lunes, 13 de junio de 2022

La amiga estupenda por Elena Ferrante

 "El reto para quien escribe es llenar la distancia entre lo que vives y lo que cuentas, sentir físicamente el impacto de la narración, acercar el pasado de las personas a las que hemos querido, de las vidas ajenas tal como las hemos observado... Una historia, para tener forma, tiene que cruzar muchas barreras. A menudo, empezamos a escribir demasiado pronto, y las páginas aún están frías. Solo cuando la historia se acopla a nosotros como un guante, ha llegado el momento de contarla."

Elena Ferrante


Una amiga no nos cambia, pero sus cambios se unen discretamente a los nuestros 
en un continuo y recíproco esfuerzo de adaptación. 
Elena Ferrante


La amiga estupenda

Junio de 2022 

Club de la Buena Estrella

Una recomendación de Loida Pineda


SINOPSIS

Se trata del primer libro de la tetralogía Dos amigas que tiene como telón de fondo la ciudad de Nápoles a mediados del siglo pasado y como protagonistas a Nanú y Lila, dos jóvenes mujeres que están aprendiendo a gobernar su vida en un entorno donde la astucia, antes que la inteligencia, es el ingrediente de todas las salsas. La relación a menudo tempestuosa entre Lila y Nanú tiene a su alrededor un coro de voces que dan cuerpo a su historia y nos muestran la realidad de un barrio pobre, habitado por gente humilde que acata sin más la ley del más fuerte, pero La amiga estupenda es mucho más que un trabajo de realismo social: lo que aquí tenemos son unos personajes de carne y hueso, que intrigan al lector y nos deslumbran por la fuerza y la urgencia de sus emociones.

Correspondiente a la viñeta "Literatura italiana", el libro La amiga estupenda (Traducción del título "L'amica geniale") de Elena Ferrante, nos conduce por las calles de un barrio pobre de la ciudad de Napoles en los años sucesivos a la segunda postguerra del siglo XX.   

La trama de transcurre mientras Lenù (Elena Greco) y Lila (Raffaella Cerullo) -vecinas desde los 6 años-, crecen, tejen sueños y enfrentan desafíos que anteceden (y propician) el curso que tomará la vida de cada una en medio de un vaivén de emociones y contradicciones propias de la adolescencia y de la vida en un contexto social determinado y determinante.

En las barriadas pobres vale más ser listo que ser brillante, en eso radica a veces la supervivencia. Lenù y Lila nos lo recuerdan en medio del espacio social en el que van creciendo y en el que convierten su amistad en un amuleto para la supervivencia, donde lo común las une y lo diferente las sostiene en medio de un camino que se recorre entre la admiración y el antagonismo en un tiempo a mediados de un siglo donde cambiaron muchas cosas, entre ellas la manera de ser mujer y de enfrentar los desafíos del mundo.  

El amor mutuo por la lectura y la escritura es el eje alrededor del cual giran los aconteceres de esta historia que nos hace recordar que las relaciones interpersonales se mueven entre la oscuridad y la pureza a la vez, que entre el negro y el blanco existen muchos tonos de azul y que sobre esa premisa se recorren trayectos al lado de personas dejando huellas y permitiendo que nos toquen el corazón.  

Es imposible leer este libro sin recordar nuestro propio camino de amistades compartidas, casi tan imposible como evitar rendirse a la pluma de esta escritora acaso “geniale” que desde los primeros párrafos del libro nos hace saber que tenemos ante nosotros un libro estupendo.

Lila y Nanú compran un ejemplar de Mujercitas, un ejemplar propio. Lila ya lo conocía, lo había leído y quería tenerlo para devorarlo una vez tras otra. En cuanto fueron propietarias del libro, explica Lenù, comenzaron a verse en el patio para leerlo unas veces en silencio y otras, en voz alta, pero siempre una junto a la otra. La lectura de Mujercitas les duró meses, lo leyeron tantas veces que el ejemplar terminó rompiéndose, desgajado como una mandarina, perdió el lomo y comenzaron a salírsele los hilos hasta su total fragmentación.
Pero, al fin y al cabo, era suyo, el primer libro que poseyeron. 
Seguramente sea en ese momento exacto cuando las dos niñas que eran entonces se hicieron amigas. 
Sin esa lectura conjunta de Mujercitas
no habría saga, se hubieran ido cada una por su lado.”  
Elena Ferrante


Elena Ferrante

Escritura y anonimato

El seudónimo Elena Ferrante se presentó en las librerías italianas en 1992, pero fue en 2012 cuando se empezó a hablar de lo que se conoce como el fenómeno Ferrante con la publicación de la primera novela de su tetralogía Dos amigas, que rápidamente se convirtió en un éxito de ventas internacional.

Al momento de hablar de sus personajes aparece una certeza que puede comprobarse en sus ficciones en las que no hay malos o buenos, extremos observados con una vara moral. 

Dos amigas

La tetralogía Dos amigas, protagonizada por Lila y Lenù dentro de un universo napolitano en el que la autora se hace cargo de la época, de los conflictos de cada período y de las decisiones de dos mujeres que desafían a su clase para proyectar destinos diferentes -fundamentalmente- a los de sus madres.

Sobre sus personajes dice "Se me antojan falsos cuando muestran una nítida coherencia; me enamoro de ellos cuando dicen una cosa y hacen lo contrario".

Y en una reflexión acerca de cómo trabajó a esas dos protagonistas de las novelas encontramos una definición acerca de lo que es para Ferrante escribir.

