miércoles, 19 de marzo de 2014

Víctor Gallego, traductor de Anna Karénina



"Después de un libro como “Anna Karénina” no es fácil encontrar un proyecto que te seduzca"

Víctor Gallego Ballestero recibió en junio de 2012, el premio “La literatura rusa en España”, de la Fundación Yeltsin, por su traducción del ruso al español de la novela “Anna Karénina” de León Tolstoi.
Graduado en el Instituto del idioma ruso “Alejandro Pushkin”, Gallego lleva 12 años traduciendo obras de la literatura rusa al español. “Quise traducir al español ‘Anna Karénina’ en cuanto inicié mis estudios del ruso”, confesó él ganador tras la solemne ceremonia de entrega del premio que se celebró en la embajada de Rusia en Madrid.
Gallego releyó infinitas veces la novela de Tolstoi y se daba plena cuenta de lo difícil que sería traducir para lectores hispanohablantes esta magnífica historia de amor. Tardó dos años en preparar su versión para la editorial Alba y dijo que es una experiencia valiosísima que le hará falta en el futuro.

En septiembre de ese mismo año, la Agencia de Información Internacional de Rusia "RIA Novosti" le hizo una entrevista muy interesante sobre su trabajo como traductor de la obra rusa, la cual se las transcribo a continuación:





