, John Isidore, se vuelve protagónico debido a sus nobles conclusiones sobre la felicidad asociada al sentimiento de utilidad hacia los demás, o como lo dice el autor, “la fuerte fragancia de la felicidad aún emanaba de él la sensación de ser, por primera vez en su torpe vida, útil. Para J. R. Isidore, la vida había experimentado una notable mejoría.” Hay un momento clave en el que Isidore desenchufa un televisor, desmonta la antena, percibe el silencio y experimenta una revelación: ninguna criatura tiene verdadero sentido ni propósito una vez desconectada de la fuente. “Tienes que frecuentar la compañía de otras personas, pensó, para tener una vida.”


Una reflexión que a mi parecer se puede desprender de este libro con toda validez, es que la relación del ser humano con sus creaciones será determinada por el hecho de si se cree o no en un Dios hacedor del hombre. Es más o menos lo mismo que decir que la relación con nuestros padres define y condiciona la relación con nuestros hijos. Al margen de si nos vemos a nosotros mismos como tan solo un eslabón más en la cadena evolutiva o como criaturas hechas a imagen y semejanza de un ser superior, se hace evidente que nuestra especie tiene un temor latente de ser superada por otra más apta, acaso por una paradójica rebelión de nuestras propias creaciones.

Lo irónico es que el hombre participa activamente en la construcción de ese destino, trabajando afanosamente en la creación de inteligencia artificial y en la replicación de características humanas en su obra. Si su resultado no es perfecto es porque el hombre mismo tampoco lo es. Pero eso no significa que alguna de sus creaciones no llegue a ser capaz de engañarnos y eventualmente suplantarnos. Y si una criatura tiene consciencia de sí misma, se ve al espejo y reconoce su “yo”, busca penosamente sobrevivir a toda costa y alguna vez, antes de extinguirse, se detiene a cuestionar el sentido y propósito de su existencia, ¿no sería todo eso parte de la absurda esencia de los seres humanos?


¿Tienen sueños los androides?, ¿tienen aspiraciones? ¿Están dotados de la capa onírica de la consciencia donde se relativiza lo real y lo fantástico, lo lógico y lo absurdo? O dicho metafóricamente, ¿hay algo que les quite el sueño y les haga recurrir al conteo de ovejas eléctricas? Philip K. Dick juega constantemente con la difusa línea que separa lo natural de lo artificial, a tal grado que nos hace dudar y preguntarnos sobre cierta dosis de humanidad en algunos androides, o sobre la frialdad  y el accionar mecánico de algunos humanos que se asemejan a máquinas. Entre los personajes de la historia se trasluce una marcada obsesión por fingir y convencer a otros de que las mascotas eléctricas son reales, y tampoco están exentos de equivocarse y confundir un gato real con un artefacto eléctrico. Incluso los estados anímicos pueden ser inducidos y modificados por el climatizador de ánimo Penfield, un aparato tan genial como aterrador que permite suprimir las emociones negativas y dolorosas que en realidad sentimos, reemplazándolas por otras mejores de tipo artificial. ¿Es una bendición o una tragedia que podamos recurrir a un ensimismamiento maquinal para satisfacer nuestras carencias afectivas, que la amputación se resuelva con la prótesis y que la felicidad se reduzca a la magia artificiosa resultante de presionar un botón? En contraposición, el mercerismo busca el crecimiento espiritual a través de la experimentación del dolor y el sufrimiento de Mercer y de todos los que se conecten a la caja empática, de compartir el estado de ánimo de uno y recibir el de los demás. He ahí la diferencia fundamental entre la máquina Penfield y la caja empática: la disyuntiva de elegir entre falsa felicidad propia y auténtico dolor ajeno.


El mercerismo como una representación de los credos y movimientos religiosos, es también un asidero que alivia y consuela a una sociedad necesitada de una conexión cuando no espiritual al menos emocional, para hacer más llevadera una existencia insípida, solitaria y hueca. No importa si su dechado resulta ser un fraude, si se trata apenas de un placebo. “Mercer no es un fraude a menos que la realidad también lo sea”, dice un Deckard transformado hacia el final de la historia. Su vivencia de la experiencia merceriana ocurre durante un viaje que el cazarrecompensas hace casi sin pensarlo, como impelido por un motivo desconocido y arrastrado por una fuerza que no controla. Sale de su vehículo en un lugar inhóspito y comienza a ascender por una colina. “Azuzado por una espuela invisible a la que no puede llevar la contraria emprende el ascenso. Es como rodar hacia arriba, pensó, como las piedras. Hago lo mismo que las piedras, sin voluntad, sin que tenga ningún sentido.” El nuevo Rick Deckard, más filosófico y espiritual, llega a creer que se ha fusionado conscientemente (sin una caja empática) y de manera permanente con Mercer. Se siente Mercer. Y ese es el culmen de la empatía: sentirse como el otro, vivir lo que él, comprenderlo a plenitud. Si esto es real o no, si es una dramática experiencia de conversión milagrosa o apenas el producto de su mente fatigada y deteriorada por la polución radiactiva, es algo que dejo al gusto y criterio del lector.


El libro me resultó fascinante y me parece que los temas son abordados de modo muy inteligente, profundo y acucioso. Hay frases que son auténticos disparos a la sesera, verdaderas joyas que me hicieron sonreír y asentir con admiración hacia el autor.

Somos máquinas, estampadas como tapones de botella. Es una ilusión ésta de que existo realmente, personalmente. Soy sólo un modelo de serie.