"La escritura es, en definitiva, una jaula en la que nos metemos enseguida, desde la primera línea que escribimos", el desafío consiste en aprender a utilizar con libertad la jaula en la que nos encontramos encerradas. Se trata de una dolorosa contradicción: ¿cómo utilizar con libertad una jaula, ya sea esta un género literario sólido o costumbres expresivas consolidadas o incluso la lengua misma, el dialecto".

Para Elena Ferrante, el dialecto es casi un tema recurrente: confiesa que escrito siempre le resultó artificial y lo borró, desistió de incorporarlo, en cambio lo transformó en un italiano con entonación napolitana. A su oído le resultaba una traición esa transcripción. De esos detalles se van construyendo los personajes de sus libros, hombres y mujeres que están dispuestos a pagar costos por moverse en el mundo, que están atravesados por la violencia pero también la saltan, se la apropian y se vuelven a parar ante sus posibilidades.

Las mujeres sin duda son las que pagan los costos más altos: en muchos casos es la locura las que las define, las victimiza y las expulsa de esa vida en sociedad en la que la maternidad no es un rol dado, establecido y adaptable para todas por igual. Están las que se entregan al cuidado -las menos-, las que aun amando a sus hijos deciden alejarse o priorizar caminos personales en los que ellos no entran, aunque sea por un tiempo.

La escritora dice que el relato de la escritura de esas protagonistas es "el hilo que mantiene unido todo el encuentro-desencuentro de las dos amigas y con él, la ficción del mundo, de la época en la que ellas actúan". (Fuente: Télám)

Anonimato

No son pocos los autores a lo largo de la historia que, por distintas razones, han recurrido a un seudónimo para dar a conocer sus obras. 

El diácono anglicano Charles Lutwidge Dodgson, firmó “Alicia en el país de las maravillas” (1865), su obra más conocida, como Lewis Carrol. Lo hizo porque quería separar su vida privada de la literaria, lo mismo que George Orwell, que adoptó su seudónimo para no avergonzar a sus padres.  A veces el éxito ha enmascarado el nombre real de muchos autores. Que J.K Rowling firmase con nombre de hombre una novela para adultos en 2013, solo tuvo que ver con intentar huir de la fama. Entonces fue Robert Galbraith.

A propósito de este punto, encontré algo que ella dijo en una de las pocas entrevistas (vía correo electrónico) que ha concedido.

“Un lector debe establecer con un texto una relación de confianza. La atención mediática que está totalmente fundada en dar cuerpo y voz a la estrella del momento ha acostumbrado a los lectores a la idea que cuenta más el contacto con la miserable existencia del productor de las obras que con la obra misma. Escaparse de esta forma, se desvía de la confianza, la daña. De otra parte, no siento que pueda comunicarme de otro modo sino es escribiendo. El hecho de no aparecer no sirve para procurarme lectores, sino para escribir en libertad”. 

Elena Ferrante

Esa respuesta tan auténtica me hizo reflexionar sobre mi propio hacer como lectora, como buena militante de este club, estoy acostumbrada a conocer de antemano al autor o autora de la obra que leo y agradezco el tiempo que en el club dedicamos para escudriñar biografías intentando descubrir detalles y -por qué no- algún desliz de los autores que leemos, al esfuerzo por conseguir organizar conversatorios y la oportunidad de hacer alguna pregunta o hacernos de un autógrafo en el ejemplar que hemos leído y todo eso siempre me ha parecido bueno, emocionante y a la vez un auténtico plus al mero placer de leer.

Sin embargo, sobre Elena Ferrante no solo nosotros, sino todo el universo que la lee tiene que conformarse hasta el momento con la especulación que en ciertos aspectos llega a ser más bien una adivinación misteriosa e intrigante respecto a prácticamente todos los aspectos sobre quién es, qué edad tiene, se ha casado, cuántas veces, es madre, no lo es, tiene familia, hermanas, hermano, pero no sabemos nada, solo puras ataduras de cabos. Por ejemplo, se especula que es napolitana, que es madre, se llegó a pensar que incluso no es una mujer, o que no es una sola persona sino tal vez una pareja que escribe a dos manos, etc. 

Si nos ponemos a buscar un poco en Internet sobre la identidad de Elena Ferrante, podemos encontrar el trayecto de una verdadera cacería, el interés por saber quién se escondía detrás del seudónimo y la presión sobre sus editores, Sandro Ferri y Sandra Ozola, para que lo desvelaran ha llegado a límites de locura: detectives, periodistas, exposición de cuentas bancarias, hackeo de redes sociales, creo que si vamos más allá probablemente habrá consultas con adivinos, preguntas a las cartas del tarot, estudio de los astros en el firmamento, y quien sabe qué cosas más, todo para evitar que una personas que decide ser anónima lo consiga, después de todo vivimos los tiempos donde la exposición pública es prácticamente una forma de vida y al parecer el anonimato se considera una especie de traición.

Al respecto, varios nombres salieron a la luz a lo largo de los años, el más pujante es el de Anita Raja, la directora de la serie Azzurri que había publicado L'amore molesto, pero también se sospecha de Goffredo Fofi, consultor, traductor y amigo íntimo de los editores Sandro Ferri y Sandra Ozzola. Otros recurrentes son Domenico Starnone, marido de Raja, Fabrizia Ramondino y Michele Prisco.

El periodista italiano Claudio Gatti inició una investigación para descubrir quién era en realidad Elena Ferrante llegando en 2016 incluso a publicar un reportaje sobre las cuentas de la editorial E/O para demostrar que la traductora italiana Anita Raja era la misma persona que Ferrante. Esa información llegó a ser confirmada desde el perfil de Twitter de Anita Raja, aunque después se supo que había sido el periodista Tommaso Debenedetti, conocido por publicar entrevistas falsas con famosos, quien la había suplantado en la red social. Ni la editorial ni la propia Anita Raja han confirmado al sol de hoy nunca estas afirmaciones.