Desde hace más de dos décadas usted traduce obras maestras de la literatura rusa. ¿El premio “Read Russia” por la traducción al español de “Anna Karénina” fue el primer reconocimiento por su devota labor?
No hay muchos premios de traducción en España. Desde hace tres años, creo, la Fundación Pushkin y el Centro Yeltsin han instituido el premio “La Literatura Rusa en España”. Es el único dedicado específicamente a premiar una traducción literaria del ruso al español. Hace dos años lo ganó Marta Rebón por su versión de “Vida y destino” de Grossman  y el año pasado Fernando Otero por “El peregrino en su patria” de Leskov. Este año el jurado tuvo la gentileza de concedérmelo a mí por “Anna Karénina”. Es el único reconocimiento que he recibido por mi labor, antes del premio Read Russia. Pero lo más importante es el reconocimiento de algunos críticos y la fidelidad de muchos lectores, que han comprado mis versiones de los clásicos rusos.
En cualquier caso, no se traduce por la esperanza de recibir reconocimientos, sino por vocación, por devoción, por amor: amor a unos escritores y a unos textos que uno aspira a difundir y dar a conocer.
Aparte de los grandes clásicos rusos como Tolstói, Chéjov, Pushkin, usted también tradujo las cartas de Bulgákov a Stalin y trabajos de Florenski. ¿Cómo elige lo que le gustaría traducir?
Las Cartas de Bulgákov a Stalin fue la primera traducción mía que se publicó. Aún estudiaba en la Universidad cuando la preparé. Por lo común, cuando uno inicia su labor de traducción, no suele tener opción de elegir los libros que traduce. Para mi fortuna, yo casi desde el principio he podido hacerlo, y no sólo eso, sino que he podido seleccionar los textos y hacer las introducciones.
De las traducciones de las que me siento más satisfecho destacaría mi edición de los Cuentos de Chéjov y de los Relatos de Tolstói, que no sólo traduje, sino que seleccioné dentro de la vasta obra de estos dos grandes escritores. Elijo –he elegido- los libros que me gustan, que me conmueven, que me fascinan. A veces son obras universalmente conocidas, como es el caso de “Anna Karénina”; en otras, se trata de libros menos famosos pero que igualmente han sacudido mi conciencia, como la correspondencia de Florenski, el viaje de Ilf y Petrov a los Estados Unidos o las memorias de Lev Razgón,  un libro por el que siento una predilección especial.
¿Tiene interés por traducir literatura contemporánea rusa? En su opinión, ¿hoy día hay escritores, cuyo trabajo puede representar dignamente la cultura rusa?
No he traducido mucha literatura contemporánea. Mi labor se ha centrado más en la traducción de los clásicos. ¿Por qué? Porque son autores con los que siento mayor afinidad, mayor proximidad y sintonía, a pesar de que están más alejados en el tiempo.
En general, mi campo de acción ha sido el periodo que va de Pushkin a Bunin, en mi opinión el más glorioso de cualquier literatura y de cualquier época. No obstante, estoy seguro de que hay autores capaces de representar dignamente las letras rusas, lo que sucede es que es difícil competir con Tolstói o con Turguénev, pero no sólo para los escritores de Rusia, sino de cualquier otro país.
Algunos críticos literarios opinan que entre los grandes autores rusos y del mundo hispanohablante hay mucho en común. ¿Está usted de acuerdo?¿Se puede decir, por ejemplo, que García Márquez es un escritor de la misma envergadura que Tolstói?
Creo que hay una diferencia fundamental entre la gran literatura rusa y la literatura en lengua española; a saber, en los autores rusos lo más importante es lo que se dice, y entre los hispanohablantes cómo se dice lo que se dice. Es decir, en el ámbito hispano se advierte una mayor preocupación por el estilo y entre los rusos por el tema. Siempre me acuerdo, a propósito de esta cuestión, del comentario de Pushkin a un párrafo de Buffon sobre los caballos, ampuloso, recargado, grandilocuente: “Ah, ¿por qué no decir simplemente caballo?” Muchas veces, a los escritores en castellano, les cuesta decir simplemente caballo.
En mi opinión, García Márquez, un escritor al que admiro, no es comparable a Tolstói, por ejemplo.  Pero yo soy un enamorado de la literatura rusa y supongo que no soy imparcial. Por otro lado, la literatura no es una ciencia, y a la hora de valorar la obra de un escritor influyen muchos factores externos: la compenetración con el autor, el interés por los temas tratados, el tono, el estilo…
¿A qué se debe su amor por la literatura rusa?
Como traté de explicar en la ceremonia de recepción del premio Read Russia, mi relación con la literatura rusa fue la de un flechazo. Yo estudiaba Biología en la Universidad Autónoma de Madrid y al mismo tiempo empecé a leer a los clásicos rusos en traducciones. Quedé tan fascinado y deslumbrado por esas obras que decidí aparcar mis estudios de ciencias y ponerme a estudiar ruso en la universidad. Aun recuerdo la impresión imborrable que me causó “La sala número seis” de Chéjov.
Mi amor por la literatura rusa, como todos los amores, supongo, es inexplicable. En mi caso, no me puedo imaginar la vida sin ese puñado de autores.: Pushkin, Gógol, Turguénev, Dostoievski, Tolstói, Chéjov.
¿Hasta que punto la literatura clásica rusa responde a las aspiraciones espirituales del lector hispanohablante, es afín a su psicología y mentalidad?
La gran literatura –Shakespeare, Cervantes, Homero- transmite siempre valores universales, a pesar de la ambientación concreta en un tiempo y en un lugar. En ese sentido, creo que la gran literatura rusa responde a las aspiraciones espirituales no solo del lector hispanohablante, sino de cualquier otro lector.
¿Qué proyectos tiene en mente? ¿Está traduciendo ahora algún otro libro de la literatura rusa?
Después de traducir “Anna Karénina” quedé literalmente agotado. Fueron dos años muy duros de trabajo, de meditación sobre el texto. Solo la dificultad de traducir la famosa frase con que se abre la novela da una idea de lo arduo de la tarea. La verdad es que no he vuelto a traducir nada.
Por otro lado, después de un libro como “Anna Karénina” no es fácil encontrar un proyecto que te seduzca. “Anna Karenina” ha sido el libro que siempre he querido traducir. En ese sentido, ese trabajo ha colmado todas mis aspiraciones de traductor.
¿Qué es la traducción: oficio o arte?
Creo que la traducción es una mezcla de las dos cosas, arte y oficio. También se necesitan paciencia, dedicación y amor por lo que se hace. Creo que es importante una sensibilidad grande por los idiomas, por la literatura, por las ideas, pero la práctica siempre ayuda. Un buen traductor necesita un conocimiento profundo de las dos lenguas –de la que traduce y a la que traduce-, y, sobre todo, un gran respeto y amor por la obra que traduce. No puede permitirse descuidos, faltas de atención, negligencias.
En mi caso, a veces casi creía sentir la presencia de Tolstói a mis espaldas, haciéndome reproches:  “Ese epíteto no te ha quedado bien. Esa frase la tienes que retocar”. Cuando uno ama una obra literaria y se embarca en su traducción esa presión, la de no defraudar al autor al que tanto se respeta y admira, es lo que más le ayuda a intentar superarse y a buscar siempre la mejor manera de trasladar su estilo, sus razones y sus verdades.
*Por Anush Janbabyan, RIA Novosti

2 comentarios :

  1. Gracias Loida por esta entrada.

    La verdad es que Víctor Gallegos hizo un gran trabajo, que nos ha permitido disfrutar esta obra en todo su esplendor (por lo menos yo así lo siento).
    Una de las cosas que más me encantan de ella es la sencillez con que describe cosas complicadas, te lleva desde el orgullo herido de Kitty, pasando por pensamientos contradictorios de Levin hasta la confusión y abandono del hijo de Ana, lo describe de una manera amplia, detallada y sencilla, que permite al lector sentir cada una de las emociones descritas sin mucho trabajo.
    Tolstoi en vedad es un grande y como dice Victor Gallegos, García Márquez es bueno, pero no hay comparación.

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  2. Sí la verdad es que comparar a Tólstoi con García Márquez no es solamente inapropiado sino que injusto. Son épocas distintas y géneros absolutamente diferentes. Creo que el entrevistador debió elegir a otro clásico y no a un contemporáneo. Como dice Henry: "Es comparar peras con manzanas". No aplica.

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