Silencio. Saltaba de la carpintería y de las paredes; caía con fuerza sobre él con su poder terrible, inmenso, como si fuera generado por un gigantesco molino; se alzaba del suelo y recorría la ajada moqueta gris que cubría las paredes; se desataba desde los electrodomésticos estropeados y medio estropeados de la cocina, máquinas muertas que no funcionaban desde que Isidore vivía allí; supuraba por la inútil lámpara de pie que había en el salón, mezclándose con la vacua y muda réplica de sí mismo que descendía desde el techo salpicado de excrementos de mosca. De hecho lograba emerger de todos los objetos que alcanzaba a ver a su alrededor, como si aquel silencio desempeñase la función de suplantar a todas las cosas tangibles. Por tanto no solo le agredía los oídos, sino también los ojos; allí de pie junto al inerte televisor, experimentó el silencio como un ente visible y, a su modo, vivo. ¡Vivo! Había sentido a menudo su austera presencia. Anunciaba su llegada sin la menor sutileza, incapaz de esperar. El silencio del mundo era incapaz de refrenar su propia codicia. Ya no. No teniendo prácticamente ganada la partida.

Los chismes le desagradaban porque siempre eran más precisos que la verdad.

La desesperación por la realidad total puede perpetuarse a sí misma...

Aunque percibí intelectualmente la soledad, no la sentí. La primera reacción fue de gratitud por poder disponer de un órgano de ánimos Penfield; Pero luego comprendí qué poco sano era sentir la ausencia de vida, no sólo en esta casa sino en todas partes, y no reaccionar...

La fuerte fragancia de la felicidad aún emanaba de él la sensación de ser, por primera vez en su torpe vida, útil.

Tienes que frecuentar la compañía de otras personas, pensó, para tener una vida.

Al recordarlo, se preguntó si Mozart habría tenido la intuición de que el futuro no existía, de que ya había utilizado todo su breve tiempo. Quizá también yo lo haya hecho, pensó Rick mientras contemplaba el ensayo. Este ensayo terminará, la representación también, los cantantes morirán y finalmente la última partitura de la música será destruida de un modo u otro, el nombre de Mozart se desvanecerá y el polvo habrá vencido, si no en este planeta en otro cualquiera. Sólo podemos escapar por un rato. Y los andys pueden escapar de mí, y sobrevivir un rato más. Pero los alcanzaré, o lo hará algún otro cazador de bonificaciones. En cierto modo, observó, yo soy una parte del proceso de destrucción entrópica de las formas. La Rosen Association crea y yo destruyo. O al menos, eso debe parecerle a los androides.

Te verás forzado a hacer el mal allá donde vayas —dijo el anciano—. Es la condición esencial de la vida verse requerido a traicionar la propia identidad. Siempre llega el momento en que todo ser vivo debe hacerlo. Es la sombra última, la derrota de la creación: es la maldición de la obra, la maldición que se alimenta de toda vida. Hasta en el último rincón del universo.

Mercer no es un fraude, a menos que la realidad también lo sea.

Azuzado por una espuela invisible a la que no puede llevar la contraria emprende el ascenso. Es como rodar hacia arriba, pensó, como las piedras. Hago lo mismo que las piedras, sin voluntad, sin que tenga ningún sentido.

La araña que Mercer le dio a Isidore, el cabeza hueca, también debía ser artificial. Pero no importa. Las cosas eléctricas también tienen su vida, por pequeña que ella sea.


¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? ha sido una lectura rica y agradable que he disfrutado mucho y que me ha dejado abundantes reflexiones. Bien por la literatura de ciencia ficción, un gusto que he empezado a adquirir de forma tardía.

Ilustraciones de Tony Parker, Novela Gráfica basada en el libro Do Androids Dream of Electric Sheep? de Philip K. Dick.

miércoles, 1 de abril de 2020

El truco - Emanuel Bergmann

"La mejor mentira es la verdad."

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El mes de abril y quien escribe estas lineas no siempre se llevaron demasiado bien. Los cielos grises, la atmósfera pesada y el calor sofocante de la época en estas latitudes tropicales, siempre hicieron que pasara este mes del año con muy mala actitud y mucha bronca. Hablo, por supuesto, de otros abriles tan lejanos que hasta parecen de otra vida. Renovados el corazón y los ojos, llegó el momento en que abril por fin fue distinto.

Pero la vida es lo que pasa, y este nuevo abril nos ha encontrado en medio de la terrible pandemia de todos conocida a nivel mundial. El azote de este mal que no para de golpear a la familia humana, amenaza no solo nuestra supervivencia, sino también la forma de vida que como sociedad y como individuos hemos llevado hasta hoy. Es evidente que los momentos de crisis sacan lo mejor y lo peor de las personas y, como tantas otras veces en la historia, este nuevo episodio vuelve a poner de manifiesto la fragilidad de la vida y la volatilidad de las cosas.

En el Club de la Buena Estrella queremos cuidar nuestra salud y la de nuestras familias y por ello nos quedamos en casa. Pero eso no significa que renunciamos a las cosas que amamos. Desde la distancia y por el tiempo que el aislamiento sea necesario, seguiremos comunicándonos con nuestros amigos, animándonos unos a otros en medio de las dificultades, y apoyándonos incondicionalmente con todos nuestros medios y posibilidades. Queremos estar informados, pero debemos evitar saturarnos y aturdirnos. Es preciso preservar nuestra salud mental y de nuevo la lectura puede ser una formidable aliada en ese propósito. La literatura abunda en ejemplos de como los tiempos de pestes y aislamientos fueron oportunidades inmejorables para construir lazos a través de la narrativa, la tradición oral y el intercambio de buenos relatos. Quizá el aislamiento y el cambio en los hábitos nos permitan fortalecer los lazos familiares y encontrar nuevas maneras de compartir el tiempo, ese barro del que estamos hechos y que debemos aprovechar al máximo lo que dure. Espero que la historia que leeremos este mes cumpla su cometido de entretenernos, y ojalá también nos permita reflexionar sobre el valor de las vidas humanas, llenas de cosas en apariencia insignificantes, pero que en momentos como este muestran su verdadera importancia en todo su esplendor.