Personalmente pienso que dedicar más tiempo a especular sobre el misterio de la identidad privada de Elena Ferrante que a conocer su obra, me aleja del objetivo de la misma autora al escribir y por tanto, no voy a hacer conclusiones respecto a si es esta u otra persona, no daré por sentada ninguna de las teorías, no voy a asumir que sí es tal persona, más allá del hecho de que sí creo que se trata de una mujer, fuera de eso, el asunto de quién es Elena Ferrante para mí, queda cerrado. 

“Si mañana me dijeran que Elena Ferrante es un hombre o que Elena Ferrante es un grupo de personas, me sentiría perdida, pensaría que quizá no soy tan buena lectora si no he podido leer entre líneas, ver engaño. Pensaría que hay algo misógino y perverso en la idea de encerrar la literatura en un seudónimo femenino cuando tantas, tantísimas veces a lo largo de la historia las mujeres han tenido que esconderse para escribir. Y al mismo tiempo, poco me importa la identidad de Ferrante porque sus libros estarán siempre conmigo, y Lenù y Lila están tan dentro de mí como la Jo March de Louisa May Alcott, la Elizabeth Bennett de Jane Austen o la Andrea de Laforet, todas ellas “chicas raras” como yo.” 

Carmen G. de la Cueva, Periodista, escritora y editora. 

Ficha técnica de LA AMIGA ESTUPENDA


Estos son algunos de sus libros publicados.  Además hay literatura infantil y artículos.

·       En los márgenes

2022  

2020  

·       La invención ocasional

2019  

·       La hija oscura

2018  

·       La frantumaglia

2017  

·       La niña perdida

2015  

·       Las deudas del cuerpo

2014  

·       La amiga estupenda

2012  

·       Un mal nombre

2012  

·       Crónicas del desamor

2011 (2015)  

·       Los días del abandono

2004 (2018)  

·       El amor molesto

            1992 

   

BIBLIOGRAFÍA

Lecturalia 

El País

Télám 

Wikipedia 

Revista 

Librújula 

Revista CTXT 

Como una colaboración con mi amiga Loida he preparado esta entrada, aunque ella fue quien propuso y modera el libro. Esta es una publicación de María Ofelia Zúniga, con la revisión de Loida Pineda y con mucho cariño para los miembros del Club de la Buena Estrella. 

Muchas gracias por leerla. 

sábado, 28 de mayo de 2022

Revolviendo en el baúl del uruguayo Mario Benedetti

Por María Delfina Pirez. 




Quisiera comenzar este post contándoles del libro de Mario Paoletti: “El aguafiestas”, que es la biografía de Mario Benedetti donde salen algunas de las cosas que me parecen de interés para entender su obra. 

Va en fotos tomadas con el celular, el Identikit, que ocupa las primeras páginas del libro. El segundo capítulo son los recuerdos de la infancia y lleva por título: “Los verdes años”.


“Mi padre era un tipo decente, buena gente. Pero también es cierto que en su pasión por lo correcto había un destello de terquedad. Algunas veces uno no sabía si estaba siendo digno o simplemente porfiado. Aunque en esto de los ejemplos morales, yo soy de los que creen que es mejor que sobre y no que falte.”


A Mario Benedetti le habrán de apasionar, andando el tiempo, estas fronteras entre lo excelso y lo no tan excelso. ¿Dónde está el límite entre la dignidad magnífica y la obstinada terquedad? Y aunque no tuviera que ver con su padre, sino con él: ¿en qué momento la prudencia se puede transformar en cobardía?

Su padre había sido estafado, intentó sobreponerse hasta que las deudas eran impagables. Prefirió el debacle económico a llamar a los acreedores y aceptar la quiebra. Las consecuencias de esa decisión fueron catastróficas. Emigrar a la capital, primero a un barrio alejado llamado Colón, de gente obrera, que en la memoria del matrimonio de Matilde y Brenno, sus padres, permanecería eternamente unido al recuerdo ominoso de la estafa tacuaremboense y de sus consecuencias. Para Marito en cambio, Colón habría de ser un lugar que recuerda con cariño y del que escribió: 


“Cuando solo era un niño estupefacto, viví durante años allá en Colón en un casi tugurio de latas. Fue una época más bien miserable. Pero nunca después me sentí tan a salvo, tan al abrigo, como cuando empezaba a dormirme bajo la colcha de retazos y la lluvia poderosa cantaba sobre el techo de zinc”.













Luego de trasladarse a Montevideo e ir superando la crisis económica contando ya con un trabajo seguro, el Sr. Brenno envió a su hijo Mario al Colegio Alemán, ya que tenía una profunda admiración por el espíritu científico de los alemanes. En Mario determinaría una buena parte de sus vocaciones.

Viajaba en tranvía, tomaba el de las 6:15 am., horario para gente estoica, razón por la cual había siempre dos pasajeros, un viejo bajito y honorable, de traje oscuro y barba canosa, que jamás lo miraba y Mario. 


“Parecía arrancado de una foto antigua, tomaba en realidad el tranvía en una esquina del siglo diecinueve, pero vino a ocurrir que por casualidad viajé junto a mi padre y este me dijo señalando al vejestorio: ‘ese es el poeta nacional: Don Juan Zorrilla de San Martin. Nada más ni nada menos’… mire usted lo que son las cosas…”

“Desde entonces el tranvía errante sigue galopando en la niebla de la memoria y en la niebla de Montevideo con un Zorrilla viejo y un Benedetti niño, capítulo 3 y 7 de la historia de la literatura uruguaya, juntos pero solos y sin que Mario pudiese comprender jamás para qué coño habría de necesitar levantarse tan temprano el poeta nacional en ese tramo penúltimo de su cándida gloria”.



Del Colegio Alemán tomaría de los alemanes el gusto por el trabajo bien hecho junto con la virtud/manía de la puntualidad. Aunque en los códigos del colegio, él por no ser alemán, era de segunda categoría. Sufrió discriminaciones odiosas que maduraron en él el odio por toda discriminación. 

Concurrió de los nueve a los 13 años, en 1933, cuando lo obligaron a hacer el saludo de brazo extendido, el saludo nazi. A pesar de la determinación del padre de que debía salir, logró convencerlo de terminar ese año.

Mario confiesa sentir pena por aquel Mario niño. Por aquel Marito niño que tuvo rondas y triciclos, la amistad con el perro de la vecina y el dulce juego con sus trenzas, pero su infancia fue otra cosa: 



“La crueldad dulzona de los mayores, la caída de las primeras máscaras, la vertiginosa temporada del pánico y la vergüenza de sus primeras prácticas masturbatorias, la gallina asesinada por la buena parienta que lo arropaba por la noche, la palabra cáncer. Es también aquella bombita que cuando apagaban la luz, los abrigos se transformaban en hipopótamos o en un enorme toro que lo mira con los ojos de su abuela Pastora, [que había sido bastante tóxica para la familia].”

 

“Mario Benedetti se ha pasado la vida pensando /temiendo que algún día, más tarde o más temprano, tendrá que entrar a saco en su podrida infancia y hacer el inventario de toda esa miseria.”


El abuelo de Mario, también Brenno, también químico y de yapa, astrónomo, regenteaba en otro departamento (Mercedes) una estancia que era tan grande como el de una provincia belga. Los días en Mercedes fueron dulces y felices y repletos de estímulos literarios, porque en aquella hacienda, hasta solo 50 años antes, todos los trabajos habían sido desempeñados por esclavos africanos. Todavía se conservaban las cavernas donde habían vivido los tigres que utilizaban para atemorizarlos.







Este abuelo italiano que había emigrado a Uruguay siguiendo los pasos de Giuseppe Garibaldi (un aventurero que había contribuido en Italia a su unificación y vino a Montevideo a ponerse al servicio del partido colorado en la guerra grande) relata Benedetti, fue quien más influyó en su formación moral.

En Mercedes también vivía la tía Flaminia, que era muy católica. 


“La tía Flami vivía en el paraíso, en una chacrita cerca del Río Negro, en el que se podía pescar en bote. El tío Danilo, hermano de Flami, se tiraba al agua sin que Mario lo viera y le enganchaba mojarritas en el anzuelo para que se creyera un gran pescador. Entre la casa y el río había muchos y altos arboles y a Mario le encantaba perderse por la orilla del río sabiendo que nadie podría seguir sus pasos. Descubrió que esa soledad le gustaba. Fue esta una de las pocas veces que Mario, animal urbano, pudo escuchar, ver, oler, palpar y gustar de la naturaleza. Le sorprendía que los pájaros se le acercaran tan campantes y pensaba entonces que quizás lo confundían con un arbolito o con un matorral.”
También gozaba con los movimientos de los árboles, al impulso de la brisa, que parecían hacerle cabeceos de complicidad. A veces se apoyaba en alguno de los más viejos y la corteza rugosa le trasmitía una comprensión casi paternal.

“Repasar la corteza de un árbol experimentado -escribirá Mario Benedetti 45 años después, ya en el exilio-, es como acariciar la crin de un caballo que uno monta a diario. Se establece una comunicación muy sobria.” Y llegaba a la extraña conclusión de que al fin de cuentas tal vez no fuera aburrido ser pino o eucaliptus.

La tía Flami se planteó que su sobrino montevideano tenía que tomar la primera comunión. El padre de Mario creía en alguna clase de Dios, pero no soportaba ni a las iglesias ni a los curas. Sopesó las influencias maléficas y benéficas, y al final autorizó: “dale el gusto”. El evento se realizó en una Iglesia de Punta Carretas en el barrio donde vivía Mario. Ahí los curas los domingos se recogían la sotana y jugaban al fútbol con la muchachada del barrio.


La tía Flami se planteó que su sobrino montevideano tenía que tomar la primera comunión. El padre de Mario creía en alguna clase de Dios, pero no soportaba ni a las iglesias ni a los curas. Sopesó las influencias maléficas y benéficas, y al final autorizó: “dale el gusto”. 

El evento se realizó en una Iglesia de Punta Carretas en el barrio donde vivía Mario. Ahí los curas los domingos se recogían la sotana y jugaban al fútbol con la muchachada del barrio.


La comunión fue debut y despedida, de manera que tía Flami insistía en que debía volver. Decidió darle el gusto y confesarse. No se le ocurre nada mejor a Mario que hablar en la confesión del suicidio del presidente Baltasar Brum, que era del partido colorado y el cura le contesta que no mencione a ese hereje que a estas horas debería estar retorciéndose en las llamas del infierno. Enterado el padre de eso, partidario del difunto, no permitió que fuera más a la Iglesia.


La segunda infancia de Mario se arrastró con más pena que gloria, marcada por las lecturas, la falta de amigos y de juegos. Los ñoquis, las milanesas, las empanadas y la pizza. También las albóndigas una preferencia de Mario. 