El libro que nos ocupa es El truco, primera novela del autor judío alemán Emanuel Bergmann. Propuse El truco el año antepasado y, a pesar de que no ganó, decidí ponerlo en mi lista personal y leerlo por mi cuenta. Lo leí el pasado septiembre y me dejó tantas buenas sensaciones que quise compartirlo de nuevo con ustedes. Hacía mucho que una lectura no me divertía y conmovía a partes iguales. El truco lo logró. Será el primer libro de Emanuel Bergmann, pero me parece que el autor debutante ha demostrado una enorme capacidad para alternar entre el humor y  la emotividad, para abordar la profundidad con sencillez y para mostrarnos la ilusión y la magia que hacen potable cualquier realidad.

El truco es mi propuesta para la viñeta de Abril | Novedad Literaria en este 2020. Ojalá le den una oportunidad y disfruten su lectura.

SINOPSIS


Dos ciudades. Dos épocas. Dos personajes cuyos destinos se cruzan: un niño dispuesto a creer en todo y un anciano que ya no cree en nada.

Las dos ciudades y las dos épocas son Praga en 1934 y Los Ángeles en 2007. El anciano que ya no cree en nada es el gran Zabbatini, un mago procedente de una familia de rabinos que, cuando era niño y se llamaba Moshe, quedó fascinado por un legendario ilusionista de circo que visitó la ciudad y acabó actuando ante Hitler y viviendo una intensa y dolorosa historia de amor y trágicas peripecias en la Europa ocupada por los nazis. El niño dispuesto a creer en todo es Max Cohn, tiene diez años, su abuela sobrevivió a los campos de concentración de pequeña y sus padres están a punto de divorciarse. Y cuando Max descubre entre trastos viejos un disco de conjuros y trucos del gran Zabbatini, se empeña en buscarlo para que le ayude a salvar el matrimonio de sus padres y lo localiza en una residencia de ancianos...

Fascinante, deliciosamente divertida y emotiva, esta novela atrapa al lector con una bellísima historia en la que confluyen dos mundos, emergen amores perdidos y olvidados gestos heroicos y surgen segundas oportunidades. Una fenomenal mezcla del humor melancólico de Isaac Bashevis Singer con la fantasía y los ecos de la mejor tradición popular; el truco de un debutante que se nos revela, con este su primer título, como un verdadero mago.

«Uno nunca logra adivinar lo que sucederá en las páginas siguientes. Emanuel Bergmann escribe con un estilo fresco y original, rebosante de empatía. El truco es al mismo tiempo una emocionante novela de amena lectura y una muestra de la literatura más sofisticada» (Stefan Keim, WDR).

«Hace pensar en Dickens por su extraordinaria habilidad para describir las extravagantes vicisitudes de los personajes» (Matteo Collura, Il Messaggero).

«El truco se lee como una gran novela de aventuras. Y el divertimento se transforma, en sus hermosas y dramáticas páginas, en un abrasador drama» (Alessandro Mezzena Lona, Il Piccolo).

«Repleta de humor y pasmosamente divertida, y al mismo tiempo desgarradora, trepidante y con unos personajes inolvidables» (Emmanuel van Stein, Kölner Stadt-Anzeiger).

«Cautivadora, emotiva y con un maravilloso sentido del humor» (Regula Tanner, Schweizer Familie).

«Se parece a La vida es bella... Recuerda a Mr. Vértigo de Paul Auster. Es una novela picaresca, alegre, en la que el dolor extremo se disuelve en una sonrisa» (Andrea Baiani, La Repubblica).

Quedan cordialmente invitados a leer con nosotros El truco de Emanuel Bergmann, ¡feliz lectura!

FICHA DEL LIBRO


METAS DE LECTURA


EL AUTOR


Emanuel Bergmann (Saarbrücken, 1972) estudió Cine y Periodismo en Los Ángeles. Ha trabajado para va­rios estudios cinematográficos, productoras y edito­riales independientes en Alemania y Estados Unidos. Actualmente ejerce de profesor de alemán, traductor y articulista. El truco es su primera novela.

Foto © Diogenes Verlag AG Zurich

REFERENCIAS

https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/el-truco/9788433979902/PN_958

miércoles, 5 de febrero de 2020

1984 por George Orwell





“Lo más característico de la vida moderna no era su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido.”

― George Orwell, 1984


Por primera vez en sus trece años de existencia, el Club de la Buena Estrella tiene una viñeta exclusiva para la "Ciencia Ficción", género un poco menospreciado y que poco a poco ha ido penetrando en el Club de la Buena Estrella, ya Marlon en su momento nos hizo el favor de explicarlo mejor en la entrada ¿Cuál es la razón de ser de la Ciencia Ficción?, para quienes no lo han leído, se los recomiendo.
Pues viendo que era una viñeta para estrenar en el Club me decidí a proponer un verdadero clásico de este género: 1984, del británico George Orwell quién nos plantea una distopía futurista que, según los conocedores, espanta de lo real que puede ser en nuestros días, por eso lo elegí pensando en que un tema como éste dará lugar a unas discusiones históricas y que no haber leído aún a George Orwell representa una deuda en el Club. 

Espero lo disfruten

SINOPSIS

Londres, 1984: Winston Smith decide rebelarse ante un gobierno totalitario que controla cada uno de los movimientos de sus ciudadanos y castiga incluso a aquellos que delinquen con el pensamiento. Consciente de las terribles consecuencias que puede acarrear la disidencia, Winston se une a la ambigua Hermandad por mediación del líder O’'Brien. Paulatinamente, sin embargo, nuestro protagonista va comprendiendo que ni la Hermandad ni O'’Brien son lo que aparentan, y que la rebelión, al cabo, quizá sea un objetivo inalcanzable. Por su magnífico análisis del poder y de las relaciones y dependencias que crea en los individuos, 1984 es una de las novelas más inquietantes y atractivas de este siglo.