La comida era una prenda de unión habitual entre los Benedetti. Sobre todo el arroz con azafrán y el dulce de zapallo, que Matilde (la madre) y Brenno su padre, devoraban. Casi todas las reconciliaciones de la pareja habían estado ilustradas por el dulce de zapallo. La venida de su hermano había amainado bastante la crispación doméstica.

El padre murió de cáncer a los 72 años y la madre sobrevivió hasta los 88. Siempre recelosa de los cambios, se pasó sus últimos años sentada para el mismo lado junto a la ventana. Era tan reacia a los cambios que cuando quisieron regalarle una licuadora, dijo: “El día que en esta casa entre una licuadora yo me voy”. Era gran lectora de diarios y revistas, y después te los contaba. Escribió algún que otro poema.

“Un día me mandó uno. Se llamaba: ‘La gota de rocío’, romántico al estilo Becquer. No estaba nada mal. Lo que más le molestaba a mi madre era que el viejo se mantuviera en silencio. Porque ella era del modelo parlanchín y él del modelo callado”.

“Mi padre era un demócrata. En los años 40 cuando llamaron a voluntarios para la Segunda Guerra Mundial, papá y yo nos presentamos para pelear contra los nazis y un día hasta desfilamos”.













jueves, 7 de abril de 2022

Gracias por el fuego - Mario Benedetti

Para hablar de la literatura uruguaya, se debe hablar si o si de Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia, mejor conocido como Mario Benedetti. Para mí, es uno de los autores más queridos, más auténticos, versátil, y que sabe trasmitir ese sentimiento de pertenecer "al paisito" como los mismos orientales llaman a su país. Conocí a Benedetti con "La Tregua" un libro que me parece sublime, intenso, montevideano.... Y así, me enamoré de ese autor con ojos afables, que siempre me ha parecido una persona en paz con la vida.... Luego, me llegó a las manos "Montevideanos", "Gracias por el fuego" y hasta oh! leí su antología poética. Todas sus obras me parece dignas de recomendar y compartir, y me siento especialmente conectada con su literatura. Mi relación con Uruguay ha sido de toda la vida, crecí hasta los 18 años en la calle "Uruguay" en la casa número 18, años después migré "al paistito" y fuí conociendo más sobre este autor, y conocí su lugar de nacimiento "Paso de los Toros", es un lugar especial, tanto así, que una de las bebidas más importante del país lleva ese nombre. Uruguay es un país un tanto diferente al resto de Latinoamérica, hay mucha lectura, muchos libros, y muchos lectores, eso en especial me encanta. Montevideo es una capital que respira lectura, bibliotecas, librerías antiguas y modernas, hay para leer y mucho, físico, virtual, hay programas para incentivar a la lectura hasta en las cárceles, la lectura está democratizada, y eso, es fenomenal.
Leer un libro que te ubica en lugares que conoces es otra sensación y quizás por eso he disfrutado por segunda vez, este maravilloso libro.
Sinopsis
Gracias por El Fuego, es una novela elemental en las narraciones que tiene Mario Benedetti, es un relato de fracasos: está el fracaso de un asesino, el fracaso personal que se refleja a su vez en el fracaso total que existe en un país. Las frustraciones de Ramón Budiño, que organiza el asesinato de su papa, seguido de la confesión de no poder ejecutarlo, buena parte de este fracaso se debe más que todo a una sociedad en la que no deja entrar señales emocionales. Hasta cierto punto, la desorganizador que existe en las opiniones, en las emociones, en las carreras, en las clases, y los recuerdos del protagonista toman mucha importancia en el desarrollo de la tragedia. Es así, que los aprietos sociales y políticos del país y los aprietos personales del fracasado asesino se conectan en el nefasto final de la obra. Esta novela es una encantadora creación del autor del que se le ha reconocido todas sus exquisiteces. No se le puede quitar, aunque parezca recurrente su habilidad de pensamiento, de las frases y oraciones que son plasmadas en esta novela.




Publicado por Alfa., Montevideo. 1965 <

Sobre el autor Nace en Paso de los Toros, Uruguay, el 14 de septiembre de 1920, con un nombre mucho más largo que el simple Mario que eligió para la vida (Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia). Vive su adolescencia en Montevideo y luego parte de su vida en Buenos Aires. Escribe para varios semanarios, entre ellos Marcha (1945-1974). Funda y dirige el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas. Es nombrado, además, director del Departamento de Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República de Montevideo. En 1971 crea el Movimiento de Independientes 26 de Marzo, que formó parte de la coalición Frente Amplio de Uruguay. Tras el Golpe de 1973 en su país, Benedetti se exilia en Buenos Aires, y luego en Perú, en Cuba, y por último en Madrid, donde residiría por diez largo años, lejos de su mujer Luz López Alegre, su gran amor y compañera. Regresa a Uruguay en 1983, para inciar el período denominado por él mismo "desexilio". Entre sus obras más famosas se encuentran: La tregua (1960), Gracias por el fuego (1965), Andamios (1996) y muchas antologías de poesías y ensayos. Benedetti fallece en Montevideo el 17 de mayo de 2009, a los 88 años de edad.


jueves, 10 de febrero de 2022

El Fin de la Infancia | Arthur C. Clarke.




INTRODUCCIÓN.

Partamos de una realidad: no esperaba que nadie votara por el libro; y creo haberlo desmeritado en la justificación ‘del porque elegí el libro’. Esta completamente interesado en que el Club pudiera toparse con Comarc McCarthy que ya venía rondando las últimas votaciones sin mucho éxito (es un soberbio esfuerzo el negarme a realizar alguna referencia a McCarthy, ya que, como bien saben, pervierto rápido las cosas y si menciono algo, por mínimo, esta entrada terminará siendo alguna apología del catolicismo como último bastión de la humanidad en el declive del mundo más no el fin de los tiempos). Sabía por el cine y por los cómics de las ideas de Arthur C. Clarke. 2001 odisea del espacio de Kubrick y de Jack Kirby, más un documental del que solo lo recuerdo a él (a Clarke) usando una camisa holgada y floreada, fueron suficientes para convencerme del tremendo genio detrás de semejantes ideas (mientras escribo esto escucho a Ligeti y, en tercer plano, imagino un monolito, negro, espeso y negro, flotando sobre mi cabeza, esperando que su influencia haga capaz a este macaco de escribir algo interesante como introducción del segundo libro del mes).

 Dentro de todas las opciones de ciencia ficción que barajea mi cabeza, que son, para sorpresa mía, pocas, elegí El Fin de la Infancia. Me decidí por él porque me resultó inocente debido al título y por ser una de las novelas tempranas de Clarke, que, siguiendo esta lógica de la inocencia, o de la infancia, asumimos que los trabajos referenciales o maestros de los autores se construyen en la madurez. 

Febrero no lo inicié con La Carretera, ya estaba re-contra leído (y sigo haciendo mi esfuerzo para no comentar al respecto). El mes arrancó con El Fin de la Infancia porque no solo era un libro al que no había accedido, sino que para mi sorpresa, días antes de iniciar el mes, me doy cuenta por el calendario del Club que leeríamos al inocente libro de Clarke en la últimas dos semanas (y yo, en mis adentros, lancé un improperio a los dirigentes, al Club, a la vida, a los libros, al calendario, a Brenda, a la Cremita, por no haber mencionado que mi propuesta, colateralmente, fue elegida). 

Llegué con curiosidad al libro, olfateando las palabras y las imágenes, con la cabeza bien abierta a fabricar lo necesario para que la novela dejará al descubierto en mí la condición en la que se gestó. No leí comentarios de nadie, no leí nada en Wikipedia de Clarke, estaba contento con esa imagen cándida y relajada de él en camisa hawaiana esperando a que le sirvieran la primera piña colada del día; lo que sabía del libro era por lo poco que aparecía en la sinopsis barata que encontré en la contraportada del mismo por lo tanto categóricamente puedo decir que yo sabía del libro al igual que los de la editorial Minotauro; es decir, nada. En cierta manera llegué al libro, como casi siempre llegó a los libros, siendo un niño. 

El prólogo, ese primer capítulo y esas últimas siete palabras con las que cierra, anticipan el final de una de las infancias más interminables de la historia: la humanidad, el antropocentrismo, el Reino de los Hombres; y es que no importa lo mucho que se mate al antropocentrismo, una y otra vez a través de la historia: la humanidad, su narración, sigue siendo un centro. 

Me veo tentando (para nadie es sorpresa) a exponer todas mis ideas del libro, terriblemente tentando. No hacerlo, al menos, me compromete a participar de una de las reuniones (quiero quejarme del trabajo por arrebatarme los días jueves, pero no lo haré, me lo ha prohibido mi psiquiatra); además al exponer ideas corro el riesgo de ‘espoilar’ (ese gran mal que parece robarnos la capacidad de sorprendernos) y sobretodo de sesgar, hasta cierto punto, el hipotético encuentro con la idea de no estar solos en el universo 

(Consciencia: 

- Pero es fácil lidiar con esto Alex, muy fácil. No tienes que olvidar que esto es una introducción y no un ensayo…. Mono imbécil).


Terminé el libro en poco tiempo; a cada momento de su lectura levantaba la cabeza, volvía a ver a mi alrededor con una pesada sensación de angustia, por momentos me quedaba ensimismado en fotogramas mentales y diálogos; no me mal entiendan, mi malestar con este libro en nada provenía de la trama o del destino de los personajes. Sufría, porque esa es la palabra, sufría por la posibilidad de que, en algún momento, en la apertura del tiempo, nosotros, la humanidad, pudiéramos llegar a rozar la posibilidad de no estar solos en el universo en los mismos términos planteados por Clarke. (Quien no solo demostró mi error acerca de los autores y sus primeros trabajos, sino que planteó, con su literatura, una realidad que siempre acecha, una realidad en la que todo en cuanto llamado mágico, irreal y místico, se pude volcar sobre la sordidez de este nuestro mundo).

Al terminar el libro recuerdo haber sentido nervios, tal cual chucho ‘encrispado’ en la madrugada ladrándole a cosas que solo el percibe. Vi al amplio azul del cielo, no es que buscará respuestas, más bien contemplaba su inmensidad y toda aquella profundidad que ni siquiera intuyo. Me sentí en ese momento como pocas veces suele pasar entre nosotros, entre humanos: sentí mi pequeñez, mi infancia, y por un momento creí que allá, quien sabe a cuantos años Luz, mi mirada era como el resplandor parco de una pequeña estrella a los ojos de alguien que a lo mejor nunca llegaré a conocer.  Y sonreí y dije en voz alta: ¡Pota, que libro men! Y salí a contarle a Brenda y a la Cremita que era lo acababa de leer.


a.e


EL FIN DE LA INFANCIA: GENERALIDADES.


Primera edición de
El Fin de la Infancia (Childhood's End) 1953.