BIOGRAFÍA DEL AUTOR

Eric Arthur Blair (Motihari, Raj Británico, 25 de junio de 19031​2​-Londres, Reino Unido, 21 de enero de 1950), más conocido por el pseudónimo de George Orwell, fue un escritor y periodista británico.

Su obra lleva la marca de las experiencias personales vividas por el autor en tres etapas de su vida: su posición en contra del imperialismo británico que lo llevó al compromiso como representante de las fuerzas del orden colonial en Birmania durante su juventud; a favor del socialismo democrático, después de haber observado y sufrido las condiciones de vida de las clases sociales de los trabajadores de Londres y París; y en contra de los totalitarismos nazi y estalinista tras su participación en la guerra civil española.

Además de cronista, crítico de literatura y novelista, es uno de los ensayistas en lengua inglesa más destacados de las décadas de 1930 y de 1940. Sin embargo, es más conocido por sus dos novelas críticas con el totalitarismo y publicadas después de la Segunda Guerra Mundial, Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1949), escrita en sus últimos años de vida y publicada poco antes de su fallecimiento, y en la que crea el concepto de "Gran Hermano", que desde entonces pasó al lenguaje común de la crítica de las técnicas modernas de vigilancia.

En 2008, figuraba en el puesto número dos del listado de los cincuenta escritores británicos de mayor relevancia desde 1945, elaborado por The Times.

El adjetivo «orwelliano» es frecuentemente utilizado en referencia al distópico universo totalitarista imaginado por el escritor británico.

Fue hijo de Richard Walmsley Blair, administrador del ministerio del opio del gobierno colonial de la India, y de Ida Mabel Limouzin, nacida en Birmania, de ascendencia francesa.

A los dos años se trasladó con su madre y con su hermana mayor Marjorie a Inglaterra y no volvió a ver a su padre hasta 1907, cuando este visitó Inglaterra durante tres meses, antes de partir de nuevo hacia la India. Además, Eric tenía una hermana menor llamada Avril.

En 1909 fue enviado a una pequeña escuela parroquial anglicana en Henley, a la cual había asistido su hermana mayor con anterioridad. Nunca escribió sobre sus recuerdos de aquella época, pero debió de impresionar a sus profesores muy favorablemente, pues dos años más tarde fue recomendado al director de una de las escuelas preparatorias de mayor renombre en Inglaterra por aquellos tiempos, St. Cyprian, en Eastbourne, Sussex. El joven Eric asistió a esta escuela gracias a una beca que permitía a sus padres pagar solamente la mitad de las tasas habituales. Sin embargo, Eric no se sentía a gusto en la escuela St. Cyprian, al menos en lo que se refiere a los métodos de enseñanza y a los profesores. Pese a ello, fue ahí donde consiguió sendas becas para la escuela de Wellington y posteriormente la de Eton, en la cual dice, años más tarde, haber sido relativamente feliz, pues se permitía a los estudiantes una considerable independencia. En este establecimiento hizo amistad con varios futuros intelectuales británicos, como Cyril Connolly, editor de la revista Horizon, en la cual se publicaron muchos de los ensayos de Orwell.

Tras culminar sus estudios en Eton, decidió unirse a la Policía Imperial India en Birmania, pues no tenía posibilidades de conseguir una beca universitaria y los medios de su familia no eran suficientes para costear su educación. Tras cinco años como oficial,4​ abandonó el cuerpo de policía y volvió a Inglaterra en 1927 habiendo desarrollado un odio hacia el imperialismo que muestra en su primera novela, Los días de Birmania (Burmese Days), publicada en 1934,5​ y en ensayos como «Un ahorcamiento» («A Hanging», 1931)4​ o «Matar a un elefante» («Shooting an Elephant», 1936).​

Posteriormente vivió un tiempo en la indigencia, haciendo trabajos de todas clases, tal y como recuerda en Sin blanca en París y Londres (Down and Out in Paris and London), su primera obra importante. Consiguió un trabajo como maestro de escuela pero pronto se vio forzado a abandonarlo por problemas de salud y comenzó a trabajar en una tienda de libros de segunda mano en Hampstead, una experiencia que rememora parcialmente en la novela corta Que no muera la aspidistra (Keep the Aspidistra Flying, 1936).

En 1928 se trasladó a París, donde vivía su tía Nellie, con la esperanza de forjar su carrera como hombre de letras. Tras algunos intentos fallidos, Eric se vio obligado a trabajar de lavaplatos en el lujoso Hotel X, tal como hace mención en su primer libro, Sin blanca en París y Londres (1933). A fines de 1929, regresó a la casa de sus padres en Southwold, Suffolk, enfermo y sin dinero, y escribió Los días de Birmania (1934).

Adoptó el seudónimo de George Orwell en 1933. Mientras el autor escribía para el New Adelphi, vivió en Hayes, Middlesex y trabajó como profesor de escuela, adoptó el pseudónimo para no incomodar a sus padres con Sin blanca en París y Londres. Llegó a considerar otros nombres literarios como «Kenneth Miles» o «H. Lewis Allways», antes de decidirse por un nombre que deja traslucir el afecto que siempre había sentido por la tradición y la campiña inglesa: Jorge es el santo patrón de Inglaterra (y Jorge V era el soberano en ese entonces), mientras que el río Orwell, en Suffolk, es uno de los lugares más emblemáticos para muchos ingleses. También pensó que un apellido que empezara con la letra O le daría una mejor posición a sus libros en los estantes de las librerías.