"El fin de la infancia" es una novela de ciencia ficción de Arthur C. Clarke. Originalmente publicada en 1953, luego apareció una versión con un capítulo modificado en 1990 debido a la naturaleza anacrónica del capítulo inicial. La historia comienza con una pacífica invasión extraterrestre de la Tierra por una raza alienígena llamada los superseñores. Su llegada supone el final de todas las guerras, ayudando al mundo a organizarse en un nuevo orden mundial, llevando el planeta a una utopía. Muchos interrogantes se abren entre los humanos, que los alienígenas evitan contestar prefiriendo controlar el mundo desde sus naves espaciales. Décadas más tarde los superseñores se muestran como son, y su impacto lleva a una utopía final, pero al coste de la identidad de la humanidad y finalmente del mismo planeta.

    La idea de Clarke para el libro empezó con su relato corto "Ángel Guardián" de 1946, el cual se expandió en novela en 1952, incorporando la primera parte del libro, "La Tierra y los superseñores". Completado y publicado en 1953, El fin de la infancia vendió su primera edición, recibiendo buenas críticas, y convirtiéndose en el primer libro famoso de Clarke. El libro es visto por muchos lectores y críticos de Clarke como su mejor novela,1​ y está descrito como un "clásico de la literatura extraterrestre".2​ Junto con Cánticos de la lejana Tierra (1986), Clarke consideró a El fin de la infancia como una de sus novelas favoritas.​

    Ha habido varios intentos para adaptar la novela al cine. El director Stanley Kubrick expresó su interés en 1960, pero finalmente colaboró con Clarke en 2001: Una odisea en el espacio. El tema de la novela de evolución transcendente también aparece en otras series de Clarke como Space Odyssey, y es atribuida a la influencia del autor británico Olaf Stapledon. En 1997, la BBC produjo una dramatización de 2 horas de radio que fue adaptado por Tony Mulholland.

    El 10 de abril de 2013, el canal norteamericano Syfy anunció sus planes de desarrollar una miniserie de TV. El 3 de septiembre de 2014, Syfy anunció que "El fin de la infancia" tenía luz verde para tres episodios de dos horas de duración para ser estrenado en 2015. La serie sería escrita por Matthew Graham y dirigida por Nick Hurran. Tuvo su estreno en diciembre de 2015.


ARTHUR C.CLARKE




Arthur Charles Clarke (Minehead, Inglaterra; 16 de diciembre de 1917 - Colombo, Sri Lanka; 19 de marzo de 2008), más conocido como Arthur C. Clarke, fue un escritor y científico británico. Autor de obras de divulgación científica y de ciencia ficción, como la novela 2001: Una odisea del espacio, El centinela o Cita con Rama y coguionista de la película 2001: Una odisea del espacio.

    Clarke nació en Minehead, Somerset. Ya de pequeño mostró su fascinación por la astronomía cuando, con un telescopio casero, dibujó un mapa de la Luna. Terminados sus estudios secundarios en 1936, se trasladó a Londres. Durante la Segunda Guerra Mundial, sirvió en la Royal Air Force (Real Fuerza Aérea) como especialista en radares, involucrándose en el desarrollo de un sistema de defensa por radar, y ejerciendo como instructor de la naciente especialidad. En 1945, concluida la guerra, publicó su artículo técnico Extra-terrestrial Relays en la revista especializada Wireless World, en el cual sentó las bases de los satélites artificiales en órbita geoestacionaria (llamada, en su honor, órbita Clarke), una de sus grandes contribuciones a la ciencia del siglo XX. Este trabajo le valió numerosos premios, becas y reconocimientos.

    En ese período estudió matemáticas y física en el prestigioso King's College de Londres, estudios que finalizó con honores. También ejerció varios años como presidente de la Sociedad Interplanetaria Británica (BIS), hecho que demuestra su gran afición por la astronáutica. En 1957 como parte del comité británico acudió a Barcelona para el VIII Congreso Internacional de Astronáutica, momento que coincidió con el lanzamiento del Sputnik I por parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

    Su fama mundial se consolidó con sus intervenciones en la televisión: en la década de 1960, como comentarista de la CBS de las misiones Apolo; y en la década de 1980, merced a un par de series de televisión que realizó.

    También son conocidas sus famosas leyes de Clarke, publicadas en su libro de divulgación científica Perfiles del futuro (1962). La más popular (y citada) de ellas es la llamada «Tercera Ley de Clarke»: Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

    En 1953 Clarke conoció y se casó con Marilyn Mayfield, una divorciada de 22 años con un niño pequeño. Se separaron a los seis meses, aunque el divorcio no se formalizó hasta 1964.1​ Clarke nunca volvió a casarse pero fue un amigo muy íntimo de Leslie Ekanayake, quien falleció en 1977.

    Desde 1956 y hasta su fallecimiento vivió en la isla de Sri Lanka, (antigua Ceilán), en parte por su interés por la fotografía y la exploración submarina, y en parte debido a su fascinación por la cultura india.

    Se le otorgó el título de caballero de la Orden del Imperio Británico en 1998. También en su honor se puso su nombre a un asteroide, (4923) Clarke, y a una especie de dinosaurio ceratopsiano, Serendipaceratops arthurcclarkei, descubierto en Inverloch (Australia). Clarke falleció la madrugada del miércoles 19 de marzo de 2008 a las 01:30 hora local (21.00 GMT del martes) en Colombo (capital de Sri Lanka), debido a un paro cardiorrespiratorio. Tenía 90 años.


Trayectoria literaria


Firma de Arthur C.Clarke.

Comenzó a escribir ciencia ficción al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Su primer cuento publicado fue Partida de rescate, que apareció en el número de mayo de 1946 de la revista Astounding y que le sirvió como punto de partida de una fructífera carrera. Entre sus primeros relatos destaca El centinela (The Sentinel), que sirvió de base para su novela 2001: Una odisea espacial (1968) y para la película del mismo nombre del director Stanley Kubrick.