Como escritor, se sirvió de su experiencia como profesor y de la vida en Southwold para la novela La hija del clérigo (1935), escrita en 1934 en casa de sus padres tras la enfermedad que lo abatía y lo obligaba a ganarse la vida impartiendo clases. De 1934 a 1936 trabajó a media jornada en Booklover’s Corner, una librería de segunda mano en Hampstead. Tras llevar una vida solitaria, quiso rodearse de la compañía de jóvenes escritores. Hampstead era un pueblo intelectual que ofrecía establecimientos destinados al desarrollo de actividades culturales de diversa índole. Estas experiencias se trasladaron a la novela Que no muera la aspidistra (1936).

Contrajo matrimonio con Eileen O'Shaughnessy en 1936, y adoptaron un niño, Richard Horatio Blair. Eileen murió en 1945, durante una operación.

En octubre de 1949, poco antes de su muerte, se casó en segundas nupcias con Sonia Brownell. Orwell murió en Londres a la edad de 46 años, de tuberculosis, enfermedad que había contraído durante el periodo que describe en Sin blanca en París y Londres. Pasó los últimos tres años de su vida entre hospitales. Poco antes de morir, pide ser enterrado de acuerdo al rito anglicano. Falleció el 21 de enero de 1950. Sus restos reposan en Sutton Courtenay, Oxfordshire.


FICHA DEL LIBRO


Viñeta:                     Febrero | Ciencia Ficción 
Libro:                       1984
Autor:                      George Orwell
Nacionalidad:          Británico
Año:                        1949
Total de páginas:    184
Editorial:                  DEBOLSILLO
Idioma original:        Ingles
ISBN:                       9788499890944



DIVISIÓN DE LECTURAS


06 de febrero13 de febrero20 de febrero27 de febrero
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Parte IParte IIParte III
 Final
Película












domingo, 5 de enero de 2020

Series CBE: Viñetas de una biografía (IV)



"Los sueños de la sin-razón crean cómics"

Krazy Kat! de George Herriman (1913-1944)

Krazy Kat vive enamorada de Ignacio el ratón, que, para complementar la pareja sado-masoca,disfruta de lanzar ladrillos en la cabeza de la gata, aparentemente para hacerla reaccionar de la ridiculez, de ese delirio de amor que la vuelve acosadora, obsesiva y fiel al ratón. En todas las tiras, Herriman, procura que Ignacio termine en bartolinas, capturado por el oficial Bull. Curiosamente, los pijazos que recibe la gata, en lugar de hacerla desistir en su enamoramiento, refuerzan más su deseo: dejando en evidencia la naturaleza de su locura; un sin sentido para nosotros, que dentro del terreno de la intimidad de la gata posee total justificación, es decir, una razón. Art Spiegelman, en su cómic Sin la sombra de las torres (2014), brinda varios comentarios al respecto del cómic de Herriman, considerado su trabajo como lo mejor del siglo XX. 

El tiempo no es la única distancia entre Ken Wilber y Carl Gustav Jung. Diferenciar la locura de los paroxismos místicos, resulta un recorrido mucho más extenso. Para Jung, la locura persiste como fuente de aspectos superiores del alma humana. Para Wilber, el trabajo reside en marcar una diferencia entre el loco (llamase psicótico, esquizofrénico) y ‘lo loco’ del místico; que ha de gozar de extrema salud, pero que su desarrollo espiritual lo vuelve inadaptado en su entorno. Jung encontraría uno que otro arquetipo en asesinos como Charles Manson o Hannibal Lecter, Ken Wilber, encontraría en ellos miserabilidad, criaturas estancadas en su propio desarrollo. Esta discordia podría atenuarse, pero no resolverse, por la intervención de un tercero: Jacques Lacan. 
     La solución de Lacan con respecto a la locura sería establecer una verdad, que, con bostezos y pataleos, sería aceptada por los dos de arriba. La locura es una filosofía, un modo de afrontar la realidad. Lacan, con este radical idea elaborada en su tesis De la Psicosis (1932), configura un nuevo enfoque para el tratamiento de las enfermedades mentales; ya que al dejar de tratarlas como enfermedades y abordarlas como filosofía, el analista se estaría enfrentado a un modo de existencia que es una conducta, un lenguaje, un contenido cognitivo y emocional, del que se sirve el enfermo, ahora filósofo, para enfrentar el mundo. De haber entonces filosofía en el campo de la ‘enfermedad’, irremediablemente indica la existencia de una verdad requerida por el analista y una expuesta por el filósofo-enfermo; “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”, Juan 8:32, migaja judeo-cristiana en el sendero que lleva al psicoanálisis de Freud, que es el de Lacan. En ese sentido, los delirios, las conductas repetitivas e inútiles, lo dificultoso de su discurso, en fin, ese compendio de desadaptaciones es en el Loco su programa filosófico, sus lineamientos personales para entender y hacer mundo. Es por esto que el loco posee ‘razones’ ahí donde el hombre razonable dice que no encuentra qué decir. 