Se pueden diferenciar claramente tres etapas en su producción: 


1. Las novelas utópico/humanistas de los años 1950, principalmente El fin de la infancia, La ciudad y las estrellas y la propia 2001: Una odisea espacial.

2. La rigurosidad científica de los años 1970, por la que será incluido entre los autores de ciencia ficción dura, con obras como Cita con Rama y sobre todo Las fuentes del paraíso.

3. Una última etapa a finales de los años 1980 y 1990, donde Clarke comparte la coautoría de sus principales títulos, cerrando grandes sagas (RAMA y 2001), y viéndose un perfil claramente político/social como en Factor detonante o Sismo grado 10, sin perder el carácter de obra de ciencia ficción.


DIVISIÓN DE LECTURAS 

(PERO PRIMERO ALGUNOS COMENTARIOS DE LOS USUARIOS DE GOODREADS SOBRE EL LIBRO)





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Jueves 17 de Febrero

Hasta el final del capítulo 12 de la Segunda Parte: La edad de Oro (54%)


Jueves 24 de Febrero

Del capítulo 13 de la Segunda Parte: La edad de Oro, hasta el final del libro (100%)


LAS LEYES CLARKE



Clarke en febrero de 1965, en uno de los sets de 2001: Una odisea del espacio.


Son tres las leyes que Clarke postuló, haciendo una especie de predicción de cómo se daría el avance tecnológico en la humanidad. Estas leyes, que si bien pudieran parecernos algo bastante obvio en el mundo en el que vivimos, con todo tipo de tecnología que va avanzando y actualizándose de forma vertiginosa, era algo que las personas comunes eran incapaces de concebir durante la primera mitad del siglo XX. Pero Clarke no era una persona común.


1. Primera ley de Clarke

A lo largo de sus obras formuló sus tres leyes, las cuales se volvieron famosas con el paso del tiempo. La primera ley hizo su debut en el ensayo Hazards of Prophecy: The Failure of Imagination (1962). Esta ley dice:

"Cuando un científico, ya anciano y famoso, afirma que algo es posible, probablemente esté en lo correcto. Pero, cuando dice que es imposible, lo más probable es que se equivoque".

En la actualidad, muchos científicos, como el caso de Michio Kaku o el ya fallecido Stephen Hawking, coinciden con esta ley. Se cree que la mayor parte de las invenciones de la ciencia ficción son posibles y, algún día, se harán realidad. Lo paradójico de esto es que, además de coincidir con esta ley, Stephen Hawking fue un ejemplo de cuando un científico muy famoso era al presuponer que no se logrará un avance científico concreto. Hace unos años, en 2013, se descubrió el bosón de Higgs, una partícula que Hawking defendió que no se llegaría a encontrar, y que si se lograra, ésta partícula llegaría a tener un poder destructivo inimaginable.

    Han pasado casi siete años y, hasta el momento, tal partícula no se ha mostrado como una arma de destrucción masiva ni tampoco han ocurrido incidentes preocupantes.


2. Segunda ley de Clarke

La segunda ley de Clarke apareció en una edición revisada de su libro Profiles of the future (1973). Esta ley es un poco más dinámica que la anterior, la cual postula:

"La única manera de encontrar los límites de lo posible es yendo más allá de esos mismos límites, y adentrarse en lo que creemos imposible".

Más que una ley, este postulado es una invitación a que la investigación no pare, a que la ciencia continúe tratando de describir de la mejor manera la realidad y modificarla de acuerdo a los intereses generales.

    Son muchas cosas que hasta hacía relativamente poco parecieran imposibles, como volar en avión, mantener una videollamada estando separados por medio planeta de distancia o el tratamiento para el cáncer.


3. Tercera ley de Clarke

Pero la más conocida de las leyes de Clarke es su tercera y última ley, formulada bastante más tarde que las dos anteriores. Con una sorprendente seguridad para ser una persona de su época, Clarke afirmó:


"Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia".


Al decir esto, Clarke debía tener en mente que cualquier civilización, fuera esta la humana del futuro o una de origen extraterrestre. 

    También, si nos vemos a nosotros mismos, podemos entender que, si consiguiéramos viajar al pasado y enseñar a las personas de la Edad Media nuestros dispositivos electrónicos, seguramente pensaran que son brujería, por mucha explicación científica que les diéramos. Incluso cuando se inventó la televisión, no hace más de 80 años, hubo quien estaba convencido de que dentro de ese aparato se encontraban personas diminutas, que no podía ser arte de electricidad y una pantalla con luces.

    Una vez postulada su tercera ley, Clarke dejó de decir de nuevas con respecto a esta cuestión. El científico era modesto, y consideraba que si tres eran las leyes suficientes para Isaac Newton, también serían tres las suficientes para él.


Referencias bibliográficas:

Clarke, A. C.; (1989). Cita con Rama. Barcelona: Ultramar Editores. ISBN 978-84-7386-190-8.

Clarke, A. C. (1951) The Exploration of Space. New York: Harper & Brothers

Clarke, A. C. (1962) Profiles of the Future: An Inquiry into the Limits of the Possible (1962) New York: Harper & Row

McAleer, N. (1992). Arthur C. Clarke: The Authorized Biography. Chicago: Contemporary Books. p. 100. ISBN 0-8092-3720-2.

Clarke, Arthur C. (1984). "The Sentinel". Heavy Metal. Vol. 7 no. 10. p. 57.

Tuck, Donald H. (1974). The Encyclopedia of Science Fiction and Fantasy. Chicago: Advent. p. 101. ISBN 0-911682-20-1.