Trabajo como psicólogo en el campo forense, y con eso es suficiente para que el lector, con un mínimo de esfuerzo, pueda delimitar el lugar en el que laboró desde hace cinco años. Con el paso de ese tiempo, y el haber respondido de tantas formas al respecto, resumo mi trabajo como la aplicación de la teoría psicológica - en gran medida derivada del campo clínico - con el fin de elaborar un diagnóstico sobre alguna persona implicada en algún evento que posea interés judicial; dicho diagnóstico, tiene que ser útil en función de determinar lesión psicológica en personas consideradas jurídicamente como víctimas o  comentar sobre la capacidad mental de una persona para relacionarla con el dominio y conciencia de sus actos. Dentro de ese margen, en algún momento de mi tiempo laborando, apareció el asunto que corresponde a esta entrada. 
  Entenderán que poco tiene de judicial y psicológico este texto, por lo que todo aquello que no esté en función del arte, la imagen o el cómic, pasa a tener un protagonismo secundario. La situación que me tocó atender con mi máscara de psicólogo, fueron agresiones físicas en contra de dos personas adultas entre los 40 a 60 años. Una pareja de esposos. 
      Legalmente, esta pareja entra a mi ratonera con la etiqueta de ‘procesados’, es decir ‘imputados’, es decir ‘agresores’, es decir ‘delincuentes’. Él, un tipo alto y grueso, con cabello setentero y ropas negras, con el rostro amable y la voz cálida, Ella, observadora, risueña y de facciones dulces, dice que es la encarnación de una virgen. En la ratonera me explican, casi que un reclamó kafkiano, que la Ley los ha traicionado, la ley le ha dado la espalda; ya que en su versión de los hechos, ellos son las víctimas y no los victimarios: ellos son inocentes, ellos son las ovejas y los otros son los lobos. El protocolo de atención me lleva a una conclusión: Él, es capaz de entender lo que acontece a su alrededor, y sobretodo conoce las consecuencias de sus acciones, ella, no tanto. Ella sufre de un trastorno psicótico, ella pierde contacto con la realidad sobretodo cuando deja a un lado sus medicamentos. 
     Para hablar de la situación que les tiene sentados frente al psicologo que finjo ser, él me brinda una explicación amplia, terriblemente pausada, de la manera en que se fueron desenvolviendo los eventos fuera de su casa - para ella, su casa, es tierra sagrada, no en un sentido metafórico sino literal - donde una situación de convivencia entre vecinos, tan ridícula como la ocasión en que una señora se llegó quejando del árbol de aguacate de su vecino porque éste dejaba caer las hojas en su patio o como la vez en que un señor denunció a la casera por un gato callejero que andaba en la su cuarto y no encontró la instancia pertinente para denunciar al Sr. Gato por acosador, terminó en un enfrentamiento con tres hombres, más jóvenes que nuestro matrimonio, con golpes, gas, más golpes, patadas, fuego, y nuestro amigo setentero en bartolinas y ella, nuestra virgen, con los ojos llorosos después de una ceguera que el gas le provocó pero que ella pudo curarse. Según el proceso, los responsables de todo este 'desvergue', era la pareja que reía frente a mí, con pinta y olor de no haberse duchado al menos ese día. Para ellos, los responsables habían sido los tres hombres, que iniciaron todo el alboroto en el momento en obviaron esas divisiones sutiles pero eficientes de la propiedad privada, y alteraron la tranquilidad y pureza de la Tierra Santa de la virgen, que en lugar de contarme su versión de la historia con sus propios modos de lenguaje, de léxicos sacados de confusiones entre lo real y lo ficticio, le bastó entregarme un documento de más de sesenta páginas tamaño oficio, con su historia: su historia ilustrada secuencialmente, con usos de texto ahí donde la imagen no podía aportar más. Ella me entregó el cómic de su experiencia, su verdad, su filosofía. El cómic fue ilustrado y escrito por ella, salvo unas páginas al final que fueron realizadas por él, las cuales no comentaré. Será evidente algunos manchones realizados sobre las fotografías de las páginas, está de más señalar que los he realizado para proteger algunos elementos de identificación; ya que de descubrir la LEY este post, al menos me queda la seguridad de que ha quedado constancia de mis esfuerzos por no corromper tan descaradamente sus normas. 

Representación de la Santa virgen maría, que aparece encuentra 'entronizada',
 con la usanza de poder, haciendo de ella María Reina.



Ella se ha retratado fielmente a partir de sus propios dominios técnicos al momento de dibujar, siguiendo las características de la imago psicológica con la que se identifica. La coronilla que sobresale en su cabeza es un aditamento permanente en su presentación - la cual puede ver al momento de la entrevista, y fue justificada por Ella de la manera que ahora procedo a explicar: en un autoretrato, los artistas recurren a presentarse con tal cosa, accesorio o conducta, que proyecte de la manera más fiel, ese yo ideal - recurriendo a la fanfarria psicológica. Art Spiegelman, como pudo quedar en evidencia en MAUS para nuestro querido lector, se identifica con esta imago del ratón. En otras apariciones, ya que Art es un personaje recurrente es su propia obra, aparece vestido con chaleco, en otras usa una máscara de ratón, en otras con rostro de ratón, en otras dejando al descubierto su propio rostro, e independientemente cual sea la forma, siempre aparece acompañado de un cigarro. Para Ella, esta coronilla, hecha de tela de colores, es una identificación con su vinculación divina, su delirio, al encarnar con eso la imagen de la virgen que dice 'ser'.


Si ella omitiera la coronilla, estaríamos ante otro personaje, otro 'ella' que ella no reconoce como parte de su imagen personal (ver nuevamente la imagen de la Reina Virgen María).







En las tres fotografías (arriba): la máscara de ratón y su equivalente antropológico, es para Art una representación de su conflicto interno. Vestir la máscara de ratón o convertirla en su rostro - dilema que deja claro en las viñetas de MAUS aquí presentes - es hacerse parte de una historia que él no vivió, no la sufrió, y que paradójicamente su herencia biológica-cultural lo hacen un sobreviviente/efecto de ella. El chaleco, el cigarro, el ratón de fondo en la fotografía, plantean una cuestión aún más profunda: ¿es Art Spiegelman, ese hombre pequeño de la foto con facciones de roedor, una abstracción, un reduccionismo del ratón que es Art Spiegelman el personaje de sus cómics?, y ¿será ese Art-Ratón, el lugar en que Art se mira a sí mismo, intentando generar un armonía entre ese ideal del yo, que es Art-Ratón, con su yo ideal que es Art Spiegelman?
     En la ilustración de Ella, resalta la palabra 'víctima' por encima. Este detalle que podría sugerir una identidad-víctima, contrariamente a la coronilla de virgen, es una cualidad agregada, proveniente de un orden externo a la experiencia personal. Si hubiese encontrado en el cómic de Ella, una representación de la victimización en forma de accesorio o marca sobre el cuerpo-imagen, que es la ilustración, su versión de los eventos hubiese perdido cierta credibilidad de la que ya goza; debido a que la presencia de una marca de 'víctima', ya sea un morete en el ojo, un sombrero que diga 'PAIN', o mejor aún, una corona de espinas, estaría, casi seguro que Ella posee un yo ideal caracterizado por el sufrimiento, que por lógica de esa locura, Ella sería víctima del mundo aún cuando el mundo no le ha hecho nada; y hubiese apostado, que en cualquier momento de la entrevista, ella me iba a terminar diciendo "perdónelos Alex, porque ellos no saben lo que hacen", mientras yo, con el rostro inalterable y el 15% de mi cabeza divagando en lo que almorzaría ese día, hubiera escrito en mis notas: "posible cuadro paranoide. Referir a psiquiatría forense para ampliar o cotejar sobre lo que aquí expuesto".








Calificar el trabajo de Will Eisner (1917-2005) es una tremenda injusticia, pero sobretodo es un proyecto extenso y hartamente complicado. Resumamos entonces su trabajo, parafraseando las palabras de Alan Moore: Will Eisner fue quien le puso cerebro a los cómics. Previo a W. Eisner, los cómics se regían por reglas en las que espontaneidad, estética y demanda editorial, y una intuición de continuidad prehistórica eran sus más notables bases. Eisner incorporó reglas en las que el tiempo (sobretodo), el lenguaje, la narración, la perspectiva, debían de trabajarse de manera delicada, independiente y en armonía con el resto de componentes que intervienen en la historia que construye un cómic. Así fue, como este hombre que en algún momento terminó rechazando el trabajo de dos chicos judíos que sería conocidos años después como los creadores de Superman, elaboró un cuerpo teórico por el cual deberían de regirse la creación de los cómics, logrando, con el seguimiento de este método, que estos sean entendidos como una forma de arte, formal y respetable: un arte que trabaja los fenómenos de la imagen en la secuencia. 
      Mucha de la obra de Eisner tienen como tópicos el desarrollo de la vida personal  en espacios urbanísticos donde confluyen un cosmopolitismo que vuelve colorida y complicada la vida; la mayoría de casos, este espacio quedaba delimitado a la ciudad de Nueva York. También se interesó por la moral del hombre ante el Otro; el otro-Dios, el otro-Familia, el otro-vecino, el otro-enemigo dentro de la guerra. Will Eisner, con todos sus aportes, aún sigue recibiendo tantos calificativos, el más conocido es el de padre de los cómics; y esto, a pesar de que el cómic ya estaba presente desde finales del siglo que le precedió. Desde 1988, la Convención Internacional de la Industria de Cómics, entrega reconocimientos a los artistas del género, bajo el nombre de Premios Will Eisner.



En 1985 Will Eisner pública 'El cómic y el arte secuencial'. En este, Eisner brinda los elementos esenciales que constituyen la creación del cómic, y uno de los primeros temas que aborda es el Ritmo y el Tiempo. 
     Eisner plantea que la viñeta, es decir el cuadro que enmarca una ilustración, es una herramienta que contiene o segmenta una acción/tiempo. Para el autor, la utilización de las viñetas como medida de tiempo, trasladan a la historieta a una dimensión de imitación de la realidad. La disposición entre viñetas, su tamaño, junto a la aparición del texto o bocadillos, son elementos que estipulan la velocidad de las acciones que intenta comunicar la historia.


Tal y como lo presenta en un relato parcial de The Spirit (1940, año de aparición), héroe de Eisner, la organización de las viñetas, cada una de las acciones seleccionadas en interacción con el texto, permiten llevar de manera cronometrada el tiempo en que se desarrolla esta porción de historia. Si bien, esta página del Spirit, no tomaría ni cuatro minutos en ser leída en su
totalidad, Eisner quiere comunicar que en el tiempo del cómic, los eventos suceden en un tiempo que puede ser medible; agregando verosimilitud, y elementos de nuestras experiencia en una ficción. 

     Con esto en mente, podría usted amable lector, subir y toparse con la página de nuestr autora, en la que el texto 'ATACANDO' parece hacer las de membrete. 


Adelante lo invitó a echarle una mirada.



¿Qué tal?, ¿Qué piensa? 


La página de este cómic incluye una ilustración de un nuevo personaje, su esposo: Él. En este segmento de acciones, Ella atestigua y recrea el momento en que Él habla por teléfono a la policía por ayuda. Increíblemente, la forma de representar este momento, es organizado con un manejo del tiempo ingenioso, equiparable con los mismos de Eisner en su arte. Como escribí, el tamaño y la disposición entre una y otra viñeta son elementos que marcan compases en la presentación del tiempo, pero Eisner, insiste que no son los únicos caminos para lograr el cometido, los cambios de plano o la incursión de ciertos objetos, por ejemplo el fuego que toman los papeles debajo del 'cuchumbo' en el comic del Spirit, son vías útiles. En el caso de Ella, el tiempo obtiene su ritmo en los movimientos que Él que lleva a cabo cuando hace la llamada. 
     Si pudieron notar, Él en plena llamada, es presentado en un primer plano en el que vemos su rostro, y la numeración de la viñeta junto al texto terminan de confirmar que es la primera viñeta que se tiene que leer; brillantemente, Él es representado por la autora tal y como probablemente tuvo que haberlo hecho en realidad o como nosotros lo hubiésemos hecho de haber realizado una llamada: Ella lo hace girar sobre sí mismo, y esto logra que el primer plano se vea modificado a través del cambio de perfil en la siguiente viñeta, y así sucesivamente, hasta terminar la llamada y terminar de revisar todos los perfiles que un rostro humano puede presentar desde un primer plano frontal.
Todo esto es una reconstrucción de la llamada de su esposo, en la que el lector no tiene problemas en identificar, solo con las imágenes, que la llamada sucede en un tiempo breve y que ha sido recreado con una gran fidelidad a una acción real; resultando mayor empatía con el relato presentado. 
     Agregando a esta ingeniosa presentación en el cómic de Ella, cabe señalar que la selección del primer plano, es decir el recuadro pequeño, y no otra variante como el plano entero - que hubiese sido verlo de cuerpo completo o el plano medio - son una forma de puntualizar la posición subjetiva en la cual Él desarrolla la acción de la llamada. Es decir que en el diseño de esta página, su punto de vista, que podría ser una tercera persona o un narrador omnisciente, como es posible encontrar en otras partes del cómic, nos encontramos con el el punto de vista de la autora, cosa evidenciable, y didáctica, cuando la vemos a Ella observando las viñetas (las acciones) de la llamada, fuera del tiempo de en que se da la llamada a la policía. Si acaso hay duda, el no encontrarla a Ella dentro de una viñeta como el resto de situaciones de la llamada, desde la teoría de Eisner, vendría a suponer que la viñeta, sus límites, son la página en sí: cosa de la que también estaría orgulloso el buen Will Eisner. 

Sorprendente, ¿verdad


La ilustración que más impacto tuvo sobre mí, fue una en la que se representa el momento de la agresión hacía el esposo de nuestra autora. Esto debido a dos cosas: primero, la expresión emocional que les adjudica a los agresores. Estos, en el momento en que dirigen, quizá el ataque más comprometedor para el bienestar de la persona, mantienen, según testimonian los dibujos de Ella, una plácida, extensa, inquebrantable, satisfactoria y regocijante sonrisa. Lo cual, visto de manera íntegra entre texto y narración visual, resulta una expresión de crueldad, psicopatía y callaneria. Artísticamente, soberbio. Humanamente, preciso. Clínicamente, una coyuntura entre la locura y la genialidad. 
     Segundo. Si lo anterior ya es impresionante, la viñeta tiene más que decir y con lo que sorprender. La autora, por decirlo de alguna forma, consciente de la importancia de la representaciòn, de lo impactante del ataque, encuentra la manera de recrear la acción en una sola ilustración. Para ello, para mostrarnos tanto el ataque con fuego y los golpes que su esposo recibió, decidió dibujar, que son espacios de acción y tiempo por medio de un trazo entrecortado en formas de silueta, los espacios físicos en los que se movió, movía y movería, la persona que agredió a su esposo. La ilustración resulta maravillosa por su forma simple, sin embargo el trabajo detrás de ello, si fantaseamos que nuestra autora se dedica a los cómics, define un estilo y singularización de los modelos clásicos (los de Eisner) para manejar el tiempo, cayendo en el tipo de técnicas de los artistas de cómics de tipo underground, quienes se permiten mayores licencias creativas. 





La primera referencia que apareció en mi memoria por estímulo de está página 24, es el cómic de Alan Moore y Jacen Burrows, en homenaje de H.P Lovecraft: Neonomicon (2010-2011, Avatar Press). Al final del cómic, la protagonista de esta historia, resuelve todo la trama planteada en la novela gráfica en una conversación con el héroe de una historia previa de la misma saga, The Courtyard (2003); personalmente, una de las mejores lecturas de la literatura lovecraftiana que he leído. Ambos personajes sostiene una ardua y apocalíptica conversación, la cual se desarrolla en dos planos: uno, el plano de la realidad-concreto, que es el mundo que nosotros conocemos, y el otro plano, el plano de lo real-traumático, el mundo que yace detrás del primero, el mundo que de ser revelado dejaría libre los horrores que nos hacen identificar sin dudas al mensaje de Lovecraft. El segundo plano, se desarrolla en el Leng, espacio lovecraftiano, que al ser reconstruido por Moore, emerge como un lugar donde se hacen efectivas las abstracciones matemáticas de orden superior, permitiendo que los tiempos se sobrepongan de manera simultánea y se mantengan vigentes. Es decir, que la sucesión del tiempo pasado a futuro, permanece como un presente interminable, lo cual, de hacerse efectivo en la realidad-concreta, nos permitiría ver la modificación en la materia y observar la serie de movimientos que esta ha desarrollado para ser partícipe de una acción determinada: es decir, que en el caso del cuerpo humano, yo podría ver lo que camine, lo que camino y lo que caminaré, inalterable y perpetuamente; así como los múltiples brazos danzantes de las deidades hindúes. 
     Alan Moore, en reiteradas entrevistas, ha comentado que cuando escribe (y diseña las estructuras de cada página, así como elabora los planos de las ilustraciones) experimenta estados de alteración mental que solo los puede equiparar con la esquizofrenia. Nuestra autora, por fortuna, no tiene que esforzarse demasiado en ese sentido. 









Aquí estamos, presentes en el que era el futuro del post, tratando el tema inicial, ya pasado: el lugar de la locura en Ken Wilber y Carl Gustav Jung. La evidencia que hemos revisado de manera somera, nos permite realizar hipótesis, y entre ellas, la más necesaria, es que entre el arte, la imagen y la locura existe un espacio, una dimensión en la cual se anudan; que el loco, el artista, el humano viene y va a través de ella. A veces siendo víctima de sus inestabilidades y desorden, a veces domesticando porciones de esa dimensión, pagando un precio por ello, y casi siempre, caminando a través de esa dimensión en la más profunda de las cegueras. Nuestra autora, en su estado de locura, caminado en este 'Leng', donde logró extraer la verdad necesaria y dura para poder presentarse ante la encarnación de la palabra, la Ley. El cómic de nuestra 'Krazy Kat' es una ofrenda extraña ante esta bestia judicial que por ser ciega, tiene serios, serios problemas para entender un cómic. 


Nos vemos en el 'Leng'.